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sábado, 17 de agosto de 2013

¿ Y MI FINAL FELIZ?


                                                                              Capitulo XXII

                                  Mis días... en desvelo

Todavía no podía creerlo, ya han pasado ocho meses desde que Edward regreso de Inglaterra. El tiempo estaba avanzando demasiado rápido o demasiado lento en algunas ocasiones.

Las cosas seguían igual, que decía, las cosas estaban demasiado raras desde hace varios meses. Edward no pasaba en la casa más que para dormir, Alice y Emmett siempre buscaban sacarme a algún lado cuando mi hermano no tenía turno en el hospital y Jasper 
jamás se despegaba de este cuando estábamos todos juntos.

Hoy era uno de esos extraños días en que salía el sol en Forks lo suficiente como para usar ropa holgada, lo suficiente como para entibiar mi cara la cual asomaba por la ventana en ese momento. Me sentía tan sola sin Edward, llevaba más de una semana sin poder dormir lo suficiente; me la pasaba quebrándome la cabeza al intentar averiguar lo que le pasaba. Se había vuelto tan críptico, su hermosa sonrisa ladeada había desaparecido hace mucho, era como si solo estuviera en cuerpo pero no en alma.

¿Pero cómo me acercaba a él? Por algún motivo desconocido para mí se había creado una barrera entre nosotros y dolía, cada día al verlo llegar a la casa era la misma rutina. Su saludo vacío, su falsa sonrisa y sus ojos sin vida. Todo sería perfecto si Edward fuera tan feliz como yo lo era en ese momento.

Desde aquel extraño día en la playa que resulto en la pelea que jamás imagine por parte de mi hermano y mi novio había sido la última vez que Edward había dicho o hecho algo en lo que a Jacob concernía. Me sentía feliz por el hecho que mi relación con Jake crecía cada día mas pero faltaba la cereza de mi helado y ese era indiscutiblemente Edward, sin el mi cuento de hadas solo era un sueño que no se transformaba en realidad.

-Bella, cariño – llamo mi madre desde la sala - ¿puedes bajar un momento?

- Voy mama – avance intentando relajar la constante preocupación que se marcaba en mi cara y que raramente mis padres no habían notado.

- Edward – llamo mi padre una vez que me encontré con ellos, los cuales estaban sentados en la sala y con varias maletas junto a ellos. ¿Se iban? ¿Nos íbamos?

Esperamos unos segundos por una respuesta pero nada, cuando mi padre se decidía a llamarlo de nuevo se escucharon unos pasos bajando las escaleras.

-Dime – les contesto sin quitar la vista de un libro que traía en sus manos.

- Por educación Edward primero deja ese libro a un lado y luego hablamos.

Mi padre vio a Edward a los ojos y este bajo el libro colocándolo sobre la mesita de noche – ok, tu dirás – se sentó en la silla de un puesto frente a nosotros y al otro lado de donde yo me 
encontraba.

-No sé si notaron las maletas – hablo mi madre – pero tenemos que informarles algo.

Mi padre tomo de su mano y la presiono con delicadeza viéndola a los ojos - ¿maletas? ¿Qué maletas? - pregunto Edward frunciendo el ceño.

-Estas – mi padre le señalo a Edward su ubicación – ha surgido un problema el cual tenemos que solucionar tu madre y yo – nos miraron a ambos turnándose de un lado a otro – no sabemos qué tan grave es y no podemos decirles mucho porque ni nosotros sabemos que es lo que pasa en si – mis padres se miraban preocupados.

-¿Vamos con ustedes? – les pregunte porque habían muchas maletas.

-No querida – mi madre se acercó a mí – solo tu padre y yo… pero nos tardaremos mínimamente una semana en regresar.

-Así es – mi padre coloco su mano sobre mi hombro – Edward se quedara a cargo de ti mientras no estemos aquí.

- Ya sabes Edward, cuida a tu hermana – lo vio con una sonrisa bromista pero este seguía en su mundo paralelo en el cual nada tenía gracia.

Edward me vio de reojo por un segundo, el segundo más doloroso que había sentido, me parecía que la noticia que mis padres nos acababan de dar habían sido peor que un balde frio con agua para él. ¿Dónde habían quedado Jasper y Rosalie? Acampando en la casa de Alice por unos días, ya que ahora eran el novio de la duende y la novia del oso, quien lo diría.

-¿eso es todo? – Pregunto tomando de nuevo el libro – tengo demasiado que hacer mañana en el hospital y como veo que ya lo tienen todo arreglado creo que prescinden de mi ayuda – vacío, conmigo y ahora con mis padres.

-Edward – le llamo nuestra madre algo indignada - ¿no te despedirás de nosotros? – sus ojos reflejaban tristeza y desconcierto por el actuar de su hijo.

- Tu madre tiene razón Edward, ¿desde cuándo la descortesía con nosotros que somos tus padres? No creas que no he notado tu cambio de actuar desde hace varios días – la mirada de mi padre era seria pero preocupada - ¿te encuentras bien?

-Estoy bien – sonó frio – solo estoy un poco estresado, no creí que Forks me daría tanto trabajo.

- Hablando de trabajo – hablo papa – como ya te he dicho que estarás a cargo de Bella, tus horarios en el hospital cambiaron, por lo menos en lo que yo no me encuentre aquí – la frente de Edward se arrugo, parecía tantear el terreno por el que mi padre iba – ahora iras de lunes a sábado de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, te dará tiempo suficiente para estar en casa cuando Bella regrese.

-Pero… ¿y mis pacientes? – Los ojos de Edward me expresaban demasiadas cosas y a la vez nada - ¿Qué pasara con los que veo en las tardes?

- La enfermera Thompson ya se encargó de todo, Edward… no te preocupes por nada, cualquier cosa sabes que puedes llamarme.

- Esta bien – coloco de nuevo el libro en su posición anterior - ¿necesitan que los deje en el aeropuerto?

-Eso sería excelente – unas llaves viajaron a través del aire hasta caer sobre las manos de 
Edward - Bella, ayuda a tu madre con sus maletas.

Caminamos hacia el auto invadidos por un silencio incómodo y lleno de preocupación. Tenía dos cosas en mi cabeza ¿qué seria aquello había hecho que mis padres estuvieran haciendo un viaje a no sé dónde y con tanta urgencia? Y ¿Qué pasaría esta semana con Edward y yo solos en casa? Sin contar con el hecho que una tumba sería mejor compañía que el en estos momentos.

Cuatro personas viajaban en un hermoso Audi a través de la carretera de Forks que llevaba a Port Ángeles, de esas cuatro ni una tan sola decía palabra alguna, solo The Doors cortesía de mi padre se oía quitándole un poco de silencio al ambiente pero aun así no servía de mucho.

Las calles, vacías; el clima, una densa neblina y una brisa constante marcaban el recorrido. Si hubieran elegido un momento y un lugar para sentirse melancólicos definitivamente este era perfecto. Quería llorar, todo esto estaba gastando mi energía abrumando cada parte de mi cuerpo y cabeza.

Una vez en el aeropuerto nos despedimos de ellos deseándoles buena suerte en el viaje antes que desaparecieran por el pasillo que los conduciría al avión. Ahora éramos Edward y yo, solos, en un recorrido que nos llevaría no más de una hora pero que igualmente seria largo.

Bella ¿y si hablas con él? – Mi cabeza empezaba a analizar la situación - ¿Qué puedes perder? Apenas y se hablan.

¿Mientras conducía? No, creo que no sería una buena idea. Pero si en cuanto llegaran a la casa, los accidentes ahí serian… menores.

Caminamos en silencio (el de costumbre, ensordecedor) a través del estacionamiento húmedo gracias a las lluvias, obviamente él no pensaba dirigirme palabra alguna y yo no sabía que decir, así que como siempre: más silencio.

Llevaba viendo por la ventanilla del auto unos veinte minutos y había contado hasta el momento cinco autos rojos, cuarenta y cinco rótulos de señalización y más de ochocientos árboles, oh… y sin olvidar los siete suspiros que Edward había dado en esos veinte minutos. 

Al cuarto ya me había preocupado que le costara respirar pero cuando lo vi de reojo (fue lo único que fui capaz de hacer) su pecho se movía tranquilamente y sin fuerza.

-Bella… - me llamo casi en susurro.

-Si – conteste un poco emocionada porque me había hablado.

-¿Hay suficiente comida en la alacena para esta semana?

- eh… - ¿Qué? ¿En serio? De todo ¿eso me preguntaba? – sí, creo.

-Bueno… - siguió conduciendo sin decirme otra palabra y yo seguí en lo mío. Contando todo lo que se apareciera en el camino.

El día que, anteriormente daba paso al sol ahora que regresábamos nos recibía con una espesa capa de nubes grises y amenaza de lluvia. Era Forks claro, pero por un momento pensé que el sol se convertiría en el comienzo de un mejor día, pero no, aquí estábamos Edward y yo caminando hacia el interior de la casa, con los labios cerrados y los gestos vacíos.

-Ya basta – le grite harta de todo esto – maldición ¿Dime que es lo que pasa?

Los ojos de Edward se abrieron de la sorpresa al oír mis palabras –no pasa nada Bella, ya te lo dije.

-Eres un maldito mentiroso – mi voz salió grave al final – juraste que jamás me mentirías y ahora lo haces, desde hace tiempo que lo haces.

-Se lo que dije pero… - dio un paso hacia mí.

-Pero nada – lagrimas por favor no me traicionen ahora – tú ya no me quieres, eso es lo que pasa.

-Bella – subió el tono de su voz –Jamás digas eso… nunca.

-Oh… ¿y solo porque lo dice así con tu voz elevada crees que debo creerte? – Lo mire mal – ya no sé qué creer de ti.

-Déjame…

-Shhhh… - lo calle – primero te enojas cuando oíste una voz aparte de la mía al otro lado del teléfono, luego, después de una desaparición por tu parte me llamas diciendo que vuelves para pasar más tiempo conmigo y tu familia, pero eso no es todo – lo amenace levantando mi dedo - te apareces aquí con una novia de la cual jamás me hablaste y de la que apenas conocí porque por alguna razón que tampoco me quieres contar terminaste con ella o terminaron, como sea, la cosa es que ya no confías en mi lo suficiente como para que volvamos a ser los amigos y hermanos que éramos de antes.

- Bella, yo… - se acercó a mi dando pasos lentos y pesados – no quise herirte.

- ¿herirme? Hasta ese momento no me habías herido (no mucho), podía soportarlo, de verdad. Te veía feliz y yo estaba feliz con Jacob – arrugo su nariz –hasta que por una misteriosa razón de la noche a la mañana huyes de mí cada vez que estamos en la misma habitación o te la pasas más tiempo del necesario en el hospital, con Jasper y quién sabe dónde más. Prefieres cualquier cosa en vez de pasar tiempo conmigo.

-Es que tu no entenderías – al parecer no pensaba decirlo en voz alta por que en el momento en que lo dijo dio tres pasos hacia atrás y sus ojos parecían sorprendidos.

-¿Entender? Pero si es lo que he intentado desde que todo empezó pero amigo, tú no dejas muchas huellas que analizar – no sé por qué pero el sarcasmo floreció en mis palabras.

-Tienes razón… - apretó sus manos, una sobre la otra – he hecho mal, pero quiero que sepas que todo lo hago por ti, siempre ha sido por ti.

-¿Y eso que se supone que debe significar para mí? – las manos me sudaban, definitivamente estaba más que nerviosa – por favor Edward, somos hermanos. No me estés dando una excusa barata de las que usan comúnmente esos novios que no saben que decir porque los han dejado entre la espada y la pared.

-No lo hago por eso – me grito – por favor no me pidas que te diga algo que no puedo decir, sé que te he abandonado – sus ojos verdes se veían húmedos y tristes – sé que crees que te he olvidado y hasta piensas que ya no… que ya no te quiero pero te equivocas – tomo mis hombros entre sus manos – eres mi hermana – las palabras le salieron forzadas – mi tesoro, mi mejor amiga y la persona que siempre querré en mi vida, pero por favor Bella… por favor, no espero que me entiendas pero sí que me tengas paciencia, todo se arreglara, ya verás y volveremos a ser tu y yo como lo éramos antes.

-No podemos ser como éramos antes – me dolió decirlo pero era cierto – estoy enamorada de Jacob y al parecer nos afecta a nosotros también.

-¿Qué? – Sus ojos verdes flameaban por la noticia que le acababa de dar – no Bella, tu…

- Yo, Bella. Si – reafirme mis palabras – Jacob es la persona correcta para mí y lo amo…

Un segundo después la lámpara francesa de mi madre se encontraba en el piso convertida en un rompecabezas imposible de armar – cualquier cosa, Bella, cualquier cosa… dime que me odias pero no me digas eso – respiraba rápido y presionaba sus puños sobre la pared de la sala.

-No de nuevo, Edward por favor entiéndelo – no entendía esos celos que aparecían cada vez que le hablaba de Jacob – tienes que aceptar que ya no soy una niñita y que llegaría el día en que tendría novio y me enamoraría.

Caminaba de un lado a otro jalándose el cabello, mordiéndose el labio y balbuceando palabras incomprensibles para mí.

-Es un error – logre escuchar.

-¿Qué es un error? – lo mire confundida.

-Yo soy el error, yo… - apunto con su dedo su pecho – jamás nadie va a tener tan mala suerte como la mía. Yo… yo, yo soy el peor ser en esta tierra.

- Edward, no – sus palabras me dolieron horriblemente ¿Por qué decía tales cosas? – eso no es cierto, no digas eso.

Se derrumbó frente a mí cayendo de rodillas y colocando sus manos sobre su cara, era la imagen más desgarradora que jamás haya visto de Edward, corrí hacia el abrazándolo lo más fuerte que pude para recordarle que seguía ahí, que era su hermana y que no importaba lo que pasara jamás lo iba a dejar solo.

Tome sus manos aplicando un poco de fuerza para retirarlas de su cara y las coloque a los costados de su cuerpo. Sus ojos estaban cerrados pero tanto el sollozo de su pecho como las lágrimas que recorrían su mejilla me informaban del dolor que sentía con todo aquello, el mismo dolor que me daba a mi verlo así.

-Edward, por favor, no llores – le suplique – no quise herirte, solo necesitaba hablar contigo.

- lo sé – hipo.

Toque su precioso cabello broncíneo tratando de calmarlo y me senté sobre el piso llevándome a Edward conmigo. Él es mucho más grande pero no me impidió el poder sostenerlo con mis brazos. Sentía su cuerpo temblar por los sollozos, increíblemente yo no podía hacerlo en ese momento, necesitaba ser fuerte por mí y por él.

Poco a poco su respiración se fue acompasando y las lágrimas dejaron de salir de sus hermosos ojos esmeraldas. No había más que los ruidos de los grillos y la suave lluvia cayendo sobre el tejado. Éramos Edward y yo, dos únicas respiraciones en aquella casa.

No sé cuánto tiempo estuvimos ahí él y yo, pero se sentía tan bien todo aquello; como la primera lluvia anunciando el fin del verano y limpiando todo rastro de polvo y humedad del ambiente. Habíamos limpiado un poco de lo que empañaba nuestra relación de hermanos.

-Bella, preciosa – la dulce voz de Edward me despertaba ¿me había quedado dormida en el piso de la sala? – la cena esta lista.

- Gracias – mi voz sonó pastosa – ya voy.

Me encontraba recostada en el sillón de la sala. Otro momento amnésico había pasado para no darme cuenta en el momento en que Edward me cargaba para llevarme ya sea a la cama o como ahora al sillón de la sala.
Cenamos en silencio, si era molesto pero no tan incómodo como la mayoría de las veces.

Esa noche no pude dormir. Después de desearle buenas noches a Edward a las once de la noche me quede como zombi con la mirada fija hacia el techo y sin una tan sola idea en mi cabeza. Estaba abrumada, preocupada y desesperada. Le había dicho a Edward que amaba a Jake y este ni siquiera lo sabía. Necesitaba de Alice.

Lunes…

Me levante demasiado tarde para poder despedir a Edward antes de irse y demasiado tarde para llegar a tiempo a mi primera clase del día. Solo quedaba un semestre para graduarme y así no iba a avanzar mucho.

-Bella ¿y esas ojeras? – Alice toco la parte baja de mis ojos - ¿Qué pasa?

-Oh Alice… De todo – levante una ceja.

-¿Quieres hablar de eso?

- increíblemente… si – me acomode sobre su cama y le conté todo lo que había sucedido el día anterior. Desde el repentino viaje de mis padres a no sé dónde (todavía) hasta la extraña escena de Edward y yo tirados en el piso a mitad del living.

Mientras la conversación avanzaba solo unos ah, oh, mmm, entiendo eran lo que salía de la boca de Alice.

-Y eso fue lo que paso – termine de hablar.

-Emmett, deja de oír conversaciones ajenas – grito Rose desde la planta baja.

-Pero si no estoy haciendo nada – era obvio que lo había hecho si su voz se escuchaba del otro lado de la puerta.

-Emmett – lo reprendió.

-Voy cariño – se oyeron pasos bajando.

-No se Alice, esto es tan extraño. Quisiera saber qué es lo que le pasa a Edward pero él dice que no es correcto que yo sepa. ¿Será algo grave para no poder decirme?

-Bella, eso solo lo sabrás con el tiempo. Ten paciencia – sus ojos eran comprensivos.

Martes…

-Belli ¿Esta el príncipe azul imposible?...- el oso al teléfono - Emmett – se oyó la voz de Alice molesta al fondo - ¿Quéeee?

- Si, esta con Jasper, espera un momento – no sé porque Emmett decía eso pero sabía que era de Edward quien me hablaba.

Estaban en la habitación que Jasper tenía mientras estaban aquí así que subí las escaleras en su búsqueda.

-Pero es que no puedo Jasper – la voz de Edward se oía dolida – es incorrecto y ella jamás me va a ver o amar como yo lo hago.

¿Edward estaba enamorado? ¿Por eso su relación con Tanya no había funcionado? Porque quería a alguien más. ¿Sería por eso que casi no lo veía en estos ocho meses que pasaron?

-Edward, esto te está destruyendo y la estas arrastrando contigo – la voz de Jasper era conciliadora – sé que está mal y que será una gran sorpresa pero si sigues guardando todo te mataras de a poco.

-¿Qué? No, no, no, no, no. Tenía que ayudar a Edward, ahora más que nunca debía saber de lo que hablaban.

Miércoles…

-Me quede esperando en línea un buen rato – me reclamaba Emmett mientras ingería un hot dog de un solo – es...tlu… gle es… lan… mu…to

-Emmett ¿Qué te he dicho de hablar mientras comes? – lo regaño Rose.

Trago lo que tenía en la boca y sorbió un poco de jugo –que es de mala educación – dijo mas como pregunta que afirmación.

-Así es.

- lo siento, no los encontré y olvide que no te había informado – mentirosa.

Alice y Rose me quedaron viendo raro por un segundo y luego volvieron a sus actividades, lo sé, mentir no se me daba muy bien pero parecía que tan siquiera Emmett se la había creído.

Todos los días era igual. No me levantaba a tiempo para despedir a Edward gracias a mis constantes desvelos. Regresaba a una casa en la que música de piano sonaba de fondo pero que no me atrevía a seguir aun sabiendo que era en el cuarto de música y que Edward era el que la tocaba. Cenábamos en silencio, el con su libro de medicina y yo con mi copia favorita de Romeo y Julieta. De ahí un buenas noches de ambos y cada quien a su habitación hasta el día siguiente.

Jueves…

Mis padres apenas habían llamado el día en que llegaron a Nueva York (finalmente sabia el destino) y hoy lo volvían a hacer.

-Hola… hija – su saludo era extraño - ¿Cómo han estado las cosas por allá?

-Todo bien papa, no hay ninguna novedad interesante – si supieran – ¿y ustedes?

-Volveremos el domingo – contento creo que obviando sutilmente mi pregunta – dile a Edward que lo llamare para concordar la hora de llegada.

-Si papa.

-te quiero hija.

-Yo también – era normal que me lo dijera, siempre me demostraba o decía lo mucho que me quería pero esta vez era diferente.

Alice se había vuelto en mi confesionario, le decía todo lo que pasaba. Le hable sobre la plática entre Edward y Jasper y sobre lo extraños que estaban mis padres. Por un momento creí verla incomoda cuando le dije que averiguaría quien era la chica que hacía que Edward estuviera así y luego se levantó diciendo que ella lo haría por mí y que pronto me informaría y así yo no rompería la petición de Edward.

Era Alice, casi como Sherlock Holmes en persona.

Viernes…

miércoles, 14 de agosto de 2013

¿Y MI FINAL FELIZ?


                                                                       Capitulo XXI
                                                         Complicaciones y Peleas
   Edward POV

Camine desarmado a través de la oscuridad, esperaba que el curso de karate al que Jasper y yo asistimos por una semana sirviera de algo. Se oían ruidos distorsionados y en susurro por la sala.

-¿Bella? ¿Alice? – pregunte al darme cuenta de quien pertenecían las voces - ¿Por qué están en la oscuridad?

-Edward… hola – Alice sonó sorprendida – es que no queríamos despertar a nadie.

Acababan de llegar y yo ni siquiera me había dado cuenta que Bella no se encontraba en la casa. Encendí la luz para ver bien toda la escena porque todo el asunto de mi hermana fuera de la casa a altas horas de la noche era nuevo para mí.

Alice me sonrió tranquilamente, esta chica era tan dulce y su sonrisa era muy convincente, si algún día decide estudiar alguna carrera el área de ventas y mercadeo le iría muy bien.

No sé cómo pude estar tan entretenido con algo más que no me había detenido a observar a Bella, estaba… Wow, jamás la había visto de esa forma.

-¿Qué…que, qué? – me sentí estúpido, tartamudee al repetir la misma pregunta pero es que no sabía cómo reaccionar – Bella, que es, que es, que es eh…

No podía hilar una palabra coherente si la veía, estaba hermosa. No porque nunca lo hubiera 
sido, Bella siempre había sido una niña preciosa. Pero ahora, aquí en este lugar me di cuenta que ella ya no era una niña, mi hermana se había convertido en una mujer. En una impactante mujer. Me sentía incómodo, yo Edward Cullen no debería de estar viendo a su hermanita como sabía que la estaba viendo y con testigos por Dios.

Edward es tu hermanita, tu hermanita, tu hermanita, tu hermanita – me repetía – Tanya no tiene razón, ella es una mentirosa. Está equivocada, no le creas. – intentaba respirar lo mejor que podía, pero ver a Bella así, simplemente quitaba el aliento.

– Tú – señale a Alice porque era la única que me ponía atención.

-¿Yo? –pregunto inocente

- ¿Qué es esto? – mire a Bella de reojo. Esta se encontraba jugando con su cabello sin poner atención alguna.

-¿Qué es qué? – me perdí antes que terminara de hablar. Ver a Bella morderse el labio tan seductoramente crispo mi cabeza con un sentimiento extraño. La inocente niñita de trece años que deje antes de irme era ahora una mujer cruelmente sexy.

Me estaba convirtiendo en el pecador número uno del mundo por ver a mi hermana de tal forma pero que podía hacer, su pequeña y bien marcada cintura, sus preciosos y largos brazos desnudos y la forma en que los jeans se ceñían tan perfectamente a su cuerpo intentaban volcar mi conciencia como balas de cañón frente a un muro de tierra. Así de débil 
me sentía.

- ¿Qué dijiste? – trate de serenarme volcando mi atención a Alice, lo que era difícil de hacer.

-Edward –creí oír una voz que me hablaba – oh Edward – el sonido volvía a oírse pero Bella era un poderoso imán y yo un pedazo de acero que estaba cerca. Simplemente no podía quitarle los ojos de encima.

Eso está mal, eso está muy mal. Estas cometiendo un error, Edward eso es incesto – me repetía – deja de verla, por favor deja de verla.

– Edward – la hermosa voz de Bella llego a mis oídos - te extraño – algo mas había en ella ¿estaba ebria?

Camino hacia mí con un paso inseguro pero rápido. No me lo espere cuando ella me abrazo con fuerza, no supe que hacer. Me sentí en shock en el momento en que su cuerpo rozo el mío como si una fuerte descarga eléctrica me hubiera aturdido, me sentía mareado y desorientado. Un millón de sensaciones recorría mi cuerpo, esto era demasiado.

Me asuste ¿Por qué tenía que sentir todo esto con Bella? ¿Cuál era el error por el que estaba pagando? No podía seguir así y aquí, esto solo incrementaba mis dudas las cuales esperaba, no, rogaba que no fueran ciertas.

Si, esto solo era culpa de Tanya y sus falsas palabras, yo solo estaba aturdido por su partida y necesitaba dormir. La falta de sueño me estaba confundiendo.

Eso es Edward, solo necesitas dormir. Ya verás que en la mañana todo será diferente y te reirás de esto – concluí.

Lo que no me imagine, lo que jamás espere fue que Bella levantara su cabeza a unos pocos centímetros de la mía. Sus preciosos ojos chocolate brillaban entre tristes y felices y sus labios de un carmín claro se posaban entreabiertos con una invitación demasiado tentadora. Me pare en seco, no podía más, debía hacer lo correcto. Tenía dos opciones: quedarme y sucumbir o (lo más sensato) huir y así lo hice. Corrí a mi habitación como si mi vida dependiera de eso y de verdad que lo hacía; no sabía lo que me pasaba y quedarme ahí no me ayudaría a averiguarlo.

Eres un desgra… - baje la voz porque me sentí gritar – un desgraciado Edward, ¿Cómo se te ocurre pensar en Bella de esa manera? ¿Cómo se te ocurre siquiera pensar en besarla? 

Bella es tu hermanita por Dios, no puedes, no debes y no tienes que pensar de ella como algo más.

Me vi en el espejo de mi baño cuando mojaba mi cuello para serenarme – esto no va a volver a pasar – me regañe a mí mismo – tu… no vas a volver a ver a tu hermana de esa forma.

Cerré mi habitación con llave temiendo que alguien entrara y me viera así. Tenía que olvidar todo lo sucedido y definitivamente tenía que dormir, mi mente actuaba de formas muy raras cuando no descansaba sus muy necesarias ocho horas.
Mañana seria otro día… hoy ya no quería pensar.

Bella POV

Me dolía la cabeza, mis brazos pesaban como dos bloques de cemento y mi estómago no se encontraba mejor que eso. ¿En qué momento se le ocurrió a mi orgullo aparecerse y aceptar la apuesta de Emmett? Jamás había bebido más que media copa de vino y lo hacía con mis padres presentes.

No me quería levantar de la cama pero el sol me daba directamente a la cara evitando la posibilidad de volverme a dormir. Le dije unas cuantas incoherencias a mi querido amigo el señor sol y me dispuse a levantarme.

¿Seguía con mi ropa? Oh, ahora recordaba los últimos minutos antes de perder la conciencia por completo. Edward nos había encontrado a Alice y a mi llegando a casa pero extrañamente no nos había dicho nada, bueno, la verdad no le puse mucha atención porque me sentía avergonzada.

-Bella, por fin despertaste – grito Alice desde la puerta.

-Si Alice pero no grites – frunció la frente sonriendo y negando con su cabeza.

- Pero si no estoy gritando.

Su cantarina voz ahora era un dolor de cabeza para mí – si lo haces – se acercó con una tasa de café en sus manos y me la entrego.

-Tómalo – sonreía burlonamente – y si estas sufriendo en este momento, déjame decirte que es tu culpa por hacerle caso a Emmett. Ya sabes lo estúpido que puede ser y tú le sigues la corriente – ah, y de remate venía a sermonearme – mal hecho Bella.

-Lo hecho, hecho esta Alice – no estaba de humor para sus regaños – solo… hagamos como si no hubiera pasado.

-Está bien – ladeo la cabeza – llamo Jake invitándonos a La Push esta tarde – grito emocionada.

-Alice – le hable molesta por su desconsideración por mi estado.

-¿Qué? Tú dijiste que actuáramos normal y lo estoy haciendo – puso su cara de inocente – así que – empezó a saltar sobre la cama ¿Iremos?

-Si dejas de hacer eso lo haremos – bajo de esta y salió hacia la puerta.

-Te espero abajo – camino hacia afuera – y Bella…

-¿Qué? – creo que mi mirada no fue la mejor.

-Nada.

Ni mi padre ni mama o Edward se encontraban en casa, todos habían salido. Después del desayuno (a las once de la mañana) Rose y Jasper aparecieron con cara cansada hasta que les dije que teníamos una invitación a la Push la cual aceptaron gustosamente.
A las dos de la tarde Emmett y Alice ya tenían todo listo, solo faltaba avisarles a mis padres por lo que habíamos decidido pasar por el hospital para hacerlo personalmente y de paso invitar a Edward si el trabajo lo dejaba.

-Edward – corrí por el pasillo cuando lo encontré hablando con una enfermera. Nada educado de mi parte pero llevaba cinco minutos buscándolo.

- Bella – me miro sorprendido - ¿Qué... Que haces aquí?

-Vamos a La Push con los chicos y quería saber si quieres ir.

-¿Qué chicos? – me miro serio.

-Emmett, Jasper, Alice, Rose y… Jake – mencione por ultimo intentando suavizar las cosas por si no le gustaba – pero si no puedes lo entiendo.

-Jacob – dijo en susurro y se movió viendo hacia el pasillo – espérame aquí, ya regreso.
¿Había sido un sí o un no?

Me sentía feliz y a la vez preocupada. Edward había aceptado la invitación y ahora viajaba conmigo y con Alice en el asiento trasero. Era la primera vez que todos estaríamos juntos, aunque era extraño que Tanya no viniera con nosotros pero no la encontramos en ningún lado y cuando le preguntamos a Edward el no dijo nada.

-Princesa – grito Jake a la distancia cuando nos vio bajar del auto.

Solo salude con la mano intentando llevar las cosas tranquilas ya que Edward me observaba con una mirada vacía. Tenía que pedirle a Jacob que disminuyera sus muy dedicadas demostraciones de cariño. Quería que él y Edward se llevaran bien y teníamos que ir paso a paso para lograrlo.

-Me alegra que hayan venido – Jake beso mi mejilla porque gire la cabeza evitando un beso en los labios. Como dije, un paso a la vez.

-Edward – saludo Jake. Este simplemente levanto sus cejas en forma de saludo. Algo es algo.

La tarde paso tranquila, los chicos bajaron todo de los autos, jugamos volibol en equipos y asaron salchichas y malvaviscos para comer. Casi un día perfecto si no fuera porque Edward no se involucró en ninguna actividad, el solo veía cada cosa que hacíamos y se excusaba diciendo que tenía que leer un libro de medicina para un caso en el que trabajaba.

-Bella – gritaron las chicas – al agua.

- es tarde – me excuse – y el sol se esconderá dentro de poco.

No seas aguafiestas – Alice tomo de mi camisa y empezó a desabotonarla - además ya traes el traje de baño puesto.

Era verdad, por petición (a fuerza) de Alice me había colocado un bañador azul eléctrico que jamás había visto. Era muy lindo pero de dos piezas y me sentía incomoda usándolo.

-Alice – la mire con suplica – no creo…

-Oh, no Bella – se cruzó de brazos – lo prometiste y lo cumples.

Derrotada empecé a desabrochar mi pantalón, oí unos silbidos a lo lejos. Emmett imitaba a Jim Carrey en la máscara cuando le silbo a Cameron Díaz, Jasper solo sonreía y Jacob aplaudía haciendo gestos con la cara, una total vergüenza, sentía mis mejillas explotar por toda la sangre que las coloreaba. Pero olvidaba a un cuarto integrante de la raza masculina y cuando gire buscando la mirada de Edward este no estaba por ningún lado.

-Fue al auto – me hablo Alice – tal vez quiera nadar con nosotros. Su bañador se encuentra ahí.

-Tal vez – tome de su mano y me deje guiar.

Cada quien tomo su pareja y por un momento me sentí mal por Edward, quizá el actuaba así porque Tanya no estaba. Pobre de él.

-Princesa… - Jacob tomo de mi cintura – te ves hermosísima.

-Gracias – él lo decía pero no me lo creía mucho.

-Vamos – tomo de mi mano y nos dirigimos al lugar donde me beso por primera vez – quería un tiempo contigo… a solas.

-Oh… - fue lo único que salió de mis labios.
Sonrió cálidamente acercándose con decisión - ¿me regalas un beso? – puso su carita de niño.

-¿Qué? – me reí de su actuar.

-Sé que no me has dado un beso porque Edward está aquí y quieres llevar las cosas con calma pero ya no puedo más – tomo de mi cintura – y verte con ese bañador no ayuda mucho.

- yo… lo siento – puse mis manos sobre su cuello – no fue mi intención.

- Pues bésame y te perdono – movió su cabeza como si estuviera enojado.

Me acerque a él lo más que pude ya que su altura no ayudaba a mi propósito y él lo entendió, se inclinó rosando sus labios con los míos y lo que empezó como un suave y tierno beso se fue convirtiendo en un beso necesitado y muy apasionado hasta que se acabo repentinamente.

-¿Qué crees que estás haciendo? – le grito Edward a Jake empujándolo lejos de mí.

-Besando a mi novia, eso es lo que hago – estiro su camisa que anteriormente había sido arrugada por Edward cuando tomo de ella para alejarlo.
Edward resoplo – Nos vamos – tomo de mi mano pero Jacob lo detuvo.

-Si quieres irte hazlo tú, pero Bella se queda.

Los gritos alertaron a los chicos los cuales llegaron segundos después. Yo por mi parte me había quedado muda y no sabía qué hacer. Edward estaba exagerando, era demasiado.

-Bella se va conmigo – bufo – y ni tú ni nadie decide por ella.

- Edward – lo llamo Jasper.

- Ni siquiera tu – le dijo a este – y si quieres seguirte llamando mi amigo no te metas.

Los ojos de Jasper se abrieron de par en par y Alice junto a Rose me miraban preocupadas.

-Amigo, Hombre… tranquilicémonos aquí – hablo Emmett acercándose lentamente a ellos.

- tu… no me dices que hacer – Edward se volteo hacia este – y mejor desaparécete si quieres seguir intacto.

-Edward – le llame hablando por primera vez.

Su mirada era dolida y a la vez flameaba fuego en sus ojos, tenía una postura de ataque y sus puños se encontraban cerrados y rojos por la presión que ponía en ellos.

-Ven conmigo – estiro una de sus manos hacia mí – por favor.

- Ella se queda aquí – le grito Jake -¿Crees que la dejaría irse con un loco como tú?

Solo un pestañear de ojos fue el tiempo que a Edward le tomo para golpear a Jacob en la cara desequilibrándolo – nadie me dice loco y menos un perro como tú.

-Jacob – gritamos Alice, Rose y yo en coro.

-Oh, gracias por apoyarme – sonrió este – gracias a Dios existe gente sensata y con cerebro aquí.

- Eres un imbécil – Edward se acercó buscado darle otro golpe pero Jacob lo esquivo – pelea como hombre y no te corras.

-No lo hago - se burló Jake – solamente no quiero hacer sufrir a Bella.

- ¿Mas? – Ironizo Edward – no te basto con hacerla llorar el día que llegamos del aeropuerto.

-Eso fue tu culpa – grito – si Bella no te tuviera miedo jamás habría derramado una lagrima.

-Jacob cállate – le grite. Sus palabras solamente traerían más problemas.

Y así fue, el ir y venir entre Jacob y Edward al pelearse era constante, estaba aterrada y en un dilema. Edward es mi hermano pero Jake mi novio. Edward había comenzado todo pero Jake no ayudo a terminarlo.

-Bella – me llamaron los chicos pasando sus manos frente a mí – mira – señalaron hacia la playa.

Ambos seguían peleándose y dándose golpes en la cara, pecho y brazos y se adentraban de a poco en el agua. Si seguían haciéndolo intentarían ahogarse entre sí.

Salí corriendo hacia ellos, no tenía la fuerza para detenerlo pero lo intentaría. Solo oi a Alice gritarme antes de entrar al mar siguiéndolos. Entre más avanzaba las olas se hacían más fuertes y los veía menos.

-Edward – grite antes de sentir una ola sobre mí.

-Bella, Bella… abre los ojos – oi la voz de Edward hablarme con preocupación – preciosa, por favor. Por favor abre los ojos. Mírame.

-Bella – oi sollozar a Alice – amiga.

-Bella, Cariño, Bells, Princesa –oía la voz de todos llamarme una y otra vez pero me sentía muy cansada como para responderles y abrir los ojos.

Sentí presión en mi pecho, no me dolió pero si me hizo toser. Me ardían los ojos y la garganta.

-Bella, gracias a Dios –los brazos de Edward rodeaban mi cuerpo – lo siento tanto.

-Edward – le llame, mi voz sonaba ronca y sin fuerza -¿Qué paso?

- Eres una tonta por seguirnos – sonrió – no vuelvas a hacerme esto.

-Hey… sin insultos – intente pegarle pero no tenía fuerzas.

- nos vamos a casa – miro a Jacob – y esta vez ni se te ocurra decir no.

No hubo reclamos por su parte, solo asintió y se hizo a un lado para dejar que Edward me cargara hacia el auto – de verdad, esto no es necesario – le vi – puedo caminar.

-No, no puedes – me acerco más a su cuerpo – por una vez intenta no ser tan terca y hazme caso.

Camino con una sonrisa en sus labios mientras nos acercábamos a mi Beetle – Jasper – lo llamo – conduce tú.

-Aquí están las llaves – Alice se las extendió – yo voy con ustedes, Rose se ira con Emmett.

Vi su rostro, varias partes de este estaban rojas y otras empezaban a colorearse de un morado berenjena. No sabía cuánto más estaba golpeado, solo esperaba no fuera demasiado.

- Esta bien – Edward me acomodo sobre su pecho dentro del asiento trasero. Era tan cómodo estar así con él, el palpitar del corazón de Edward me dieron la calma que buscaba desde hace varios días. Estaba cansada y adolorida, el ronronear del motor, los sonidos del bosque y el suave cantar de su corazón lograron hacerme dormir mientras regresábamos a la casa.

-Preciosa – la mano de Edward rosaba mi mejilla – despierta.

-Mmm… - su toque era cómodo y no quería abrir los ojos

- Lo se cariño, estas cansada pero por favor abre los ojos solo un momento.

Los abrí despacio percatándome que ya no estábamos en el auto, me encontraba en mi habitación y sobre mi cama – tomate esto – extendió unos analgésicos y un vaso con agua.

Me acomode sobre la cama quedando sentada y tome el medicamento, mientras tanto 
Edward me miraba curioso - ¿Me perdonas? – Sus ojos reflejaron tristeza – sé que fui un imbécil al actuar así, no fue correcto. Por favor perdóname.

-Edward yo… - claro que lo perdonaba pero todo esto era tan extraño y no podía hablar.

-Lo entiendo – bajo su cabeza – solo espero algún día lo hagas – se levantó de la cama ya que se encontraba sentado junto a mí, antes de poder dar un paso tome su mano deteniéndolo.

-Te perdono – lo mire a los ojos – eres mi hermano, jamás podría odiarte, te necesito en mi vida.

- Lo sé – sentí dolor en sus palabras. No entendí porque pero parecía que mis palabras no eran suficientes para él.

-¿Qué pasa? – jale de su mano para que se sentara de nuevo junto a mí.

El entendió mi petición y lo hizo – nada preciosa, nada.

Él estaba triste, tal vez habían tenido problemas con Tanya – todo estará bien – lo abrace con fuerza y él me correspondió, estuvimos así por varios minutos, yo no quería soltarlo y al parecer el tampoco.

-¿Edward? – Susurre - ¿confías en mí?

-Siempre preciosa.

- ¿Me dirías si tienes problemas con Tanya? – Suspiro – yo soy tu hermana y espero que todavía tú amiga. ¿Todo está bien entre ustedes?

Me soltó y se sentó viéndome de frente – ella no volverá – me acerque a él tomando su rostro, roce con la yema de mis dedos cada golpe en su cara y toque con cuidado el labio que tenía una cortadura, Edward cerro los ojos y suspiro.

-Ustedes se veían tan felices, eran el uno para el otro – le sonreí pero él solo bajo la mirada – no dejes que un malentendido los separe.

- Ella necesita a alguien mejor que yo - ¿pero que estaba diciendo? – merece ser feliz y conmigo jamás podría serlo de verdad.

-¿Qué dices? – Levante su cabeza – no la conozco demasiado pero sé que ella te ama infinitamente. Sea lo que sea que los haya separado no vale nada, es simplemente basura. No dejes que la basura ahogue tu relación con ella.

- Te equivocas – coloco sus manos sobre las mías – la razón de nuestra ruptura no es nada de lo que tú dices.

Se levantó decidido a irse – solo puedo decirte que es lo más valioso que existe en este mundo y principalmente tu no deberías hablar así.

-¿Por qué?... Habla conmigo – le pedí – si necesitas alguien con quien contar sabes que siempre voy a estar aquí, soy tu hermana y jamás dejare de serlo.

-Lo sé –paso su mano por su cabello – no tienes idea de cuanto lo sé.

Salió de la habitación dejándome sola, aunque no por mucho porque dos cabezas se asomaron por la puerta. Alice y Emmett se veían preocupados.

-Bella ¿estás bien? – ambos preguntaron a coro sentándose a cada lado de la cama.

-Si chaparra, nos diste un gran susto – Emmett despeino mi cabello.

- lo siento, no fue mi intención. Es solo… - me quede callada.

-Es solo que tenías que hacer algo, lo entiendo – Alice tomo mis manos – descansa, mañana vendremos a verte. Has pasado demasiado y necesitas dormir.

-Alice tiene razón Bella. Ver a dos hombres pelearse por ti es mucho por asimilar.

- Emmett, cállate – Alice lo miro molesta.

- Pero ¿Qué dije? – frunció los labios.

Alice lo ignoro – Buenas noches Bella, que descanses – me dio un abrazo de despedida.

-Nochecitas Belli – los grandes brazos de Emmett me rodearon – Suerte con Edward y Jacob.

- Emmett – le grito Alice golpeándole en la cabeza.

-¿Qué? – le pregunte confundida por sus palabras.

-Nada Bella – negó Alice moviendo a los lados la cabeza – no le hagas caso.

-Oh, el amor – dijo Emmett antes de desaparecer por la puerta.

- Ouch – lo oi gritar desde algún lado de la casa. ¿Por qué le abra pegado Alice esta vez?

No entendí ni una sola palabra y por el momento lo único que quería era dormir. Sentí mis ojos cerrarse por lo pesados que estaban.

Mi habitación estaba a oscuras pero antes de caer en un profundo sueño creí oír a Edward tararear una canción para mí.

Hoy había pasado demasiado, tal vez mañana sería mejor.
 
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Perdon si quedo un poco choreto, me cuesta un poco montarlo y hacerle los espacion; bueno en fin cosas de edicion. 

Un capi mas, las queremos... 

jueves, 1 de agosto de 2013

Cowboy de Mi Corazón.



                            Outtake:                     Una casa de locos

Bella observaba desde la ventana de la cocina los delicados copos de nieve que empezaban a caer; el presente invierno era uno de los más fríos que recordaba ella desde que vivía en Texas, así que la casa estaba especialmente concurrida. Faltaban dos días para la cena de Nochebuena, y debido al clima helado, los niños no podían salir a jugar al jardín... de modo que todos estaban perdidos por alguna parte de la casa.

Ayer fue un día especial para los pequeños, que junto con los felices abuelos Esme y Carlisle, montaron el enorme árbol de navidad en el salón de la casa familiar. En septiembre se habían cumplido dos años de la boda del jefe del rancho Killarney, y desde entonces una sonrisa perpetúa estaba instalada en el rostro de ambos; su suegro había delegado la mayor parte de los asuntos del rancho en sus hijos, y ahora se dedicaba a consentir junto a su esposa a los que eran, según sus propias palabras, los reyes y reinas de la casa.

Con un pequeño suspiro, bajó su vista de nuevo, para seguir mezclando los ingredientes, para formar la masa de unas deliciosas galletas, a petición de los niños... y de Jasper. A lo lejos oía las risas de sus sobrinos Owen y Matthew, o cómo era llamado en la familia el menor de sus sobrinos, Matt. Añadió la cantidad justa de levadura, y después agregó dos gotas de zumo de limón y una pizca de vainilla... justo cuándo iba a tomar el bote del azúcar, sintió que tiraban de su pantalón; al volver la cabeza, se encontró con la sonrisa inocente de una de sus sobrinas.

-Tía Bella, quiero otra galleta- dijo poniendo carita de cordero degollado. Ella sonrió, limpiándose las manos con un trapo y quedando a su altura. Ya tenían cinco añitos, Owen seis... era increíble cómo pasaba el tiempo.

-¿De cuáles... Valerie?- preguntó con cautela; a excepción de sus padres, al resto todavía les costaba mucho distinguirlas, las pequeñas eran como dos gotas de agua; al ver que se tapaba la boca con una de sus manitas, se auto corrigió -¿o eres Claire, pillina?- le preguntó de nuevo, haciéndole cosquillas. La pequeña rió encantada.

-Nooooooo- dijo entre carcajadas -soy Val- le sacó de dudas -yo quiero de chocolate; y Claire de limón- la joven meneó divertida la cabeza, dirigiéndose a la despensa y sacando dos galletas.

-Pero no hay más- le advirtió, intentando parecer seria -enseguida vais a comer- la niña agitó enérgicamente la cabeza, para después salir corriendo en dirección al cuarto de juegos.

Carlisle y Esme habían instalado un inmenso cuarto para que los niños se divirtieran, en el piso inferior; cada vez que entrabas allí era un caos... a Bella le recordaba a su aula del Jardín de Infancia, con todos sus pequeños alumnos correteando. Así mismo, en el piso superior habían acondicionado dos dormitorios, uno para los chicos y otro para las chicas.

Justo en esos momentos, Esme entraba por la puerta de la cocina, cargada de bolsas, al igual que Jasper y Alice. La joven se adelantó para ayudarla, y saludar a sus cuñados, que venían del médico.

-Todos a la vez- exclamó divertida.

-Nos hemos encontrado a Esme en el garaje- le explicó Alice, dejando su abrigo y su bolso encima de la mesa.

-¿Haciendo galletas, cuñada?- preguntó su marido, cómo un niño de cinco años, a la vez que dejaba una de las bolsas en la encimera de la cocina.

-Después de la guerra que distéis ayer, no me ha quedado otra- exclamó ella, cruzándose de brazos; al tener los mismos días de vacaciones que los niños, era ella la que se quedaba en la casa principal con toda la tropa, para ayudar a los abuelos, ya que sus cuñados trabajaban... y por supuesto, para cocinar.

-Es por una buena causa- se disculpó, posando una mano en el vientre de su mujer, sintiendo las pataditas de su hijo -tenemos antojos-.

-¿Tú también?- negó divertida Esme con la cabeza, mientras que la cara de Alice reflejaba un mohín de paciencia.

-Seguro- rodó los ojos su cuñada, que se fue a ayudar a Esme a colocar las compras.

-¿Ya está la comida?- le preguntó su suegra.

-En unos minutos- le confirmó ésta -espero que los niños no protesten al ver el puré de verduras- musitó con resignación.

-¿Puré?- interrogó Emmet, que también había llegado, junto con Rosalie -puag- dijo, poniendo cara de rechazo.

-Ni se te ocurra hacer eso delante de los niños- le advirtió su mujer -o no comerán y la tendremos de nuevo- se giró hacia Alice -¿cómo va todo?- le interrogó, con una sonrisa.

-Jayden está perfecto- exclamó feliz -¿y tú?- Rose estaba embarazada de nuevo, de apenas tres meses... no lo decían en voz alta, pero todos intuían que no pararían hasta conseguir a la niña.

-Hoy no me he levantado muy bien- les relató -sin embargo ahora estoy hambrienta- pero Emmet les interrumpió, cambiando radicalmente de tema.

-¿En serio que vais a ponerle Jayden al niño?- les preguntó a los futuros padres.

-Por supuesto que no- refutó Jasper, muy serio; su mujer arqueó una ceja.

-¿Por qué no?- le reclamó, cruzándose de brazos.

-No pienso ponerle Jayden a ningún hijo mío- le explicó -además, el que voy a ir al registro justo después que nazca soy yo... así que yo decidiré- los presente ahogaron la carcajada.

-No te atreverás- le amenazó Alice.

-No apuestes contra mí- le recordó éste, con su sonrisa socarrona.

-Asno integral- siseó entre dientes su mujer, provocando la carcajada de Emmet.

-Igual que cuándo discutían sobre el asunto de la música en los establos- meneó la cabeza, negando divertido.

Nessie también entró por la puerta de la cocina en ese instante, saludando a todos y dirigiéndose al cuarto de juegos, a ver a las pequeñas. El resto se afanó en preparar la mesa, para que los pequeños comieran. Emmet y Jasper estaban apoyados en la encimera, charlando, cuándo dos niños rubios, ataviados con penachos de plumas y armados con flechas y hachas de juguete, entraron cómo un vendaval, imitando el grito de los indios y lanzando las flechas hacia Jasper.

-¡Muerte al rostro pálido!- chilló Owen, dándole con el hacha de juguete en la pierna.

-¡Merte osto paido!- repitió cómo un loro su hermano Matt, pegándole con una flecha en la otra pierna y brincando de manera graciosa con sus pequeño piececillos.

-¡Demonios!- se quejó Jasper, que lanzó dagas en dirección a su hermano Emmet, que se partía de risa con la escena, al igual que el resto de los presentes -Em, ¿sería mucho pedir que controlaras a tus hijos?- le pidió, mosqueado.

-Chicos- les llamó la atención su padre, pero sus hijos se plantaron enfrente suyo, cruzándose de brazos.

-Sólo cumplimos órdenes del jefe de la tribu- se explicó Owen muy serio.

-¡Efe tibu!- exclamó Matt, de manera graciosa. Emmet y Jasper rodaron los ojos.

-Gran Lobo Feroz nos lo ha ordenado- siguió explicándose Owen; justo en ese momento Claire y Valerie, llevando de la mano a su primita Meredith, entraron a la cocina. La más pequeña se soltó de la mano de sus primas, para correr a los brazos de su madre.

-Teno hambe- se quejó con un gracioso puchero.

-Enseguida comemos, cariño- le dijo Bella, dejando un besito en su mejilla. Su pequeña la miró con esos ojos verdes que había heredado de su padre, al igual que sus rasgos. De ella solo tenía la naricita y el pelo castaño, aunque un par de tonos más claro que el suyo.

Bella la sentó en la mesa, para ponerle el babero, al igual que hicieron Esme y Nessie con las gemelas; de mientras, Owen y Matt seguían dando explicaciones.

-Pues le decís a Gran Lobo Feroz que capture al abuelo Carlisle, y dejáis al tío Jazz tranquilo- negoció con sus sobrinos; justo en ese momento el aludido entró en la cocina.

-Abelo- le llamó Meredith, haciéndole un gesto con la mano. Éste se acercó a sus tres nietas, llenándolas de besos.

-¿Cómo están mis niñas?- les pregunto, para después volverse a sus nietos -¿quién debe capturarme?- les interrogó -¿y quién es Gran Lobo Feroz?-.

-¿Me llamaba alguien?- preguntó Jake, entrando por la puerta, llevando una cinta alrededor de su frente, con tres plumas detrás de su cabeza. Bella contuvo la risa, al igual que el resto... menos Nessie, que miraba en dirección a su marido con una ceja arqueada.

-Creo que ya sabemos quién es Gran Lobo Feroz- dijo ésta, rodando los ojos.

-Te queda muy bien el tocado- se carcajeó Emmet, al igual que Jasper.

-Peor que los niños- musitaba su padre, resignado -por amor de dios, Jacob...-.

-Niños, a comer- les llamó Rosalie a los pequeños, que pasaron olímpicamente de su madre, saliendo a todo correr de la cocina -¡Owen y Matthew Cullen, a la mesa ya!- les ordenó levantando el tono de voz -¿podrías hacer el favor de traer a tus hijos?- le pidió a su marido, de manera resignada.

-Chicos- les llamó su padre, saliendo de la cocina para ir en su busca -mamá se está enfadando...-.

Afortunadamente, diez minutos después consiguieron que todos los niños estuvieran en la mesa, vigilados por los adultos e intentando que comieran el puré de verduras.

-Vamos, Meredith, otro poquito más- la animaba Bella, pero su hija arrugaba la nariz cada vez que su madre le acercaba la cuchara.

-No guta pue- se quejó, con tono lastimoso.

-A mi tampoco- habló también Owen; Claire miró a su madre, sentada a a su lado, con cara de pena.

-Hay que comer de todo cariño, y eso incluye el puré- le explicó con paciencia Nessie, llenando la cuchara.

-No me extraña que no les guste a ninguno- rodó los ojos Jake, que fue fulminado por los allí presentes con la mirada.

-A papá tampoco le gusta- se quejó de nuevo Claire, cruzándose de brazos; su madre se mordió la lengua para no replicar a su marido.

-No eres de gran ayuda, hijo- siseó su padre entre dientes.

Justo en el momento que Bella se levantó para vigilar la comida de los mayores, su pequeña hija se escapó de la silla, corriendo hacia la puerta.

-¡Papiii!- la sonrisa de Edward no pudo ser más amplia cuándo tomó a su pequeña en brazos, mirándola con adoración, aunque tuviera parte de su cara y su babero lleno de puré.

-Hola mi niña- dijo, dejando un pequeño beso en su mejilla -¿te has vuelto a escapar de mamá?- le interrogó divertido.

-E que pue no guta- le explicó, con su graciosa vocecilla; sonrió divertido, y después de saludar a los presentes, se acercó a su esposa.

-Creo que alguien se quería escapar- le dijo, antes de bajar su cabeza y besar los labios de Bella -hola cariño-.

-Hola- le saludó ésta de vuelta -¿cómo ha ido la mañana?-.

-He estado esperando en el banco durante casi una hora- le contó, con un deje de fastidio -por lo demás, sin novedades- se encogió de hombros.

-¿Todo bien, hijo?- Carlisle se acercó a su posición; en su mente se dibujó una sonrisa de nostalgia, al ver en padre e hija los ojos verde esmeralda de su primera mujer, y recordando cómo se emocionó cuándo Edward y Bella anunciaron que era una niña, y que llevaría el nombre de su abuela.

-Las transferencias están hechas- le confirmó -sólo queda que firmes unos papeles que te he dejado en el despacho-.

-Esta tarde les echo un vistazo, gracias hijo- le palmeó un hombro, para volver a acercarse a la mesa.

-Bueno señorita- sus ojos enfocaron a su hija, que pasaba uno de sus deditos por su cuello -ahora tú y yo nos vamos a sentar, y nos vamos a comer todo el puré que ha hecho mamá, está muy bueno- la pequeña arrugó el ceño, negando con la cabeza.

-Vamos cielo, sólo unas cucharadas más- le pidió Bella.

-Y si te comes todo lo que dice mamá, por la tarde iremos a ver a los terneros- negoció Edward; a la niña le encantaba ir a los establos, a ver a los animales. Una pequeña sonrisa apareció en la carita de Meredith, que sentada en las rodillas de su padre, terminó su comida. Bella se sentó al lado de ellos... era increíble ver a Edward con la niña; siempre que no estaba de viaje, él era el encargado de darle la cena, y mecerla hasta que su pequeña caía dormida... era un padre estupendo.

Una vez que los niños terminaron de comer, se fueron hacia el salón de juegos, dónde Esme les puso una película, para que permanecieran un rato tranquilos.

-Por fin- exclamó Bella -misión cumplida-.

-Ya te digo- resopló Rosalie, llevando los vasos de sus hijos al lavavajillas. Alice sonrió divertida.

-Ya nos lo contarás- le advirtió Nessie, guiñándole un ojo. Todos tomaron asiento, y se dispusieron a comer, teniendo una comida relativamente tranquila. Ya en los postres, salió a la palestra el tema estrella que desde hace algunos años se debatía todas las navidades en esa casa.

-Bien... ¿quién se viste de Papa Noel este año?- preguntó Jake, cruzándose de brazos.

-¿No estarás hablando en serio?- le preguntó Nessie, arqueando una ceja.

-Los niños disfrutan cómo enanos- se defendió Emmet.

-En ese caso vístete tú- replicó Jazz, totalmente molesto -yo ya me gané un puntapié de Owen el año pasado- su esposa no pudo contener la risa, al igual que Bella y Esme.

-Con lo bien que te quedaba la barba blanca- suspiró cómicamente Edward.

-Y el cojín que te pusiste para simular la barriga- Jasper miró a su padre con una ceja arqueada.

-Gracias por burlarte, papá- siseó sarcástico.

-De nada, hijo; no he podido evitarlo- se encogió inocentemente de hombros, para después tomar un sorbo de café.

-Pues yo creo que deberías ser tú de nuevo- meditó Jake en voz alta.

-¿Y por qué yo?- seguía protestando su rubio hermano -que se vistan Emmet o Edward-.

-Yo me ofrezco para el año que viene- se escaqueó sutilmente el hermano pequeño.

-Esa excusa la utilizaste el año pasado; no cuela- objetó Emmet.

Los minutos siguientes estuvieron presididos por un divertido debate, en los cuales los hermanos se lanzaban la pelota los unos a los otros.

-Definitivamente, sois peores que los niños- protestó Bella, rodando los ojos, y levantándose junto a Esme y el resto de sus cuñadas.

-Ya lo creo hija mía... ya lo creo- le dio la razón Carlisle -Edward, vamos a revisar esos papeles en un momento- le medio ordenó.

Emmet, Jake y Jasper se quedaron en la cocina, dejando a un lado el dichoso tema de Papá Noel y centrado su atención en temas concernientes al rancho. Alice y Esme se fueron escaleras arriba un momento, y Rose, Nessie y Bella se encaminaron a la habitación de juegos. Owen y las gemelas veían entretenidos la película, Matt estaba dormido en el sofá, y la pequeña Meredith, sentada en el suelo, jugaba con una muñeca, dándole de comer.

-¿Qué haces?- se arrodilló Bella junto a su hija.

-Tene hambe- le encantaban los balbuceos de su pequeña, y las graciosas muecas que ponía.

-¿No ves la película, cómo los primos?- le preguntó de nuevo, acariciándole el pelo. La pequeña negó de manera graciosa con la cabeza, para levantarse y sentarse en el regazo de su madre. Vio cómo Rose se agachaba, cogiendo a su pequeño hijo en brazos y sentándose en el sofá.

-Esta noche tendremos juerga- rodó los ojos Rose, pero mirando a Matt con una sonrisa.

-Ya somos dos- se unió Nessie, que también se había sentado junto a sus hijas; Valerie se había apoyado en ella, y sus ojos se cerraban por momentos.

-¿Onde ta papi?- le preguntó Meredith a su madre.

-Está hablando con el abuelo- le explicó -pero enseguida termina; ¿quieres ir a ver a los terneritos?- le ofreció. Su pequeña afirmó con la cabeza, de manera enérgica.

-Vamos entonces- dijo levantándose, y tomando a su pequeña en brazos -Owen, Claire, ¿queréis venir también?-.

-Cuándo termine la peli- le pidió Owen a su madre.

-En un rato os alcanzamos- contestó Nessieviendo que los pequeños no tenían ninguna intención de dejar la película a medias.

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Una vez le puso el abrigo, el gorro y la bufanda, y después de que ella se abrigara también, ambas salieron a la parte trasera del jardín. Bella reía divertida viendo los esfuerzos de su hija por andar; no había mucho espesor de nieve, pero al ser tan pequeña le costaba. Se acercó a ella, tomando su manita para ayudarle a andar.

-¡Papi!- gritó la pequeña, al ver la figura de Edward andar hacia ellas -amos a ve teneitos- le pidió.

-Vamos entonces- el joven acató los deseos de su hija, tomándola en brazos. Su pequeña apoyó una mejilla en su hombro, tarareando una canción en voz baja.

-¿No ha dormido siesta?- le preguntó a la joven, pasándole el brazo que tenía libre por la cintura, atrayéndola a su lado. Le encantaba pasear así con su mujer y su hija... sus dos estrellitas.

-No parece- contestó ella, mirando a la niña -no se agota nunca- exclamó divertida.

-Eso es cierto- le dio la razón su marido -¿la mañana ha transcurrido tranquila en casa?- Bella afirmó con un gesto de cabeza, para después relatarle el episodio de los indios, ya que todavía no había llegado.

-Jake- rodó de manera cómica los ojos -creo que disfruta con el kit de los indios más que los niños- su mujer se carcajeó divertida, y siguieron hablando de manera animada hasta que llegaron a la nave de los terneros.

Edward dejó a su pequeña en el suelo, que con pasos apresurados y graciosos se acercó a uno de los pesebres.

-Mia mami- llamó a la joven, señalando al pequeño animalito con uno de sus deditos -ta comendo- decía curiosa, inclinando su cabecita en un gesto entre pensativo y curioso.

-Porque se tiene que hacer grande, igual que tú- le explicó Bella; arrollidándose a su altura, al igual que hizo Edward. La pequeña acercó una de sus manos al ternero, pero éste se revolvió un poco, pegándole un pequeño susto, que hizo reír a sus padres.

-No pasa cariño- la tranquilizó Edward, acercando su propia mano al animal, para acariciarle la cabeza; su pequeña sonrió por la escena, dando pequeños saltitos.

-¡Io quero, io quero!- le pidió a su padre. Volvió a cogerla en brazos, para adentrarse un poco más y acercar a su hija al animalillo; Meredith hizo de nuevo el amago de acercar su manita, pero no estaba muy convencida del asunto.

-Despacito, así- su padre le tomó la manita, para posarla en la cabeza del ternero -¿lo ves?; no hace nada- su pequeña sonrió encantada, y su pequeña manita se movió de manera precavida.

-Oa teneito- Edward sonrió al escuchar cómo su niña saludaba al animal, mirándole curiosa.

Bella se quedó rezagada, mirando cómo padre e hija iban pasando por todos los pesebres, viendo a los terneros. Era increíble la complicidad que tenían; nunca había visto a Edward tan feliz, y todavía recordaba cómo sus ojos de su marido se aguaron el día que Meredith nació, mirándola cómo si fuera el mayor tesoro que se hubiera descubierto.

-¡Mami, men!- Bella accedió a la petición de su pequeña hija; su esposo la había dejado en el suelo, y correteaba feliz, observando todo con sus curiosos ojos.

Edward tomó su mano, entrelazando sus dedos y atrayéndola a su cuerpo, dejando un pequeño beso en sus labios. Ambos siguieron a su hija varios pasos por detrás, a lo largo de todo el establo. La joven castaña no podía pedir más, y cada día que pasaba daba las gracias a su padre, ya que gracias a él ella recaló en esa maravillosa casa de locos.

Bueno mis niñas... ahora sí que sí, este es el final.

La mayoría me decís en los rr que os da mucha pena que termine... y a mi también, os lo puedo asegurar; pero la trama ya ha llegado a su fin... la familia reunida, con pequeños y nuevos miembros... creo que es un buen broche final.

Simplemente me queda agradeceros todo el apoyo que le distéis a este fic desde el principio; sé que habéis disfrutado mucho con las peripecias de estos cupidos tan particulares, con el amor del cowboy y su pequeña estrellita, con las ocurrencias de los hermanos y respectivas, con los resoplidos de papi Carlisle jejejejje... incluso con esa crisis que pasó la pareja protagonista, y que terminó con esa boda ;)... para mi eso es lo importante, y me doy por satisfecha, porque sé que lo habéis disfrutado... y ese es el mejor regalo para nosotras, las autoras.

Agradeceros de corazón las alertas y favoritos; a las miles de lectoras silenciosas que han seguido las peripecias de la familia Cullen, un millón de gracias. Todas vosotras, junto a las que han dejado sus impresiones formáis, para mi, la gran familia del rancho Killarney:

Saraes; ABella Cullen; Valinight; Milhoja; AnndieCullen-Li; Areli Pattirson;

Elyta; Iare; Julimuliluli Zwein Seiten; PaooCullen13; Crismery...

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Mis reques, aunque ya lo sabéis, mil gracias por todo... y sobre todo por estar ahí, siempre.

Cris, Sara... ya lo sabéis también, gracias.

En muchos rr me preguntáis por lo próximo que escribiré, así que deciros que en un par de semanas, empezaré a subir los capítulos del nuevo fic, Dueño de mi destino; aunque el tema es peliagudo y delicado, y por supuesto si vosotras queréis, os espero allí. El primer capítulo ya está subido, por si queréis haceros una idea de por dónde van a ir los tiros.

Simplemente me queda daros de nuevo las gracias, por acompañarme en esta aventura; desearos que paséis unas muy felices navidades y que el año 2012 sea igual o mejor que éste que termina... y lo dicho; en cuanto pasen las navidades, nos vemos en Dueño de mi destino.

Miles besos mis niñas. 

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Bueno, se acabo esto; muchachas es triste pero jum, tengo ganas de no se que cua!!
Quiero escribir mi propia historia, pero uffs! el trabajo me mata...