lunes, 6 de febrero de 2012

BFL: You are mine



You are mine

Sentí a lo lejos el timbre de mi departamento y parecía que apenas hace segundos había puesto la cabeza en la almohada, miré de reojo la puerta de mi habitación y de verdad no quería levantarme pero el timbre era realmente persistente.

Ding Dong Ding Dong

Y casi quería ahorcar a quien fuera de pronto se me vino a la cabeza que realmente podía ser él me levanté abruptamente de la cama y miré el reloj, eran veinte para las diez de la noche – imposible – pensé y recordé que habíamos pasado gran parte de la tarde juntos así que era impensable que me fuera a buscar si el mismo me había dejado en mi departamento hace cuestión de minutos – podría habérsele quedado algo – pensé de repente y otra vez mi mente vago por millones de situaciones todas ellas de un romanticismo empedernido – basta – me dije tomando mis jeans que había dejado tirados en la mitad de mi habitación, mientras camine hasta la puerta me los puse y miré por el ojillo de la puerta.

Mi amiga Alice termino por arruinar y apagar esa macabra ilusión que estaba teniendo y regrese a la realidad. Abrí la puerta y su sonrisa no se dejo esperar.

— Amiga de la vida —exclamo mientras me ponía las manos sobre los hombros y me hacía entrar a mi departamento.

— Tengo el remedio justo para la cesantía

— ¿Así me tienes trabajo? —le pregunté mordaz

— Mejor que eso —explicó ella

— A ver ¿Qué te traes? —le pregunté y cuando miré su sonrisa picará abrí mis ojos en sorpresa

— ¡Robaste! —exclamé en pánico y ella se rió.

Tomó entre sus manos la diminuta cartera que traía y saco dos pequeños papeles negros semejantes a dos tarjetas de presentación, tenían solo una leyenda al centro en un dorado intenso y la miré extrañada. Me las mostro en el rostro así que las tomé de entre sus manos para leerlas.

Noche de Sexo

¿Te crees lo suficientemente capaz para complacer?

Pruébalo

Avalon Discoteque

— ¿Qué es esto? —pregunté confundida

— Tu pase VIP a una noche de ensueños —declaró solemne y fue recién allí cuando me percaté de su vestimenta.

— ¿Irás? —inquirí asustada

— Iremos —me corrigió divertida mientras me pasaba una bolsa blanca en su interior un sensual vestido.

— Vamos que se hace tarde y la noche es joven

Agrego arrastrándome hacía el baño.

No podía creer donde estaba parada y en que facha además estaba, era increíble lo poco que me había resistido y lo rápido que me había convencido de estar parada frente a la discoteque más exclusiva de la ciudad y aún tenía mis dudas sobre la procedencia de esas invitaciones VIP.

— Alice, amiguita repíteme otra vez ¿cómo conseguiste estas entradas? —inquirí en un susurró mirando alrededor.

— Un concurso —explicó ella

— ¿Qué clase de concurso? —pregunté mirando hacía la entrada principal

— Sabes amiga menos pregunta Dios y más perdona —me hizo ver ella mientras miraba a todos lados como buscando a alguien.

— ¿No quiero enterarme verdad? —le pregunté mirándola a los ojos.

— Tú no eres la única capaz de tener secretos —agregó ella mientras me tomaba de la mano y caminábamos para entrar.

Antes de llegar me tire por última vez el borde del vestido que se me subía cada vez que caminaba y aunque antes me parecía interesante causar miradas suspicaces en el sexo opuesto de pronto me sentí un poco incomoda cuando algunos de los presentes prácticamente me violaban con la mirada en los escasos metros de distancia que mediaban de donde estábamos hasta la entrada principal. Fue un alivio cuando Alice mostro las entradas y nos dejaron pasar sin preguntas ni esperas.

En el interior la música ensordecía a cualquiera y lo hacía apenas pisabas la entrada, las luces titilaban danzantes a la par de la música y extrañamente hoy creo que se veía más oscuro que de costumbre la pista de baile. El humo reinante le daba un ambiente más "intimo" y misterioso al lugar, caminamos hasta que un tipo nos alcanzo.

— El sector reservado esta en el tercer nivel —explicó y me quede estática mirándolo

— ¿Sector reservado? —pregunté y Alice me piso el pie

— Claro estábamos mirando —agregó mi dulce amiga jalando de mi brazo para subir por las escaleras que el tipo había abierto para nosotras quitando el cordón que mantenía lejos al resto de los mortales.

— ¿De qué concurso estábamos hablando? —insistí pero ella se rió.

— Digamos que hemos tenido mucha suerte —contestó

— ¿Suerte? —inquirí suspicaz.

Al llegar al final de la escalera, frente a nosotras la tercera planta en pleno, para mi sorpresa estaba llena de gente, la música era tan o más pegajosa que la de los otros piso, las luces estaban más oscurecidas pero los ases de los laser golpeaban en los cuerpos que se movían distraídos haciendo una atmosfera enigmática y propicia para dejar volar la imaginación.

El latir de mi corazón se acopló con el ritmo de la música, lo sentía punzar mis oídos, distraída mire hacia todos lados y fue allí cuando mis oídos sintieron una música familiar.

Y frente a mi tenía a una emocionada Alice cuyos ojos brillaban aún en la oscuridad.

— Por favor —suplicó tomando mis manos y me rendí.

¿Qué podría hacerme un baile? Me dije y caminé con mi amiga al centro de la pista. Seguí los movimientos de está, al cabo de unos minutos mi amiga se acerco complaciente y me señaló a un par de chicos que estaban sentados cerca de la barra mirándonos seductoramente, eran dos pedazos de hombros y el mirar su anatomía me hizo transportarme un par de horas atrás y recordar a mi milagro sexual personal.

— Lo haré por ti pero yo paso —le susurré al oído mientras empezaba a bailar provocadoramente acercándome aún más al cuerpo de mi amiga de la infancia y me conocía demasiado bien el juego, este era nuestro ritual para llamar la atención, ojala que sirviera así cuando Alice tuviera una entretención por fin podría irme a sentar y tomarme un trago para luego emprender mi retirada y realmente estaba cansada.

La música cambio y no pudo ser mejor tema para empezar a utilizar los encantos de dos chicas bailando demasiado apretadas, rosándose justo lo necesario para que a los tipos se les salieran los ojos a la distancia.

— Eres la mejor amiguita del mundo —me susurró complacida Alice cuando vio que uno de los chicos ceder ante la tentación y termino por acercarse hasta donde estábamos bailando. Cuando estuvo cerca fue mi hora de partir.

— Creo que iré a ver si llueve en la esquina —murmuré sin mucho sentido a mi amiga que se giró para encarar a su enamorado nocturno. Me acerque a la barra y me senté. Los tacos realmente estaban matándome.

— ¿Qué te puedo ofrecer? —me preguntó el barman

— Un margarita —pedí entusiasmada. De Pronto la música cambio. Me quede escuchándola mientras miraba a las botellas detrás del bar.

— Tu trago —exclamó el barman al cabo de unos minutos y me senté de frente mirándolo.

Tomé entre mis manos la copa y deslice mis labios por el borde de la copa para tomar un poco del trago.

La sal me escoció los labios cuando tomé un sorbo y me los saboree apretándolos con la punta de mi lengua para mojarlos. Me reí al pensar que toda la maldita tarde me había pasado besándolo casi desesperada y no pude evitar pensar ¿qué estaría haciendo él ahora?, me giré en el asiento para mirar a la multitud bailar y de paso mirar a Alice para asegurarme que aún estaba "viva y entera". Sin querer y guiada por la música comencé a mover mis pies al son de está ni siquiera me di cuenta cuando ya estaba prácticamente bailando allí sentada mientras miraba a todos los otros hacerlo en la pista de baile.

Deslice mis ojos por los cuerpos contorneándose sensualmente frente a mí pero para variar no pude ubicar a mi amiga, mis pies se movían con vida propia y la música seguía su curso.

Estaba tomando de mi trago jugando cuando sentí vibrar mi celular, el que me hizo saltar del susto puesto que lo tenía en la cartera y está estaba puesta en mi regazo justo en aquel lugar poquito inconveniente para que se sintiera vibrar un aparatito allí al menos en publico. Me sonrojé en cuestión de segundos y con una habilidad abismante que me sorprendió localice el dichoso aparatito y lo abrí.

— ¿Bueno?

Contesté tupida por la vergüenza.

— ¿Aló?

Insistí pero solo escuche nada, me volvió a vibrar en la oreja y fue allí cuando me percaté torpemente que no estaba sonando sino que eran alertas de mensajes de texto.

— ¡Bruta! —me dije a mi misma abriendo la tapa de mi celular para mirar.

Baila para mí

Era el mensaje en el celular y me atraganté con el poco trago que me quedaba aún, inconcientemente negué con la cabeza ante la petición a distancia ¿Podría ser posible que estuviera allí? Me pregunté levantando mi vista pero no había nada más que desconocidos frente a mí. Miré en todas direcciones y no encontré ningún par de ojos verdes en aquella inmensa y basta oscuridad. Sobre la misma otro mensaje llegó y yo sabía muy bien de quién era, la sonrisa estúpida no se dejo esperar y se dibujo en toda su magnificencia. Mis mejillas me ardían y parecía verdaderamente tonta mirando el celular releyendo la frase.

¿Vergüenza ahora?

Era la pregunta en el mensaje de texto siguiente y mi cara se desfiguro por el asombro de la comprobación que él estaba allí mirándome. Deje la copa sobre el mesón de la barra y camine casi poseída hasta la mitad de la pista buscando a Alice entre la gente. Bien al centro de la pista casi en unos pilares estaba mi notable amiga en su mejor momento y sé que me odiaría por lo que iba a hacer pero no tenía otra alternativa. La separé de su romeo de media noche y la encaré me miró desconcertada.

— ¿Dónde conseguiste estas entradas? —le pregunté y ella me miró estupefacta.

— Lo siento —me excusé con el playboy machine frente a nosotras que tenía una cara de dos metros y volví a inquirir a mi amiga.

— ¿De qué rayos hablas? ¿Estás drogada? —me preguntó desconcertada Alice y la miré

— ¿Dónde? —exigí

— No estoy segura, me llegaron ayer

— ¿De donde? —insistí sospechando que mi romeo de media noche tenía que ver con esas entrada, recordé su sonrisa y lo me dijo cuando me fue a dejar a mi departamento.

¿Te gusta bailar? —me preguntó y me sorprendió su interés.

No mucho —contesté no muy segura y él se rió

¿Por qué? —inquirí girándome mi vista hacía él y se veía hermoso así con el pelo desordenado

Por nada, que duermas muy pero muy bien —me dijo despidiéndose, sus labios rozaron la comisura de mis labios y aspiré la esencia de su perfume que a esta altura me estaba trastornando.

— No lo sé las recibí en la oficina, no me acuerdo

Y esa confesión me trajo de regreso a la realidad, miré a todos lados buscándolo. Mi celular vibró por tercera vez y miré el mensaje.

Te ves realmente hermosa cuando estas desesperada, aunque mi cara favorita es otra ¿Adivinas cual?

Era el mensaje y me reí. La música cambio.

Otro mensaje llegó mientras yo miraba a todos lados a esta altura más que entusiasmada de encontrarme con él allí.

Cualquier alcance con la realidad es mera coincidencia ¿Qué opinas?

Mi sonrisa fue mucho más grande al escuchar la letra de la canción.

¿Qué tan osada puedes llegar a ser?

Era el siguiente mensaje, mi ansiedad se disparó ante aquella pregunta.

Y fue allí cuando unos cuerpos se pusieron frente a mí y mi amiga con su "entretención" se perdieron de vista y sin darme cuenta sentí una mano en la cintura. Me quede estática, sentí su cuerpo acercarse al mío y pasé saliva al sentir sus labios rozar mi cuello hasta mi oreja donde susurró.

— ¿Bailarás para mí? —preguntó con la voz ronca y seductora

— ¿Aquí? —pregunté en un hilo de voz

— Ajá —murmuro contra mi oído.

Me giró y quedamos nariz con nariz. Se veía realmente hermoso y de pronto pensé que mi juicio estaba nublado por tanta "actividad reciente". Se rió y era impresionante sus facciones cada vez descubría más detalles de su rostro y eso era un efecto de tenerlo tan cerca. Sin mucho preámbulo me acerque estrechando la distancia entre nuestros rostros y termine por besarlo en los labios sin que me importara el resto de los presentes, su mano bajo por mi espalda sin detenerse hasta mi trasero y me acerco aún más a su cuerpo.

Mis manos se cruzaron en su cuello y lo apreté aún más tanto que incluso pensé que le quebraría el cuello. Comenzamos a bailar lentamente, apegando nuestros cuerpos lo más que pudimos decentemente y tenía claro que después de esta noche no todo iba a seguir siendo igual. Mis caderas estaban apegadas y rozaban justo esta parte de su anatomía debido a la diferencia de portes.

Sentí sus labios bajar por mi cuello, su respiración era errática y sentía como su tibia exhalación pegaba contra mi piel desnuda erizando mis brazos por la sensación. Volvimos a besarnos, su lengua invadió mi boca por completo y la humedad me hacía desearlo con locura.

Rompimos el beso y nuestros movimientos para besar y sus manos se fueron a mi cuello atrayendo mi rostro hasta el suyo.

— ¿Salimos de aquí?

— Absolutamente —contesté y me tomó de la mano para sacarme entre la muchedumbre.

No recuerdo bien como bajamos hasta el primer piso y mucho menos como fuimos a dar a la calle.

— ¿Fuiste tú verdad?

Le pregunté mientras caminábamos hasta el automóvil en eso sentí algo que de verdad hubiera preferido no sentir y mucho menos que hubiera pasado un flash en mi rostro y en cuestión de segundos estábamos rodeados por varias personas todas ellas tomando fotografías de nosotros, trató de esquivarlos acercándome a su cuerpo y haciendo a un lado a los insistentes pero todo empeoró cuando me quede estática sin moverme.

Asustada por la multitud que tomaba fotografías frenéticos y me hacían preguntas que no estaba segura de contestar, absorta mirando el panorama frente a mí me perdí en aquellas voces y fue su mano la que me trajo de regreso, me jaló hasta el auto haciéndome caminar. Todo pasaba muy rápido considerando que se sentía como gritaban su nombre y la típica y estúpida pregunta de ¿quién es ella? ¿Alguna nueva conquista? ¿La chica de turno? Es realmente hermosa ¿calentara tu cama hoy? Fue la última y a la cual él se giró enfurecido, lo miré asustada por la expresión dibujada en su rostro. Mi cuerpo estaba pegado al suyo, mis manos en su pecho y por primera vez desde que lo conocía comprendí que era esto de ser "acechado" por la prensa. Mi percepción de algo que a simple vista no parecía tan molesto había cambiado rotundamente. No solo era molesto sino que amenazador.

— ¿Qué dijiste? —preguntó entre dientes con esa mirada de furia que lo hacía parecerse en parte al personaje de ficción.

— Edward —le pedí tomando su mano y apretándola casi automáticamente al tiempo que miraba al divertido periodista que sacaba fotografías por doquier

— Vamos no es con la primera que te vemos salir de un bar ¿o es acaso es más que una amiga?

Exclamó suspicaz el periodista y quise enterrarme directo en la tierra, meter mi cabeza bajo el árbol más próximo. Giró su vista hasta mí y sentía el latir frenético de mi corazón en mi garganta. Estaba oficialmente aterrada por el nivel de presión que significaba tener a diez fotógrafos frente a mí disparando sus cámaras sin piedad.

— Por favor —le pedí en un susurró apenas audible y me sentía asfixiada sin necesidad de que estuviera ahogándome o que me faltará realmente el aire y para mí siempre esto de que te asecharan y te tomaran fotografías hasta me lo había imaginado entretenido pero vivirlo había sido lejos la experiencia más traumática de toda la ordinaria y común vida que tenía.

Abrió la puerta de su vehículo sin quitarle la mirada de encima al periodista frente a nosotros y me ayudo a subir, lo hice casi por inercia. Cerró la puerta y lo seguí con mi vista sin perder detalle de cómo él caminaba hasta el otro lado para subirse al asiento contrario y fue macabra la cantidad de preguntas que se sintieron después del pequeño casi altercado reciente, deje de sentir los flashes y las voces por breves segundos y las volví a escuchar cuando abrió su puerta para dejarlas de sentir cuando el entro finalmente al automóvil y encendió el auto.

— Lo siento, no pensé —se excuso sin mirarme

— Está bien —le contesté tomando entre mis dedos el cinturón de seguridad y el aceleró con bastante intención de querer atropellar a más de uno que no se quiso correr oportunamente

Guardamos silencio hasta que fuimos detenidos por una luz roja en una de las esquinas. Miré por la ventana y las calles estaban prácticamente desiertas. Su voz me trajo de regreso.

— Siento haberte llevado allí no imagine… —comenzó a decir

— ¿Siempre es así? —le pregunté interrumpiéndolo y aun no podía dejar de pensar en que tener a tanta gente gritando tu nombre y preguntando sumado a los flashes era realmente molesto, no había nada entretenido ni emocionante sino todo lo contrario.

— A veces, otra veces escasamente saben cómo me llamo pero supongo que hoy atrajiste tu curiosidad —exclamó con la vista fija en mi y una expresión de vergüenza poco conocida.

— ¿Saldrá mi fotografía en los periódicos? —le pregunté tratando de controlar mi ansiedad y él apretó el manubrio dirigiendo su vista al frente.

— Es probable ¿Te molestaría? —me preguntó volviendo mi vista a mí

— No —contesté sin mirarlo —supongo que serán mis cinco minutos de fama sólo espero que hayan capturado mi mejor lado —agregue sonriendo levemente sin encarar su mirada, no me contestó nada y fue entonces cuando lo miré y una pequeña sonrisa se esbozo en aquellos labios cerezas que tanto me fascinaban.

— ¿Realmente no te importa aparecer en un periódico? —insistió y enrole mis ojos, le preocupaba que mi fotografía apareciera en un periódico o revista, francamente a mi me preocupaba como me vería en aquella foto más que saliera algún titular estúpido.

— Me preocuparía que fuera una impresión equivocada —agregue finalmente temerosa mientras sentía como pasaba el cambio y aceleraba. Noté que nos dirigíamos a su departamento, fue allí cuando recordé a mi amiga Alice.

— ¿Qué? —me preguntó mientras veía como marcaba mi celular desesperada.

— Mi amiga —exclamé mientras sentía como daba al buzón de voz y era increíble pero usualmente cuando estaba cerca de él perdía la noción del tiempo era un varadero milagro que me acordará aún estando con él.

— ¿Alice? —preguntó al tiempo que su automóvil entraba al estacionamiento de su edificio.

— Sí la deje botada tengo que avisarle que me fui contigo —expliqué.

Detuvo el auto y me miró mientras tomaba entre sus manos mi celular apagándolo. Iba a protestar cuando sus dedos apoyados en mis labios me acallaron.

— Yo no me preocuparía por tu amiga —me indicó y ese brillo en los ojos lo delataron

— ¿Por qué? —inquirí riéndome mientras lo veía acercarse hasta mí rostro.

— Digamos que está bastante ocupada y en muy buenas manos —explicó besándome en los labios.

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