Mostrando entradas con la etiqueta Cowboy de mi corazon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cowboy de mi corazon. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de agosto de 2013

Cowboy de Mi Corazón.

          
                             
                                                     Epílogo

Tres años después...

-Por el poder que me confiere el estado de Texas, yo os declaro marido y mujer; puede besar a la novia- la voz del celebrante rompió la atmósfera de silencio y expectación que había en los jardines del rancho Killarney, que se había convertido en el improvisado escenario de las bodas familiares.

La multitud estalló en aplausos cuándo los flamantes novios se besaron de manera discreta, pero dulce. Por fin, después de tantos años, Esme Platt pasaba a ser la señora de Carlisle Cullen.

Situados en la primera fila, Jake y Nessie sonreían e intentaban aplaudir, ya que cada uno de ellos tenía a Claire y Valerie en brazos; las pequeñas ya contaban tres años de edad, y eran la delicia de sus padres... y de toda la familia; con su pelo moreno y los ojos color avellana de Nessie... e igual de revoltosas que Owen, que con cuatro años era la viva imagen de Emmet, pero con los rizos rubios de Rose, que aplaudía feliz, a la vez que su marido se llevaba los dedos a la boca, silbando ruidosamente.

-¡Así se hace, papá!- le jaleó Jasper, elevando el puño hacia arriba en un gesto de victoria; Alice, su esposa desde hace un año, reía encantada.

-Les ha costado- exclamó divertido Edward, mirando a su pequeña estrellita, que sonreía emocionada.

-Ya lo creo- le dio la razón; el joven la acercó a su cuerpo, apoyándola en su pecho y dejando un pequeño beso en su frente. La joven no había podido evitar que sus ojos se aguaran en la ceremonia... quería a Esme y a Carlisle cómo si fueran sus propios padres, y estaba muy feliz por ellos.

Una vez terminó la ceremonia, los novios fueron acaparados por multitud de invitados, deseosos de felicitar al nuevo matrimonio... pero el primer abrazo lo recibieron de sus hijos y nietos, que ese día ejercieron de anfitriones. Los jardines del rancho estaban a rebosar, allí no cabía un alfiler. Carlisle Cullen conocía a muchísima gente dentro y fuera de Hunstville, y todos ellos habían querido apoyar a su amigo. Los padres de Rose, Alice y Nessie; Jenks y su familia...y por supuesto todos los peones del rancho... todos estaban allí en un día que Jake había calificado de histórico.

-¿Cómo sienta eso de ser una mujer casada?- interrogó Bella a la novia; ésta, elegantemente vestida con un discreto traje de falda y chaqueta en tonos beige, le sonrió con complicidad.

-No está mal- musitó pensativa, pero con un gesto divertido en su cara.

-Bienvenida al club de las señoras Cullen- la felicitó Rose, riendo. La buena mujer abrazó de nuevo a las que consideraba sus hijas... no había estado tan nerviosa en la vida, pero todo había valido la pena. En otro grupo, Carlisle y sus hijos conversaban de manera animada con varios de los invitados. Una sonrisa pletórica estaba instalada en el rostro del patriarca, que recibía una y mil felicitaciones, con graciosas coletillas cómo ya era hora, y cosas así.

La comida transcurrió en un ambiente distendido; los hermanos, junto con Leah y Randall, estaban acomodados en una mesa, charlando y riendo sin parar. Hacía un año que tanto ella cómo Bella habían terminado la carrera, y Leah y su marido no duraron un sólo segundo en mudarse a Hunstville cuándo ella, junto a su castaña amiga, habían sido contratadas para el Jardín de Infancia que se inauguró en la localidad hacía apenas dos años. Carlisle Cullen ayudó a Randall a establecer aquí su negocio de construcción, por lo que Bella estaba feliz de tener aquí a una de sus mejores amigas; incluso el marido de Leah hizo buenas migas con el resto de los hermanos... y eran considerados parte de la familia.

-Hace dos días hablé con Cindy- le contó ésta a Bella.

-¿Cómo les va?- le preguntó -yo la semana pasada recibí un correo de Annie- el resto de sus compañeros seguían viviendo en San Antonio, pero mantenían contacto permanente con ellos.

-Bien- le explicó -no me contaron gran cosa- se explicó.

-¿No iban a venir a pasar unos días, antes de que acaben las vacaciones?- preguntó Edward, rodeando los hombros de su esposa con un brazo. Era el primer sábado de septiembre, y dentro de pocos días Bella y Leah comenzarían un nuevo curso escolar.

-Eso le dije yo a Annie; pero estaba pendiente de las fechas de un curso que quiere hacer, y todavía no sabía- se explicó su pequeña.

-Yo creo que Zack y Cindy si van a venir- meditó Leah en voz alta... pero justo en ese momento la multitud se calló... Emmet se había puesto de pie, dirigiéndose hacia dónde estaba la orquesta y tomando el micrófono.

-¿Crees que es buena idea que él haya preparado el discurso?- susurró Alice a su marido, en voz baja.

-¿Prefieres un discurso de Jake?- le contestó el rubio ranchero con otra pregunta, mientras arqueaba una ceja.

-Te aseguro que yo, no- rodó los ojos Nessie, ante la cara de reproche de su marido.

-Ehhhh...- exclamó el aludido, visiblemente ofendido -¿qué tienen de malo mis discursos?-.

-¿Qué hay menores presentes, y que no necesitan oír cómo haces mención a la noche de bodas?- objetó Edward, cómo si fuera obvio, provocando las risas sofocadas del resto de la mesa.

-Estaba preparado- contraatacó, pagado de si mismo -no iba a permitir que mis princesitas oyeran esas cosas; por eso había traído tres pares de tapones para los oídos-.

-Gran idea, cariño- siseó Nessie, suspirando con paciencia, y volviendo su vista hacia el escenario, dónde el segundo de los hermanos cuadraba los hombros para tomar la palabra.

Esme sonreía, al igual que Carlisle, cuándo Emmet llamó la atención de la gente... pero éste rezaba para sus adentros; conociendo a sus hijos, se esperaba cualquier cosa.

-Queridos amigos, familia... - empezó a relatar, con voz pausada -hoy es un día grande para el rancho Killarney... el jefe ha pillado cacho- la cara de Esme se tornó de un rojo intenso, a la vez que los ojos de su padre se abrían de manera desmesurada. Jazz y Edward tosieron para disimular la carcajada, mientars que los ojos de Rosalie Cullen lanzaban dagas a su marido.

-¿Decíais algo acerca de mis discursos?- preguntó Jake, mirando al resto de sus hermanos con una sonrisa socarrona.

-Nah... era un broma- el recién estrenado matrimonio dejó escapar el aire, respirando aliviados -es un día muy feliz para nosotros; todos sabéis que para mi padre no existió otra mujer que nuestra madre -en su cara se dibujó una pequeña sonrisa, al igual que en las de todos los miembros de la familia -pero también era hora de que recuperara la ilusión... y la persona más indicada para ello estaba a su lado desde hace mucho tiempo; una mujer a la que toda la familia adoramos- todos posaron sus ojos en Esme, que azorada bajaba la cabeza; su ya marido tomó una de sus manos, dejando un suave beso en el dorso y entrelazando los dedos.

-De momento se está portando- aprobó Randall, ya completamente familiarizado con el carácter bromista de los hermanos Cullen.

-Veremos- musitó Bella, pasando los dedos por el brazo de su marido, para después volver su atención hacia el escenario.

-No sabéis lo contentos que estamos por ellos- continuó Emmet de manera solemne -quién nos lo iba a decir... el anuncio de su boda fue toda una sorpresa- canturreó con diversión, y esbozando una sonrisa maléfica, gesto que compartió la mesa de sus hermanos en pleno.

-Por favor... no- siseó su padre en voz baja.

-Dime que no va a contar eso, Carlisle- le imploró Esme, mirándole con aprensión.

La mente de Carlisle Cullen viajó unos meses atrás en el tiempo... a un día de febrero, que tardaría mucho, mucho tiempo en olvidar...

Era un sábado cómo otro cualquiera; los hermanos habían cumplido con sus obligaciones en el rancho, y cómo era costumbre en ese día de la semana, comían todos juntos en la casa principal. Las pequeñas Claire y Valerie, al igual que Owen, ya habían comido y estaban sumidos en su siesta; Bella y las chicas ayudaban a Esme mientras esperaban a los chicos... y Carlisle llevaba toda la mañana encerrado en su despacho.

Aunque cada hermano ya tenía su propio hogar, les gustaba reunirse en torno a la mesa de la casa principal; entre semana, las chicas tenían su propio horario de trabajo, y los pequeños ya iban a la escuela primaria, de modo que no todos los días coincidía la familia entera. Las costumbres se mantenían, y Bella seguía siendo la cocinera principal de la familia, para alborozo de sus cuñados y el fastidio de su marido... aunque según ella, estaba más que encantada de hacerlo.

La joven daba los últimos retoques al aliño de la ensalada, y el asado de ternera esperaba pacientemente en el horno a que llegaran los chicos. Rose y Alice preparaban los platos y cubiertos; justo en ese momento Nessie entró en la cocina.

-¿Ya habéis terminado por ahí arriba?- interrogó Bella a su pelirroja cuñada.

-Ya está todo, y los pequeños duermen profundamente- le confirmó; se quedó callada, sopesando sus palabras -chicas- las llamó; sus cuñadas se giraron, mirándola -¿no notáis a Esme muy rara estos días?-.

-Ahora que lo mencionas...- dijo Rose, pasados unos minutos -un poco, sí-.

-Está cómo inquieta, y nerviosa- añadió Bella.

-Pues Carlisle está igual o peor que ella- habló Alice, bajando la voz -puede que se hayan peleado-.

-Es posible- pero a Nessie no le convencía mucho ese razonamiento; iba a añadir algo... pero oyeron voces en el exterior de la puerta de la cocina... los chicos habían llegado. Decidieron dejar el tema, y se apresuraron en terminar de poner la mesa.

-Hola familia- saludó Jake de manera general; sus hermanos pasaron detrás suyo. Después de saludar a su esposa con un beso y de preguntar por sus niñas, sus pasos le llevaron directamente al horno.

-¿Qué tenemos de menú?- interrogó a la vez que se frotaba las manos, mirando a través del cristal de la pequeña puerta.

-Asado de ternera- le sacó Alice de dudas, después de recibir a su esposo con un beso.

-Y ni se te ocurra meter las manos en mi comida- añadió Bella, cruzándose de brazos; Edward sonreía divertido, rodeándole la cintura.

-No he hecho nada, que me registren- protestó de manera graciosa, levantando ambas manos. Bella rodó los ojos, para por fin, saludar a Edward.

-Hola vaquero- susurró sobre sus labios, para después dejar un tierno beso en ellos.

-Hola cariño, ¿cómo ha ido la mañana?- se interesó, rodeando su pequeña cintura con sus manos.

-Bien... metida en la cocina y ayudando a Esme- le explicó con una pequeña sonrisa. El joven la escuchaba embelesado... en los más de dos años que llevaban casados, habían pasado por momentos buenos y no tan buenos; se sentía afortunado de tener a su mujer a su lado, apoyándole cómo siempre lo había hecho. Las inseguridades estaban muertas y enterradas, y cuándo discutían, cómo todos los matrimonios, eran por otro tipo de cuestiones; y de alguna manera u otra, siempre lo terminaban arreglando. Y si había algo de lo que arrepintiese, era de no haberse casado antes con ella; Bella era su otra mitad -¿y tú?- le interrogó ella.

-Hemos terminado de cambiar la maquinaria de la nave de engorde- le contó; llevaban con eso casi dos semanas, y por fin habían concluido -ahora sólo quiero descansar; en cuánto lleguemos a casa no pienso moverme del sofá-.

-Contaba con ello- le guiñó un ojo -he ido al video club, y he alquilado cuatro pelis, para hoy y para mañana; ¿te hace en plan?- le sondeó, guiñando un ojo.

-Siempre que tu vayas incluida, seguro- sonrió de manera torcida, dejando un corto beso en sus labios -tú también debes descansar; trabajas de lunes a viernes y los fines de semana aquí y en nuestra casa-.

-Bueno... meditó la joven -tú también me ayudas en casa...- le recordó su pequeña. Su pequeño debate se vio interrumpido por el carraspeo de Jasper.

-¿Podríais dejar vuestros asuntos de limpieza para otro momento?- sugirió -el asado va a salir corriendo del horno, a este paso- Bella rodó los ojos, y su esposo iba a replicar, pero justo en ese momento aparecieron Esme y Carlisle por la puerta de la cocina.

-Hola hijos- les saludó de manera general, con voz cansada -¿comemos?- todos se miraron extrañados; su padre parecía nervioso, y Esme no hacía más que retorcerse las manos, gesto que denotaba intranquilidad por su parte.

Sus hijos y nueras decidieron dejarlo pasar, y se sentaron en torno a la mesa, dispuestos a comer. Su padre apenas abrió la boca más que para hacerles preguntas concernientes al trabajo; Esme apenas levantó la vista de su plato. Cuándo terminaron y tomaron el café, su padre se puso de pie, carraspeando.

-Me gustaría que hablásemos todos en el salón- Jake iba a abrir la boca, pero la mirada que le dirigió su padre hizo que desechara la idea. Sin decir una sola palabra más, Carlisle se adelantó, dirigiéndose a su despacho un momento mientras el resto tomaba posesión de los sofás.

-¿Qué les pasa?- exclamó Edward, cuándo Esme también se disculpó un momento, saliendo en dirección a la cocina. Su pequeña se encogió de hombros, sin entender nada tampoco.

-A saber qué mosca les ha picado- rodó los ojos su hermano Emmet, ganándose un codazo por parte de su mujer, avisándole de que entraban por la puerta. Una vez tomaron asiento, el patriarca Cullen resopló de manera audible, infundiéndose ánimos así mismo.

-¿Pasa algo malo, papá?- le preguntó Jasper, ya preocupado.

-¿Nuestros amados vecinos han vuelto a las andadas?- demandó Jake; desde el desagradable encontronazo con el ex marido de Alice, los Denali habían mantenido las distancias... y Nessie rezaba por que las cosas siguieran tal cómo estaban.

-No es eso... veréis hijos... ésto es muy complicado para mi- comenzó su discurso, mesándose el cabello con una mano -sabéis que para mi vuestra madre ha sido la mujer más importante de mi vida... pero desde hace algún tiempo... no estoy sólo- los ojos de los presentes se abrieron, debido a la sorpresa... ¿por fin iban a confesar?.

-Papá, no creo qu...- empezó a decir Jasper.

-No me interrumpas- Bella estaba sorprendida; su suegro era un hombre de palabra fácil... nunca le había visto tan serio y nervioso, tratando de buscar las palabras oportunas -cómo os iba diciendo... eso ha cambiado desde hace algún tiempo... puede que os pille de sorpresa; pero hace unos días le pedí a la mujer más maravillosa del mundo que se casara conmigo- se puso de pie, tomando la mano de Esme y levantándose ambos -sé que puedes pareceros precipitado, pero no voy a engañaros- los oídos de sus hijos y de sus nueras no daban crédito a lo que estaban escuchado, y sus caras eran de asombro total -ésto no es un capricho, hace mucho tiempo que mantenemos una relación en secreto... y quiero darle el lugar que se merece en esta casa- concluyó, mirando a su pareja con una pequeña sonrisa.

-Sé que ésto os ha pillado de sorpresa- habló la buena mujer, con voz temblorosa -pero os puedo asegurar que amo a vuestro padre, con todo mi corazón... al igual que a vosotros os considero mis chicos; por eso tanto vuestro padre cómo yo necesitamos vuestra bendición- concluyó, esbozando una sonrisa nerviosa.

Los hermanos y sus esposas estaban mudos y petrificados...pero después de unos segundos, los ocho rompieron en estruendosas carcajadas, dejando a su padre y a Esme con el ceño fruncido, mirándoles extrañados.

-Nos pilla de sorpresa, dice...- reía Jake, que se sujetaba la tripa mientras reía.

-Precipitado- musitaba Edward, limpiándose las lágrimas; a su lado, su pequeña escondía la cara en su pecho, riendo sin parar, al igual que Nessie y Alice, que no paraban de retorcerse.

-Parecían dos adolescentes confesando...- el comentario de Jasper de nuevo elevó el tono de las risas.

-¿Qué demonios...?- masculló Carlisle, mosqueado.

-Por favor...pero si el tema era de dominio público- les explicó Rosalie, sonriendo sin parar; al escuchar ese comentario Esme sintió que la sangre abandonaba su rostro; Carlisle no daba crédito a lo que oía.

-Yo os pillé abrazados en el avión, el día que vine a vivir a Killarney- se explicó Bella cómo pudo, haciendo un esfuerzo por sofocar las carcajadas.

-Por amor de dios, papá- le dijo Emmet -¿en serio pensabais que no estábamos al tanto?- les interrogó, intentando parecer serio. Las caras de póquer de Carlisle y Esme respondieron por si solas, y la sala volvió a estallar en incontrolables risas.

-Traidores- siseó Carlisle entre dientes, rodando los ojos. Cuándo los ánimos se calmaron, Jake se levantó, tomando la palabra en nombre de todos sus hermanos.

-Ya estabais tardando- les regañó a ambos, cómo si fueran niños pequeños -papá; no tienes que pedirnos permiso para nada... y menos si es para convertir a Esme en la nueva señora Cullen-.

-Sabes lo mucho que te queremos... y no sé a dónde habríamos ido a parar si tú no hubieras estado en esta casa- añadió Emmet. Los ojos de la buena mujer se aguaron, debido a esas palabras.

-Owen y las peques te llaman abuelita; y sabes que lo eres, a todos los efectos- le guiñó un ojo Rosalie.

-Gracias a ti, papá no se ha sentido solo- exclamó Edward, sonriéndole con cariño, lo mismo que Bella.

-Eres cómo una más de nuestra pandilla- le recordó Alice, a lo que Nessie afirmó, moviendo enérgicamente la cabeza.

-Y para mi, sois cómo mis padres- siguió Bella.

-Así que si lo que queréis es nuestra bendición... la tenéis desde hace más de diez años- terminó Jasper el pequeño discurso.

-Ohhh chicos- sollozó Esme; los cuatro hermanos se dirigieron hacia la sorprendida pareja, al igual que sus mujeres, para abrazarlos y felicitarlos por tan estupenda noticia.

-Muchas gracias hijos... pero ésta me la vais a pagar- les advirtió, apuntándoles con el dedo índice.

-¿Por?- inquirió Edward, de manera inocente.

-Por todo el cachondeo que habrá habido a nuestra costa todos estos años- explicó cómo si fuera obvio.

-¿Te refieres a cuándo os espiábamos... o cuándo os pillábamos en pleno beso de película?- la habitación de nuevo rompió en risas, incluida Esme, ante la cara de mosqueo de Carlisle, dándose paciencia para sus adentros...

-Pero cómo ya le dejamos claro ese día- el discurso de su hijo le sacó de su trance -no podía haber elegido a una mujer mejor... si ellos son felices, nosotros también lo somos- la sonrisa aliviada volvió al rostro de la pareja protagonista del día -así que por eso brindamos- la multitud alzó sus copas, al igual que el improvisado orador -por los señores Cullen, salud-.

-¡Salud!- coreó la gente, chocando las copas.

-Y por cierto... también quiero aprovechar la ocasión para felicitarlos por el nuevo nieto que viene en camino- terminó de decir, con una sonrisa inmensa. Los ojos de su padre de nuevo se volvieron a abrir de manera desmesurada, a la vez que en la mesa de sus hermanos los gritos se hacían notables.

-¡Rose!- chilló Alice, levantándose para felicitar a su cuñada. Bella, Nessie y Leah hicieron lo mismo, mientras que sus maridos aplaudían a su hermano Emmet.

-¿Por qué no nos lo dijiste antes?- le reclamó su suegro, que junto con Esme se había acercado a la mesa.

-Emmet quería daros la sorpresa, se encogió de hombros Rosalie; su marido ya se había acercado a la mesa, y era abrazado por sus hermanos. Los padres de Rosalie abrazaban felices a su hija, ya que tampoco sabían nada del asunto.

-Hijo, qué alegría- murmuró Carlisle, palmeándole el hombro y visiblemente emocionado.

-Otro pequeño correteando- exclamó Esme, encantada con la noticia.

-¿Para cuándo?- preguntó Jazz.

-Últimos de marzo- respondió Rose -estoy de dos meses y medio-.

-Bonita fecha- le dijo Edward, también encantado por la noticia... hoy en verdad era un día feliz.

0o0o0o0o0o0

Después de esos momentos de alegría y celebración, y de que todo el mundo deseara los mejores deseos a los futuros padres, el baile dio comienzo. Todo el mundo se mezcló en la pista, hasta que Edward tomó de la mano a su mujer, alejándose del gentío y escondiéndose ambos en un rincón del jardín, lejos de miradas indiscretas.

-Lo necesitaba- susurró ella, quitándose por unos minutos los zapatos negros de tacón.

-¿Estás cansada, cariño?- ella afirmó con la cabeza, abrazándose a él y apoyando su cara en su pecho.

-Es una maravillosa noticia, otro bebé...- exclamó feliz.

-Cierto... - aprobó el joven pensativo -¿seguimos con lo planeado... o dejamos que Rose y Emmet disfruten de su momento?- su pequeña levantó la cabeza, separándose un poco de su cuerpo.

-No creo que aguanten otra bomba informativa por hoy... ¿qué tal si lo dejamos para mañana?- su marido sonrió cómplice, rodeando su cintura con un brazo y pegándola de nuevo a su cuerpo.

-Creo que será lo mejor- le dio la razón, antes de besar sus labios con ternura y apoyar sus manos entrelazadas en el vientre de la joven...lugar dónde los próximos siete meses, crecería su mayor tesoro.

lunes, 22 de julio de 2013

Cowboy de Mi Corazón.




             Capítulo 40:                       Nuestra vida empieza aquí

Los labios del recién matrimonio Cullen tardaron varios minutos en separarse, aún con los gritos y aplausos de la gente... hasta que el joven notó que su pequeña necesitaba tomar un poco de aire. Poco a poco, pese a que no le apetecía en absoluto, tuvo que deshacer el beso, hasta que sus frentes de nuevo quedaron pegadas, mirándose ambos con una sonrisa segundos antes de que Edwardy ella se giraran, para quedar frente a los invitados.

Cómo un resorte la joven castaña avanzó unos pasos, para recibir el emocionado abrazo de sus cuñadas y de Esme.

-¡Bella, Bella, Bella!- botaba Nessie mientras se abrazaban.

-No puedo creerlo...- murmuraba, todavía aturdida a cuenta de lo que acababa de ocurrir hacía escasos minutos. Cuándo su cuñada por fin la soltó, los brazos de Esme la rodearon en un maternal abrazo.

-Ha sido una boda preciosa- le susurraba la buena mujer.

-Ya lo creo- contestó ella, con una sonrisa de felicidad en su cara; justo en el momento en el que Esme se retiraba de su lado, para felicitar a su marido, Rose y Alice se plantaron frente a ella, con una sonrisa maliciosa en el rostro.

-Traidoras- las acusó divertida Bella, antes de echarse también en sus brazos.

-No te enfades, Bells- le suplicó Rosalie -no podíamos cargarnos la sorpresita-.

-Sorpresita...- repitió la joven, pensativa -¿qué haréis cuándo sea un sorpresón?- bromeó, riendo ya mucho más relajada.

-No nos pongas a prueba- le advirtió Alice entre risas. Justo en ese momento se acercaron los chicos.

-Ven aquí, cuñada- la llamó Emmet, antes de levantarla del suelo y abrazarla, acción que repitieron Jake y Jasper.

-Muchas gracias, chicos- les agradeció emocionada, una vez la soltaron.

-No podíamos perder a nuestra cocinera favorita- exclamó el hermano mayor, lo que hizo que la aludida rodara los ojos.

-Cómo no, Jayky- contestó, con una sonrisa malvada, haciendo reír al pequeño grupo. Justo en ese momento, Carlisle y Edward se acercaron a ellos.

-Enhorabuena hija- le felicitó el patriarca, también abrazándola -espero que seáis muy felices- les deseó.

-Gracias- susurró ella, de nuevo emocionada -gracias a todos- les agradeció de corazón. En ese momento Edward rodeó su cintura con su brazo, pegándola a su pecho y dejando un pequeño beso en su sien.

-Pero... ¿cómo habéis montado todo ésto?- les preguntó, todavía alucinada.

La familia sonrió cómplice, debido a la pregunta de la joven, que los miraba de hito en hito, esperando una respuesta. Finalmente, fue su propio marido el que habló.

-Nos repartimos la tarea- le explicó con una sonrisa -puede que no haya sido la boda que tú desearas, per...- Bella le interrumpió.

-Ha sido perfecto- le contradijo, mirándole con cariño -absolutamente todo-.

-Esme y yo nos encargamos de la decoración- empezó a relatar Nessie -Jasper y Emmet han montado el lugar de la ceremonia y la enorme mesa para la cena-.

-Alice y yo nos entretuvimos con el vestido y demás complementos- siguió relatando Rosalie, tomando la palabra a su pelirroja cuñada. La todavía sorprendida novia frunció ligeramente el ceño.

-¿Y cómo habéis hecho que el vestido me quede exacto?, ¿cómo habéis acertado con la talla exacta?- interrogó con una ceja alzada. Edward sonrió de manera disimulada, al igual que Alice y Rose, que tomó de nuevo la palabra.

-Bueno... tuvimos algo de ayuda con eso- Bella la miró sin entender, hasta que observó cómo Leah y el resto se acercaban a ellos. En milésimas de segundo su mente ató cabos.

-¿Así que para ésto... pasé la tarde del sábado pasado?- le preguntó a su amiga, cuándo llegó a su altura -la supuesta boda a la que estabas invitada, y yo probándome vestidos de fiesta para que tú tuvieras una mejor perspectiva...- meditó en voz alta -¡lo sabíais todo!- les reprochó de manera graciosa.

-No podíamos decir nada- se excusó inocentemente Annie, con Cindy a su lado riendo divertida.

-Por supuesto que lo sabíamos; Edward nos llamó para ponernos al corriente... y tenía que informar a Alice y Rose, para su cometido- se carcajeó su morena amiga, para adelantarse un paso y abrazarla -enhorabuena Bells-.

-Gracias chicos- les agradeció Edward, después de unos minutos de más abrazos y felicitaciones.

-De modo que éstos- señaló Zack con la mano al resto de los Cullen- son tus famosos hermanos-.

-Los mismos- admitió Edward -y él es mi padre Carlisle, el auténtico jefe del Killarney- el hombre sonrió con simpatía, acercándose a ellos.

-Un rancho precioso- admiró Randall, estrechándole la mano, lo mismo que hizo Zack.

-Muchas gracias por invitarnos- agradeció Annie.

-Nada de eso- corrigió Carlisle -los amigos de Bella son siempre bienvenidos; espero lo paséis bien, consideraos en vuestra casa - les deseó, ganándose una sonrisa por parte del pequeño grupo.

Carlisle y Esme se reunieron con los padres de Rose y el resto de invitados, pero los jóvenes permanecieron reunidos unos minutos más, en los cuales Bella fue descubriendo cómo habían urdido el plan.

-Vaya...- exclamaba una y otra vez, realmente sorprendida -¿y tú?- se giró, posando la vista en su recién estrenado esposo -¿qué te tocó hacer?-.

-Sólo me dejaron elegir las alianzas y el anillo- le contó, con una pequeña sonrisa -¿te gustan?- sondeó -sino se pueden cambiar-.

-Ni hablar- respondió de manera automática -son preciosas, me encantan- murmuró en voz baja, dejando un pequeño beso en sus labios. Puso sentir el leve suspiro de alivio que salió de los labios del joven, provocándole unas deliciosas cosquillas... su marido... todavía no se hacía a la idea.

-Yo también he cooperado- refutó Jake, pagado de sí mismo, mientras mecía a una de sus hijas, que se había despertado en medio de tanto alboroto.

-Hum... déjame pensar- contestó Bella, mientras ponía una graciosa mueca pensativa -tú te has ocupado de la cena- adivinó, provocando las risas sofocadas del resto.

-Ehhhh... no es gracioso- exclamó -es mi regalo de bodas; no iba a hacerte cocinar en tu propia boda-.

-A dios gracias- rodó los ojos Edward.

-He probado más de cinco caterings distintos- le explicó, con una sonrisa satisfecha.

-Y tú encantado, seguro- le devolvió la jugada Bella, entre risas -muchas gracias Jake- le dijo de manera sincera, una vez que pasó el divertido momento.

Los hermanos, acompañados de los compañeros de universidad se dirigieron hacia la carpa dónde se serviría la cena; después de que los peones del rancho y el resto de invitados felicitara a los novios, y de posar para algunas fotos, por fin la pareja pasó unos minutos a solas. Sin decir una palabra, se abrazó al joven, escondiendo su cara en su cuello.

-¿Estás más tranquila?- le susurró su marido, pasando sus manos por su espalda.

-Un poco- murmuró con voz temblorosa; se estaba volviendo a emocionar, y tuvo que tomar varias respiraciones antes de poder hablar de nuevo -Edward,nunca habría esperado ésto, y...- éste le interrumpió.

-No se me ocurría otra forma de pedirte perdón- le confesó, haciendo que le mirara a los ojos -pero quiero que tengas clara una cosa; y es que soy muy feliz-.

-Lo sé- sonrió su mujer con cariño; nunca podría olvidar el brillo en sus ojos verdes durante la ceremonia -todo ha valido la pena; y no puedo expresar lo feliz que soy; cuándo ayer hablábamos por teléfono, mi mente sólo estaba pensando en una cosa... que llegara el domingo; te he echado mucho de menos- sollozó suavemente.

-Yo también pequeña- contestó mientras la envolvía de nuevo con sus brazos -te prometo que me ganaré tu perdón día a día... no merecías sufrir así-.

-No tengo nada que perdonarte, Edward- le corrigió -es un nuevo comienzo para nosotros, y sé que a partir de ahora, intentaremos llevar mejor las cosas-.

-Nuestra vida empieza aquí... señora Cullen- Bella sonrió al escuchar su recién estrenado apellido -soy un hombre con suerte, me he casado con la mujer más increíble y bonita del mundo- el sonrojo regresó a las mejillas de su mujer, y Edward no pudo reprimir las ganas de volver a besarla, esta vez de manera más apasionada, aprovechando ese pequeño momento de intimidad.

Las bocas de ambos bailaban en perfecta sincronía, y la joven se estremeció al sentir las caricias que las manos de Edward dejaban por su espalda y sus costados; lo mismo le pasó a éste, disfrutado de los dedos de Bella enredarse en su pelo, agarrándolo con suavidad. El asunto se estaba caldeando por momentos, y fue el propio Edward el que, de nuevo, tuvo que romper el beso.

-No sabes las ganas que tengo de continuar con ésto... pero si no damos señales de vida alguien vendrá a buscarnos- el joven rió encantado ante el puchero lastimoso que puso su mujer -después- susurró en su oído, dejando un pequeño beso tras él... la piel de la joven castaña se erizó, pensando en lo que vendría... pero su corazón pegó un bote al oír de repente una voz.

-¡Eddie, Bells...!- oyeron que gritaba Jake -no os adelantéis, la noche de bodas es más tarde... ahora venid, que los comensales esperan-.

La joven vio de reojo cómo su esposo rodaba los ojos, y sofocando la risa, tomó su mano para volver a los jardines, dónde los invitados esperaban.

0o0o0o0o0o0

La cena estuvo deliciosa, y después de varios brindis, y de un discurso por parte del padrino, aludiendo que Bella, sin duda alguna, ostentaría el récord como la chica que menos tiempo había estado prometida, los novios abrieron el baile, al que poco a poco fue uniéndose el resto de la gente.

Bella disfrutó cómo nunca, y después de bailar con Carlisle, todos sus cuñados y parte de los peones del rancho y otros invitados, por fin pudo volver a dónde quería estar, a los brazos de su flamante marido.

-¿Te diviertes?- le preguntó el joven, dejando un pequeño beso en su frente y rodeando su cintura.

-Mucho- admitió con una sonrisa -pero creo que alguien no lo pasará tan bien mañana- objetó divertida, viendo la marcha que llevaban sus cuñados en la pista, al igual que sus amigos de San Antonio y la mayoría de los peones.

-Ya los conoces- se encogió éste de hombros, haciendo alusión a sus hermanos; justo en ese momento los padres de Rosalie y Jenks y su esposa se acercaron a ellos, puesto que ya se retiraban. Unos minutos después, Carlisle y Esme también se acercaron hasta ellos.

-¿Qué hacéis que no estáis bailando?- les interrogó su padre.

-Nos despedíamos de Jenks y de Vicent- le explicó éste -y creo que nosotros también nos vamos a retirar- murmuró, mirando a su esposa con una sonrisa.

-Tenéis la maleta en el coche- les recordó Esme -si queréis aprovechar que todo el mundo está bailando...-.

-Será lo mejor- aprobó Edward, rodeando los hombros de Bella -lo prefiero antes de que Jake y compañía la armen- exclamó con resignación. Se despidieron de ellos con un abrazo, y agarrando fuertemente la mano de su esposa, se encaminaron con paso apresurado a los garajes. Carlisle y Esme permanecieron en la entrada principal de la casa hasta que vieron el volvo deslizarse prácticamente en silencio hasta la verja de entrada, para tomar la carretera hacia en centro de Hunstville.

-Todo ha salido bien- respiró el hombre con tranquilidad, mirando a su secreta pareja con una sonrisa.

-Cierto- contestó la mujer -serán muy felices, ya lo verás-.

-Yo también lo creo- le dio la razón -otro que abandona el nido- suspiró.

-Y Jasper no creo que tarde mucho en hacerlo- añadió Esme de manera cómplice, acercándose a él y pasando las manos por su espalda. Carlisle agachó un poco su cabeza, para besar suavemente sus labios, antes de volver a la parte trasera del jardín, con el resto de invitados.

0o0o0o0o0o0

Apenas media hora más tarde, los recién casados llegaban a uno de los hoteles más lujosos de Hunstville, dónde Edward había reservado una de las suites para pasar la noche. Al traspasar el umbral, con ella en brazos, la boca de la joven se abrió de la impresión, al echar un vistazo rápido a la enorme habitación.

Una pequeña sala de estar precedía al dormitorio, presidida por una enorme cama de matrimonio; todo ello estaba elegantemente decorado con muebles de diseño muy costosos.

-¿Te gusta?- interrogó el joven a su pequeña, todavía con ella en sus brazos.

-Es preciosa... y enorme- susurró, todavía alucinada, escaneando con sus ojos cada rincón. Edward la posó con delicadeza en el suelo, para cerrar y comprobar que habían subido la maleta.

Todavía enfundada en su traje de novia, paseó por la enorme suite, hasta que llegó a la terraza; era casi tan grande cómo el dormitorio, incluso tenía mesa y sillas para poder desayunar ahí por la mañana. Acercándose a la barandilla de piedra, apoyó sus brazos, echando un vistazo al paisaje que se veía desde allí. Junio ya era un mes muy caluroso en Texas, y la noche también lo estaba siendo. Al estar en uno de los pisos más altos, había una perspectiva inmensa de Hunstville, en la que las luces que iluminaban los edificios contrastaban con la oscuridad.

Se quedó absorta contemplando el paisaje, y su vista se elevó, mirando el cielo, cuajado de pequeñas y relucientes estrellas... cómo aquel lugar que tan buenos recuerdos le traían, y todos ellos relacionados con su Edward.

No sintió a su marido acercase a ella, y se sobresaltó cuándo sus brazos la rodearon por detrás; pero inmediatamente se relajó ante su toque, apoyándose en su pecho. Se había quitado la chaqueta y la corbata, y también había remangado las mangas de su camisa hasta los codos.

-¿En qué piensas?- oyó que le preguntaba Edward.

-Nada importante- se encogió de hombros -ahora que toda ha terminado, mi mente ha regresado a la tierra- se explicó de manera graciosa -estaba acordándome de los exámenes que me quedan- rodó los ojos.

-Sólo son dos semanas más, cariño; y después de eso podrás relajarte y disfrutar- la consoló, dejando un suave beso en el tope de su cabeza.

-Pero por eso mismo; no podremos irnos de viaje de novios- exclamó la joven, un poco frustrada. Su marido arqueó las cejas, dándole la vuelta entre sus brazos para que lo mirase.

-¿Quién ha dicho que no tendremos viaje de novios?- le reclamó, sonriendo con malicia -por supuesto que lo tendremos; en cuánto termines el último examen nos iremos... así que la luna de miel simplemente está aplazada- le explicó.

-¿Y a dónde iremos?- le preguntó, ilusionada.

-Cómo tenemos dos semanas para reservarlo, puedes pensarlo con calma... e iremos dónde tú quieras- le prometió.

-Hum... eso suena tentador- susurró ella en voz baja, acercando sus labios a los de él, y dejando un suave beso -tendré que pensarlo- meditó, dejando otro beso en la boca del joven -pero ahora sólo quiero pensar en una cosa- Edward captó de inmediato el mensaje, así que en un rápido movimiento volvió a tomar a su esposa en brazos, y sin dejar de succionar de manera suave su labio inferior, la condujo hasta el dormitorio, posándola con delicadeza en la cama.

Las manos de la joven se anclaron en la parte de atrás de la cabeza de Edward, agarrando con sus puños mechones de cabello cobrizo y acercándole a su cuerpo.

-Bella...- murmuraba Edward su nombre una y otra vez, cubriendo su rostro y su cuello con tiernos besos; el corazón de su esposa aceleraba su ritmo de manera alarmante, pero el no dejaba de repartir caricias con sus labios.

-Bésame por favor- le rogó la joven, empujando su cabeza de nuevo hacia su boca; sin ninguna contemplación, sus lenguas invadieron la boca del otro, en una lucha ardiente. El joven ranchero no se dio cuenta del momento en el que su mujer había desabrochado su camisa, y ahogó el gemido que las manos de Bella provocaron al acariciar su pecho.

-Dios... sabes que es peligroso hacerme eso, ¿verdad?- susurró contra su clavícula, para después depositar pequeños besos por todo el nacimiento de sus senos... pero la joven hizo caso omiso, y sus manos bajaron de manera tortuosa por el torso de Edward, llegando a sus caderas, que arañó de forma cuidadosa con las uñas.

Un siseo de placer escapó de la garganta del joven; poniéndose de pie, ante la mirada atónita de su esposa, se deshizo de su camisa; pero en vez de tumbarse de nuevo a su lado, tomó una de las pequeñas manos de Bella, haciendo que también se pusiera de pie.

-¿Qué...- la pregunta quedó inconclusa, ya que mientras que los labios del joven volvían a su cuello, sus manos se entretuvieron con los diminutos botones de su vestido de novia.

-Aunque estás preciosa con él puesto... no sabes las ganas que tenía de quitártelo de una santa vez- le dijo, dejando un suave beso en el lóbulo de su oreja derecha. Unos minutos después, que al joven se le hicieron interminables, el vestido cayó a los pies de la joven, revelando la existencia de un sexy conjunto de ropa interior de encaje blanco; el sujetador sin tirantes hacía que su escote se viera realzado... pero lo que en verdad le volvió loco fue el culotte de encaje y las medias, perfectamente sujetas con unas ligas.

-Preciosa...- susurró -y toda mía...- añadió a la vez que la volvía a atraer a sus brazos y besándola con pasión.

-Sólo tuya- le respondió su pequeña entre besos, aferrándose a él con todas sus fuerzas y devolviéndole el beso con el mismo ímpetu.

Bella no sabía el momento exacto en el que ambos volvieron a tumbarse en la cama, completamente desnudos; se besaban cómo si su vida dependiera de ello, y sus manos parecían haber tomado vida propia, recorriendo a sus anchas sus cuerpos. Edward abandonó los suaves y pequeños labios de su esposa, para recorrer con ellos su cuello, su clavícula... parando un buen rato en sus pechos, lamiéndolos con delicadeza, e incluso tironeando de ellos con los dientes.

-Edward...- gemía y jadeaba la joven, con los dedos enredados en su pelo, apretándole contra sus senos. Escalofríos de placer recorrían cada nervio de su cuerpo, concentrándose todas en su bajo vientre... demasiados días sin amarse, sin ser una sola persona, y esa necesidad crecía con cada caricia que Edward le regalaba. Su marido dejó sus pechos, para volver a escalar de forma lenta y deliciosa por su cuerpo, con una meta, de nuevo sus labios.

Sintió en su estómago la también creciente necesidad del joven, y en un natural movimiento abrazó con sus piernas la cintura de éste. La deliciosa fricción de sus cuerpos desnudos cada vez era más insoportable... y de su boca brotó un gemido de placer al sentir su intimidad ser dulcemente invadida.

-Ahhhhh... Edward- jadeó, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, dejando expuesto su cuello para ser besado.

-Mía... mi mujer- murmuró el joven contra su cuello de cisne, besándolo con delicadeza.

-Edward...- gimió de nuevo, pasando las manos por su espalda y haciendo que las envestidas fueran cada vez más contundentes.

-Tan caliente, tan estrecha...- gemía el joven, moviéndose dentro y fuera de ella, volviéndose loco a cada embestida -y toda mía...-.

-Sólo tuya- consiguió responder la joven, arañando su espalda, intentado soportar todo ese placer que empezaba a acumularse en su bajo vientre.

-Cariño... dios... -jadeaba el joven, invadiendo el delicado centro de su pequeña. Sintió su pequeño cuerpo arquearse, y supo que estaba muy cerca de terminar. Las embestidas pasaron a ser fuertes y frenéticas.

De nuevo Bella sintió esa espiral de sensaciones concentrase en su bajo vientre, y los labios de su marido acallaron el intenso jadeo que salió de su garganta al llegar a un poderoso orgasmo que recorrió su cuerpo de la cabeza a los pies; su cuerpo todavía temblaba cuándo abrió los ojos y se topó con el rostro de Edward, con la mandíbula fuertemente apretada y los ojos cerrados, llegando también al final.

Minutos después, la pareja intentaba tomar aire; sus cuerpos perlados de sudor todavía buscaban un resquicio de contacto entre ellos; la cabeza de Bella reposaba en el cuello de Edward, escondiendo allí su cara. El joven agarraba firmemente su cintura y acariciaba la mano que su esposa tenía apoyada en su pecho, jugando con los anillos. No necesitaban palabras para comunicarse, estaban cómodos en ese íntimo silencio.

Poco a poco, la respiración de su mujer se hizo pausada y tranquila. Edward observó unos minutos la preciosa expresión de su pequeña, que había caído agotada en un reparador sueño. Besó suavemente su frente, su nariz y su mejilla, disfrutando de la tersura y calidez de su piel.

-Buenas noches, cariño- le deseó casi para sus adentros, acomodándose de nuevo en la almohada y cerrando también los ojos.

0o0o0o0o0o0

A la mañana siguiente, Bella se revolvió de manera tranquila, pero algo le impedía moverse con libertad. Abrió lentamente sus ojos, y al despejar su vista se encontró de lleno con unos mares esmeralda, que la miraban con dulzura. Se dio cuenta de que estaba acurrucada junto al cuerpo de su marido, con la cabeza apoyada en su hombro. Los brazos de Edward la acunaban cómo si fuera un bebé, y estaba muy cómoda dentro de ellos.

-Buenos días cariño- le susurró éste, muy bajito.

-Hola- contestó ella, quitando un mechón rebelde de pelo cobrizo que caía por su frente -¿has descansado? -su esposo sonrió mientras afirmaba con una sonrisa.

-¿Y tú?-.

-Hacía mucho que no dormía tan bien- admitió Bella -me quedaría aquí todo el día... pero sé que tenemos que volver a San Antonio- protestó con voz de pena.

-Si quieres podemos volver mañana- le ofreció, pero la joven desechó el ofrecimiento.

-Tengo que retomar los exámenes, y prefiero estar allí- le explicó -¿pasaremos antes por casa, a despedirnos?- le interrogó.

-Ese es el plan; así dejamos los trajes, comemos con la familia y de paso nos despedimos de todos- le contó -no volveremos a Hunstville en unas cuantas semanas, hasta que regresemos de nuestra luna de miel-.

-Qué ganas de que llegue- exclamó, ilusionada -además, ya sé dónde me gustaría ir- Edward la miró, dejando que se explicara -me gustaría conocer Irlanda- su novio la miró sorprendido.

-¿En verdad quieres ir allí?-.

-¿Recuerdas mi primera navidad en el rancho?; esa en la que te regalé el libro con las fotos antiguas- el joven asintió -pues lo he ojeado en más de una ocasión; los paisajes son preciosos... y sé que a ti te gustaría conocer tus orígenes-.

-¿Estás segura?- le preguntó de nuevo el joven; su pequeña afirmó con la cabeza de manera enérgica -entonces Irlanda será nuestro destino- sonrió -gracias cariño-.

-No tienes que dármelas por nada- contestó su pequeña, pasando un dedo por sus labios.

Edward cerró los ojos, disfrutando de ese pequeño roce, que le producía un leve cosquilleo. Besó con delicadeza la yema de sus dedos, para segundos después besar con suavidad sus labios... los labios de su mujer... su pequeña estrellita.

-Te amo- le dijo, estrechándola entre sus brazos, más todavía.

-Yo también a ti... cowboy- respondió Bella, deseosa de empezar otra etapa de su vida en comùn, con ellos de permanentes protagonistas.

FIN 

0o0o0o0o0o0 0o0o0o0o0o0 0o0o0o0o0o0 

Bueno, llego el FIN??
que pena la demora; lo siento, el trabajo me tiene agonizando!! 
Las quiero mucho, gracias, mil gracias por la paciencia!!

lunes, 8 de julio de 2013

Cowboy de mi Corazón.



                       Capítulo 39:                  Promesa eterna

Los nervios se instalaron de manera permanente en el estómago de Edward Cullen durante la semana que duraron los preparativos de la sorpresa. Un cúmulo de sensaciones campaban a lo largo y ancho de todo su cuerpo, que iban desde la expectación, pasando por la ilusión y llegaban hasta la tristeza y desolación, en el caso de que todo saliera mal; no hacía más que rezar para sus adentros, esperando que no fuera demasiado tarde.

Quedaban solamente unas horas, y entonces pondría en marcha el plan. Ya acostado en la cama, después de otra jornada de trabajo y de preparativos, giró levemente su cabeza, encontrándose con el hueco vacío; llevaba dos semanas en Hunstville, y cuándo su pequeña le preguntaba si ya volvía a San Antonio, un dolor se instalaba de nuevo en su interior, culpándose porque, aunque ella lo escondiera, sabía que estaba triste; le había tenido que poner un sin fin de excusas, alegando el inmenso trabajo que tenía en el rancho. Solamente esperaba que todo el esfuerzo valiera la pena, para ambos.

Cómo si en verdad la hubiera invocado, su móvil vibró, desplazándose por la superficie de la mesilla; sonrió con ternura al ver el nombre que tanto amaba.

-¿Qué haces despierta a estas horas?- contestó al momento; su pequeña, al otro lado de la línea, se relajó al escuchar, por fin, su voz.

-No podía dormir- le confesó -espero no haberte despertado- se medio disculpó, ya que pasaba de la medianoche.

-No me has despertado- le aclaró, incorporándose y quedando apoyado en el cabecero de la cama -y aunque lo hubieses hecho, no hubiera pasado nada- Bella no pudo evitar sonreír.

-¿Qué has hecho hoy?- le interrogó, curiosa.

-Papeleo- le contó Edward, cosa que en parte, era verdad; la señora Cope, la eterna secretaria del rancho Killarney, se había jubilado hacía apenas un mes, y todavía no encontraban sustituto o sustituta -¿y tú?-.

-Estudiar- dijo con un suspiro cansado -pero ya ha llegado un momento en el que no veía las palabras, de lo cansada que estaba- le confesó; el joven rió suavemente, imaginando la mueca de frustración de su pequeña.

-Debes descansar más, cariño- le dijo -por lo menos, hasta el próximo viernes estás libre, ¿me equivoco?- preguntó, con una sonrisa, ya que conocía perfectamente la respuesta; se sabía su horario de exámenes de arriba a abajo.

-Cierto- le sacó de dudas la joven, sin sospechar nada -hasta la siguiente semana no tengo el próximo examen- durante varios minutos ese fue el tema de conversación. El primer examen lo había suspendido, por lo que esa asignatura le quedaba pendiente para septiembre; pero gracias a dios, los tres que había hecho después de ese estaban aprobados.

-¿Cómo están todos?- preguntó Bella, cambiando de tema.

-Bien- se encogió de hombros -te mandan muchos besos-.

-Tengo muchas ganas de verlos- suspiró; si su pequeña tan sólo supiera que mañana los iba a ver... pensó para sus adentros y sonriendo.

-Pronto cariño, pronto- la intentó reconfortar -¿y a mi, tienes ganas de verme?- le preguntó de manera desinteresada... pero por dentro los nervios le corroían.

-Más que a ninguno- la respuesta de Bella le hizo sonreír -te echo mucho de menos... y además tenemos que hablar- susurró ella.

-Yo también a ti cariño... más de lo que te puedas imaginar- le confesó el joven -y te aseguro que hablaremos en cuánto regrese- le prometió otra vez, cómo había hecho todas las noches desde que había llegado al rancho.

-No puedo esperar a que llegue el domingo- exclamó ella. El joven sonrió cómplice... a veces le daban ganas de confesarle que sería antes, pero no podía descubrir la sorpresa; así que de nuevo soltó otra mentira piadosa.

-Yo tampoco puedo esperar a que sea domingo, mi amor- contestó.

Unos minutos después, la pareja se despedía. Bella cayó rendida en un profundo y sosegado sueño, presa del cansancio de los últimos días... pero a dos horas de San Antonio, un joven de pelo cobrizo era incapaz de conciliar el sueño, muerto de los nervios... mañana era el día.

0o0o0o0o0o0

Y por fin el sábado, día uno de junio, había llegado. Era una bonita fecha, y tanto la familia Cullen cómo Edward esperaban que fuera inolvidable. La actividad fue constante desde primera hora de la mañana... todos en la familia estaban ocupados, excepto cierto joven, que en un intento por aplacar los nervios, y mandado por sus hiperactivas cuñadas, había ido a dar un paseo, terminando apoyado en la valla de uno de los pastos, observando a los animales, los únicos ajenos a todo lo que se cocía en Killarney.

No podía esperar a tener frente a él a su pequeña estrellita, se moría por tenerla por fin, frente a sus ojos, y estrecharla entre sus brazos... el simple hecho de imaginarse que podría no volver a verla hacía que un escalofrío aterrador recorriera su cuerpo.

-¿Nervioso?- por poco pega un bote, ya que no había escuchado los pasos de su padre, que se había acercado hasta su posición, con el pequeño Owen en brazos.

-Mucho- admitió, con una sonrisa nerviosa -¿te han proclamado niñero del día?- bromeó.

-Eso parece; hay mucho follón ahí dentro, y he pensado que un paseo le sentaría bien- le aclaró; justo en ese momento, el pequeño abrió los brazos en dirección al joven.

-Tío Ward- le llamó; éste no dudó en arrebatárselo a su padre, para acomodarlo dentro de sus brazos.

-¿Qué pasa, colega?- le arrulló graciosamente. Carlisle observaba atento la escena, sonriendo complacido.

-Se te dan bien los niños- objetó su padre.

-Se hace lo que se puede- confesó entre risas; en un futuro no muy lejano esperaba que pudiera abrazar a un pequeño o pequeña de pelo castaño y ojos chocolate.

-¿Has hablado con Bella hoy?- siguió interrogando.

-Ayer por la noche- le contó -parece que está un poco mejor de ánimos- musitó para si mismo. Carlisle Cullen asintió con una sonrisa; permaneció callado unos minutos, rumiando cómo sacarle el tema sin que su hijo se pusiera más histérico de lo que ya estaba.

-Hijo, me siento obligado a hacerte esta pregunta -Edward asintió, mirando a su padre, esperando a que continuara -¿estás tú también seguro de todo ésto...?- dejó la pregunta inconclusa, pero el joven entendió a la perfección.

-He cometido muchos errores, papá; le he hecho mucho daño a la persona que más quiero en el mundo- empezó a relatar- después de todo lo que ha pasado, lo único que quiero es pasar página, empezar de nuevo... y pasar lo me quede de vida a su lado; no hago ésto sólo por ella... lo hago por los dos- terminó de responder, con una firmeza y un aplomo que sorprendió a Carlisle.

-Todos nos equivocamos, hijo- le intentó reconfortar, acercándose a él y palmeándole el hombro -no lo hiciste con mala intención, Edward; simplemente pensaste que era lo mejor-.

-No puedo perderla, papá- susurró, tragando saliva de manera pesada... ¿y si no salía bien?; su pequeña tenía todo el derecho a mandarle a paseo, después de todo lo ocurrido. El patriarca suspiró, deseando poder decirle con rotundidad que todo iba a salir bien... pero tenía que ser sincero con su hijo.

-No te voy a engañar, Edward; es una posibilidad que está ahí- habló éste con franqueza -pero cómo tu bien dijiste cuándo me pusiste al tanto... es un riesgo que asumiste en el momento que decidiste hacer ésto; pero debes confiar en que todo va a salir bien, ya lo verás- le animó de nuevo.

El joven, todavía con su sobrino en brazos, asintió imperceptiblemente con la cabeza... no sabía cómo iba a enfrentar que Bella se negara, no quería pensar en ello. Pero la suerte estaba echada, y lo único que le quedaba era que las horas pasaran lo más rápido que fuera posible. La protesta de su pequeño sobrino, revolviéndose inquieto, le sacó de sus cavilaciones.

-Creo que este muchachito tiene hambre- exclamó con una sonrisa.

-Cierto- aprobó su padre -vamos, ya es más de mediodía- ambos emprendieron el camino de regreso a la casa principal -Edward- le llamó, parando ambos su caminar -seguro que mamá está orgullosa de ti- los ojos del joven, iguales a los de su madre, se aguaron a la mención de la mujer que dio su vida para que él llegara a este mundo. A su memoria vino esa conversación que sostuvo con su pequeña, antes de que se convirtiera en su novia, en la cual ella le animó a preguntar a su padre y hermanos mayores por ella... y eso fue lo que hizo desde entonces, para poder tener algunos recuerdos de ella.

-Eso espero- murmuró en voz baja.

Su padre simplemente sonrió, y dándole un apretón cariñoso en el hombro, retomaron el camino hacia la casa. Los nervios le subieron hasta la garganta al ver que Alice y Rosalie se montaban en el coche. La joven morena levantó el pulgar, para después sonreírle... ahora sí que empezaba la sorpresa.

0o0o0o0o0o0

Bella intentaba concentrarse, pero cada vez que empezaba a leer un párrafo de los apuntes, en su mente se colaba otra imagen completamente diferente; Edward.

Hacía casi dos semanas que su novio, después de la fuerte discusión que ambos mantuvieron, se había marchado al rancho. Le había dicho, por activa y por pasiva, que no había razón para ello, pero finalmente también se auto convenció de que era lo mejor; y aunque lo anhelara con el corazón y el alma, a veces para pensar y reflexionar había que tomar un poco de distancia, por mucho que ésta doliera.

Apenas hablaban una vez por la noches, y en esas cortas y simples conversaciones ambos evitaban el tema a toda costa, escudándose en que querían hablarlo de frente; desde hacía unos días notaba a su novio muy raro, era una mezcla extraña de expectación y nervios. Pero cada vez que le preguntaba qué le pasaba, siempre terminaba diciéndole que no se preocupara, que todo estaba bien y que hablarían cuándo él regresara.

Pero el corazón de la joven no estaba para nada tranquilo; la actitud de su novio la tenía en vilo, no entendía que se estaba cociendo en la cabeza de su ranchero. Más de dos semanas habían pasado desde aquello; la pelea había sido demasiado para su estado de ánimo, y sin duda las hirientes palabras que se dedicaron mutuamente habían hecho mella en lo más profundo de su corazón.

Los gritos, los reproches... los miedos y las inseguridades de su novio ya llegaban a un punto que se antojaba insostenible... dios... ¿tan herido estaba todavía, aunque todo eso formara parte de su pasado?... no podía creer que pensara que lo iba abandonar... llevaba meses demostrándole que podía confiar en ella y en sus sentimientos, que siempre estaría a su lado. Pero cuándo su novio por fin se sinceró y sacó todo lo que llevaba dentro, comprendió su postura, y sus motivos.

No se dio cuenta de que una lágrima había escapado de sus ojos, ya permanente hinchados y con ojeras; demasiadas noches ya de desvelos, dando vueltas a su mente, rebuscando la solución, luchando por Edward y por ella misma, echándole de menos... luchando por ellos dos, y por ese amor que seguía latente cómo el primer día... pero ya las fuerzas y la convicción de que todo se iba a arreglar flaqueaban cada día que pasaba, de manera alarmante; pero no podía rendirse, no se iba a dar por vencida... sólo esperaba que llegara el día de mañana, para poder verle, echarse en sus brazos y decirle todo lo que su corazón guardaba.

Incapaz de concentrarse, cerró la carpeta con un sonoro suspiro; posó la vista en el reloj de la pared, y vio con asombro que ya eran las dos del mediodía. Su estómago rugió furioso; llevaba varios días sin comer bien, y ya el hambre pasaba factura. No tenía ánimos de hacer ningún plato elaborado, ni siquiera de poner la sartén en el fuego, de modo que se decidió por unos simples sandwiches de jamón y queso, con un buen vaso de leche. Justo cuándo estaba acomodando la bandeja encima de sus piernas, el timbre de la casa empezó a sonar de manera compulsiva. Extrañada, ya que no esperaba visita alguna, tuvo que volver a ponerse de pie, pasando primero por la mesa para dejar la bandeja. Pensó en Leah, en Cindy o Annie... pero la habrían avisado antes de ir.

Tuvo que apresurarse, ya que el timbre no cesaba de sonar; ni siquiera se paró a mirar por la mirilla, cómo era su costumbre. Cuándo abrió la puerta, dos pares de brazos la rodearon, abrazándola con efusividad.

-¡Bella!- chilló Alice, reventándole prácticamente el tímpano del oído derecho. Los brazos de Rosalie también la rodeaban.

-Per... pero...- la joven obviamente les devolvió el abrazo, pero estaba tan atónita que las palabras no querían salir de su garganta.

-¿No te alegras de ver a tus cuñadas?- la picó Rose, en tono bromista.

-Claro que me alegro- contestó, una vez la liberaron del abrazo -menuda sorpresa- exclamó; hacía mas de un mes que no las veía, y las echaba de menos... el teléfono no era suficiente -¿qué hacéis aquí?, ¿ha pasado algo en el rancho?, ¿Edward está bien?- preguntó frenética.

-Tranquila; todos están bien en Hunstville- le aclaró Alice -simplemente hemos venido a pasar el fin de semana contigo- iba a abrir la boca, pero Rose se adelantó.

-Tienes que estudiar, lo sabemos; Edward nos lo ha recordado- rodó los ojos -pero nos apetecía verte, y los chicos están demasiado ocupados... y sabemos que hasta dentro de una semana no tienes el próximo examen- añadió, a modo aclaratorio -así que no tienes escapatoria; puedes tomarte un día o dos de descanso- Bella escuchó su discurso con las cejas arqueadas... pero no pudo más que esbozar una sonrisa.

La joven las invitó a pasar al salón, y una vez se acomodaron en el sofá, Bella se fue a la cocina a preparar café, ya que según le explicaron, habían almorzado ya. Necesitaba algo de distracción, salir y despejarse... así que mientras trasteaba por la cocina decidió dar un respiro a sus exámenes y a los problemas, y disfrutar del fin de semanas con sus cuñadas.

0o0o0o0o0o0

Dos horas después, las chicas charlaban animadas y divertidas. Bella les sometió a un intensivo interrogatorio, sobre todo de cómo estaban todos en el rancho. Rose y Alice respondían pacientemente a sus preguntas. Bella evitó con una sonrisa nerviosa cuándo le preguntaron acerca de Edward y de cómo habían ido las cosas; hizo un esfuerzo sobrehumano porque no se le quebrase la voz al responder que todo iba bien.

Las jóvenes se percataron de la tristeza que emanaba de los ojos de su cuñada, y dándose una significativa mirada de manera disimulada, cambiaron radicalmente de tema.

-Bien- habló Alice -ahora te vas a cambiar y vamos a salir- le dijo a Bella. Ésta la miró frunciendo el ceño... pero necesitaba respirar aire puro, llevaba muchos días encerrada en casa, y le pareció una buena idea; sin apenas rechistar, cambió sus pantalones cortos por unos vaqueros y una camiseta; se quitó la goma que recogía su pelo, y decidió que más o menos, estaba un poco decente, así que volvió al salón, dónde Rose y Alice cuchicheaban en voz baja.

-¿Pero... a dónde vamos?, ¿y dónde está vuestro equipaje?- la pregunta le vino a la cabeza de manera súbita; le parecía muy raro que no llevaran cinco maletas cada una.

-Lo subiremos después- le quitó importancia al tema Rose, haciendo un gesto con la mano -tenemos una sorpresa para ti- le desveló, moviendo las cejas de forma sugestiva.

-¿Una sorpresa?- preguntó extrañada.

-Sip- respondió ahora la joven morena, pagada de si misma -de modo que...- dejó la frase inconclusa mientras sacaba algo negro de su bolso, acercándose a ella.

-Alice-... le previno, alejándose unos pasos hacia atrás -¿pero qué demonios...?- exclamó, la ver que su cuñada la vendaba los ojos -no tiene gracia- refunfuñó. Intentó deshacerse del pañuelo, pero Rose le apartó las manos, que ya casi desarmaban el nudo.

-Bellie- exclamó Alice en un suspiro -llevamos varios días preparándote la sorpresa, así que se buena y déjanos hacer- la joven castaña negó, sonriendo divertida con la cabeza... de seguro que la cara de Alice dibujaba un gracioso puchero.

-Pero prohibido tocar el pañuelo- añadió Rosalie.

-Está bien, me rindo- dijo con fastidio y bajando los hombros, envuelta en la más completa oscuridad. Pudo sentir el gesto de júbilo que seguro sus dos maquiavélicas cuñadas estaban esbozando, junto a los grititos de alegría. Sintió cómo la conducían hacia la calle, después de haber cerrado la casa y de que Rose hubiese cogido su bolso.

-Confía en nosotras- la intentó tranquilizar Alice mientras la ayudaba a meterse en el asiento trasero del coche -será una tarde inolvidable-.

-¿Tarde de chicas?- interrogó de nuevo, cruzándose de brazos y hundiéndose en el asiento -¿qué tiene eso de inolvidable?-.

-Disfrutar de la sorpresa que tus cuñadas te han preparado con tanto cariño- respondió Alice con un teatral gesto de firmeza... pero con una sonrisa cómplice surcando su rostro.

0o0o0o0o0o0

El viaje duró poco menos que dos horas, según los cálculos mentales de Bella. Al principio se asustó al ver que tardaban tanto, pero la tranquilizaron explicándole que lo que tenían preparado para ella estaba en una población a dos horas de San Antonio.

Por fin, sintió que el vehículo aminoraba la velocidad, hasta detenerse por completo. Cuándo Rose o Alice abrieron su puerta y la ayudaron a salir, se encontró con que en la distancia se escuchaba jaleo; supuso que estarían en el centro urbano de dónde quiera que se encontraran. Dio un respingo al sentir las manos de sus cuñadas tomarla cada una de un brazo.

-Tranquila- le dijo Alice -es para ayudarte a subir los escalones; hay bastantes- le advirtió. Sintió cómo entraban al interior de un edificio, andaban unos pocos pasos más y luego más escalones, bastantes más que a la entrada.

-¿Dónde estamos?- les reclamó, intrigada de verdad.

-Ya estamos llegando- le murmuró Rose, en voz baja. Oyó perfectamente cómo abrían una puerta y la introducían en una habitación. Por fin soltaron sus brazos, y finalmente oyó las palabras mágicas.

-Ya puedes quitarte la venda- con demasiada premura lanzó sus manos a la parte posterior de su cabeza, librándose por fin del pañuelo... y al enfocar su vista, abrió los ojos cómo platos, sin poder creerlo.

Estaba en su habitación, en el rancho. Esme y Nessie se habían unido al grupo, y la miraban con una sonrisa inmensa. Ambas estaban elegantemente vestidas... cómo si fueran a ir a una fiesta.

-Pero... ¿qué está ocurriendo?- murmuraba, incrédula y sin entender nada, mirando de hito en hito a las cuatro mujeres, que no hacían otra cosa que sonreír emocionadas.

-Bella... simplemente tienes que dejar que te preparemos- esa fue toda la explicación que Alice le dio. Seguía aturullada, sin entender nada en absoluto; la cabeza le daba vueltas y no era capaz de pronunciar una sola palabra coherente... pero sus ojos se abrieron aún más, si eso era posible, al ver encima de la cama un vestido largo, con escote palabra de honor; no tenía más adorno que unas delicadas piedras de cristal debajo del pecho... y era de color blanco. A su lado, cuidadosamente extendido, un velo de tul.

Su respiración se volvió errática y pesada; a la vez que su mente intentaba procesar lo que estaba ocurriendo, las mariposas acamparon en su estómago, revoloteando de manera incansable... ¿Acaso se habían vuelto locos todos los habitantes de esta casa?; no encontraba explicación alguna a lo que estaba sucediendo... hasta que Esme la sacó de su mutismo, acercándose a ella y tomando una de sus manos.

-Bella... ¿tú amas a Edward, verdad?- la pregunta la dejó fuera de combate, pero respondió de manera inmediata.

-Claro que sí, Esme; a pesar de nuestra última discusión, yo...- sus palabras se quebraron, y una solitaria lágrima recorrió su mejilla.

-Con eso es suficiente; Edward te explicará el resto- terminó de decir Esme.

Rose y Alice salieron de la habitación, y guiada por Nessie y la propia Esme, se convirtió en una emocionada y patidifusa marioneta. Le obligaron a ducharse, y después de eso Nessie se ocupó de su cabello. Simplemente lo dejó suelto, recogiéndole una pequeña parte atrás, y realzando las suaves ondas de los mechones que caían por su cara y sus hombros. Alice volvió a la habitación para aplicarle el maquillaje, ya cambiada y con un vestido de fiesta en tonos verdes. Cuándo ésta decidió que ya estaba lista, y después de colocarse un precioso conjunto de ropa interior de encaje, Esme y Nessie la ayudaron a colocarse el vestido... era increíble, le quedaba cómo un guante... ¿cómo lo habían conseguido?.

Incluso la ayudaron a subirse en los zapatos de tacón, de raso blanco; la dejaron mirarse al espejo mientras colocaban el velo. Sus ojos se aguaron al ver la imagen que le devolvió el reflejo... ¿era posible que la sorpresa fuese su propia boda?... ¿cómo habían podido organizar todo ésto?... ¿por qué así?.

-Estás preciosa hija- la voz de Esme la sacó de sus cavilaciones -pero es la hora, y debemos empezar a bajar-.

-Vamos Bellie- le dijo Nessie, también visiblemente emocionada -alguien te espera abajo-.

-No puedo creerlo- susurró emocionada, y todavía incrédula -¿pero Edward sabe todo ésto?- atinó a preguntar; su pregunta hizo sonreír al pequeño grupo que se encontraba en su habitación.

-Por supuesto; bastante tenemos con una novia sorprendida- la afirmación de Alice la hizo reír de manera suave.

El corazón de la joven se desbocaba según bajaba por la enorme escalera de madera. La condujeron hacia el salón... y no pudo evitar sollozar al ver ahí a todos sus cuñados y sobrinos, capitaneados por Carlisle Cullen; estaban guapísimos enfundados en sus trajes.

-Guaauuuuu- exclamó Emmet; llevaba en brazos a Owen, graciosamente conjuntado con los hombres con su mini tracejito.

-Impresionante... Eddie se va a caer de culo- dijo Jake, que llevaba a su pequeña Claire en brazos; Valerie dormía plácidamente en el cochecito.

-Hija mía- Carlisle tomó la palabra -se que esta locura de mis hijos es inexplicable... pero no puedo evitar el sentirme emocionado también-.

-¿Por qué, Carlisle?- consiguió hilar la pregunta Bella. Le temblaba todo el cuerpo, y los nervios se habían instalado de tal manera en su estómago que apenas podía respirar.

-Puede que Edward haya cometido muchos errores, sobre todo en estos últimos meses- le explicó su suegro con paciencia, tomándole una mano -pero si hay algo que tiene claro, es que no puede vivir sin ti... - hizo una pequeña pausa -pero eso es algo que él te va a decir en unos minutos... si tú quieres- la joven entendió sus palabras a la perfección... su felicidad, y la de su novio estaba a sólo unos pasos; comprendió en milésimas de segundo que Edward había entendido, por fin todo lo que ella le había intentado hacer ver todo estos meses.

-Sí, quiero- admitió con un nudo en su garganta.

-Eso es después de unos minutos, Bells- el comentario de Jake hizo reír a la familia.

-Entonces todos a su sitio- las chicas fueron saliendo, deseándole suerte; Esme le tendió un pequeño ramo de peonias blancas, que la joven colocó entre sus temblorosas manos, más emocionada todavía, y le dio un cariñoso abrazo antes de salir hacia el jardín.

En esos mínimos segundos que estuvo sola, cerró los ojos; tomando una profunda respiración e intentando controlar sus nervios... pero no pudo evitar acordarse de una persona que viviría este día con alegría y orgullo... su padre. La pena invadió, por unos instantes, su corazón, ya que no la podría llevar al altar, cómo seguro hubiese sido la mayor ilusión de Charlie Swan. Un carraspeo le hizo alzar la vista; Jasper se acercaba a su lado, con las manos cruzadas detrás de su espalda, y sonriendo con simpatía.

-Ya que tu padre, desgraciadamente no puede- Bella sollozó en voz baja -espero me concedas el honor de entregarte a mi hermano- ésta le miró sorprendida.

-Pensaba que sería Carlisle- meditó pensativa. Jasper negó acercándose a ella y haciendo que cogiera su brazo.

-Cuándo tuvimos que daros algún que otro empujoncito- recalcó graciosamente la palabra empujoncito -me prometí a mi mismo que te acompañaría al altar- le guiño un ojo de manera cómplice. Bella sonrió mientras afianzaba su agarre.

-Entonces debes completar la misión; deberías dedicarte a este negocio... Cupido- exclamó divertida. El joven se carcajeó suavemente, para después conducirla a la parte trasera del inmenso salón, desde dónde se accedía a los jardines.

-¿Preparada?- la joven tomó aire, y simplemente pudo asentir con la cabeza, y con su corazón a punto de explotar, dio el primer paso.

Al atravesar la puerta, un jadeo involuntario salió de su pecho. El jardín estaba incluso más bonito que en la boda de Jake y Nessie. Pequeñas hileras con sillas tapizadas en blanco delimitaban el pasillo hacia un precioso altar, cubierto con las mismas flores que formaban su ramo; no sabía de dónde provenía la música que le estaba acompañanado en ese paseo tan importante... pero era preciosa.

Según se iba acercando a los invitados, se topó con las miradas y sonrisas emocionadas de todos los peones de rancho, con Sam y Emily a la cabeza, de los señores Hale, de Jenks y su familia... abrió la boca cuándo vio a todos y cada uno de sus amigos de San Antonio, y su boca formó una perfecta o en el momento en el cual Leah le guiñó un ojo... dios mío, ellos también estaban en el ajo. Distinguió en la primera fila a la que ella consideraba su familia. Carlisle y sus cuñados sonreían... Esme y sus cuñadas hacían un esfuerzo por retener las lágrimas.

Y finalmente, los ojos verdes que tanto amaba se cruzaron con los suyos. Edward la esperaba debajo del arco de flores, con el juez Bramstein al frente. Estaba impresionante con ese traje negro... y nervioso, porque no hacía otra cosa que retorcerse las manos.

El joven ranchero miraba embelesado a su pequeña, acercándose a él; su corazón hacía días que había dejado de temer, y las inseguridades quedaron enterradas. Ahora que la tenía delante suyo, se golpeaba mentalmente por haber querido retrasar ese instante... estaba tan bonita que dolía, y supo con certeza que jamás vería una imagen tan hermosa cómo la que estaban viendo sus ojos en ese instante; lo único que esperaba es que Bella le perdonase todo, desde los horribles meses pasados hasta su atrevimiento por haber organizado, junto a sus hermanos, todo ésto.

Por fin, después de un largo minuto, su preciosa novia se acercaba a su posición; Jasper se adelantó, fundiéndose ambos en un emotivo abrazo.

-Ya la tienes aquí- le murmuró en voz baja; besó con galantería sureña la pequeña mano de Bella justo antes de retirarse a su sitio, y posicionarse al lado de Alice.

-Edward...- susurró la joven; no se dio cuenta del momento exacto en el que sus ojos habían empezado a aguarse, y las lágrimas ya caían por su cara sin control alguno; también estaba sonrojada hasta la médula, debido a los nervios, cosa de la que se percató su novio al verla mordisquear suavemente su labio inferior. Después de dos horribles e interminables semanas, por fin la tenía frente a él; simplemente sonrió, tomando su delicada mano y llevándola a su pecho, posándola en su corazón.

-Estás preciosa... pareces un ángel- le susurró, sólo para ella; el vestido acentuaba sus curvas de una manera deliciosa, y el velo se fundía en perfecta armonía con su melena, enmarcando su rostro.

-Edward...- repetía una y otra vez, sollozando sin parar -¿por qué...?- el joven sonrió con pena, mirándola con una intensidad que la hizo estremecer.

-Antes que nada, quiero pedirte perdón... por todos estos últimos meses- le empezó a explicar -los celos y los miedos me cegaron hasta tal punto que no me daba cuenta de...- Bella apretó dulcemente su mano, instándole a continuar -no me daba cuenta de todo lo que hacías por estar a mi lado, todo lo que luchaste por nosotros... y yo siempre estropeándolo todo- siseó rabioso.

-Edward, no te atormentes más- le pidió, con voz entrecortada.

-No te puedes hacer una idea de cuan arrepentido estoy- se paró, tomando aire de manera profunda -pero lo único que tengo claro es que no puedo vivir sin ti, sin tus besos, sin tus palabras de consuelo, sin escuchar tus risas por las ocurrencias de mis hermanos- Bella sonrió de manera dulce, e incluso pudo oír las risillas de sus cuñados -sin eschucharte tararear canciones cuándo cocinas... sin que la primera imagen del día sea ver tus ojos abriéndose después de toda una noche- sonrió levemente; sus ojos no abandonaron en ningún momento los de su pequeña -no te puedo garantizar que será fácil, simplemente te puedo ofrecer aventurarnos en la vida... juntos... -tuvo que parar, para poder tomar aire y tranquilizarse a sí mismo -soy consciente de que me he equivocado, Bella... y estás en todo tu derecho a negarte; pero si decides aceptar... no quiero esperar un sólo segundo más para hacerte mi esposa- quitó con su pulgar la lágrima que resbalaba lentamente por la mejilla de su novia -¿quieres casarte conmigo... mi pequeña estrellita?-.

La respiración de la joven seguía siendo errática y pesada; no podía creer todo lo que estaba sucediendo, y las palabras que le había dedicado su novio habían llegado hasta el centro de su alma. Su mano, enlazada con la de Edward y posada en su pecho, sentía los latidos de su corazón; sus ojos, que le dedicaban un sinfín de sentimientos y emociones... sólo recordaba una única vez haberlos visto brillar de es manera, y esa era la noche en la que le confesó su amor.

No tenía miedo... ya no lo tenía, y sus palabras le liberaron de otro temor que había acudido a su mente... no hacía ésto sólo por ella, lo hacía por los dos.

El escaso minuto que ella permaneció en silencio fue el más largo de la vida del joven Cullen; su corazón sentía a la vez alivio, al decirle todo lo que su corazón guardaba; y por otro lado expectación y ansiedad; si hubiera mirado de reojo, se habría percatado de que su familia contenía la respiración, también... hasta que por fin, la suave voz de Bella cortó el extraño silencio.

-Sí- susurró simplemente, en un murmullo apenas imperceptible.

Todos los presentes soltaron el aire de golpe; la sonrisa que surcó el rostro del patriarca Cullen era fiel reflejo de los sentimientos de todos los componentes de su familia... después de tantos años, su hijo había encontrado la felicidad, y aunque había cometido errores, había reaccionado a tiempo. Esme y las chicas sonreían emocionadas, y los hermanos tuvieron que contener las ganas de aplaudir y jalear a su hermano.

Ella había aceptado, le había dicho sí... la mente de Edward daba vueltas, procesando esa simple palabra que le abría el cielo... su pequeña le perdonaba, le daba otra oportunidad.

-Bella...- murmuró, casi en voz baja. Las manos de ambos seguían apoyadas a la altura de su corazón, así que lentamente la apartó de ahí, para poder llevarla a sus labios. Después de depositar un pequeño beso en ella, su pequeña no la bajó, sino que permaneció unos segundos más, acariciando su mejilla, gesto que fue correspondido por el joven, bajando levemente su cabeza y disfrutando de esa sutil caricia.

Sin decir una sola palabra, Bella agarró con fuerza su ramo de novia, y una vez que su mano dejó la mejilla de Edward, se la tendió con una pequeña sonrisa. El joven correspondió a su gesto, y con sus dedos entrelazados subieron el pequeño escalón, quedando frente al juez Bramstein, que guiñándoles un ojo, comenzó la ceremonia.

Bella estaban tan nerviosa, que apenas prestó atención a las primeras palabra del celebrante. Sus ojos no podían despegarse de los de su novio... estaban tan guapo con ese traje, con el pelo más revuelto que de costumbre, señal de que había pasado las manos por él una y otra vez. Sentía un dulce cosquilleo en sus dedos, ya que Edward los acariciaba y les daba apretones cariñosos, cosa que ella agradecía con tímidas sonrisas... pero su mueca cambió a una de nervios al escuchar unas palabras del oficiante.

-Ahora los novios pronunciarán sus votos; Edward, cuándo quieras- la pareja se giró, quedando frente a frente. Los corazones de ambos latían al unísono, y justo en ese instante, Bella agachó la vista, incapaz de sostener la mirada esmeralda que Edward le dedicaba; los ojos de su novio la miraban con cariño, con adoración, con orgullo... con un amor tan inmenso que por unos instantes, hizo estremecer su espina dorsal. Vio cómo el joven respiraba profundamente, antes de empezar a hablar.

-Isabella... mi Bella; siempre pensé que tenía una vida normal, con los altibajos y situaciones normales que se dan en su transcurso... pero estaba equivocado, me faltaba algo. De repente apareció una pequeña estrellita, poniendo mi mundo y mi corazón patas arriba- de nuevo una lágrima resbaló por la mejilla de la joven, que el propio Edward se encargó de recoger con uno de sus dedos -no quiero hacer un discurso, enumerando y repitiendo todas las promesas que estoy más que dispuesto a cumplir...tan sólo decirte que quiero caminar junto a ti, en ese maravilloso paseo llamado vida; vendrán tiempos mejores y tiempos peores, pero juntos podremos hacer frente a todo lo que venga- hizo una pequeña pausa, haciendo que su novia le volviese a mirar -no tengo otra cosa para ofrecerte que mi corazón...y si tú lo aceptas, es tuyo- terminó de pronunciar, sin despegar su mano de la de su pequeña.

Los ojos de la joven castaña derramaban lágrimas sin control alguno... le parecía que nunca había escuchado discurso más hermoso que el que Edward había pronunciado. Aunque no fueran unos votos engalanados y pomposos, para ella eran más que suficientes. Su estómago se contraía, a causas de sus nervios.; ella no había preparado votos algunos... pero sabía exactamente qué tenía que decir, nunca había tenido nada tan claro.

Los apenas treinta invitados esperaban expectantes las improvisadas palabras de la novia; sentía cómo los ojos de todos los allí presentes se giraban hacia ella, esperando. Cerró los ojos apenas unos segundos, hasta que por fin ordenó las ideas en su cabeza.

-Edward- nada más pronunciar la primera palabra sintió el familiar rubor de los nervios apoderarse de sus mejillas -no he tenido tiempo de preparar nada -suaves risas resonaron en el ambiente, dándole la razón -así que sólo puedo decir que acepto gustosa esa proposición; caminaré contigo a lo largo de ese emocionante paseo, afrontando juntos todo lo que venga... tú me ofreces algo muy valioso para mi, cómo es tu corazón- se paró, tomando aire suavemente -no puedo aceptar algo que ya me pertenece... al igual que el mío te pertenece desde la primera vez que te vi- una sonrisa llena de cariño apareció en los labios del joven, que había escuchado embelesado a su pequeña... cuándo pensaba que no podía amarla más, de nuevo se volvía a equivocar. La habría besado allí mismo hasta dejarla sin aliento, pero la voz de juez Bramstein se adelantó.

-Edward Cullen, ¿aceptas recibir por esposa a Isabella Swan?-.

-Acepto- exclamó de manera rotunda y pletórica.

-Isabella Swan, ¿aceptas recibir por esposo a Edward Cullen?-.

-Acepto- contestó ella, suavemente, pero también con aplomo.

El celebrante levantó la vista, para hacer una seña imperceptible. Justo en ese momento Emmet se adelantó, con el pequeño Owen en brazos, que agarraba en su puñito un pequeño saco de terciopelo rojo. La sonrisa de los novios no tardó en aparecer, ya que el pequeño se negaba a soltarlo, hasta que su padre se lo quitó de las manos, para entregárselo a Edward.

Esme también se había adelantado un paso, tendiéndole a Bella otra pequeña bolsita, de iguales características que la que su sobrino portaba. La joven comprendió de que se trataba, así que le tuvo que tender el ramo antes de que volviera a su posición. Con cuidado la abrió, sacando la alianza, para deslizarla en el dedo corazón de la mano derecha de su novio. Edward repitió el proceso, pero la joven no pudo evitar jadear al ver que deslizaba no uno, sino dos anillos a la vez. Su pequeña alianza era igual que la de Edward, pero junto a ella reposaba un anillo con un pequeño diamante.

-¿Pensabas que no tendrías anillo de compromiso?- le susurró Edward, en voz baja, guiñándole un ojo. Ella sólo acertó a morderse el labio, negando divertida con la cabeza, pero de nuevo el juez Bremstein habló.

-Por el poder que me confiere el estado de Texas, yo os declaro marido y mujer- al fin las palabras que tanto anhelaban escuchar pusieron el punto y final a la ceremonia.

Edward llevó las manos al rostro de su pequeña, acunándolo con ternura y devoción... su esposa... suya... de nuevo los orbes chocolates de su mujer se cristalizaron... no era un sueño, era su Edward... y acababan de casarse, era su marido. Lentamente se acercó a él, y la pareja junto sus frentes, mirándose intensamente a los ojos.

-Sin miedos...-acertó a pronunciar Bella.

-Sin inseguridades...- continuó la frase el joven.

-Sólos tú y yo...- susurró ella, con voz quebrada.

-Y nuestro amor...- terminó Edward -te amo, mi vida-.

-Te amo- exclamó ella, antes de que sus labios se juntaran en un beso cargado de miles de sentimientos y sensaciones.

El mundo desapareció para el recién estrenado matrimonio; las manos del joven bajaron hasta la cintura de Bella, estrechándola entre sus brazos... dos insufribles semanas sin poder disfrutar de ella, y más después de lo que acababa ocurrir, la necesitaba de manera alarmante; ésta posó sus manos en su pecho, profundizando el beso y sin acordarse de que estaba frente a treinta pares de ojos, que compartían la felicidad de la enamorada pareja.

-¡Siiii!- exclamó Jasper, volviéndose a su hermano Jake y chocando las manos en señal de triunfo, a la vez que el gentío rompía en aplausos; la sonrisa de Carlisle no podía ser más intensa, y las chicas y Esme se limpiaban las furtivas lágrimas, al igual que Leah, Cindy y Annie.

Pero ni aún así se pudo romper, durante varios minutos, la burbuja que envolvía a Edward Cullen y a su esposa. 

0o0o0o0o0o0 0o0o0o0o0o0 0o0o0o0o0o0 0o0o0o0o0o0

Bueno, bueno....
Pase siga siga que al fondo hay espacio, este bus es largo. 
Esta historia va llegando a su fin chiquillas!! 
Yo estoy super contenta, el trabajo, bien, la familia, super bien, el novio, mal, pero Diosito pronto me dara un buen Hombre!!