miércoles, 11 de enero de 2012

LSAE&B - CAP 7: Enfermera Swan


ENFERMERA SWAN

Bella se dirigió lentamente a la recámara de su futura cuñada —si puede llamarse así—, y levantó su mano para tocar. Antes incluso que su mano alcanzara la suave madera, la puerta se abrió de golpe para que luego Alice le tendiera una bolsa.

—Psíquicos. Siempre a la mano —dijo ella, guiñándole un ojo a Bella. Bella se ruborizó ligeramente y cogió la bolsa. Se regresó a la recámara de Edward, feliz de que él no estuviera allí para verla probarse lo que sea que Alice le hubiera metido en esa bolsa. Se había inventado una historia sobre ansias de un poco de helado de algodón de azúcar, y que estaba demasiado cansada como para ir a cualquier lado. Sabía que eso no le daba mucho tiempo, pero le daría lo suficiente. Ojalá. Cerró la puerta de la habitación detrás de ella, echó un vistazo a la bolsa y gimió.

Sacando el espantoso uniforme blanco de enfermera, trató de imaginarse usándolo. No pudo. A regañadientes, se quitó su chándal y camiseta y se metió en el corto uniforme. Era ajustado en los lugares equivocados. Había un estetoscopio, lo colocó en su ahora muy grande pecho. Oyó el sonido de la puerta del Volvo de Edward cerrándose de golpe y se lanzó al cuarto de baño, justo a tiempo. Oyó la puerta de la recámara abrirse, y la dulce voz de Edward.

— ¿Bella?

—Estoy en el baño —gritó, sin atreverse a ver su reflejo. ¿Quería seguir con esto? La respuesta era sí, sí quería, pero necesitaba fortalecerse respecto a eso.

—Lo siento, amor, no pude encontrar ningún helado de algodón de azúcar, así que sólo te traje un poco de chocolate —le explicó Edward a través de la puerta. Ella respiró hondo.

—Edward, mentí respecto al helado. No quería que vieras lo que estaba haciendo. Te tengo otra sorpresa —le dijo ella, ruborizándose incluso aunque él aún no podía verla.

—Bella… sabes que no tienes que hacer nada por mí —lo oyó suspirar.

—Yo quería, así que será mejor que lo disfrutes. ¿Estás listo para tu chequeo médico? —preguntó, tratando de no reírse de lo banal que sonaba. Abrió la puerta para encontrar a Edward sentado en el borde de la cama. La miró fijamente, con el rostro inexpresivo. Se dirigió hacia él, con su rubor profundizándose.

—Deberías checar mis signos vitales —le dijo Edward, su voz era entrecortada y sonaba controlada. Bella asintió y puso el estetoscopio en sus oídos, moviéndolo al pecho de él. Después de unos segundos, dejó escapar un jadeo.

— ¡Señor Cullen!, ¡No tiene pulso! —exclamó, esperando que su sonrisa no la descubriera.

—Qué extraño —comentó Edward, claramente aguantándose su propia sonrisa. Ella levantó una mano a la frente de él.

— ¡Y está frío como hielo! Será mejor que encuentre algo para hacerlo entrar en calor, no querrá que le de hipotermia —dijo Bella, moviendo sus labios nerviosamente. Antes de que pudiera hacer nada, los marmóreos labios de Edward estaban presionados contra los de ella. Estaba usando más fuerza de lo normal, lo que a ella le gustó.

Bella comenzó a desabotonar su uniforme de enfermera, pero Edward la detuvo.

—Déjalo, por favor —murmuró, dándole un rápido beso a su cuello antes de quitarse la camisa. Bella estuvo aturdida por un momento. Mirar a Edward sin camisa todavía tenía ese efecto en ella, y probablemente siempre lo tendría. Él comenzó a besarle el cuello descendiendo, a su clavícula, y estaba a punto de darle culto a sus pechos antes de que Bella lograra que su proceso de pensamiento volviera. Esto se trataba de Edward, y como de costumbre, él estaba tratando de hacer que se tratara de ella.

—Edward —trató de hacer que su voz sonara más imponente que un chillido, pero eso fue todo lo que salió. Edward la miró a los ojos, quemándola con su mirada. No dijo palabra. De alguna manera, este prácticamente silencioso Edward era tan erótico.

—Esto se trata de TI —dijo Bella, maniobrando un poco de modo que sus labios estaban dando ligeros besos por todo el pétreo cuello y torso de Edward. Su expresión no cambió, no hasta que ella desabrochó sus pantalones y bajó sus bóxers. Su polla se erguía con orgullo ante ella, tan dura y alta como jamás la había visto.

Su seguridad fue creciendo. Suavemente envolvió su mano alrededor de su dura polla y la bombeó lentamente, mirando su rostro y escuchando sus divinos gruñidos y gemidos. Podía sentir su propia excitación gotear por su muslo, y ella sabía que Edward podía olerla. Dio indicios de ponerse de rodillas, pero Edward negó y la detuvo.

—No esta vez, amor. Quiero follarte, ahora mismo —y sin esperar respuesta, Edward la cargó y la dejó caer sobre la cama, quitándose sus pantalones y bóxers a patadas. Bella sabía que Edward hablando sucio siempre tendría ese efecto en ella. De modo que cuando él rasgo el vestido y entró en ella de golpe, tuvo una idea.

— ¡Dámelo, Edward! ¡Quiero que me folles duro! —gritó al tiempo que Edward comenzaba a hacer justo eso. Su rostro mostraba conmoción ante sus palabras, pero eso sólo parecía excitarlo más. Agarró sus pechos y los apretó mientras continuaba cogiéndola. Bella se sintió a si misma acercándose al orgasmo, pero se mordió sus labios y envolvió sus piernas en torno de Edward, empeñada a que él se corriera primero. Continuó su charla obscena, con su cara ardiendo.

—Edward, me encanta cuando te corres dentro de mí. Me encanta oírte gemir y decir mi nombre. Y me encanta gemir tu nombre, ¡Edward! ¡Edward! ¡Edward! ¡Edward!

— ¡Carajo, Bella! —gimió Edward, explotando dentro de ella. Eso fue todo lo que Bella necesitó, y pronto se estaba corriendo también. Edward cayó junto a ella, envolviendo sus brazos a su alrededor. Bella seguía recuperándose de su orgasmo. Sintió a Edward saliendo de ella e hizo un mohín. Él se echo a reír, incluso aunque no podía ver su rostro.

—Gracias —susurró él, frotando su nariz contra su cabello. Ella sonrió y se dio la vuelta para encararlo. Compartieron un beso suave y simplemente se miraron a los ojos el uno al otro.

—Sobre ese helado… —dijo Bella, alzando una ceja.

— ¡NI SIQUIERA LO PIENSES! —gritó Alice, con su voz musical haciendo eco por toda la casa. Bella sintió su cara tornarse roja y gimió. Edward se rió entre dientes y besó su frente.


No hay comentarios:

Publicar un comentario