lunes, 15 de abril de 2013

La Bestia del Castillo




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Capitulo 33.- De vuelta a casa


Bella pov 

Apenas abrí los ojos me sentí adolorida de todas partes. Siendo mí entrepierna lo que más molesta. 

Trate de moverme y el brazo que me rodea por la cintura no me dejo. Sonreí al recordar el maravilloso día anterior, con mi esposo haciendo todo y más de lo que pedí, me sentí mojar solo de recordarlo pero… extraño a mis hijos y sé que llegar al castillo nos tomara mínimo dos días. Así que no puedo solo despertarlo y besarlo… acariciarlo… montarlo… 

Gemí de ganas y frustración de saber que no podría ser. 

-podemos quedarnos un día más- dijo en mi oído presionado su excitación en mis nalgas. 

-no me tientes… extraño a los niños- dije moviéndome solo un poco contra su cuerpo. 

-si no te detienes Bella… no te soltare hasta navidad- dijo tomando mi seno más cercano y apretándolo. 

Decidí que podía ser egoísta y quedarme otro día en la cama con mi esposo. 

Lleve mi mano a donde está su erección. Lo tome entre mis dedos y me aferre con ganas. Lo escuché gemir y apretarme más fuerte al mismo tiempo. 

Cuando no pudo mas soportar lo que hacía con mi mano, me soltó del todo y me jalo hasta quedar sobre él. 

-muévete cariño- pidió con la mirada de un verde casi negro. 

Sonreí ante eso. 

Lentamente me acomode sobre su punta y baje despacio, sin prisas, disfrutando de cada centímetro que abarcaba. Cuando lo tuve por entero dentro me quede muy quieta. 

-¿no te moverás?- pregunto después de unos minutos. 

Negué con la cabeza mientras imaginaba como hacerlo enloquecer de placer pero con algo nuevo. Algo que no hiciéramos antes. Una idea paso por mi mente, pero no estuve segura de si fuera algo que él quisiera hacer. 

-¿estás bien Bella?- pregunto con el ceño fruncido. 

-si… es solo que…- no supe como externarlo. 

No quise arruinar el momento y me moví lento al principio, con un poco de velocidad cada vez y en poco tiempo estuve friccionando nuestros cuerpos como sé que le gusta, con ganas, con fuerza, con lujuria. 

-Bella estas matándome… voy a…- 

Mis gemidos le interrumpieron, me detuve y tomo el control de nuestros cuerpos. De un giro para nada suave me dejo debajo de él. Pero se detuvo del todo cuando mis espasmos empezaron. 

-¿Por qué te detienes?- pregunte jadeando aun por lo que me estaba pasando. 

-porque… espera y veras- dijo. 

Salió por completo de mi cuerpo mientras empezaba a protestar por ello. Tomo mi pierna derecha y la doblo hasta dejarla pegada a mi costado, entro de nuevo mientras con su cuerpo dejaba mi pierna pegada entre los dos. Gemí apenas llego al fondo, pude sentir cada centímetro de su dureza en mi interior. Bajo su mano hasta mi carne mojada, en el espacio que quedaba metió sus dedos rozándome, tallando con ganas mientras entraba y salía. 

Decir que llegue al paraíso es poco, morí mientras vivía, cada pedacito de mi cuerpo estallo en mil pedacitos más pequeños. El placer que sentí no tuvo comparación con nada que hayamos hecho antes, esto me gusta demasiado, esto me hará capaz de no salir de esa recamara en todo el año. De no despegarme de él en todo el año. 

-amor no tardare más- logre escuchar perdida como estoy en esa ola de sensaciones que me invaden de una manera que nunca antes me ha pasado. 

Apenas logre aferrarme a sus brazos antes de perderme por completo. Morí bajo su cuerpo, morí bajo sus labios, morí de placer infinito con todo lo que él me hace sentir. 

-te amo- susurre cuando dejo caer su cuerpo sobre el mío después de liberarme de su agarre. 

-te amo Bella, no tienes idea de cuánto- dijo mirándome con su rostro apoyado de lado entre mis senos. 

-debemos volver a casa, los niños estarán extrañándonos- dije sin soltarlo. 

-sí, debemos, pero aún es temprano, duérmete un rato mas, preparare todo y en cuanto te despiertes nos vamos- dijo liberándome de su peso. 

Lo vi vestirse sin dejar de mirarme, pero el cansancio me gano, me perdí antes de que terminara. 


Edward pov 

Satisfecho como estoy salí de la habitación en cuanto me asegure que esta dormida. 

El sol está en lo alto y mi estomago se quejo. Camine despacio hasta la cocina donde la mujer de Jacob esta sentada. Se levanto nada más verme. 

-buenos días Emily- dije sonriendo. 

-buenos señor, ¿va a desayunar algo?- pregunto poniéndose en movimiento. 

-lo que tengas, muero de hambre y no me pondré de delicado justo ahora- dije mientras tomaba una manzana de la cesta. 

Me senté donde ella estuviera antes y pacientemente espere a que calentara algo en el fogón. Antes que me sirviera llego Jacob 

-¿se irán hoy?- pregunto sentándose frente a mí. 

-es la idea, en cuanto se despierte nos marcharemos, prepara la carreta más grande y dos caballos, iremos cabalgando mientras dure el día y en la noche me asegurare que duerma, nos iremos despacio, quiero pasar por las tierras del este para recoger un par de cosas que encargue para los niños- termine al tiempo que hundía la cuchara en la sopa de verduras. 

-tendré todo listo en una hora, hablando de viajes…- hizo una pausa mientras veía como intentaba encontrar las palabras adecuadas. 

-¿qué pasa Jacob?- 

Bueno, las cosas ha estado tranquilas por aquí desde que Bella y tu están bien y como sabes Emily y yo estamos juntos ahora, pero quiero hacerlo formal, quiero llevarla a su casa y hablar con sus padres, pero eso nos tomaría mínimo dos semanas ya que su padre vive del otro lado del territorio, me gustaría contar con tu aprobación para realizar el viaje- termino mirándome dubitativo. 

-claro que la tienes, así como para disponer de todo lo necesario para tu boda, avísame cuando tengan la fecha, seguramente Bella querrá venir, en cuanto al manejo castillo mandare a Garrett en cuanto llegue a casa, te pido me des una semana partir de hoy- pedí mientras terminaba el desayuno de medio día. 

Habiendo dicho y hecho lo que faltaba me dirigí a la recamara para despertar a Bella, esta atardeciendo y no quiero salir muy tarde, nos dará tiempo de llegar al primer pueblo y quizá pasar ahí la noche para partir muy temprano. 

-cariño despierta- la moví suavemente. 

Su cabellera roja se extendía sobre la almohada y cubría parte de su rostro. 

Por fin abrió los ojos, en la penumbra de la habitación no distinguí e color de ellos pero sé de memoria las tonalidades que suele tener a todas horas del día. 

-¿es hora?- pregunto con vos ronca. 

-lo será en cuanto comas algo, podremos dormir en el pueblo que esta a unas cuatro horas de aquí, iremos por el este- dije sentado en la orilla de la cama. 

Se incorporo dejando caer la sabana hasta su cintura, sus senos desnudos me arrebataron la coherencia, dorados bajo el suave resplandor de la chimenea. La mire por un momento con ganas de tomarla de nuevo, de dejar todo para otro día y hacerla mía, recordarle y recordarme cuan liquida se hace entre mis manos. 

-cierra la boca o no nos iremos hoy tampoco, quiero ver a los niños, además mi nena debe extrañarme- dijo con una nota de tristeza. 

-Tienes razón, anda, toma el tiempo que necesites para estar lista, te veo abajo- dije alejándome tan rápido como pude. 

Salí de la habitación con dirección al salón. Me dispuse a revisar que todo estuviera en orden para nuestra partida, un momento después bajo vestida de verde hierba, su cabello trenzado a un lado y una expresión serena. 

-estoy lista- sonrió mientras se acercaba a mí. 

Media hora después de despedirnos de todos montamos en los caballos y nos dispusimos a emprender el camino. Ella a mi lado, el sol ocultándose a nuestras espaldas y una brisa agradable fue el marco perfecto para esa etapa del camino. 

Para nuestra suerte el viaje fue tranquilo, paramos para dormir un poco en una de las casas que tenemos en el pueblo, con el sol salimos una vez más, no hubo actividad esa noche, mi esposa apenas toco la almohada se perdió y no tarde nada en seguirla. 

Bella pov 

Por fin en la lejanía vi el puente que lleva a mi pueblo, a mi gente, a mi castillo y por ende a mis hijos. Sin esperar nada más azuce a Divina. Cruce el pueblo en minutos, nadie me detuvo o trato de hacerlo, la prisa por ver a mis hijos, tras casi una semana de no hacerlo, me tiene loca. 

-¡¡Alice, Rose… ¿en donde están todos?!!- pregunte casi a gritos cuando cruce la puerta principal. 

Apenas me desmonte de la yegua corrí hacia la entrada de un costado que daba a la cocina. 

-¡¡Tornado, Huracán!!- repetí al poner el pie en el primer escalón. 

-calla mujer que despertaras a todos los infantes del pueblo- me reprendió Emmet desde la punta alta de la escalera. 

Sonreí ante tu expresión, traía en los brazos a su hija. 

-¿y donde están todos?- pregunte de nuevo subiendo lentamente. 

-Alice se ha llevado a tus hijos con Carmen al pueblo, cerca del rio y Rose esta con ellas, René esta enfermita por lo que no deje que la sacaran… esta sucia… ¿me ayudas?- pidió con cara de pena. 

-si, claro que si - dije tomando a la nena en mis brazos. 

-Emmet me da gusto verte- dijo Edward abrazándolo brevemente al llegar a donde estábamos. 

-iré a cambiar a la nena, regreso… amor pide a alguien que vaya por los niños, estoy cansada como para ir hasta el pueblo- pedí sonriendo. 

Asintió y me gire para seguir subiendo hasta nuestra habitación. 

-Bella espera, ah las cosas de la nena están en nuestra recamara- dijo Emmet casi corriendo detrás de mí. 

-si amor, no harás nada en nuestra habitación- dijo llegando a mí y abrazándome. 

Los mire seriamente, parecían tener algo entre manos, pero lo deje pasar porque René empezó a lloriquear incomoda. 

-de acuerdo - dije sin estar muy convencida. 

Me dirigí a la recamara de Rose. 

Después de hacer lo necesario para tener a la rubia miniatura limpia, salí en busca de quien estuviera cerca. 

-¡Ma… ma- escuche al llegar al último peldaño de la torre. 

Mire en la dirección a la voz y vi a mis hijos de pie tomados de la mano de mi esposo. 

Se soltaron y caminaron dando tumbos hacia mí. 

-mis niños- dije hincándome para poder besarlos. 

-dame a la nena- dijo Edward mientras me la quitaba. 

Con los brazos libres pude abrazar a mis hombrecitos. Entonces mire a Alice quien traía a Miky. 

Me levante solo para poder abrazarla y camine con mis hijos sujetos a mi falda hasta la sala más cercana. 

Esa tarde no hice nada más que besarlos, verlos jugar y sentirme dichosa por la familia que Dios me dio. 

Un esposo mejor de lo que pude esperar, unos hijos a los que amo con todo mi ser, hermanas y hermanos que están a mi lado en cada momento. 

Para cuando cayó la noche mis hijos habían perdido la energía de la excitación y entre su padre y Emmet los llevaron a su habitación, que ahora tiene puerta. 

-¿me harás el amor esta noche?- pregunte a Edward al acostarnos en nuestra cama enorme. 

-lo haría si no estuvieras durmiéndote ya- dijo besando mi mejilla. 

-mañana, mañana te hare feliz- dije llevando mi mano a su rostro. 

-ya me haces feliz, duérmete ahora que la mañana te traerá mi sorpresa- dijo. 

-¿sorpresa?- dije abriendo los ojos y sentándome de golpe. 

-agh, no debí decirte nada aun, duérmete o no te daré nada- dijo sonriendo. 

-si no me dices ahora no me desnudo mañana- dije con la ceja levantada. 

-si no te desnudas te arranco la ropa, ahora duérmete, no hay manera que tengas esa sorpresa hasta que amanezca, nada ganas haciendo berrinche- dijo cuando me cruce de brazos. 

-de acuerdo, me dormiré solo porque…- un bostezo me interrumpió. 

Me acomode entre sus brazos y deje que lo demás se desvaneciera. 

El amanecer llego apenas cuando abría los ojos. Pude ver el sol salir desde mi cómoda posición entre los brazos de Edward. 

-buenos días amor, ¿te gusta tu sorpresa?- pregunto. 

Lo mire sin entender… 

Señalo la ventana. 

Solo ahí caí en cuenta que desde esta habitación la salida del sol no se ve...o no se veía. 

-¿Cómo…?- pregunte mientras salía de la cama con dirección a la ventana. 

Entonces note también que no solo se puede ver el cielo sino que tiene un balcón grande con una banca acolchada muy cerca del barandal 

-es mi sorpresa para ti… se cuanto te gusta esta habitación y también se que adoras ver la salida del sol y que la brisa entre- dijo abrazándome por la espalda. 

Mire hacia abajo y vi lo que quedaba de la construcción de enfrente. 

-¡¡¡derribaste la torre de Kate!!!- dije sin poder callarme a tiempo. 

-lo hice - dijo ensombreciéndose por un momento. 

-Edward no tenías que hacerlo, ese lugar era sagrado para ti - dije girándome entre sus brazos. 

-lo único sagrado para mi eres tú y nuestros hijos, eso – apunto hacia los restos de la torre- solo es piedra formando una estructura, además lo que se saco de ahí se uso en mejorar el pueblo. Ahora es una bodega para granos, Kate no la necesita en donde está y yo no necesito un montón de rocas para recordar lo que fue en mi vida… veras, cuando murió no deje que hicieran nada ahí, nadie jamás entro, era mi manera de sentir que estaba a mi lado...- 

Me quede callada tratando de no llorar, el dolor de perderle aun es palpable, sentí celos… por un minuto hasta que recordé que quien está entre sus brazos soy yo. 

-ya no necesito eso Bella, te tengo a ti y a ti te gusta ver el amanecer desde la cama- dijo sonriendo – te dije lo lograría… desde esta habitación- dijo sonriendo un poco más. 

Tomo el listón que sujeta mi cabello y tiro de él hasta soltarlo por completo. El viento levanto mi pelo enseguida haciendo que una cortina roja nos cubriera. 

Ahí en el balcón de mi recamara, en brazos de mi esposo, mirando la bastedad de mi castillo me sentí en casa como nunca antes. 

Selle mis labios en los suyos mientras los ruidos de hombres entrenando, mujeres sacudiendo, niños jugando, caballos relinchando y toda la vida despertando en nuestro hogar se hacía presente.



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Mis hermosas niñas, sólo queda un capitulo y se termina está historia...

espero les haya gustado leerla tanto como me gusto escribirla....

esperen pronto más de mi, ya saben que nunca estoy mucho tiempo ausente :)

besosososososososososos

lunes, 8 de abril de 2013

La Bestia del Castillo



Capitulo 32.- Los juegos son divertidos.


Bella pov

-¿no dejaras algo para cuando vengamos de visita?- pregunto mi esposo sarcástico cuando subían los baúles de viaje.

-no estés jodiendo cariño, no estés jodiendo- dije molesta.

Desde que decidimos que ya no queríamos más hijos y usábamos el famoso método de Carmen sobre los diez días antes y después de mi periodo, la falta de sexo me tenía histérica.

-esta noche… solo aguanta hasta esta noche- susurro detrás de mi rozándome las nalgas con su erección.

Fue más de lo que pude soportar.

-ven- dije mientras caminaba hacía la recamara.

Apenas cruzamos la puertas subió mi vestido hasta la cintura, se bajo el pantalón y me tomo contra la pared sin preámbulos, no hubo delicadeza o dulzura. Me tomo con la misma desesperación que sentía yo por no poder morir en sus brazos cada noche.

-más… dame más…- pedí con mis piernas en su cintura, sujetándome como si de eso dependiera mi vida.

-me pones loco… me pones duro… quiero cogerte de ahora hasta mañana…- dijo mientras embestía con más fuerza.

-entonces hazlo- dije mirándolo.

Apenas se vació en mi me llevo a la cama. Lo vi arreglarse la ropa y salir, un momento después escuche a los caballos y los cocheros gritar.

La diligencia se movía completa. Se estaban yendo.

-mañana nos iremos nosotros… desnúdate- dijo entrando.

Me gire aun en la ventana e hice lo que mi esposo ordenaba. El juego ha empezado.

-entra en la tina- ordenó mientras se quitaba la camisola.

Un par de horas antes nos habíamos bañado por separado y el agua que yo dejara aun estaba limpia. Me pare en medio de la tina y espere a que ordenara más cosas.

-mójate para mí- pidió.

Se sentó en la silla justo frente a mí, me arrodille en la tina y con la esponja frote mi cuerpo despacio. Aunque no había regresado a mi figura de antes de la nena, pero ya no me da pena mostrarme ante él, me ha demostrado de tantas maneras que le gusto, así que no puedo hacer menos que sentirme hermosa.

-tócate para mí- pidió de nuevo.

Su voz se escuchaba cargada de deseo, eso hizo que mis pezones duros se pusieran peor. Pase mis manos por mis senos, no tan llenos ahora que mi hija tenía cuatro meses, pero si grandes, seguí por mi estomago, baje hasta mi vientre y me seguí por las piernas.

-no… regrésate- pidió mientras se inclinaba hacia adelante.

-¿me regreso a donde?- pregunte fingiendo inocencia.

-regresa por donde llegaste y cuando llegues a donde quiero te detendré- dijo sin moverse de su posición pero con todas las ganas a la vista.

Hice lo que me pidió, subí lentamente por mis piernas hasta mi vientre.

-detente, baja derecho- pidió.

Guie una de mis manos a mi monte y la otra la subí hacía mi seno. Atrape entre mis dedos uno de mis pezones mientras movía un poco mas mi mano hasta sentir mis pliegues. Estoy mojada y nada tiene que ver el agua de la tina.

-hazme feliz- pidió mientras se quitaba el pantalón.

Sonreí.

Se lo que viene ahora, sé lo que esta pidiéndome. Camino hasta mí con su miembro duro y grande. De rodillas como estoy me queda justo a la medida. Me moví hacía él y lo atrape entre mi boca. Mordí y chupe.

Sentí la dulzura de su miembro, esta babeándose por mis caricias, pero no me es suficiente, quiero verlo correrse solo mirándome. Solo una vez lo he conseguido y esta vez usare otros medios, esta vez lo provocare hasta tenerlo donde lo quiero. Esta vez en lugar de tocarse solo, me tocare yo hasta escucharlo suplicar.

-Bella estas matándome- susurro mientras movía su cadera contra mí.

Metiendo y sacando su miembro a su reverendo gusto, pero esta vez yo quiero algo más. Lo solté y me aleje un poco. Me miro sin entender.

-siéntate- ordene.

Me miro serio y la sonrisa salió casi enseguida. Me obedeció.

Salí de la tina y con toda la calma que pude tome la otra silla y la puse frente a él. Me senté sin hacer nada. Me miro interrogante. Sin explicación alguna abrí mis piernas sin pena.

Lleve mi mano hasta donde mi carne palpita de ver la lujuria en su mirada. Lentamente frote despacio mi botón. Sin dejar de mirarlo nunca, sus ojos se desviaron a donde mi mano esta. Eso es lo que yo quiero, que me vea, que quiera hacerlo y cuando eso pasará no le dejare.

No hasta verlo desesperado.

-Bella…- susurro en respuesta a mi gemido cuando introduje mi dedo.

Con la otra mano acaricie mis pezones, uno primero el otro después. Seguí moviendo mi mano, sacando y metiendo mis dedos, dos ahora sin dejar de frotar, humedeciéndome con la misma esencia que empezaba a escurrir de mí, lo vi agarrase de la silla con cada gemido que me salía, lo vi abrir la boca y tratar de tragar, lo vi escurrirse mientras yo seguía acariciándome.

-déjame….-

-no- dije entre gemido y gemido.

-voy a correrme…- dijo sin dejar de mirar lo que me hacía y con la mano en su miembro, moviendo tan rápido como cuando me penetraba.

-no quiero que lo hagas, quiero que veas cómo lo hago yo- pedí entre gemido y gemido.

En poco tiempo me sentí correr, empecé a mover mis dedos más rápido, los enterraba aun mas, casi gritaba, cerré mis ojos ante el orgasmo que se venía. Los abrí de nuevo y ya no estaba tocándose. Se aferraba a la silla hasta dejarse las manos blancas.

Por fin me libere, por fin grite y deje de moverme, por fin sentí la humedad correr entre mis piernas. Me quede quieta tratado de respirar.

-hazlo de nuevo- pidió tomando el control.

-hazlo tu- pedí devolviéndole el tono.

-no- dijo mientras me miraba con ganas de saltarme encima en cualquier segundo.

Decidí obedecerle porque sospecho que lo que me hará me gustará mucho. Movió su silla hasta rozar sus rodillas con mis muslos, puso mis piernas abiertas por encima de las suyas dejándome totalmente expuesta. Lleve mis dedos hacía mi boca pero me detuvo. Se inclino hacía adelante y los chupo, pasando la lengua entre ellos.

Esa simple acción me calentó de nuevo.

Baje despacio hasta dejar mis dedos en mi entrada. Lo mire esperando que dijera algo. Bajo su mano hasta la mía y la empujo suavemente. Decidí que el juego podría mejorar si dos jugábamos.

-no la retires… entra- pedí cuando hizo por alejar su mano de mí.

Sonrió perversamente mientras pegando su mano a la mía metió un dedo junto con los míos. La sensación me hizo gritar, en parte porque estaba aun cerrada y en parte porque estaba más que excitada.

-estas mojándote otra vez- dijo mientras movíamos los dedos juntos

-tú también- dije cuando con mi otra mano trate de alcanzar su miembro. 

Cuando no lo logre, con su mano libre jalo mi silla dejándolas una pegada a la otra, haciendo que nuestros cuerpos se unieran mas, ahora solo nos separaba un espacio tan reducido que solo nuestras manos cabían.

-tócame- pidió con la voz descompuesta.

Estire mi mano hasta tomarlo cuan largo es. Moví con la misma velocidad que él marcaba en mi cuerpo. Saque mis dedos dejando que el metiera los suyos y grite cuando aumento la velocidad, hice lo mismo con su miembro, le apreté mucho más mientras de arriba abajo le hacía pasar apuros.

Con su mano libre llevo la mía hasta mis pliegues y me hizo frotar el botón mientras seguía metiendo sus dedos y yo manoseándolo. Lo escuche gemir e intensificar el movimiento haciéndolo brusco, fuerte, brutal.

Estaba a nada de terminar cuando sentí su esencia caliente en mi mano y supe que había logrado mi propósito.

La mirada animal en él me dice no hemos terminado. Se inclino hacía adelante y me mordió un pezón suavemente, intensificando las caricias hasta hacerme gritar. Sus dedos cobraron vida de nuevo y me hizo querer más, mucho más…

-estoy por…- un gemido termino la frase cuando me sentí correr.

Pero no he tenido suficiente con eso.

-baja- pedí.

Su sonrisa de lujuria hizo que mi carne brincara de gusto, se que me hará gritar de nuevo y yo deseo que lo hiciera. Sin más espera, empujo su silla, abrió más mis piernas y se arrodillo entre ellas.

Al principio sentí solo la punta de su lengua, después la sentí completa, cada lamida, cada caricia, cada roce me puso peor. No solo es su lengua, es lo que me hace con los dedos metiendo y sacándolos de mi, es su otra mano aferrada a mi seno, pellizcándome, acariciándome, haciéndome perder el piso.

Termine gritando, suplicando que me tomara, que me hiciera de todo, que perdiera la cabeza hasta ponerme loca. Lo que no tardará.

Cuando casi lloro de placer se detuvo del todo. Lo mire sin entender.

-voltéate- dijo levantándose.

Lo hice, me levante con gran dificultad y me gire. Me empujo suavemente de los hombros hasta dejas mis manos apoyas en el respaldo de la silla, abrió mis piernas un poco y se acomodo detrás de mí.

Lo sentí rozar mis nalgas, bajo un poco y de un empuje entro en mi cuerpo, gemí de gusto. Nunca lo hemos hecho así y me gusta, su miembro se entierra en mi carne sensible, con tantas ganas que sentí me partiría pero no me importo. Mis gritos no esperaron a salir. Me aferre a la madera mientras me inclinaba un poco dejándome más expuesta.

Me apretó las nalgas mientras se movía dentro de mí.

-tócate- escuche.

Lleve mi mano hasta mi botón y mientras lo frotaba sentí como entraba y salía de mi. Cuando por fin lo sentí tensarse y correrse yo estaba mucho más allá de eso.

Tan sensible que el simple roce me hacía gritar.

Por fin terminamos, apenas logramos arrastrarnos a la cama, nos tiramos sobre las mantas y me perdí. Lo sentí abrazarme y decirme cuanto me ama.


Edward pov

Polvo, estoy hecho polvo, esa mujer me ha matado. Estoy cansado por la actividad pasada pero dormir me es imposible. Mi esposa se ha sacado de la manga la manera de ponerme bruto.

Tocarse de esa manera mientras la miraba… cuando entendí lo que pretendía casi muero.

No necesita consejos de nadie, ni le pide nada a otra. Carajo, pensar en su carne rosada y caliente me tiene duro de nuevo. Pero está dormida. Despertarla para saciar mi hambre no parece mala idea… después la dejare dormir hasta que se reponga.

Si no me dan ganas de tomarla, de cogerla, de…

-deja de pensar y hazlo- escuche a mi lado.

Gire la cabeza y ella me miraba con los labios entreabiertos y las ganas en la sonrisa.

-Pídelo- dije

Si hay algo que me pone animal completamente es que me pida lo que quiere tal como lo quiere y con un lenguaje nada adecuado para una dama, pero es que en la cama mi esposa es todo menos una dama. Y eso es lo que me gusta.

-quiero que… ¿Qué quieres hacerme exactamente?- pregunto sentándose sobre su costado.

-quiero penetrarte y después cogerte y cuando acabe montarte- dije sin pudor alguno.

A mi esposa le brillan los ojos cuando le digo con detalle lo que quiero.

-Entonces quiero que me penetres, cogerte y cuando acabes de montarme, montarte de nuevo- dijo siguiendo mis deseos.

-la noche ha caído, ¿no quieres dormir?- pregunte cuando la poca luz se fue dejando solo las velas.

Bajo esa luz mi esposa parece una diosa bajada solo para mí.

-no, quiero tenerte…-

Se acerco hasta besarme y a pesar de toda la excitación y aunque no lo creyera posible, la bese con ternura, con amor más que pasión. Esta es mi esposa, la mujer que entrego su vida sin conocerme, me dio su cuerpo sin amarme, me dio hijos sin exigir nada.

Esta es la mujer que amo como nunca pensé se podría amar, es la mujer que me devolvió a la vida con solo su presencia, su mirada, su amor.

-te amo- dije con el alma llena de ella.

-te amo- dijo con la mirada de ternura.

Sus caricias para nada tiernas hicieron que la bestia se despertara. La urgencia de poseerla una vez más me dejo idiota, me quito la razón, la delicadeza y podría decir que la humanidad.

Abrió sus piernas acostada sobre su espalda esperando por mí. Me coloque sobre ella y entre de una sola vez. Hasta el fondo, hasta que no pude llegar más lejos. La escuche gritar, la mire estremecerse de placer, la mire mientras la penetraba una y otra vez siempre con la urgencia de vaciarme pero sin llegar a hacerlo únicamente porque hacerla esperar es más placentero.

-me voy a… -a calle su gemido con mis labios.

No quiero escuchar que ha llegado porque eso me pone peor, saber que esta lista, satisfecha y mojada hasta la saciedad me hace querer llegar más rápido y por lo tanto me muevo más. Empujo más y ella gime mucho mas.

-espera...- pidió separándose de mis labios.

Me detuve por completo, esperaba no haberle hecho daño.

-¿Qué?- pregunte cuando mi cerebro me alcanzo.

-lo quiero diferente- dijo.

-¿Cómo?-

-no lo quiero así, hoy quiero algo más…- dijo y el rubor que sus mejillas alcanzaron no me paso desapercibido.

No hay muchas cosas que no hayamos hecho ya, así que no tengo idea de que quiere.

-muéstrame- pedí saliendo de ella sin perder la dureza.

Camino hasta el tocador y sin girarse me miro por el espejo. Camine hasta ella esperando ver que deseaba. Tiro todo lo que había sobre la madera y se quedo de espaldas.

Pegue mi cuerpo al suyo. Aun no entiendo que desea pero estoy seguro que me matara al enterarme.

-entra- pidió mirándome por el espejo.

Lo hice, baje solo un poco y entre en ella con ganas. Me moví rápido cuando se hizo hacía adelante, me miraba por el espejo mientras su expresión me mostraba cuando le gustaba. Me detuvo al moverse y dejarme fuera. Me sonrió perversamente.

Jalo la silla hasta dejarla frente al espejo completo que estaba junto al tocador, encendió mas velas dejando la habitación más que iluminada y me tomo de la mano llevándome a la silla. Se giro y se dejo caer sobre mí. Empezó a montarme como suele hacerlo pero esta vez pude verla por el espejo, la manera como se deja caer sobre mi verga, la manera como sus senos se mueven con cada choque de nuestros cuerpos. La manera como su rostro se distorsionada de placer y su mirada no abandona la mía me puso peor.

La tome de la cintura y la moví con más rapidez, la escuche gritar y supe que no le faltaba mucho, pero no quise correrme aun, no quiero dejar de sentir esto que me llena de frenesís, ese sentimiento que me hace morir y vivir en una milésima de segundo.

-no tardare nada amor… por favor… - le escuche decir.

Moví mi mano hasta su botón, pude ver su carne, mojada, sensible y deliciosa, estremecerse bajo mis dedos, mientras se penetraba sola. Con la otra mano la abrace pegándola más a mi cuerpo, con ganas de entrar más.

Un último grito y la humedad que inundo mis dedos me indicaron que mi objetivo estaba cumplido, mi esposa estaba lista y satisfecha. Se dejo caer hacía atrás pegando su cuerpo al mío. Sentí su respiración como si fuera la mía, su sudor y el mío se mezcló haciendo el momento intenso y placentero.

-necesito dormir un poco… ¿podemos...?- levanto un brazo hacía la cama.

Pero no se movió. Sonreí de gusto, por una vez mi esposa tira la toalla sin necesidad de pedírselo.

La tome en brazos y me levante con ella, la deje en la cama y me acosté a su lado. Me acomode abrazado a su cuerpo, con su respiración en mi pecho y mis manos en su espalda.

Lleno y satisfecho de ella por esa noche. 

Solo por esa noche.

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Mis niñas, aqui estoy puntualita, una disculpa por la tardanza, a veces no me da tiempo ni queriendo.

Les recuerdo que en mi FF esta publicandose los lunes Entre dos Tierras y los jueves una historia nueva llamada "Mil Vidas Contigo"

domingo, 7 de abril de 2013

Cowboy de Mi Corazón.



       Capítulo 32:                        Sentimientos a flor de piel

El teléfono sacó a Bella de su letargo; había cogido la gripe con tanta fuerza que llevaba cuatro días sin apenas salir de la cama; y aunque había ratos que se encontraba mejor, su sobreprotector novio apenas la dejaba levantarse, a pesar de sus ruegos. Edward se desvivía por y para ella; incluso se había encargado él mismo de las comidas, que para sorpresa de la joven, resultó que podía defenderse con platos sencillos y no muy elaborados.

-Hola Leah- saludó a su amiga nada más descolgar.

-Hola Bells, ¿cómo lo llevas?- le interrogó; el sábado Randall y ella se habían acercado a visitarla y a llevarle una deliciosa sopa de verduras, que la joven y Edward agradecieron.

-Al menos ya no tengo fiebre- resopló, incorporándose y apoyando la cabeza en el cabecero -pero todavía estoy muy cansada- le contó, con la voz congestionada -mi cabeza todavía tiene momentos que quiere explotar- su amiga rió divertida ante el relato.

-La has pillado bien, y es lógico que todavía estés débil- le recordó.

-Odio estar así, me siento una completa inútil- refunfuñó.

-Te aseguro que yo daría todo por estar unos días de relax, y más con un enfermero tan guapo- se burló -aunque el mío fuese moreno de piel y cabello- añadió, en alusión a su marido. Bella rió divertida.

-¿Cómo van las clases?, ¿me he perdido algo?- cambió de tema.

-Absolutamente nada interesante; ya sabes que la semana que viene empiezan los parciales, de modo que medio campus está encerrado en la facultad o en sus casas estudiando-.

-Pues yo estaba pensando en ir mañana- meditó la joven castaña en voz alta; justo en ese momento entraba Edward por la puerta, y negó en silencio con la cabeza a la vez que sonreía, ya que había escuchado perfectamente las palabras de su novia.

Ésta simplemente rodó los ojos, casi sin prestar atención a lo que su amiga le contaba; iba a protestarle a su novio, cuándo oyó sonar el teléfono fijo. De nuevo se quedó sola en el dormitorio, y volvió a prestarle atención a Leah.

-¿Qué decías?; es que estaba aquí Edward- se disculpó.

-Te decía que no fueras tonta; quédate en casa esta semana, te recuperas bien y aprovechas para estudiar- le repitió la joven morena.

-Edward me ha dicho lo mismo, más o menos- la contestación de Bella hizo reír a la joven -puede que ambos tengáis razón; llevo días sin acercarme a los libros- murmuró pensativa -¿cómo está el resto?- cambió radicalmente de tema.

-Bien; todos te mandan recuerdos; apenas los he visto- Leah hizo una pausa -me crucé con Henry ayer, en el cambio de clase-.

-Qué alegría- siseó irónica.

-Sólo me preguntó a ver cómo estabas, tranquila- le dijo ésta, al escuchar la medio protesta de Bella -no ha comentado nada del día que huiste despavorida de la cafetería-.

-Pues espero que le haya quedado claro- la joven morena pudo oír rechinar los dientes de Bella desde el otro lado del teléfono.

-¿Se lo has dicho a Edward?- preguntó ésta, con tono serio.

-No- contestó con un suspiro – no fue nada, y no quiero que volvamos a discutir... y menos que se enfurezca y peleen- le explicó.

-Tampoco pasó nada grave- le dio la razón -de todos modos, yo se lo contaría; si se entera por otros medios en verdad se va a enfadar-.

-Ya lo sé... pero tengo miedo- murmuró, con la voz contenida.

-Si no se lo cuentas acabarás discutiendo con él de nuevo- volvió a repetirle Leah -piénsalo, Bells-.

-Lo haré, te lo prometo- contestó. Su amiga rió suavemente al escuchar el tono lastimero de Bella.

-Ahora te tengo que dejar, Randall me está esperando para ir a dar un paseo-.

-Ya veo cómo estudias- murmuró Bella con una risilla.

-Simplemente es un paréntesis; necesito levantar la vista o tendré pesadillas con la señora Vods- dijo resignada su amiga.

-Entonces ve, no hagas esperar a Randall- le aconsejó la joven castaña; justo en ese momento Edward entraba en la habitación; le dedicó una pequeña sonrisa mientras se sentaba en la cama y acomodaba su cabeza en el regazo de su pequeña.

-Y tú hazme caso; no quiero verte por la facultad hasta el próximo martes, para hacer el primer examen- le advirtió Leah; Bella rodó los ojos, a la vez que pasaba sus dedos por los mechones cobrizos de su novio.

-Está bien; diviértete- le deseó, a modo de despedida.

-Que te mejores Bells, te llamo en un par de días- la comunicación se cortó, y después de dejar el móvil encima de la mesilla, sus ojos se posaron en Edward, que estaba cómodamente instalado en su regazo.

La pareja permaneció en un cómodo e íntimo silencio, y la joven sopesó las palabras de su amiga, debatiéndose entre contarle a Edward el incidente del otro día o no.

-Estás muy callada- Bella volvió su vista al rostro de Edward, que había abierto los ojos y la miraba con cariño -¿cómo está Leah?-.

-Bien- se encogió de hombros su pequeña -me ha dicho que me quede en casa hasta el día del examen-.

-¿Lo ves?- la medio picó Edward, incorporándose y quedando sus rostros muy cerca del uno del otro -es mejor que te recuperes por completo, cariño-.

-Ya lo sé... pero me frustra estar así, sin apenas poder salir de la cama- se volvió a quejar, cruzándose de brazos. Su novio rió divertido por la expresión de su novia.

-¿Cómo están los chicos?- interrogó éste, de forma casual.

-Según Leah, todos estudiando... apenas los ha visto- le explicó; Edward observó con disimulo cómo empezaba a retorcer los dedos de sus manos; de repente se había puesto muy nerviosa.

-¿Qué pasa, cariño?- le demandó, con verdadera preocupación en su voz; vio cómo su pequeña sonreía, pero esquivaba sus ojos verdes.

-Nada- murmuró nerviosa -es una tontería-.

-Pues parece preocuparte- volvió a insistir su novio. La joven suspiró frustrada para sus adentros; se debatió durante un minuto... pero se rindió; decidió contárselo.

-Verás...- empezó a relatar -el día que me puse enferma...- tomó una lenta bocanada de aire -estaba con Leah y Annie en la cafetería... y apareció Henry- miró a su novio a través de sus pestañas, y pudo ver que cuadraba su recta mandíbula, en un gesto serio.

El joven mantuvo una fachada serena, pero por dentro estaba que se lo llevaban los demonios; si ese impresentable había vuelto a molestar a su pequeña, se iba a encargar personalmente de recordarle un par de puntos importantes de su pasada charla.

Pero por otro lado, estaba un poco decepcionado... ¿por qué no se lo había contado antes?; ¿tanto miedo le tenía su novia?.

-¿Te molestó?- inquirió de manera suave, pero firme -Bella...- la llamó, ya que la joven seguía esquivando su mirada.

-Se acercó a la mesa; simplemente nos preguntó de manera general cómo llevábamos los exámenes- hizo una pequeña pausa, sopesando delicadamente sus palabras -después me preguntó cómo llevaba la asignatura en la que coincidimos; le dije que bien... y después me ofreció ayuda- Edward la escuchaba pacientemente, pero su ceño llevaba varios minutos arrugado -le dije que no era necesario... pero siguió insistiendo, incluso insinuó que podríamos quedar para estudiar- la joven pudo escuchar perfectamente cómo los dientes de Edward rechinaban entre ellos.

-Continúa- Bella se encogió ante en tono contenido de su novio.

-Le dije que no- murmuró la joven -me enfadé tanto que salí de allí corriendo; no sé que problema tiene con entender las negativas-.

Edward permaneció unos minutos en silencio, sopesando todo lo que su pequeña le había contado. Se llevo los dedos índice y pulgar al puente de su nariz, tratando de calmarse.

-¿Por qué no me lo contaste antes?- le reclamó; su tono no reflejaba enfado, sino decepción.

-Tenía mucho miedo por tu reacción- musitó, sintiendo sus ojos aguarse -y no quería que te enfadaras; en realidad no pasó nada y...- Edward la silenció poniendo un dedo en sus labios.

-No me hubiera enfadado contigo Bella- le aclaró -sé que cuándo se trata de ti me vuelvo muy sobreprotector... pero no puedo evitarlo- se disculpó con una sonrisa triste.

-Edward...- susurró, llevando una de sus manos a la cara de su novio -no pasó nada, y...- éste la cortó.

-No pasa nada, Bella- negó con la cabeza -simplemente me duele que no hayas confiado en mi lo suficiente; sé que la otra vez lo pagué contigo, y no lo merecías- le explicó suavemente -y entiendo tu temor a mi reacción... pero no puedo evitar que me duela-.

-Edward, yo confío en ti... tienes que creerme- le dijo Bella, tomándole el rostro con desesperación -si hubiera ocurrido algo más grave te lo habría dicho sin dudarlo- el corazón del joven se encogió al ver una furtiva lágrima cruzar su mejilla.

-No llores cariño- la consoló, atrayéndola a sus brazos; su pequeña se acurrucó dentro de ellos, pegándose a su cuerpo todo lo que podía -no voy a enfadarme contigo... pero no puedo permitir que ese imbécil siga con lo mismo, y más cuándo tú le has dicho que no por activa y por pasiva- masculló, ahora con verdadera furia emanando de sus ojos verdes.

-Lo siento mucho Edward- sollozó la joven -te he dado la sensación de que no confío en ti... y eso no es verdad... no me extraña que no quieras casarte conmigo- susurró en voz baja, pero las palabras llegaron a oídos de su novio.

La palabra resonó en su cabeza; sabía que era lo que más anhelaba su pequeña estrellita, pero era muy joven... y el no quería quitarle esa libertad tan pronto. Por otro lado, en su interior, todavía estaba muy presente lo que sucedió con su anterior pareja.

Había soportado la vergüenza y la humillación de tener que anular todos los preparativos, de soportar los comentarios y cuchicheos, ya que su ex huyó de Hunstville con ese impresentable dos días después de descubrirlos juntos, dejándole a él para que diera la cara ante todos.

Sabía que su pequeña no era así... pero simplemente quería que ambos estuvieran seguros de ese paso tan importante. Debía terminar sus estudios, convertirse en la magnífica profesora que estaba seguro que sería...

-Yo no he dicho que no quiera casarme contigo- le corrigió; su pequeña levantó la cabeza, mirándole de forma tímida -y eso se verá a su tiempo-.

-Leah tiene un año más que yo, y está casada- le recordó de manera inocente -y eso no le impide disfrutar de la vida y continuar con sus estudios-.

-Randall y Leah tendrían sus motivos para hacerlo- discrepó Edward.

-¿Y has pensado que yo quiera pertenecer a alguien por siempre?, ¿que quiera ser tu mujer?- le cuestionó Bella -siempre me he sentido sola Edward.; creo en el matrimonio, y si ahora me llevaras a Las Vegas, aceptaría gustosa-.

-¿Quieres que nos case Elvis?- le intentó quitar hierro al asunto el joven, sonriendo divertido. Ella sonrió de vuelta, negando con la cabeza.

-Solamente quiero pertenecerte de todas las maneras posibles- susurró Bella, escondiendo su cara en el pecho de su novio; a pesar de su camisa, pudo sentir el sonrojo que se formaba en sus mejillas.

-Ya me pertecenes, pequeña... al igual que yo te pertenezco; de eso no tengas duda alguna- el corazón de su novia se emocionó ante esas palabras -te prometo que iremos hablando del tema- juró de manera solemne, dejando un pequeño beso en su frente -y en cuánto a Henry... - dejó la frase inconclusa, y su pequeña se terminó de concluirla.

-Si me vuelve a molestar te lo diré, sea lo que sea- le contestó con absoluta convicción -¿me perdonas?- suplicó con un tierno puchero.

-No tengo nada que perdonarte- corrigió su novio, dejando un suave beso en sus labios, que su pequeña devolvió con entusiasmo.

Unos minutos después, cuándo la taponada nariz de Bella no resistió más, la liberó para que tomara aire; le encantaba observarla después de haberla besado, cómo sus mejillas se tornaban de ese delicioso color cereza, y la graciosa forma que tenía de regular su respiración. Se acomodó mejor, todavía con ella entre sus brazos, dejando pequeños besos en su cara y en su pelo.

-¿Quién ha llamado antes, mientras yo hablaba con Leah?- interrogó curiosa, jugando con los botones de su camisa.

-Era Esme, quería saber cómo te encontrabas- le explicó -pero creo que lo que intentaba averiguar era a ver si te estaba cuidando bien- resopló.

-¿Y eso?- inquirió la joven, con una risa divertida.

-Me ha preguntado si te he dejado descansar, si me he ocupado de las tareas de la casa...- empezó a enumerar.

-Espero que le hayas dicho que has sido un enfermero estupendo- dijo la joven, dejando un beso justo dónde reposaba su corazón.

-Y un amo de casa estupendo- añadió Edward, sonriendo divertido.

-Cierto- aprobó la joven -creo que tendré que cambiar mi regalo para las siguientes navidades... ¡sabes hacer un huevo frito!- exclamó, ya riendo sin pudor alguno -ya no tiene sentido que te regale un curso de cocina; eso lo dejaremos para tus hermanos-.

Edward no pudo hacer otra cosa que acompañarla en sus risas, abrazándola con cariño y acariciando sus pequeñas manos. Por un segundo se imaginó jugando con la alianza que tanto anhelaba su pequeña... y tenía que reconocer una cosa, la idea no le disgustaba en absoluto.

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Las tres semanas siguientes pasaron a una velocidad asombrosa; el mes de febrero se implantó en el calendario, y eso para los estudiantes se traducía en los parciales de mitad de curso.

Totalmente recuperada de su gripe, la joven se enfrascó de lleno en la tarea de estudiar; los exámenes fueron más duros de lo que se había imaginado, pero se armó de paciencia y se puso a la tarea. Apenas fue a clase más que a las imprescindibles, ya que los profesores suspendieron momentáneamente el temario hasta la conclusión de los parciales.

Para ella y Leah los exámenes empezaron al final de la segunda semana de enero; por suerte para las jóvenes estudiantes, las fechas de las ocho asignaturas de las que debían examinarse estaban bastante espaciadas las unas de las otras, de modo que pudieron preparar y estudiar el temario de cada una con bastante tranquilidad.

Edward no había tenido que viajar en todo ese tiempo, y mientras su pequeña estrellita se dedicaba a estudiar, él se había ocupado de todas las tareas de la casa, había ido a comprar... Bella estaba segura de que si Esme se presentara ahora de visita, de seguro se caería al suelo, muerta de la impresión.

-¡Bella!- levantó la vista, al ver a Leah corriendo hasta su posición; por fin habían realizado el último examen, y ya podían descansar y respirar tranquilas.

-¿Cómo te ha ido?- le interrogó ansiosa.

-No ha sido tan difícil- suspiró aliviada ésta -pensé que la señora Vods lo pondría mucho más difícil-.

-Yo también- admitió la joven castaña -por fin hemos terminado, no puedo creerlo-.

-Yo tampoco- admitió Leah -¿qué planes tienes para nuestra recién recuperada libertad?- Bella rió ante la divertida frase.

-Mañana nos vamos a Hunstville; Nessie está a un mes de dar a luz, y desde navidades no hemos estado allí-.

-Mucho tiempo- admitió su amiga -¿os quedáis hasta el domingo?- ésta asintió con la cabeza; aunque era miércoles, no le importaba perder dos días enteros de clase. Además, lo prefería; no había visto a Henry en todo el tiempo que estuvieron de exámenes, de modo que se pudo relajar un poco, y dejar de pensar en el tema le vino bien para concentrarse... pero no le apetecía en absoluto volver a cruzárselo.

Ambas se encaminaron hacia la salida, cuándo sonó el móvil de Leah; hablo durante unos segundos, para después preguntarle a la joven.

-Es Cindy; ella y Zack han terminado también, y me han preguntado si vamos a tomar un café- Bella afirmó con la cabeza, mientras que sacaba su móvil, para mandarle un mensaje a Edward, tal y cómo le prometió que haría al finalizar el examen, y de paso le dijo que iría a tomar un café con los chicos.

Quince minutos después subían los peldaños del Cavern, la taberna irlandesa que estaba cerca del campus. Zack y Cindy ya estaban allí, de modo que después de tomar sus cafés, se acomodaron junto a ellos.

-¿Qué planes tenéis para estos días?- preguntó Bella a la pareja.

-Dormir- respondió de manera inmediata Zack, provocando la risa de las chicas.

-Tirarme en el sofá, ver todos los capítulos de las series que tengo atrasadas y atiborrarme de helado de chocolate y comida basura- enumeró Cindy con una sonrisa satisfecha en su cara.

-Muy post exámenes- refutó Leah.

-Y por supuesto, no pisar el campus hasta el próximo lunes- terminó de decir Zack.

-Ya somos cuatro- exclamó Bella divertida -Edward y yo nos vamos mañana a Hunstville, y Leah creo que tampoco va a dar señales de vida hasta el lunes-.

-¿Quién no va a dar señales de vida?- el grupo levantó la cabeza, para ver de pie al lado suyo a Annie y Henry.

-Todos nosotros- explicó Zack -nos vamos a tomar lo que queda de semana de descanso-.

-Pues añadirme a la lista- suspiró Annie, sentándose al lado de Bella. Se percató de que los ojos de Henry recorrían la menuda figura de Bella, que incómoda apartaba la mirada.

-Me lo he encontrado a la entrada de la cafetería- le dijo a ésta en voz baja -Cindy me ha llamado, y me imagino que a él lo habrá llamado Zack- Bella le dio una sonrisa amistosa a Annie.

-No te preocupes, todo está bien- pero la joven castaña no se sentía cómoda en absoluto.

Intentó ignorar esa mirada, y se centró en la conversación que sus amigos tenían entre manos; por unos minutos todo permaneció tranquilo, hasta que Henry le habló.

-¿Y tú, que vas a hacer estos días?-.

-Edward y yo nos vamos mañana a ver a nuestra familia- le explicó, de manera cordial.

-De modo que no vas a ir a clase- contestó.

-No, no voy a ir- se encogió de hombros de manera despreocupada.

-Te pasare los apuntes de psicología infantil- dijo de manera despreocupada, aludiendo de nuevo a la clase que ellos compartían. Bella rodó los ojos, pero se mantuvo serena.

-No será necesario Henry, gracias- se disculpó de la mesa, para ir al baño.

Permaneció varios minutos encerrada allí; no soportaba esas miradas que le dedicaba ese chico... tenían un significado que no llegaba a entender, y a veces incluso le daba miedo. Por un segundo se planteó seriamente si se estaba volviendo paranoica.

Resopló y abrió el grifo, refrescándose la cara e intentando calmarse. Decidió que era hora de volver a casa, así que abrió la puerta, con la intención de despedirse de los chicos.

Pero al abrirla se encontró con Henry, apoyado despreocupadamente en la pared. Se cruzó de brazos, mirándole de manera muy seria.

-¿Qué estás haciendo aquí?- le reclamó.

-Sólo querías saber si te encontrabas bien- le explicó éste.

-Me encuentro perfectamente, y ahora si me disculpas, tengo que irme- dejó al joven con la palabra en la boca, y se fue rápidamente hacia la mesa.

-Leah, ¿podrías pasarme el bolso y la carpeta?- le preguntó mientras se ponía el abrigo.

-Claro... ¿va todo bien?- interrogó preocupada.

-No te has terminado el café- apuntó Zack a su taza, casi intacta.

-Tengo que volver a casa- se disculpó de manera torpe -disfrutad de estos días de descanso, chicos; nos vemos el lunes- se despidió de manera apresurada, dejando a más de uno con la boca abierta. Nada más poner un pie en la calle, sintió cómo la agarraban de su brazo izquierdo, impidiéndole seguir.

-Bella, por favor... -le rogó Henry.

Ya no pudo más; estaba harta de toda esta situación; estaba harta de la insistencia de este chico, hasta de que por su culpa, Edward y ella estuvieran discutiendo; hasta de que no pudiera disfrutar de sus amigos...

-¡Por favor, qué!- le reclamó, con un tremendo grito -¡¿no entiendes que no quiero nada contigo?-.

-No grites- le dijo éste, serio, ya que la gente se había vuelto al oír las voces; incluso Leah y los demás se habían quedado parados a unos metros, puesto que ella y Annie se había levantado nada más ver que Henry seguír a su amiga.

-¡No se te ocurra decirme que no grite!- siseó enfadada y furiosa cómo pocas veces -te lo dejé bien claro el día, de la fiesta... y Edward también- Zack y Cindy presenciaban atónitos la escena, sin saber de qué iba el tema.

-¿De modo que tu rancherito está celoso?- inquirió burlón, para provocarla.

-No le llames así- le amenazó -Edward está furioso por todo eso que vio... te dejé bien claro que yo quiero a Edward, y que no siento nada por ti-.

-Él no te conviene- le volvió a decir.

-Pero es que yo no quiero nada contigo, ¿entiendes?... ¡nada!- chilló de nuevo -yo quiero a Edward, y yo decido lo que me conviene- repitió.

-Pero Bell...- intentó que no se fuera, pero la joven forcejeó ligeramente para soltarse de su agarre.

Pero su mala fortuna y sus dos pies izquierdos no fueron sus mayores aliados, ya que al darse la vuelta tropezó en los escalones de acceso en la entrada, cayendo prácticamente rodando por ellos.

-¡Bella!- chilló Leah, bajando a toda prisa y yendo en auxilio de su amiga, al igual que Cindy y Annie.

La joven permaneció tendida poca abajo un largo minuto... le dolía todo el cuerpo, y sobre todo la muñeca izquierda. Intentó incorporarse, pero al apoyar el brazo izquierdo un dolor intenso la recorrió de arriba abajo.

-¿Te has hecho daño?- le preguntó frenética Annie, ayudándole a levantarse.

-Mi brazo- gimió de dolor, agarrándose fuertemente la muñeca. Entre Annie y Cindy le ayudaron a sentarse en uno de los escalones, y revisaron dónde decía que le dolía.

-Deberíamos ir a urgencias; puede que te la hayas roto- murmuró Cindy. La joven juró para sus adentros, lo que le faltaba. Vio que Henry se arrodillaba a su lado, y por instinto se echó para atrás.

-Bella, lo siento, no pretendía...-.

-No me toques- le amenazó; el joven nunca había visto esos ojos marrones brillar con tanta furia y enfado.

-Mejor haz caso a Bella y apártate- Henry escuchó atónito las palabras de Zack, pero se apartó a un lado sin decir nada.

La impotencia y la rabia, mezclada con el dolor, hizo que Bella se pusiera a temblar y a llorar. ¿Y ahora qué le decía a Edward?... ¿por qué este chico no entendía las cosas?

-He llamado a Edward- anunció Leah, que se había mantenido alejada de los chicos por unos minutos.

-¿Se lo has contado?- susurró temblorosa.

-He tenido que hacerlo Bells, ésto ya pasa de castaño oscuro- murmuró enfadada, y dirigiéndole a Henry una mirada intimidatoria. Intentó tranquilizarse, pero no podía controlar ni sus nervios ni los sollozos. Arropada por las chicas, observó de reojo cómo Zack increpaba a Henry, llamándole de todo. Se mordía el labio tan fuerte que pensó que sus dientes lo atravesarían... no sabía de lo que Edward sería capaz.

-Tranquila Bella- la intentaba consolar Annie; los minutos pasaron demasiado lentos, hasta que oyó cómo un coche frenaba en seco. Levantó los ojos, y salió disparada al encuentro de Edward, que salía y azotaba con furia la puerta del automóvil.

-¡Bella!... ¿estás bien, cariño?- preguntó frenético cuándo ambos estuvieron frente a frente. Su pequeña no pudo pronunciar palabra alguna, y se aferró a él, llorando y temblando histérica. Edward la estrechó entre sus brazos, cuidando de no hacerle daño en el brazo.

-Intenté decírselo, pero no me deja en paz- hipó desconsolada -no me deja en paz y ya estoy harta-.

Los ojos verdes del joven se enfocaron en Henry, que apartado miraba consternado a la pareja. Sin decir una sola palabra, besó a su pequeña en la frente, pero al encarar de nuevo al joven una expresión de auténtica furia se instaló en su cara; se separó de su pequeña y fue directo hacia Henry.

Bella observaba todo a cámara lenta; vio los puños de Edward a cada costado de su cuerpo, y su mandíbula tensa... sus ojos lanzaban dagas envenenadas en dirección a Henry; éste se echó para atrás, pero eso no impidió que uno de los puños de su novio impactara contra la mueca desafiante del joven.

-¡Edward, no!- chilló horrorizada.

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Bueno, un pequeño regalo adelanto, jejeje el Capi completo, creo que de pronto y hasta me regañan, pero bueno, Mis Chicas lo merecen, las quiero mucho, gracias por sus Palabras y deseos, las Amo, y voy muy bien, el trabajo esta super, bueno la capacitación, ya casi trabajo! <3 :*