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lunes, 17 de septiembre de 2012

La Bestia Castillo



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14.- Edward la Bestia 


Edward pov 


Un golpe en la puerta me despertó. 

Con mucho cuidado de no despertar a Bella quien aun duerme en mis brazos me levante, dejándola sobre la almohada. La mire antes de abrir, se ve hermosa a la luz de la vela, dormida y embarazada, estoy seguro que en poco tiempo nacerá la criatura porque de otra manera no puede ser. Mi pequeña esposa carga un vientre enorme. 

-¿Qué pasa?- pregunte al encontrar a Emmet y Rose en la puerta. 

-lo encontramos, encontramos al maldito de James. Esta escondido en un pueblo del sur. Nuestros hombres lo están rodeando, pensé que querrías saber- aseguro mi amigo. 

-no solo quiero saber, quiero ponerle las manos encima- 

-Lo supuse. Vamos, Alice también se quedará con Bella, si partimos ahora, para la noche de mañana estamos de regreso- dijo Jasper de la mano con Alice. 

Emmet lo miro seriamente pero considerando que él mismo trae a Rose de la mano no dijo más. Jasper lo miro de la misma manera. 

-¿alguna vez pedirán a las muchachas o seguirán mirándose raro entre ustedes? -pregunte mirando a los cuatro. 

-bueno es que no hemos tenido tiempo…- dijo Emmet 

-es que no ha habido oportunidad…- se justifico Jasper 

Al mismo tiempo y casi a coro. 

-lo que pasa es que Jasper tiene miedo que Emmet lo masacre a golpes por pretenderme- dijo Alice separándose del rubio. 

-y Emmet tiene miedo que Jasper lo atraviese con la espada por andar conmigo- dijo Rose soltándose de Emmet. 

-vamos Rose, cuando ese par por fin usen la valentía que tienen para enfrentar adversarios, en pedir nuestras mano, les hablaremos de nuevo- dijo Alice molesta entrando con la rubia a la habitación. 

Me quede con dos magníficos guerreros en toda la palabra con la vista al suelo como niños atrapados en una travesura. 

-no tengo tiempo para sus brutalidades justo ahora, tengo un perro que matar pero en cuanto regresemos arreglaremos esto, no estarán con esas mujeres hasta que no hagan las peticiones formales- dije serio. 

-si Edward- fue la respuesta de ambos. 

Entre de nuevo bese a mi esposa y después de encomendarla a sus mejores amigas partí. 

En el patio interior están los hombres esperandome. Nadie hace más ruido del necesario. 

-¿hay alguien que prefiera no ir?- pregunte más que sarcástico, molesto, cuando los escuche murmurar el nombre de mi esposa y lo tarde que es para salir. 

-no señor, no piense eso, es solo que sabemos que la señora está en la segunda recamara de la torre y no queremos hacer ruido para evitar que se despierte, así no se preocupa por vernos listos para salir y no se altera- dijo Garrett. 

Me quede un momento con la boca abierta, la cerré tratando de aparentar normalidad. 

-señor, hemos pensado que si la señora tiene un varón podría ponerle su nombre o el de su suegro, para honrarlo, aunque claro eso es decisión de la señora y suya- dijo uno. 

-aunque si tiene una niña, el nombre de Isabella es muy hermoso y seguramente la niña lo será tanto como su madre. Aunque no es asunto mío- dijo otro bajando la mirada. 

-señor ¿cree que podamos ver a la señora pronto?- pregunto uno de los más jóvenes. 

-señor, Divina esta lista para tener jinete de nuevo y estoy seguro que la Señora apreciara salir de paseo en ella- apunto otro. 

-no seas bruto, la señora no puede ni caminar ahora - exclamo un cuarto hombre. 

-no dije que ahora animal, cuando este mejor. Extraño verla pasear por el patio- dijo de nuevo. 

Y ante ese comentario otros más se sumaron. Mis hombres extrañan ver a mi esposa caminar por el lugar. Yo también lo hago pero la veo todo el día. 

-el señor no tiene tiempo para sus preguntas y comentarios ahora, salgamos en silencio, estamos listos- dijo Emmet antes que yo pudiera responder. 

Ante mí tengo a toda una partida de guerreros despiadados en el combate, mostrando ternura ante mi esposa y la criatura que viene en camino. No porque sea mi hijo o mi esposa, sino porque ella ha logrado enamorar a todos en el castillo. No solo a mí. 

Partimos antes de la media noche. Cabalgamos hasta ver el amanecer. Nos detuvimos para darles a los caballos un par de horas de descanso. Apenas paso el tiempo montamos de nuevo. Pase cerca de Forks. Otro grupo de hombres dirigidos por Jacob, quien ahora se encarga de estas tierras cuando Garrett no esta, se unió a nosotros. 

-¿está seguro que se encuentra ahí?- pregunto Jacob. 

-sí, mis informantes son todo menos ineficaces, si ellos dicen que James está ahí, entonces es verdad- respondió Garrett. 

-bien, ya tenemos un plan de ataque, apeguémonos a él y recuerden que este asunto es cuestión de Edward y nada más de él- dijo Jasper sabiendo cuantas ganas tengo de tenerlo en mis manos. 

Para medio día mis hombres habían sacado a James y estábamos de regreso en Forks. En una de las mazmorras del castillo, que es mucho más pequeño que el mío, lo encerraron. 

-sé que tienes más que ganas de matarlo pero recuerda que no eres un asesino, nunca lo has sido y no debes empezar ahora. Toma tu venganza sin usar la espada- dijo Jasper quitándomela antes de entrar a donde lo tenían. 

-hare algo mejor que eso- dije entrando y cerrando detrás de mí. 

Jacob pov 

Apenas cerro detrás de sí, en todo el lugar se escucharon los gritos, unos por parte de Edward preguntando. 

-¿Por qué lo hiciste?- 

Otros de suplica por parte de James 

-“no me mate señor… me arrepiento” 

Y de nuevo Edward gritando a todo pulmón. 

-“no me es suficiente, cada lagrima que mi esposa derramo por su familia, la que tu mataste, no se quedará así, no se quedará sin castigo”- 

Los gritos de uno y otro, las suplicas de ese maldito bastardo cobarde y las respuestas de la Bestia. Me estremecí de escucharlo gritar y ver como clamaba venganza por la familia que solo vio por unos días y el inmenso amor que sin pena o reserva alguna declara por Bella. 

La puerta se abrió de pronto. Mostrando a un Edward sin camisa y con las manos ensangrentadas, la expresión asesina en el rostro, arrastrando por el pie a un James molido, acabado, prácticamente desfigurado, pero aun vivo. 

-llévalo al patio y reúne a los hombres- dijo mientras Emmet le entregaba una manta para que se limpiara. 

La expresión no ha abandonado su rostro. Es imponente. Nada queda de humanidad en él. Entre Jasper y yo llevamos al maldito a donde nos indicará. Garrett reunió a todos los hombres, tanto los que vinieran con Edward como los propios de Forks. 

-¡¡¡Este hombre, si puede decírsele así, mato a los Swan, a Charlie y Mike…!!! ¡¡¡Pero no solo eso, por sus acciones puso a mi esposa, lady Isabella, al borde de la muerte junto con nuestro hijo!!! ¡¡¡Este bastardo quito la vida de su señor, este peñajo no debe vivir más de lo que ya ha hecho, por lo que… lo dejo en sus manos!!! ¡¡¡Es todo suyo!!!- grito a viva voz Edward en medio del circulo que se formo. 

Con la cucaracha rastrera tirado junto a él. El primero en acercarse fue Jasper, después de patearlo dos veces se retiro no sin antes escupirlo. Emmet siguió. No fue nada considerado. Poco a poco y de a uno en uno fueron pasando. 

-¡¡¡mátenlo!!!- grito uno. 

-¡¡¡que pague por lo que hizo!!!- grito otro. 

-¡¡¡la señora sufre por su culpa!!!- grito un tercero. 

Y antes de saber quien se movió primero, si mi gente o la de ellos se abalanzaron sobre el traidor. En esa bola de golpes, insultos y vociferaciones sobre cuanto lo odiaban por asesino y por lo que causo en la señora del castillo poco a poco fueron alejándose. 

Por increíble que parezca el animal sigue vivo. Apenas, pero vivo. 

-¡¡¡déjame atravesarlo Edward….!!! ¡¡¡Déjame acabar con él!!!- grito Emmet mientras sus hombres lo detenían. 

-no, matarlo sería demasiado fácil, no ha sufrido lo suficiente, no ha pagado el dolor de mi esposa, no estoy satisfecho… no me parece suficiente. Llévenlo al bosque, al centro del bosque - dijo mientras los presentes hacían silencio. 

-señor, esa zona está llena de animales salvajes, oso, lobos y otras bestias… el Señor Charlie no nos dejaba entrar al bosque… es mortal…- 

- justo por eso - dijo antes de darse la vuelta completa mirándonos a todos - nadie en mi clan, en mis tierras, en mis dominios se atreverá jamás a hacerle daño a mi esposa o mi furia no verá fin hasta verle muerto ¿Queda claro para todos?- pregunto sin gritar pero con esa mirada que seguramente el mismo demonio tiene. 

-si señor- dijo a coro sus hombres. 

-¿y ustedes?- pregunto cuando la gente de Forks dudo en contestar. 

-claro como el agua señor- dije por primera vez. 

Y conmigo la gente de Forks, donde Bella siempre fue amada. 

Sé que sus palabras no son dichas por decir, porque por primera vez entendí que ese hombre frente a mi es la bestia a la que todos temen y supe que mi Bella estará bien. Que él se encargara de que así sea. 

-Por Lady Isabella- dijo uno. 

Y esta vez todos los presentes corearon su nombre mientras llevábamos al tipejo a donde se nos indicará. Tardamos media tarde en dejarlo bajo un árbol. A nadie le importo la suerte que correría. Aunque estuvimos a nada de morir en el intento. 

-mañana manda una partida de hombres, solo para asegurarse que no queda nada, no se acerquen, no quiero que se pongan en peligro. Creo que Garrett no será necesario aquí después de todo. Te quedarás a cargo, mandare más hombres para reforzar las fronteras y espero que en cuanto mi hijo nazca vayas, a Bella le dará gusto verte de nuevo y porque quiero saber cómo queda el asunto de los comercios. Confió en que harás un trabajo excelente- término de decirme mientras comíamos en el salón más grande, festejando la venganza. 

-Edward… debemos regresar al castillo… Bella esta en trabajo de parto - anuncio Jasper acercándose a donde estábamos. 

-prepara a los hombre y alcánzame, Emmet nos vamos- dijo mientras corría hacía la salida que lleva a las caballerizas- ¡¡¡¿Qué esperas Jacob?!!! ¡¡¡¿Una invitación con florecitas?!!!- grito antes de salir del edificio. 

Apenas nos subimos a los caballos Emmet, Jasper, Garrett y cinco hombres más nos dimos a la tarea de alcanzarlo. El hombre voló con todo y montura. Los demás nos alcanzarían en el camino o eso intentaría. Cabalgamos sin descanso alguno hasta el castillo donde Bella esta. No hubo un minuto en que Edward se detuviera, el caballo del señor parecía entender la urgencia de su amo pues no bajo el nivel ni la velocidad en ningún momento. 

-Edward por fin llegas tu esposa…- 

Un grito proveniente de la segunda ventana grande de la torre interrumpió al hombre rubio. Todos se encogieron ante eso, todos menos él. Quien aun sin desmontar se lanzo con todo y caballo al interior del castillo mientras su armadura volaba por los aires. 

Nadie lo vio de nuevo, solo el caballo regreso unos minutos después y sin más colapso en la entrada. 

No se levanto.

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miércoles, 11 de enero de 2012

INDICE: Las Sexys Aventuras de Edward & Bella


Autora: / Traductora: Sol

Pareja: Edward / Bella

Es un conjunto de sexys historias sobre la pareja. 

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INDICE: LAS SEXYS AVENTURAS DE EDWARD Y BELLA









-HISTORIA FINALIZADA-

LSAE&B - CAP 8: El Volvo




El Volvo

— ¿Adónde vamos exactamente? —le preguntó Bella a Edward, al girar en uno de los caminos desiertos de terracería en Forks. Él no respondió; sólo detuvo el auto y apagó el motor, volviéndose para sonreírle.

—Hemos tenido sexo en casi todas partes excepto en mi Volvo —le informó, desabrochándole el cinturón de seguridad. Se inclinó hacia ella y pasó sus labios sobre la línea de su pulso; Bella se estremeció.

— ¿Y exactamente qué vamos a hacer respecto a eso? —le preguntó a él sin aliento. Sintió sus labios crisparse en una sonrisa torcida contra su carne.

—Remediarlo. Inmediatamente —deslizó su cuerpo sobre el de ella, oprimiendo su pelvis contra la de Bella. Ella dejó escapar un gemido y atacó su boca, sus lenguas luchaban. Las prendas fueron esencialmente arrancadas; en el espacio cerrado era demasiado tiempo para consumir como para una eliminación cuidadosa.

Edward apretó sus pechos, tirando de los pezones hasta que se volvieron pequeños y duros puntos, antes de envolver uno con su boca. Bella gimió, sintiendo su centro volviéndose más húmedo a cada segundo. Edward se apartó por un segundo.

—Me encantan tus tetas, Bella. Tan rosas y atrayentes… —le dio al que acababa de lamer un pequeño apretón y Bella sintió una sacudida de placer dispararse a través de ella. Edward… hablando así, en su Volvo, bueno, era increíblemente excitante.

—No te detengas, Edward —murmuró ella, colocando su mano en su entrepierna. Él rió entre diente y quitó su mano.

—Llegaremos allí, amor, lo prometo. Quiero continuar con mi exploración.

Bella se retorció mientras él lamía, chupaba y mordisqueaba en su camino a su entrepierna, dejando con su paso pequeños fuegos artificiales en su cuerpo.

Edward arrancó sus bragas con facilidad, mirando su coño con una ceja arqueada.

—Lo sabía, podía olerte, pero no me esperaba esto, Bella. ¿Qué demonios te excita tanto? —le preguntó él, introduciendo un dedo en sus pliegues. Ella dejó salir un jadeo, y sus caderas se sacudieron por voluntad propia. Edward soltó una risita.

—Tú, tú y tus palabras —se las arregló para decir. Él sonrió e introdujo un segundo dedo.

— ¿Mis palabras? Entonces, seguiré hablando. Tú coño está tan cálido y húmedo, Bella. ¡Y tu olor! Tu olor me pone frenético —tomó su lengua y la pasó por sus pliegues, y sobre su clítoris, revistiendo su lengua con su sabor. Bella dejó escapar un fuerte gemido, y Edward siguió con su charla obscena.

—Podría pasar el resto de mi existencia degustándote con mi lengua. Esto es mucho más potente que tu sangre. ¿Sabes lo que me haces, Bella? Me pones tan duro. Me encanta la sensación de la primera vez que tu coño se envuelve alrededor de mi polla, y la forma en que se aprieta cuando te corres. ¿Pero sabes cuál es la mejor parte? —preguntó Edward, quitando sus dedos y moviendo sus labios a su oído.

Bella nunca había estado tan excitada en su vida. Negó con la cabeza. No confiaba en sí misma como para hablar.

—Ver que te corres. Tu rostro… es hermoso y erótico. Ahora, ¿qué es lo que quieres, Bella? —preguntó Edward, lamiéndose los dedos. Bella no necesitó pensar demasiado al respecto; la necesidad era casi dolorosa.

—A ti. Te quiero a ti, en mí, ahora —estaba sorprendida con la severidad de su dicho, y Edward le dedicó una sonrisa antes de arrancar su propia ropa interior y hundirse en ella.

—Tan condenadamente apretada —gimió, golpeando dentro y fuera de ella. El Volvo estaba sacudiéndose con la fuerza de sus estocadas. Bella no podía explicarlo; este Edward hablando sucio hizo algo en ella, y en unos instantes se sintió correr, con el nombre de él en sus labios y sus ojos observándola amorosamente.

—Eso es todo, amor. Creo que me voy a… —Edward se vino justo después de ella, con sus labios en su garganta mientras se vaciaba dentro de ella. Bella jadeó ligeramente al tiempo que Edward salía de ella y la besaba con suavidad.

—No fui demasiado brusco contigo, ¿verdad? —preguntó con preocupación, checando su cuerpo por alguna marca visible. Ella negó con su cabeza, sonriendo.

—No, definitivamente no.

De pronto, el sonido de las sirenas de policía llegó a sus oídos.

FIN

LSAE&B - CAP 7: Enfermera Swan


ENFERMERA SWAN

Bella se dirigió lentamente a la recámara de su futura cuñada —si puede llamarse así—, y levantó su mano para tocar. Antes incluso que su mano alcanzara la suave madera, la puerta se abrió de golpe para que luego Alice le tendiera una bolsa.

—Psíquicos. Siempre a la mano —dijo ella, guiñándole un ojo a Bella. Bella se ruborizó ligeramente y cogió la bolsa. Se regresó a la recámara de Edward, feliz de que él no estuviera allí para verla probarse lo que sea que Alice le hubiera metido en esa bolsa. Se había inventado una historia sobre ansias de un poco de helado de algodón de azúcar, y que estaba demasiado cansada como para ir a cualquier lado. Sabía que eso no le daba mucho tiempo, pero le daría lo suficiente. Ojalá. Cerró la puerta de la habitación detrás de ella, echó un vistazo a la bolsa y gimió.

Sacando el espantoso uniforme blanco de enfermera, trató de imaginarse usándolo. No pudo. A regañadientes, se quitó su chándal y camiseta y se metió en el corto uniforme. Era ajustado en los lugares equivocados. Había un estetoscopio, lo colocó en su ahora muy grande pecho. Oyó el sonido de la puerta del Volvo de Edward cerrándose de golpe y se lanzó al cuarto de baño, justo a tiempo. Oyó la puerta de la recámara abrirse, y la dulce voz de Edward.

— ¿Bella?

—Estoy en el baño —gritó, sin atreverse a ver su reflejo. ¿Quería seguir con esto? La respuesta era sí, sí quería, pero necesitaba fortalecerse respecto a eso.

—Lo siento, amor, no pude encontrar ningún helado de algodón de azúcar, así que sólo te traje un poco de chocolate —le explicó Edward a través de la puerta. Ella respiró hondo.

—Edward, mentí respecto al helado. No quería que vieras lo que estaba haciendo. Te tengo otra sorpresa —le dijo ella, ruborizándose incluso aunque él aún no podía verla.

—Bella… sabes que no tienes que hacer nada por mí —lo oyó suspirar.

—Yo quería, así que será mejor que lo disfrutes. ¿Estás listo para tu chequeo médico? —preguntó, tratando de no reírse de lo banal que sonaba. Abrió la puerta para encontrar a Edward sentado en el borde de la cama. La miró fijamente, con el rostro inexpresivo. Se dirigió hacia él, con su rubor profundizándose.

—Deberías checar mis signos vitales —le dijo Edward, su voz era entrecortada y sonaba controlada. Bella asintió y puso el estetoscopio en sus oídos, moviéndolo al pecho de él. Después de unos segundos, dejó escapar un jadeo.

— ¡Señor Cullen!, ¡No tiene pulso! —exclamó, esperando que su sonrisa no la descubriera.

—Qué extraño —comentó Edward, claramente aguantándose su propia sonrisa. Ella levantó una mano a la frente de él.

— ¡Y está frío como hielo! Será mejor que encuentre algo para hacerlo entrar en calor, no querrá que le de hipotermia —dijo Bella, moviendo sus labios nerviosamente. Antes de que pudiera hacer nada, los marmóreos labios de Edward estaban presionados contra los de ella. Estaba usando más fuerza de lo normal, lo que a ella le gustó.

Bella comenzó a desabotonar su uniforme de enfermera, pero Edward la detuvo.

—Déjalo, por favor —murmuró, dándole un rápido beso a su cuello antes de quitarse la camisa. Bella estuvo aturdida por un momento. Mirar a Edward sin camisa todavía tenía ese efecto en ella, y probablemente siempre lo tendría. Él comenzó a besarle el cuello descendiendo, a su clavícula, y estaba a punto de darle culto a sus pechos antes de que Bella lograra que su proceso de pensamiento volviera. Esto se trataba de Edward, y como de costumbre, él estaba tratando de hacer que se tratara de ella.

—Edward —trató de hacer que su voz sonara más imponente que un chillido, pero eso fue todo lo que salió. Edward la miró a los ojos, quemándola con su mirada. No dijo palabra. De alguna manera, este prácticamente silencioso Edward era tan erótico.

—Esto se trata de TI —dijo Bella, maniobrando un poco de modo que sus labios estaban dando ligeros besos por todo el pétreo cuello y torso de Edward. Su expresión no cambió, no hasta que ella desabrochó sus pantalones y bajó sus bóxers. Su polla se erguía con orgullo ante ella, tan dura y alta como jamás la había visto.

Su seguridad fue creciendo. Suavemente envolvió su mano alrededor de su dura polla y la bombeó lentamente, mirando su rostro y escuchando sus divinos gruñidos y gemidos. Podía sentir su propia excitación gotear por su muslo, y ella sabía que Edward podía olerla. Dio indicios de ponerse de rodillas, pero Edward negó y la detuvo.

—No esta vez, amor. Quiero follarte, ahora mismo —y sin esperar respuesta, Edward la cargó y la dejó caer sobre la cama, quitándose sus pantalones y bóxers a patadas. Bella sabía que Edward hablando sucio siempre tendría ese efecto en ella. De modo que cuando él rasgo el vestido y entró en ella de golpe, tuvo una idea.

— ¡Dámelo, Edward! ¡Quiero que me folles duro! —gritó al tiempo que Edward comenzaba a hacer justo eso. Su rostro mostraba conmoción ante sus palabras, pero eso sólo parecía excitarlo más. Agarró sus pechos y los apretó mientras continuaba cogiéndola. Bella se sintió a si misma acercándose al orgasmo, pero se mordió sus labios y envolvió sus piernas en torno de Edward, empeñada a que él se corriera primero. Continuó su charla obscena, con su cara ardiendo.

—Edward, me encanta cuando te corres dentro de mí. Me encanta oírte gemir y decir mi nombre. Y me encanta gemir tu nombre, ¡Edward! ¡Edward! ¡Edward! ¡Edward!

— ¡Carajo, Bella! —gimió Edward, explotando dentro de ella. Eso fue todo lo que Bella necesitó, y pronto se estaba corriendo también. Edward cayó junto a ella, envolviendo sus brazos a su alrededor. Bella seguía recuperándose de su orgasmo. Sintió a Edward saliendo de ella e hizo un mohín. Él se echo a reír, incluso aunque no podía ver su rostro.

—Gracias —susurró él, frotando su nariz contra su cabello. Ella sonrió y se dio la vuelta para encararlo. Compartieron un beso suave y simplemente se miraron a los ojos el uno al otro.

—Sobre ese helado… —dijo Bella, alzando una ceja.

— ¡NI SIQUIERA LO PIENSES! —gritó Alice, con su voz musical haciendo eco por toda la casa. Bella sintió su cara tornarse roja y gimió. Edward se rió entre dientes y besó su frente.


LSAE&B - CAP 6: Esa Sensación de Hormigueo



ESA SENSACIÓN DE HORMIGUEO

Cuando Bella había ido con Alice en busca de ayuda, había esperado un viaje de compras. Así que allí estaban, en camino a Port Angeles, listas para comprar. Pero Alice no tomó la ruta hacia el gran almacén que acostumbraba; sino que conducía su Porsche por las oscuras calles de Port Angeles. Bella frunció el ceño.

—¿Adónde vamos Alice?

La pequeña vampiro le sonrió.

—Ya verás.

El ceño de Bella se profundizó y cruzó sus brazos sobre su pecho. Odiaba las sorpresas.

Finalmente se detuvieron frente a un pequeño edificio de mala muerte sin letrero, sin ventanas, nada. La mente de Bella se arremolinaba con las posibilidades; ¿qué estaba planeando Alice?

—¡Vamos! —exclamó Alice, saltando del coche y esperando por Bella. Salió y juntas se dirigieron al interior.

La primera cosa que notó Bella fueron dos colores principales; color carne y rosa. Luego la golpeó el lugar dónde en realidad estaban.

—Alice —siseó, con el rostro enrojeciendo—. ¿Esto es…? ¿Por qué tú…? —Alice la interrumpió.

—Relájate, Bella. Es una sex-shop. Te estoy ayudando, ¿recuerdas? —susurró con entusiasmo, dirigiéndose hacia la variedad de lubricantes.

Bella estaba demasiado conmocionada como para moverse. Sus ojos se fijaron en todo; la gigante pared de pornografía en la parte posterior, las estanterías llenas de consoladores y vibradores de todos los tamaños y formas, los trajes cachondos, los libros… se dirigió hasta allí rápidamente, pensando que ese era el lugar más seguro para estar. Alice suspiró exasperada.

—¡Bella, ven aquí!

Bella negó con la cabeza, aterrorizada. Un hombre mayor con barba y manchas por la edad la miró de detrás de un libro sobre posiciones sexuales y rápidamente Bella se le unió a Alice.
—Gracias, Bella. Ahora, mira estos y escoge uno que creas que le gustaría a Edward —dijo, señalando el interminable surtido de lubricantes—. Voy a estar mirando lencería para ti.

Bella se ruborizó más intensamente, si era posible, y Alice se alejó danzando. Se obligó a examinar las pequeñas botellas que prometían aumentar el placer y suspiró. Había una púrpura brillante que le llamó la atención, y la tomó cautelosamente. Era supuesto para producir mucho hormigueo, y retrasar tu orgasmo, de manera que éste fuera más poderoso. Se dirigió hacia Alice, quien sujetaba dos de los mismos cambios en su mano, uno blanco y uno azul. Levantó la mirada hacia Bella y murmuró:

—Definitivamente el azul —puso el blanco de nuevo en el perchero, y le arrancó de las manos el lubricante que Bella había escogido.

—¿Qué es eso? —preguntó Bella curiosamente, señalando una pequeña bolsa negra, la cual indicaba que Alice había comprado algo. Alice le sonrió.

—Algo que compré, pero que no quiero que veas —dijo, dirigiéndose a la caja registradora. Bella intentó mirar la cosa azul que Alice estaba a punto de pagar, pero fue rápidamente empacada por el cajero.

El viaje a casa fue casi silencioso, mientras Bella estaba preocupada por lo que estaba haciendo. Alice estaba tratando de tranquilizarla.

—Confía en mí, por mucho que no quise ver esto, te veo, y a él sin duda que le va a gustar lo que adquiriste de la tienda.

—¿De verdad? —susurró ella. Alice le dio su mano y le dio un rápido apretón.

—Sí. Edward te ama, y esto lo va a enloquecer.

Bella sonrió un poco después de eso.

Entraron en la vereda de los Cullen y salieron, dirigiéndose a la lujosa casa.

—Pronto llegará a casa. Deberías de tener tiempo suficiente para cambiarte. Me voy de compras. Y cuando quieras mi ayuda otra vez, te daré esto —dijo Alice, dándole a Bella una bolsa y señalando la otra. Bella abrazó a Alice una última vez, antes de lanzarse escaleras arriba y entrar a la habitación de Edward.

Bella tragó saliva y saco la cosa… azul oscuro, tratando de imaginarse usando eso. No pudo. Estuvo tentada a rajarse, pero había llegado tan lejos… se sonrojó y desabrochó sus vaqueros, quitándoselos al igual que su camiseta. Se quitó el sujetador y sus bragas, y se puso la lencería que Alice le había comprado. Se examinó en el espejo, insegura de si se veía sexy o no… y entonces la puerta de la habitación se abrió, y Edward entró. Se detuvo en seco, y se quedó mirándola, con sus dorados ojos traspasándola. Ella se sonrojó; ¿en serio se veía tan mal?

—Bella —gruñó Edward, recuperando el habla y el movimiento—. ¿De dónde sacaste eso?
—Alice —no creía poder explicarle toda la historia.

—Recuérdame comprarle otro Porsche —murmuró, de pie ahora a sólo un paso de ella. Bella se ruborizó más intensamente.

—¿Te gusta? —susurró, con sus ojos marrones encontrando los de él.

Edward se veía sorprendido.

—¿Gustarme? Por supuesto que sí, amor. Te ves tan… sexy.

La forma en que la miraba, como si fuera algo de comer… bueno, la excitaba. Se obligó a concentrarse.

—Bueno, bueno. Hay algo más que espero te pueda gustar —susurró, con las mejillas carmesí. No podía creer que estuviera haciendo eso. Sacó la pequeña botella púrpura de la bolsa. Edward se veía intrigado.

—¿Qué es eso? —le preguntó, confuso.

Ella se sonrojó más fuerte.

—T-te mostraré —balbuceó, colocando la botella sobre la cama. Se acercó a él y comenzó a desabrocharle los pantalones. Él la miraba como si estuviera tratando de resolver un rompecabezas.

—Me gustaría poder leer tu mente —gruñó, mientras le bajaba los pantalones y se los quitaba. Le bajó los bóxers y su polla saltó hacia adelante, ya dura. Aún ruborizada, se puso una gota de lubricante en el dedo y se la untó en la punta de la polla a Edward. El efecto fue instantáneo. Lanzó un gruñido, y en la mente de Bella no había duda de que si él hubiera llevado algo, ahora sería polvo muy fino.

—Jesucristo, Bella, ¿qué diablos es eso? —gimió, mirándose como si estuviera a punto de perder el equilibrio. Ella trataba de no echarse reír.

—Lubricante. Lubricante que provoca hormigueo —le dijo ella, apretando más en su palma. Edward se sentó en la cama, no confiando en su equilibrio.

—Mucho hormigueo —gruñó, mientras ella aplicaba más en su miembro duro como roca. Bella estaba sorprendida del mucho efecto que había tenido en él. Estaba más duro de lo que nunca lo hubiera visto antes. Checó la botella para ver si esa cosa era comestible. Decía que sí, así que puso un poco más en la punta de su polla y vertió una gran cantidad en su mano, la cual envolvió alrededor de la polla de Edward y comenzó a bombear de arriba abajo. Puso su boca en la punta, chupando ligeramente mientras hacía lo otro. Edward parecía estar fuera de sí. Evidentemente estaba conteniendo su orgasmo lo mejor que podía, las sábanas de la cama estaban hechas jirones.

—Bella.

Ni siquiera tuvo tiempo para decir más que su nombre al tiempo que se venía, con su polla disparando su orgasmo en la garganta de Bella. Para ese momento, estaba un poco más experimentada en eso, y se lo tragó con un poco más de tacto. Edward estaba tan quieto como una estatua mientras se recuperaba de su orgasmo, Bella todavía estaba de rodillas, mirándolo con ansiedad. No importaba su propia excitación, ¿lo había matado? ¡Tal vez esa cosa era tóxica para vampiros! Gimió ante ese pensamiento. Eso sería sólo su suerte. Matar a su novio con un lubricante provocador de hormigueo.

—¿Edward? —preguntó cautelosamente, parándose y mirándolo. Él abrió un párpado para mirarla.

—¿Te maté? —le preguntó ella, mirando a lo que parecía ser su cuerpo casi sin vida. Sus labios de mármol se movieron.

—Sí.

Ella dejó escapar una risita. Se subió a la cama, y se recostó junto a él.

—¿Vas a estar bien? —preguntó ella, acurrucándose en su frío pecho como piedra.

—Sí. Todo sigue hormigueando —le dijo, al parecer todavía estaba en estado de shock. Ella trató de contener su risa.

—Había planeado más, pero creo que eso podría haber sido suficiente para una noche —dijo ella ligeramente, arrojando una manta sobre el cuerpo medio desnudo de Edward. Se movió por primera vez en unos minutos, volviéndose para mirarla.

—Bella, mi amor, lo siento mucho, sabes que brinco ante la oportunidad de estar contigo en cualquier momento, ¡pero esa cosa es peligrosa! ¡Es más potente que tu sangre! Me preocupa poder matarte si lo usamos de nuevo mientras seas humana —le dijo él, con sus ojos dorados turbados por ese pensamiento. Bella se apuró a dejar la botellita de lubricante en el cajón de la mesita de noche.

—Entonces lo usaremos después de mi transformación —convino ella, ruborizándose ligeramente. Estaba un poco decepcionada de que no hubiera tenido relaciones sexuales con Edward esa noche. Pero al menos él había recibido placer. Un abrumador, increíble y potente placer. Quizás mañana cosecharía mejores resultados.

LSAE&B- CAP 5: Oh Señor Cullen...


OH SEÑOR CULLEN 


Bella se dirigía a la clase de Inglés con rapidez, esperando que el Sr. Mason no la reprendiera demasiado duro. Hoy había sido uno de esos raros días soleados; a Edward no le habían permitido salir de casa, dejándola desdichada. Se la había pasado todo el almuerzo pegada al teléfono público de la escuela, hablando con él. El tiempo había escapado de ella. Finalmente lo hizo, arrastrándose por las puertas y tratando de no tropezar con sus propios pies.

El aula estaba vacía. Frunció el ceño, mirando alrededor. Nadie, ninguna señal de vida en la pequeña aula. Estaba a punto de dar media vuelta e irse, pero una voz la detuvo. Una voz muy familiar.

—Buenas tardes, Señorita Swan —dijo Edward, entrando en el salón, vistiendo el tipo de traje que un profesor usaría. Una camisa de vestir azul claro, fajada dentro de unos prístinos pantalones caqui. Cerró la puerta detrás de él, echando el cerrojo y cerrando las persianas.

Bella estaba sin habla. Tenía un millón de preguntas corriendo por su mente; ¿Cómo Edward había arreglado aquello? ¿A dónde había ido la clase? ¿Cómo se las había arreglado para llegar a la escuela sin que el sol revelara su mortal secreto?

—Edward —comenzó ella—. ¿Cómo…

—Llámeme Sr. Cullen, por favor —le dijo él, sonriendo con indulgencia. Ella lo miró fijamente; sin duda esto era una especie de situación 'juego-de-roles', y hasta ahora ella no había estado haciendo un buen trabajo. Arregló sus rasgos a una apresurada sonrisa.

—Claro, Sr. Cullen —dijo, tomando asiento en el frente del aula.

Lo tenía que admitir, Edward se veía HOT como profesor. Él caminó hacia ella lentamente, sin apartar sus ojos de su rostro. Llegó a su pupitre y se inclinó, de modo que su cara estaba sólo a unos pocos centímetros de la de ella. Ésta sintió que su corazón latía salvajemente y tragó saliva audiblemente.

—Dígame, Señorita Swan, ¿Qué hizo para acabar en detención? —le preguntó a ella, con una sonrisa sexy en su rostro. Bella se obligó a concentrarse.

—Llámeme Bella, por favor. Y uh, no estaba consciente de que hubiera hecho algo malo —le respondió, con un leve rubor apareciendo en sus mejillas.

—Muy bien, Bella. Yo estaba bajo la impresión de que estaba provocando disturbio en su clase de Biología —dijo Edward seriamente, con su rostro todavía a sólo centímetros del de ella.

Ahora Bella estaba en verdad confundida. No entendía a dónde iba Edward con eso.

—¿Qué clase de disturbio? —le preguntó, frunciendo el ceño ligeramente.

—Ser demasiado hermosa, por supuesto. Es difícil concentrarse cuando usted es increíblemente sexy.

—No puedo imaginar cómo es eso —dijo secamente, con las mejillas volviéndose de un color rosa más oscuro—. ¿Así que cuál será exactamente mi castigo?

Edward no respondió; aplastó sus labios en los de ella, con sus dedos haciéndose nudos en su cabello. Bella respondió abriendo su camisa de un jalón, los botones salieron volando por todas partes.

—Me gustaba esa camisa —murmuró Edward, mientras se apartaba para quitar la camiseta de Bella.

—Desquite —dijo ella con una sonrisa, presionando su cuerpo contra el de él. Volvió a pegar sus labios contra los de ella y ésta suspiró en su boca. Sintió que Edward la cogía y la colocaba en el borde del amplio escritorio del profesor al frente de la sala. Él desabrochó su sujetador y lo arrojó a un lado, apartando su boca de la de ella y arrastrándola hacia abajo a sus pechos, su húmeda y fría lengua lamió sus pezones, poniéndolos duros. Se bajó los pantalones con alarmante velocidad; siguiendo con las bragas de ella. Luego volvió a los pechos femeninos, succionando y lamiendo sus pezones de nuevo, poniéndola frenética. Ella dejó escapar un pequeño gemido. Edward besó y lamió a su manera descendiendo lentamente a su coño, excitándola más y más. No hubo bromas esta vez; fue al grano, deslizando su fría lengua en su coño, lamiendo su clítoris mientras ella gemía su nombre, tratando de ser silenciosa.

—Tienes una A+ en este curso —jadeó Bella, tratando de evitar que sus muslos temblaran. Edward dejó lo que estaba haciendo para alzarle una ceja.

—Yo soy el profesor, ¿recuerdas? Yo te evalúo. Hasta ahora estás pasando con total éxito —le dijo a ella, volviendo a lo que estaba haciendo. Bella dejó escapar un lloriqueó mientras él lamía su clítoris repetidamente. Podía sentirse a sí misma a punto del orgasmo.

—Ed- Sr. Cullen, voy a… —jadeó, cuando sintió que Edward se metía su clítoris en su boca y lo succionaba. Se vino, temblando y gimiendo en voz baja. Edward le dedicó una sonrisa torcida y en los dos segundos en que Bella había cerrado los ojos y vuelto a abrirlos, él estaba desnudo. Ella trató de calmarse, poner sus pensamientos en orden, pero fue en vano. Había un solo pensamiento en su mente, y ese era Edward.

Él se colocó en su entrada y se deslizó en ella con un gemido, con sus manos aferrando la cintura de ella con fuerza. Ella dejó escapar un suspiro de satisfacción y trató de retroceder y avanzar para encontrarse con los empujes de Edward. Él quitó una mano de las caderas de ella y usó su frío dedo para frotar su ya hinchado clítoris. Bella dejó escapar un gemido tan pronto como él lo tocó; todavía estaba increíblemente sensible de la última asistencia que él le había dado. Lo frotó en pequeños círculos, hasta que ella estaba justo en el borde de nuevo.

Él también estaba muy cerca. Con un pequeño gruñido, se vino, gimiendo el nombre de Bella al tiempo que hacía sus últimos empujes, todavía frotando su clítoris. En ese momento Bella se vino de nuevo, con su cuerpo retorciéndosele y sudando. Apenas se dio cuenta que Edward había salido de ella mientras su placer disminuía. La levantó en sus fuertes y fríos brazos como si fuera una muñeca de trapo, y la besó dulcemente. Bella se las arregló para encontrar su voz.

—¿Sr. Cullen? —preguntó sin aliento.

—¿Sí, Bella?

—¿Das clases privadas íntegramente?

Él levantó el rostro de ella y la miró a los ojos con los suyos color topacio.

—Por ti, haría cualquier cosa —le dijo con su aterciopelada voz angelical.

Bella se derritió en otro charco cosa pegajosa ante sus palabras. Tenía que hacer algo para Edward… pero necesitaba ayuda. Necesitaba a Alice.

LSAE&B- CAP 4: Excursionismo al estilo Cullen

Excursionismo (Al estilo Cullen)

Bella sudaba y jadeaba mientras trababa de mantener el ritmo de Edward.

—¿Ya llegamos? —murmuró sarcásticamente, saltando por encima de varias piedras grandes y siguiendo a Edward a un pequeño claro. Él miró alrededor, escudriñando, y sonrió.

—Sí.

Bella apoyó su espalda contra un gran árbol, y se deslizó para sentarse en la base.

—Gracias a Dios —refunfuñó, suspirando de alivio. El excursionismo realmente nunca había sido su fuerte. Inspeccionó su alrededor. No había nada especial en ese lugar; sólo árboles y troncos como en cualquier lugar del bosque. Había estado lloviendo de vez en cuando un poco, tenía el cabello ligeramente húmedo por la llovizna.

—¿Por qué vinimos aquí? —preguntó Bella, después de pensar un momento. Edward le sonrió torcidamente y se sentó a su lado, sus fríos dedos quitaron el cabello del cuello de ella para luego ser sustituidos por sus labios.

—Alice tuvo una visión —murmuró de manera angelical. Bella se obligó a sí misma a concentrarse.

—¿Acerca de? —preguntó ella, tratando de no retorcerse cuando la lengua de Edward salió para trazar la línea de su pulso.

—Ella dijo que vendríamos hasta acá y que nos íbamos a satisfacer en gran medida. Luego me rogó que le vertiera lejía en los ojos —dijo Edward, riéndose entre dientes. Había dejado de hacer lo que estaba haciendo, y ahora Bella podía pensar con claridad de nuevo. Jadeó
—Oh Dios, ¿nos vio teniendo sexo aquí? Pobre Alice… —suspiró ella, pensando en su futura hermana y en sus visiones, estremeciéndose ligeramente.

—También dijo que te olvidarías de ella en cuanto te besara —dijo Edward, presionando sus labios en los de ella.

Y justo como Alice había predicho, ella ya no estaba en los pensamientos de Bella. Nada más Edward y sus labios estaban en estos. Ella le devolvió el beso con entusiasmo, con sus dedos retorciéndose en el cabello de él. Bella estaba sobrepasada por un pensamiento, y un único pensamiento; quería que fuera diferente de las otras veces. Quería que fuera rudo.

—Edward —dijo ella con apremio, apartando sus labios.

—¿Hmm? —suspiró él, sus ojos se trabaron en los de ella, con sus manos todavía en su cintura. Su rostro estaba lleno de inquietud mientras la miraba.

—No te preocupes —dijo Bella rápidamente—. Es sólo que tengo una petición.

—Cualquier cosa —dijo él de inmediato.

—Yo… quiero que esto sea rudo —susurró, desviando la mirada de la de él.

Con un dedo frío movió la cara de ella a su posición inicial. No dijo nada, sólo buscó sus ojos con los suyos mientras ella se sonrojaba. Finalmente, habló.

—Tengo una condición. Si te estoy lastimando, voy a parar. Espero que me digas si te hago daño. Lo digo en serio, Bella. El saber que te he causado daño alguno, en cualquier modo, sería una tortura para mí y de la peor forma.

Ella asintió con la cabeza, para proyectar que comprendía. Para ella verlo sufrir también sería la peor tortura.

De repente, él la empujó contra el árbol, dejando toda suavidad a un lado. Ella vio un fuerte deseo en sus ojos que no había visto nunca antes. Eso la excitó, y también la asustó un poco. Se preguntó si la misma mirada estaba presente en sus propios ojos. Él no perdió tiempo, removiendo su impermeable y suéter, y ella a él. Se besaron con fiereza, Edward permitiendo menos control de sí mismo. Eso no era como cualquier otro beso que hubieran compartido antes. Ese beso era salvaje, indomable, tan lleno de pasión y deseo, lo que hacía que la cabeza de Bella tuviera vértigo. Él se apartó para quitarle la camiseta y el sostén, mientras Bella se maldecía en silencio por llevar tantas capas de ropa esa mañana. Él aplastó sus labios de vuelta a los de ella por un breve momento, luego los bajó hasta el hueco de su cuello, en donde ella sintió los dientes de él rozar la línea de su pulso. Eso la entusiasmaba y excitaba, a sabiendas de que sus dientes estaban tan cerca, a sabiendas de lo que harían con ella en poco tiempo.

Sintió que él introducía brutalmente un seno en su boca mientras que su mano apretaba con fuerza el otro. Dejó escapar un pequeño gemido. Una vez más, mientras él se apartaba, sintió los dientes de él rozar la punta de su pezón. Bella se quitó sus jeans con rapidez, siguiendo con sus bragas. Edward, ya desnudo y esperando, dejó escapar un pequeño gruñido y la levantó, con sus manos en el trasero de ella, presionando la carne con fuerza. Se deslizó en su interior con un movimiento lento, y colocó la espalda femenina de nuevo contra el árbol.

Y luego comenzó la charla obscena.

—Eres tan jodidamente estrecha. Y caliente. Eso me pone absolutamente salvaje —gimió Edward, saliendo y entrando de golpe en ella. Bella sintió la corteza del árbol arañar su espalda, pero estaba demasiado ocupada siendo sorprendida por lo que Edward había dicho. Estaba aún más sorprendida por el efecto que esas palabras tenían en ella. Estas enviaron un escalofrío por su columna vertebral, y se encontró a sí misma cada vez más excitada.

Edward pareció darse cuenta de su expresión.

—Así que te gusta cuando hablo sucio —meditó, saliendo de ella pero esta vez sin volver a entrar. Ella hizo un mohín, con la corteza hundiéndose en su piel.

—¿Te gusta cuando entro y salgo de ti? —le preguntó Edward, con la cara a una pulgada de la de ella.

—Sí —dijo ella sin aliento. Estaba sorprendida incluso de que hubiera conseguido decir aquella sencilla palabra.

—¿Sí qué? Di algo indecente, Bella —murmuró Edward, con su frío aliento en la cara enrojecida de ella.

—Umm. Me gusta lo que me provocas —dijo con timidez, demasiado cobarde para decir una verdadera obscenidad.

—¿Qué te provoco? —le preguntó él, con sus ojos penetrando los de ella. No había manera de que ella pudiera responder, no con él mirándola así…

—Tú… me llenas tan completamente… me encanta la sensación de tu… tu —se obligó a decir la palabra—, polla la primera vez que entra en mí.

Estaba casi segura de que nunca se había ruborizado tan fuerte en toda su vida. Echó un vistazo a la cara de Edward y vio que lo que había dicho había tenido un efecto en él. Parecía muy contento de que ella hubiera dicho una mala palabra. Se deslizó en ella se nuevo con un fuerte empuje y ella sintió la aspereza de la corteza arañar su piel una vez más; no lo suficientemente duro como para extraer sangre, gracias a Dios, pero sí lo suficiente como para elevar su ánimo.

Bella sentía el increíble placer de todo, pero la curiosidad pudo más que ella.

—¿Qué te provoco, Edward? —preguntó ella, dejando escapar un gemido. Él entró en ella una vez más, apretando los dientes, antes de responder.

—Tú… tú me pones demasiado duro, demasiado rápido. Siento mi polla alzarse cada vez que veo sólo un poco de tu piel expuesta, o cuando tienes un orgasmo, ese es mi favorito. Porque estás disfrutando mucho algo que yo te hago, y quedas completamente desecha… —le dijo con una sonrisa torcida, todavía golpeando dentro y fuera con una fuerza considerable. Quitó una de sus manos del trasero de ella y comenzó a frotar su clítoris. Bella, ya cerca gracias a lo que él acababa de decir y a sus fuertes arremetidas, se vino casi al instante, después de que él comenzara a frotar el pequeño botón.

Esta vez no se sintió tan avergonzada a como solía sentirse, porque a Edward le gustaba. Gimió su nombre, y con un gruñido de ella, él también se vino. Ella se apoyó contra su frío pecho por un momento, jadeando pesadamente. Él la besó suavemente, y examinó los arañazos de su espalda con el ceño fruncido.

—Lo siento. Debí haber pensado en eso —dijo él, enfadado consigo mismo.

—No, está bien, no dolió. Se sintió bien —le dijo Bella, aún tratando de recobrar el aliento.

—Eres sádica —le dijo él con una sonrisa, saliendo de ella, sosteniéndola firme mientras ella trataba de encontrar su equilibrio. Se las arregló para no caer y comenzó a ponerse de nuevo sus bragas y jeans, todavía no completamente recuperada de su orgasmo.

Edward ya estaba vestido, ayudándola con una pequeña sonrisa y riéndose entre dientes.

—¿Qué es tan divertido? —le preguntó Bella.

—Nunca imaginé que estaría cambiándote —le dijo él con una sonrisa. A propósito le rozó cada uno de los pezones con su pulgar mientras le ponía el sujetador, enviando un pequeño estremecimiento a través del cuerpo de ella.

—Siempre hay una primera vez —le dijo Bella, sonriendo mientras se ponía su camiseta por la cabeza. Edward sostenía su abrigo para ella, y ella se deslizó en el con gratitud.

—Recuérdame agradecerle a Alice cuando lleguemos a casa —dijo Edward pensativo, pasando su brazo por la cintura de ella. Bella se ruborizó y asintió, esperando que su futura cuñada dejara de tener visiones de su vida sexual.

—Escuela mañana —dijo Edward casualmente, mientras paseaban por el bosque. Bella hizo una mueca.

—No me lo recuerdes —murmuró ella, pensando en sus clases. No podía esperar hasta que todas hubieran terminado. Edward rodó los ojos.

—No será tan malo —le dijo él, con una sonrisa jugando en sus labios.

—¿Sabes algo que yo no sepa? —preguntó Bella, instantáneamente recelosa.

Edward amplió los ojos inocentemente.

—No, claro que no. Simplemente estaba diciendo que mañana no será tan malo como piensas —dijo, con tono suave. Bella no se lo tragó, pero no insistió.

Esta vez viajaron por el bosque más rápido, Bella preguntándose qué iba a pasar mañana, y Edward diciendo nada, con una silenciosa sonrisa jugando en sus labios.