lunes, 6 de febrero de 2012
Chica Numero 77
CN77: EPILOGO: Año Nuevo
Disclaimer: Los personajes no nos pertenecen, la historia tampoco xD Solamente nos han dado el derecho de subirla en este Blog para divertir a nuestras seguidoras!! Jajaja ^^______________________________________
EPILOGO
- ¡Edward, despierta!- me dijo Maddie mientras me sacudía.
- Cinco minutos más… -murmuré y tapé mi rostro con las sábanas.
- Bella llamó- me informó mientras abría las cortinas.
- ¡¿Bella llamó?!- exclamé y me senté rápidamente en la cama, provocando que toda la habitación se moviera - ¿Cuándo? ¿Por qué no me avisaste?- le pregunté molesto mientras las paredes de mi cuarto comenzaban a estabilizarse.
- Relájate- rió- llamó hace una media hora y me pidió que no te despertara- me explicó.
- ¿Y qué dijo? ¡Dime!- le exigí.
- Dijo que vendría en una hora.
- ¿Una hora contando desde que llamó o una hora desde este instante?- pregunté.
- Una hora desde que llamó- me aclaró.
- ¡Entonces vendrá en media hora!- me levanté de un salto de la cama- ¡Por qué no me dijiste antes!
- No quise despertarte antes, además tienes tiempo suficiente para estar listo-dijo en tono tranquilo mientras yo hurgaba nerviosamente entre mis cajones en busca de alguna ropa limpia- ¡En veinte minutos te serviré el desayuno!- me gritó cuando yo corría hacia la ducha.
Media hora después sonó el timbre.
- ¡Es Bella!- exclamé y me pasé una mano por mi cabello- ¡Es Bella!
- Sí, Edward, es Bella, ¿te vas a quedar aquí parado o vas a ir a abrirle la puerta?- me preguntó rodando los ojos.
- Voy- caminé rápidamente hacia la puerta, tomé aire y abrí.
- Hola- me saludó Bella sonriente y todo mi nerviosismo se acabó. La tomé de la mano y la atraje hacia mí.
- Buenos días- le dije mientras le daba suaves besos en el cuello.
- Te extrañé- me dijo y una ola de alegría invadió mi cuerpo.
- Yo también- tomé su rostro entre mis manos y la besé- no sabes cuánto me alegro de que estés aquí…
- Creo que tengo una idea- sonrió.
- ¡Maddie!- la llamé.
- Hola Bella- la saludó- ¿qué pasa, Edward?
- Saldremos a dar un paseo, almorzaremos fuera.
- De acuerdo, diviértanse- nos sonrió- pero tienes que estar aquí a las siete- me advirtió- y Bella tiene que estar en su hotel a las seis.
- ¿Por qué?- preguntó ella asombrada.
- Alice llamó y dijo que Bella tenía que estar a las seis para tener tiempo suficiente para arreglarse para la cena.
- Bella no necesita arreglarse, tiene belleza natural- respondí tomándole una mano y besándola.
- Dile eso a Alice, yo sólo transmito el mensaje- dijo Maddie y se fue.
- ¿Dónde iremos?- me preguntó Bella mientras yo tomaba mi chaqueta.
- Ya verás- la tomé de la mano y la llevé hacia el garaje.
- Hace tiempo que no veía este auto…- susurró mientras observaba mi Volvo.
- Yo tampoco- confesé mientras le abría la puerta para que subiera.
- Gracias.
- De nada- cerré la puerta y rodeé el auto para subirme por el lado del conductor.
- ¿Edward?- preguntó mientras yo ponía en marcha el motor.
- ¿Qué pasa?- pregunté preocupado.
- ¿Por qué dijiste que no veías tu auto hace tiempo? – frunció el ceño- está en tu casa…
- Sí, pero sólo volví a Chicago para las fiestas, sinceramente no quería venir, pero mis padres insistieron… aunque ahora me alegro que lo hayan hecho- tomé su mano y la besé nuevamente, esperando que olvidara el tema. No tenía ganas de hablar de eso.
- ¡Edward! ¡Mira por dónde vas!
- Tranquila… -rodé los ojos. Cómo si fuera capaz de chocar mi precioso Volvo.
- ¿Y por qué no te enviaron tu auto a Cambridge si pudieron enviarlo hasta Forks?- preguntó. Suspiré mientras doblaba una esquina.
- Porque no quise- dije en tono duro, del que luego me arrepentí- decidí que la mejor forma de conocer Cambridge era hacerlo a pie- reí intentando aligerar el ambiente- pero creo que ahora lo llevaré. Extraño mi Volvo- suspiré dramáticamente.
- ¡Vaya! ¿Lo extrañas más que a mí?- preguntó Bella fingiendo enojo.
- Eso nunca- negué con la cabeza mientras me estacionaba- es sólo que ver el auto… me recordaba a ti… y bueno, no me hacía bien tenerlo cerca mientras estaba en mi fase uhm… oscura.
- Pero estando en tu casa, es imposible que no lo veas- me dijo ignorando por completo lo que había dicho sobre "mi fase oscura".
- Es posible cuando no sales de tu cuarto- detuve el auto y me bajé de él para abrirle la puerta a Bella.
- Edward…-me dijo cuando se bajó del auto- yo…
- Shh… -coloqué mi dedo sobre sus labios- no tienes por qué sentirte culpable, fui yo el que te hizo sufrir… lo que haya sentido mientras estábamos separados es nada en comparación a lo que tú debiste haber sentido…. – apoyé mis manos sobre el auto y Bella quedó atrapada entre mis brazos- pero no hablemos de eso… -me acerqué hasta que pude sentir su respiración en mi rostro- lo importante es que tú y yo estamos juntos- sonreí y la besé- ahora ven, te mostraré el parque- la tomé de la mano y nos alejamos del auto.
- ¿Vienes aquí seguido?
- No- reí- cuando pequeño venía casi todos los días con Maddie, pero uhm… después dejé de venir- contesté algo incómodo.
- ¿Por qué?- preguntó Bella con la curiosidad reflejada en sus ojos. Caminamos en silencio durante unos minutos mientras intentaba hilar una respuesta aceptable, no podía decirle "dejé de venir cuando crecí porque las chicas sabían que venía aquí y me perseguían para rogarme que saliera con ellas".
- Porque todos los que solíamos venir acá crecimos y las niñas, que se convirtieron en adolescentes gobernadas por sus hormonas, comenzaron a verme con otros ojos y el inocente juego de la escondida dejó de ser tan inocente.
- ¡Pobre Edward!- se burló Bella.
- No es gracioso- me quejé, pero no pude contener la risa- Iré a comprar unos helados, si quieres puedes esperarme aquí y disfrutar el paisaje.
- Claro- me sonrió y se sentó en un banquillo.
- Ya vuelvo- me agaché para darle un beso y me fui, estaba a mitad de mi camino cuando una voz me llamó a mis espaldas.
- ¡Edward!
- Oh no…-susurré y me giré.
- Edward- corrió a abrazarme y soltó una risita cuando sus brazos me rodearon.
- Annie, ¿cómo estás?- la saludé mientras intentaba soltarme de su agarre de la forma más educada posible.
- Ahora bien- dijo guiñándome un ojo. Reprimí el impulso de rodar los ojos ante su intento tan barato de coquetería. Sonreí, antes le habría seguido el juego sólo por divertirme un rato, pero ahora había cambiado. Bella Swan me había cambiado, ahora Edward Masen era un chico diferente.
- Me alegro- dije en tono cortés.
- Supe que quedaste en Harvard…
- Sí- confirmé sin saber más qué decir, no tenía la más mínima idea de qué estaría estudiando Annie.
- ¿Sabes, Edward? Deberíamos salir un día de estos, aprovechando que estás acá- me dijo mientras jugaba con su pelo.
- Creo que no, Annie- decliné su propuesta.
- ¿Por qué no?- me preguntó haciendo un puchero. Abrí la boca para responder cuando alguien me tomó del brazo.
- ¿Por qué tardaste tanto, Edward?- me preguntó Bella parándose frente a mí y guiñándome un ojo antes de darme un largo beso.
- Uhm…- dije aún aturdido, no conocía esta faceta de chica celosa de Bella, pero me gustaba y me recobré rápidamente- me encontré a alguien en el camino- expliqué indicándole a Annie.
- Ya veo…- asintió Bella con la cabeza.
- Ella es Annie…-comencé a presentarla.
- Hola Annie, soy Bella, novia de Edward- dijo Bella en tono dulce, aun cuando su mirada era bastante intimidante.
- Oh, ¿novia?- sonreí viendo la expresión de sorpresa de Annie. Era sabido que yo nunca había tenido novia, sólo tenía citas.
- Sí, ¿algún problema?- preguntó Bella cruzándose brazos y enarcando una ceja. Aunque aún no habíamos hablado acerca de si habíamos vuelto a ser novios o no, Bella parecía tenerlo muy claro. Reprimí las ganas locas que tenía de reír, para qué iba a mentir, me encantaba ver cómo Bella marcaba su territorio.
- Claro que no- rió nerviosa Annie- ya me voy- se acercó para despedirse de mí, pero Bella dio un paso hacia adelante impidiendo que ella se acercara a mí. Me mordí el labio inferior para contener la risa- Uhm… ¡nos vemos, Edward!- exclamó Annie agitando su mano en forma de despedida.
- Sí, claro… -gruñó Bella.
- Adiós, Annie- le sonreí- un placer haberte visto- ella sonrió nerviosamente mirando de reojo a Bella. Cuando Annie se perdió de vista, Bella se volteó:
- ¡Edward Anthony Masen!
- ¿Sí?- pregunté con tono inocente.
- ¿Quién era ella?
- Annie- respondí.
- Sé cómo se llama- preguntó enfurruñada- ¿saliste con ella?
- Sí- dije sinceramente.
- ¿Cuántas veces?- inquirió y yo reí- ¡Responde!
- No lo sé, Bella, ¿cómo crees que voy a contar las veces que salgo con alguien?- sonreí, aunque eso era parte mentira, en mi archivo de fichas tenía registrada cada cita, pero como lo había borrado antes de irme a Harvard, no podía acceder a esa información.
- ¿Fue tu novia?
- Nunca he tenido novia.
- ¿Nunca?- preguntó dudosa.
- Nunca. ¿No viste la cara de Annie cuando dijiste que eras mi novia? –reí- No la culpo por tener esa reacción.
- No entiendo…- murmuró.
- Bella…-levanté su barbilla con mi dedo- es cierto que he salido con muchas chicas, pero han sido sólo citas, no sentía deseos de tener novia… y era porque aún no conocía a la indicada- le sonreí- pero ahora que la conocí y la tengo frente a mí… debo confesar que me gusta tener novia- negué con la cabeza- no, lo que quiero decir, es que me gusta que tú seas mi novia- me acerqué a ella y le di un breve beso.
- Edward, eres tan dulce…- me dijo.
- Gracias, pero no le digas a Emmett-bromeé.
- No lo haré.
- Perfecto, por cierto… - acerqué mi boca hacia su oído y le susurré: amo verte celosa- luego le mordí el lóbulo de la oreja. Giré mi cabeza para quedar frente al sonrojado rostro de Bella- amoverte sonrojada- la besé nuevamente- pero lo que más amo es que… -suspiré y enfoqué mi vista en esos ojos color chocolate que había extrañado tanto durante estos meses- amo que seas mi novia…
- Edward…- susurró.
- Vamos por esos helados, y olvidémonos de Annie ¿de acuerdo?- le sugerí.
- De acuerdo- accedió.
- Esa es mi chica…- le sonreí, la tomé de la mano para seguir disfrutando con ella el resto del día.
Después de almorzar, me dediqué a mostrarle la ciudad a Bella y juntos recorrimos mis lugares preferidos, estábamos teniendo una tarde perfecta sentados en la playa observando el mar, cuando sonó mi celular.
- ¿Puede haber alguien más inoportuno?-murmuró Bella malhumorada- no contestes- me sugirió.
- Es tentador- respondí mientras yo sacaba mi celular del bolsillo- pero puede ser importante… Ah, no, es Alice- dije mirando el visor.
- No contestes… -insistió.
- Si no lo hago será peor…- y contesté- ¿Qué quieres?- pregunté cortante.
- ¡Hola, Edward! ¿cómo estás? Sí, yo estoy bien, gracias por preguntar- dijo Alice en tono sarcástico.
- ¿Qué quieres?- pregunté de nuevo, mientras Bella soltaba una risita.
- ¡Son las seis de la tarde!- chilló Alice- ¡Y Bella sigue contigo! ¡Ella debería estar conmigo!
- Alice…
- ¡Alice nada! ¡Tienes quince minutos para traerla al hotel!- seguía reclamando Alice, pero no podía concentrarme en lo que decía, Bella me acariciaba mi cabello y me iba dando cortos besos en el cuello, en mi mejilla…- ¡Edward!
- ¿Qué?- pregunté aturdido, mientras Bella me sonreía pícaramente.
- ¿Me estás escuchando?
- Claro… - le respondí con mucho esfuerzo, Bella estaba intentando que le colgara a Alice y estaba muy cerca de lograrlo.
- ¡Edward!- me gritó.
- ¿Qué?- pregunté con los ojos cerrados, pensando que quizás así podría ponerle atención a Alice, pero no estaba resultando, no sabía que Bella podía ser tan persuasiva. Tragué saliva dificultosamente.
- ¡Edward!
- Te estoy escuchando, Alice- le mentí- no es necesario que me grites.
- Trae a Bella, ahora. Adiós- y colgó.
- Bella…
- ¿Sí, Edward?- me preguntó con fingida inocencia.
- No juegas limpio, ¿sabías?
- No sé de qué estás hablando- sonrió.
- Sí lo sabes, así que te llevaré donde Alice- Bella gimió- si no estuvieses estado distrayéndome habría convencido a Alice de que te quedaras conmigo, así que esto es tu culpa- le dije con una amplia sonrisa.
- Edward… - me dijo Bella con ojos suplicante.
- Tu culpa- repetí- vamos, antes que Alice llame a la policía para que te busquen- me levanté de la arena y le ofrecí mi mano a Bella para ayudarle a ponerse de pie.
- No quiero ir con Alice… -murmuró.
- Ve el lado positivo, sólo serán un par de horas- la tranquilicé- después de la cena, Jasper se encargará de Alice.
- Fue una bendición que Rosalie y Jasper hayan podido venir- comentó Bella.
- Para que veas todo lo que hago por ti- le dije mientras llegábamos a mi auto.
- ¿Qué quieres decir?- preguntó parándose de golpe.
- Que fui yo el que movió los hilos para que ellos vinieran, ¿crees que permitiría que la histeria de Alice o las bromas Emmett arruinaran la celebración de nuestro primer año nuevo juntos?- le pregunté.
- Edward… - me dijo ella sonriendo- ¡eres el mejor!- y me abrazó.
- Lo sé- reí. Bella me golpeó el pecho juguetonamente.
- Creído…
- Pero aún así me amas- la besé en los labios y luego le abrí la puerta del auto- Alice te espera.
Y sin más demora, conduje rumbo al hotel donde una histérica Alice caminaba de un lado a otro en el vestíbulo.
- ¡Bella!- chilló apenas nos vio entrar y corrió a abrazar a Bella, como si no la hubiese visto en años- ¡Vamos! ¡Tenemos mucho que hacer! ¡Son casi las siete!- decía una Alice al borde del colapso.
- Tranquila, ya estoy aquí- dijo Bella intentando calmarla.
- ¡Menos mal!- dijo Alice en un tono muy alto, digno de una cantante de ópera- ¡Vamos!- la tomó del brazo.
- ¡Edward!- me llamó Bella desesperada y Alice me fulminó con la mirada.
- Nos vemos en más tarde- le aseguré, tomé su rostro entre mis manos y le di un largo beso.
- ¡Suficiente!- reclamó Alice- Adiós, Edward- tomó de la mano a Alice y se la llevó rumbo a los ascensores. Las seguí con mi vista hasta que desaparecieron y volví a mi auto para iniciar mi viaje de vuelta a casa.
- ¡Nuestros invitados ya están aquí!- exclamó mi madre alegremente cuando sonó el timbre.
Minutos más tarde, aparecieron los Culen y los Hale, después de hacer las presentaciones pertinentes, nos dirigimos al comedor para cenar.
- Edward, ha hablado maravillas de ti, Jasper-comentó mi madre.
- Gracias- respondió él cortésmente.
- ¿Y no hablado de mí también?- se metió Emmett.
- ¿Por qué lo haría? Eres mi primo, mis padres te conocen desde siempre- le respondí.
- Pero podrías decir que soy un buen primo- respondió encogiéndose de hombros.
- Sí, claro… -contesté rodando los ojos.
- ¡Emmett!- lo regañó Rosalie.
- ¡Rosalie!- le respondió éste.
- ¡Emmett!- lo regañó Esme.
- ¡Mamá!- rió.
- Emmett, suficiente- lo reprendió Carlisle.
- Aburridos…. –gruñó en voz baja.
- ¿Por qué no salimos al jardín?- sugirió Alice.
- ¡Buena idea!- la apoyó Esme.
- Ya casi es hora- dijo mi padre mirando su reloj, se levantó le ofreció el brazo a mi madre y salieron. Carlisle y Jasper hicieron lo mismo con Esme y Alice.
- ¿Vamos?- le pregunté a Bella ofreciéndole mi mano para que la tomara.
- ¿Por qué no puedes ser así?- se quejó Rosalie mirando a Emmett.
- ¿Así cómo?- preguntó confundido.
- Olvídalo- suspiró resignada y se colgó del brazo de Emmett.
- Te encantará el jardín- le comenté a Bella mientras salíamos.
- Ya lo conozco- rió ella.
- Pero no lo has visto hoy, luce totalmente diferente.
- ¿Adónde vamos?- preguntó Bella deteniéndose de golpe, al notar que íbamos en otra dirección.
- Confía en mí- le pedí, ella asintió y retomamos el paso- me gusta venir aquí, tiene una vista privilegiada para ver los fuegos artificiales- le dije cuando llegamos casi al fondo del jardín, a un lugar escondido entre unos tupidos árboles.
- ¿Y por qué no vienen todos para acá?
- Porque uhm… olvidé comentar que aquí se ve mejor- reí.
- Ya veo- sonrió Bella.
- Además, quería que estuviéramos solos… -susurré atrayéndola hacia mí.
- Gran idea….- aprobó Bella rodeando mi cuello con sus brazos.
- Bella… - murmuré mirándola fijamente- hay algo que quiero decirte…- pude notar como automáticamente se tensó ante mis palabras- tranquila, es algo bueno…
- Oh- dijo ella simplemente.
- Bella… esta semana ha sido sin duda la mejor de toda mi vida, por fin estamos juntos- le dije abrazándola con fuerza- pensé que nunca volvería a tenerte aquí… entre mis brazos…
- Edward… -empezó a decir ella, pero la callé.
- Shh… déjame hablar…- ella asintió con la cabeza- Bella, ahora soy tan feliz, que parece que todo fuera un sueño y temo despertar y que todo desaparezca tras una cortina de humo…. – la besé dulcemente antes de seguir- si esto fuera un sueño me gustaría que durara eternamente para seguir pensando que amas tanto como yo te amo a ti… -sonreí.
- Ed…
- "Es un sueño la vida, pero un sueño febril que dura un punto, cuando de él se despierta, se ve que todo es vanidad y humo… ¡Ojalá fuera un sueño, muy largo y profundo, un sueño que durara hasta la muerte! Yo soñaría con mi amor y con el tuyo"- recité cada palabra sin despegar mis ojos de los de Bella, los cuales ahora estaban llorosos.
- ¿Gustavo Adolfo Bécquer?- preguntó ella.
- Exacto, rima número setenta y siete- sonreí y ella me miró sorprendida- tenía que hacer que dejaras de asociar ese número con algo negativo- contesté sinceramente- ¿tuve éxito?
- Eres perfecto- rió ella.
- Tomaré eso como un sí- volví a besarla, pero el sonido de los fuegos artificiales causaron que nos separáramos. Estuvimos observándolos abrazados hasta que se acabaron.
- Feliz año nuevo, Edward- me dijo Bella volviendo a besarme- ¿tienes algún deseo para este año?
- No- contesté, tomé su rostro entre mis manos y me acerqué para besarla nuevamente, pero ella se alejó.
- ¿Por qué no?- preguntó con el ceño fruncido.
- Porque todo lo que más deseo en este mundo, ya lo tengo en mis manos- sonreí y me incliné para besarla. Por fin, estábamos juntos nuevamente y mi corazón estaba completo.
CN77: Capitulo 15: Navidad
Disclaimer: Los personajes no nos pertenecen, la historia tampoco xD Solamente nos han dado el derecho de subirla en este Blog para divertir a nuestras seguidoras!! Jajaja ^^______________________________________
NAVIDAD
Aunque mi idea original era pasar las vacaciones de Navidad en Cambridge completamente solo. Mis padres habían insistido en que volviera a Chicago porque, según ellos, me extrañaban, pero no fue hasta que hablé con Maddie que me decidí a volver.
Y ahora estaba aquí, mirando el techo de mi habitación mientras maldecía el momento en que había aceptado la ayuda de Alice. Habían pasado más de tres meses desde su "brillante plan" de la fiesta de cumpleaños y era claro que esa enana se había equivocado. Maldita Alice. Maldito yo por haber confiado en ella para que me ayudara a volver con Bella. Solté un suspiro exasperado. Debí haber tomado el asunto en mis propias manos, pero estaba tan ocupado lamentándome que, al final, hice nada. Y ahora era demasiado tarde para hacer algo.
Un golpe en la puerta, me sacó de mis pensamientos.
- Adelante.
- Edward…-me informó Maddie mientras entraba a mi habitación- los Cullen vendrán a pasar la Navidad acá.
- Genial…-refunfuñé entre dientes.
- Vamos…-me dijo sentándose en mi cama- tienes que pensar más positivo.
- ¡No puedo, Maddie!- exclamé furioso al tiempo que me ponía de pie- ¡Confié en Alice! ¡Confié en que me ayudaría a recuperar a Bella! – me pasé una mano por mi cabello y comenzaba a caminar de un lado a otro por mi habitación- Pero me equivoqué…-añadí en voz más baja- y todo por culpa de Alice y sus ínfulas de sabelotodo, de grandeza, de…- me detuve cuando Maddie rió- ¿qué?
- Lo siento- me dijo aún sonriendo- pero esas ínfulas de sabelotodo y de grandeza no las tiene sólo Alice.
- ¿Qué estás insinuando?-le pregunté en tono cauteloso.
- No te lo tomes a mal, pero esas ínfulas-remarcó la palabra colocando los dedos en el aire- es algo familiar…-hizo una pausa para evaluar mi expresión antes de continuar- que tú también tienes.
- ¡¿Yo?!- le espeté incrédulo.
- Sí, tú, Edward- Maddie rodó los ojos y luego me miró condescendientemente- ¿por qué crees que inventaste eso de las fichas? – al ver que no respondía siguió hablándome desde donde estaba sentada- esa cantidad de fichas te hacía sentir grande… que tú tenías el control, que podías tener a la chica que quisieras… además…-agregó con una sonrisa aún más grande- terminaste tu secundaria con notas excelentes y tu culminación de tu rebeldía la diste cuando te empeñaste en celebrar tu cumpleaños a lo grande, porque Edward Masen tenía que destacarse por sobre el resto, demostrar que él era mejor…
- Maddie…
- Tenías que demostrar que tú sí sabías lo que hacías.
- Maddie…- insistí.
- Ahora dime, ¿eso no es tener ínfulas de sabelotodo y grandeza?- me preguntó levantando una ceja.
Me detuve junto a la ventana y comencé a darle vueltas a todo lo que había dicho Maddie. No me creía un sabelotodo ni tampoco tenía esas ínfulas de grandeza de las que ella hablaba… ¿o sí? No, no era posible que yo, Edward Anthony Masen, fuera así. No, no podía ser así. ¡Ja! Maddie estaba equivocada, ¿quién se creía que era? ¿Acaso creía que ella me conocía mejor que yo mismo? Bufé molesto y continué con mi paseo por la habitación. Maddie tenía idea de nada, el único que realmente me conocía totalmente era yo. Y de pronto, vino el momento del descubrimiento, detuve mis pasos y me dejé caer pesadamente sobre la cama.
¡Maddie tenía razón! Era un maldito sabelotodo y creído. Apoyé los codos en mis piernas y oculté mi rostro entre mis manos. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Jasper ya lo había insinuado y yo no había sido capaz de asimilar la información en ese momento.
- ¿Edward? Tierra llamando a Edward- decía Maddie.
- ¿Huh?
- Me voy
- ¿Irte? ¿Adónde?- pregunté confundido.
- A preparar la cena- respondió Maddie rodando los ojos- arriba ese ánimo y baja en media hora- se levantó y se fue.
Tomé mi almohada, hundí el rostro en ella y grité con todas mis fuerzas. Odiaba a Maddie. Ahora me sentía peor que antes. Ella y sus estúpidos intentos de hacerme sentir mejor. Aunque a Alice la odiaba más. Arg. Debí haberme quedado en Cambridge. Moraleja: No confíes en tus familiares para arreglar tus asuntos amorosos.
Una hora más tarde, ya había cenado con mis padres y me disponía a subir para encerrarme nuevamente. Cuando mi padre habló:
- ¿Por qué no vamos un rato a la sala?
- Buena idea- apoyó mi madre.
- ¿A la sala? ¿Para qué?
- Para conversar un poco- rió mi padre entre dientes al ver mi expresión de asombro.
- Oh, está bien- me levanté de la mesa y mis padre me siguieron camino a la sala. Me senté en el sofá, mi madre a mi lado y mi padre en el sillón delante de nosotros.
- Y dime hijo, ¿cómo van las clases?- preguntó él interesado.
- Bien- sonreí- tenía mis dudas al comienzo, pero… al parecer tengo talento- sonreí aún más.
- Eres un chico inteligente, tienes un gran futuro por delante- me aseguró.
- Gracias.
- Y dime… ¿has conocido a alguna chica que llame tu atención allá?- preguntó mi madre suavemente.
- Uhm… no…- contesté incómodo.
- Es curioso… Madeleine no se ha quejado por el teléfono, antes solía reclamar porque sonaba cada cinco minutos y ahora prácticamente nadie llama…- dijo mi madre.
- ¿Curioso? ¿Por qué?
- Con tu padre pensamos que tenías a alguien en Harvard y por eso no te interesaban tus… amigas de Chicago- respondió mi padre.
- Ahm… uhm. no, no es eso- contesté levantándome del sofá y caminé hacia la ventana.
- ¿Entonces qué es?- preguntó mi madre.
-Es… complicado, muy complicado- me pasé una mano por el cabello mientras caminaba por la sala. Mis padres me observaron en silencio y esperaron que yo siguiera hablando- me gusta una chica… no, no, no me gusta, la quiero, sí, la quiero- aceleré el paso y me pasé nuevamente una mano por mi cabello- realmente la quiero, pero ella no quiere verme. Lo arruiné todo. ¡Soy un idiota!- bufé exasperado y pateé la alfombra.
- Hijo… - susurró mi madre tomándome de la mano y guiándome de vuelta hacia el sofá- ¿por qué no nos cuentas qué es lo que pasó?
- No…-me negué- es demasiado horrible…
- Vamos, Edward- me animó mi padre y se levantó de su sillón para sentarse junto a mi madre y yo- como futuro abogado, debes saber que antes de juzgar a alguien es necesario conocer todos los antecedentes- me sonrió.
- Está bien- me resigné. Era imposible que yo, un simple estudiante de leyes, ganara una discusión frente a dos abogados tan talentosos.
Cuarenta y cinco minutos más tarde, ya había relatado mi historia incluido y mis padres me miraban con una expresión calmada. Quizás había sido ingenuo al pensar que me mirarían reprobatoriamente, después de todo, llevaban décadas oyendo cosas mucho más horribles que lo mío resultaba casi infantil. Inmediatamente me invadió un sentimiento de vergüenza, lo que hizo que ocultara mi rostro entre las manos.
- Hijo- mi padre fue el primero en romper el silencio- tuviste tus propias motivaciones para actuar de la forma en que lo hiciste, quizás en ese momento, no dimensionaste las consecuencias, pero lo importante es que te diste cuenta.
- Lo único que tienes que hacer es seguir adelante y arreglar las cosas- me aconsejó mi madre mientras me abrazaba por los hombros.
- ¿Pero cómo lo haré, mamá?- pregunté desesperanzado mientras apoyaba las manos sobre mi regazo y mi padre se levantaba- Bella no quiere verme, no quiere.
- Escúchame bien, Edward Anthony Masen- dijo mi madre en tono serio mientras me tomaba por los hombros y me obligaba a mirarla- no te hemos educado para que seas así de fatalista.Tienes que seguir adelante.
- Pero mamá…
- Pero nada, Edward, tu madre tiene razón- se sentó detrás de mi madre y ambos me miraron serios- Enfócate en hacer bien las cosas de ahora en adelante, la vida da muchas vueltas y no faltará la ocasión en que te cruces con Bella nuevamente.
Y- cuando eso suceda, ella sí estará dispuesta hablarte- dijo mi madre en tono seguro.
- ¿Cómo puedes saberlo?- le pregunté.
- Intuición- contestó simplemente.
- Claro… -rodé los ojos.
- La intuición de tu madre es infalible- la defendió mi padre- ya verás cómo tiene razón.
- Las cosas se solucionarán pronto, hijo- me tranquilizó mamá.
- Eso espero...
- Lo harán, Edward, te lo podemos garantizar- dijo mi padre.
- ¿En serio?- pregunté más animado.
- En serio. Si quieres te lo firmamos ante notario para que nos creas- bromeó él y todos reímos.
- No es necesario- sonreí, me levanté y caminé hacia la puerta para regresar a mi habitación, pero me detuve junto al marco y me volteé a ver a mis padres, ambos seguían sentados en el sofá y me observaban- y gracias- ambos me sonrieron y así, con la esperanza renovada, volví tranquilo a mi cuarto.
Era el día de Navidad y yo tenía el mismo nivel de alegría navideña que el Grinch. Para mi incredulidad, mis padres habían decidido que la cena fuera formal, algo bastante estúpido en mi opinión, considerando que estaríamos en familia y no era necesaria tanta parafernalia. Pero donde manda capitán, no manda marinero.
Faltaba una hora para llegaran los Cullen y pudiera ahorcar el delgado cuello de Alice con mis propias manos, y no encontraba mi corbata. Bajé rápidamente en busca de Maddie y la encontré haciendo los toques finales a la mesa.
- Maddie, ¿dónde está…?- empecé a preguntarle, pero me detuve al darme cuenta que habían ocho puestos colocados sobre la mesa. Levanté las cejas sorprendido, por fin Maddie cenaría con nosotros- No sabía que…
- ¡Edward!-me interrumpió Maddie levantando la vista del arreglo floral que estaba colocando al centro de la mesa- Tu corbata está junto al traje de tu padre que llegó de la tintorería.
- Oh… gracias- contesté- Maddie, ¿por qué…?- empecé a preguntar otra vez.
- El traje está en el cuarto de tus padres-. ¿Necesitas algo más?-me preguntó en tono duro- me faltan muchas cosas por hacer.
- No- contesté levantando las manos en gesto de disculpa- no te preocupes- y salí disparado hacia el segundo piso.
Minutos después estaba de vuelta en mi habitación con la corbata entre las manos. La observé y sonreí tristemente. Siempre me había gustado el color verde que tenía, además solían decirme que combinaba con mis ojos, así que decidí usarla para la cena, además era de un color navideño también… pero ahora no podía dejar de asociar el color con lo verde de Forks y así, rápidamente mis pensamientos volvieron a su lugar habitual: Bella.
Estaba terminando el nudo de mi corbata, cuando sentí unos golpes en la puerta.
- Adelante- respondí.
- Edward, los Cullen deben estar por llegar y tus padres quieren que todos estén ahí para recibirlos.
- Está bien…-contesté mientras me volteaba. Fruncí el ceño cuando la vi.
- ¿Qué?
- ¿Todavía no estás lista?
- Estoy lista- agachó la vista hacia su atuendo y me miró con expresión confundida.
- No entiendo, conté ocho puestos en la mesa… -susurré.
- ¿Y?- preguntó Maddie.
- Pensé que cenarías con nosotros.
- ¿Qué te hizo pensar eso?
- Conté ocho puestos en la mesa y…- empecé a decir, pero la risa de Maddie me detuvo.
- Sí, pero no soy yo la octava persona- dijo mientras se acercaba a mí para darle los toques finales al nudo de mi corbata.
- ¿Entonces quién es?- pregunté confundido.
- No lo sé- se encogió de hombros y luego me miró con atención- deberías intentar peinarte un poco…
- Ya lo hice- repliqué molesto mientras intentaba domar, inútilmente, mi desordenado cabello.
- Perdón –rió- pero no te preocupes, tu padre tiene el mismo problema- me consoló.
- Gracias, con eso me siento mejor- ironicé.
- Ve abajo- me dijo Maddie ignorando mi comentario- tus padres te esperan.
- ¿Y tú qué harás?- pregunté con algo de enojo en mi voz.
- Bajaré contigo…
- Oh.
- Baja- ordenó Maddie- ahora- y me empujó hacia la puerta.
- ¡Ya voy!- exclamé malhumorado.
Unos minutos más tarde, estaba entrando a la sala donde ya se encontraban mis padres.
- ¡Ah, hijo! Qué bueno que estás listo- me sonrió mi madre apenas me vio.
- Sí…- intenté acomodarme nuevamente mi cabello.
- Déjalo ya, Edward- me dijo mi padre- es inútil, es parte de ser un Masen.
- ¿Qué cosa?- pregunté sentándome en el sofá.
- Tu cabello- rió él- es imposible ordenarlo más.
- Recuerdo que cuando te conocí esa fue una de las cosas que me atrajeron de ti- le dijo mi madre a mi padre y luego rió despreocupadamente.
- ¿En serio?- preguntó él pasándose una mano por su cabello en un gesto inconsciente. Ladeé la cabeza mientras lo observaba. Cada vez que estaba nervioso hacía eso, recuerdo que alguna vez me comentó que eso lo delataba al momento de defender a sus clientes. Fruncí el ceño. ¿Yo también haría lo mismo? No…
- … pero lo que más me atrajo fue ese aire rebelde que tenías- seguía diciendo mi madre- supongo que Edward también debe causar esa impresión- agregó mirándome.
- ¿Cuál?- pregunté aturdido y ambos rieron. Iba a insistir, pero Maddie me interrumpió:
- Está todo listo para la cena, Sra. Masen- informó.
- Gracias, Madeleine. Puedes retirarte- vi cómo Maddie desaparecía de mi vista y recordé el invitado que tendríamos.
- ¿Mamá? ¿Por qué hay ocho puestos en la mesa? Si somos ocho
- Esme dijo que serían 5- me respondió simplemente.
- ¿Cinco?
- Hijo, suficiente preguntas- sonrió mi padre- deben estar por llegar- dijo mirando de reojo el reloj- así que pronto sabremos con quién vienen.
- Paciencia- dijo mi madre sentándose a mi lado y dándome un apretón cariñoso en el brazo. Si algo bueno había salido de todo, es que después de entrar a Harvard, mis padres, por fin, estaban mostrando afecto por mí.
- Linda decoración- comenté observando los adornos de la sala.
- Es obra de Madeleine- señaló mi madre.
- La felicitaré más tarde- sonreí.
- Ya llegaron- informó mi padre mientras observaba a través de la ventana.
- Perfecto- dijo mi madre levantándose del sofá. Unos segundos después sentimos el sonido del timbre.
- Vamos, Edward, levántate para recibir a nuestros invitados- me ordenó mi padre. Me puse de mientras las voces de los Cullen se iban escuchando cada vez más cerca. Apenas habían pasado unos segundos cuando Maddie nuevamente entró para anunciarlos:
- Los Cullen están aquí- informó y se hizo a un lado para dejar pasar a los demás.
- ¡Carlisle! ¡Esme!- exclamó mi madre- qué gusto verlos.
- Igualmente, Lizzie- dijo Esme sonriendo y acercándose a darle un afectuoso abrazo a mi madre.
- ¿Todo bien, Edward?- saludó Carlisle a mi padre dándole la mano.
- Perfectamente- sonrió.
- ¡Eddie!- gritó la inconfundible voz de Emmett.
- Hola Emmett, ¿qué tal?- lo saludé con una sonrisa forzada.
- Bien, bien ¿y tú?
- Podría estar mejor- contesté con un encogimiento de hombros.
- Arriba ese ánimo, no dejé de pasar la Navidad con Rose sólo para ver tu cara de amargado.
- Lo siento- reí.
- Así, está mejor- sonrió y fue a saludar a mis padres. Me giré para buscar a Alice, pero una voz a mis espaldas me lo impidió.
- ¡Edward!- me volteé y Carlisle me sonreía amablemente.
- Hola- lo saludé con un apretón de manos- ¿todo bien?
- Fenomenal- me sonrió.
- Edward, cariño, ¿cómo estás?- dijo Esme acercándose a saludarme.
- Bien, gracias- sonreí lo más natural posible, levanté un poco la cabeza para buscar a Alice, un intento algo tonto considerando la escasa estatura de ella- ¿dónde está, Alice?-les pregunté.
- Están detrás de ti- me contestó Carlisle, dirigiéndole una mirada de complicidad a su esposa. "¿Dijo están? ¿Quién era la otra…?" pensé mientras me volteaba a ver. Apenas me giré vi a Alice parada junto al marco de la puerta quien me sonreía ampliamente y a su lado estaba… Bella. No. Debía estar soñando. ¿Qué hacía Bella acá? Ella no quería verme. Parpadeé un par de veces, pero ambas seguían ahí.
- Hola Edward- me saludó Alice y se acercó a darme un abrazo.
- Hola Alice- saludé tenso.
- ¡Tía Lizzie!- exclamó ella y corrió a saludar a mi madre, dejándome a mí solo frente a Bella. Me armé de valor y me acerqué a saludarla, después de todo, yo era el anfitrión.
- Hola Bella-le sonreí.
- Hola – me respondió ella tímidamente.
- Ven, te presentaré a mis padres- le dije con tono tranquilo, aunque internamente mis hormonas estuvieran de fiesta.
- Claro- contestó nerviosa y avancé hacia mis padres.
- Papá, mamá, ella es Isabella Swan, es compañera y amiga de Alice- la presenté. Había que reconocer que eran excelentes actores porque en ningún momento mostraron indicio alguno de conocerla, aun cuando era obvio que ya sabían por todo lo que les había contado.
- Un placer conocerlos, Señor y Señora Masen- dijo Bella educadamente.
- El placer es nuestro Isabella- dijo mi madre. Sonreí, definitivamente era buena actriz, también les había comentado que a Bella no le gustaba que la llamaran por su nombre completo.
- Prefiero que me digan Bella, si no les importa- susurró Bella.
- Oh, de acuerdo- dijo mi padre sorprendido. Volví a sonreír. Ahora entendía por qué eran tan buenos en lo que hacían, eran unos actores fantásticos. ¿Yo también lo sería?
- Y… ¿qué tal Harvard?- me preguntó Bella en un intento de romper el hielo.
- Bien- respondí incómodo, aunque era un alumno destacado no me gustaba presumir.
- Qué bueno- dijo ella en el mismo tono.
- ¡Madeleine!-la llamó mi madre, notando la tensión que había entre Bella y yo.
- ¿Sí, Sra. Masen?- preguntó Maddie entrando a la sala.
- Puedes servir la cena.
- Sí, Sra. Masen- y desapareció.
Nos dirigimos al comedor, mis padres se sentaron como cabeceras de mesa. Alice y Esme se sentaron a los costados de mi madre, mientras que Carlisle y Emmett hicieron lo mismo al lado de mi padre, dejando sólo los puestos al centro de la mesa disponibles. Corrí la silla y le indiqué a Bella que sentara, ella y todas las mujeres presentes sonrieron.
- Gracias- le sonreí a Bella y rodeé la mesa para sentarme en el puesto enfrente de ella.
La cena transcurrió sin sobresaltos, aunque requirió todo mi autocontrol aparentar una tranquilidad que no sentía y un esfuerzo enorme tragar la comida cuando sentía un nudo en el estómago. Bella no parecía estar pasándolo bien tampoco, apenas había probado la comida y mantenía una postura tensa mientras hablaba con Alice.
Era tan frustrante tener a Bella frente a mí y no poder hablarle… sentía una enorme curiosidad por saber qué era lo que la había motivado a venir a Chicago, era claro que no estaba disfrutando su estadía acá y además podría estar con su madre en Phoenix o con su padre en Forks, a menos que hubiese venido acá por mí. Sacudí la cabeza para alejar ese pensamiento de mi mente, no podía ser tan egocéntrico, quizás Alice la había arrastrado hacia acá para continuar con su "brillante" plan y la pobre Bella no había tenido otra opción. Sí, debía ser eso. Ahora tenía otro motivo para querer estrangular a la enana. Pero no podía hacerlo habiendo tantos testigos.
Un rato más tarde, estábamos todos sentados en la sala conversando animadamente, excepto Bella, que trataba de sonreír con lo que Alice le decía, y yo, que me esforzaba por ponerle atención a Emmett, cuando mi padre dijo:
- Estaré con Carlisle en mi estudio.
- Estoy ansioso por saber con qué libro me sorprenderás esta vez, Edward- dijo él y juntos se fueron de la sala. Emmett retomó la conversación y no pasaron más de dos minutos cuando mi madre murmuró en mi oído:
- Iré con Esme al invernadero, atiende bien a nuestros invitados- asentí con la cabeza y un minuto después, Alice llegó hacia donde estábamos y dijo:
- Emmett, ¿viste las decoraciones del jardín?
- No- él frunció el ceño sin entender hacia donde quería llegar Alice.
- ¡Hay incluso un trineo!- exclamó entusiasmada, miré de reojo por la sala, pero no encontré a Bella. ¿En qué minuto se había ido?
- ¿Un trineo?- preguntó ilusionado.
- ¡Sí!- ¡Vamos a verlo!- lo tomó del brazo- ¡Vamos!
- Está bien- rió- ¡Vamos!- tomó a Alice, la colocó sobre su hombro y ambos se fueron de la sala riéndose. Suspiré y me tiré pesadamente sobre el sofá. Si hace unos meses me hubiesen dicho que pasaría la Navidad solo y enfurruñado en mi casa no lo habría creído.
- Edward…-susurró.
- ¿Bella?- me sobresalté y me puse de pie rápidamente, al voltearme pude verla de pie junto a la ventana. De manera casi automática, la atmósfera de la sala se volvió más densa.
- Edward, yo…-levanté una mano y le indiqué que se sentara en el sillón.
- Así está mejor- sonreí- tengo que atender bien a los invitados- bromeé en un intento de aligerar el ambiente. Bella me sonrió nerviosa antes de comenzar a hablar:
- Edward, yo...- se detuvo brevemente y continuó: te preguntarás por qué estoy acá…
- Sí, nunca me imaginé que podrías estar acá… me sorprendió- confesé.
- Lo siento, no debí venir así… - se disculpó algo avergonzada.
- No hay problema, apuesto que todo esto es culpa de Alice…-murmuré entrecerrando los ojos.
- ¿Alice?- preguntó confundida.
- Ella te obligó a venir, ¿cierto?
- Es algo que Alice haría- rió- pero no lo hizo, no fue necesario- y añadió en tono serio- vine por voluntad propia… yo… quería hablar contigo- abrí mi boca para hablar, pero ella no me dio la oportunidad- personalmente…- levanté las cejas sorprendido y sentí curiosidad por saber lo que tenía que decirme.
- Te escucho- dije y pude notar su nerviosismo- tranquila, no creo que lo tengas que decirme sea tan malo ¿o sí?- le pregunté.
- No…
- Además, Navidad es un tiempo de alegría y felicidad- bromeé.
- ¡Hey!- dijo ella y ambos reímos.
- Veo que también te sabes la canción- sonreí.
- Sí, pero no más distracciones- sacudió la cabeza- vine acá porque necesitaba hablar contigo, sé que te dije que necesitaba tiempo para pensar en todo lo que pasó y…-fijó su vista en sus manos- y… ya pensé- suspiró ella y yo me tensé. Quise preguntar "¿Y?", pero preferí no presionarla y esperar que hablara, además ya había dicho que no vino a decir algo malo, así que me animé un poco- Edward… yo estaba muy dolida y durante varios meses intenté ignorar lo que sentía por ti y…-sonrió tristemente- tuve éxito durante un tiempo hasta mi fiesta de cumpleaños.
- Oh- atiné a decir.
- Alice me contó que tú eras Erik, no sé cómo no me di cuenta- dijo avergonzada.
- Esa era la idea- reí- si hubieses sabido que era yo, no habrías sido tan amable.
- Buen punto- accedió ella- pero esa noche, cuando estaba con Erik empecé a sentir cosas que sólo había sentido contigo…
- Bueno, era obvio, era yo- dije en un susurro apenas audible.
- Y… cuando miraba a Erik, había algo en él que me hacía recordarte… y… desde ese día no podía dejar de pensar en él y… -comenzó a mover las manos nerviosamente- y… me sentí confundida porque…. Ahí me di cuenta –levantó la vista y me miró durante varios minutos como si esperara que yo entendiera el significado oculto detrás de sus palabras, pero yo la miré sin saber realmente qué es lo que estaba tratando de decir.
- ¿Te diste de qué, Bella?- pregunté suavemente. Ella tomó aire antes de decir:
- De que sigo enamorada de ti, Edward.
Después de oír su declaración, pasé por diferentes emociones: perplejidad, asombro, incredulidad, alivio y finalmente alegría. Bella me observaba atentamente esperando alguna reacción de mi parte, pero yo no podía moverme, mi cabeza me daba vueltas mientras intentaba ordenar mis pensamientos.
- Yo…-empezó a decir Bella avergonzada- entiendo que tú no sientas lo mismo, yo no debí venir, lo siento- y caminó hacia la puerta. "¡No!" gritó mi mente. Corrí detrás de Bella y la tomé del brazo cuando estaba por salir.
- No te vayas…- ella se giró y me miró con la duda reflejada en sus ojos. Cuando noté que no huiría de mí, la solté.
- Lamento no haber reaccionado- me pasé una mano por mi cabello- estaba demasiado… sorprendido por lo que me dijiste y me bloqueé- reí y una pequeña sonrisa alcanzó el rostro de Bella- yo… -suspiré- uhm… - suavemente la empujé hasta que su espalda quedó apoyada en el marco de la puerta- no te imaginas el alivio que siento ahora, pensé… que no querías verme… y verte ahora aquí….- suspiré contento- no sé qué decir- reí.
- Creo que sí sabes…- me dijo Bella en tono juguetón.
- Puedo tener una idea… pero no sé si estoy equivocado - le seguí el juego mientras tomaba su rostro entre mis manos.
- Podrías comprobarlo y salir de dudas- sonrió y rodeó mi cuello con sus delgados brazos- estoy segura que estás en lo correcto- me guiñó un ojo.
- Quizás…- acorté la distancia entre nosotros y la besé.
En ese instante, toda la amargura, el dolor y la impotencia que había sentido durante todos estos meses desapareció. ¡Ah! ¡Cómo había extrañado a Bella! Sólo sentir sus labios contra los míos, provocaba que sintiera tanta felicidad que temía explotar de un minuto a otro. Después de un largo beso, nos separamos:
- Te amo, Bella- dije casi sin respiración.
- Yo también te amo, Edward- me contestó ella, levantando ligeramente la cabeza para mirarme a los ojos.
- Deberías sacar una baya…- dijo de pronto, indicándome con la cabeza los adornos que colgaban encima de nosotros.
- ¿Qué?- pregunté frunciendo el ceño.
- ¿Sabías que con cada beso que se da bajo el muérdago se deba sacar una baya?- al ver mi expresión se largó a reír- creo que no. También dicen que si el beso es en Nochebuena, el amor durará.
- ¿Por cuánto tiempo?- pregunté.
- No lo sé- se encogió de hombros.
- Mm… -levanté la vista hacia el muérdago que adornaba el marco de la puerta y lo tiré completo.
- ¡Edward!- me reprochó Bella.
- Me encargaré que dure para siempre, aunque tenga que besarte por cada baya que hay acá- le indiqué la rama que aún tenía en mis manos.
- Eso no me molestaría- sonrió ella.
- A mí tampoco- comencé a besarla apasionadamente, pero me detuve.
- ¿Qué ocurre?- preguntó preocupada.
- Olvidé decir algo.
- ¿Qué cosa?
- Feliz navidad- le dije sonriendo.
- Feliz navidad- sonrió y ella se acercó para besarme, pero me alejé:
- Y otra cosa…
- ¿Qué pasa ahora?- preguntó impaciente.
- Te amo, Bella Swan.
- Ven aquí- dijo riendo, enredó sus manos en mi cabello y me atrajo hacia ella para enfundarnos nuevamente en un apasionado beso. ¡Era una Navidad perfecta!
CN77: Capitulo 14: Bella POV
Disclaimer: Los personajes no nos pertenecen, la historia tampoco xD Solamente nos han dado el derecho de subirla en este Blog para divertir a nuestras seguidoras!! Jajaja ^^______________________________________
CAPIRULO 14
BELLA POV
- ¡Vamos, Bella! ¡Cumples 18 años!- me decía Alice por enésima vez mientras veíamos televisión en su casa- ¡DEBES tener una fiesta! ¿O es un crimen que tenga ganas de hacerle una fiesta a mi mejor amiga?
- No, Alice, no debo tener una fiesta, tú simplemente estás buscando una excusa para...
- Todos tenemos derecho a divertirnos- me sonrió. Abrí la boca para protestar, pero la cerré rápidamente, era inútil. Alice haría la fiesta de todos modos- ¡Así me gusta, Bella!- exclamó entusiastamente y empezó a hablar sin parar acerca de todo lo que había que realizar. Así que durante todo el resto de la semana, Alice Cullen no habló de otra cosa. Al principio, pensé que se cansaría de hablar siempre de lo mismo, pero estaba equivocada y el viernes a la hora de almuerzo, anotaba en una libretita todas las cosas que tenía pendientes.
- ... el DJ me dijo que llegaría a las...-pero su monólogo fue interrumpido por el sonido de su celular- Hola Jazz, sí, ¿conseguiste la dirección?- preguntó- sí, perfecto, sí... sí... te enviaré el mail más tarde... sí... avísame cuando... sí...yo también, adiós -se despidió sonriendo- Jasper te manda saludos.
- Gracias, ¿él también vendrá, cierto?- pregunté sabiendo de antemano la respuesta.
- Sí- contestó Alice con una gran sonrisa antes de volver al tema de la fiesta- mañana quiero que estés en mi casa después de almuerzo para que tengamos tiempo suficiente para prepararnos.
- Está bien, pero... -moví nerviosamente mis manos- hay un problema...
- ¿Cuál?
- Aún no he escogido mi disfraz...
- Sabía que esto pasaría, así que me encargué personalmente del tuyo.
- No me sorprende...- murmuré- ¿Cuál es mi disfraz?- pregunté levantando la vista.
- Princesa de hielo.
- ¿Existe?- fruncí el ceño.
- Vamos, Bella, ten imaginación...- dijo Alice rodando los ojos.
- ¿Y cómo es el disfraz?
- Es un simple vestido blanco con brillos, obviamente, sino parecerías novia -rió.
- Muy graciosa- hice una mueca.
- ¿Sabes? Deberías ver la vida con más humor, sino envejecerás prematuramente- me aconsejó.
- Suficiente, Alice, me convenciste con la fiesta, pero no abuses de mi paciencia. Nos vemos- tomé mi bandeja y me alejé de ella, pero no antes que pudiera decir:
- ¡Hasta mañana, Bella!- rodé los ojos y caminé malhumoradamente a clases.
***
Alice. Alice. Alice. Me estaba colmando los nervios, no sé por qué se empeñaba tanto en hacer esa maldita fiesta, si sabía perfectamente que no tenía ánimos para eso, pero cuando se le metía una idea en la cabeza, no había quién se la sacara.
Me tiré en la cama y me dediqué a observar las manchas de humedad del techo de mi cuarto. Suspiré pesadamente y cerré los ojos, esperando que el sueño me venciera, pero en lugar de eso, mi mente fue invadida por el mismo rostro de ojos verdes que rondaba mis pensamientos desde la primera vez que lo vi, el 8 de julio...
Por más que lo intentara, no podía dejar de pensar en él y temía que Alice se diera cuenta de eso. Pero si lo hizo, nunca lo comentó e iniciamos nuestro último año escolar como si este verano hubiese sido igual a los anteriores y eso se lo agradecía. Como si Edward nunca hubiese existido. Sabía que para ella no debía ser fácil ver a su mejor amiga sufriendo por su primo, así que había aceptado, a regañadientes, que hiciera esta fiesta como forma de agradecerle por todo el apoyo que me había dado durante estas semanas. No me parecía un precio demasiado alto para pagar...
El sonido de mi celular me sobresaltó, no necesité ver el número en la pantalla para saber quién era.
- Hola Alice- contesté aún aturdida
- ¡Feliz cumpleaños, Bella!- chilló al otro lado del teléfono.
- ¿Cumpleaños?- pregunté confundida.
- ¡Sí, tonta, son exactamente las doce en punto de la noche, así que tu cumpleaños ya ha empezado!
- Oh, gracias- dije sin entusiasmo.
- Arriba el ánimo, Bella, ya verás cómo te divertirás en tu fiesta. Apuesto a que lo pasarás muy bien- rió.
- ¿Qué tramas, Alice?- pregunté suspicazmente.
- Nada, pero ¿por qué te aburrirías si estaremos todos contigo?- preguntó en un tono demasiado inocente. Quise agregar "todos, excepto él"
- Contigo nunca se sabe...- murmuré.
- No seas paranoica, Bella, sólo llamaba para ser la primera persona en desearte feliz cumpleaños, te espero a las tres para que nos arreglemos, duerme bien
- Gracias, adiós Alice.
- Adiós.
Después de colgar y apagar mi celular, no quería más interrupciones, me cubrí la cabeza con la almohada y me obligué a dormir. Pasar un día con Alice requería demasiada energía.
***
- Feliz cumpleaños, Bells- me saludó papá apenas bajé a tomar desayuno.
- Muchas gracias- le sonreí, después de todo no era su culpa tener una hija amargada.
- Tu madre llamó a tu celular y...
- Lo apagué, anoche me dolía la cabeza- lo interrumpí.
- ¿Ya te sientes bien?- preguntó con preocupación.
- Claro papá- le respondí mientras abría los estantes de la cocina.
- Me alegro, ah... -suspiró mientras me miraba con una sonrisa en los labios- no puedo creer cómo pasa el tiempo, recuerdo como si fuera ayer el día que naciste y mírate ahora...
- Papá... -lo corté avergonzada. Iba a responderme cuando el sonidos del teléfono lo impidió- debe ser mamá- y corrí a contestar.
- ¿Aló?
- ¡Bella!
- Mamá- sonreí aunque ella no pudiera verlo.
- ¡Feliz cumpleaños, cariño!
- Muchas gracias
- Cumples 18 años, Bella- empezó a decir mi madre con voz débil- recuerdo como si fuera ayer... - "No, otra vez no" pensé.
- Es increíble cómo pasa el tiempo- dije en un intento de cambiar de tema.
- Sí... lamento no poder estar ahí para entregarte tu regalo personalmente...- me mordí el labio, este verano no la había visitado porque había preferido pasarla en Forks con todos, incluido él- ¿Charlie te dio nuestro regalo?- preguntó mamá sacándome de mis cavilaciones. "¿Nuestro?"
- Eh...-titubeé unos segundos- recién bajé a desayunar, así que...- dije jugando con el cable del teléfono.
- ¡Yo te lo habría entregado apenas hubieses despertado! -rió- espero que te guste cariño, Phil te manda saludos
- Gracias
- Cuídate
- Lo haré, adiós mamá.
- Adiós.
Charlie me observaba divertido por encima de su desayuno.
- Reneé estaba impaciente porque te entregar tu regalo, ¿cierto?
- Cierto... -fruncí el ceño- cuando dijo "nuestro regalo" se refería...
- A uno de parte de los dos, bueno... más Phil- agregó rodando los ojos, mientras se ponía de pie.
- ¡Vaya!-levanté las cejas sorprendida- ¿y dónde está mi regalo?- pregunté mientras buscaba con los ojos algún paquete.
- Aquí- sacó una bolsita de terciopelo de su bolsillo y me la entregó- feliz cumpleaños, Bells- me dio un abrazo y esperó que abriera mi regalo. Apenas tiré el hilo que tenía la bolsita, metí mi mano y al tocar algo metálico lo saqué para observarlo con mayor detención.
- ¿Una llave?- pregunté confundida- ¿En una bolsa de terciopelo?
- Fue idea de Reneé- rió papá- pensó que sería más inesperado, dijo que pensarías que era una joya y tenía razón, porque sí lo pensaste- rió más fuerte.
- ¡Sólo a ella se le ocurriría meter una llave en una bolsita de terciopelo!-rodé los ojos.
- Ya sabes cómo es... ¿Por qué no vamos afuera a ver tu regalo?- sugirió.
- Está bien... -le dije con recelo y lo seguí hacia el jardín. No pude evitar soltar un grito ahogado cuando vi lo que había allí. Frente a mí había una gran camioneta roja- ¡Es nueva!-exclamé sin pensar.
- Sí, es nueva- rió mi padre- Con Reneé pensamos que te merecías un vehículo nuevo ahora que tienes 18.
- Muchas gracias- lo abracé emocionada.
- De nada, Bells, te lo mereces -dijo dándome unas suaves palmadas en la espalda- Iremos a almorzar a Port Angeles, invité a Billy y Jake espero que no te moleste...- añadió algo avergonzado.
- ¡Claro que no! Creo que es una idea genial- dije contenta.
- Qué bueno que pienses eso, ¿por qué no vamos a dar una vuelta?- dijo señalando mi flamante camioneta. Le sonreí abiertamente y me subí por el lado del conductor, mientras él subía por el del copiloto.
Después de recorrer varias veces los alrededores de Forks, papá comentó mirando su reloj:
- Sé que te gustó tu regalo, pero ya casi es hora de almorzar, así que...
- ¿Es en Port Angeles?- lo interrumpí.
- Sí, por eso...
- ¡Allá vamos!- lo corté riendo. Realmente me gustaba tener un medio de transporte propio en el que pudiera andar por encima de los 60 km/h.
Media hora después estábamos con los Black en Port Angeles.
- Quiero hacer un brindis... -empezó papá.
- Papá...-murmuré avergonzada.
- ... por Bella- continuó hablando mi padre como si yo no hubiese interrumpido- ¡Feliz cumpleaños! Y estoy muy contento de que este año pueda saludarte personalmente- sonrió radiante. Desde que se habían separado, todos mis cumpleaños los había pasado con mi madre y Charlie sólo me había saludado telefónicamente desde entonces- ¡Salud!
- ¡Salud!- dijimos todos.
Charlie y Billy, se enfrascaron en una conversación acerca de los distintos estilos de pesca, mientras que con Jake empezamos a hablar sobre mi fiesta.
- ¿Estás emocionada?- me preguntó.
- Sí, Jake, no tienes idea- contesté rodando los ojos.
- Alice está muy entusiasmada.
- ¿Y cuándo no lo está?
- ¿De qué te disfrazarás?- dudé un instante antes de responder- ¿tan feo es?
- No... es sólo que... olvídalo, me disfrazaré de... -tomé aire y miré mi servilleta- Princesa de hielo- levanté la vista y Jacob me observaba perplejo.
- ¿En serio?- y se largo a reír.
- Basta ya- lo regañé.
- Pero es que... -volvió a reír- princesa... tú...- decía entre risas.
- ¿Qué tiene de malo?-pregunté a la defensiva y él suspiró profundamente para calmar su risa.
- No eres lo que podríamos decir grácil... - dijo sonriendo.
- ¿Qué estás insinuando, Jacob Black?- le pregunté entrecerrando los ojos- ¿Sólo porque soy algo torpe piensas que no tengo derecho a disfrazarme de princesa? ¿Quién crees que eres? No tienes...
- Ya, ya, Bella, cálmate- dijo Jake levantando las manos en gesto de disculpa- lo siento, no debí decir eso... y menos en tu cumpleaños... soy un idiota.
- Sí que lo eres- respondí cruzándome de brazos.
- Vamos... ya dije que lo sentía...
- A veces un "lo siento" no es suficiente... -murmuré mientras mi mente se alejaba de Jacob y se enfocaba en Edward... aunque él había dicho que estaba arrepentido, todo el dolor que había sentido cuando me enteré lo de las fichas no lo olvidaría.
- ¿Bella? ¿Bella? - alguien me llamaba, enfoqué mi vista en el presente y vi una mano agitándose enfrente, fruncí el ceño confundida- Pensé que te habíamos perdido- bromeó Jake.
- Muy gracioso…- le siseé. Jake abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por papá que dijo:
- Es hora que volvamos, son casi las cuatro…
- ¡¿Las cuatro?! Alice va a matarme, tenía que estar a las tres en su casa…
- Es tu cumpleaños, no puede enojarse contigo- me consoló Jake.
- Si quieres, podemos llevar a Charlie y tú te vas directo donde Alice- sugirió Billy.
- No quiero molestarlos, yo puedo…
- No es molestia, Bella, vete tú directo donde los Cullen- insistió Billy.
- Nosotros nos iremos con Charlie y hablaremos de fútbol durante todo el viaje- agregó Jake sonriendo.
- Papá, ¿no te molesta ir con…?
- Claro que no, Bells, vete- se despidió de mí con un abrazo- disfruta tu fiesta.
- Gracias- le sonreí- Adiós Billy, Jake te veo después.
Apenas me subí a mi camioneta, llamé a Alice para avisarle donde estaba y corté antes que pudiera hablar y quejarse por mi falta de mi puntualidad.
***
- Ya casi es hora y aún no está lista- se quejaba Rosalie mirando mi rostro, con Alice tenían planeado realizar unos diseños con brillos alrededor de mis ojos, pero requería tiempo y lamentablemente (para ellas, no para mí)
- Si alguien no se hubiera demorado, habríamos alcanzado a hacer todo, pero…- Alice suspiró resignada.
- Es mi cumpleaños, no pueden enojarse conmigo hoy- dije rápidamente.
- Lo sabemos… -murmuró Rose con los labios tensos- aplicaremos una suave capa de brillo en torno a tus ojos, no podemos hacer algo más elaborado…
- Tienes razón- la apoyó Alice mientras sacaba su celular.
- ¿A quién llamas?- pregunté curiosa.
- Jazz, ¿a quién más podría llamar?- me preguntó suspicaz.
- Uhm… no lo sé, yo…
- ¡Jazz!- exclamó Alice de pronto- ¿Cómo están?
- ¿Cómo están?-susurré mirando a Rose.
- ¿Dónde crees que estaría Emmett? ¿Acá con nosotras?- me contestó en voz baja- cierra los ojos- obedecí y sentí cómo aplicaba el maquillaje sobre mis párpados.
- … sí… ¿no tuvo problema con el disfraz? Oh… sí… debe cambiar algo, no es su estilo habitual… el peinado… ¿tanto así?- rió Alice-eso espero… la idea del disfraz es esa… sí, estamos casi listas, sí… llámame cuando estén afuera… sí, Jazz, yo también, un beso- guardó su celular – Rose, te está quedando genial.
- Lo sé, dilo, soy toda una profesional- rieron.
- Abre los ojos, Bella- ordenó Alice.
- Estás deslumbrante- me dijo Rosalie.
- Perfecta- sonrió Alice- esta noche será inolvidable- agregó con un brillo extraño en los ojos. Algo planeaba, esto no me estaba gustando.
- Ustedes chicas son lo máximo, muchas gracias- las abracé.
- Lo sabemos- sonrió Rosalie.
- Pero no nos pongamos sensibles, se arruinará todo nuestro trabajo y tenemos que estar perfectas para los chicos- comentó Alice y sentí una punzada en el pecho. Rosalie tenía a Emmett, Alice tenía a Jasper y yo… ¿a quién tenía? Jacob vendría, pero no era lo mismo. Quería estar con Edward, aunque mi lado racional me gritara que necesitaba olvidarlo y partir de cero con otra persona.
- ¿Bella?- inquirió Alice tímidamente- ¿por qué no bajas tú primero mientras Rose y yo nos damos los toques finales a nuestro maquillaje?
- Tú eres la festejada, tienes que atender a tus invitados… - la apoyó Rose, las miré entrecerrando los ojos y salí del cuarto.
Cuando estaba bajando el último escalón de la escalera, sentí que alguien me llamaba.
- ¡Bella!- me giré y vi que una sombra enorme se acercaba. No sé qué estaba pensando Alice cuando eligió las luces, ¡apenas veía a quien tenía al frente! Y junto con la música estridente y los disfraces, estaba segura que era imposible saber quién era quién - Hola, Bella…
- Hola… ¿quién eres?- pregunté dudosa.
- ¡Jake!- rió, aunque su risa sonaba algo ahogada.
- ¡Oh, hola! No te había reconocido… ¿de qué estás disfrazado?- pregunté frunciendo el ceño.
- Darth Vader, ¿por qué? ¿no se nota?- preguntó preocupado.
- Seguro que se nota con algo más de luz… -le respondí.
- De todas formas, prefiero mantenerme en el lado oscuro de la fuerza- rió y luego agregó- aunque la falta de luz no es excusa, yo te distinguí desde lejos, tu disfraz no es precisamente sutil… no… ¡la princesa de hielo tiene que destacar!- se burló.
- Jake…- le advertí.
- Lo siento, señorita cumpleañera, ¿quiere tomar algo?- preguntó cambiando de tema.
- Claro- accedí.
- Bien, ya vuelvo- y desapareció de mi vista, no era algo difícil, después de todo, su disfraz era negro y la falta de luz lo ayudaba a camuflarse.
Mientras esperaba que volviera Jake, me quedé de pie observando cómo el resto bailaba y se divertía y no pude evitar volver a pensar en cómo me gustaría que él estuviera aquí.
- ¿Me concede esta pieza, señorita?- preguntó una voz grave, miré a todos lados buscando a quién le hablaban, pero nadie más estaba cerca, así que... ¡Qué vergüenza! Me estaba hablando a mí, debe pensar que soy retrasada donde no contesto, cerré los ojos levemente y conté hasta 3 antes de contestar: - c-claro.- "Genial, Bella, pensará que nunca has visto un chico antes." Él me tomó de la mano y sentí un extraño cosquilleo que sólo había sentido frente al suave tacto de Edward. De pronto, me sentí más ligera como si todo estuviese bien y mi humor mejoró considerablemente, así que decidí que Alice tenía razón y era hora de que me divirtiera. Mientras el muchacho misterioso, que iba disfrazado de fantasma de la Ópera, me guiaba hacia la pista de baile, intenté iniciar una conversación.
- Soy Bella, ¿Cómo te llamas?- le pregunté observándolo atentamente, algo había en sus rasgos que me resultaba curiosamente familiar, pero la escasa iluminación no me ayudaba a distinguir sus rasgos con claridad.
- Esta noche soy Erik Destler- me respondió sonriendo y luego tomó mi mano y la besó suavemente. Perdí el hilo de mi pensamiento durante unos segundos antes de recuperarme y decir:
- ¿Ese es el verdadero nombre del Fantasma de la Ópera, cierto?
- Cierto- contestó mientras comenzábamos a bailar- No quiero parecer descortés, pero ¿de qué estás disfrazada?
- Fue idea de Alice- reí al recordar que ella estaba mucho más entusiasmada por la fiesta que yo, la festejada- Alice Cullen, la dueña de esta casa, ¿la conoces?
- Sí, ella fue la que me invitó- me respondió. ¿Alice lo había invitado? ¿De dónde lo conocía? ¿Por qué no me había hablado de él antes? Algo raro había ahí...
- Bueno, ella fue la que eligió mi disfraz. Según ella, soy la Princesa de Hielo- Esperé que se burlara como lo había hecho Jake, pero no lo hizo.
- ¿Princesa de Hielo?- preguntó confundido- ¿Existe?
- No tengo idea- volví a reír, tenía tan poco interés en la fiesta que ni siquiera había averiguado si ese personaje existía realmente o era invento de la mente de Alice- pero ella dijo que tenía que destacarme por encima de todos, porque sino ¿cómo sabrían que yo era la cumpleañera?- me encogí de hombros.
- Logró su objetivo, apenas crucé por la puerta, fuiste la primera persona que llamó mi atención- dijo en tono grave. Su voz era hipnotizante, era cautivadora, no me molestaría oírlo hablar el resto de la noche.
- Genial- dije irónicamente.
- No te enojes con ella- dijo con una leve sonrisa- seguro que tenía buenas intenciones- la música cambió a una melodía lenta- Además… -Sentí como un calor me invadía cuando Erik colocaba sus manos en mi cintura y me sorprendí a mí misma, cuando instantes más tarde me di cuenta que mis brazos estaban alrededor de su cuello- te ves preciosa hoy, por cierto… feliz cumpleaños- me susurró en el oído con voz ronca y me estremecí. ¿Por qué Erik tenía que provocarme estas sensaciones? Yo quería a Edward, no a él... Me perdí en mis pensamientos mientras Erik apoyaba su barbilla en mi cabeza y bailábamos al ritmo de la música. No sé cuánto tiempo estuvimos así, mi mente seguía recordando a Edward con cada paso que daba, no sabía qué es lo que estaba pasando, pero no era normal que lo recordara tanto en un día.
Más tarde, estábamos sentados en las escaleras, yo estaba aliviada de poder estar más lejos de Erik, su presencia me alteraba.
- La pasé muy bien hoy, Erik- dije remarcando el nombre que me había dicho, intentando que me revelara su nombre real.
- Yo también, nunca pensé encontrar a una princesa aquí…- respondió siguiéndome el juego.
- Eres un seductor- reí.
- No es verdad- dijo riendo conmigo
- Debes tener a muchas chicas enamoradas de ti… - susurré estableciendo lo obvio.
- No lo creo…- me respondió con la vista fija en el suelo.
- ¿Por qué no? Eres guapo…- empecé a decir.
- ¿Guapo? – me interrumpió- ¿cómo puedes estar tan segura? Quizás debajo de esta máscara, sí tengo el rostro desfigurado- dije en tono grave, lo miré seria durante unos instantes, ¿sería verdad? y luego me largué a reír.
- Sí, claro… ¿por qué no te la sacas y lo comprobamos?- le sugerí, si no me decía su nombre, me conformaría con ver su rostro.
- No, arruinaríamos la magia del momento- "¡Touché!" pensé y él sonrió torcidamente.
- Buen punto, pero olvidando que seas guapo o no, eres divertido e inteligente- le dije en tono casual.
- Si fuera cierto o no, no me importaría.
- ¿Por qué no?
- Porque sólo me interesa una sola chica… -susurró. Una chica. Vaya, no me esperaba esto, al parecer no soy la única que tiene problemas amorosos. De pronto recordé que había dicho algo y sólo atiné a decir:
- Oh… -después de unos minutos de silencio, seguí hablando: me pasa algo parecido…
- ¿Qué? ¿Tienes muchos detrás de ti?- preguntó, según yo, en un intento de aligerar el ambiente.
- No es eso- reí. Era una chica normal, apenas se fijaban en mí, no era como Alice o Rosalie que si no estuvieran con Jasper y Emmett, tendrían a muchos chicos detrás de ellas.
- ¿Y? ¿Él no te corresponde?- preguntó mostrando un cortés interés. Después de todo, ¿por qué le interesaría mi vida? Apenas nos conocíamos...
- No es eso- repetí.
- ¿Entonces?
- Es complicado- respondí moviendo nerviosamente las manos.
- Entiendo que no quieras hablar de ello, debe ser un tema sensible para ti- agregó en tono simpático.
- Eres un gran chico, Erik- le dije sinceramente mientras le daba una suave palmada en su brazo- Lo que sea que haya pasado con esa chica, se solucionará, ya verás- le sonreí y él me devolvió la sonrisa.
- Gracias.
- ¡Bella!- me llamó Jasper mientras se acercaba.
- Hola- le sonreí.
- Veo que conociste a Erik- me dijo.
- ¿Se conocen?- pregunté confundida- pensé que Alice te había invitado- dije sin apartar la vista de Erik
- Erik es un amigo de la universidad- respondió Jasper- y como él, no tenía planes para el fin de semana… Alice me dijo que lo invitara para que se divirtiera un rato- terminó de informarme.
- Y Alice no acepta un no como respuesta, así que… heme aquí- respondió Erik y todos nos reímos.
- ¿Y de qué hablaban?- preguntó Jasper.
- Estábamos conversando de la vida… - respondió Erik.
- Oh, ya veo- dijo Jasper asintiendo con la cabeza- pero… lamento interrumpir su interesante charla…
- ¿Es hora de irnos?- preguntó Erik.
- Sí, mañana nos espera un largo viaje- contestó Jasper- lo siento, Bella…- se disculpó.
- No te preocupes- sonreí. Erik se levantó y me extendió su mano para ayudarme a ponerme de pie.
- Gracias.
- No hay de qué. Fue un verdadero placer compartir esta noche contigo, Bella- besó mi mano nuevamente- Buenas noches, princesa- y me entregó una rosa que sacó literalmente de la nada.
- Muchas gracias- reí algo avergonzada. Él inclinó su cabeza como gesto de despedida y desapareció de vista.
- Parece que la pasaste bien, Bella- me dijo Jasper, mientras me guiaba hacia el vestíbulo.
- Sí…-susurré y volteé a verlo con desgana.
- Vi a Jake hace un rato y me comentó que había ido a buscar refrescos para los dos y cuando regresó vio que estabas muy ocupada- rió.
- ¿Has visto a Alice?- le pregunté ignorando su comentario.
- Creo que la vi por ahí… -me contestó levantando la cabeza para mirar entre la multitud.
- Como si la fuera a ver así, Jasper- rodé los ojos- es demasiado pequeña… -bostecé, al estar sin Erik había vuelto a tomar consciencia del tiempo- me iré a casa, tengo sueño, me despides de Alice, ¿está bien?
- Claro- asintió y miró hacia las escaleras.
- No creo que esté en su cuarto…
- No, yo tampoco… te acompaño a tu camioneta, Bella.
- De acuerdo- accedí y después de despedirme de Jasper, conduje camino a casa mientras pensaba en Erik para no dormirme frente al volante.
***
Habían pasado tres meses desde mi fiesta de cumpleaños y no había un solo día en que no recordara a Erik. Había algo en él que me atraía, aunque no lograba identificar qué era. Pero pensar en él, hacía que automáticamente pensara en Edward y me confundiera. Antes de conocer a Erik pensaba que estaba enamorada de Edward, pero ahora no estaba segura, Erik había remecido mis sentimientos por completo. No sabía qué hacer.
Pensé que Alice me interrogaría al día siguiente de la fiesta para que le contara todos los detalles acerca de lo que había pasado entre Erik y yo. No había que ser un genio para saber que Jasper le había contado a Alice lo que Jake le había dicho, después de todo, Erik era su compañero de universidad. Pero Alice permaneció muda, actuó como si nunca se hubiera enterado. Quizás lo hacía porque sabía que aún no estaba lista para iniciar algo nuevo con otra persona, no lo sé.
Cada día que pasaba, mi situación empeoraba, sentía que iba a estallar de un minuto a otro. Todo lo que tenía en mi cabeza era: Edward y Erik. Me costaba el doble concentrarme, sabía que no podía seguir así. Internamente odiaba a Alice, por actuar tan… no-Alice. ¿Por qué no me interrogaba sobre Erik? Ella era mi mejor amiga y me conocía lo suficiente para saber que algo me pasaba, pero por algún motivo que desconocía, no mostraba interés en averiguar qué era lo que me tenía mal, simplemente lo ignoraba, en mis momentos de mayor desesperación, pensaba que lo hacía a propósito. Pero Alice no sería capaz, además ¿qué ganaba ella si yo pensaba todo el día en Edward y en Erik? Nada. Hasta donde sabía, ella aún no retomaba el contacto con Edward y seguía pensando en que era un idiota…
- Bella, ¿estás bien?- me preguntó Alice sacándome de mi ensoñación. Ambas estábamos en su habitación.
- Sí, sólo pensaba…- le contesté, ella me sonrió y siguió leyendo su revista. Bufé exasperada, le quité su revista y se la tiré lejos.
- ¡Oye!- me reclamó- ¿Cuál es tu problema?- preguntó molesta.
- ¿Mi problema, Alice, mi problema? Tú eres mi mejor amiga y te deberías dar cuenta que no estoy bien, que estoy pasando por un momento difícil y ¡tú ni siquiera preguntas qué es lo que me pasa!- chillé enojada.
- Sé lo que te pasa, Bella, por eso no te pregunto- se levantó del piso y fue a buscar su revista- estás así desde la fiesta, Jazz me contó que estuviste con Erik casi toda la noche- me dijo sonriendo mientras volvía a sentarse junto a mí- Así que… ¿por qué te preguntaría si ya sabía lo que te pasaba?- se encogió de hombros.
- ¡Pero deberías ayudarme!
- ¿Ayudarte cómo?- preguntó tranquilamente- eres tan terca, que dijera lo que dijera, no me harías caso, así que prefiero ahorrar mis energías- abrió de nuevo su revista y comenzó a leer. La miré furiosa durante unos segundos, Alice estaba acabando con mi paciencia- pero si te hace sentir mejor, puedes contarme cuál es tu problema- me sonrió. Tenía unas ganas locas de borrarle esa sonrisa de su cara, pero me contuve.
- Bien, Jake fue a buscar unos refrescos para nosotros dos y mientras lo esperaba, se acercó a Erik y me invitó a bailar. Cuando tomó mi mano, sentí un extraño cosquilleo y repentinamente mi humor mejoró- sonreí- como tú me habías dicho que me divirtiera, decidí hacerte caso y empecé a entablar una conversación con Erik… -moví nerviosamente mis manos- estuvimos bailando durante mucho tiempo y después nos fuimos a sentar al pie de las escaleras, pero cada minuto que pasaba con Erik recordaba a Edward. Algunas veces llegaba a pensar que era Edward el que estaba conmigo y no Erik- Alice rió- no es gracioso…
- Perdón, continúa por favor- se disculpó.
- Estuvimos hablando un rato más hasta que llegó Jasper y dijo que tenían que irse…- de pronto se me ocurrió algo- hay una cosa que no me cuadra.
- ¿Qué cosa?- preguntó Alice.
- Jasper le dijo a Erik que tenían que irse, pero luego Jasper me acompañó hasta mi camioneta… por lo tanto… Erik todavía seguía en la fiesta- Alice frunció el ceño.
- Sí- contestó rápidamente- estaba conmigo, Erik fue a agradecerme que lo haya invitado, es todo un caballero- sonrió.
- Pero entonces…
- Después de dejarte a ti, Erik y yo nos encontramos con Jasper, me despedí de ellos y se fueron. Fin de la historia. Sigamos con la tuya- me ordenó Alice.
- Está bien, desde ese día que no puedo sacarme a Erik de la cabeza y me confunde…
- ¿Por qué te confunde?- preguntó Alice sonriendo. ¿Dejaría de sonreír alguna vez?
- ¡Porque estoy enamorada de él!- le grité furiosa.
- ¿De quién?- inquirió en tono tranquilo.
- ¡De Edward!
- No entiendo- rió Alice.
- ¡¿Qué es lo que no entiendes?!-chillé.
- Si estás enamorada de Edward, ¿por qué estás confundida?
- Yo…-miré a Alice perpleja.
- Yo creo que conocer a Erik…
- ¿De verdad se llama así?- la interrumpí.
- Claro que no… como te decía, conocerlo te sirvió para descubrir que aún estás enamorada de Edward.
- ¡¿Y qué gano sabiendo eso, Alice?! No puedo llamarlo y decirle "Hola Edward, habla Bella, ¿sabes? Estuve pensando y me di cuenta que sigo enamorada de ti. Avísame si tú también lo estás de mí"
- No es mala idea- rió Alice.
- Alice…- le advertí.
- Está bien, Bella…-suspiró resignada- te ayudaré a que soluciones las cosas con Edward. Tengo un plan
- ¿Tan rápido?- pregunté sorprendida.
- Así es, las mentes brillante funcionamos así- dijo hojeando su revista.
- ¿Ahí tienes escrito tu plan?- le pregunté irónicamente mostrándole la revista.
- No, sólo quiero marcar la hoja que estaba leyendo antes que tú me la quitaras de golpe.
- Perdona, Alice, yo estaba un poco alterada… -me disculpé.
- ¿Un poco?-levantó la ceja- no importa- me sonrió- por cierto Bella…- siguió hablando mientras doblaba la esquina superior de su revista- el verdadero nombre de Erik es Edward.
- ¿Edward?
- Sí, Edward Anthony Masen- me dijo con una sonrisa de oreja a oreja
- ¡¿QUÉ?!- grité abriendo los ojos como platos.
- Ya escuchaste- rió Alice- Erik es Edward, mi primo y también el chico del que estás enamorada.
- Pero, pero, pero…. Erik… Edward…. Oh… Dios… -murmuré aún en estado de shock.
- Vamos Bella, concéntrate…- exigió Alice, enfoqué mis ojos en su rostro y al ver que tenía toda mi atención siguió hablando: Esto es lo que vamos a hacer…