lunes, 6 de febrero de 2012

BFL: Impossible

Impossible

Desperté y noté su tibio y delicado cuerpo contra el mío, me separé observándola y el deseo me consumió nuevamente. A mi mente vinieron los recuerdos de la noche anterior, sus gemidos, sus jadeos, sus movimientos, el roce de nuestros cuerpos y no pude evitar querer hacerla mía otra vez — esto es enfermizo — me dije a mi mismo contemplándola dormir, estaba boca arriba, con sus manos cruzadas en su pecho, sus labios estaban entreabiertos y su respiración era acompasadamente lenta, estaba profundamente dormida, la sabana caía entres sus manos cubriendo solo lo necesario.

La contemple fijándome en las líneas de su rostro, y decidí que si esto se iba a terminar hoy, tenía que sentirla una vez más, tenía que hacerla mía una vez más, me acerque lentamente a sus labios y la bese, honestamente la bese sintiendo algo inexplicable y era primera vez que con un solo beso estaba entregando mi corazón — esto está mal, no es correcto, esto es imposible — me dijo la voz interior pero la acalle en cuestión de segundos. Tal vez me sentía solo, tal vez no, tal vez ella estaba aquí en el momento preciso, tal vez solo eran ganas de amar a alguien y de sentirme amado desesperadamente y ella me amaba, a su manera, me idolatraba, su cariño era real de eso no cabía duda, estaba claro que la muchacha bajo mis brazos, que dormía entre mis sabanas estaba perdidamente enamorada, ahora la sombra que empañaba ese sentimiento era que tal vez su amor o su enamoramiento era de la celebridad, incluso tal vez del personaje pero que importaba.

La seguí besando, deslice mis labios por el borde de su barbilla, hasta su cuello, cuando sentí como acariciaba mis cabellos comprendí que la había despertado, baje recorriendo todo su cuerpo y sentir como su piel se erizaba, y como daba saltitos involuntarios producto de la corriente eléctrica que estaba sintiendo me excito sobre manera, era una sensación exquisita, y lo más maravilloso de todo era que yo, era el causante de aquello. La seguí tocando e incitando a que se dejara llevar, fui testigo de cómo arqueaba su espalda ante el contacto y tenía claro que estaba completamente perdida en las caricias. Entonces me pregunte ¿Por qué con ella era diferente que con las demás?, había tenido novias antes, por qué con ella era todo tan diferente, tal vez el hecho que nos conociéramos poco o nada era el factor que había gatillado a esta aventura, simplemente nos habíamos involucrado de la manera más carnal posible, sin lazos, sin ataduras, sin romanticismo, estábamos dejándonos guiar por nuestro lado animal y me fascinaba aquello, incluso Bella había logrado la que otras no. Tocar mi corazón — Espera Ella no puede tocar tu corazón, estas contradiciéndote –me dijo mi yo interior — ¿Acaso importa? — pensé mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro, tiré de la sabana lo que faltaba para dejarla completamente desnuda frente a mí, su pecho subía y bajaba sin control, cada vez más errático y los pequeños jadeos que brotaban de sus labios eran simplemente magníficos y mi ego se regodeaba, estaba sintiéndome macho en toda la extensión de la palabra justamente por causar tantos estragos, de pronto los gritos de tantas adolescentes ya no me importaban, eran sus gritos lo que me traían loco y eran adictivos de una manera impresionante. La bese provocando que sus labios siguieran emitiendo esos sonidos guturales tan exquisitos de los cuales solo la intimidad se hace partícipe y por primera vez agradecí a no pensar mojigatamente, es que contemplarla completamente excitada me estaba trastornando a tal punto que la contemplaba absorto mientras deslizaba mi lengua contra el pliegue de su pierna.

Y tenía claro que querer llegar virgen al matrimonio podía ser muy romántico pero para nada práctico, uno no se convierte en amante de la noche a la mañana ni menos con una única persona, menos si ambos no tienen idea de que hacer, si eventualmente podrían sentirse satisfechos pero por algo la experiencia vale en todo orden de cosas. Me reí cuando abrió sus ojos fieramente al no sentirme contra su piel, de pronto me miró en pánico casi como pensando que su fantasía se había acabado. La miré sin poder evitar la sonrisa picara en el rostro y me asegure que comprendiera que no iría a ningún lado, no al menos sin su cuerpo. Abrí el envoltorio del último de los preservativos que tenía y el no tener novia estaba pasándome la cuenta.

Me acerque lentamente y ese sonrojo en sus mejillas me demostró cuan avergonzada podía estar una mujer frente a un hombre, y era exquisito, esa timidez mezclada con la expectativa me mato. Decidí llevarla al límite y tal vez esto lo haría una pareja que llevará al menos un par de meses juntos pero yo sentía esa necesidad de dejarla completamente exhausta de placer. Me miró con nervio cuando leyó mis intenciones en mis movimientos pero se dejo llevar al sentir como acariciaba su parte más intima con mis labios. Mientras más temperatura adquiría su piel, más lento y macabro hacía la caricia, sentir como se tensaban sus piernas, y como mantenía sus manos lejos de mi cabeza, cohibiéndose a movérmela de la manera en que ella seguro estaba fantaseando que la acariciara era realmente excitante, estaba perdiendo la compostura y me gustaba ser el causante de aquello, cuando sintió uno de mis dedos en su interior, soltó un gritito ahogado lujurioso que solo me provoco mucho más deseos de hacerla mía.

Cuando la sentí llegar al orgasmo y me fije que su cuerpo estaba completamente lacio arremetí con fuerza y determinado a no darle tregua, tomé una de sus piernas y la arrastre el poco espacio que nos esperaba, como pensé estaba completamente entregada, cuando me sintió en su interior, mordió sus labios apretando sus ojos, cerré los míos tratando de controlar el gemido que se venía inminente pero no pude, simplemente brotaron, sentí como todo su cuerpo se iba estremeciendo lentamente pero justo cuando estaba por llegar nuevamente al orgasmo me detenía y esa sonrisa estúpida de niño travieso no la podía evitar, de cierta manera, quería darle una buena impresión y si iba a juzgarme que me juzgara con conocimiento de causa, aunque tenía una leve impresión que esa opinión no iba a ser tan mala después de hoy.

Se desesperó por mi juego a tal punto que trató de tomar el control haciendo que me recostará sobre ella, me beso bestialmente y de una manera desesperada para ser mujer, normalmente el desesperado en temas sexuales es el hombre pero ella estaba hambrienta de placer y me gusto esa actitud dominante, así que le cumplí lo que estaba pidiendo sin palabras, llegó al orgasmo en cuestión de segundos y yo lo hice después de ella.

— Buenos días — fue todo lo más ingenioso que se me ocurrió decirle contra los labios y sentía su cuerpo arder contra él mío, tenía un olor exquisito.

Me levanté y otra vez estaba su timidez, casi pongo mis ojos en blanco cuando la vi taparse con las sabanas pero eso podría haber sido contraproducente y tampoco quería matar la ilusión principesca que de seguro estaba o ya tenía marcada a fuego y habían pasado muchos meses desde mi aparición en la vida de todas esas niñas y no tan niñas. Entré al baño y me metí a bañar, suspiré cuando salí de la ducha mi reflejo dio de lleno contra el espejo frente a mí.

¿Qué estás haciendo? ¿Ilusionándola? ¿Acaso piensas que podrías continuar con ella? — y el control lo había tomado mi conciencia.

¿Por qué no? — me pregunté a mi mismo, tomando la toalla que estaba a un costado, al principio me quede mirando en el espejo como tratando de responderme solo que no encontraba la respuesta adecuada ¿Acaso me gustaba? ¿Acaso me atraía? ¿Acaso yo la amaba? — La soledad te tiene desesperado — fue la conclusión.

¿Acaso tu significas algo para ella? — fue la pregunta que se me vino a la mente cuando vi la cama vacía, inexplicablemente se apoderó de mi un sentimiento de desesperación y tal vez yo solo había servido para saciar su curiosidad y ahora mi noche de sexo sería descrita con lujo de detalles en alguna revista pensé estúpidamente.

No pude equivocarme tanto con ella — pensé y cuando salí completamente del baño a la habitación, mi corazón se calmó al ver la puerta del closet abierta. Caminé hasta la puerta y saque su bolso, seguro andaba buscándolo y entré, cuando la vi hurgando en mis cajones me sonreí — es exactamente a como pensabas — confirmé.

— ¿Buscas esto? — le pregunté mostrando su bolso otra vez mi sonrisa se apodero de mi rostro, se tapo incluso más si eso era posible, sus manos se pusieron aprehensivamente contra la sabana como si su vida dependiera de aquello y a mí me volvieron las ganas de quitársela — Estas como si te hubieran tenido amarrado contrólate — me dije a mi mismo tratando de mantener los pantalones puestos, en este caso la toalla puesta, le miré y en sus ojos había nervio, nada más que nervio, tanto que no me contesto.

— Si no te hubiera escuchado anoche y hace algunos minutos juro que eres muda — exclamé divertido entregándole el bolso que aferro fieramente a su pecho para distanciarme de su cuerpo y me sonrió nerviosa.

Yo en cambio me sentí poderoso al poder causar ese efecto en una mujer, y me encantaba, era como si mi ego de pronto se hubiera magnificado de aquí al cielo y esa sensación de poder mezclada con seguridad no la había experimentado antes.

— Necesito sacar algo de uno de esos cajones ¿Puedo? — le pregunté apropósito acercándome más de lo necesario y me sentí malvado.

Ese sentimiento de niño malo se vio aumentado cuando saque mi ropa interior y sin más me quite la toalla de la cintura para ponérmelos, sin previo aviso, se puso roja como tomate y se giró abruptamente dándome la espalda, mi risa entre dientes no se dejo esperar. Esas actitudes eran las que estaban calando hondo en mi interior, haciéndome desearla en una manera que seguro ella no estaba imaginándose, de pronto mi interés por ella se veía magnificado y la curiosidad inicial estaba siendo opacada con la intensión verdadera de que ella permaneciera en mi vida.

¿Deberías invitarla a desayunar? — me dijo mi lado galante pero mi lado más realista apago ese intento cuando escuche su conversación — ¿Tal vez es el novio? — Me dijo mi conciencia al escucharla hablar tan bajo para que yo no la oyera, mi corazón se apago — No puede tener novio sino como hubiera explicado el desaparecimiento por toda una noche y gran parte de la mañana — me dije tratando de convencerme de que ella era la persona a la que tanto había buscado.

Me acerque a ella y mientras aún hablaba le apreté su trasero, se levantó tiesa en su posición y le susurré en su oído de forma sensual que era toda suya la ducha, me reí cuando ella colgó casi de inmediato, nuestros rostros estaban uno frente al otro casi rozando, noté como su cabeza se acercaba lenta pero segura y apostaba a que estaba deseosa de que la besará — Somos dos — pensé pero finalmente ahogue el intento separándome de ella.

— ¿Alice tal vez? — le pregunté y un sentimiento de celos infundados me embargó pero qué demonios estaba pasándome, me recriminé iba a hablarle cuando el celular en mi bolsillo vibro —Maldición, maldito almuerzo familiar — y como odie a mis padres en ese minuto.

— Tengo que irme, puedes bañarte solo te pido que al salir dejes cerrada la puerta —expliqué al tiempo que tomaba mi chaqueta para irme. Salí de la habitación, no alcance a caminar unos pasos cuando pisé, sin querer, su polera y me reí, estaba en la mitad del pasillo, la tomé entre mis manos.

Mientras la contemplaba se me ocurrió una idea y no era muy bueno que ella anduviera con esa polera a la mitad del día. Camine hasta la pieza que ocupaba normalmente mi hermana cuando la tenía de "visita obligatoria" y por suerte había dejado ropa. Tomé al azar una muda —Probablemente le quede grande, o tal vez chico — pensé pero si recordaba bien su cuerpo le quedaría perfecto. Escribí la nota de rigor y como odiaba mi letra, luego de ensayar una que otra nota, le deje la más legible y salí del departamento odiando por completo a mi familia y su almuerzo familiar. Cuando llegue al estacionamiento mi celular vibró por segunda vez.

— ¿Dónde demonios estas? — me preguntó mi hermana Rosalie visiblemente irritada y si había algo que ella odiaba era esperar, pero entre mi hermana y la chica que estaba duchándose en mi apartamento no había comparación, no le hará daño esperar unos minutos.

— En camino, yo que sepa no soy tu chofer — le contesté.

Por qué no podía sacármela de la cabeza, por qué aún sentía la tibieza de su cuerpo contra él mío, aún podía sentir su perfume impregnado en mis sabanas, me giré en la cama, deslicé mis manos por el frio y vacio lado de la cama y como tantas noches estaba impecablemente ordenado. Tenía todo para ser feliz, de pronto mi vida había dado un giro enorme dándome todo lo que alguien pudiera soñar, habían pasado meses de este cambio de ser un desconocido a estar a la luz de todos y contrariamente a todo lo que la gente pudiera pensar mi vida era tan o más solitaria que antes.

Cuando había dicho que prácticamente permanecía sentado frente al teléfono esperando que telefonearan para contratarme no estaba exagerando, desde que había vuelto a casa, salvo por los paparazzi mi vida era prácticamente la misma que antes de filmar la película — solitaria — exclamé suspirando profundo mientras miraba el techo — ¿Estaría conectada? — me pregunté con un atisbo de esperanza que fue acallada completamente cuando miré mi reloj, eran cerca de las cuatro de la madrugada, que me hacía pensar que ella pudiera estar conectada a esa hora —Búscala —me propuso mi deseo más intimo y tenía todo para hacerlo, su número de teléfono, su Messenger, qué era lo que me detenía — la cordura — agregue entre dientes tomado una almohada entre los brazos, trataba de quitármela de la cabeza pero era imposible, menos si tenía la esencia de su cuerpo tan fuertemente clavada en mi piel como una marca de agua incapaz de verla pero suficientemente real para sentirla.

No supe en que minuto me quede dormido pero si estuve muy consciente de mi despertar, era cerca de medio día y alguien confundía mi puerta con un tambor, golpeaban de manera exagerada, mis vecinos me terminarían de odiar y si ya era molesto que los periodistas se infiltraran en el edificio, razón por la cual, se había puesto más vigilancia lo que había implicado más dinero en el gasto común, con el ruido que tenían ahora me correrían.

— Pero con un demonio — exclamé levantándome de la cama, al tiempo que me ponía los pantalones para abrir, exasperado tomé el pomo de la puerta y abrí, frente a mi estaba mi manager — Haz perdido el juicio — le reclamé sorprendido por su actitud.

— Llevo media hora golpeando — me aclaró y suspiré, ¿media hora? Me pregunté para mi, imposible contesté mentalmente y yo no tenía el sueño tan pesado para no sentirla golpear la puerta.

— ¿No eran mis días libres? — reclamé temiendo lo temible y la única manera para que ella estuviera frente a mi golpeando insistentemente mi puerta era por trabajo.

— Tienes que viajar — me anunció entregándome los boletos de avión y la miré aún más sorprendido que antes.

— ¿Dónde? — Pregunté pero no alcanzo a contestarme cuando lo leí yo mismo en los billetes de avión, alce mi mirada hasta encontrarme con la de ella— ¿Los Ángeles? — Musité — ¿Qué hare en los Ángeles? —le pregunté aún más confundido que antes y según yo sabía tenía al menos un par de días libres antes de pasearme por Hollywood, promocionando la Saga.

Suspiró pesado y no era buena señal, ese suspiro acompañado de esa posición en la que puso sus manos a la altura de la cadera, eran mala señal, estaba resignada a contar lo que tuviera que contar y por experiencias nada que ella tuviera que decir con esa pose era bueno.

— No fue mi idea, ciertamente no estoy de acuerdo con esta estrategia pero le perteneces a ellos, por decirlo de una manera — comenzó a explicarme y al principio no le entendí pero luego comprendí: Tanya, Edwarnyamanía.

— No — exclame lastimosamente — Por favor, dime que no — reclamé abriendo mis ojos y esto estaba siendo demasiado molesto, ahora ellos querían que yo alimentara el rumor de que Tanya y yo andábamos juntos visitando sin razón aparente la ciudad donde ella vivía.

— Lo siento, pero tómalo como un bonito paseo en primera clase —agregó con su voz divertida en un intento vano de hacerlo parecer entretenido.

— Pero no me gusta, hasta cuando con la tontera, pensé que ellos estaban en la idea de apagar el maldito rumor no de darle alas — reclamé enojado y era incomodo, no por el hecho de que seguro tendríamos que fingir que nos estábamos viendo a escondidas en algún lugar, siempre era entretenido conversar con ella, pero hacer parecer algo que no pasaba más allá que buena química y tal vez de la seducción fílmica estaba volviéndose agobiante por decir poco.

— Cambiaron de opinión

— Por qué ahora, y no en un par de días, ¿No teníamos que hacer esa sesión de fotografías para la película la próxima semana? – pregunté tratando de evitar lo inevitable y de verdad quería permanecer en casa no viajar a forma parte de un rumor publicitario.

— Lo siento — y ese fue el final, el final de mi ilusión.

¿Por qué no? Me había preguntado ayer frente al espejo, hoy tenía mi respuesta: Por qué es imposible.

Como odiaba pasar por los malditos aeropuertos y su maldita nueva ley después del 11 de septiembre — Por qué tengo que casi desnudarme — exclamé entre dientes sintiendo el silbido de los malditos paparazzi que hacían colmena a las afueras disparando los flashes, me quite la chaqueta y la pase por el lector, luego camine hasta el detector de metales y para variar sonó, el guardia me miró y me acerque molesto — que no capta que el botón es de metal o también tengo que sacarme los pantalones — me dije a mis adentros cuando el hombre pasó el detector por mi cintura — Brillante imbécil, descubrió América – le grite en mi mente con la sonrisa dibujada en los labios cuando él descubrió el por qué del sonido de la maquina.

— ¿ahora donde? — le pregunté a mi presentante y sabía que estaba siendo demasiado irritable con ella que no tenía culpa pero era la única cerca en ese minuto, si hubiera estado cerca un fotógrafo me desquito con él.

— No sé porque te quejas, cualquier quisiera estar en tus zapatos —zanjó abriendo la puerta de la van que nos esperaba

— Pues te cambio, ve tú y regístrate en aquel hotel haciéndote pasar por incógnita "evidente" y posa para estos estúpidos maniáticos y yo vuelvo a casa — exclamé cerrando de un portazo el automóvil, me corrí en el asiento al final y me quede mirando por la ventana en silencio.

— Ignorarme no cambiará las cosas

— Suerte la mía entonces — exclamé en respuesta.

Para mí sorpresa y la de mi representante no había nadie, ni un solo paparazzi en el frontis del edificio y me quede de una pieza ante aquello. No pude evitar que cuando estuve instalado en la habitación lo primero que saque fue mi notebook y tenía la extraña sensación de conectarme y hablarle al menos, no sería bueno desaparecer así de la nada luego de tener sexo con ella pero cuando iba a hacerlo se abrió la puerta, se sitió el sonido de goma contra el piso y supe de inmediato de quién se trataba.

— Hola — me dijo dejando su mochila en el suelo y cerré el notebook

— Hola — le contesté y nos quedamos mirando en silencio se acercó

— Te hicieron venir — exclamó sentándose a mi lado, y me encogí de hombros.

— ¿Estabas en los Ángeles? — le pregunté y ella negó con un sutil movimiento nervioso y era increíble lo tímida que podía ser a veces, me reí.

— ¿Hambre? — le pregunté haciéndola salir del transe, caminé hasta el teléfono y sí íbamos a pasar una "noche" juntos al menos haría que esa noche fuera la noche más cara que "ellos" pudieran pagar. Me miró un poco escéptica.

— Vamos, nos hacen venir, fingir que estamos pasándola de maravilla cuando esta claro que tu prefieres estar en otro lado y yo no voy a mentirte tenía mejores cosas que estar aquí — le confesé y verdaderamente estaba recién conociendo este mundo de Hollywood.

— Champagne — exclamó divertida

— Doce botellas de la champagne más cara — exclamé luego de indicarle otras tanta cosas al azar mientras Tanya se entusiasmaba cuando tomó el menú que estaba sobre una de las mesas.

— ¡No puedo creerlo! ¡No fuiste capaz! ¡Oh por dios donde quedo el tierno y caballeroso Edward! —gritó Tanya tomando de la botella, estábamos ambos un poco pasaditos, tirados en el suelo, cabeza junto con cabeza pero mirando en diferentes posiciones.

— ¿Por qué todo mundo espera que sea como el maldito personaje? — le pregunté al cabo de unos minutos aún mirando el techo

— Todos esperan que seamos como ellos, todos creen que soy la inocente humana enamorada del vampiro — agregó con la voz distorsionada — tienes un cigarrillo se acabaron los míos — me preguntó levantándose del suelo.

Me levanté y camine a tientas hasta el sillón donde había dejado mi mochila y saque una cajetilla nueva, cuando venía de regreso tomé una cuchará desde el bote de helado que se derretía.

— Tal vez no debimos pedir tantas cosas

Se arrepintió Tanya mirando la comida que estaba casi intacta, claro que no podíamos decir lo mismo del alcohol, con suerte quedaba la mitad de la ultima botella de vino y la tenía ella, porque después del Champagne habíamos bajado al menos cinco botellas si no más de vino.

— Da igual, si quieren manejar mi vida pues al menos gastarán en ello — exclamé dándole otra cuchara al helado y le aventé los cigarrillos.

— Se nos paso la mano —insistió mientras encendía uno y de pronto pensé en los detectores de humo y una idea brillante cruzo mi mente, miré al techo y ella me siguió con la vista

— Nooooo claro que no, eso sería un escándalo — se defendió asustada tomando entre sus manos el encendedor.

— Eso es lo que quieren —le hice ver

— Mejor háblame de tu conquista virtual, creo que no me has contado todo al respecto — exclamó haciéndome una señal con su mano para que me sentará a su lado a un costado del sillón.

Ah mi conquista virtual

Sonaba raro pero de solo recordarla se me puso la piel de gallina y la pregunta fue inevitable ¿qué estará haciendo ella en este minuto? Me pregunté. Le contesté a grandes rasgos mi conquista virtual y como ella vio que estaba demasiado santurrón mi historia se levantó como toda buena mujer dispuesta a sacarme hasta el último detalle jugoso.

— Espérate, tenemos que brindar — agrego tomando el teléfono y pidiendo otras cinco botellas de vino.

— ¿Cinco? ¿Quieres quedar inconsciente? — le pregunté jugando con ella cuando volvió a sentarse a mi lado.

— Bien señor sexy vampiro no cambie el tema, estábamos en que la fuiste a buscar y… — agrego entusiasmada por mi historia y era increíble que estuviera contándole mi historia amorosa a quien se supone debía ser mi "interés amoroso" no al revés. Las botellas llegaron y termine por soltarle todo, incluido los detalles.

— Definitivamente se nos paso la mano — exclamé sujetando su cabello mientras la veía mojarse el rostro en el baño.

— ¿Quieres saber mi opinión? — me preguntó girándose de improviso me salpico de agua el rostro y definitivamente se nos había pasado la mano, la veía doble, y la escuchaba en estéreo

— Solo búscala — me respondió — atrévete — agregó decidida y me sorprendió.

Desperté con un tremendo dolor de cabezas y no era él único, los parpados hinchados de mi coestrella opacaban ese color tan claro de sus pupilas y sumado a su pelo rojizo le daban un aspecto aterrador

— Creo que te ves como el personaje — exclamé divertido mientras me estiraba y me acercaba a desayunar, ella ya estaba haciéndolo.

— Ten — me entregó un par de aspirinas — De nada — exclamó tomando un sorbo a su café, me senté a su lado — ¿Y la buscarás? — me preguntó y había albergado la esperanza que ella no recordara la conversación después de todo estábamos bastante ebrios cuando la habíamos tenido pero su pregunta me confirmo lo contrario.

— Tal vez — exclamé sirviéndome café — si logro salir de aquí sin escándalo puede que sí — agregué y ella sonrió.

Llegamos juntos al ascensor y no sabía bien cómo íbamos a irnos, pero mi duda fue despejada cuando noté el vehículo de su madre a la salida de las puertas del estacionamiento, justo cuando pensé íbamos a pasar desapercibido sentí los flashes en mi cara y en la de Tanya.

Me subí al automóvil que me estaba esperando mi presentante que estaba allí

— Ves que no fue tan terrible — exclamó apenas me subí y claro ella no había estado por al menos veinte minutos tratando de esquivar a los molestos fotógrafos.

— Ya puedo irme de regreso a mis vacaciones — le pregunté.

— Lo siento pero no, ya que estas aquí mañana se hará la sesión de fotografías promocionales para la próxima película — exclamó y en serio el destino estaba confabulando en mi contra. Resignado asentí

Esto es imposible

Pensé comprobando que mi vida ya no me pertenecía a mí al menos hasta que la locura de Crepúsculo terminará.

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