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sábado, 17 de agosto de 2013

¿ Y MI FINAL FELIZ?


                                                                              Capitulo XXII

                                  Mis días... en desvelo

Todavía no podía creerlo, ya han pasado ocho meses desde que Edward regreso de Inglaterra. El tiempo estaba avanzando demasiado rápido o demasiado lento en algunas ocasiones.

Las cosas seguían igual, que decía, las cosas estaban demasiado raras desde hace varios meses. Edward no pasaba en la casa más que para dormir, Alice y Emmett siempre buscaban sacarme a algún lado cuando mi hermano no tenía turno en el hospital y Jasper 
jamás se despegaba de este cuando estábamos todos juntos.

Hoy era uno de esos extraños días en que salía el sol en Forks lo suficiente como para usar ropa holgada, lo suficiente como para entibiar mi cara la cual asomaba por la ventana en ese momento. Me sentía tan sola sin Edward, llevaba más de una semana sin poder dormir lo suficiente; me la pasaba quebrándome la cabeza al intentar averiguar lo que le pasaba. Se había vuelto tan críptico, su hermosa sonrisa ladeada había desaparecido hace mucho, era como si solo estuviera en cuerpo pero no en alma.

¿Pero cómo me acercaba a él? Por algún motivo desconocido para mí se había creado una barrera entre nosotros y dolía, cada día al verlo llegar a la casa era la misma rutina. Su saludo vacío, su falsa sonrisa y sus ojos sin vida. Todo sería perfecto si Edward fuera tan feliz como yo lo era en ese momento.

Desde aquel extraño día en la playa que resulto en la pelea que jamás imagine por parte de mi hermano y mi novio había sido la última vez que Edward había dicho o hecho algo en lo que a Jacob concernía. Me sentía feliz por el hecho que mi relación con Jake crecía cada día mas pero faltaba la cereza de mi helado y ese era indiscutiblemente Edward, sin el mi cuento de hadas solo era un sueño que no se transformaba en realidad.

-Bella, cariño – llamo mi madre desde la sala - ¿puedes bajar un momento?

- Voy mama – avance intentando relajar la constante preocupación que se marcaba en mi cara y que raramente mis padres no habían notado.

- Edward – llamo mi padre una vez que me encontré con ellos, los cuales estaban sentados en la sala y con varias maletas junto a ellos. ¿Se iban? ¿Nos íbamos?

Esperamos unos segundos por una respuesta pero nada, cuando mi padre se decidía a llamarlo de nuevo se escucharon unos pasos bajando las escaleras.

-Dime – les contesto sin quitar la vista de un libro que traía en sus manos.

- Por educación Edward primero deja ese libro a un lado y luego hablamos.

Mi padre vio a Edward a los ojos y este bajo el libro colocándolo sobre la mesita de noche – ok, tu dirás – se sentó en la silla de un puesto frente a nosotros y al otro lado de donde yo me 
encontraba.

-No sé si notaron las maletas – hablo mi madre – pero tenemos que informarles algo.

Mi padre tomo de su mano y la presiono con delicadeza viéndola a los ojos - ¿maletas? ¿Qué maletas? - pregunto Edward frunciendo el ceño.

-Estas – mi padre le señalo a Edward su ubicación – ha surgido un problema el cual tenemos que solucionar tu madre y yo – nos miraron a ambos turnándose de un lado a otro – no sabemos qué tan grave es y no podemos decirles mucho porque ni nosotros sabemos que es lo que pasa en si – mis padres se miraban preocupados.

-¿Vamos con ustedes? – les pregunte porque habían muchas maletas.

-No querida – mi madre se acercó a mí – solo tu padre y yo… pero nos tardaremos mínimamente una semana en regresar.

-Así es – mi padre coloco su mano sobre mi hombro – Edward se quedara a cargo de ti mientras no estemos aquí.

- Ya sabes Edward, cuida a tu hermana – lo vio con una sonrisa bromista pero este seguía en su mundo paralelo en el cual nada tenía gracia.

Edward me vio de reojo por un segundo, el segundo más doloroso que había sentido, me parecía que la noticia que mis padres nos acababan de dar habían sido peor que un balde frio con agua para él. ¿Dónde habían quedado Jasper y Rosalie? Acampando en la casa de Alice por unos días, ya que ahora eran el novio de la duende y la novia del oso, quien lo diría.

-¿eso es todo? – Pregunto tomando de nuevo el libro – tengo demasiado que hacer mañana en el hospital y como veo que ya lo tienen todo arreglado creo que prescinden de mi ayuda – vacío, conmigo y ahora con mis padres.

-Edward – le llamo nuestra madre algo indignada - ¿no te despedirás de nosotros? – sus ojos reflejaban tristeza y desconcierto por el actuar de su hijo.

- Tu madre tiene razón Edward, ¿desde cuándo la descortesía con nosotros que somos tus padres? No creas que no he notado tu cambio de actuar desde hace varios días – la mirada de mi padre era seria pero preocupada - ¿te encuentras bien?

-Estoy bien – sonó frio – solo estoy un poco estresado, no creí que Forks me daría tanto trabajo.

- Hablando de trabajo – hablo papa – como ya te he dicho que estarás a cargo de Bella, tus horarios en el hospital cambiaron, por lo menos en lo que yo no me encuentre aquí – la frente de Edward se arrugo, parecía tantear el terreno por el que mi padre iba – ahora iras de lunes a sábado de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, te dará tiempo suficiente para estar en casa cuando Bella regrese.

-Pero… ¿y mis pacientes? – Los ojos de Edward me expresaban demasiadas cosas y a la vez nada - ¿Qué pasara con los que veo en las tardes?

- La enfermera Thompson ya se encargó de todo, Edward… no te preocupes por nada, cualquier cosa sabes que puedes llamarme.

- Esta bien – coloco de nuevo el libro en su posición anterior - ¿necesitan que los deje en el aeropuerto?

-Eso sería excelente – unas llaves viajaron a través del aire hasta caer sobre las manos de 
Edward - Bella, ayuda a tu madre con sus maletas.

Caminamos hacia el auto invadidos por un silencio incómodo y lleno de preocupación. Tenía dos cosas en mi cabeza ¿qué seria aquello había hecho que mis padres estuvieran haciendo un viaje a no sé dónde y con tanta urgencia? Y ¿Qué pasaría esta semana con Edward y yo solos en casa? Sin contar con el hecho que una tumba sería mejor compañía que el en estos momentos.

Cuatro personas viajaban en un hermoso Audi a través de la carretera de Forks que llevaba a Port Ángeles, de esas cuatro ni una tan sola decía palabra alguna, solo The Doors cortesía de mi padre se oía quitándole un poco de silencio al ambiente pero aun así no servía de mucho.

Las calles, vacías; el clima, una densa neblina y una brisa constante marcaban el recorrido. Si hubieran elegido un momento y un lugar para sentirse melancólicos definitivamente este era perfecto. Quería llorar, todo esto estaba gastando mi energía abrumando cada parte de mi cuerpo y cabeza.

Una vez en el aeropuerto nos despedimos de ellos deseándoles buena suerte en el viaje antes que desaparecieran por el pasillo que los conduciría al avión. Ahora éramos Edward y yo, solos, en un recorrido que nos llevaría no más de una hora pero que igualmente seria largo.

Bella ¿y si hablas con él? – Mi cabeza empezaba a analizar la situación - ¿Qué puedes perder? Apenas y se hablan.

¿Mientras conducía? No, creo que no sería una buena idea. Pero si en cuanto llegaran a la casa, los accidentes ahí serian… menores.

Caminamos en silencio (el de costumbre, ensordecedor) a través del estacionamiento húmedo gracias a las lluvias, obviamente él no pensaba dirigirme palabra alguna y yo no sabía que decir, así que como siempre: más silencio.

Llevaba viendo por la ventanilla del auto unos veinte minutos y había contado hasta el momento cinco autos rojos, cuarenta y cinco rótulos de señalización y más de ochocientos árboles, oh… y sin olvidar los siete suspiros que Edward había dado en esos veinte minutos. 

Al cuarto ya me había preocupado que le costara respirar pero cuando lo vi de reojo (fue lo único que fui capaz de hacer) su pecho se movía tranquilamente y sin fuerza.

-Bella… - me llamo casi en susurro.

-Si – conteste un poco emocionada porque me había hablado.

-¿Hay suficiente comida en la alacena para esta semana?

- eh… - ¿Qué? ¿En serio? De todo ¿eso me preguntaba? – sí, creo.

-Bueno… - siguió conduciendo sin decirme otra palabra y yo seguí en lo mío. Contando todo lo que se apareciera en el camino.

El día que, anteriormente daba paso al sol ahora que regresábamos nos recibía con una espesa capa de nubes grises y amenaza de lluvia. Era Forks claro, pero por un momento pensé que el sol se convertiría en el comienzo de un mejor día, pero no, aquí estábamos Edward y yo caminando hacia el interior de la casa, con los labios cerrados y los gestos vacíos.

-Ya basta – le grite harta de todo esto – maldición ¿Dime que es lo que pasa?

Los ojos de Edward se abrieron de la sorpresa al oír mis palabras –no pasa nada Bella, ya te lo dije.

-Eres un maldito mentiroso – mi voz salió grave al final – juraste que jamás me mentirías y ahora lo haces, desde hace tiempo que lo haces.

-Se lo que dije pero… - dio un paso hacia mí.

-Pero nada – lagrimas por favor no me traicionen ahora – tú ya no me quieres, eso es lo que pasa.

-Bella – subió el tono de su voz –Jamás digas eso… nunca.

-Oh… ¿y solo porque lo dice así con tu voz elevada crees que debo creerte? – Lo mire mal – ya no sé qué creer de ti.

-Déjame…

-Shhhh… - lo calle – primero te enojas cuando oíste una voz aparte de la mía al otro lado del teléfono, luego, después de una desaparición por tu parte me llamas diciendo que vuelves para pasar más tiempo conmigo y tu familia, pero eso no es todo – lo amenace levantando mi dedo - te apareces aquí con una novia de la cual jamás me hablaste y de la que apenas conocí porque por alguna razón que tampoco me quieres contar terminaste con ella o terminaron, como sea, la cosa es que ya no confías en mi lo suficiente como para que volvamos a ser los amigos y hermanos que éramos de antes.

- Bella, yo… - se acercó a mi dando pasos lentos y pesados – no quise herirte.

- ¿herirme? Hasta ese momento no me habías herido (no mucho), podía soportarlo, de verdad. Te veía feliz y yo estaba feliz con Jacob – arrugo su nariz –hasta que por una misteriosa razón de la noche a la mañana huyes de mí cada vez que estamos en la misma habitación o te la pasas más tiempo del necesario en el hospital, con Jasper y quién sabe dónde más. Prefieres cualquier cosa en vez de pasar tiempo conmigo.

-Es que tu no entenderías – al parecer no pensaba decirlo en voz alta por que en el momento en que lo dijo dio tres pasos hacia atrás y sus ojos parecían sorprendidos.

-¿Entender? Pero si es lo que he intentado desde que todo empezó pero amigo, tú no dejas muchas huellas que analizar – no sé por qué pero el sarcasmo floreció en mis palabras.

-Tienes razón… - apretó sus manos, una sobre la otra – he hecho mal, pero quiero que sepas que todo lo hago por ti, siempre ha sido por ti.

-¿Y eso que se supone que debe significar para mí? – las manos me sudaban, definitivamente estaba más que nerviosa – por favor Edward, somos hermanos. No me estés dando una excusa barata de las que usan comúnmente esos novios que no saben que decir porque los han dejado entre la espada y la pared.

-No lo hago por eso – me grito – por favor no me pidas que te diga algo que no puedo decir, sé que te he abandonado – sus ojos verdes se veían húmedos y tristes – sé que crees que te he olvidado y hasta piensas que ya no… que ya no te quiero pero te equivocas – tomo mis hombros entre sus manos – eres mi hermana – las palabras le salieron forzadas – mi tesoro, mi mejor amiga y la persona que siempre querré en mi vida, pero por favor Bella… por favor, no espero que me entiendas pero sí que me tengas paciencia, todo se arreglara, ya verás y volveremos a ser tu y yo como lo éramos antes.

-No podemos ser como éramos antes – me dolió decirlo pero era cierto – estoy enamorada de Jacob y al parecer nos afecta a nosotros también.

-¿Qué? – Sus ojos verdes flameaban por la noticia que le acababa de dar – no Bella, tu…

- Yo, Bella. Si – reafirme mis palabras – Jacob es la persona correcta para mí y lo amo…

Un segundo después la lámpara francesa de mi madre se encontraba en el piso convertida en un rompecabezas imposible de armar – cualquier cosa, Bella, cualquier cosa… dime que me odias pero no me digas eso – respiraba rápido y presionaba sus puños sobre la pared de la sala.

-No de nuevo, Edward por favor entiéndelo – no entendía esos celos que aparecían cada vez que le hablaba de Jacob – tienes que aceptar que ya no soy una niñita y que llegaría el día en que tendría novio y me enamoraría.

Caminaba de un lado a otro jalándose el cabello, mordiéndose el labio y balbuceando palabras incomprensibles para mí.

-Es un error – logre escuchar.

-¿Qué es un error? – lo mire confundida.

-Yo soy el error, yo… - apunto con su dedo su pecho – jamás nadie va a tener tan mala suerte como la mía. Yo… yo, yo soy el peor ser en esta tierra.

- Edward, no – sus palabras me dolieron horriblemente ¿Por qué decía tales cosas? – eso no es cierto, no digas eso.

Se derrumbó frente a mí cayendo de rodillas y colocando sus manos sobre su cara, era la imagen más desgarradora que jamás haya visto de Edward, corrí hacia el abrazándolo lo más fuerte que pude para recordarle que seguía ahí, que era su hermana y que no importaba lo que pasara jamás lo iba a dejar solo.

Tome sus manos aplicando un poco de fuerza para retirarlas de su cara y las coloque a los costados de su cuerpo. Sus ojos estaban cerrados pero tanto el sollozo de su pecho como las lágrimas que recorrían su mejilla me informaban del dolor que sentía con todo aquello, el mismo dolor que me daba a mi verlo así.

-Edward, por favor, no llores – le suplique – no quise herirte, solo necesitaba hablar contigo.

- lo sé – hipo.

Toque su precioso cabello broncíneo tratando de calmarlo y me senté sobre el piso llevándome a Edward conmigo. Él es mucho más grande pero no me impidió el poder sostenerlo con mis brazos. Sentía su cuerpo temblar por los sollozos, increíblemente yo no podía hacerlo en ese momento, necesitaba ser fuerte por mí y por él.

Poco a poco su respiración se fue acompasando y las lágrimas dejaron de salir de sus hermosos ojos esmeraldas. No había más que los ruidos de los grillos y la suave lluvia cayendo sobre el tejado. Éramos Edward y yo, dos únicas respiraciones en aquella casa.

No sé cuánto tiempo estuvimos ahí él y yo, pero se sentía tan bien todo aquello; como la primera lluvia anunciando el fin del verano y limpiando todo rastro de polvo y humedad del ambiente. Habíamos limpiado un poco de lo que empañaba nuestra relación de hermanos.

-Bella, preciosa – la dulce voz de Edward me despertaba ¿me había quedado dormida en el piso de la sala? – la cena esta lista.

- Gracias – mi voz sonó pastosa – ya voy.

Me encontraba recostada en el sillón de la sala. Otro momento amnésico había pasado para no darme cuenta en el momento en que Edward me cargaba para llevarme ya sea a la cama o como ahora al sillón de la sala.
Cenamos en silencio, si era molesto pero no tan incómodo como la mayoría de las veces.

Esa noche no pude dormir. Después de desearle buenas noches a Edward a las once de la noche me quede como zombi con la mirada fija hacia el techo y sin una tan sola idea en mi cabeza. Estaba abrumada, preocupada y desesperada. Le había dicho a Edward que amaba a Jake y este ni siquiera lo sabía. Necesitaba de Alice.

Lunes…

Me levante demasiado tarde para poder despedir a Edward antes de irse y demasiado tarde para llegar a tiempo a mi primera clase del día. Solo quedaba un semestre para graduarme y así no iba a avanzar mucho.

-Bella ¿y esas ojeras? – Alice toco la parte baja de mis ojos - ¿Qué pasa?

-Oh Alice… De todo – levante una ceja.

-¿Quieres hablar de eso?

- increíblemente… si – me acomode sobre su cama y le conté todo lo que había sucedido el día anterior. Desde el repentino viaje de mis padres a no sé dónde (todavía) hasta la extraña escena de Edward y yo tirados en el piso a mitad del living.

Mientras la conversación avanzaba solo unos ah, oh, mmm, entiendo eran lo que salía de la boca de Alice.

-Y eso fue lo que paso – termine de hablar.

-Emmett, deja de oír conversaciones ajenas – grito Rose desde la planta baja.

-Pero si no estoy haciendo nada – era obvio que lo había hecho si su voz se escuchaba del otro lado de la puerta.

-Emmett – lo reprendió.

-Voy cariño – se oyeron pasos bajando.

-No se Alice, esto es tan extraño. Quisiera saber qué es lo que le pasa a Edward pero él dice que no es correcto que yo sepa. ¿Será algo grave para no poder decirme?

-Bella, eso solo lo sabrás con el tiempo. Ten paciencia – sus ojos eran comprensivos.

Martes…

-Belli ¿Esta el príncipe azul imposible?...- el oso al teléfono - Emmett – se oyó la voz de Alice molesta al fondo - ¿Quéeee?

- Si, esta con Jasper, espera un momento – no sé porque Emmett decía eso pero sabía que era de Edward quien me hablaba.

Estaban en la habitación que Jasper tenía mientras estaban aquí así que subí las escaleras en su búsqueda.

-Pero es que no puedo Jasper – la voz de Edward se oía dolida – es incorrecto y ella jamás me va a ver o amar como yo lo hago.

¿Edward estaba enamorado? ¿Por eso su relación con Tanya no había funcionado? Porque quería a alguien más. ¿Sería por eso que casi no lo veía en estos ocho meses que pasaron?

-Edward, esto te está destruyendo y la estas arrastrando contigo – la voz de Jasper era conciliadora – sé que está mal y que será una gran sorpresa pero si sigues guardando todo te mataras de a poco.

-¿Qué? No, no, no, no, no. Tenía que ayudar a Edward, ahora más que nunca debía saber de lo que hablaban.

Miércoles…

-Me quede esperando en línea un buen rato – me reclamaba Emmett mientras ingería un hot dog de un solo – es...tlu… gle es… lan… mu…to

-Emmett ¿Qué te he dicho de hablar mientras comes? – lo regaño Rose.

Trago lo que tenía en la boca y sorbió un poco de jugo –que es de mala educación – dijo mas como pregunta que afirmación.

-Así es.

- lo siento, no los encontré y olvide que no te había informado – mentirosa.

Alice y Rose me quedaron viendo raro por un segundo y luego volvieron a sus actividades, lo sé, mentir no se me daba muy bien pero parecía que tan siquiera Emmett se la había creído.

Todos los días era igual. No me levantaba a tiempo para despedir a Edward gracias a mis constantes desvelos. Regresaba a una casa en la que música de piano sonaba de fondo pero que no me atrevía a seguir aun sabiendo que era en el cuarto de música y que Edward era el que la tocaba. Cenábamos en silencio, el con su libro de medicina y yo con mi copia favorita de Romeo y Julieta. De ahí un buenas noches de ambos y cada quien a su habitación hasta el día siguiente.

Jueves…

Mis padres apenas habían llamado el día en que llegaron a Nueva York (finalmente sabia el destino) y hoy lo volvían a hacer.

-Hola… hija – su saludo era extraño - ¿Cómo han estado las cosas por allá?

-Todo bien papa, no hay ninguna novedad interesante – si supieran – ¿y ustedes?

-Volveremos el domingo – contento creo que obviando sutilmente mi pregunta – dile a Edward que lo llamare para concordar la hora de llegada.

-Si papa.

-te quiero hija.

-Yo también – era normal que me lo dijera, siempre me demostraba o decía lo mucho que me quería pero esta vez era diferente.

Alice se había vuelto en mi confesionario, le decía todo lo que pasaba. Le hable sobre la plática entre Edward y Jasper y sobre lo extraños que estaban mis padres. Por un momento creí verla incomoda cuando le dije que averiguaría quien era la chica que hacía que Edward estuviera así y luego se levantó diciendo que ella lo haría por mí y que pronto me informaría y así yo no rompería la petición de Edward.

Era Alice, casi como Sherlock Holmes en persona.

Viernes…

lunes, 22 de julio de 2013

Cowboy de Mi Corazón.




             Capítulo 40:                       Nuestra vida empieza aquí

Los labios del recién matrimonio Cullen tardaron varios minutos en separarse, aún con los gritos y aplausos de la gente... hasta que el joven notó que su pequeña necesitaba tomar un poco de aire. Poco a poco, pese a que no le apetecía en absoluto, tuvo que deshacer el beso, hasta que sus frentes de nuevo quedaron pegadas, mirándose ambos con una sonrisa segundos antes de que Edwardy ella se giraran, para quedar frente a los invitados.

Cómo un resorte la joven castaña avanzó unos pasos, para recibir el emocionado abrazo de sus cuñadas y de Esme.

-¡Bella, Bella, Bella!- botaba Nessie mientras se abrazaban.

-No puedo creerlo...- murmuraba, todavía aturdida a cuenta de lo que acababa de ocurrir hacía escasos minutos. Cuándo su cuñada por fin la soltó, los brazos de Esme la rodearon en un maternal abrazo.

-Ha sido una boda preciosa- le susurraba la buena mujer.

-Ya lo creo- contestó ella, con una sonrisa de felicidad en su cara; justo en el momento en el que Esme se retiraba de su lado, para felicitar a su marido, Rose y Alice se plantaron frente a ella, con una sonrisa maliciosa en el rostro.

-Traidoras- las acusó divertida Bella, antes de echarse también en sus brazos.

-No te enfades, Bells- le suplicó Rosalie -no podíamos cargarnos la sorpresita-.

-Sorpresita...- repitió la joven, pensativa -¿qué haréis cuándo sea un sorpresón?- bromeó, riendo ya mucho más relajada.

-No nos pongas a prueba- le advirtió Alice entre risas. Justo en ese momento se acercaron los chicos.

-Ven aquí, cuñada- la llamó Emmet, antes de levantarla del suelo y abrazarla, acción que repitieron Jake y Jasper.

-Muchas gracias, chicos- les agradeció emocionada, una vez la soltaron.

-No podíamos perder a nuestra cocinera favorita- exclamó el hermano mayor, lo que hizo que la aludida rodara los ojos.

-Cómo no, Jayky- contestó, con una sonrisa malvada, haciendo reír al pequeño grupo. Justo en ese momento, Carlisle y Edward se acercaron a ellos.

-Enhorabuena hija- le felicitó el patriarca, también abrazándola -espero que seáis muy felices- les deseó.

-Gracias- susurró ella, de nuevo emocionada -gracias a todos- les agradeció de corazón. En ese momento Edward rodeó su cintura con su brazo, pegándola a su pecho y dejando un pequeño beso en su sien.

-Pero... ¿cómo habéis montado todo ésto?- les preguntó, todavía alucinada.

La familia sonrió cómplice, debido a la pregunta de la joven, que los miraba de hito en hito, esperando una respuesta. Finalmente, fue su propio marido el que habló.

-Nos repartimos la tarea- le explicó con una sonrisa -puede que no haya sido la boda que tú desearas, per...- Bella le interrumpió.

-Ha sido perfecto- le contradijo, mirándole con cariño -absolutamente todo-.

-Esme y yo nos encargamos de la decoración- empezó a relatar Nessie -Jasper y Emmet han montado el lugar de la ceremonia y la enorme mesa para la cena-.

-Alice y yo nos entretuvimos con el vestido y demás complementos- siguió relatando Rosalie, tomando la palabra a su pelirroja cuñada. La todavía sorprendida novia frunció ligeramente el ceño.

-¿Y cómo habéis hecho que el vestido me quede exacto?, ¿cómo habéis acertado con la talla exacta?- interrogó con una ceja alzada. Edward sonrió de manera disimulada, al igual que Alice y Rose, que tomó de nuevo la palabra.

-Bueno... tuvimos algo de ayuda con eso- Bella la miró sin entender, hasta que observó cómo Leah y el resto se acercaban a ellos. En milésimas de segundo su mente ató cabos.

-¿Así que para ésto... pasé la tarde del sábado pasado?- le preguntó a su amiga, cuándo llegó a su altura -la supuesta boda a la que estabas invitada, y yo probándome vestidos de fiesta para que tú tuvieras una mejor perspectiva...- meditó en voz alta -¡lo sabíais todo!- les reprochó de manera graciosa.

-No podíamos decir nada- se excusó inocentemente Annie, con Cindy a su lado riendo divertida.

-Por supuesto que lo sabíamos; Edward nos llamó para ponernos al corriente... y tenía que informar a Alice y Rose, para su cometido- se carcajeó su morena amiga, para adelantarse un paso y abrazarla -enhorabuena Bells-.

-Gracias chicos- les agradeció Edward, después de unos minutos de más abrazos y felicitaciones.

-De modo que éstos- señaló Zack con la mano al resto de los Cullen- son tus famosos hermanos-.

-Los mismos- admitió Edward -y él es mi padre Carlisle, el auténtico jefe del Killarney- el hombre sonrió con simpatía, acercándose a ellos.

-Un rancho precioso- admiró Randall, estrechándole la mano, lo mismo que hizo Zack.

-Muchas gracias por invitarnos- agradeció Annie.

-Nada de eso- corrigió Carlisle -los amigos de Bella son siempre bienvenidos; espero lo paséis bien, consideraos en vuestra casa - les deseó, ganándose una sonrisa por parte del pequeño grupo.

Carlisle y Esme se reunieron con los padres de Rose y el resto de invitados, pero los jóvenes permanecieron reunidos unos minutos más, en los cuales Bella fue descubriendo cómo habían urdido el plan.

-Vaya...- exclamaba una y otra vez, realmente sorprendida -¿y tú?- se giró, posando la vista en su recién estrenado esposo -¿qué te tocó hacer?-.

-Sólo me dejaron elegir las alianzas y el anillo- le contó, con una pequeña sonrisa -¿te gustan?- sondeó -sino se pueden cambiar-.

-Ni hablar- respondió de manera automática -son preciosas, me encantan- murmuró en voz baja, dejando un pequeño beso en sus labios. Puso sentir el leve suspiro de alivio que salió de los labios del joven, provocándole unas deliciosas cosquillas... su marido... todavía no se hacía a la idea.

-Yo también he cooperado- refutó Jake, pagado de sí mismo, mientras mecía a una de sus hijas, que se había despertado en medio de tanto alboroto.

-Hum... déjame pensar- contestó Bella, mientras ponía una graciosa mueca pensativa -tú te has ocupado de la cena- adivinó, provocando las risas sofocadas del resto.

-Ehhhh... no es gracioso- exclamó -es mi regalo de bodas; no iba a hacerte cocinar en tu propia boda-.

-A dios gracias- rodó los ojos Edward.

-He probado más de cinco caterings distintos- le explicó, con una sonrisa satisfecha.

-Y tú encantado, seguro- le devolvió la jugada Bella, entre risas -muchas gracias Jake- le dijo de manera sincera, una vez que pasó el divertido momento.

Los hermanos, acompañados de los compañeros de universidad se dirigieron hacia la carpa dónde se serviría la cena; después de que los peones del rancho y el resto de invitados felicitara a los novios, y de posar para algunas fotos, por fin la pareja pasó unos minutos a solas. Sin decir una palabra, se abrazó al joven, escondiendo su cara en su cuello.

-¿Estás más tranquila?- le susurró su marido, pasando sus manos por su espalda.

-Un poco- murmuró con voz temblorosa; se estaba volviendo a emocionar, y tuvo que tomar varias respiraciones antes de poder hablar de nuevo -Edward,nunca habría esperado ésto, y...- éste le interrumpió.

-No se me ocurría otra forma de pedirte perdón- le confesó, haciendo que le mirara a los ojos -pero quiero que tengas clara una cosa; y es que soy muy feliz-.

-Lo sé- sonrió su mujer con cariño; nunca podría olvidar el brillo en sus ojos verdes durante la ceremonia -todo ha valido la pena; y no puedo expresar lo feliz que soy; cuándo ayer hablábamos por teléfono, mi mente sólo estaba pensando en una cosa... que llegara el domingo; te he echado mucho de menos- sollozó suavemente.

-Yo también pequeña- contestó mientras la envolvía de nuevo con sus brazos -te prometo que me ganaré tu perdón día a día... no merecías sufrir así-.

-No tengo nada que perdonarte, Edward- le corrigió -es un nuevo comienzo para nosotros, y sé que a partir de ahora, intentaremos llevar mejor las cosas-.

-Nuestra vida empieza aquí... señora Cullen- Bella sonrió al escuchar su recién estrenado apellido -soy un hombre con suerte, me he casado con la mujer más increíble y bonita del mundo- el sonrojo regresó a las mejillas de su mujer, y Edward no pudo reprimir las ganas de volver a besarla, esta vez de manera más apasionada, aprovechando ese pequeño momento de intimidad.

Las bocas de ambos bailaban en perfecta sincronía, y la joven se estremeció al sentir las caricias que las manos de Edward dejaban por su espalda y sus costados; lo mismo le pasó a éste, disfrutado de los dedos de Bella enredarse en su pelo, agarrándolo con suavidad. El asunto se estaba caldeando por momentos, y fue el propio Edward el que, de nuevo, tuvo que romper el beso.

-No sabes las ganas que tengo de continuar con ésto... pero si no damos señales de vida alguien vendrá a buscarnos- el joven rió encantado ante el puchero lastimoso que puso su mujer -después- susurró en su oído, dejando un pequeño beso tras él... la piel de la joven castaña se erizó, pensando en lo que vendría... pero su corazón pegó un bote al oír de repente una voz.

-¡Eddie, Bells...!- oyeron que gritaba Jake -no os adelantéis, la noche de bodas es más tarde... ahora venid, que los comensales esperan-.

La joven vio de reojo cómo su esposo rodaba los ojos, y sofocando la risa, tomó su mano para volver a los jardines, dónde los invitados esperaban.

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La cena estuvo deliciosa, y después de varios brindis, y de un discurso por parte del padrino, aludiendo que Bella, sin duda alguna, ostentaría el récord como la chica que menos tiempo había estado prometida, los novios abrieron el baile, al que poco a poco fue uniéndose el resto de la gente.

Bella disfrutó cómo nunca, y después de bailar con Carlisle, todos sus cuñados y parte de los peones del rancho y otros invitados, por fin pudo volver a dónde quería estar, a los brazos de su flamante marido.

-¿Te diviertes?- le preguntó el joven, dejando un pequeño beso en su frente y rodeando su cintura.

-Mucho- admitió con una sonrisa -pero creo que alguien no lo pasará tan bien mañana- objetó divertida, viendo la marcha que llevaban sus cuñados en la pista, al igual que sus amigos de San Antonio y la mayoría de los peones.

-Ya los conoces- se encogió éste de hombros, haciendo alusión a sus hermanos; justo en ese momento los padres de Rosalie y Jenks y su esposa se acercaron a ellos, puesto que ya se retiraban. Unos minutos después, Carlisle y Esme también se acercaron hasta ellos.

-¿Qué hacéis que no estáis bailando?- les interrogó su padre.

-Nos despedíamos de Jenks y de Vicent- le explicó éste -y creo que nosotros también nos vamos a retirar- murmuró, mirando a su esposa con una sonrisa.

-Tenéis la maleta en el coche- les recordó Esme -si queréis aprovechar que todo el mundo está bailando...-.

-Será lo mejor- aprobó Edward, rodeando los hombros de Bella -lo prefiero antes de que Jake y compañía la armen- exclamó con resignación. Se despidieron de ellos con un abrazo, y agarrando fuertemente la mano de su esposa, se encaminaron con paso apresurado a los garajes. Carlisle y Esme permanecieron en la entrada principal de la casa hasta que vieron el volvo deslizarse prácticamente en silencio hasta la verja de entrada, para tomar la carretera hacia en centro de Hunstville.

-Todo ha salido bien- respiró el hombre con tranquilidad, mirando a su secreta pareja con una sonrisa.

-Cierto- contestó la mujer -serán muy felices, ya lo verás-.

-Yo también lo creo- le dio la razón -otro que abandona el nido- suspiró.

-Y Jasper no creo que tarde mucho en hacerlo- añadió Esme de manera cómplice, acercándose a él y pasando las manos por su espalda. Carlisle agachó un poco su cabeza, para besar suavemente sus labios, antes de volver a la parte trasera del jardín, con el resto de invitados.

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Apenas media hora más tarde, los recién casados llegaban a uno de los hoteles más lujosos de Hunstville, dónde Edward había reservado una de las suites para pasar la noche. Al traspasar el umbral, con ella en brazos, la boca de la joven se abrió de la impresión, al echar un vistazo rápido a la enorme habitación.

Una pequeña sala de estar precedía al dormitorio, presidida por una enorme cama de matrimonio; todo ello estaba elegantemente decorado con muebles de diseño muy costosos.

-¿Te gusta?- interrogó el joven a su pequeña, todavía con ella en sus brazos.

-Es preciosa... y enorme- susurró, todavía alucinada, escaneando con sus ojos cada rincón. Edward la posó con delicadeza en el suelo, para cerrar y comprobar que habían subido la maleta.

Todavía enfundada en su traje de novia, paseó por la enorme suite, hasta que llegó a la terraza; era casi tan grande cómo el dormitorio, incluso tenía mesa y sillas para poder desayunar ahí por la mañana. Acercándose a la barandilla de piedra, apoyó sus brazos, echando un vistazo al paisaje que se veía desde allí. Junio ya era un mes muy caluroso en Texas, y la noche también lo estaba siendo. Al estar en uno de los pisos más altos, había una perspectiva inmensa de Hunstville, en la que las luces que iluminaban los edificios contrastaban con la oscuridad.

Se quedó absorta contemplando el paisaje, y su vista se elevó, mirando el cielo, cuajado de pequeñas y relucientes estrellas... cómo aquel lugar que tan buenos recuerdos le traían, y todos ellos relacionados con su Edward.

No sintió a su marido acercase a ella, y se sobresaltó cuándo sus brazos la rodearon por detrás; pero inmediatamente se relajó ante su toque, apoyándose en su pecho. Se había quitado la chaqueta y la corbata, y también había remangado las mangas de su camisa hasta los codos.

-¿En qué piensas?- oyó que le preguntaba Edward.

-Nada importante- se encogió de hombros -ahora que toda ha terminado, mi mente ha regresado a la tierra- se explicó de manera graciosa -estaba acordándome de los exámenes que me quedan- rodó los ojos.

-Sólo son dos semanas más, cariño; y después de eso podrás relajarte y disfrutar- la consoló, dejando un suave beso en el tope de su cabeza.

-Pero por eso mismo; no podremos irnos de viaje de novios- exclamó la joven, un poco frustrada. Su marido arqueó las cejas, dándole la vuelta entre sus brazos para que lo mirase.

-¿Quién ha dicho que no tendremos viaje de novios?- le reclamó, sonriendo con malicia -por supuesto que lo tendremos; en cuánto termines el último examen nos iremos... así que la luna de miel simplemente está aplazada- le explicó.

-¿Y a dónde iremos?- le preguntó, ilusionada.

-Cómo tenemos dos semanas para reservarlo, puedes pensarlo con calma... e iremos dónde tú quieras- le prometió.

-Hum... eso suena tentador- susurró ella en voz baja, acercando sus labios a los de él, y dejando un suave beso -tendré que pensarlo- meditó, dejando otro beso en la boca del joven -pero ahora sólo quiero pensar en una cosa- Edward captó de inmediato el mensaje, así que en un rápido movimiento volvió a tomar a su esposa en brazos, y sin dejar de succionar de manera suave su labio inferior, la condujo hasta el dormitorio, posándola con delicadeza en la cama.

Las manos de la joven se anclaron en la parte de atrás de la cabeza de Edward, agarrando con sus puños mechones de cabello cobrizo y acercándole a su cuerpo.

-Bella...- murmuraba Edward su nombre una y otra vez, cubriendo su rostro y su cuello con tiernos besos; el corazón de su esposa aceleraba su ritmo de manera alarmante, pero el no dejaba de repartir caricias con sus labios.

-Bésame por favor- le rogó la joven, empujando su cabeza de nuevo hacia su boca; sin ninguna contemplación, sus lenguas invadieron la boca del otro, en una lucha ardiente. El joven ranchero no se dio cuenta del momento en el que su mujer había desabrochado su camisa, y ahogó el gemido que las manos de Bella provocaron al acariciar su pecho.

-Dios... sabes que es peligroso hacerme eso, ¿verdad?- susurró contra su clavícula, para después depositar pequeños besos por todo el nacimiento de sus senos... pero la joven hizo caso omiso, y sus manos bajaron de manera tortuosa por el torso de Edward, llegando a sus caderas, que arañó de forma cuidadosa con las uñas.

Un siseo de placer escapó de la garganta del joven; poniéndose de pie, ante la mirada atónita de su esposa, se deshizo de su camisa; pero en vez de tumbarse de nuevo a su lado, tomó una de las pequeñas manos de Bella, haciendo que también se pusiera de pie.

-¿Qué...- la pregunta quedó inconclusa, ya que mientras que los labios del joven volvían a su cuello, sus manos se entretuvieron con los diminutos botones de su vestido de novia.

-Aunque estás preciosa con él puesto... no sabes las ganas que tenía de quitártelo de una santa vez- le dijo, dejando un suave beso en el lóbulo de su oreja derecha. Unos minutos después, que al joven se le hicieron interminables, el vestido cayó a los pies de la joven, revelando la existencia de un sexy conjunto de ropa interior de encaje blanco; el sujetador sin tirantes hacía que su escote se viera realzado... pero lo que en verdad le volvió loco fue el culotte de encaje y las medias, perfectamente sujetas con unas ligas.

-Preciosa...- susurró -y toda mía...- añadió a la vez que la volvía a atraer a sus brazos y besándola con pasión.

-Sólo tuya- le respondió su pequeña entre besos, aferrándose a él con todas sus fuerzas y devolviéndole el beso con el mismo ímpetu.

Bella no sabía el momento exacto en el que ambos volvieron a tumbarse en la cama, completamente desnudos; se besaban cómo si su vida dependiera de ello, y sus manos parecían haber tomado vida propia, recorriendo a sus anchas sus cuerpos. Edward abandonó los suaves y pequeños labios de su esposa, para recorrer con ellos su cuello, su clavícula... parando un buen rato en sus pechos, lamiéndolos con delicadeza, e incluso tironeando de ellos con los dientes.

-Edward...- gemía y jadeaba la joven, con los dedos enredados en su pelo, apretándole contra sus senos. Escalofríos de placer recorrían cada nervio de su cuerpo, concentrándose todas en su bajo vientre... demasiados días sin amarse, sin ser una sola persona, y esa necesidad crecía con cada caricia que Edward le regalaba. Su marido dejó sus pechos, para volver a escalar de forma lenta y deliciosa por su cuerpo, con una meta, de nuevo sus labios.

Sintió en su estómago la también creciente necesidad del joven, y en un natural movimiento abrazó con sus piernas la cintura de éste. La deliciosa fricción de sus cuerpos desnudos cada vez era más insoportable... y de su boca brotó un gemido de placer al sentir su intimidad ser dulcemente invadida.

-Ahhhhh... Edward- jadeó, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, dejando expuesto su cuello para ser besado.

-Mía... mi mujer- murmuró el joven contra su cuello de cisne, besándolo con delicadeza.

-Edward...- gimió de nuevo, pasando las manos por su espalda y haciendo que las envestidas fueran cada vez más contundentes.

-Tan caliente, tan estrecha...- gemía el joven, moviéndose dentro y fuera de ella, volviéndose loco a cada embestida -y toda mía...-.

-Sólo tuya- consiguió responder la joven, arañando su espalda, intentado soportar todo ese placer que empezaba a acumularse en su bajo vientre.

-Cariño... dios... -jadeaba el joven, invadiendo el delicado centro de su pequeña. Sintió su pequeño cuerpo arquearse, y supo que estaba muy cerca de terminar. Las embestidas pasaron a ser fuertes y frenéticas.

De nuevo Bella sintió esa espiral de sensaciones concentrase en su bajo vientre, y los labios de su marido acallaron el intenso jadeo que salió de su garganta al llegar a un poderoso orgasmo que recorrió su cuerpo de la cabeza a los pies; su cuerpo todavía temblaba cuándo abrió los ojos y se topó con el rostro de Edward, con la mandíbula fuertemente apretada y los ojos cerrados, llegando también al final.

Minutos después, la pareja intentaba tomar aire; sus cuerpos perlados de sudor todavía buscaban un resquicio de contacto entre ellos; la cabeza de Bella reposaba en el cuello de Edward, escondiendo allí su cara. El joven agarraba firmemente su cintura y acariciaba la mano que su esposa tenía apoyada en su pecho, jugando con los anillos. No necesitaban palabras para comunicarse, estaban cómodos en ese íntimo silencio.

Poco a poco, la respiración de su mujer se hizo pausada y tranquila. Edward observó unos minutos la preciosa expresión de su pequeña, que había caído agotada en un reparador sueño. Besó suavemente su frente, su nariz y su mejilla, disfrutando de la tersura y calidez de su piel.

-Buenas noches, cariño- le deseó casi para sus adentros, acomodándose de nuevo en la almohada y cerrando también los ojos.

0o0o0o0o0o0

A la mañana siguiente, Bella se revolvió de manera tranquila, pero algo le impedía moverse con libertad. Abrió lentamente sus ojos, y al despejar su vista se encontró de lleno con unos mares esmeralda, que la miraban con dulzura. Se dio cuenta de que estaba acurrucada junto al cuerpo de su marido, con la cabeza apoyada en su hombro. Los brazos de Edward la acunaban cómo si fuera un bebé, y estaba muy cómoda dentro de ellos.

-Buenos días cariño- le susurró éste, muy bajito.

-Hola- contestó ella, quitando un mechón rebelde de pelo cobrizo que caía por su frente -¿has descansado? -su esposo sonrió mientras afirmaba con una sonrisa.

-¿Y tú?-.

-Hacía mucho que no dormía tan bien- admitió Bella -me quedaría aquí todo el día... pero sé que tenemos que volver a San Antonio- protestó con voz de pena.

-Si quieres podemos volver mañana- le ofreció, pero la joven desechó el ofrecimiento.

-Tengo que retomar los exámenes, y prefiero estar allí- le explicó -¿pasaremos antes por casa, a despedirnos?- le interrogó.

-Ese es el plan; así dejamos los trajes, comemos con la familia y de paso nos despedimos de todos- le contó -no volveremos a Hunstville en unas cuantas semanas, hasta que regresemos de nuestra luna de miel-.

-Qué ganas de que llegue- exclamó, ilusionada -además, ya sé dónde me gustaría ir- Edward la miró, dejando que se explicara -me gustaría conocer Irlanda- su novio la miró sorprendido.

-¿En verdad quieres ir allí?-.

-¿Recuerdas mi primera navidad en el rancho?; esa en la que te regalé el libro con las fotos antiguas- el joven asintió -pues lo he ojeado en más de una ocasión; los paisajes son preciosos... y sé que a ti te gustaría conocer tus orígenes-.

-¿Estás segura?- le preguntó de nuevo el joven; su pequeña afirmó con la cabeza de manera enérgica -entonces Irlanda será nuestro destino- sonrió -gracias cariño-.

-No tienes que dármelas por nada- contestó su pequeña, pasando un dedo por sus labios.

Edward cerró los ojos, disfrutando de ese pequeño roce, que le producía un leve cosquilleo. Besó con delicadeza la yema de sus dedos, para segundos después besar con suavidad sus labios... los labios de su mujer... su pequeña estrellita.

-Te amo- le dijo, estrechándola entre sus brazos, más todavía.

-Yo también a ti... cowboy- respondió Bella, deseosa de empezar otra etapa de su vida en comùn, con ellos de permanentes protagonistas.

FIN 

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Bueno, llego el FIN??
que pena la demora; lo siento, el trabajo me tiene agonizando!! 
Las quiero mucho, gracias, mil gracias por la paciencia!!

martes, 23 de abril de 2013

Cowboy de Mi Corazón


                
   
 Capítulo 34:                             Aguas turbias

Los días que precedieron al nacimiento de las pequeñas fueron de lo más ajetreados para los habitantes del rancho Killarney. Una semana después de su nacimiento, tanto las pequeñas cómo su madre ya estaban en casa, para alegría de la familia entera y de Jake.

Bella y Edward decidieron quedarse unos días más; dado que con la mano todavía convaleciente no iría a clase, su novio podría aprovechar para echar una mano en las tareas del rancho, y ayudarían a los nuevos padres a instalarse de forma definitiva en su casa.

La nueva morada de la familia Black por fin estaba terminada; al igual que Rosalie y Emmet, vivían dentro de las propiedades del rancho y a quince minutos en coche de la casa principal. La adelantada venida al mundo de las pequeñas les había pillado con los muebles a medio montar; a eso se dedicaron los hermanos Cullen; ayudados por el resto de la familia y varios de los peones, trasladaron todos los enseres de la pareja... pero el ajetreo era inmenso.

Nessie y Alice estaban guardando la ropita de las niñas en su armario, mientras que Bella sostenía a Claire con su brazo sano, sentada en la cama y haciéndole mimos a la pequeña; Rosalie, cómo buena pediatra, terminaba de revisar a Valerie.

-Pues esta pequeña ya está lista- la arrulló su rubia tía, mientras la cogía en brazos.

-¿No es muy raro que no se le haya caído todavía el cordón del ombliguito?- interrogó Nessie, acercándose a ella -a Claire se le cayó ayer-.

-Es perfectamente normal- la tranquilizó su cuñada -de normal tardan de dos a tres semanas desde su nacimiento, pero ella- señaló a la pequeña que Bella tenía en brazos- se ha adelantado-.

-Claire siempre se adelanta- dijo su madre, con una sonrisa -es la primera en despertarse, en protestar para comer...-.

-En eso se parece al padre- rodó los ojos Alice, lo que provocó las risas del resto. Rosalie le pasó la pequeña Valerie a su madre.

-Tu turno, pequeña Claire- canturreó mientras se la arrebataba a Bella de los brazos y la posaba delicadamente en la cama. La bebé, plenamente despierta, movía de forma graciosa sus manitas y deditos.

-Parece que esta pequeña también ha heredado los ojos de su padre- observó Bella, fijándose con más atención en los pequeños ojitos, todavía sin color definido, pero oscuros.

-Valerie también- añadió Alice, que ahora la tenía en brazos -parece que los genes Black y Cullen ya tienen plenas herederas-.

Las jóvenes seguían con la divertida charla, pero Bella sólo tenía ojos para sus diminutas sobrinas. Desde que las había visto por primera vez, sus pensamientos se perdían en cómo sería tener un pequeño o pequeña con Edward; pero en el fondo de su corazón sabía que para que esa ilusión se cumpliera todavía quedaban unos años por delante. El tema de los niños, a diferencia del matrimonio, sí que lo habían hablado más frecuentemente... y ambos estaban de acuerdo en que debía terminar su carrera.

En esa semana y media que llevaban en el rancho, la joven había observado a Edward en silencio; no habían tocado de nuevo el tema de Henry y lo sucedido aquella tarde, pero muchas veces había visto rondar la preocupación y la incertidumbre en los ojos de su novio. Estaba muy callado... sobre todo con ella.

Bella le había oído decir a su padre muchas veces que los ojos son la ventana del alma; y que sí conocías lo suficientemente a una persona, podías saber que pasaba por su mente con tan sólo fijarte en sus ojos... y la joven reconocía todas y cada una de las inquietudes de su novio con tan sólo mirarle; podía distinguir el color jade oscuro de los momentos de íntima pasión... las pequeñas, prácticamente imperceptibles a simple vista, motitas de color miel que se arremolinaban en ellos cuándo estaba feliz y relajado... el reflejo brillante que se apoderaba de ellos cuándo los orbes de ambos se cruzaban... pero también podía ver la preocupación y la incertidumbre en sus ojos... el verde se tornaba más apagado, casi opaco, por la falta de brillo. Y así lucían desde hacía varios días.

Un suave lloriqueo la devolvió a ala tierra; la pequeña Claire protestaba mientras que su tía Rose la envolvía en una mantita blanca y rosa.

-Las niñas están estupendas, Nessie- se dirigió a su cuñada -la próxima semana te espero en el consultorio, para pesarlas- las chicas volvieron a retomar la charla, pero Bella de nuevo se quedó callada; su cabeza no hacía más que dar vueltas... hasta que la voz de Alice le sacó del trance.

-Bella... ¿estás bien?- le interrogó preocupada.

-Estás ausente- añadió Nessie -¿todavía te molesta la mano?-.

-A veces, pero sólo cuándo la muevo durante un buen rato- se encogió de hombros.

-Por lo menos ya enseguida te libras del cabestrillo- apuntó Rose, cogiendo su muñeca con suavidad y revisándola.

-Eso espero- musitó con un suspiro de paciencia -me siento una inútil total; ni siquiera he podido cocinar bien... y enseguida tendré que retomar las clases- pensó mientras que un escalofrío recorría su columna vertebral... ¿mantendría su palabra Henry, y en verdad la dejaría en paz?.

-¿Cuándo tenéis pensado regresa a San Antonio?- interrogó de nuevo Nessie.

-El domingo; así que esta semana todavía estaremos aquí- le contestó.

La conversación se vio interrumpida por el jaleo que escucharon el el piso inferior; los chicos habían llegado con otro viaje de cajas y maletas. Bajaron a su encuentro; Esme estaba en la cocina, de modo que Bella acudió en su ayuda; aunque no pudiera cocinar bien, le gustaba estar ahí. En ella se encontró a Edward y Jasper, cogiendo una cerveza de la nevera.

-¿Habéis terminado?- interrogó a la vez que se acercaba a su novio.

-Sí- le aclaró -no puedo creer que Jake tenga tantos cachivaches- refunfuñó.

-Ehhhh- exclamó el aludido, entrando también en la cocina -veremos a ver qué ocurre cuándo tengamos que trasladar tus montañas de discos y libros-.

-No me puedo creer que todavía guardes los cómics que leías cuándo tenías seis años- negó con la cabeza Jasper, que miraba por encima del hombro de Esme qué había de comer.

-Y todos los DVD´s de Star Treck- dijo la voz de Emmet, que entraba con su hijo en brazos -yo creo que algunos los tienes repetidos-.

-Alto ahí... nadie se mete con el Dr. Spock en mi presencia- relató éste, divertido y a la vez ofendido. Jasper, Emmet y Edward rieron; el más pequeño de los hermanos miró a su pequeña, que le sonreía con cariño.

-¿Por qué sonríes así?- su pequeña negó con la cabeza.

-No es nada... me gusta verte así... llevas días muy callado- susurró en voz baja, sólo para él. El joven suspiró... definitivamente, no se le escapaba nada. Dejando el botellín de cerveza en la encimera, tomó la mano sana de su novia.

-¿Quieres pasear?- le ofreció de manera, seria, pero amable. El tono de voz que usó hizo que una desazón extraña la recorriera de arriba abajo. Se tragó sus nervios y asintió en silencio; Edward se disculpó de todos, alegando que regresarían para la comida a tiempo.

Caminaron tomados de la mano, sumidos en unos de sus habituales silencios... pero éste no era uno de los íntimos y reconfortantes de los que pareja disfrutaba. Bella sabía que su novio estaba nervioso, porque jugaba y retorcía sus dedos sin parar; incapaz de quedarse tranquila, paró de sopetón, poniéndose frente a Edward.

-¿Qué te pasa?- era la pregunta estrella en su subconsciente... pero si no la sacaba a relucir explotaría. Su novio la miró fijamente, extrañado y sorprendido por la interrupción del paseo. Negó con la cabeza, pero cuándo fue a contestar su pequeña se volvió a adelantar, dejándole con la palabra en la boca -si vas a dejarme, prefiero que me lo sueltes ya...- murmuró con la voz contenida, y lágrimas en los ojos.

Las palabras de su pequeña hicieron que sus ojos se abrieran de manera desmesurada... ¿acaso le había dado esa impresión?... ¿dejarla?... ¿por qué pensaba eso?...

-Bella...- la llamó con suavidad, intentando que los ojos cafés que tanto amaba lo miraran -¿por qué dices eso?-.

-No lo sé, Edward; lo único que sé es que desde que pasó... aquello- ni quería pronunciar el nombre de ese idiota -estás callado, pensativo... desde que llegamos al rancho apenas me hablas...- le explicó con un susurro de pena, pero Edward la calló cómo sólo el sabía hacerlo.

Sus labios se posaron en los de su pequeña, envolviéndolos con ternura y calidez; Bella se aferró a su cuello, devolviéndole gustosa ese beso, aferrándose a él con todas sus fuerzas. Era cómo si una inexplicable sensación se hubiera apoderado de su cuerpo, y el sólo pensar que Edward y ella pudieran separarse le causaba una sensación y pena que quería alejar de su mente a toda costa. Las bocas y los besos que la pareja se prodigaba hablaban por ellos solos; el joven la estrechaba entre sus brazos, disfrutando de esa calidez que desprendía todo su cuerpo... ¿cómo podía ella, pensar por una mínima fracción de segundos, que quería alejarla de su lado?...

Lamentablemente para ambos, necesitaban coger aire, y Edward empezó a bajar la intensidad del beso; cuándo sus labios se despegaron de los de ella, se deleitó con el espectáculo que tenía frente a él... le encantaba ver la expresión tímida y adorable de Bella cada vez que la besaba.

-Bella...- la volvió a llamar con suavidad de nuevo -por supuesto que no voy a dejarte- musitó en voz baja, desviando su vista de la de ella. El ceño fruncido de su pequeña llegó a sus ojos -es sólo que lo ocurrido en las últimas me ha dado mucho que pensar... me siento mal conmigo mismo, y la reacción que tuve- le explicó.

-Edward... -exclamó, abrazándole de nuevo -¿por qué no hablaste conmigo antes?- le reclamó, acurrucándose contra su pecho.

-No quería preocuparte- le contestó -quería que disfrutaras estos días en casa, con las chicas y las pequeñas- su pequeña levantó la cabeza, negando y de nuevo con el ceño fruncido.

-Pero aun así deberías haberlo hablado conmigo- le volvió a repetir -estaba muy preocupada por ti, y verte así me recordó cuándo vine a vivir aquí; siempre tan encerrado en tus pensamientos- le explicó ella -sólo quiero que sepas que me puedes contar lo que te pasa, siempre -recalcó la última palabra.

-Eres maravillosa, ¿lo sabes, no?- ella negó de nuevo con la cabeza, sonrojándose de nuevo.

-Eres mi novio- le recordó, con una de las sonrisas que el joven amaba -y lo que te preocupa a ti, me preocupa a mi-. Edward simplemente la abrazó... era tan diferente a Jessica; ahora no podía entender que es lo que le había llevado a enamorarse tan perdidademente de esa niña mimada y caprichosa; Bella era la generosidad y dulzura en persona, siempre anteponiendo a todos ante ella misma...

-Perdóname cariño- le rogó, tomando sus manos y entrelazando sus dedos -confío en ti... lo que pasa es que no quería preocuparte- se volvió a disculpar -pero jamás pienses que quiero dejarte, porque eso no es así-.

Bella escuchó atentamente lo que Edward le decía, y no pudo hacer otra cosa que soltar un suspiro de alivio; durante todos esos días había visto la preocupación rondar los ojos de su novio, y por fin se lo había contado. El joven notó que su pequeña se relajaba, y junto su frente a la de ella, en un íntimo gesto.

-Sabes que no podría vivir sin ti- dijo en voz muy baja.

-A mi me pasa lo mismo- reconoció ella -pero Edward... somos una pareja, y debemos compartir nuestros problemas y preocupaciones- paró, meditando cuidadosamente sus palabras -sólo quiero que confíes en mi-.

-Ya lo sé mi amor, y lo siento mucho- respondió éste, entendiendo cómo se sentía su pequeña, y en lo mal que lo habría pasado estos últimos días.

Volvió a estrechar a su pequeña entre sus brazos, permaneciendo así a lo largo de todo el paseo; por primera vez en todos esos días hablaron de lo ocurrido con tranquilidad; Bella le confesó a su novio que estaba nerviosa por volver a la facultad; en el fondo tenía miedo a que la promesa de Henry quedara en saco roto.

-Pero por otro lado, me fastidia que por un imbécil no pueda estar tranquila en clase- refunfuñó enfadada.

-Yo te llevaré y te recogeré- afirmó muy rotundamente su novio -no pienso dejar que se te vuelva a acercar- siseó con voz afilada. Bella rodó los ojos, no muy conforme.

-No es necesario; y te recuerdo que dentro de tres semanas tienes que irte de viaje- le recordó.

-Pero te acompañaré cuándo esté allí... y si yo no estoy, quiero que te pegues a Leah y los chicos cómo una lapa- la vena sobreprotectora Cullen estaba saliendo en todo su esplendor.

-Está bien- dijo, dándose por vencida -pero sólo las primeras semanas; sino hay problemas dejarás que vaya yo por mi propio pie a las clases- trató de negociar, de manera divertida. El joven rió encantado, acercándola más a su cuerpo.

-Deberías venir conmigo de viaje de negocios- refutó con diversión en su voz -se te da bien negociar y regatear- ella se carcajeó -no tenía constancia de esa habilidad tuya- se burló éste, con cariño.

-Quizá haya cosas de mi que todavía no sabes, vaquero- murmuró de manera que a Edward se le antojo cómo una invitación íntima y sensual.

-Entonces estaré encantado de descubrirlas- susurró contra su oreja, dejando un suave beso debajo de ella; sintió que el cuerpo de Bella se estremecía con esa caricia.

-Tramposo- le acusó ella, con una simpática mueca; el joven rió encantado, dejando un pequeño beso en los labios de su pequeña y continuando con el paseo.

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Los días de esa semana pasaron demasiado rápido, y el domingo se acercaba de manera alarmante en el calendario. Edward y Bella regresaba el domingo a San Antonio; ella debía retomar sus clases, para encarar la última etapa antes de los exámenes finales de primer año.

El esguince de su muñeca prácticamente había sanado; ya no necesitaba el cabestrillo, y pudo volver a tomar las riendas de la cocina familiar. Por lo que el viernes anterior a su partida, decidieron inaugurar oficialmente la casa de la familia Black con una cena para toda la familia. Los padres de Nessie habían viajado desde Tucson para conocer a sus nietas, de modo que no podían desaprovechar la ocasión.

-La cena estaba deliciosa, Bella- la felicitó la madre de Nessie.

-Cierto- aprobó Carlisle -cada día te superas más-.

-No es para tanto- le quitó importancia Bella, un poco sonrojada por tanto halago y recogiendo los platos, con la ayuda de Esme y sus cuñadas -además, antes de que yo viniera a vivir aquí estos glotones se alimentaban- dijo con una risa, señalando a Jake, Emmet y Jasper.

-¿Glotones?- repitió Jake, alzando una ceja -el trabajo en el rancho requiere muchas energías-.

-Seguro- rodó los ojos su padre.

Stanley Rale contenía la carcajada, al ver la cara de resignación de su consuegro; ellos dos se dirigieron al salón, para seguir con la charla que ambos se traían entre manos.

Esme y Nessie se afanaban en meter los platos al lavavajillas, aprovechando que las pequeñas aún no se habían despertado para su toma. Owen dormía plácidamente en uno de los dormitorios desde antes de la cena, de modo que disfrutaron de una cena tranquila.

-Podríamos salir a tomar algo al bar de Félix- sugirió Emmet a sus hermanos, que fueron los únicos que se quedaron en la mesa.

-Apoyo la moción; hace mucho que no salimos todos juntos- añadió Edward. Jake puso una pequeña mueca de fastidio.

-Os recordamos que Nessie y yo tenemos dos recién nacidas, así que no podemos-.

-Pero nosotros seis sí podemos- apuntó Jasper, mirando a sus hermanos -podéis dejar que Owen duerma en casa de papá- sugirió a Emmet. Justo en ese momento las chicas entraban por la puerta.

-¿De qué habláis?- interrogó Bella, sentándose al lado de su novio.

-De qué podríamos salir a tomar algo- le reveló éste.

-¡Qué buena idea!- exclamó Rose -podemos dejar a Owen con Carlisle y Esme-.

-Eso mismo he dicho yo- afirmó Jasper, pagado de si mismo.

-Pero nosotros no podemos- protestó Jake, cual niño pequeño, ante la mirada de paciencia de Nessie.

-Cuándo las peques crezcan un poco, podremos hacerlo- le dijo ésta -pero deja que ellos vayan; Edward y Bella se van pasado mañana-.

-Cierto, y no podremos venir en casi un mes- añadió Edward.

-No le hagáis caso- les tranquilizó Nessie con un gesto -además, en cuánto una de sus hijas haga el mínimo movimiento ya estará pegado a la cuna- el resto se carcajeó, divertido por las palabras de la joven... en verdad la imagen niñera de Jake resultaba muy cómica -id y beberos una copa a nuestra salud-.

-Eso dalo por hecho- se frotó las manos Emmet.

-Podríamos ir al Mistic River, a bailar un poco- sugirió Rose, cómo si nada.

-¡Siiiiiii!- chilló Alice, dando unos graciosos saltitos en el regazo de su novio.

-Ahhh no, de ninguna manera- dijo Emmet -¿acaso no os acordáis de la despedida de soltera de la señora Black?- interrogó a su mujer.

-Bella seguro que no recuerda nada- exclamó Jake, dando una sonora carcajada -todavía puedo verla colgándose de su cuello- señaló a Edward -y llamándole Eddie-.

-Para una vez que me emborracho- murmuró la aludida entre dientes, ante la mirada divertida de Edward.

-Si no hubierais aparecido por allí no habríais dado el espectáculo- masculló Rose, cruzándose de brazos.

-Por enésima vez, Rosie- suspiró Emmet con cansancio, agarrándose con los dedos el puente de la nariz -no os estábamos siguiendo- Carlisle, Esme y los padres de Nessie eran testigos mudos del divertido intercambio de opiniones.

-Veo que aunque hayan pasado más de seis meses, el asunto colea- murmuró divertida Esme.

-Cómo niños- protestaba Carlisle, con cara de resignación -cómo niños...-.

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Dos horas después, y con la polémica medio zanjada, Emmet, Jasper y Edward Cullen y sus respectivas parejas estaban tranquilamente acomodados en torno a una mesa en el bar de Félix.

-Está lleno- dijo Bella, mirando a su alrededor.

-Estamos mejor aquí sentados que de pie en el Mistic River- dijo Emmet mordaz, mirando a su esposa, que le dedico una mirada desdeñosa.

-Vamos chicos, no os enfadéis- intentó apaciguar los ánimos Edward.

-Relájemonos y disfrutemos- apoyó Jasper las palabras de su hermano. Los ánimos se apaciguaron, y estaban en medio de una divertida charla hasta que dos chicas se acercaron a la mesa, saludando a Alice.

-¡Kayla, Lisa!- exclamó la joven morena, poniéndose de pie y dándoles dos besos -¿qué hacéis aquí?-.

-Hemos venido a tomar algo, pero ya nos íbamos- le informó una de ellas, bajita y con el pelo corto y castaño. Alice se giró hacia la mesa.

-Ellas son Kayla y Lisa; trabajan con Nessie y conmigo en la comisión- le explicó a su familia -ellos son mis cuñados y él- señaló a su pareja -es Jasper Cullen, mi novio- presentó de manera general.

-De modo que también sois los cuñados de Ness- dijo una de ellas -¿cómo están ella y las pequeñas?-.

-Están preciosas- contestó Bella.

-Y nos cuesta horrores distinguirlas- añadió Emmet, lo que arrancó las risas generales. Charlaron con ellos unos momentos, y después Alice fue con ellas hasta la puerta.

Siguió hablando con ellas unos minutos, hasta que se despidió de ellas. Se dio la vuelta para volver a entrar, pero una desagradable voz hizo que detuviera sus pasos.

-Vaya, vaya...- se giró, topándose de bruces con James y Garret Denali.

-Pero si es una de las integrantes de la amorosa familia Cullen- exclamó James, abriendo la boca en un gesto exagerado y sorprendido.

-Qué desagradable sorpresa- masculló Alice, cruzándose de brazos -llevabais tiempo sin dar la lata-.

-¿Nos habéis echado de menos?- dijo Garret, llevándose una mano al corazón -en el fondo los Cullen no pueden vivir sin nosotros-.

-Pues espero que sigáis así, y nos dejéis en paz- les medio amenazó, dándose la vuelta, pero de nuevo la voz de James Denali la detuvo.

-Qué mal educada... ¿no saludas a nuestro amigo?- el corazón de la joven pareció detenerse -creo que ya os conocéis-.

Alice Brandon sintió que su respiración se colapsaba por momentos; y la piel se le puso de gallina al escuchar la voz que tanto dolor le había costado borrar. Intentando que el aire desatascara sus pulmones, se giró lentamente.

Estaba mucho más delgado que la última vez que lo vio; pero sus ojos marrones seguían destilando ese orgullo y posesividad, tan característicos de él. Por mucho que recordara, no podía recordar absolutamente nada del Peter que la enamoró.

Pero ya estaban divorciados... y ya no era esa chica tímida y retraída en la que se convirtió una vez empezó ese calvario de matrimonio... ya no eran nada, y había una sentencia en firme que lo demostraba.

-Sois unos miserables- les dijo a los Denali, mirándolos con rabia y dolor.

-Hola Alice- el tono de voz de su ex marido seguía siendo altanero -¿no te alegras de verme?-.

-¡Vete al infierno!- gritó, dando un paso hacia atrás cuándo Peter hizo amago de acercarse a ella.

-A mi no me levantes la voz- amenazó éste -¿pensabas que ibas a irte de rositas, después de haberme amargado la vida?-.

-¿Amargarte la vida?- repitió incrédula -¿sigues sin reconocer el daño que me hiciste, verdad?- le reclamó, con los ojos llenos de lágrimas. Los hermanos Denali se habían metido hacia el bar, dejándolos solos.

-Te dije que no importara dónde te escondieras- le recordó Peter -y me paso la sentencia de divorcio por donde quiera; hiciste un juramento y eres mi mujer-.

-¡Vete a la mierda!- chilló Alice, pero en un movimiento fluido su ex marido la tomó del brazo, impidiéndola alejarse.

Tembló cuándo sintió las manazas de ese indeseable tocarla, y se encogió de miedo al ver de nuevo esa mirada amenazadora y violenta.

-Te estás saltando la orden de alejamiento- dijo ella entre sollozos -Peter por favor... suéltame- le imploró.

-¿Qué pasa?, ¿no está por aquí ese rancherito tuyo para defenderte?- se burló de ella con crueldad -no vales tanto, querida-.

De nuevo hiriéndola y humillándola... todo el cuerpo de Alice Brandon temblaba de miedo. Había algunos curiosos que miraban con cara sorprendida a la pareja... pero nadie hacia algo para detener al hombre, que seguía lanzando improperios contra la que un día fue su esposa.

-Todas las mujeres sois iguales... si vuestros padres os hubieran enseñado que al esposo se le respeta y obedece, otro gallo hubiera cantado- la joven ya no tenía fuerzas para decir nada, pero sintió que la mano que sujetaba su brazo se soltaba de su cuerpo, y eran reemplazadas por las manos de Rose y Bella. Sin pensarlo se abalanzó a los brazos de sus cuñadas, llorando histérica, mientras que los chicos apartaban a Jasper, que tenía agarrado a Peter por la solapas de su chaqueta.

-¿Cómo te atreves a volver a poner tus asquerosas manos encima de mi novia?- dijo el joven Cullen, con una voz más afilada que un cuchillo.

-Ella es mi mujer- le enfrentó éste, intentando zafarse de su agarre.

-Ella ya no es nada tuyo- le recordó Jasper -bastante ha sufrido después de todo lo que tú le has hecho- Peter sonrió de manera cínica, antes de contestar.

-¿Ella es buena en la cama, verdad?- la mandíbula del ranchero se apretó -todavía puedo sentir sus manos recorriendo mi espalda, gimiendo cómo una gatita en celo... hum...- cerró los ojos, deleitándose con su recuerdo -¿contigo también lo hace?-.

Jasper no pudo controlarse... ¿cómo se atrevía este maltratador a hablar así de su novia?... después de todo el daño y sufrimiento que la había causado...

En un gesto rápido cómo la velocidad de la luz se zafó del agarré de sus hermanos, y su puño se estrelló de manera fulminante contra la nariz de Peter, que no pudo reaccionar debido a la sorpresa, cayó hacia atrás, quedando sentado en el suelo.

-¡Jasper, no!- le previno Edward, intentado sujetarle... pero sabía que era una batalla perdida; él mismo le habría reventado a Henry la nariz a puñetazos hace pocos días. Por suerte, Rosalie había llamado a la policía, y debían estar al caer.

-Me has roto la nariz, maldito cabrón- masculló Peter desde el suelo; el joven rubio se agachó a su lado, con el puño de nuevo en posición de ataque... pero se contuvo en el último segundo, pero eso no impidió dejarle una advertencia.

-No se te ocurra volver a tocarla, mirarla... -dijo lentamente -la policía está a punto de llegar- Peter le miró, no creyendo sus palabras -¿de veras crees que no sabemos que te has saltado la orden de alejamiento?- una sonrisa cruel adornó sus labios -si vuelves a respirar el mismo aire que ella, te aseguro que no lo contarás-.

-Hazle caso- se burló Emmet -es que el que peor genio tiene de todos nosotros-.

-Más te vale que te olvides de Alice Brandon- le repitió de nuevo Japser.

Justo en ese momento, el sonido del coche patrulla resonó. Mucha gente se había congregado alrededor de la pelea. Edward y Emmet se encargaron de sujetar a Peter mientras los agentes salían del coche y se acercaban a ellos.

Alice se soltó de los brazos de Bella, para echar a correr hacia su novio, que la refugió en torno a su cuerpo, mientras ella no podía parar de llorar.

-Shiiisssttttt- la consolaba Jasper -ya pasó mi amor... no volverá a acercarse a ti- con la menuda señorita Brandon entre sus brazos, vio cómo Peter le dirigía una mirada amenzante mientras lo esposaban y metían en el coche, rumbo a comisaría.

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Casi dos horas después, una agotada Alice terminaba de formalizar la correspondiente denuncia en la comisaría local de Hunstville. Con la chaqueta de Jasper sobre sus hombros, firmaba lo que esperaba fuera, la carta de libertad para vivir feliz y tranquila. Con un suspiro de alivio le tendió el último papel al comisario, un hombre de mediana edad, cordial y cercano con la gente. Uuna vez los revisó, se dirigió a la pareja que tenía enfrente.

-¿Seguro que ésto es suficiente para procesarlo?- interrogó Jasper.

-Absolutamente seguro- le volvió a asegurar el comisario Hawkes -es la segunda vez que quebranta la orden de alejamiento; de ésta no saldrá tan fácil- Jasper pasó uno de sus brazos por los hombros de su novia, que todavía impresionada y asustada por todo lo acontecido, temblaba cómo una hoja.

-Espero que de verdad todo haya terminado- susurró, cansada y agotada. Se apoyó en el hombro de Jasper, cerrando los ojos, y pudo sentir un suave y tierno beso en su frente.

-No tiene que preocuparse de nada, señorita Brandon- repitió de nuevo Hawkes -va a estar encerrado una buena temporada, le aseguro que su abogado no tiene nada que hacer, ha quebrantado la orden del juez-. Después de unos minutos, la joven pareja se dirigía a la salida, fuertemente abrazada.

-No puedo creer que esta pesadilla haya terminado- susurró con voz todavía trémula.

-No volverá a hacerte daño Alice- le aseguró Jasper -te aseguro que le hubiera matado- masculló rabioso.

-Él estaba con esos impresentables de los Denali- le relató ella.

-Emmet estaba en la barra cuándo ellos se acercaron, pero ni se miraron- le empezó a contar -pero al ver que no volvías, Rose se levantó a buscarte; te vio con él y vino corriendo a avisarnos-.

-Me pregunto dónde se habrán metido...- meditó la joven en voz alta.

-Según le ha contado Félix a Edward, en cuánto han oído las sirenas de los coches de policía han salido corriendo- rodó los ojos su novio -pero ya me encargaré de darles su merecido- dijo con los dientes apretados.

-No, por favor- le imploró la joven -Peter ya está detenido... y no quiero que te metas en más problemas por mi culpa- el joven suspiró, parándose un momento y poniéndose frente a ella.

-Creo que defender y cuidar a la persona que más quieres implica a veces meterse en problemas- le contestó -nadie te va a hacer daño otra vez-.

Alice asintió con un leve gesto de cabeza; sintió que los brazos de su novio la rodeaban con cariño, y un suave beso en sus labios.

-Vamos a casa- le dijo éste en voz baja; con una pequeña sonrisa en su cara, a modo de asentimiento salieron en busca del resto de la familia, que les esperaba fuera de la comisaría.

Por primera vez en mucho tiempo, Alice Brandon durmió tranquila, sin ese temor que la azotaba cada dos por tres... Peter al fin pagaría por todos los años de dolor que le había causado; volvería a pasear por la calle sin tener que andar mirando de reojo, podría disfrutar de la vida... una vida que había empezado hace unos meses con el joven que dormía a su lado.