miércoles, 11 de enero de 2012

CP - CAP 13: ¡Abre los ojos!


Disclaimer: La historia original de Twilight, lamentablemente, pertenece a la señora Meyer. Ella es la creativa y, obviamente, la que tiene todos los millones. LadyC solamente es una chica con un poco de imaginación que usa todo esto sin ganar ni siquiera para una latita de gaseosa. La trama, los personajes que puedan no conocer y las dosis de locura son completamente de su Autoría. Y nosotras, Sky&Claire, nos encargamos tan solo de publicarla. =)
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¡ABRE LOS OJOS!
Bella's POV

Odiaba actuar tan impulsivamente cuando Edward estaba implicado en el problema, pero no había soportado la forma en la que aquella estúpida muchacha se había insinuado ante él frente a mis narices. Con explicaciones entrecortadas y algo confusas, le expliqué a Edward que aquello no había sido mi intención. Él, como siempre, había hallado las palabras justas para calmarme y me había dicho que había comprendido mis buenas intenciones. Me alegraba por él, porque realmente yo no podía entenderlas.

Llegamos a la enorme habitación, que no contrastaba en lo absoluto con el resto del hotel: costosos muebles, modernos electrodomésticos, una vista fabulosa de la ciudad y todas las comodidades posibles dentro de un cuarto. Pasamos por un amplio living, con todos los lujos, y luego ingresamos a un espacioso cuarto, decorado en crema y dorado. Edward dejó las maletas frente a la enorme cama matrimonial, mientras yo me sentaba sobre las inmaculadas y suaves sábanas.

—Creo que deberíamos buscar una buena frazada —apuntó mi acompañante, sentándose a mi lado.

Asentí y un silencio se formo entre nosotros; pero, a diferencia de lo que usualmente sucedía, me pareció uno muy incómodo.

—Yo… creo que voy a ir a hablar con Alice —comenté rápidamente, poniéndome de pie—. Estoy segura de que querrá que ya mismo vayamos a ver a Emmett y Rose…

—Sí, sí, tienes razón —aseguró rápidamente, abandonando la cama también—. Yo creo que me daré una ducha.

Después de asentir rápidamente, salí disparada de la habitación. Me quedé en el largo corredor alfombrado por algunos minutos, intentando tranquilizarme. ¿Desde cuándo hablar con Edward me ponía tan nerviosa? Suspiré. Debía controla aquéllo.

Con un casto golpe, llamé a la habitación de Alice. Mi pequeña amiga abrió la puerta de su suite, que era bastante parecida a la nuestra y que se encontraba justo enfrente. Por sobre su hombro, vi a Jasper apreciando la hermosa vista que nos permitían los amplios ventanales de la sala.

—Alice, iremos ahora a visitar a los chicos, ¿cierto? —pregunté, con un matiz de desesperación en la voz, que intenté disimular con una sonrisa.

Mi amiga me miró de forma sospechosa.

—No, debemos esperar a que lleguen mis padres —respondió—. Ve a la habitación y relájate un poco, Bella, pareces estresada —comentó luego, con una pequeña sonrisita bailando por sus labios.

Entorné los ojos, dirigiéndole una irónica mirada.

—Sí, sí, lo que tu digas, Satanás —murmuré.

Me di media vuelta, mientras oía su risita a mis espaldas, y me dirigí mi habitación. Una vez allí, me acomodé en el espacioso sofá de la sala y encendí la televisión de plasma. Todo era demasiado ostentoso para mi gusto, pero no podía quejarme. Después de todo, el lugar era de lo más confortable.

Pronto encontré una película, que había visto ya unas cuantas veces pero que realmente me gustaba, y decidí volver a mirarla. Sin embargo, pronto aquel drama romántico perdió todo encanto cuando Edward se asomó por la puerta del cuarto. Estaba envuelto en una toalla, recién salido de la ducha, y mis ojos parecían poder apreciar hasta las pequeñas gotas perladas que se deslizaban desde su cuello hasta su pecho descubierto. No tenía capacidades mentales en aquel momento, de hecho, quizás había comenzado a mover la boca como un pez sin darme cuenta. Su voz me sacó de aquel extraño estado, que parecía una mezcla de ebriedad y ensoñación.

—¿Debemos salir ya? —preguntó Edward.

Negué con la cabeza, buscando mi voz.

—No, saldremos cuando lleguen tus padres —respondí, con aparente calma.

Edward me sonrió, antes de volverse.

—Puedes usar la ducha, si quieres —comentó, antes de meterse en la habitación.

Preferí hundirme en el sofá y esperar un buen rato antes de cambiarme, sólo por si las dudas.
Mi pobre corazón no estaba listo para volver a ver a Edward escaso de ropas en un buen tiempo.

(Edward's POV)

Me vestí con algunos pantalones y una camisa y ni siquiera me molesté en arreglarme el cabello. Puse algunas cosas en el amplio armario que se encontraba junto a la cama, dejándole un buen espacio a Bella. Después de acabar con ello, salí de la habitación; ella aún se encontraba acomodada en el amplio sofá de la sala. No alzó la cabeza hasta que estuve sentada a su lado.

Entonces me di cuenta de que estaba llorando.

—Pequeña, ¿qué sucede?, ¿por qué lloras? —pregunté atropelladamente, girando su rostro con mi mano para que me mirara, tomándola por la barbilla.

—N-n-na-da —hipó, mientras me miraba a través de las lágrimas.

La atraje hacia mí y la envolví en un abrazo. Acaricié su cabeza suavemente, sintiendo aquel horrible vacío que me atrapaba cada vez que ella lloraba.

—¿Qué sucedió? —pregunté suavemente, acariciando su cabeza.

—La... película… —balbuceó, alzando un poco su rostro para mirarme. Sus ojos castaños se encontraron con los míos— siempre me hace llorar.

Solté el aire de golpe, bastante aliviado por ello.

—¿Me estás diciendo que llorabas por una película, Isabella Swan? —pregunté burlonamente, sonriendo—. ¿Qué ha pasado con mi fuerte compañera?

Aún con pequeñas lágrimas en sus mejillas, me sacó la lengua y una sonrisa se pintó en sus labios. Sonreí más ampliamente. Amaba verla sonreír.

Entonces me di cuenta de la cercanía que ambos teníamos, de sus pequeñas manos contra mi pecho, de sus ojos castaños mirando fijamente lo míos. Cuando divisé sus labios entreabiertos y sus mejillas teñidas de rojo, todo dejó de tener sentido para mí. Sentí aquella imperiosa necesidad de sentir sus labios entre los míos, cuyo sabor no había podido olvidar desde su último encuentro con mi boca, necesitaba sus pequeñas manos jugando con mis cabellos. Sus ojos se quedaron sobre los míos con aquella profunda intensidad, con aquella oscuridad que no sabía como interpretar.

Sin embargo, un incesante golpeteo en la puerta nos obligó a separarnos.

—¡Alguien que me abra, por favor! —chilló la vocecita de Alice.

Bella parpadeó y rápidamente, evitando mi mirada, se levantó del sofá.

Mi hermana no dejó de hacer un drama por el aspecto de Bella, hasta que esta le explicó que simplemente una película había sido la causante de sus lágrimas. Después de dejar eso en claro, Alice nos explicó que mis padres se encontraban en la recepción, esperándonos para ir a visitar a Emmett y a Rose.

—¡Pero yo ni siquiera me he bañado! —se quejó Bella.

—Lo harás allí —respondió rápidamente Alice, tomándola de la mano. Agarró su abrigo y arrastró a Bella fuera de la habitación.

Suspiré, mientras tomaba una gruesa chaqueta.

¿Qué demonios había estado por hacer?

(Bella's POV)

Salí detrás de Alice, intentando escapar de la habitación, a pesar de que Edward nos seguía en silencio. ¿Había pasado lo que yo creía que había pasado? Agité la cabeza, no quería pensar en ello, no podía pensar en ello; realmente, no habíamos estado por besarnos. Tan perdida en mis pensamientos, sólo desperté cuando los brazos de Esme me estrecharon en un cálido abrazo. Después de parpadear unas cuantas veces y volver al mundo real, le devolví el efusivo recibimiento. Carlisle también se acercó y me saludó afectuosamente, para luego ir a abrazar a los demás.

—Hice una reserva a tu nombre, papá —comentó Alice alegremente—. Iré a buscar las llaves, vosotros subid con las maletas. Bella, ven conmigo —habló, de forma rápida.

La seguí. Mi pequeña amiga atravesó una puerta de la recepción pero, en vez de dirigirse al escritorio, me obligó a sentarme en una de las pequeñas mesitas ubicadas frente a él. Ella se sentó a mi lado y estudió mi rostro con los ojos entrecerrados.

—Ya mismo me dices qué te pasa —pidió, con tono exigente.

La miré con confusión.

—Tienes aspecto de haber llorado, pareces perturbada y perdida en tu mundo —expuso con impaciencia—. Ahora, escúpelo.

Suspiré.

Le expliqué lo que había sucedido: la película, mis lágrimas, el abrazo de Edward y… el peligroso acercamiento. Los ojos de Alice se fueron abriendo progresivamente, y la emoción y felicidad fueron surcando su rostro poco a poco. Cuando acabé de contarle lo que había sucedido, en el momento en el que ella había tocado la puerta, me miró fijamente, con una expresión seria en su rostro.

—Es tu oportunidad, Bella —afirmó, con completa seguridad.

—¿Qué quieres decir? —pregunté confundida.

—Debes actuar, ¿no te das cuenta? —expuso impacientemente—. Debes demostrarle lo que sientes. ¡Yo sé lo que te estoy diciendo!

—Pero Alice…

—¡No, Bella, escúchame! —pidió, quizás en un tono demasiado alto para una conversación privada en un lugar tan público como la recepción de un hotel—. Los mejores amigos no se encuentran involucrados en esas comprometedoras situaciones —apuntó—. Debes actuar ahora que puedes.

Suspiré con resignación.

—¿Y qué se supone que debo hacer? —pregunté, en un tono casi burlón.

Alice se acercó con una pícara sonrisa a mi oído y comenzó a explicar cosas. Mi rostro comenzó a cambiar de colores y, después de unos cuantos segundos, creí que comenzaría a echar humo por las orejas. Me alejé de mi amiga, completamente horrorizada.

—¡Yo no voy a hacer eso! —chillé.

—Oh, sí, sí lo harás —aseguró—. Como que me llamo Alice Cullen.

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