jueves, 15 de diciembre de 2011

CUC - CAP 2. San Francisco


Autora: Sarah Crish Cullen

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Meyer. 

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CURANDO UN CORAZON



2. SAN FRANCISCO


Por fin tomamos tierra en nuestro nuevo hogar; Megan, después de la comilona, se volvió a quedar plácidamente dormida, y así permaneció mientras bajamos del avión.

Agarré mi enorme bolso y el capazo de mi niña y desembarcamos., esperando a que saliera la única maleta que traía, ya que había mandado el resto unos días antes, y el carrito.

Después de armar el carro y coger la maleta, pasamos las grandes puertas del cristal; no tardé en divisar a un muchacho alto, moreno y fuerte, junto a una chica también morena y ojos marrones.
Se adelantaron corriendo, y me lancé a unos fuertes brazos.

-¡Jake!- dije emocionada.

-Hola Bells...pequeña, qué ganas de verte- me dijo mientras me levantaba del suelo.

-Y yo a ti- le contesté aún abrazada a él.

-¿Cómo estás?- me preguntó una vez me bajó al suelo.

-Bien, estamos bien; muy contentas de estar aquí- le contesté; supuse que en casa charlaríamos largo y tendido.

Me giré y abracé con fuerza a mi cuñada.

Unas vez nos abrazamos los tres, miraban ansiosos el carrito, pues no conocían en persona a la niña. Eché hacia atrás la capota, para que la viesen.

-Oh Jake...es preciosa, mírala- dijo Leah pasando un dedo por su piernecita, mientras la contemplaba extasiada.

-Que chiquitina es...- dijo mi hermano en un susurro; se estaba emocionando.

Miraba con cariño a mi cuñada, sabía por Jake que llevaban un tiempo buscando familia, pero aun no lo habían conseguido, por lo que para Leah era una alegría que hubiésemos venido.

Una vez contemplaron a Megan, que ni se inmutó en su sueño, Jake cargó con la maleta y nos dirigimos a casa.

Mientras buscaba un apartamento me quedaría en su casa con ellos; eran principios de junio, y mi trabajo en el hospital no empezaba hasta el 15 de julio; esperaba que en un mes y medio pudiese encontrar un apartamento y acomodarme.

Una vez en casa, mientras desembalaba las maletas que habían llegado hace un par de días, Jake se enfrascó en el montaje de la cuna y Leah bañaba y daba de cenar a Megan.

-¿Cuál es el tornillo C?; ¿y dónde leches está la ranura A?; ésto no me cuadra mucho- murmuraba enfadado, mientras se rascaba la cabeza.

-Jake...me parece que estás mirando el dibujo al revés- le dijo Leah alzando una ceja, mientras mecía amorosamente a su sobrina.

-Ah...aún así, eso de montaje sencillo y rápido se lo podían ahorrar- bufaba mi hermano, mientras daba la vuelta al papel.

Leah y yo no podíamos disimular la risa. Una vez la cuna estuvo montada y segura y Megan dentro de ella, de nuevo placidamente dormida, nos sentamos a cenar.

-He preparado lasaña de verduras Bells, se que te encanta- me dijo Leah con una sonrisa.

-Hum..., que rico, gracias- dije, pinchando el tenedor en las capas de pasta.

Un minuto después, mi hermano empezó a hablar.

-¿Cómo se tomaron que vinieras a vivir aquí?- preguntó mi hermano con cautela.

-Pues...creo que les importó bien poco Jake, ya sabes cómo son- le contesté con un suspiro.
-Pensé que la niña les haría replantearse su postura- agregó Leah.

-Yo también tenía la esperanza...pero no, para ellos creo que fue un alivio...que pensaría la gente...la hija de Renne Swan, madre soltera- dije esas dos últimas frases imitando la estridente voz de mi madre.

-¿Cómo pueden ser así?, ¿qué les hemos hecho?; somos sus hijos...y quienes hemos pagado las consecuencias de ese...no se ni cómo llamarlo...matrimonio- Jake empezaba a enfadarse.

-No te tortures más, cielo, y tú tampoco Bells- nos suplicó Leah, tomando a su marido de la mano.

-Espero que nos se les ocurra aparecer por aquí a molestaros... si lo hacen ahora SI se las verán conmigo- siseó mi hermano, completamente furioso.

-Tranquilo Jake, no saben vuestra dirección, y no sabrán la mía; aparte, no creo que se presenten aquí- le dije con una mueca.

Leah cambió rápidamente de tema.

-Bien Bells, espero que busques un apartamento cerca nuestro- me dijo mientras tomábamos el postre.

-Eso quisiera, lo poco que he visto del barrio me gusta, está bien comunicado con el hospital, tiene jardines y parques para poder pasear, hay muchos comercios- empezó a enumerar Bella.

-Está bien comunicado con el centro- añadió Leah.

-Y lo más importante, nos tendrías cerca para ayudarte con la niña- agregó Jake.

Reflexioné un momento sobre lo que mi hermano había dicho, y tenía razón, ya que tendría diferentes turnos y guardias en el hospital.

-Cuándo vaya al hospital les pediré los cuadrantes de las guardias...espero que no se pasen- murmuré para mis adentros.

-Yo me quedaré con ella por las mañanas, sabes que mi trabajo de recepcionista es por la tarde- me dijo mi cuñada.

-Y los fines de semana podemos encargarnos los dos, y cuándo tengas guardia de noche- dijo Jake convencido.

-El problema será cuándo tenga turno de tarde- dije con fastidio.

-No te preocupes, yo puedo escaquearme, para eso soy el dueño del taller Bells- añadió Jake en tono burlón.

-No Jake, tampoco es justo- le reproché.

-Por lo menos hasta que encontremos otra solución; piénsalo Bells- me suplicó con un puchero.

-Está bien, vale, acepto.- contesté rodando los ojos.

-Esa es mi doctora- dijo en tono burlón.

Ese mes y medio pasó rápido, con la ayuda de Jake y Leah encontré un coqueto apartamento, reformado y a dos calles de dónde vivía mi hermano. Tenía dos habitaciones, una baño y cocina con barra americana, suficiente para mi pequeña y para mi. Lo que más me gustaba eran los grandes ventanales del salón, que daban a un parque precioso.

Además tuve suerte de que la cocina y el salón estaban amueblados; con la ayuda de Leah elegí un dormitorio sencillo para mi y algo más para el cuarto de Megan. Me ayudaron a hacer la mudanza, y una semana antes de empezar a trabajar estábamos instaladas.

También acudí al hospital, para firmar mi contrato y presentarme al que sería mi adjunto y supervisor, la doctora Lucy Sanders. Era una mujer de unos cincuenta años, amable y educada. Me llevó a la unidad de cuidados intensivos, dónde también trabajaría en reanimación, aparte de quirófanos.

Una vez me despedí de ella pasé por personal a recoger mis identificaciones y los uniformes de color azul clarito.

Dos horas después salía del hospital, mirando el cuadrante de turnos; de momento tenía turno de mañana las tres primeras semanas, y dentro de dos fines de semana, guardia.

Suspiré aliviada, Jake no tendría que dejar el taller y Leah se quedaría con Megan por la mañana.

La semana pasó muy rápido; el lunes sonó el despertador a las seis y media de la mañana; me levanté contenta, fui a echar un vistazo a Megan, que dormía como un lirón, y me dirigí a la ducha; Leah vendría en media hora para quedarse con la niña.

Me puse unos vaqueros claros con una camiseta lila y mis converse negras; dí un besito mi niña y me despedí de mi cuñada; salí, dispuesta a enfrentarme a un nuevo reto.

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