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miércoles, 11 de enero de 2012

INDICE: Casi platónico


Autora: Ms Valensi. (También conocida como LadyC o Lady Cornamenta)

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer, la historia es de Ms Valensi y nosotras solo nos encargamos de difundirla :)

INDICE: Casi Platónico





















-HISTORIA FINALIZADA-


CP - CAP 19: EPILOGO


Disclaimer: La historia original de Twilight, lamentablemente, pertenece a la señora Meyer. Ella es la creativa y, obviamente, la que tiene todos los millones. LadyC solamente es una chica con un poco de imaginación que usa todo esto sin ganar ni siquiera para una latita de gaseosa. La trama, los personajes que puedan no conocer y las dosis de locura son completamente de su Autoría. Y nosotras, Sky&Claire, nos encargamos tan solo de publicarla. =)

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EPILOGO

Edward's POV


Esa idiota sonrisa había estado plasmada en mi rostro desde hacía exactamente un mes. Desde aquel perfecto día en el que le había dicho a Bella que la quería para siempre conmigo; desde esa noche en la que podía decir, oficialmente, que Isabella Swan era minovia.

Mi sonrisa se ensanchó aún más ante el pensamiento, mientras aparcaba mi Volvo en la entrada de una pequeña cafetería en el centro del distrito. Esquivando a un par de muchachos que iban dándose amistosos puñetazos, ingresé en el local, donde unas pocas mesas estaban repartidas de forma simétrica. Localicé un rostro familiar a unos metros de la puerta y caminé con paso lento hasta allí.

—Buenos días —saludó Charles cuando me vio.

Sonreí ampliamente y me senté a la mesa.

—Por Dios, mírate, Edward —comentó, ladeando la cabeza—. Pareces un niño de quince años atravesando su primer amor.

Reí de forma suave, mientras le echaba un rápido vistazo a la carta.

—Supongo que es igual, pero con algunos años más —apunté, encogiéndome de hombros.
—Me alegro por ti —aseguró Charle, con una sonrisa—. Mi hermano me había contado algo, pero no pensaba que fuera tan bueno. En serio, mis felicitaciones.

Volví a sonreír, ante el recuerdo de Jacob. En un fondo de mi corazón, me daba algo de pena…

Bah, ¿a quien quería engañar?

¡Que se joda! —pensé, aún con aquella sonrisa idiota sobre mis labios.

Por suerte, Charles, a diferencia de su hermano, era una persona agradable, con quien se podía conversar a gusto. Me alegraba que se hubiese tomado lo mío con Bella con tanta calma. Aunque claro, como yo me lo imaginaba, él lo sabía.

Suspiré, sin borrar la sonrisa de mi rostro.

¿Por qué yo había sido el último en enterarme que estaba completamente enamorado de mi mejor amiga?

(Bella's POV)

—Sí, muchas gracias por su compra. En la caja le cobrarán. ¡Que tenga un buen día!

Le dirigí una sonrisa cordial a la señora, quien me devolvió el gesto y se dirigió a pagar por las prendas que había decidido comprar. Desde hacía ya tres semanas que había comenzado a trabajar en Armani, y poco a poco iba acostumbrándome al empleo.

Miré el reloj, feliz de que tan sólo faltaran diez minutos para que acabara mi turno.

Cuando la manecilla se movió hacia el doce, abandoné mi puesto y me dirigí a la parte trasera del local para tomar mis cosas. Alice venía dando pequeños saltitos a mi lado, comentándole algo a una compañera, relacionado con una nueva colección exclusiva… o algo por el estilo. Yo estaba demasiado distraída pensando en que por fin era libre y en que mi príncipe vendría en su vehículo plateado a buscarme.

Sonreí ante el pensamiento, mientras salíamos del lugar. Entonces lo vi, tan imposiblemente perfecto a mis ojos como siempre, apoyado contra su auto. Las comisuras de sus labios se alzaron profundamente, mientras caminaba hacia mí. Me envolvió en un suave abrazo y sus labios hicieron contacto con los míos. Como cada beso que compartíamos, sentía que todo a mi alrededor desaparecía.

Bueno, casi todo.

—Hey, «pareja ardiente», tenemos que irnos —comentó una vocecita aguda—. Jazz me está esperando en el DC Coast para cenar.

Como siempre sucedía, me sonrojé ante el mote que Alice nos había dado a Edward y a mí, mientras él reía ante mi permanente reacción. El nombre de «pareja ardiente» nos lo había otorgado mi maquiavélica amiga, después de un día bastante peculiar en la universidad. A la vuelta de nuestro viaje de fin de año, Edward y yo habíamos comenzado felizmente nuestra relación. Claro, aun había un pequeño detalle: Jacob. Apenas había tenido la oportunidad, se me había acercado. Yo había intentado dejarle en claro que no quería tener nada con él porque estaba interesada con otra persona, pero Edward se me había adelantado: dejando de lado su aspecto caballeroso y reservado, me había tomado por la cintura y me había plantado un beso de película… en pleno corredor de la universidad. Claro, Jacob no había tenido ninguna duda de que mi interés estaba puesto en otra persona. Y, a decir verdad, la mitad del alumnado tampoco.

—Debes admitirlo, la cara de Black era impagable —se había defendido Edward, con una pequeña sonrisita arrepentida.

Me había hecho la ofendida por unos minutos, pero la verdad era que tenía toda la razón. Me sentía un poco culpable por haberlo hecho tan directo, pero bastó con que Edward me contara un pequeño detalle sobre un chantajeo para que mi lástima se transformara en furia. Había querido hacer algo al respecto, pero Edward había insistido en que la pequeña escena del beso había sido más que suficiente para dejar a Jacob fuera de combate. Además, su suplencia había terminado la semana siguiente…

No había nada más de que preocuparse.

—Feliz primer mes, por cierto —murmuró Edward, sonriendo radiantemente, y haciéndome volver a la realidad.

—Igualmente.

Un carraspeo por parte de Alice nos hizo volvernos hacia donde se encontraba, golpeando el pavimento con su zapato de tacón y señalando el invisible reloj en su muñeca, con una expresión en su rostro que intentaba ser fastidiosa. Y había dichointentaba, ya que sus labios estaban curvados en una enorme sonrisa. Si había alguien que estaba más feliz que nosotros con la relación, esa era Alice.

Los tres nos subimos al Volvo de Edward, y él comenzó a conducir por las transitadas calles de la ciudad. En menos tiempo del esperado, ya que mi novio aún conservaba esa manía de conducir como un loco, habíamos llegado al restaurante donde Jasper estaba esperando a Alice. La pequeña se volvió hacia nosotros y, con una enorme sonrisa, pidió:

—Disfruten mucho de la noche.

Y después salió disparada hacia «DC Coast».

Suspiré, con el rostro sonrosado, mientras Edward reía suavemente.

—Bueno, entonces, ¿qué haremos esta noche? —preguntó.

Me volví para observarlo. Se encontraba cómodamente estirado sobre su asiento, con las manos apoyadas despreocupadamente sobre el volante. Me miró perezosamente, con sus ojos brillando intensamente.

—No quiero que gastes dinero —aclaré rápidamente, sabiendo que él tenía esa molesta costumbre de desperdiciar grandes sumas en regalos.

—De hecho, estaba pensando en una cena casera y alguna película —comentó, encogiéndose de hombros—. Si quieres, puedo usar comida enlatada para ahorrar, ¿te parece?

Reí ante su ironía, sacándole la lengua.

—Lo de la cena casera me parece bien —apunté—, pero puedes gastar algunos billetes en la comida —bromeé, dándole un suave golpe en el brazo.

Sonrió radiantemente, antes de inclinarse para besarme.

—Hecho —susurró, antes de juntar sus labios con los míos.

Edward me dejó en mi casa y se despidió, diciéndome tan sólo que estuviera lista en una hora. Llegué a mi apartamento y, tan pronto como entré, me dirigí corriendo hacia mi armario. Estaba nerviosa por nuestra «no-cita» de aquella noche. Después de rebuscar en la gavetas y en las cosas que estaban colgadas desordenadamente, aún no podía elegir que ponerme. Afortunadamente, mi salvación llegó materializada en el cuerpo de Angela.

—¡Angie, necesito tu ayuda! —rogué y, cuando señalé mi armario, pronto supo a qué me refería.

—No te preocupes —tranquilizó, con una sonrisa.

Media hora después, me encontraba dentro de un bonito vestido verde que ni siquiera recordaba cuándo había comprado. Claro, teniendo a Alice como compañera de apartamento, no era extraño que la ropa apareciera en los lugares menos pensados. Angela, conociendo mi poca estabilidad sobre tacones, me pasó un par de zapatos bajos y un abrigo oscuro que hacía juego con ellos. Después de agradecerle innumerables veces, comencé a maquillarme suavemente. Estaba terminando de colocarme máscara para pestañas, cuando el timbre sonó. Corrí y la suave voz de Edward sonó por el intercomunicador.

—¡Suerte! —gritó Angela desde su habitación, cuando estaba por salir.

Agradecí con otro alarido, mientras cerraba la puerta.

Cuando llegué a la entrada, encontré a Edward de pie, tan radiante como siempre. Con una camisa y unos pantalones casuales, hacia que se me dificultara la respiración; sobre todo, porque tenía esa certeza de que era todo para mí. Y para nadie más.

Con una gran sonrisa, me acompañó hasta su vehículo, abriendo caballerosamente la puerta del acompañante.

Edward condujo hasta su apartamento, que yo ya conocía demasiado bien. Subimos, hablando de la reciente loca idea de Alice: llevar a vivir con nosotras a un pequeño perrito, que llegaría la semana siguiente.

—Estoy segura que será adorable —afirmé, mientras Edward abría la puerta.

—Sí, espero que no sea hiperactivo como mi hermana —comentó—, sino tendrán verdaderos problemas…

Reí suavemente, quedándome unos segundos rezagada, contemplando la sala de Edward. La mesa que usualmente estaba ubicada en el centro, estaba colocada cerca del ventanal que daba al balcón, permitiendo que la luz de la luna iluminara la superficie de la misma. El sofá estaba contra la pared, más al centro, y el televisor estaba perfectamente ubicado frente a él. Edward me sonrió y, ayudándome a quitarme el abrigo, me condujo por la sala.

—Te ves asombrosa —me comentó al oído, mientras corría la silla para que me sentara.

Sonreí, con las mejillas sonrojadas.

A pesar del tiempo, nunca me acostumbraría a los halagos de Edward.

Ambos compartimos una cena amena. Aunque nuestra relación había cambiado, nosotros seguíamos siendo los mismos y hablar aún nos resultaba tan fácil y necesario como respirar. Reíamos, hacíamos bromas, conversábamos seriamente y todo era totalmente natural entre nosotros.

—He rentado unas cuantas películas —comentó Edward, cuando habíamos terminado la cena—. No sabía que tendrías ganas de ver, así que…

Le sonreí ampliamente, mientras ambos nos sentábamos en el sofá.

—La que quieras está bien —apunté, mientras me rodeaba los hombros con un brazo.

Él sonrió, con aquella sonrisa torcida tan característica de su persona.

—Te quiero a ti —respondió—, ¿está bien eso?

—Estaría mal si no fuera así —repliqué, alzando las comisuras de mis labios—; muy, muy mal.

Agrandando su sonrisa, se acercó para besarme. El contacto, que comenzó lenta y dulcemente, se volvió más demandante y veloz. Los brazos de Edward estrecharon mi cintura, mientras los míos se aferraban a sus hombros, con una intensidad que rozaba la desesperación.

Edward consiguió ponerse de pie, y mis piernas se aferraron, como acto reflejo, a su fuerte cintura. Tomándome por la espalda, comenzó a depositar suaves besos en mi cuello, mientras nos movíamos. En realidad, no estaba muy segura de si realmente estábamos en movimiento o era yo la que sentía que todo daba vueltas. Mis dudas se despejaron cuando sentí que mi espalda chocaba contra una superficie mullida. Era su cama.

Mi corazón comenzó a latir con violencia, lleno de una nueva y desconocida adrenalina.

El beso se transformó en un juego de caricias que me sobrecogió por completo, al sentir aquellas nuevas sensaciones dominando mi cuerpo. Edward pareció notarlo, porque alzó la cabeza y me miró, con los ojos verdes más brillantes que las mismas esmeraldas. Repentinamente, sentí mi boca seca y mi corazón latiendo aún más rápido… si aquello era humanamente posible, claro.

—¿Estás segura de que quieres esto? —preguntó, con voz inusualmente torpe.

Sentía que mi corazón estaba por salirse de mi pecho.

—Edward, lo he querido… desde siempre —susurré, cerca de sus labios—. Y ahora que sé que sientes lo mismo…

No me dejó continuar. Su boca sobre la mía me silenció por completo.

Sus labios pasearon por mi rostro y mi cuello, dejando alguna huella ocasional en mi clavícula. Con torpeza y ansiedad, llevé mis manos a su camisa, desabrochando los primeros botones y dejando al descubierto la nívea piel de su pecho. Acaricié sus hombros, mientras sentía las suaves yemas de sus dedos sobre mi cintura, quemando ante su tacto. Todo era tan lento y suave otra vez, que la impaciencia estaba comenzando a volverme loca. Antes de que Edward hiciera algo más, giré, dejándolo a él con al espalda sobre la cama. Me miró confundido, pero sólo me encargué de besarlo, mientras terminaba de desabrochar su camisa.

Él no sé quedó con las manos quietas, por supuesto; ávidamente comenzó a quitarme el vestido, haciendo una de las maniobras más ingeniosas que había visto en mi vida. Sentí sus cálidas palmas por mi espalda, hasta que alcanzaron el broche de mi sujetador. Nuestros ojos se encontraron por unos segundos.

—Inconcientemente, he esperado por esto mucho tiempo —comentó, con una tenue sonrisa.
—Yo lo he esperado, pero de forma conciente —confesé, sonriendo de forma cómplice y algo nerviosa—; y puedo asegurarte que eso no es fácil…

Su melodiosa risa llenó la habitación, quitándole un poco la tensión a todo el asunto, antes de que volviera a besarme.

Fue una perfecta inconciencia en la que se mezclaron nuestros cuerpos y mentes en aquel momento, controlados tan sólo por nuestros más básicos instintos y nuestros más profundos sentimientos. Sin embargo, pude oír claramente la voz de Edward:

—Te amo, mi pequeña, para siempre.

Respondí tan sólo con caricias y besos, que hacían las palabras algo insustancial.

Después de todo, los amores imposibles siempre serían perfectos, sin necesidad de nada.

Y los posibles, también
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Bueno mis niiiñas hasta aquí llega esta fantástica historia, es una de mis preferidas y por ello decidi publicarla, espero que ha ustedes tambien les haya tocado el corazón!!

Si dejan comentarios acerca de la historia en sí subiré una entrada con todos ellos (coloquen nombres y paises) así quienes quieran ver las "opiniones finales" de Casi platónico podrán hacerlo!! ^^

Las quiero un mundo y ya me las ando ingeniando para conseguir una historia mejor.

CP-CAP 18: ¡Casi Platónico!



Disclaimer: La historia original de Twilight, lamentablemente, pertenece a la señora Meyer. Ella es la creativa y, obviamente, la que tiene todos los millones. LadyC solamente es una chica con un poco de imaginación que usa todo esto sin ganar ni siquiera para una latita de gaseosa. La trama, los personajes que puedan no conocer y las dosis de locura son completamente de su Autoría. Y nosotras, Sky&Claire, nos encargamos tan solo de publicarla. =)

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CASI PLATÓNICO

Edward's POV

Bella parecía estar congelada… bueno, de hecho todos parecían pegados al suelo. Decidiendo que debía hacer algo, me aclaré suavemente la garganta. Rápidamente, todas las miradas recayeron en mí, haciéndome sentir un poco incómodo. ¿Qué era exactamente lo que debía decir? Podía notar, en el rostro de todos, aquella mueca escéptica. No era como si parecieran enojados o algo… ¿era mi impresión o parecían… aliviados? De acuerdo, el hecho de que no lucieran aterrados no me facilitaba el darles una explicación. ¿Qué se suponía que debía decirles?

—Creo que sería mejor que les demos a Edward y Bella un respiro —apuntó Jasper casualmente. De forma sutil, comenzó a empujar a la multitud para que se alejaran del elevador.

Solté el aire que había estado conteniendo.

¡Bendito seas, Jasper!

Escuché los quejidos de Emmett, mientras todos se desplazaban por el largo corredor del hotel. Bella apoyó su cabeza contra mi hombro, mientras salíamos del elevador, y soltó un fuerte suspiro. Entonces, alzó la cabeza y nos quedamos mirándonos a los ojos. No pasaron ni diez segundos antes de que ambos comenzáramos a reírnos como locos, de pie en medio del corredor.

Después de todo, la situación había sido demasiado patética y bochornosa.

—¿Viste la cara de Alice? —comentó Bella, en medio de las risas.

—Tú por que no viste la cara de tu padre… —comenté yo. La mezcla de sorpresa y amenaza de Charlie era una combinación demasiado graciosa. Suspiré—. Ahora, viene lo peor.

—Oh, sí —secundó Bella, y sus mejillas volvieron a adquirir aquel tono rosado.

Le tomé la mano, apretándola suavemente.

—Tranquila.

La vi sonreír. Entonces supe que estaría preparado para enfrentar cualquier cosa.

Claro, después de aquéllo los dos tuvimos que someternos a un interrogatorio de la mano de Alice, quien insistía en que ya había previsto lo que pasaría entre nosotros. Toda la familia estaba curiosa, pero preferimos dejarlo para noche buena. Con un poco de ayudar de Jasper, los ánimos se tranquilizaron, y Bella y yo pudimos salir airosos del inminente interrogatorio. Cuando cerramos la puerta de nuestra habitación, los dos comenzamos a reír fuertemente… otra vez. Supuse que la mezcla de nervios y suspenso, y lo irónico de la situación creaban ese efecto en nosotros.

Bella, después de algunos besos fugaces y comentarios acerca de lo ocurrido, decidió que sería buena idea ver una película. Claro, nuestra concentración en ella no duró más de quince minutos, ya que luego comenzamos a besarnos lentamente, acostados sobre la amplia cama del cuarto. Bella se acomodó sobre mí y comenzó a jugar con mi cabello.

—Todo esto se siente tan bien —murmuré yo, con los ojos cerrados, sintiendo el tibio aliento de Bella cerca de mi rostro.

—Ya lo creo —susurró ella, acariciando suavemente mi cuello.

Nos quedamos en silencio, después de que ella apoyara mi frente sobre la mía.

—¿Edward? —llamó ella, a media voz.

—¿Hm? —respondí, adormilado.

Se creó un silencio que me hizo abrir los ojos, con pesadez. Bella tenía las mejillas sonrosadas y sus ojos castaños estaban fijos en los míos.

—Edward, tú… tú dices que yo era la única… pero, entonces, ¿cómo se te ocurrió que tú… bueno, que tú… podías ser…?

Reí ante su vacilación y besé suavemente la punta de su nariz.

—La verdad es que me gustaría saberlo a mí también —comenté, haciendo una mueca—. Créeme que es algo preocupante cuando te das cuenta que todas las chicas te dan… asco. Bueno, casi todas.

—Ya decía yo que tu mente está en una frecuencia diferente —se burló ella, con los ojos brillantes—. ¡Mira que pensar eso!

—¡Mira quién habla de mentes extrañas! —repliqué yo, sonriendo de lado—. Tú eres la que tiene una cabecita que va en contra del mundo, pequeña.

De modo extremadamente maduro, Bella me sacó la lengua.

—Cállate, viejo —masculló, juntando sus labios con los míos.

Me reí contra su boca. Aunque yo le sacara a Bella menos de tres meses de diferencia, a veces parecía tan infantil e indefensa.

Y me encantaba poder ser yo quien estuviera ahí para protegerla.

Ella era mi pequeña y siempre lo sería.

(Bella's POV)

Estaba terminando de ponerme aquel vestido que, por supuesto, había sido aprobado previamente por el ojo crítico de Alice. Era una pieza sencilla, pero lo suficientemente elegante para vestir en los festejos de noche buena al estilo Cullen. Ajusté un poco el moño en el que llevaba recogido mi cabello y, cuando escuché los golpecitos en la puerta de la habitación, corrí a abrir. Edward me miraba sonriente, enfundado en unos pantalones de vestir y una impoluta camisa blanca. Sus ojos brillaron intensamente cuando me observó.
—Preciosa —comentó, extendiéndome la mano caballerosamente, mientras hacía una exagerada reverencia.

Reí de forma tonta, mientras tomaba su mano.

Alice y Jasper se nos unieron pronto en el corredor, y los cuatro bajamos hacia el recibidor del hotel, donde mis padres y los de Edward nos esperaban a todos. Charlie aún tenía aquella mueca suspicaz en su rostro, fijándose en mi mano entrelazada a la de Edward. Mi madre, por el contrario, parecía completamente encantada con el hecho, sin preocuparse demasiado por el pasado de quien solía ser sólo mi mejor amigo. Carlisle y Esme, por otra parte, no habían tenido una reacción exagerada ni nada parecido: simplemente habían dibujado en sus rostros aquellas sonrisas afectuosas y condescendientes, que parecían ocultar miles de cosas. Algo en sus expresiones me había dicho que ellos ya esperaban algo así.

¿Cómo podían saberlo? No podía responder a eso.

Nos dividimos en los automóviles como en las ocasiones anteriores, ya que Rosalie y Emmett habían elegido un restaurante no muy lejos de su apartamento. Según Rose, había hecho la reserva el día siguiente al que habíamos llegado y había tenido muchísima suerte de haber conseguido una mesa para diez. Después de la cena, seguramente nos iríamos al apartamento de la pareja, hasta que dieran las doce de la noche y pudiéramos intercambiar nuestros regalos.

Ingresamos en «Georgia Brown's», donde una mujer muy alta nos condujo hasta nuestra mesa para diez. Después de acomodarnos todos alrededor de ella, comenzamos un pequeño debate para decidir qué íbamos a pedir. Sin muchas ganas de leer el extenso menú, dejé que Edward escogiera algo para ambos.

—¿Qué pediremos para tomar? —preguntó Carlisle, escaneando con su ojos la mesa, de forma rápida.

—Podríamos pedir un poco de champagne —apuntó Emmett casualmente.

—Oh, sí, ¡champagne! —chilló Alice con emoción.

Rodé los ojos. Alice adoraba el champagne…

¡Momento!

Alice, champagne. Champagne, Alice.

Oh-por-Dios.

—¡Alice, fuiste tú! —chillé, señalándola acusadoramente con mi brazo extendido.

Ella parpadeó varias veces, mirándome fijamente. Lucía auténticamente confundida.

—El champagne, Alice, el champagne —puntualicé, ante la atenta mirada de todos. Pude sentir los curiosos ojos de Edward sobre mí.

Alice seguía mirándome confundida.

—¿De qué hablas, Bella? —preguntó, con el ceño profundamente fruncido.

Iba a protestar, pero alguien me interrumpió.

—De hecho, la del champagne fui yo —comentó Rose, como si aquel tema la aburriese terriblemente—. Alice sugirió una idea parecida, pero sabría que no lo haría por miedo a que la mataras. Entonces, como sabía su número de habitación, decidí llamar y me encargué de ello. ¡Estaba harta de que dierais tantas vueltas! —exclamó.

Por supuesto, Rosalie no se caracterizaba por ser alguien paciente. Y, como bien debía haber deducido, sabía que a ella no le reprocharía nada. La verdad es que Rose podía llegar a ser algo… intimidante.

Ahora, un mínimo detalle. ¿Cómo sabía ella lo que sucedía con Edward?

Casi como si hubiese sabido lo que estaba pensando, Rosalie rodó los ojos.

—Siempre habéis sido tan obvios —comentó—. No podía seguir esperando a que vosotros se decidierais.

—Esa es mi chica —rió Emmett, pasando la mano por sus hombros.

—¿Alguien podría explicarnos de qué estáis hablando? —preguntó Esme, entre divertida y sorprendida por nuestra particular conversación.

—Oh, nada, mamá —respondió Edward alegremente—. Creo que mis peleas con Rose no serán tan frecuentes ahora.

Edward le dirigió a Rosalie una sonrisa irónica, que esta devolvió de igual manera.

Después de una excelente cena, los diez nos dirigimos al apartamento de Rosalie y Emmett. Alice, que parecía una pequeña de pocos años de edad, corrió escaleras arriba y, antes de que todos llegáramos al apartamento, comenzó a preparar las cosas para el brindis de medianoche… a pesar de que faltaba más de una hora para el mismo.

Todos nos sentamos a la mesa y seguimos en un ambiente cargado de conversaciones, risas y bromas. En aquel momento, podía decir que no había otra cosa que deseara más que estar allí, con mi familia y amigos, disfrutando de las fiestas.

Era un momento prácticamente perfecto. Por lo menos, perfecto para mí.

Cuando el reloj estaba por dar las doce, Alice nos alcanzó una copa a cada uno. En el momento en el que fue, oficialmente, veinticinco de diciembre, Alice —que parecía tener el monopolio de todas las compras navideñas— nos permitió acercarnos al árbol para tomar nuestros respectivos obsequios. Los regalos fueron todos muy buenos y me alegró muchísimo que a todos les hubiese gustado lo que yo había comprado. La cara de satisfacción de Edward fue algo demasiado placentero.

—Música clásica de colección. ¿Por qué siento que me conoces demasiado bien? —comentó él, tomándome por la cintura.

Reí suavemente, mientras todos seguían abriendo sus regalos.

Aprovechando la pequeña distracción de la familia, los dos salimos al pequeño balcón del apartamento, que ofrecía una hermosa vista de la avenida y los fuegos de artificio que se tiraban por los alrededores. Me apoyé en la baranda, observando todo con fascinación, hasta que sentí los dedos de Edward sobre los míos. Entonces, me volví para ver sus brillantes ojos verdes.

Iba a decirle algo, pero con un gesto me indicó que guardara silencio. Respeté su pedido y vi como revolvía el bolsillo de su chaqueta. Entonces, sacó una pequeña cajita de terciopelo y me la entregó, con una pequeña sonrisa bailoteando en sus labios. Abrí el paquete y me encontré con un precioso anillo de plata, con una pequeña piedra ambarina en el centro.
—Edward, ¿qué…?

No me dio tiempo a decir nada. Simplemente sonrió y pasó una de sus manos por mi fría mejilla.

—Quiero pedirte, oficialmente, que seas mi novia, Bella —aseguró él, observándome con una tierna sonrisa—; y que ésta sea una navidad inolvidable.

Sentí que iba a llorar en ese mismo momento, por lo que sólo atiné a tirar mis brazos alrededor de su cuello y a envolverlo en un fuerte abrazo. Quedando con el mentón apoyado en uno de los hombros de Edward, pude ver a nuestra familia agolpada contra el cristal que separaba el balcón de la sala. Todos lucían en sus rostros sonrisas radiantes, por lo que supuse que había oído nuestra conversación.

Quizás, en otro momento, hubiese muerto de vergüenza y tenido instintos asesinos hacia todos.

Pero no puede hacer más que sonreírles con confianza, en un gesto poco común en mí.

Algo casi imposible.

Como lo mío con Edward.

CP - CAP 17: ¡OPS!


Disclaimer: La historia original de Twilight, lamentablemente, pertenece a la señora Meyer. Ella es la creativa y, obviamente, la que tiene todos los millones. LadyC solamente es una chica con un poco de imaginación que usa todo esto sin ganar ni siquiera para una latita de gaseosa. La trama, los personajes que puedan no conocer y las dosis de locura son completamente de su Autoría. Y nosotras, Sky&Claire, nos encargamos tan solo de publicarla. =)

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OPS
Bella's POV

Realmente, estaba sumida en un estado de inconciencia. Desde que Edward había dicho todo aquéllo, con tanta sinceridad, todo lo que estaba a mi alrededor había desaparecido por arte de magia. Sentía sus labios amoldándose a los míos, sentía sus manos en mi cintura y, aún bajo el agua, el tacto de su piel me hacía sentir perfectamente bien. Todavía me costaba entender como todo había cambiado tan… drásticamente, pero no podía quejarme. Que Edward correspondiera mis sentimientos era lo que siempre había deseado y, finalmente, parecía que aquello era algo posible.

Claro, que mi cerebro terminara de asimilarlo era algo diferente.

Después de unos segundos, ambos necesitábamos aire, por lo que no sólo nos separamos, sino que también salimos a la superficie de la piscina. Sus ojos verdes se clavaron en los míos, y sentí como la calidez se apoderaba de mis mejillas. Lo escuché reír suavemente.
—Eres tan adorable —comentó, acariciando uno de mis sonrosados pómulos. Me aferré la borde de la piscina, con una mano, para no hundirme. Realmente, Edward podría conseguir aquéllo.

—Y tú eres tan… tan… —¿Había alguna palabra para definirlo? «Perfecto», ciertamente, no le hacía justicia.

Volvió a reír.

—Tan… ¿qué? —preguntó, notablemente divertido.

—Tan… tú —respondí yo, encogiéndome levemente de hombros.

Nuevamente, escuche la hermosa melodía de su risa.

—¿Eso es bueno o malo? —preguntó, acercándose un poco más a mí.

Sonreí suavemente.

—Para mí, está perfecto —apoyé mis manos en sus hombros, antes de posar mis labios sobre los suyos.

Todo eso se sentía tan bien. ¿Estaba soñando?, ¿o realmente todo estaba sucediendo?

—Será mejor que salgamos —comentó Edward, separándose de mí sólo lo suficiente como para poder hablar—. Alice empezará a preguntarse qué estamos haciendo, y eso es peligroso.

Reí, asintiendo suavemente.

Edward me ayudó a salir de la piscina y me pasó la mano por la cintura, sabiendo que mi torpeza podía proporcionarme un buen golpe gracias al resbaloso suelo. Cuando llegamos a la pequeña terraza para tomar sol, Esme y Carlisle se encontraban casi inconcientes. Con una sonrisa, Edward me hizo un gesto para que no hiciera ruido y, alejándonos del lugar, los dejamos dormir en paz. Simplemente cogimos un par de toallas y entramos al hotel. Pronto tomamos el ascensor y, en medio de besos furtivos, llegamos a nuestra habitación. Ambos dejamos las toallas en la pequeña cocina y nos tiramos en el sofá, sin preocuparnos demasiado en no mojarlo. Sentí uno de los brazos de Edward atraparme por la cintura, y me recosté sobre su pecho, que ya estaba seco.

—¿Crees que podamos atrincherarnos aquí y no salir hasta navidad? —pregunté, mirándolo con una pequeña sonrisa.

Me devolvió el gesto, mientras depositaba un beso sobre mi coronilla.

—Nada me gustaría más, pequeña —aseguró—; pero, si no acompañamos a Alice a comprar los regalos, lo más posible es que tire la puerta abajo.

Reí suavemente.

—Tienes razón —coincidí—. Creo que lo mejor es que vaya a bañarme ya mismo.

Le sonreí, mientras él asentía, y me puse de pie. Sin embargo, antes de que pudiera avanzar, Edward me tomó del brazo y me obligó a caer de nuevo en el sofá. El brazo que tenía libre se deslizó por mi cintura, atrayéndome contra él. Sentí sus labios contra los míos, moviéndose fieramente. Pasé mi mano desocupada por su cuello, queriendo borrar la inexistente distancia entre nosotros. ¿Cómo podía haber resistido tanto tiempo con él sin hacer aquéllo?
Cuando nos separamos, Edward acarició mi mejilla.

—Te quiero tanto —expresó, con una voz tan llena de adoración, que produjo que mi corazón latiera con más fuerza.

—Creo que sé como se siente —respondí, dándole un corto beso en los labios—. Me voy a bañar, antes de que Alice compre un tanque de guerra para tirar esa puerta.

La risa de Edward fue lo último que escuché antes de encerrarme en el baño.

(Edward's POV)

—Estás hermosa.

Bella se sonrojó, mientras se acomodaba a mi lado en el sofá. Traía unos tejanos ajustados y una camisa azul que le quedaban increíblemente bonitos. Sonrió tímidamente y se apoyó contra mí. Besé su cabello, que desprendía aquel exquisito aroma tan propio de ella.

—Oye, Edward… ¿crees…? Bueno, ¿tú crees que debemos contarles a todos sobre esto…? —preguntó suavemente.

—Estoy seguro de que se lo contaré a Jacob —apunté, intentando quitarle un poco de dramatismo al asunto. Una pequeña sonrisa asomó en sus labios. Le acaricié el hombro con suavidad—. Tranquila, Bella, lo haremos todo a su tiempo.

Ella asintió suavemente, un poco más relajada.

—¿Te parece bien en noche buena? —pregunté, con una sonrisa.

Ella asintió enérgicamente. Entonces, su sonrisita se volvió algo burlona.

—¿Piensas decirle a Jacob también? —inquirió, notablemente divertida.

—Por supuesto —respondí rápidamente—, no puedo esperar a ver su cara cuando me vea besándote —comenté, soltando una carcajada.

—Y… ¿qué harás con Charles? —preguntó tímidamente Bella, mientras mis dedos se enredaban juguetonamente en su cabello.

—Hablaré con él —aseguré, mirando al frente—. Igualmente, creo que Charles siempre lo supo de alguna forma.

Me miró, confundida.

—¿A qué te refieres? —inquirió.

—Nunca mostré un verdadero interés por él —respondí, girando un poco el rostro para mirarla—. Era una agradable compañía pero no era lo que yo quería —con una pequeña sonrisita, acerqué mis labios a los suyos.

—Pero, entonces, ¿tú nunca…? —el pequeño rostro de Bella se tiñó de varios colores—. ¿Tú nunca estuviste… quiero decir…?

No pude reprimir una fuerte carcajada. ¡A veces podía ser tan adorable!

—¿Si estuve con alguno de ellos de esa manera? —pregunté, mirándola intensamente—. No lo creo. Sólo hay una persona que ha despertado ese deseo en mí, y está muy lejos de ser como Charles…

Parpadeó, sorprendida, y su rostro se puso aún más rojo. Solté otra risita mientras la observaba. Ella no tenía ni idea de todas las cosas que provocaba en mí, y quería dejárselo en claro. Sin embargo, también sabía que aquel no era el momento indicado.

—No te estoy presionando —comenté divertido, besándole suavemente la nariz—. Todo a su tiempo, Bella. Ya soy demasiado feliz estando contigo —sonreí ampliamente, después de mis honestas palabras.

Entonces, mientras nos dábamos un corto beso, los golpes en la puerta nos distrajeron.

Ajá. Hora de las compras con Alice.

Le sonreí tiernamente a Bella, antes de que ambos nos encamináramos hacia la puerta.

Toda la noche estuve con aquella estúpida sonrisa plasmada en mis labios. Era feliz, increíblemente feliz; y ni siquiera la noche de compras de Alice podía molestarme. Las sonrisas cómplices con Bella, las caricias furtivas, los besos a escondidas... todo era absolutamente perfecto.

Habíamos recorrido ya unas diez o quince tiendas, escondiéndonos los unos de los otros para escoger nuestros regalos de navidad. Después de salir de un local de electrodomésticos, Alice secuestró a Bella y a Rose… literalmente. Ni siquiera pudimos verlas desaparecer, pero Jasper estaba seguro de que mi pequeña y demoníaca hermana había sido la culpable de aquéllo. Nosotros, resignados, nos sentamos en una banca y Emmett se ofreció a ir a buscar algunos refrescos. Mi padre y mi madre aún estaban en el hotel, ya que esa misma tarde llegarían Charlie y Renée, los padres de Bella.

—Entonces, parece que todo finalmente salió bien, ¿no? —preguntó Jasper, sonriendo de forma condescendiente.

—¿Eh?

—Que todo salió bien —repitió—. Bella y tú…

Lo miré, con los ojos increíblemente abiertos.

—¿Tú cómo…? —pregunté, atónito.

Jasper río entre dientes, mientras se inclinaba un poco hacia delante.

—Soy muy observador, Edward —aseguró—, y es demasiado claro que has tenido un radical cambio de humor… al igual que Bella.

Sonreí.

—Estoy demasiado feliz, Jazz —comenté, con aquella expresión soñadora que se plasmaba en mi rostro cada vez que pensaba en todo lo que había sucedido—. Aún no puedo creerlo.
—Me alegro por ti —aseguró mi amigo, golpeando mi espalda suavemente—. ¿Cuándo lo haréis público? —bromeó.

—Esperaremos a navidad —respondí seriamente—. Creemos que es una noticia importante.
—Ya lo creo que sí.

Finalmente, la tortuosa tarea de comprar los regalos llegó a su fin. Había conseguido escaparme con Jasper el tiempo suficiente para que ambos pudiéramos comprar los regalos para nuestras parejas. Había elegido el obsequio perfecto para Bella; era posible que ella me matara, pero no podía negarme nada. ¡Era mi primer regalo como…!

Entonces caí en la cuenta de que nosotros, aún, no éramos nada. Por lo menos, no formalmente.

Sonreí, de forma casi inconciente.

Se lo pediría en el momento apropiado.

(Bella's POV)

Las compras con Alice siempre habían sido un suplicio. Sin embargo, estaba tan feliz que ni siquiera cosas como aquélla parecían afectarme. Mi pequeña y perspicaz amiga lo notó, al igual que Rose, pero les dije que tan sólo se debía a que estaba emocionada frente a la perspectiva de la navidad con toda la familia. La excusa pareció suficiente para que ambas siguieran su camino… o, quizás, el descuento de zapatos fue el culpable de que el interrogatorio llegara a su fin.

Aproveché el momento en el que ellas se perdían entre las grandes vitrinas que exhibían el calzado para ir a escoger el regalo de Edward. No tenía un sueldo descomunal, pero había ahorrado lo suficiente para poder comprarles algo a todos. Por supuesto, él no era la excepción.

Después de encontrar un buen regalo y de sacar a mis amigas de aquella jungla de zapatos, las tres volvimos a donde los chicos nos esperaban, con algunas bolsas en sus manos y unas amplias sonrisas en sus rostros.

—¡Debemos ir a dormir! —exclamó Alice, mirando su reloj—. ¡Es tarde, y mañana será un día demasiado largo!

Todos coincidimos con ello. Después de todo, las compras podían resultar realmente agotadoras.

Nos repartimos en los automóviles para llegar al hotel. Por supuesto, cuando llegamos, no pude salvarme de los abrazos de oso de mi madre y de las palabras preocupadas de Charlie, interesado sutilmente por mi salud, mis estudios y… bueno, mis amoríos. Evadiendo el último tema, conseguí que Alice los distrajera un poco. Mientras la pequeña del grupo les contaba todo lo que habíamos hecho en el último tiempo, sin tener nada que envidiarle a la velocidad de habla de Renée, yo observaba la escena desde lejos. Estaba realmente feliz de tener a mis padres y a mis amigos conmigo.

—Los extrañabas mucho, ¿cierto? —comentó la voz suave de Edward, apoyando su mano en mi cintura.

Giré mi rostro un poco para observar el suyo, mientras asentía.

Todos ocuparon el ascensor rápidamente. Edward y yo, que habíamos llegado últimos, tuvimos que esperar, ya que los ascensores eran tan sólo para seis personas. Me pareció ver que Jasper nos guiñaba un ojo antes de que las puertas se cerraran… quizás había sido mi imaginación. Entonces, en el mismo instante en el que el ascensor se puso en funcionamiento, Edward me atrapó por la cintura y, antes de que pudiera decir algo, tenía sus suaves labios sobre los míos. Con una sonrisa en mis labios, apoyé mis codos en sus hombros, elevándome un poco del piso, y enredé mis dedos en su sedoso cabello broncíneo. Separándonos ocasionalmente para tomar aire y volviendo a juntar nuestras bocas, ambos entramos al ascensor besándonos. Edward quitó una mano de mi cintura para presionar algún botón, y luego volvió a centrar toda su atención en mí. La mano que había abandonado mi cuerpo comenzó a acariciar uno de mis costados, mientras la boca de Edward se volvía más y más demandante. Mordió mi labio inferior con fuerza y nuevamente me pregunté cómo había podido estar tanto tiempo con él sin hacer aquéllo.

—De acuerdo, Rose, me alegra saber que no somos los únicos que nos liamos en lugares públicos —comentó aquella jocosa y gruesa voz que yo conocía tan bien.

Oh, oh.

Edward y yo giramos nuestras cabezas lentamente, aún abrazados y vimos ocho pares de ojos fijos en nosotros. La sonrisa burlona de Emmett, los rostros incrédulos de mis padres y los de Edward, la cara de emoción de Alice, la mueca arrogante y satisfecha de Rose y la diversión de Jasper.

Mi acompañante y yo nos miramos con pavor y luego volvimos a mirar al frente.

Debíamos unas cuantas explicaciones.

¿Por qué los ascensores sólo se descomponían en las películas?

¡Agh!