sábado, 28 de enero de 2012

Encontrarte pero... ¿amarte u odiarte?



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17.- De aquí hasta el final contigo

Bella pov

Me desperté apenas salió el sol, era un milagro que pudiera dormirme la noche anterior, bueno, milagro es decir mucho, seguramente las horas que paso haciendo el amor con Edward ayudaron a eso. Me moví buscándolo. Nada. Vacío. Me incorpore rápido. No se había ido, no me había dejado ¿cierto? Digo, no se iría…. ¿O sí?, tal vez lo pensó mejor, la cuestión de los hijos nunca le agrado, tal vez prefirió seguir su vida sin mí, sin nosotros, tal vez no pensó bien anoche mientras me decía que jamás se iría y ahora con la luz del día se daba cuenta que no quería quedarse, tal vez…

-buenos días dormilona- su voz proveniente de la puerta casi me hace desmayar de alivio. Y debió ser evidente -¿no pensante que me había ido? ¿Verdad?- se sentó a mi lado en la cama.

-no, claro que no, hum, pensaba que en dos meses estaré enorme y ya no querrás hacerme tuya, seré una pelota con vagina- dijo ocultando el rostro en su pecho.

-eso no lo creo posible, pero si querré hacerlo, contigo siempre- dijo besándome.

Acariciándome. Me deje llevar por su contacto. Con casi seis meses sería complicado seguir haciéndolo, debía aprovechar cada minuto. Cada oportunidad, sus manos seguían su camino hacia donde el hambre por él crecía, la humedad se abría paso en mi cuerpo.

-ok, eso no me lo esperaba- dijo deteniéndose cuando el bebe pateo justo donde pasaba su mano.

-te esta saludando y ya me dio hambre, podemos hacer esto luego, de verdad mataría por unas alitas de pollo extra picantes- dije levantándome de golpe.

-¿no puedes esperar? quiero terminar lo que empezamos- dijo evidentemente excitado, me reí de su expresión.

-lo siento, de verdad muero por unas alitas-

-¿y donde las conseguirás? Estamos en una isla-

-Ah, pero es que no has descubierto el tesoro de la isla- dije vistiéndome para salir.

Me siguió rápidamente, baje a la cocina, Roberto desayunaba un tazón enorme de cereal, ese niño crecía como la hierba. Me dirigí a la nevera.

-buenos días mama, buenos días papa- ese solía ser su saludo desde que Edward se quedará tres semanas atrás.

-¿Qué harás hoy?- pregunto Edward besando la cabeza despeinada de nuestro hijo.

-el tío Eleazar me enseñara a armar y desarmar los cartuchos de dinamita para poder volar unos bancos de cocos secos- dijo como si nada.

Me gire molesta, Eleazar tendría una charla con mi 9 mm si seguía con esas cosas, ya era bastante malo que Jacob le enseñara a armas bombas con relojes de pilas, bicarbonato y soda.

-Edward…-

-si lo sé, yo lo pateo amor, tranquila- dijo saliendo.

Unos minutos después lo veía por la ventana sacudiendo al insensato hombre. Sonreí, yo habría preferido dispárale, pero eso era funcional. Saque el paquete de alitas congeladas y las puse en el microondas.

-mama ¿papa se va a quedar con nosotros para siempre?- me gire para míralo, su pregunta era con total seriedad. ¿Qué responder? Aun yo misma no me creía el asunto.

-sí, me quedare para siempre- dijo desde la puerta. La sonrisa de idiota me afloro. Se acerco hasta donde Rob estaba y lo abrazo. –Vamos, yo te enseñare a escalar las palmeras- dijo mientras mi sonrisa de borraba. –lo cuidare, estará bien- dijo besándome levemente.

-si valoras tu cabeza más te vale que este bien- dije regresando al microondas donde mis alitas estaban listas.

Para la tarde había acabado con el surtido de galletas, helado, alitas y papas fritas. De seguir así rodaría cuesta abajo. Por fin regresaron, Rob traía al menos dos raspones enormes uno en el codo, el otro en la rodilla y pequeños cortes en las manos. Edward pagaría por cada uno.

-antes que te engoriles mama, fue mi culpa, no hice caso cuando me dijo que no saltara de la roca, así que por favor no le dispares, lo necesitamos, es el único papa que tengo ¿recuerdas?- entro con las manos en alto Rob mientras Edward contenía la risa, detrás de él.

-ve a ducharte y cuando estés limpio papa te revisara esos raspones- dije besándolo.

-es terco, justo como tú- escuche en mi oído, me abrazo, bueno, nos abrazo.

-sí y también tiene un genio del carajo como tú- agregue.

-bien entonces esta completo, ¿Cómo crees que salga este?- pregunto mientras acariciaba mi vientre, completamente. El bebe pateo de nuevo. Y siguió haciéndolo con cada movimiento de su mano.

-hum creo que no me quiere- dijo quedándose quieto.

-creo que es su manera de decir hola, con suerte sale parecido a Rob-

-no, yo espero que se parezca a ti y que sea niña, será genial tener una versión tuya en miniatura- respondió besándome le cuello.

-Seguimos en la recamara, hay mas privacidad- susurre.

No necesito más invitación, me tomo en brazos y me llevo hasta la cama. Me recorrió completa con todo su repertorio de caricias, hundió sus dedos en mi cuerpo mientras me besaba con pasión. Bajo poco a poco sin dejar de moverse dentro de mí, mis gritos de placer eran sofocados a duras penas, chupo y mordió mis senos, mis pezones mega sensibles se endurecían con solo sentirlo cerca.

Edward pov

Se tenso un segundo antes de gritar mi nombre, había llegado, me acomode entre sus piernas sin presionarla debajo de mí. Me moría por estar dentro y sabía que moriría en cuanto entrara. Me enterré en su cueva caliente y mojada, era genial, me moví mas rápido sin ser brusco, en poco estuvo gritando otra vez, me vine enseguida. Derrumbarme sobre su cuerpo habría sido perfecto de no ser porque nuestro bebe se hacía presente. Me deje caer a su lado.

-¿te casas conmigo?- pregunte de nuevo en cuanto pude hablar de nuevo.

-sí, me gustaría eso- respondió sin mucho aliento, aun recuperándose.

Deslice le anillo en su dedo. Lo miro largo rato. Sonrió completamente al reconocerlo.

-¿el de tu mama?- pregunto por fin.

-sí, lo tome antes de salir para acá, cuando Jasper me dijo que te había encontrado, solo pensé en venir por ti y hacerte mi esposa. No pensé que te encontraría así, aunque no me molesta, me perdí el proceso con Rob, no me perderé este, no te dejare sola-

-hum, aun te falta algo sumamente peligroso para lo que necesitarás todo el entrenamiento y lo que tienes de experiencia para sobrevivir- la mire sin entender –Debemos decirle a Charlie-

Huy, era hombre muerto, Charlie no me apreciaba antes, menos ahora. Ojala el arma estuviera descargada cuando hablara con él.

-¿podemos platicar un momento Charlie?- pregunte dos días después de pedirle matrimonio a Bella.

-dime- seco, brusco y con toda la razón.

-bueno, yo… hum… Bella…- esto era insólito.

No me tiembla la mano para disparar y matar… pero decirle al padre de la mujer que amo, que me casare con ella, después de dejarla embarazada y desaparecer, dos veces,  era algo que el entrenamiento no te enseña.

-Edward quiere avisarte que nos casaremos en un mes- término de decir Bella a mi espalda.

-vaya, ya era tiempo, pensé que esperarías otros siete años para aparecerte de nuevo-

-papa…-

-no, tiene razón, por desgracia hay cosas que ya no puedo arreglar o remediar, pero me da gusto saber que esto, lo que aun hay entre Bella y yo si tiene arreglo- dije con la seguridad que logre juntar.

-bien, pues creo que solo me queda decirles felicidades, en hora buena- y salí vivo, por muy poco, si su mirada fuera una semi automática estaría como coladera.

Un mes después la casa era adornada para nuestra boda. Todo en tonos blancos, marfil y  plateado. Esme insistió en encargarse de la decoración. Mi padrinos por supuesto fue Jasper y Emmet, sus damas fueron Alice y Rosalie.

Sentados todos los demás en las sillas que se colocaron en la terraza de la casa, una pista de madera traída de algún lugar del Caribe se coloco en la arena y se rodeo con mesas, cada una tenía un arreglo floral en tonos suaves. Todo el lugar se veía increíble. Las luces se colocaron en antorchas entre las mesas y en la parte de arriba se colocaron lucecitas de navidad en blanco.

La música sonó y supe que había llegado el momento, la vi salir del brazo de Charlie, sonriente. Radiantes, completamente hermosa, como en mis desvaríos, embarazada y perfecta. La mujer más hermosa de mi mundo, mi mujer oficialmente en pocos minutos.

Camino hasta mí, el oficial estaba esperando igual que yo, se movía lentamente, tomándose su tiempo, por fin llego. Tomo mi mano y la sentí temblar. Vaya, la mejor asesina temblaba ante la idea de ser esposa. Mi esposa, Lindo.

-acepto - su respuesta me regreso a la realidad, me había perdido en sus ojos.

-acepto - respondí cuando fue mi turno, lo siguiente que supe fue que la estaba besando.

Los abrazos no esperaron, las felicitaciones y bromas tampoco.

-¿quieres descansar?- pregunte después de bailar por casi dos horas.

-no, tenemos que cortar el pastel, después de eso, sí, de verdad quiero comer pastel- dijo riendo. Sus labios rosados no habían dejado de sonreír desde que nos declararan esposos.

-vamos pues, no quiero que te agotes demasiado- dije abrazándola.

Tras el tradicional mordisco al pastel y que me embarrara de merengue, lo cortamos, se repartió y por fin mi esposa se sentó con sendo pedazo. La tarde paso tranquila, nos fuimos a la cama cansados, se durmió enseguida. Era un ángel, Gracias Dios por dejar este ángel en mi camino. Me dormí abrazado a su cuerpo caliente. Esa noche y las que le siguieron.

Los amigos se quedaron un mes más haciéndonos compañía. Mientras planeábamos la salida de la agencia. Eventualmente fueron llamados para más misiones, a veces juntos a veces separados.

-debo regresar a la oficina, hace casi siete meses que no me aparezco por allá, ¿quieres venir?-

-sí, me parece tiempo de regresar a mi oficina también, pero la tuya esta en un sitio y la mía en otro, hum la verdad esto de las vacaciones me tiene harta, extraño estar en el fuego- dijo sonriendo.

-sí, es interesante, nunca te he visto en acción directa, Jacob dice que donde pones la bala cae el muerto, ¿es cierto?- pregunte molestándola

-no siempre, una vez no considere la velocidad del viento y el tiro fue directo al otro lado- dijo riendo-

-¿Cuánto tenías de agente?-

-¿agente? No, fue a la semana de empezar el entrenamiento, Emmet tenía una pistola y me dio curiosidad- respondió con la risa en la boca.

-¿Emmet te dejaba jugar con sus juguetes?- pregunte, vaya amigo.

-era mejor que dejarme jugar con los cuchillos de Rosalie-  levante las cejas, era oficial, mi mujer estaba loca. De remate.

-bueno, me agrada saber que ya eres experta, ahora vístete, nos vamos hoy- la bese antes de  salir para pedir el transporte.

-yo me quedo- informo Rob cuando entre a su habitación para ayudarlo con sus cosas.

-¿no quieres irte con nosotros?-

-mira, mama estará pronto en su oficina y tú me imagino que también, aquí me quedare con el abuelo, estaré bien, además, cuando nazca el bebe mama estará más ocupada y probablemente lo traigan para acá, como a mí y las cosas serán como siempre, así que no le veo el caso a irme- dijo con una expresión de es-completamente-lógico.

-bueno quizá debas preguntarle a tu mama- ya que al parecer lo que yo decía no tenía importancia para él y al fin de cuentas ¿por qué lo tendría? apenas tenía dos meses en su vida. ¿Dolía? Sí. ¿Tenía remedio? Sí. ¿Me rendiría con él? No.

-Rob, te quedaras con tu abuelo en la isla, regresaremos en cuanto nazca el bebe, se quedara con ustedes, al menos hasta que mi situación se resuelva, quiero que le hagas caso a Charlie y a René. Te amo- se despidió Bella una hora después.

Para la noche estábamos en mi departamento. Y claro en cuanto supieron los chicos, se dejaron caer como paracaidistas. Esa noche nadie durmió, platicamos como los grandes amigos que éramos. Así pasamos al menos una semana.

En la mañana del domingo, mientras hacíamos un desayuno al aire libre, las cosas cambiaron.

-hum, debemos irnos- se acerco a donde estábamos Jacob.

Mientras todos los demás revisaban sus localizadores. Sonó el mío. Carajo. ¿Ahora?

-vamos, nos están llamando a todos- dijo Bella levantándose.

-¿A dónde crees que vas?- pregunte cuando la alcance en las escaleras.

-con ustedes, son directiva necesito coordinar a mi gente- respondió con toda seguridad.

-Bella estas a poco de parir, no te dejare poner un pie en el campo-

-no estaré en campo, me quedare en el centro de mando-

-no, es demasiada tensión para tu estado, lo siento pero no te dejare ir, soy tu esposo y te lo prohíbo- dije firmemente. Increíble apenas unas semanas de matrimonio y ya estábamos discutiendo por el trabajo.

-Edward, si no quieres que me convierta en viuda ahora mismo déjame pasar, voy a cambiarme de ropa, muévete Cullen- dijo firmemente igualando mi tono de voz.

-no iras y punto. Es mi última palabra- asegure tan firmemente como mi tamaño, fuerza y entrenamiento me permitían.

Ocho horas después los equipos incursionaban en una fábrica de armas. Jasper e Irina se hacían cargo de cortar las comunicaciones del lugar, mientras Jacob y Eleazar aseguraban las cargas y detectaban posibles bombas y trampas. Alice tenía el exterior cubierto desde una posición segura, muy segura a 800 metros de la fábrica, junto a mi esposa. Mi muy terca y testaruda esposa. Ambas estaban con rifes semiautomáticos de largo alcance.

-Isa ¿qué puedes ver?- pregunte.

-cinco sujetos a tus once en punto con dirección a Jacob, posicionados y armados en su totalidad, los eliminare antes de llegar a Kate- dijo y cumplió.

Para cuando llegamos a esa posición los tipos estaban tirados a pocos metros unos de otros, con disparos certeros en la cabeza. La mujer era precisa y exacta.

-¿Cómo te sientes?- pregunte de nuevo, ¿Cómo estaría acomodada? si la pansa no la dejaba dormir boca abajo.

-igual que hace cinco minutos que preguntaste solo que ahora estoy molestándome por tus constantes interrogantes, déjalo ya Cullen, de veras- dijo enfadada, sonreí.

-te habla en serio, no la molestes, Embarazada y armada es una mala combinación en Isa- dijo Carmen por el comunicador, la risa de los demás se escuchaba también.

-Edward ¿dormirás conmigo esta noche?- pregunto mi esposa

-no, tengo algo más importante que hacer esta noche que dormir, pero sí será contigo-

-¿aceptan compañía?- pregunto Kate

-sí, será interesante ver como se defiende Edward cuando juguemos Halo esta noche- agrego Jacob.

Esa fue una de las muchas bromas y anécdotas que realizamos juntos. Su equipo y el mío.

Su vida y la mía.


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