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jueves, 1 de agosto de 2013

Cowboy de Mi Corazón.



                            Outtake:                     Una casa de locos

Bella observaba desde la ventana de la cocina los delicados copos de nieve que empezaban a caer; el presente invierno era uno de los más fríos que recordaba ella desde que vivía en Texas, así que la casa estaba especialmente concurrida. Faltaban dos días para la cena de Nochebuena, y debido al clima helado, los niños no podían salir a jugar al jardín... de modo que todos estaban perdidos por alguna parte de la casa.

Ayer fue un día especial para los pequeños, que junto con los felices abuelos Esme y Carlisle, montaron el enorme árbol de navidad en el salón de la casa familiar. En septiembre se habían cumplido dos años de la boda del jefe del rancho Killarney, y desde entonces una sonrisa perpetúa estaba instalada en el rostro de ambos; su suegro había delegado la mayor parte de los asuntos del rancho en sus hijos, y ahora se dedicaba a consentir junto a su esposa a los que eran, según sus propias palabras, los reyes y reinas de la casa.

Con un pequeño suspiro, bajó su vista de nuevo, para seguir mezclando los ingredientes, para formar la masa de unas deliciosas galletas, a petición de los niños... y de Jasper. A lo lejos oía las risas de sus sobrinos Owen y Matthew, o cómo era llamado en la familia el menor de sus sobrinos, Matt. Añadió la cantidad justa de levadura, y después agregó dos gotas de zumo de limón y una pizca de vainilla... justo cuándo iba a tomar el bote del azúcar, sintió que tiraban de su pantalón; al volver la cabeza, se encontró con la sonrisa inocente de una de sus sobrinas.

-Tía Bella, quiero otra galleta- dijo poniendo carita de cordero degollado. Ella sonrió, limpiándose las manos con un trapo y quedando a su altura. Ya tenían cinco añitos, Owen seis... era increíble cómo pasaba el tiempo.

-¿De cuáles... Valerie?- preguntó con cautela; a excepción de sus padres, al resto todavía les costaba mucho distinguirlas, las pequeñas eran como dos gotas de agua; al ver que se tapaba la boca con una de sus manitas, se auto corrigió -¿o eres Claire, pillina?- le preguntó de nuevo, haciéndole cosquillas. La pequeña rió encantada.

-Nooooooo- dijo entre carcajadas -soy Val- le sacó de dudas -yo quiero de chocolate; y Claire de limón- la joven meneó divertida la cabeza, dirigiéndose a la despensa y sacando dos galletas.

-Pero no hay más- le advirtió, intentando parecer seria -enseguida vais a comer- la niña agitó enérgicamente la cabeza, para después salir corriendo en dirección al cuarto de juegos.

Carlisle y Esme habían instalado un inmenso cuarto para que los niños se divirtieran, en el piso inferior; cada vez que entrabas allí era un caos... a Bella le recordaba a su aula del Jardín de Infancia, con todos sus pequeños alumnos correteando. Así mismo, en el piso superior habían acondicionado dos dormitorios, uno para los chicos y otro para las chicas.

Justo en esos momentos, Esme entraba por la puerta de la cocina, cargada de bolsas, al igual que Jasper y Alice. La joven se adelantó para ayudarla, y saludar a sus cuñados, que venían del médico.

-Todos a la vez- exclamó divertida.

-Nos hemos encontrado a Esme en el garaje- le explicó Alice, dejando su abrigo y su bolso encima de la mesa.

-¿Haciendo galletas, cuñada?- preguntó su marido, cómo un niño de cinco años, a la vez que dejaba una de las bolsas en la encimera de la cocina.

-Después de la guerra que distéis ayer, no me ha quedado otra- exclamó ella, cruzándose de brazos; al tener los mismos días de vacaciones que los niños, era ella la que se quedaba en la casa principal con toda la tropa, para ayudar a los abuelos, ya que sus cuñados trabajaban... y por supuesto, para cocinar.

-Es por una buena causa- se disculpó, posando una mano en el vientre de su mujer, sintiendo las pataditas de su hijo -tenemos antojos-.

-¿Tú también?- negó divertida Esme con la cabeza, mientras que la cara de Alice reflejaba un mohín de paciencia.

-Seguro- rodó los ojos su cuñada, que se fue a ayudar a Esme a colocar las compras.

-¿Ya está la comida?- le preguntó su suegra.

-En unos minutos- le confirmó ésta -espero que los niños no protesten al ver el puré de verduras- musitó con resignación.

-¿Puré?- interrogó Emmet, que también había llegado, junto con Rosalie -puag- dijo, poniendo cara de rechazo.

-Ni se te ocurra hacer eso delante de los niños- le advirtió su mujer -o no comerán y la tendremos de nuevo- se giró hacia Alice -¿cómo va todo?- le interrogó, con una sonrisa.

-Jayden está perfecto- exclamó feliz -¿y tú?- Rose estaba embarazada de nuevo, de apenas tres meses... no lo decían en voz alta, pero todos intuían que no pararían hasta conseguir a la niña.

-Hoy no me he levantado muy bien- les relató -sin embargo ahora estoy hambrienta- pero Emmet les interrumpió, cambiando radicalmente de tema.

-¿En serio que vais a ponerle Jayden al niño?- les preguntó a los futuros padres.

-Por supuesto que no- refutó Jasper, muy serio; su mujer arqueó una ceja.

-¿Por qué no?- le reclamó, cruzándose de brazos.

-No pienso ponerle Jayden a ningún hijo mío- le explicó -además, el que voy a ir al registro justo después que nazca soy yo... así que yo decidiré- los presente ahogaron la carcajada.

-No te atreverás- le amenazó Alice.

-No apuestes contra mí- le recordó éste, con su sonrisa socarrona.

-Asno integral- siseó entre dientes su mujer, provocando la carcajada de Emmet.

-Igual que cuándo discutían sobre el asunto de la música en los establos- meneó la cabeza, negando divertido.

Nessie también entró por la puerta de la cocina en ese instante, saludando a todos y dirigiéndose al cuarto de juegos, a ver a las pequeñas. El resto se afanó en preparar la mesa, para que los pequeños comieran. Emmet y Jasper estaban apoyados en la encimera, charlando, cuándo dos niños rubios, ataviados con penachos de plumas y armados con flechas y hachas de juguete, entraron cómo un vendaval, imitando el grito de los indios y lanzando las flechas hacia Jasper.

-¡Muerte al rostro pálido!- chilló Owen, dándole con el hacha de juguete en la pierna.

-¡Merte osto paido!- repitió cómo un loro su hermano Matt, pegándole con una flecha en la otra pierna y brincando de manera graciosa con sus pequeño piececillos.

-¡Demonios!- se quejó Jasper, que lanzó dagas en dirección a su hermano Emmet, que se partía de risa con la escena, al igual que el resto de los presentes -Em, ¿sería mucho pedir que controlaras a tus hijos?- le pidió, mosqueado.

-Chicos- les llamó la atención su padre, pero sus hijos se plantaron enfrente suyo, cruzándose de brazos.

-Sólo cumplimos órdenes del jefe de la tribu- se explicó Owen muy serio.

-¡Efe tibu!- exclamó Matt, de manera graciosa. Emmet y Jasper rodaron los ojos.

-Gran Lobo Feroz nos lo ha ordenado- siguió explicándose Owen; justo en ese momento Claire y Valerie, llevando de la mano a su primita Meredith, entraron a la cocina. La más pequeña se soltó de la mano de sus primas, para correr a los brazos de su madre.

-Teno hambe- se quejó con un gracioso puchero.

-Enseguida comemos, cariño- le dijo Bella, dejando un besito en su mejilla. Su pequeña la miró con esos ojos verdes que había heredado de su padre, al igual que sus rasgos. De ella solo tenía la naricita y el pelo castaño, aunque un par de tonos más claro que el suyo.

Bella la sentó en la mesa, para ponerle el babero, al igual que hicieron Esme y Nessie con las gemelas; de mientras, Owen y Matt seguían dando explicaciones.

-Pues le decís a Gran Lobo Feroz que capture al abuelo Carlisle, y dejáis al tío Jazz tranquilo- negoció con sus sobrinos; justo en ese momento el aludido entró en la cocina.

-Abelo- le llamó Meredith, haciéndole un gesto con la mano. Éste se acercó a sus tres nietas, llenándolas de besos.

-¿Cómo están mis niñas?- les pregunto, para después volverse a sus nietos -¿quién debe capturarme?- les interrogó -¿y quién es Gran Lobo Feroz?-.

-¿Me llamaba alguien?- preguntó Jake, entrando por la puerta, llevando una cinta alrededor de su frente, con tres plumas detrás de su cabeza. Bella contuvo la risa, al igual que el resto... menos Nessie, que miraba en dirección a su marido con una ceja arqueada.

-Creo que ya sabemos quién es Gran Lobo Feroz- dijo ésta, rodando los ojos.

-Te queda muy bien el tocado- se carcajeó Emmet, al igual que Jasper.

-Peor que los niños- musitaba su padre, resignado -por amor de dios, Jacob...-.

-Niños, a comer- les llamó Rosalie a los pequeños, que pasaron olímpicamente de su madre, saliendo a todo correr de la cocina -¡Owen y Matthew Cullen, a la mesa ya!- les ordenó levantando el tono de voz -¿podrías hacer el favor de traer a tus hijos?- le pidió a su marido, de manera resignada.

-Chicos- les llamó su padre, saliendo de la cocina para ir en su busca -mamá se está enfadando...-.

Afortunadamente, diez minutos después consiguieron que todos los niños estuvieran en la mesa, vigilados por los adultos e intentando que comieran el puré de verduras.

-Vamos, Meredith, otro poquito más- la animaba Bella, pero su hija arrugaba la nariz cada vez que su madre le acercaba la cuchara.

-No guta pue- se quejó, con tono lastimoso.

-A mi tampoco- habló también Owen; Claire miró a su madre, sentada a a su lado, con cara de pena.

-Hay que comer de todo cariño, y eso incluye el puré- le explicó con paciencia Nessie, llenando la cuchara.

-No me extraña que no les guste a ninguno- rodó los ojos Jake, que fue fulminado por los allí presentes con la mirada.

-A papá tampoco le gusta- se quejó de nuevo Claire, cruzándose de brazos; su madre se mordió la lengua para no replicar a su marido.

-No eres de gran ayuda, hijo- siseó su padre entre dientes.

Justo en el momento que Bella se levantó para vigilar la comida de los mayores, su pequeña hija se escapó de la silla, corriendo hacia la puerta.

-¡Papiii!- la sonrisa de Edward no pudo ser más amplia cuándo tomó a su pequeña en brazos, mirándola con adoración, aunque tuviera parte de su cara y su babero lleno de puré.

-Hola mi niña- dijo, dejando un pequeño beso en su mejilla -¿te has vuelto a escapar de mamá?- le interrogó divertido.

-E que pue no guta- le explicó, con su graciosa vocecilla; sonrió divertido, y después de saludar a los presentes, se acercó a su esposa.

-Creo que alguien se quería escapar- le dijo, antes de bajar su cabeza y besar los labios de Bella -hola cariño-.

-Hola- le saludó ésta de vuelta -¿cómo ha ido la mañana?-.

-He estado esperando en el banco durante casi una hora- le contó, con un deje de fastidio -por lo demás, sin novedades- se encogió de hombros.

-¿Todo bien, hijo?- Carlisle se acercó a su posición; en su mente se dibujó una sonrisa de nostalgia, al ver en padre e hija los ojos verde esmeralda de su primera mujer, y recordando cómo se emocionó cuándo Edward y Bella anunciaron que era una niña, y que llevaría el nombre de su abuela.

-Las transferencias están hechas- le confirmó -sólo queda que firmes unos papeles que te he dejado en el despacho-.

-Esta tarde les echo un vistazo, gracias hijo- le palmeó un hombro, para volver a acercarse a la mesa.

-Bueno señorita- sus ojos enfocaron a su hija, que pasaba uno de sus deditos por su cuello -ahora tú y yo nos vamos a sentar, y nos vamos a comer todo el puré que ha hecho mamá, está muy bueno- la pequeña arrugó el ceño, negando con la cabeza.

-Vamos cielo, sólo unas cucharadas más- le pidió Bella.

-Y si te comes todo lo que dice mamá, por la tarde iremos a ver a los terneros- negoció Edward; a la niña le encantaba ir a los establos, a ver a los animales. Una pequeña sonrisa apareció en la carita de Meredith, que sentada en las rodillas de su padre, terminó su comida. Bella se sentó al lado de ellos... era increíble ver a Edward con la niña; siempre que no estaba de viaje, él era el encargado de darle la cena, y mecerla hasta que su pequeña caía dormida... era un padre estupendo.

Una vez que los niños terminaron de comer, se fueron hacia el salón de juegos, dónde Esme les puso una película, para que permanecieran un rato tranquilos.

-Por fin- exclamó Bella -misión cumplida-.

-Ya te digo- resopló Rosalie, llevando los vasos de sus hijos al lavavajillas. Alice sonrió divertida.

-Ya nos lo contarás- le advirtió Nessie, guiñándole un ojo. Todos tomaron asiento, y se dispusieron a comer, teniendo una comida relativamente tranquila. Ya en los postres, salió a la palestra el tema estrella que desde hace algunos años se debatía todas las navidades en esa casa.

-Bien... ¿quién se viste de Papa Noel este año?- preguntó Jake, cruzándose de brazos.

-¿No estarás hablando en serio?- le preguntó Nessie, arqueando una ceja.

-Los niños disfrutan cómo enanos- se defendió Emmet.

-En ese caso vístete tú- replicó Jazz, totalmente molesto -yo ya me gané un puntapié de Owen el año pasado- su esposa no pudo contener la risa, al igual que Bella y Esme.

-Con lo bien que te quedaba la barba blanca- suspiró cómicamente Edward.

-Y el cojín que te pusiste para simular la barriga- Jasper miró a su padre con una ceja arqueada.

-Gracias por burlarte, papá- siseó sarcástico.

-De nada, hijo; no he podido evitarlo- se encogió inocentemente de hombros, para después tomar un sorbo de café.

-Pues yo creo que deberías ser tú de nuevo- meditó Jake en voz alta.

-¿Y por qué yo?- seguía protestando su rubio hermano -que se vistan Emmet o Edward-.

-Yo me ofrezco para el año que viene- se escaqueó sutilmente el hermano pequeño.

-Esa excusa la utilizaste el año pasado; no cuela- objetó Emmet.

Los minutos siguientes estuvieron presididos por un divertido debate, en los cuales los hermanos se lanzaban la pelota los unos a los otros.

-Definitivamente, sois peores que los niños- protestó Bella, rodando los ojos, y levantándose junto a Esme y el resto de sus cuñadas.

-Ya lo creo hija mía... ya lo creo- le dio la razón Carlisle -Edward, vamos a revisar esos papeles en un momento- le medio ordenó.

Emmet, Jake y Jasper se quedaron en la cocina, dejando a un lado el dichoso tema de Papá Noel y centrado su atención en temas concernientes al rancho. Alice y Esme se fueron escaleras arriba un momento, y Rose, Nessie y Bella se encaminaron a la habitación de juegos. Owen y las gemelas veían entretenidos la película, Matt estaba dormido en el sofá, y la pequeña Meredith, sentada en el suelo, jugaba con una muñeca, dándole de comer.

-¿Qué haces?- se arrodilló Bella junto a su hija.

-Tene hambe- le encantaban los balbuceos de su pequeña, y las graciosas muecas que ponía.

-¿No ves la película, cómo los primos?- le preguntó de nuevo, acariciándole el pelo. La pequeña negó de manera graciosa con la cabeza, para levantarse y sentarse en el regazo de su madre. Vio cómo Rose se agachaba, cogiendo a su pequeño hijo en brazos y sentándose en el sofá.

-Esta noche tendremos juerga- rodó los ojos Rose, pero mirando a Matt con una sonrisa.

-Ya somos dos- se unió Nessie, que también se había sentado junto a sus hijas; Valerie se había apoyado en ella, y sus ojos se cerraban por momentos.

-¿Onde ta papi?- le preguntó Meredith a su madre.

-Está hablando con el abuelo- le explicó -pero enseguida termina; ¿quieres ir a ver a los terneritos?- le ofreció. Su pequeña afirmó con la cabeza, de manera enérgica.

-Vamos entonces- dijo levantándose, y tomando a su pequeña en brazos -Owen, Claire, ¿queréis venir también?-.

-Cuándo termine la peli- le pidió Owen a su madre.

-En un rato os alcanzamos- contestó Nessieviendo que los pequeños no tenían ninguna intención de dejar la película a medias.

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Una vez le puso el abrigo, el gorro y la bufanda, y después de que ella se abrigara también, ambas salieron a la parte trasera del jardín. Bella reía divertida viendo los esfuerzos de su hija por andar; no había mucho espesor de nieve, pero al ser tan pequeña le costaba. Se acercó a ella, tomando su manita para ayudarle a andar.

-¡Papi!- gritó la pequeña, al ver la figura de Edward andar hacia ellas -amos a ve teneitos- le pidió.

-Vamos entonces- el joven acató los deseos de su hija, tomándola en brazos. Su pequeña apoyó una mejilla en su hombro, tarareando una canción en voz baja.

-¿No ha dormido siesta?- le preguntó a la joven, pasándole el brazo que tenía libre por la cintura, atrayéndola a su lado. Le encantaba pasear así con su mujer y su hija... sus dos estrellitas.

-No parece- contestó ella, mirando a la niña -no se agota nunca- exclamó divertida.

-Eso es cierto- le dio la razón su marido -¿la mañana ha transcurrido tranquila en casa?- Bella afirmó con un gesto de cabeza, para después relatarle el episodio de los indios, ya que todavía no había llegado.

-Jake- rodó de manera cómica los ojos -creo que disfruta con el kit de los indios más que los niños- su mujer se carcajeó divertida, y siguieron hablando de manera animada hasta que llegaron a la nave de los terneros.

Edward dejó a su pequeña en el suelo, que con pasos apresurados y graciosos se acercó a uno de los pesebres.

-Mia mami- llamó a la joven, señalando al pequeño animalito con uno de sus deditos -ta comendo- decía curiosa, inclinando su cabecita en un gesto entre pensativo y curioso.

-Porque se tiene que hacer grande, igual que tú- le explicó Bella; arrollidándose a su altura, al igual que hizo Edward. La pequeña acercó una de sus manos al ternero, pero éste se revolvió un poco, pegándole un pequeño susto, que hizo reír a sus padres.

-No pasa cariño- la tranquilizó Edward, acercando su propia mano al animal, para acariciarle la cabeza; su pequeña sonrió por la escena, dando pequeños saltitos.

-¡Io quero, io quero!- le pidió a su padre. Volvió a cogerla en brazos, para adentrarse un poco más y acercar a su hija al animalillo; Meredith hizo de nuevo el amago de acercar su manita, pero no estaba muy convencida del asunto.

-Despacito, así- su padre le tomó la manita, para posarla en la cabeza del ternero -¿lo ves?; no hace nada- su pequeña sonrió encantada, y su pequeña manita se movió de manera precavida.

-Oa teneito- Edward sonrió al escuchar cómo su niña saludaba al animal, mirándole curiosa.

Bella se quedó rezagada, mirando cómo padre e hija iban pasando por todos los pesebres, viendo a los terneros. Era increíble la complicidad que tenían; nunca había visto a Edward tan feliz, y todavía recordaba cómo sus ojos de su marido se aguaron el día que Meredith nació, mirándola cómo si fuera el mayor tesoro que se hubiera descubierto.

-¡Mami, men!- Bella accedió a la petición de su pequeña hija; su esposo la había dejado en el suelo, y correteaba feliz, observando todo con sus curiosos ojos.

Edward tomó su mano, entrelazando sus dedos y atrayéndola a su cuerpo, dejando un pequeño beso en sus labios. Ambos siguieron a su hija varios pasos por detrás, a lo largo de todo el establo. La joven castaña no podía pedir más, y cada día que pasaba daba las gracias a su padre, ya que gracias a él ella recaló en esa maravillosa casa de locos.

Bueno mis niñas... ahora sí que sí, este es el final.

La mayoría me decís en los rr que os da mucha pena que termine... y a mi también, os lo puedo asegurar; pero la trama ya ha llegado a su fin... la familia reunida, con pequeños y nuevos miembros... creo que es un buen broche final.

Simplemente me queda agradeceros todo el apoyo que le distéis a este fic desde el principio; sé que habéis disfrutado mucho con las peripecias de estos cupidos tan particulares, con el amor del cowboy y su pequeña estrellita, con las ocurrencias de los hermanos y respectivas, con los resoplidos de papi Carlisle jejejejje... incluso con esa crisis que pasó la pareja protagonista, y que terminó con esa boda ;)... para mi eso es lo importante, y me doy por satisfecha, porque sé que lo habéis disfrutado... y ese es el mejor regalo para nosotras, las autoras.

Agradeceros de corazón las alertas y favoritos; a las miles de lectoras silenciosas que han seguido las peripecias de la familia Cullen, un millón de gracias. Todas vosotras, junto a las que han dejado sus impresiones formáis, para mi, la gran familia del rancho Killarney:

Saraes; ABella Cullen; Valinight; Milhoja; AnndieCullen-Li; Areli Pattirson;

Elyta; Iare; Julimuliluli Zwein Seiten; PaooCullen13; Crismery...

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Mis reques, aunque ya lo sabéis, mil gracias por todo... y sobre todo por estar ahí, siempre.

Cris, Sara... ya lo sabéis también, gracias.

En muchos rr me preguntáis por lo próximo que escribiré, así que deciros que en un par de semanas, empezaré a subir los capítulos del nuevo fic, Dueño de mi destino; aunque el tema es peliagudo y delicado, y por supuesto si vosotras queréis, os espero allí. El primer capítulo ya está subido, por si queréis haceros una idea de por dónde van a ir los tiros.

Simplemente me queda daros de nuevo las gracias, por acompañarme en esta aventura; desearos que paséis unas muy felices navidades y que el año 2012 sea igual o mejor que éste que termina... y lo dicho; en cuanto pasen las navidades, nos vemos en Dueño de mi destino.

Miles besos mis niñas. 

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Bueno, se acabo esto; muchachas es triste pero jum, tengo ganas de no se que cua!!
Quiero escribir mi propia historia, pero uffs! el trabajo me mata... 

viernes, 26 de julio de 2013

Cowboy de Mi Corazón.



                                                                     Epílogo

Tres años después...

-Por el poder que me confiere el estado de Texas, yo os declaro marido y mujer; puede besar a la novia- la voz del celebrante rompió la atmósfera de silencio y expectación que había en los jardines del rancho Killarney, que se había convertido en el improvisado escenario de las bodas familiares.

La multitud estalló en aplausos cuándo los flamantes novios se besaron de manera discreta, pero dulce. Por fin, después de tantos años, Esme Platt pasaba a ser la señora de Carlisle Cullen.

Situados en la primera fila, Jake y Nessie sonreían e intentaban aplaudir, ya que cada uno de ellos tenía a Claire y Valerie en brazos; las pequeñas ya contaban tres años de edad, y eran la delicia de sus padres... y de toda la familia; con su pelo moreno y los ojos color avellana de Nessie... e igual de revoltosas que Owen, que con cuatro años era la viva imagen de Emmet, pero con los rizos rubios de Rose, que aplaudía feliz, a la vez que su marido se llevaba los dedos a la boca, silbando ruidosamente.

-¡Así se hace, papá!- le jaleó Jasper, elevando el puño hacia arriba en un gesto de victoria; Alice, su esposa desde hace un año, reía encantada.

-Les ha costado- exclamó divertido Edward, mirando a su pequeña estrellita, que sonreía emocionada.

-Ya lo creo- le dio la razón; el joven la acercó a su cuerpo, apoyándola en su pecho y dejando un pequeño beso en su frente. La joven no había podido evitar que sus ojos se aguaran en la ceremonia... quería a Esme y a Carlisle cómo si fueran sus propios padres, y estaba muy feliz por ellos.

Una vez terminó la ceremonia, los novios fueron acaparados por multitud de invitados, deseosos de felicitar al nuevo matrimonio... pero el primer abrazo lo recibieron de sus hijos y nietos, que ese día ejercieron de anfitriones. Los jardines del rancho estaban a rebosar, allí no cabía un alfiler. Carlisle Cullen conocía a muchísima gente dentro y fuera de Hunstville, y todos ellos habían querido apoyar a su amigo. Los padres de Rose, Alice y Nessie; Jenks y su familia...y por supuesto todos los peones del rancho... todos estaban allí en un día que Jake había calificado de histórico.

-¿Cómo sienta eso de ser una mujer casada?- interrogó Bella a la novia; ésta, elegantemente vestida con un discreto traje de falda y chaqueta en tonos beige, le sonrió con complicidad.

-No está mal- musitó pensativa, pero con un gesto divertido en su cara.

-Bienvenida al club de las señoras Cullen- la felicitó Rose, riendo. La buena mujer abrazó de nuevo a las que consideraba sus hijas... no había estado tan nerviosa en la vida, pero todo había valido la pena. En otro grupo, Carlisle y sus hijos conversaban de manera animada con varios de los invitados. Una sonrisa pletórica estaba instalada en el rostro del patriarca, que recibía una y mil felicitaciones, con graciosas coletillas cómo ya era hora, y cosas así.

La comida transcurrió en un ambiente distendido; los hermanos, junto con Leah y Randall, estaban acomodados en una mesa, charlando y riendo sin parar. Hacía un año que tanto ella cómo Bella habían terminado la carrera, y Leah y su marido no duraron un sólo segundo en mudarse a Hunstville cuándo ella, junto a su castaña amiga, habían sido contratadas para el Jardín de Infancia que se inauguró en la localidad hacía apenas dos años. Carlisle Cullen ayudó a Randall a establecer aquí su negocio de construcción, por lo que Bella estaba feliz de tener aquí a una de sus mejores amigas; incluso el marido de Leah hizo buenas migas con el resto de los hermanos... y eran considerados parte de la familia.

-Hace dos días hablé con Cindy- le contó ésta a Bella.

-¿Cómo les va?- le preguntó -yo la semana pasada recibí un correo de Annie- el resto de sus compañeros seguían viviendo en San Antonio, pero mantenían contacto permanente con ellos.

-Bien- le explicó -no me contaron gran cosa- se explicó.

-¿No iban a venir a pasar unos días, antes de que acaben las vacaciones?- preguntó Edward, rodeando los hombros de su esposa con un brazo. Era el primer sábado de septiembre, y dentro de pocos días Bella y Leah comenzarían un nuevo curso escolar.

-Eso le dije yo a Annie; pero estaba pendiente de las fechas de un curso que quiere hacer, y todavía no sabía- se explicó su pequeña.

-Yo creo que Zack y Cindy si van a venir- meditó Leah en voz alta... pero justo en ese momento la multitud se calló... Emmet se había puesto de pie, dirigiéndose hacia dónde estaba la orquesta y tomando el micrófono.

-¿Crees que es buena idea que él haya preparado el discurso?- susurró Alice a su marido, en voz baja.

-¿Prefieres un discurso de Jake?- le contestó el rubio ranchero con otra pregunta, mientras arqueaba una ceja.

-Te aseguro que yo, no- rodó los ojos Nessie, ante la cara de reproche de su marido.

-Ehhhh...- exclamó el aludido, visiblemente ofendido -¿qué tienen de malo mis discursos?-.

-¿Qué hay menores presentes, y que no necesitan oír cómo haces mención a la noche de bodas?- objetó Edward, cómo si fuera obvio, provocando las risas sofocadas del resto de la mesa.

-Estaba preparado- contraatacó, pagado de si mismo -no iba a permitir que mis princesitas oyeran esas cosas; por eso había traído tres pares de tapones para los oídos-.

-Gran idea, cariño- siseó Nessie, suspirando con paciencia, y volviendo su vista hacia el escenario, dónde el segundo de los hermanos cuadraba los hombros para tomar la palabra.

Esme sonreía, al igual que Carlisle, cuándo Emmet llamó la atención de la gente... pero éste rezaba para sus adentros; conociendo a sus hijos, se esperaba cualquier cosa.

-Queridos amigos, familia... - empezó a relatar, con voz pausada -hoy es un día grande para el rancho Killarney... el jefe ha pillado cacho- la cara de Esme se tornó de un rojo intenso, a la vez que los ojos de su padre se abrían de manera desmesurada. Jazz y Edward tosieron para disimular la carcajada, mientars que los ojos de Rosalie Cullen lanzaban dagas a su marido.

-¿Decíais algo acerca de mis discursos?- preguntó Jake, mirando al resto de sus hermanos con una sonrisa socarrona.

-Nah... era un broma- el recién estrenado matrimonio dejó escapar el aire, respirando aliviados -es un día muy feliz para nosotros; todos sabéis que para mi padre no existió otra mujer que nuestra madre -en su cara se dibujó una pequeña sonrisa, al igual que en las de todos los miembros de la familia -pero también era hora de que recuperara la ilusión... y la persona más indicada para ello estaba a su lado desde hace mucho tiempo; una mujer a la que toda la familia adoramos- todos posaron sus ojos en Esme, que azorada bajaba la cabeza; su ya marido tomó una de sus manos, dejando un suave beso en el dorso y entrelazando los dedos.

-De momento se está portando- aprobó Randall, ya completamente familiarizado con el carácter bromista de los hermanos Cullen.

-Veremos- musitó Bella, pasando los dedos por el brazo de su marido, para después volver su atención hacia el escenario.

-No sabéis lo contentos que estamos por ellos- continuó Emmet de manera solemne -quién nos lo iba a decir... el anuncio de su boda fue toda una sorpresa- canturreó con diversión, y esbozando una sonrisa maléfica, gesto que compartió la mesa de sus hermanos en pleno.

-Por favor... no- siseó su padre en voz baja.

-Dime que no va a contar eso, Carlisle- le imploró Esme, mirándole con aprensión.

La mente de Carlisle Cullen viajó unos meses atrás en el tiempo... a un día de febrero, que tardaría mucho, mucho tiempo en olvidar...

Era un sábado cómo otro cualquiera; los hermanos habían cumplido con sus obligaciones en el rancho, y cómo era costumbre en ese día de la semana, comían todos juntos en la casa principal. Las pequeñas Claire y Valerie, al igual que Owen, ya habían comido y estaban sumidos en su siesta; Bella y las chicas ayudaban a Esme mientras esperaban a los chicos... y Carlisle llevaba toda la mañana encerrado en su despacho.

Aunque cada hermano ya tenía su propio hogar, les gustaba reunirse en torno a la mesa de la casa principal; entre semana, las chicas tenían su propio horario de trabajo, y los pequeños ya iban a la escuela primaria, de modo que no todos los días coincidía la familia entera. Las costumbres se mantenían, y Bella seguía siendo la cocinera principal de la familia, para alborozo de sus cuñados y el fastidio de su marido... aunque según ella, estaba más que encantada de hacerlo.

La joven daba los últimos retoques al aliño de la ensalada, y el asado de ternera esperaba pacientemente en el horno a que llegaran los chicos. Rose y Alice preparaban los platos y cubiertos; justo en ese momento Nessie entró en la cocina.

-¿Ya habéis terminado por ahí arriba?- interrogó Bella a su pelirroja cuñada.

-Ya está todo, y los pequeños duermen profundamente- le confirmó; se quedó callada, sopesando sus palabras -chicas- las llamó; sus cuñadas se giraron, mirándola -¿no notáis a Esme muy rara estos días?-.

-Ahora que lo mencionas...- dijo Rose, pasados unos minutos -un poco, sí-.

-Está cómo inquieta, y nerviosa- añadió Bella.

-Pues Carlisle está igual o peor que ella- habló Alice, bajando la voz -puede que se hayan peleado-.

-Es posible- pero a Nessie no le convencía mucho ese razonamiento; iba a añadir algo... pero oyeron voces en el exterior de la puerta de la cocina... los chicos habían llegado. Decidieron dejar el tema, y se apresuraron en terminar de poner la mesa.

-Hola familia- saludó Jake de manera general; sus hermanos pasaron detrás suyo. Después de saludar a su esposa con un beso y de preguntar por sus niñas, sus pasos le llevaron directamente al horno.

-¿Qué tenemos de menú?- interrogó a la vez que se frotaba las manos, mirando a través del cristal de la pequeña puerta.

-Asado de ternera- le sacó Alice de dudas, después de recibir a su esposo con un beso.

-Y ni se te ocurra meter las manos en mi comida- añadió Bella, cruzándose de brazos; Edward sonreía divertido, rodeándole la cintura.

-No he hecho nada, que me registren- protestó de manera graciosa, levantando ambas manos. Bella rodó los ojos, para por fin, saludar a Edward.

-Hola vaquero- susurró sobre sus labios, para después dejar un tierno beso en ellos.

-Hola cariño, ¿cómo ha ido la mañana?- se interesó, rodeando su pequeña cintura con sus manos.

-Bien... metida en la cocina y ayudando a Esme- le explicó con una pequeña sonrisa. El joven la escuchaba embelesado... en los más de dos años que llevaban casados, habían pasado por momentos buenos y no tan buenos; se sentía afortunado de tener a su mujer a su lado, apoyándole cómo siempre lo había hecho. Las inseguridades estaban muertas y enterradas, y cuándo discutían, cómo todos los matrimonios, eran por otro tipo de cuestiones; y de alguna manera u otra, siempre lo terminaban arreglando. Y si había algo de lo que arrepintiese, era de no haberse casado antes con ella; Bella era su otra mitad -¿y tú?- le interrogó ella.

-Hemos terminado de cambiar la maquinaria de la nave de engorde- le contó; llevaban con eso casi dos semanas, y por fin habían concluido -ahora sólo quiero descansar; en cuánto lleguemos a casa no pienso moverme del sofá-.

-Contaba con ello- le guiñó un ojo -he ido al video club, y he alquilado cuatro pelis, para hoy y para mañana; ¿te hace en plan?- le sondeó, guiñando un ojo.

-Siempre que tu vayas incluida, seguro- sonrió de manera torcida, dejando un corto beso en sus labios -tú también debes descansar; trabajas de lunes a viernes y los fines de semana aquí y en nuestra casa-.

-Bueno... meditó la joven -tú también me ayudas en casa...- le recordó su pequeña. Su pequeño debate se vio interrumpido por el carraspeo de Jasper.

-¿Podríais dejar vuestros asuntos de limpieza para otro momento?- sugirió -el asado va a salir corriendo del horno, a este paso- Bella rodó los ojos, y su esposo iba a replicar, pero justo en ese momento aparecieron Esme y Carlisle por la puerta de la cocina.

-Hola hijos- les saludó de manera general, con voz cansada -¿comemos?- todos se miraron extrañados; su padre parecía nervioso, y Esme no hacía más que retorcerse las manos, gesto que denotaba intranquilidad por su parte.

Sus hijos y nueras decidieron dejarlo pasar, y se sentaron en torno a la mesa, dispuestos a comer. Su padre apenas abrió la boca más que para hacerles preguntas concernientes al trabajo; Esme apenas levantó la vista de su plato. Cuándo terminaron y tomaron el café, su padre se puso de pie, carraspeando.

-Me gustaría que hablásemos todos en el salón- Jake iba a abrir la boca, pero la mirada que le dirigió su padre hizo que desechara la idea. Sin decir una sola palabra más, Carlisle se adelantó, dirigiéndose a su despacho un momento mientras el resto tomaba posesión de los sofás.

-¿Qué les pasa?- exclamó Edward, cuándo Esme también se disculpó un momento, saliendo en dirección a la cocina. Su pequeña se encogió de hombros, sin entender nada tampoco.

-A saber qué mosca les ha picado- rodó los ojos su hermano Emmet, ganándose un codazo por parte de su mujer, avisándole de que entraban por la puerta. Una vez tomaron asiento, el patriarca Cullen resopló de manera audible, infundiéndose ánimos así mismo.

-¿Pasa algo malo, papá?- le preguntó Jasper, ya preocupado.

-¿Nuestros amados vecinos han vuelto a las andadas?- demandó Jake; desde el desagradable encontronazo con el ex marido de Alice, los Denali habían mantenido las distancias... y Nessie rezaba por que las cosas siguieran tal cómo estaban.

-No es eso... veréis hijos... ésto es muy complicado para mi- comenzó su discurso, mesándose el cabello con una mano -sabéis que para mi vuestra madre ha sido la mujer más importante de mi vida... pero desde hace algún tiempo... no estoy sólo- los ojos de los presentes se abrieron, debido a la sorpresa... ¿por fin iban a confesar?.

-Papá, no creo qu...- empezó a decir Jasper.

-No me interrumpas- Bella estaba sorprendida; su suegro era un hombre de palabra fácil... nunca le había visto tan serio y nervioso, tratando de buscar las palabras oportunas -cómo os iba diciendo... eso ha cambiado desde hace algún tiempo... puede que os pille de sorpresa; pero hace unos días le pedí a la mujer más maravillosa del mundo que se casara conmigo- se puso de pie, tomando la mano de Esme y levantándose ambos -sé que puedes pareceros precipitado, pero no voy a engañaros- los oídos de sus hijos y de sus nueras no daban crédito a lo que estaban escuchado, y sus caras eran de asombro total -ésto no es un capricho, hace mucho tiempo que mantenemos una relación en secreto... y quiero darle el lugar que se merece en esta casa- concluyó, mirando a su pareja con una pequeña sonrisa.

-Sé que ésto os ha pillado de sorpresa- habló la buena mujer, con voz temblorosa -pero os puedo asegurar que amo a vuestro padre, con todo mi corazón... al igual que a vosotros os considero mis chicos; por eso tanto vuestro padre cómo yo necesitamos vuestra bendición- concluyó, esbozando una sonrisa nerviosa.

Los hermanos y sus esposas estaban mudos y petrificados...pero después de unos segundos, los ocho rompieron en estruendosas carcajadas, dejando a su padre y a Esme con el ceño fruncido, mirándoles extrañados.

-Nos pilla de sorpresa, dice...- reía Jake, que se sujetaba la tripa mientras reía.

-Precipitado- musitaba Edward, limpiándose las lágrimas; a su lado, su pequeña escondía la cara en su pecho, riendo sin parar, al igual que Nessie y Alice, que no paraban de retorcerse.

-Parecían dos adolescentes confesando...- el comentario de Jasper de nuevo elevó el tono de las risas.

-¿Qué demonios...?- masculló Carlisle, mosqueado.

-Por favor...pero si el tema era de dominio público- les explicó Rosalie, sonriendo sin parar; al escuchar ese comentario Esme sintió que la sangre abandonaba su rostro; Carlisle no daba crédito a lo que oía.

-Yo os pillé abrazados en el avión, el día que vine a vivir a Killarney- se explicó Bella cómo pudo, haciendo un esfuerzo por sofocar las carcajadas.

-Por amor de dios, papá- le dijo Emmet -¿en serio pensabais que no estábamos al tanto?- les interrogó, intentando parecer serio. Las caras de póquer de Carlisle y Esme respondieron por si solas, y la sala volvió a estallar en incontrolables risas.

-Traidores- siseó Carlisle entre dientes, rodando los ojos. Cuándo los ánimos se calmaron, Jake se levantó, tomando la palabra en nombre de todos sus hermanos.

-Ya estabais tardando- les regañó a ambos, cómo si fueran niños pequeños -papá; no tienes que pedirnos permiso para nada... y menos si es para convertir a Esme en la nueva señora Cullen-.

-Sabes lo mucho que te queremos... y no sé a dónde habríamos ido a parar si tú no hubieras estado en esta casa- añadió Emmet. Los ojos de la buena mujer se aguaron, debido a esas palabras.

-Owen y las peques te llaman abuelita; y sabes que lo eres, a todos los efectos- le guiñó un ojo Rosalie.

-Gracias a ti, papá no se ha sentido solo- exclamó Edward, sonriéndole con cariño, lo mismo que Bella.

-Eres cómo una más de nuestra pandilla- le recordó Alice, a lo que Nessie afirmó, moviendo enérgicamente la cabeza.

-Y para mi, sois cómo mis padres- siguió Bella.

-Así que si lo que queréis es nuestra bendición... la tenéis desde hace más de diez años- terminó Jasper el pequeño discurso.

-Ohhh chicos- sollozó Esme; los cuatro hermanos se dirigieron hacia la sorprendida pareja, al igual que sus mujeres, para abrazarlos y felicitarlos por tan estupenda noticia.

-Muchas gracias hijos... pero ésta me la vais a pagar- les advirtió, apuntándoles con el dedo índice.

-¿Por?- inquirió Edward, de manera inocente.

-Por todo el cachondeo que habrá habido a nuestra costa todos estos años- explicó cómo si fuera obvio.

-¿Te refieres a cuándo os espiábamos... o cuándo os pillábamos en pleno beso de película?- la habitación de nuevo rompió en risas, incluida Esme, ante la cara de mosqueo de Carlisle, dándose paciencia para sus adentros...

-Pero cómo ya le dejamos claro ese día- el discurso de su hijo le sacó de su trance -no podía haber elegido a una mujer mejor... si ellos son felices, nosotros también lo somos- la sonrisa aliviada volvió al rostro de la pareja protagonista del día -así que por eso brindamos- la multitud alzó sus copas, al igual que el improvisado orador -por los señores Cullen, salud-.

-¡Salud!- coreó la gente, chocando las copas.

-Y por cierto... también quiero aprovechar la ocasión para felicitarlos por el nuevo nieto que viene en camino- terminó de decir, con una sonrisa inmensa. Los ojos de su padre de nuevo se volvieron a abrir de manera desmesurada, a la vez que en la mesa de sus hermanos los gritos se hacían notables.

-¡Rose!- chilló Alice, levantándose para felicitar a su cuñada. Bella, Nessie y Leah hicieron lo mismo, mientras que sus maridos aplaudían a su hermano Emmet.

-¿Por qué no nos lo dijiste antes?- le reclamó su suegro, que junto con Esme se había acercado a la mesa.

-Emmet quería daros la sorpresa, se encogió de hombros Rosalie; su marido ya se había acercado a la mesa, y era abrazado por sus hermanos. Los padres de Rosalie abrazaban felices a su hija, ya que tampoco sabían nada del asunto.

-Hijo, qué alegría- murmuró Carlisle, palmeándole el hombro y visiblemente emocionado.

-Otro pequeño correteando- exclamó Esme, encantada con la noticia.

-¿Para cuándo?- preguntó Jazz.

-Últimos de marzo- respondió Rose -estoy de dos meses y medio-.

-Bonita fecha- le dijo Edward, también encantado por la noticia... hoy en verdad era un día feliz.

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Después de esos momentos de alegría y celebración, y de que todo el mundo deseara los mejores deseos a los futuros padres, el baile dio comienzo. Todo el mundo se mezcló en la pista, hasta que Edward tomó de la mano a su mujer, alejándose del gentío y escondiéndose ambos en un rincón del jardín, lejos de miradas indiscretas.

-Lo necesitaba- susurró ella, quitándose por unos minutos los zapatos negros de tacón.

-¿Estás cansada, cariño?- ella afirmó con la cabeza, abrazándose a él y apoyando su cara en su pecho.

-Es una maravillosa noticia, otro bebé...- exclamó feliz.

-Cierto... - aprobó el joven pensativo -¿seguimos con lo planeado... o dejamos que Rose y Emmet disfruten de su momento?- su pequeña levantó la cabeza, separándose un poco de su cuerpo.

-No creo que aguanten otra bomba informativa por hoy... ¿qué tal si lo dejamos para mañana?- su marido sonrió cómplice, rodeando su cintura con un brazo y pegándola de nuevo a su cuerpo.

-Creo que será lo mejor- le dio la razón, antes de besar sus labios con ternura y apoyar sus manos entrelazadas en el vientre de la joven...lugar dónde los próximos siete meses, crecería su mayor tesoro.

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Un adelantito!! 

viernes, 5 de julio de 2013

Cowboy de Mi Corazón.

 
                            
                             Capítulo 38:                Dolor

Después de una larga noche con un sueño pesado e intranquilo, la joven Isabella Swan intentaba ser lo más silenciosa que podía mientras se preparaba para ir a clase. De seguro Leah le preguntaría por sus ojos rojos e hinchados, y las manchas púrpuras que empezaban a aparecer por debajo de ellos. Edward no tardó mucho tiempo en reunirse con ella, pero la joven permaneció con los ojos cerrados al sentir su mano en el hombro, y su voz de terciopelo pronunciar su nombre en voz muy baja, hasta que dejó de insistir, con la creencia de que estaba profundamente dormida.

Respirando profundamente, tomó una fina rebeca gris del armario y se giró para enfrentar su imagen en el espejo; estudió con detenimiento su rostro, pero poco le importó la imagen que se reflejaba en él, eso se podía reparar... pero ya no sabía si su corazón volvería a latir alegre y feliz. Aunque cerró un momento los ojos, queriendo borrar todo lo que se veía en el espejo, no pudo contener la solitaria lágrima que surcó lentamente su mejilla.

Con un imperceptible suspiro abrió los ojos, para agarrar su cabello en una cola de caballo; mientras lo hacía, el reflejo del espejo le devolvió la imagen de Edward, profundamente dormido; no le extrañaba en absoluto que aún lo hiciera; eran apenas las siete de la mañana. Necesitaba despejar su mente y pasear, antes de entrar a clase a las nueve... necesitaba salir de esa casa, necesitaba estar sola.

Salió por la puerta después de dejarle una nota al lado de la cafetera, poniendo la excusa de que pasaría por la biblioteca antes de ir a clases. Mayo ya era un mes caluroso en el sur, pero aunque hacía una temperatura bastante agradable para ser la primera hora de la mañana, no se quitó la chaqueta; sentía escalofríos por todo el cuerpo.

Andando con pasos lentos y pesados, llegó al pequeño parque en el que sus amigas de San Antonio y ella se solían reunir, para escapar del agobio de la facultad. Sin tocar el café que se había comprado, cerró los ojos un momento, haciendo un esfuerzo por borrar la noche pasada; todas las palabras que habían salido de la boca de su novio la habían herido de una manera cómo nunca lo habían hecho.

Pero aparte de herirla, un sentimiento de derrota se estaba instalando en su pecho, y eso era lo que más le aterraba; parecía que Edward seguía anclado en el pasado... y contra eso ella no podía luchar. Nunca pensó que las heridas continuaran sangrando, y de esa manera. Tenía más que constatado y asumido que era muy distinta a Jessica, pero parecía que eso no era suficiente; nada de lo que había hecho hasta ahora era suficiente.

El sonido del móvil le devolvió a la realidad; al echar un vistazo a la pantalla y ver el nombre de su novio su pulso se disparó; tragando saliva ruidosamente se debatió entre cogerlo o no... pero por más que esperó unos minutos, la llamada paraba para volver a sonar, así que terminó por descolgar.

-Hola- susurró, haciendo un esfuerzo porque su voz sonara normal.

-Cariño, ¿dónde estás?- exclamó, preocupado. Sabía que su pequeña no estaba bien; ayer se retiró de manera apresurada, y sus ojos reflejaban tristeza. Pero cuándo Alec se marchó y él fue en su busca, ya estaba completamente dormida.

-Cómo te dije en la nota, he preferido pasarme ahora por la biblioteca- le explicó.

-La he visto, pero me ha extrañado que no me lo dijeras ayer- contestó el joven, no muy convencido .

-Perdona, se me pasaría- contestó de manera distraía Bella -es tarde, y tengo que ir a clase- se excusó; Edward sabía que algo pasaba, pocas veces estaba tan esquiva.

-¿Te encuentras bien?- interrogó, con visible preocupación en su voz -¿Bella, qué te ocurre?-.

-Nada- mintió lo mejor que pudo, pero sabía que era pésima en el tema -Edward, tengo que colgar; nos veremos luego-.

-Qué tengas una buena mañana... te quiero- se despidió el joven, completamente desconcertado. Oír esas palabras le provocó un nudo en la garganta, pero a la vez otra punzada de desolación en su pecho; de nuevo otra lágrima cayó por su mejilla, que rápidamente quitó con el dorso de su mano.

-Yo también- acertó a contestar, reprimiendo el sollozo y colgando rápido el teléfono.

Todavía tuvo que permanecer sentada unos minutos, tratando de controlar sus lágrimas; temía el interrogatorio de Leah, Cindy y Annie... no, definitivamente no podía ir a clase. Le mandó un mensaje a su morena amiga, y unos minutos después se levantó del banco, dejando que sus pies la guiaran por las calles de la ciudad, sin rumbo fijo.

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Edward paseaba cómo un león enjaulado por el salón; había ido a buscar a Bella a la universidad; se extrañó por la tardanza, y al ver a Leah se acercó a ella corriendo, preguntándole por su novia. Ésta abrió los ojos por la sorpresa, y le explicó el mensaje que le había mandado a primera hora de la mañana; el joven ranchero no entendía qué estaba ocurriendo; por sugerencia de Leah se acercó a la biblioteca, quizá había decidido quedarse ahí para estudiar... pero tampoco estaba allí. Llamaba a su móvil una y otra vez, pero lo único que conseguía era que le pasara directamente con el buzón de voz.

Desesperado, regresó a casa para coger el coche; recorrió todas y cada una de las calles que se abrían a su paso, pero nada. Volvió a hablar de nuevo con Leah, preguntándole si sabía algo de ella, pero nada; ésta lo intentó tranquilizar, pero ella también estaba muy nerviosa, y le sugirió ir a la policía, aunque ambos bien sabían que no harían nada hasta pasadas veinticuatro horas.

Se estaba volviendo loco; las manecillas del reloj ya pasaban de las siete de la tarde... ella salía de la universidad a la una, incluso había llamado a los hospitales, preguntando si había ingresado alguien que atendiera al nombre de Isabella Swan, y para su alivio no tenían constancia en ninguno de ellos... dios... dónde podría estar su pequeña, ¿le habría pasado algo?; no podía imaginarse lo que sería su vida si ella no estaba, simplemente no podía... ella era una parte vital de su corazón, sin ella no podía vivir.

Preso de los nervios, justo cuándo tomaba las llaves del coche para volver a buscarla, la cerradura de la puerta principal giró de manera lenta. Su corazón se paralizó, al igual que todo su cuerpo, al ver a su pequeña entrar con pasos cautelosos y lentos al salón. Apenas levantaba sus ojos del suelo, no podía enfrentarlo.

-Hola- susurró prácticamente en voz baja. En ese momento su novio reaccionó, corriendo a su lado y estrechándola contra su pecho.

-Bella, Bella, Bella...- no cesaba de repetir su nombre; la joven se limitó a cerrar los ojos, envolviendo su cintura tímidamente. Aún con todo lo ocurrido, y sin saber qué iba a ser de ellos, los brazos de Edward eran su refugio -dios, cariño; ¿estás bien?- le preguntó antes de separarse lo suficiente para poder tomar su rostro entre sus manos y acercar sus labios a los suyos, besándola de manera desesperada.

Puede que estuviera siendo un poco sobreprotector y paranoico, pero la angustia y la desesperación que había experimentado las pasadas seis horas había sido superior a él; dejó de importarle el resto del mundo cuándo la vio atravesar la puerta de casa, y durante unos minutos se deleitó con la suavidad y calidez de sus labios; pero su novia rompió demasiado pronto el beso, incluso se dio cuenta de que no le correspondía de la misma manera.

-¿Qué te pasa?; desde ayer estás muy rara- le dijo éste, estudiando con cuidado su rostro; los ojos hinchados y rojos la delataban. Bella, que había permanecido en silencio, trataba de encontrar las palabras adecuadas; había pasado todo el día paseando y pensando... pensando muchas cosas, y buscando la forma de enfrentar a Edward sin que las cosas resultaran desastrosas para la pareja -he ido a buscarte a la salida, y al no verte le pregunté a Leah- le sorprendían las palabra de su novio; venía preparada para una monumental bronca, pero también era consciente, al ver su actitud, de que le había hecho pasar unas horas muy angustiosas.

-Lo siento- susurró, con los ojos bañados en lágrimas -se agotó la batería de móvil, y no...yo...- el joven se asustó al ver su llanto, y rápidamente la atrajo de nuevo hacia su pecho, dejando suaves y pequeños besos en su cabeza.

-Tranquila cariño, ya estás en casa... - pero de nuevo su pequeña se apartó con sutileza de su abrazo, dejando al joven desconcertado por su actitud.

-Voy a llamar a Leah, estará preocupada- se metió a su habitación, permaneciendo encerrada veinte minutos, que al joven se le hicieron interminables.

Por todos los santos, ¿qué estaba ocurriendo?; ¿acaso ese impresentable de Henry se le había vuelto a acercar?... no entendía nada, Bella nunca se había comportado así, y su mutismo le estaba volviendo loco. Pero antes de empezar a sacar conclusiones, decidió esperar pacientemente a que ella colgara el teléfono.

Con mucha cautela llamó con suavidad a la puerta, en el momento en que se dejaron de escuchar ruidos. No obtuvo respuesta... pero sus nervios se empezaban a alterar, así que sin poder aguantarlo más, abrió lentamente la puerta. La imagen que enfocaron sus ojos hizo que su corazón se encogiera de dolor. Su pequeña estaba tendida en la cama, acurrucada en posición fetal... y llorando en silencio.

-Bella...- murmuró, rodeando la cama y sentándose frente a ella -por favor cariño... dime algo- le imploró, acariciando su pelo con ternura -¿por qué lloras, alguien te ha hecho daño?- era increíble cómo su tacto podía relajar su cuerpo, pero tenia que tranquilizarse ante de poder decir algo coherente.

-Sólo necesitaba pensar- murmuró con voz temblorosa, y alzando su vista para ver a Edward -no quería preocuparos así... lo siento mucho- su voz se quebró, y las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos. La reacción de su novio fue rodearla de nuevo con sus brazos.

-Ya mi amor... cálmate; sólo estábamos preocupados por ti- le recordó -si te hubiera pasado algo, yo...- el joven dejó la frase inconclusa -pero quiero que me cuentes qué te ocurre, y no me digas que nada, porque sé que desde ayer estás muy rara- Bella suspiró, pero si seguía entre sus brazos no sería capaz de pronunciar palabra alguna. Lentamente se deshizo de su agarre, quedando sentada y apoyada en el cabecero.

-Llevo todo el día pensando... pensando en ésto- hizo un gesto, señalando a ambos; el joven la miró sin entender, y cómo a su novia no se ocurría otra explicación mejor, decidió confesar la verdad -ayer, mientras volvía de la cocina, os escuché hablar a Alec y a ti-.

Edward permanecía callado, pero su ceño se frunció al escuchar sus palabras; Bella no era de las personas que espiaban conversaciones ajenas.

-¿Y exactamente, qué escuchaste?- le preguntó, con el tono de voz un poco serio.

-Qué importan las palabras exactas, Edward...- murmuró la joven, en un suspiro -sigues sin creer en mis sentimientos, y sig...-.

-Eso no es cierto, y lo sabes- contraatacó su novio, con tono de voz sereno pero firme. En ese momento algo explotó en el interior de la joven; toda la rabia y frustración de las horas pasadas, del día de ayer... todas las discusiones de los últimos meses se arremolinaron en su cabeza, creando un huracán de furia. Con un movimiento rápido se levantó, quedando de pie frente a él.

-¡Lo único que sé es que parece que sigues enamorado de ella!- gritó, con la cara de nuevo llena de lágrimas -sé que te afectó lo que pasó, pero yo no soy ella... ¡no lo soy!- volvió a chillar.

-¿Cómo puedes insinuar que sigo enamorado de ella?- le reclamó, dolido y alucinado por lo que estaba escuchando -sé que estos meses lo hemos pasado mal... per...-.

-¡Por supuesto que lo he pasado mal!- exclamó -eres muy joven, no quiero casarme contigo, puedes conocer a alguien más acorde con tu edad..- imitó su voz y los gestos; su novio la escuchaba con atención, y también distinguía el dolor por debajo de ese tono furioso.

¿Acaso le había dado esa impresión?; ¿después de lo que costó admitir sus sentimientos por ella?... meneando la cabeza de manera frustrada, por fin habló.

-Bella..- lentamente se levantó , quedando frente a ella -no siento nada por Jessica, nada...- le aseguró lentamente, sin levantar el tono de voz -y nunca he dicho que no quiera casarme contigo- aclaró.

-Pues lo parece... la sombra de Jessica planea sobre nosotros; y no puedo evitar sentirme comparada con ella- susurró ella, con dolor -te he apoyado, y he intentado estar a tu lado... intentar que ésto funcione- esas palabras se estaban clavando en el corazón de Edward, pero más lo hacía el dolor de su pequeña estrellita.

-Sólo quería hacer lo correcto para nosotros... lo correcto para ti- le explicó, con un deje indescifrable -pero parece que no lo he hecho bien- Bella se quedó quieta, mirándole fijamente -sólo quería que Charlie se sintiera orgulloso de su pequeña Isabella, que creciera feliz, que disfrutase de la vida...- enumeró, bajando la voz.

-¿Por qué crees que no disfruto de mi vida?- le interrogó Bella -sé que soy joven, y a ojos de mucha gente puedo parecer una niña... pero sé lo que quiero- el joven la interrumpió, acercándose a ella y tomando su cara con ambas manos.

-Claro que no eres una niña- le contradijo -eres más fuerte y valiente que la mayoría de las personas que conozco, y todo lo que has luchado en tu vida te ha hecho madurar más rápido- le partía el corazón ver los ojos de su pequeña derramar lágrimas... y por todo el dolor y rabia que destilaban sus palabras anteriores, sabía que él era el causante de ellas.

En ese momento se dio cuenta de la interpretación que ella había dado a sus palabras de la noche pasada... y su actitud equivocada de todos estos meses; creía estar haciendo lo correcto, pero no había tenido en cuenta los deseos de su pequeña... y todos esos ridículos miedos que habían habitado en él habían desembocado en que su estrellita creía que no la quería, y eso era algo que había calado en él. El dolor de hace tan sólo unas horas, con Bella desaparecida... no quería volver a pasar por eso, simplemente no podía.

-Edward... yo... yo no sé que más puedo hacer, estoy cansada...- le dijo ella, en un susurro ahogado.

-No tienes que hacer nada, Bella; le corrigió Edward -la culpa es mía... y el que pienses que yo sigo enamorado de Jessica lo demuestra-.

-Edward, sé que me quieres... quizá esas no hayan sido las palabras acertadas, per...- de nuevo la interrumpió.

-Tengo un miedo atroz a perderte, Bella- le confesó de nuevo -no digo que lo de Jessica fuera culpa mía, pero puede que tanto ella cómo yo cometiéramos errores que terminaron mal... y contigo- dejó de acariciar sus mejillas, para tomar sus manos -simplemente quería hacer lo correcto, pero está claro que lo he estropeado todo- ella lo miró sin entender -y todo por mis estúpidas creencias y miedos... pero si hay una cosa cierta, y es que te amo, más que a mi propia vida-.

-Edward...- atinó a pronunciar su nombre -¿y si ésto no funciona?- le preguntó, aferrándose a él con todas sus fuerzas, cómo si el joven fuera a desaparecer de su lado de un momento a otro.

-No digas eso Bella... vamos a arreglarlo, sea cómo sea vamos a superar ésto- le intentaba consolar éste, abrazando con fuerza a su pequeña.

No podrían decir exactamente el tiempo que ambos permanecieron abrazados, pudieron ser segundos, minutos, horas... habían creado una burbuja alrededor suyo, pero que ambos tuvieron que romper, para tomar una dolorosa pero necesaria decisión.

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Dos días después de esa noche, que tanto Bella y Edward desearían borrar de sus vidas, la joven se abrazaba con desesperación a su novio.

-Edward, no tienes que marcharte- le suplicó de nuevo.

-Debo hacerlo, cariño- le recordó -hay mucho trabajo en el rancho... y no quiero que mi presencia te impida concentrarte en los exámenes- al ver el silencio de su pequeña, siguió hablando -sólo serán dos semanas... y ambos tendremos tiempo suficiente para pensar en todo lo que ha pasado, y para que tomes la decisión que creas oportuna- le explicaba, intentado poner buena cara. Tanto Bella como él sabían que el rancho se las podían arreglar sin Edward... pero quizá fuera lo mejor.

Habían pasado esos dos días hablando, fue necesario hacerlo. Edward le había explicado varias cosas que ella no entendía, muchas de ellas detalles relacionados en su relación con Jessica. Se sorprendió al saber que ella y Edward habían pasado por momentos muy complicados; para Bella, el problema residía en dos partes fundamentales.

Por un lado, a Jessica no le gustaba que su prometido se pasara la vida metido en un rancho; su egoísmo era tal que hasta una vez le insinuó que quizá estuviera bien si el negocio hubiera llegado a ser exclusivamente suyo. Por supuesto, eso había enfurecido a Edward en aquella época, ya que la familia era uno de los valores en los que se sostenía el clan Cullen. Tampoco le gustaba vivir dentro de los límites del rancho; de hecho, una vez Edward la convenció para que aceptara su anillo, estuvo a punto de alquilar un apartamento en el centro de Hunstville.

Por el relato de su novio, supo que le había rechazado innumerables veces, alegando que ella no valía para pasarse la vida encerrada en un rancho, oliendo a vaca y a estiércol todo el tiempo... pero el joven, cegado por ella desde que eran unos adolescentes, se lo pidió una y mil veces; también captó al momento las intenciones de la que pudo haber sido la señora Cullen, no trabajar y aprovechar todo el dinero que generaba eso que ella tanto odiaba, el rancho. Bella sólo llegó a una conclusión, lo cínica y falsa que era.

Y otro punto, y no vemos importante... los celos y la posesividad del joven ranchero. Bella sabía que eso formaba parte de su carácter, pero era algo que había sobrepasado a Edward cuándo explotó el asunto de Henry. Por lo que pudo sacar de ese relato también, a Jessica le gustaba mucho las fiestas y la vida social... y el coqueteo con los hombres. Ella lo escuchó atentamente, y Edward supo apreciar la diferencia entre Jessica y ella, ya que menos esa vez en el baile, la noche en la que se declaró, habían ido a fiestas y reuniones y nunca jamás le había impedido hablar con nadie... pero aparte de eso había una gran diferencia entre ellas: esta chica se metía en camas ajenas, cosa de la que su novio se enteró tarde y de la peor manera posible, dándose de bruces con la realidad.

Hasta esa noche en la que encontró a su prometida en la cama con Mike Newton, y la venda cayó de sus ojos, él había tratado por todas las maneras posibles de salvar esa relación; pero al menos, parecía que él se había convencido que no fue culpa suya él que Jessica fuera de cama en cama, y que aunque él a veces la presionara y agobiara, ese no era motivo para hacer lo que hizo.

De ahí la joven castaña entendió a la percepción esa frase que le repitió constantemente hace dos noches... quería hacer las cosas bien para ella, para ellos. El joven se tomó su tiempo también, escuchando a su pequeña... maldiciéndose para sus adentros todo el dolor que le había causado; si tan sólo se hubiera dado cuenta, sin estar cegado por esos celos y miedos... ella no era Jessica, ella le apoyaba en todo, le aconsejaba, le escuchaba, soportaba su agrio carácter y su protección, a veces excesiva, pero que la joven aceptaba, ya que él era así y no lo podía remediar; y lo que con Jessica le costó sudor y lágrimas conseguir, su pequeña se lo ofrecía, y siempre con una sonrisa para él, con una palabra de aliento... ¿cómo había podido estar tan cerrado en banda, pensado que ella podría irse con otro hombre, más acorde con su edad?... no debía tener miedo, ella le había estado mostrando, día a día, que iba a estar a su lado.

Pero quizá fuera demasiado tarde, y el temor a perderla era inmenso, aterrador... pero en el fondo se lo merecía; por eso, y dado que Bella empezaba sus exámenes, decidió dejarle su espacio. Sabía que si él merodeaba por ahí no se concentraría, y ella podría pensar en todo lo que tenía en su cabeza. Y aunque su pequeña al principio se negó en redondo, señal que le daba una ligera esperanza, él también necesitaba pensar... pensar en una manera de solucionar ésto, y de ver otra vez la sonrisa que le había devuelto vida a su corazón.

El silencio volvió a predominar mientras duraba el abrazo de la joven pareja. Aunque sabía que Edward la llamaría todos los días, no se quedaba del todo tranquila. Después de unos tediosos minutos, el joven volvió a tomar la palabra.

-Lamento mucho que las cosas hayan llegado a este punto, Bella- le dijo otra vez.

-No lo sientas Edward; creías que era lo mejor... yo lamento haberte agobiado tanto con el tema de la boda... me gustaba cómo sonaba eso de ser la futura señora Cullen- se disculpó, con voz pesarosa. El joven sonrió con tristeza, murmurando en su oído.

-Siempre fuiste la futura señora Cullen... sólo que yo pensaba que eso estaba muy lejano todavía- ella se separó, para encarar sus ojos; esos océanos verdes en los que se evadía del mundo lucían tristes y apagados -tengo que irme cariño, sino se me hará de noche- le dijo, con voz suave.

-Claro- asintió la joven, esbozando una sonrisa de tristeza -llámame en cuánto llegues- le volvió a repetir.

-Tranquila por eso- le aseguró, antes de dejar un pequeño y delicado beso en su frente -cuídate mucho-.

-Tú también, por favor- Edward sonrió ante la frase de su pequeña.

Pero nada más cerrar el joven la puerta tras de sí, apoyó su espalda en ella, descargando de nuevo una cascada de lágrimas que ya no creía tener... un sollozo desalentador brotó del interior de su pecho a la vez que sus piernas la traicionaban. Resbaló hasta quedar sentada en el suelo, con las rodillas pegadas a su pecho y escondiendo su cara entre sus manos.

-Te quiero...- susurró a la soledad de su apartamento, con la nula esperanza de que llegara a oídos de su ranchero.

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Las cosas no fueron fáciles para el joven Edward Cullen. Toda su familia se sorprendió de su llegada, ya que no les había avisado de que iría a ayudar. Trató de poner su mejor máscara, pero por dentro su alma y su corazón morían... y la cura para todo eso se encontraba en San Antonio.

Pero según fueron pasando los días, y aunque hablaba con su pequeña estrellita todos los días, sus esperanzas de que ella pudiera perdonarlo, y volver a ser lo que eran se desvanecían. Por un lado evitaban todo lo posible hablar del tema, y por otro no quería molestarla; ella ahora se debía a sus exámenes, y por lo que le había relatado uno de los días, el primero que tuvo le había salido muy mal... y sabía que eso era por su culpa, y por toda la situación que los envolvía.

Todas las tardes se perdía, a lomos de Concord, por las extensas tierras del rancho... y siempre terminaba en el mismo lugar; el lugar dónde él admitió, hace más de un año, lo que esa joven de apenas diecinueve años le provocaba; el lugar dónde esa noche le abrió su corazón y le ofreció su amor... el mágico lugar bajo las estrellas dónde ellos fueron un único ser...

Y allí se lamentaba en silencio, evocando todos y cada uno de los momentos que habían vivido: recordó la opresión rara que sintió en el pecho la primera vez que la vio, franqueada por su padre y Esme cuándo la sacaron de casa de su abuela, en Forks... sonreía melancólico al recordar cómo siempre se adelantaba a la hora de las comidas, para poder observarla en silencio unos minutos antes... también evocaba, enfadado consigo mismo, las malas contestaciones que le dio durante sus primeros meses de estancia allí... su risa cuándo escuchaba alguna broma de sus hermanos... la vez que se emborrachó, durante la despedida de soltera de Nessie, estaba tan graciosa... eran sus más preciados recuerdos, y los atesoraba muy dentro de él, cómo si lo que fuera a quedar de su pequeña estrellita simplemente fueran recuerdos.

La desesperación por no estar a su lado, sumada a la frustración que bullía en su mente, ya que según él, no daba con ninguna solución para que Bella le perdonara, hizo que ese carácter huraño y solitario regresara en todo su esplendor. Toda la familia se dio cuenta de que algo había pasado... hasta Sam y los peones notaron la vuelta de ese ranchero solitario y malhumorado.

-¿Qué diantres le pasa a Edward?- masculló Jake, una semana después de que llegara Edward a Hunstville. Estaba en el establo con sus hermanos; Nessie revisaba a varias de las reses, mientras que Alice tomaba meticulosa nota de todo lo que ella iba diciendo. Rose estaba apoyada al otro lado de la valla, desde dónde el pequeño Owen miraba con atención a los animales.

-Está muy raro- concordó Emmet, cruzándose de brazos, en un gesto pensativo.

-E inaguantable- rodó los ojos Jasper -ayer le tuve que parar los pies, le gritaba a Seth de una manera que no era normal-.

-Yo apuesto a que se ha peleado con Bella- exclamó Nessie, que se acercaba al pequeño grupo, acompañada de Alice.

-Es muy posible- añadió Emmet.

-Es cómo si el Edward cerrado y distante hubiese vuelto- musitó Rosalie, en voz alta. Aunque su castaña cuñada les había comentado los problemas que habían tenido, ahora parecía que las cosas estaban calmadas... al menos ellas no sabían nada nuevo.

-Ayer lo estuve comentando con Esme, está muy preocupada- dijo Alice, poniéndose al lado de Jasper y pasando un brazo por su cintura, gesto que el joven devolvió.

-Papá también se ha dado cuenta- habló ahora Jake -ayer me preguntó si sabía qué le ocurría-.

-¿Seguro que Bella no os ha dicho nada?- las chicas negaron con la cabeza a la pregunta de Emmet.

-Yo hablé con ella hace tres días- empezó a relatar Alice -sí es cierto que no la noté muy animada, pero lo achaqué a los nervios por los exámenes-.

-Pues a mi me parece muy raro que no haya venido el fin de semana- meditaba Emmet en voz alta.

-Está de exámenes, Em- rodó los ojos Rosalie, aludiendo a las palabras de la joven morena. Pero Jasper permanecía callado, analizando para sus adentros; conocía lo suficiente a su hermano pequeño cómo para saber qué algo había pasado... algo que para él, sin duda, tenía que ver con Bella.

-Pues yo creo que aquí pasa algo- dijo Nessie -¿os habéis fijado en su mirada?; está llena de tristeza, y apenas sonríe-.

-Cierto- concordó su marido -tenemos que hablar con él-.

-¿Olvidas que tu hermano no es muy dado a compartir sus problemas?- le recordó Emmet con una mueca desaprobatoria -no nos va a contar nada, y lo sabéis de sobra-.

-¿Quién no va a contar nada?- todos se giraron sobresaltados al escuchar la voz interrogante de Edward, que se acercaba al grupo. Saludó con un pequeño gesto de cabeza, y el saludo más cariñoso se lo llevó su pequeño sobrino, que ajeno a los problemas adultos, seguía con la atención puesta a los animales.

-¿Cómo está Bella?- Jasper fue directo al grano, ante el ruedo de ojos de Emmet y las mirada de cautela de las chicas.

-Bien- se encogió de hombros e ignorando la sacudida que su corazón sufrió, al escuchar ese nombre.

-¿Va a venir el fin de semana?- saltó Jake, con voz despreocupada, pero analizando atentamente a su hermano.

-No creo que venga antes de que termine los exámenes, tiene que estudiar- le recordó, serio pero sin deje de enfado en su voz.

-¿Pero ella está bien?- siguió preguntando Alice -hablé con ella, y la noté rara- el ranchero de pelo cobrizo siseó para sus adentros... definitivamente en esa casa no había intimidad.

-¿Qué es ésto, un interrogatorio?- le devolvió la pregunta, a modo de respuesta, ya visiblemente molesto.

-Relájate- le advirtió Japser, que no le gustó para nada ese tono que había usado con su novia.

Edward se pasó la mano por su cara, desesperado y cabreado consigo mismo; pero nadie tenía la culpa de lo sucedido, y sabía que esas no eran formas de contestar a nadie.

-Disculpa, Alice- musitó, apesadumbrado -no tengo un buen día-.

-Yo diría que no has tenido un buen día... desde que llegaste, hace exactamente una semana- apostilló Jake -¿qué te ocurre, Edward?-.

-Estás ausente, y triste; Carlisle y Esme se han dado cuenta también- intervino Nessie, con cautela. El gesto de Edward fue desviar la mirada, para contestar después.

-Simplemente estoy cansado- se disculpó.

-Pues tu cansancio no es para pagarlo con Seth- le medio reprochó Jasper.

-Y ya me disculpé por eso- exclamó Edward, mirándole con una ceja arqueada. Rosalie, que se había mantenido callada hasta el momento, habló.

-¿Te has peleado con Bella, me equivoco?- seis pares de ojos giraron en su dirección, esperando una respuesta por parte del joven.

-Eso no os incumbe- fue su esclarecedora respuesta.

-Nos incumbe cuándo te vemos vagar por las esquinas cómo alma en pena- se metió Nessie.

-Estás peor que en la época que pasaste a causa de ya sabes quién- rodó los ojos Emmet.

-¿Qué ha ocurrido?- interrogó Jake, de manera precavida -necesitas desahogarte, y lo sabes- añadió.

El suspiro frustrado que salió de los labios de Edward se pudo oír a lo largo y ancho de todo el establo. Sabía que las intenciones de sus hermanos eran buenas, y puede que en verdad, necesitara hablar con alguien.

-Ocurre que soy un completo imbécil- murmuró, enfadado consigo mismo.

-No será para tanto- le restó importancia Jasper -todas las parejas tienen sus diferencias- pero la mirada que me dedicó Edward hizo que su ceño se frunciera... la cosa no era tan simple.

Derrotado y con el ánimo por los suelos, les relató sus últimos meses de convivencia en San Antonio, y todos y cada uno de los errores que había cometido con su pequeña. Las tres parejas le escuchaban con atención y sorpresa; las chicas no hacían más que recordar en sus mentes las palabras de Bella, del último fin de semana que estuvo en el rancho.

-Joder- exclamó Jasper, rodando los ojos, una vez que su hermano terminó de hablar.

-Has metido la pata hasta el fondo- suspiró Emmet, negando con la cabeza.

-Totalmente- afirmó Jake, mirando a su hermano y cruzándose de brazos -¿cómo has podido dudar de ella de esa manera?- le reclamó.

-¿Y crees que no lo sé?- alzó ligeramente la voz el aludido - no dudé de sus sentimeintso, ya se lo expliqué; pero no hay un maldito día que no me culpe por ello... y no la culparía si decide que ya no quiere estar conmigo... ni casarse- ésto último lo dijo casi para sus adentros, pero llegó a oídos de uno de los hermanos.

-Pues yo, en parte- puntualizó Nessie -comprendo su postura... aunque se haya equivocado en algunas cosas- dijo, en un intento por consolar a su cuñado pequeño.

-¿Qué vas a hacer?- le interrogó Jake, de manera seria -porque imagino que estarás estrujándote los sesos para arreglar ésto-.

-No hago otra cosa- refutó Edward -pero no sé si ésto se arregla con otra charla y promesas a largo plazo... la estoy perdiendo, o puede que ya la haya perdido-.

Los siete permanecieron unos minutos en silencio, sin atreverse a decir algo que pudiera mortificarle más. Sus hermanos nunca le habían visto tan derrotado y hundido... estaba enamorado de ella hasta las trancas; ni siquiera en sus peores épocas con la innombrable le habían visto de esa manera. Los pensamientos de las chicas estaban con la joven castaña, sufriendo en la distancia con ella.

-¿Por qué no le das una sorpresa que no pueda olvidar?- sugirió Alice – prepárale algo especial, y que vea todo lo que ella significa para ti-.

-¿Cómo cual?- preguntó Edward -demasiadas promesas he roto ya...- se agarró el puente de la nariz con los dedos.

-Regálale algo inolvidable- propuso Emmet -un viaje, una joya... no sé-.

-Sabes que Bella no comulga con ese tipo de cosas- le recordó Nessie, lo que fue acompañado por una mirada significativa de Edward, corroborando sus palabras. Pero Jasper, que había permanecido callado durante el debate de la sorpresa, empezó a darle vueltas a una palabra que había dicho antes su hermano, y aunque había pasado desapercibida para el resto, si había llegado a sus oídos. Al segundo desechó la ocurrencia de su mente... era un auténtica locura... ¿o no?; después de unos minutos de echar cálculos mentales, al fin le dejaron hablar.

-Centrémonos- pidió al grupo, que seguía proponiendo soluciones -¿qué es lo que más ilusión le haría a Bella?- todos quedaron callados unos segundos, hasta que los ojos de las chicas se abrieron por la sorpresa.

-No te sigo- frunció el ceño Jake, al igual que Emmet. Edward permanecía con una ceja alzada, sin entender a dónde quería llegar.

-Piensa un poco, Edward- le pidió su rubio hermano... y efectivamente, adivinó.

-¿Y de qué serviría?- exclamó, con una inmensa tristeza -se va a negar en redondo, y más después de lo que ha pasado estos últimos días- Jake y Emmet por fin captaron por dónde iban los tiros.

-Entonces tendrás que arriesgarte, y saltarte la manera tradicional- los ojos de Edward se salieron de sus órbitas.

-¡Estás loco!- medio chilló -eso la espantaría, y lo sabes-.

-Créeme Edward; te ama tanto o más de lo que tú la amas a ella- le dijo Rose, a modo de explicación, y absolutamente encantada con la idea, al igual que sus cuñadas.

-No se va a negar- apostilló Alice, a lo que Nessie asintió con la cabeza.

-Es una locura, y un riesgo muy grand...- Jasper le interrumpió.

-Un riesgo que tendrás que enfrentar, dejando atrás esas inseguridades-.

La cabeza de Edward parecía un polvorín a punto de explotar; era una locura... pero... ¿y si sus hermanos tenían razón?; era la última baza que tenía para no perder a su pequeña... hacerla feliz, de una buena vez. Él mismo había vivido un auténtico infierno la fatídica tarde de la discusión, creyendo por un pequeño espacio de tiempo que no volvería a verla. Y sabía que su padre se negaría en redondo.

Pero de nuevo se llevó la sorpresa cuándo, horas después, su padre terminó por aceptar la sorpresa para su pequeña. Le previno los riesgos que corría, pero admiró la valentía de su hijo pequeño, y al igual que Esme, echaría una mano en lo que hiciera falta... todo era poco, su hijo se jugaba todo a una carta... y ésto tenía que salir bien.

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Buneo VOLVIIIIiiiii!!
que Feliz, por aca me quedare por un tiempito mas...
Todo volvera a la normalidad, jejejeje