martes, 7 de agosto de 2012

La Bestia del Castillo



::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

11.- Noticias de muerte 

Edward pov 

-no llores amor, te prometo que iremos a verlos en cuanto el bebe nazca- pedí abrazándola con fuerza. 

La tenía sentada sobre mis piernas en la cama, desnuda y llorando a lágrima viva. Había estado así desde la tarde anterior cuando su padre y su hermano partieron. 

Considerando que ya se ha ocultado el sol me preocupa que tanta tristeza le pueda hacer daño. 

-pero los extrañare tanto… estos días pasaron my rápido- se quejo una vez más. 

-lo sé, lo siento, tu papa quería quedarse pero hay negocios que no puede dejar en manos únicamente de tu hermano, ya no llores más. Por favor, no soporto verte así- suplique de nuevo besándola. 

-¿me harás el amor hoy?- pregunto con cara de niña perdida, ojos enrojecidos y sorbiendo por la nariz mocosa. 

-sí, lo hare…- dije besándola más. 

Preparándola para tomarla. Hasta que un golpe en la puerta me interrumpió. 

-Edward… tenemos un problema… uno grande- dijo Jasper del otro lado. 

-voy enseguida- respondí hacia la puerta - anda amor… lo terminamos después, lo prometo - dije al ver su rostro de decepción y una lagrima cruzando su mejilla. 

Salí rápidamente con ganas de matar a medio mundo por no dejarme morir entre sus piernas. 

-Más vale que sea algo importante Jasper o te asesinare, me interrumpiste en medio de…- 

-asesinaron a tu suegro y a tu cuñado- dijo Jasper con cara de pesar, en un susurro. 

-¡¡¡¿Qué?!!!- dije en el mismo tono apenas logrando no gritar a viva voz. 

-el caballo que le prestaste a Mike regreso con la montura llena de sangre y Garrett decidió investigar al ver que otro de los caballos estaba solo en el linde del bosque, un grupo de hombres lo acompaño y encontraron a tu suegro muerto, tu cuñado estaba más adelante… los masacraron Edward. A ellos y a su guardia. Pero lograron matar a algunos y herir a otro. Uno de los heridos esta en los establos, están curándolo para interrogarlo y saber quién fue el responsable. No se llevaron nada, no los asaltaron…- 

-los emboscaron - dije apenas mientras él asentía. 

-¿Qué haremos?- pregunto. 

-reúne a todos, avísale al consejo, esto no se quedará así, mi familia no es blanco de matanzas sin que respondamos - dije con la furia atravesada en un tono tan bajo como pude. 

La furia de saber que no hay manera de ocultárselo a Bella y que no hay nada que yo pueda hacer por evitarle el dolor que esto le causara. El que está embarazada lo complica todo aun más. 

-Emmet está reuniendo a todos los hombres, pero alguien deberá ir a Forks, reunir a la gente de allá y saber si alguien quería lastimar a Charlie y a su hijo- 

-iras tu, en cuanto organicemos esto. Manda a Rosalie y Alice, que mantengan a Bella ocupada y que no se entere- dije tratando de atrasar lo inevitable. 

-como ordenes - salió disparado mientras me dirigía a donde el prisionero estaba. 

Cruce el castillo como exhalación del diablo. 

-¿Qué sabes?- pregunte a Garrett. 

-no mucho, no suelta prenda de lo que sabe o de verdad no sabe más, dice que un hombre los contrato porque otro hombre lo contrato para eso. Pregúntele usted mismo… con su reputación quizá se asuste y hable de verdad- dijo Garrett sin mirarme directamente. 

Claro, sí yo soy la bestia del castillo... entonces una bestia seré hasta vengar la muerte de mi familia. Mi esposa no merece tanto dolor. Y cada lágrima que ella derrame será vengada con la sangre del maldito detrás de todo esto. 

Con eso en mente no fue difícil enfurecerme, como solía estar todo el tiempo antes de que Bella entrara en mi corazón. Camine hasta donde lo tenían. Estaba vendado y acostado en un poco de heno. 

-¡¡¡¡¡¿Quien te contrato para matar a los Swan?!!!!!- grite al tiempo que lo arrojaba sobre la pila de agua aun antes que se diera cuenta de lo que pasaba. 

-¡¡¡no sé!!!… ¡¡¡De verdad no sé…!!! ¡¡¡No me mate….!!! No me mate….!!! ¡¡¡Yo solo seguía órdenes!!!- respondió el hombrecito temblando como hoja al viento. 

Bien, que tenga miedo, que me tenga miedo. 

-¡¡¡habla!!!- rugí de nuevo. 

-un hombre nos contrato en la taberna del pueblo al sur, unas 50 leguas de aquí, dijo que un hombre y su hijo habían deshonrado a su hermana y que quería venganza. No nos dijo el nombre de los tipos pero nos dijo donde encontrarlos, dijo por cual ruta pasarían… solo atacamos porque así nos lo ordenaron. Se supone que solo serían dos pero traían guardias y para cuando nos dimos cuenta estábamos luchando. Alguien dio la orden de retirarnos y así lo hicimos. Estaban vivos cuando los demás se marcharon, solo matamos a los guardias- dijo llorando el tipo. 

Mire a Jasper quien había entrado minutos antes. Ese hombre en su vida se le habría ocurrido mentirme. Salí de ahí antes de matarlo yo mismo. 

-si estaban vivos cuando estos se marcharon ¿Quién los mato?- pregunte. 

-pudo ser una trampa, mandaron a estos a eliminar la guardia y después cuando trataban de huir los mataron, eso explica porque Charlie estaba mucho más atrás que Mike, quizá se quedo peleando para que su hijo lograra escapar- respondió Jasper. 

-sí pero eso no explica como sabían que estaban escoltados, o cuando se irían, lo que me hace pensar que los estuvieron espiando… los siguieron desde aquí- dijo Emmet entrando y uniéndose al debate de ¿quien-diablos-mato-a-los-Swan? 

-entonces el traidor es de este clan- dije entendiendo que solo así podían saber tanto de ellos. 

-es posible… Mike nos mostro la ruta que usarían para regresar en la fiesta de fin de año, cuando las mujeres se retiraron, no lo escuchaste porque habías llevado a Bella a la habitación - dijo Jasper. 

-entonces no solo es de este clan, sino del castillo y tiene acceso a todos nosotros… esperen… si el blanco eran los Swan ¿serían todos ellos?- pregunte mientras ambos me miraban entendiendo mis palabras. 

-Bella…- 

Apenas salió el nombre de mi esposa de la boca de Emmet, corrí hasta llegar a donde ella dormía plácidamente con Alice de un lado y Rose del otro. 

La habitación es un hervidero de vestidos y zapatos. Habían estado jugando de nuevo. 

Mi alma regreso a mi cuerpo. Ella está bien, pero… ¿Por cuánto tiempo? 

-montaremos guardia cerca de ella sin ser muy obvios, no debe saber que podría estar en peligro. No debe saber nada sobre esto, no hasta que el bebe nazca. Después veré como decírselo - pedí afuera de la habitación. 

-bien, por ahora solo lo saben Garrett y sus hombres y el traidor, me encargare de ver la manera de que se delate. No te preocupes, la protegeremos- dijo Jasper mientras entraba por Rose. 

-me iré mañana a Forks, debo ver que averiguo ¿o prefieres que vaya Jasper? -pregunto Emmet. 

-ira Jasper, a ti te necesito aquí, serás su sombra mientras yo me reúno con el consejo- dije serio. 

Apenas salió Jasper entro él por Alice quien esta mas dormida que despierta y apenas se mantiene en pie. 

-bien, entonces sombra seré- dijo al salir. 

Me quede el resto de la noche pensando cómo encontrar al culpable. 

El sol salió y yo aun no tengo una respuesta. Aunque eso se debe a que pase la mayor parte del tiempo mirando a mi esposa dormir a luz de una vela, pensando en cómo quedara destrozada cuando se entere. 

-si sigues mirándome así me voy a gastar- susurro sin abrir los ojos. 

-buenos días amor… ¿Cómo te sientes?- 

-mejor… Alice y Rose ayer hicieron un desastre con mi guardarropa. Al parecer tienen la idea que si unen dos de mis vestidos podre entrar- dijo antes de reírse. 

Trate de reírme con ella pero no pude. No puedo dejar de sentir pesar por su padre y su hermano, me han agradado más de lo que pensé. Incluso Mike me había caído bien. No es tan imbécil como parece-parecía… 

Claro que Emmet no vio eso antes de caerle a golpes, encerrarlo en el calabozo fue lo único que se me ocurrió para evitar que mi amigo lo matara a palos por menospreciar su hombría, mantenerlo ahí fue lo único que pude hacer cuando su altanería me saco de mis cabales. 

-¿Qué pasa? Estas demasiado serio. ¿Hay algo mal?- pregunto con su dulzura de siempre. 

-no cariño, todo está bien, solo estoy preocupado porque necesito ausentarme unos días. Debo ir al castillo de Carlisle y reunirme con el consejo por unas cuestiones de seguridad en el clan- 

-¿y cuando regresaras?- pregunto con su expresión de angustia. 

-tres días si me voy hoy... Emmet se quedará contigo, no te separes de él si sales aunque de preferencia no salgas- pedí. 

-¿Por qué no?- pregunto sentándose por completo. 

-Bella… no preguntes tanto, solo hazme caso por favor. No salgas del castillo hasta que yo regrese -pedí serio. 

- está bien, no saldré - accedió. 

Bella pov 

- Tratare de regresar antes pero no te prometo nada, te amo… cuídate mucho- dijo Edward besándome en la entrada del castillo. 

- cuídate mucho tu - dije mientras detrás de él salían al menos veinte hombres, armados y cubiertos hasta las orejas. 

Algo está pasando y no me lo quieren decir. Toda la mañana tanto Jasper como Emmet me miraron con una ternura y un algo más que no entendí. Algo se traen entre manos. Jasper salió después con menos hombres pero igual armados. 

-Alice necesito un favor, averigua si Irina esta en el pueblo y si lo está, tráela. Pero que nadie te vea o a ella. Estaré con Rose en mi recamara - pedí. 

Esas miradas solo pueden ser porque Edward este de nuevo con ella. Me habían mirado así al principio de mi matrimonio. Esta vez no lo permitiré, Edward es mi esposo y hare lo que sea por tenerlo solo para mí. 

-vamos Bella, necesitas descansar, has estado de un lado para otro todo el día. ¿Qué te parece si cortamos el vestido en la tela roja que tanto te gusto?- pregunto Rose llevándome casi a rastras. 

-bien rubia, vamos- dije mientras me dejaba llevar. 

-yo les acompaño Hermosas damas- dijo Emmet. 

Tomándome por el otro brazo. 

-puedes cárgame sí con eso te sientes mejor- dije sarcástica, desde que mi esposo anunciara que se iba, mi sombra se me despegaba más que Emmet. 

-ya vas Bella- dijo antes de levantarme en brazos girar dos veces y enfilarse a las escaleras. 

-eres incorregible Emmet, gracias- dije dejándole un beso en la mejilla. 

Camino conmigo por la sala atravesándola a mucha velocidad al ver a su peste aproximarse. 

-Bella, cariño como lo siento… apenas me entere… debe ser horrible… aunque te vez muy compuesta…- dijo Bree mientras Emmet casi corría. 

-espera Emmet… ¿de qué hablas Bree?- pregunte. 

-nada, no habla de nada… esa mujer está loca. Vamos Rose que Bella tiene cosas que hacer en su habitación- dijo mientras subía las escaleras de dos en dos sin importar que voy en sus brazos. 

Nadie me dejo salir en el resto de la tarde, apenas mencione un motivo para hacerlo me pusieron un pretexto o peor aún, salió Rose corriendo a conseguir lo que pedí. Emmet no se despego de mí en ningún momento. 

Aunque eso es por Rose más que por mí. 

-Bella… tu encargo… no encontré lo que me pediste…- dijo Alice mirando a Emmet. 

-está bien, no importa- dije mientras seguíamos cosiendo el vestido ya cortado. 

-¿Quieres que nos quedemos contigo esta noche?- pregunto Alice cuando Emmet salió por fin de mi recamara para buscar la cena. 

-no, pero se los agradezco. Les veo mañana muy temprano- dije al cerrar la puerta. 

Empecé a desnudarme… cuando tocaron mi puerta. 

-no es necesario que… hola Bree, pensé que estabas cenando con los demás- comente sin abrir más la puerta. 

-a eso voy es solo que me pareció que debías estar muy triste y como vi a tus amigas salir me pareció que hacerte compañía en este momento sería bueno… ¿Cómo te sientes con todo esto?- 

-Bree… no tengo la más remota idea de lo que dices… ¿de qué hablas?- pregunte en el mismo sitio. 

- de la muerte de tu familia… tu papa y tu hermano… ¿no lo sabes? Los encontraron muertos ayer en la mañana… Edward fue a Forks para tomar posesión del lugar - dijo mientras mi pensamiento me dice que no estamos hablando el mismo lenguaje. 

-Edward fue a una reunión del consejo - dije omitiendo lo demás porque eso no puede ser. 

-¿eso te dijo? Porque yo escuche que iba para Forks, sin tu hermano y tu padre vivos él pasa a ser el dueño de todo y esas tierras no son despreciables… nada despreciables… sí no conociera a Edward podría jurar que él tiene que ver con sus muertes… pero eso no es lo importante ahora - dijo 

-mi padre y Mike no están muertos…- respondí tratando de hacer llegar aire a mi interior. 

Mi pecho fue golpeado repetidas veces por un mazo que momentos antes era conocido como corazón. 

-sí lo están… fueron asesinado brutalmente, no sé en qué lugar exactamente pero… dicen que a tu papa le cortaron la cabeza y que tenía…- 

-¡¡¡cállate Bree!!! ¡¡¡Cállate maldita víbora!!!- rugió Emmet entrando como demonio y sacando a la mujer a empujones y casi golpes. 

-Bella… reacciona, Bella… ¡¡¡Emmet!!! ¡¡¡Emmet!!!- 

Escuche a Rosalie gritar a mi lado pero no fui capaz de reaccionar o entender o hacer nada más que pensar en las palabras de ella. 

-Bella por favor di algo… Demonios Edward va a matarme…- 

-Emmet, ¿es verdad? Mi familia…- pregunte mientras trataba de no llorar, de respirar y de no sentir que la tierra se abría bajo mis pies 

-cariño… sí - dijo apenas en un susurro. 

Y fue lo último que escuche. 


:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Cowboy de mi corazon


Capítulo 11: Mi estrella


Con el corazón encogido de nervios e incertidumbre, Bella se mantuvo en silencio durante los veinte minutos que duró el trayecto desde la puerta principal del rancho hasta su destino final. Sintió que su respiración se volvía irregular cuándo se dio cuenta de que estaban llegando al lugar en el cual a ella le gustaba perderse, evadiéndose así del resto del mundo; el mismo lugar hacia dónde se había dirigido Edward después de la pelea con Jake, el lugar dónde había decidido luchar por el corazón de su dulce tormento.

Edward no aflojó el agarre la cintura de Bella en todo el camino, disfrutando de la cercanía de la joven y embriagándose de esa mezcla de fresas y lavanda, tan característico de ella. Su brazo izquierdo rodeaba con firmeza, pero a la vez con suavidad y delicadeza, la pequeña cintura de Bella, encarcelándola entre éste y su cuerpo para asegurarla en el caballo. Se quedó de piedra cuándo ella, al cabo de unos pocos minutos, se relajó completamente y descansó sobre su pecho... se veía tan vulnerable y delicada, tan pequeñita. Un cómodo y reconfortante silencio acaparó todo el camino hasta el lugar dónde el quería llegar... el sitio favorito de Bella.

Cuándo tiró de las riendas para frenar a Concord, Bella miró a su alrededor y después al cielo. Éste estaba cubierto por un manto de tintineantes y pequeñas estrellas; siguió mirando al iluminado cielo sumida en sus pensamientos... no se atrevía a romper el silencio que imperaba; estar entre los brazos de Edward le provocaba paz y tranquilidad, pero también estaba sorprendida... ¿por qué la había llevado allí?. Pero su corazón sufrió una descarga eléctrica cuándo notó que el brazo que apresaba su cintura de movía de su sitio, y que en ambos lados de su cadera unas fuertes manos la tomaban con firmeza y suavidad, ayudándole a darse la vuelta y quedando frente a frente con Edward. Justo en ese momento Concord se revolvió inquieto, y en un acto reflejo apoyó sus pequeñas manos en los hombros del joven.

-Perdona- murmuró, sonrojada por la vergüenza, pero la reacción de Edward la dejó todavía más descolocada, ya que el joven esbozó una pequeña sonrisa y la acercó un poco más a él, rodeándola con sus brazos y dejándolos de nuevo en la cintura de la joven.

El corazón de Bella palpitaba de forma furiosa, y no tenía intención alguna de relajarse, no podía... ni en sus mejores sueños había pensado que estaría tan cerca de Edward, que miraba fijamente la pequeña boca entreabierta de Bella. Tuvo que reprimir el impulso de tomar esos labios y dejarla sin sentido... pero antes debía hablar con ella.

Estaba buscando las palabras apropiadas, pero su dulce tormento se adelantó.

-Lo siento- susurró Bella con la voz ahogada y agachando la mirada. No sabía por qué Edward se había enfadado con ella, desapareciendo de forma abrupta de la fiesta; es su cara se formó una mueca de pena... ahora que las cosas iban muchísimo mejor, volvían al principio, y ella no podría soportar de nuevo la ira y el rechazo de Edward. Sintió que las lágrimas hacían acto de presencia en sus ojos, y cuándo un dedo alzó con delicadeza su mentón, una de ellas rodó suavemente por la mejilla de la joven.

-¿Por qué lo sientes?- el corazón de Edward se encogió al verla llorar; ella no se merecía eso, ella no merecía sufrir por un patán cómo él.

-Por lo de la fiesta... yo sólo estaba bail...- murmuró en voz baja. Edward comprendió por dónde iban los tiros, y negando con la cabeza, no la dejó continuar.

-Tú no has hecho nada, Bella- comenzó a explicarle -la culpa de todo este embrollo es mía... siempre lo ha sido-.

-Edward, hemos hablado de eso muchas veces- le recordó ella -y todo lo ocurrido en los primeros meses está arreglado y olvidado- musitó ella, mirándole fijamente.

-Eso ya lo sé... me refiero a mi comportamiento en la fiesta- le aclaró éste -tú no tienes culpa de nada- terminó de explicarse, mirando esos orbes color chocolate que tanto adoraba, esperando que ella captara el mensaje. Los ojos de la joven le miraban fijamente también, sin entender una palabra de lo que le estaba diciendo... pero la voz de Edward volvió a reclamar su atención.

-¿No lo entiendes, verdad?- dijo con un lánguido suspiro -cuándo vi que Peter te agarraba del brazo y no te soltaba... yo... no podía permitir que te hiciera nada-.

-¿Por qué?- atinó a decir Bella, después de un largo minuto de silencio, procesando todo lo que estaba sucediendo. Los ojos de Edward centellearon con un sentimiento indescifrable para ella.

-Porque no puedo permitir que nadie te haga daño- le empezó a explicar desviando su vista de la de ella por un momento, para después volver a posarla -porque durante meses no he sentido otra cosa que celos-.

Bella se quedó sin saber qué decir... ¿de qué estaba celoso Edward?, si el no sentía por ella nada más que un cariño fraternal.

-¿Cel...celoso?- artículo con dificultad -Edward...- el joven esbozo una triste sonrisa, negando con la cabeza.

-Es uno de mis muchos defectos- musitó con un hilo de voz -dios Bella, te juro que he intentado contenerme, sé que eres muy joven... pero no puedo más- la respiración de Bella se alteró con las últimas palabras que había pronunciado, ya que el agarre que sostenía su pequeña cintura se estrechó, acercándola más a él; sus caras quedaron tan cerca, que Bella sentía el dulce hálito que emanaba de la boca de Edward. Cerró los ojos un momento, recreando la increíble sensación de estar entre sus brazos, pero los abrió súbitamente de la impresión al sentir un toque suave y delicado en su boca. Presa de los nervios y muda de la impresión no atinó a devolver el beso, haciendo que Edward se apartara de ella, mirándola fijamente.

-Bella...- susurró casi para sus adentros; la respiración de la joven se volvió pesada e irregular... Edward la había besado, y no era un sueño; ¿acaso el también sentía lo que sentía ella por él?.

-Llevo mucho tiempo deseando hacerlo- le confesó el joven -sé que la diferencia de edad es considerable, y pensarás que estoy loco... per...- no pudo terminar la frase; las manos de Bella se posaron en su pecho, y sacando un valor que ella creía no tener, alzó la cara y junto de nuevo sus labios a los suyos.

Edward se sorprendió ante ese acto, tardando unos mínimos segundos en reaccionar, pero el dulce aliento de Bella se coló por su garganta, y dejando escapar un suave gemido, subió las manos por la espalda de la joven, hasta que una de ellas se enredó en su pelo, acercándola más hacia su cuerpo y empezando a responder a su beso. El suspiro que abandonó los labios de Bella hizo que algo se encendiera en su interior, y el beso se volvió mucho más intenso.

La joven no podía creer lo que estaba sucediendo, estaba besándola, estaba entre sus brazos... no se dio cuenta de que sus manos agarraban el pelo color bronce que tanto le gustaba, y cuándo la lengua de Edward acarició delicadamente su labio inferior, perdió la noción de todo lo que sucedía, abriendo automáticamente su boca para él.

Un cúmulo de sensaciones totalmente desconocidas para Bella se arremolinaron de repente en la boca de su estómago, haciendo que su cuerpo se estremeciera; Edward la besaba con desesperación, con ansias, con cariño... todo un torrente de emociones que ella correspondió; por suerte ambos estaban sentados encima de la grupa del caballo, porque el cuerpo de Bella no hacía más que temblar cómo una débil e indefensa hoja.

Edward se encontraba en el séptimo cielo; los labios de Bella eran suaves, cómo tantas veces los había imaginado... sintió un pequeño tirón en su pelo, lo que hizo que a duras penas evitara el siseo de placer que quería salir de su boca. Notó que Bella ya respiraba con dificultad, de modo que poco a poco se separó de ella; observó atentamente las reacciones de la joven, más sonrojada que nunca. No pudo evitar que una de sus manos se posara en su mejilla, pasando suavemente el pulgar por ella, y mandado placenteras descargas que recorrían el cuerpo de la joven. Al ver que sus ojitos estaban cerrados, la llamó.

-Bella- la joven los abrió, encontrándose con esas esmeraldas, que brillaban intensamente, más de lo que nunca había visto.

-Edward...- un dedo en los labios de la joven hizo que guardara silencio.

-Llevaba mucho tiempo queriendo hacer ésto- le confesó de nuevo, esbozando una pequeña sonrisa -desde el día que llegaste aquí, acompañada por mi padre y Esme- los ojos de la joven brillaron debido a las lágrimas que se acumulaban en ellos; Edward lo vio, y tomó con la otra mano la otra mejilla de la joven, enmarcando su bonito rostro.

-No llores cariño mío- le suplicó dejando un suave y casto beso en sus labios -sé que he cometido muchos errores, pero no voy a permitir que eso suceda de nuevo- la observó emocionado, tratando de buscar las palabras correctas. El corazón de Bella sintió una fuerte descarga al escuchar el apodo tan íntimo y cariñoso con el que se dirigió Edward a ella... su voz sonaba tan bonita cuándo la llamó cariño mío.

-¿T...tú... tú me quieres?- atinó a preguntar, con la voz temblorosa, cómo todo su cuerpo. Edward no pudo evitar sonreír, era tan inocente... pero esa inocencia le volvía loco hasta extremos insospechados.

-¿Quererte?- murmuró alucinado, repitiendo las palabras de la joven -sólo quererte no abarca todo lo que siento por ti- respondió con suavidad y dulzura -desde que apareciste en el rancho has iluminado de nuevo mi vida, cómo una estrella fugaz que pasa de repente, iluminándolo todo- al escuchar esas palabras, Bella llevó involuntariamente la mano a su cuello, acariciando la estrella de plata.

-Una vez me dijiste que te gustaba contemplar el cielo plagado de estrellas- le dijo él, pasando un dedo por el colgante -y tú te has convertido en mi estrella... por eso te la regalé- le confesó, buscando sus ojos, ya que Bella había vuelto a agachar la vista. No podía asimilar las palabras de Edward, y mucho menos que sintiera eso por ella. Adivinando los pensamientos de la joven, Edward continuó hablando.

-¿Recuerdas ese día, en el que me peleé con Jake?- la joven hizo un gesto afirmativo con la cabeza -ese día mis hermanos me abrieron los ojos, por así decirlo; y esa conversación hizo que mis sentimientos salieran a la luz- hizo una pausa, tomando con cuidado una de las manos de la joven -después vine aquí, necesitaba pensar; y entonces los muros que yo mismo me había impuesto cedieron. Pensé que nunca volvería a sentir esto por nadie... pero apareció mi estrella, con sus ojitos chocolate, con su pelo castaño, con su gran corazón...- susurró en voz baja y con una sonrisa -y desde esa tarde ya no me importó nada; me da igual que nos llevemos diez años... me da igual todo-.

-Per... pero soy muy joven para ti- murmuró ella -y no teng...-.

-Bella, ¿tú que sientes por mi?- la cortó Edward, mirándola fijamente. La joven agachó la cabeza, no tenía valor para decirle todo eso si su vista estaba conectada a la de él.

-Yo te quiero, no sé desde cuándo- murmuró roja de vergüenza -y me dolía tanto tu rechazo. Nunca pensé que tú sentías eso por mi, y simplemente me conformaba con poder llevarme bien contigo, al igual que me llevo con toda la familia. Sé que prácticamente soy una niña, y seguro que tú estarás acostumbrado a... bueno... ya... ya me entiendes... a alguien con más experiencia, y que haya vivido más, y...- Edward sonrió por las torpes palabras de la joven, y estrechándola con fuerza entre sus brazos, dejó un pequeño beso en su mejilla.

-Eso no me importa cariño- la tranquilizó -ese día que reflexioné, me prometí a mi mismo que poco a poco iría ganándome tu confianza y tu amor-.

-Y precisamente eso último ya lo tenías ganado- las palabras de Bella hicieron que el corazón de Edward latiera lleno de alegría y esperanzas, pero sabía acerca de las inseguridades y de la poca autoestima de Bella, y sería mejor ir despacio.

-Y por el resto, no te preocupes, iremos poco a poco- le dijo con una tierna sonrisa -solamente me importas tú- nada más terminar de decir la última palabra, Bella se volvió a colgar de su cuello, abrazándole con todas las fuerzas que tenía. Edward rió encantado, devolviéndole el abrazo con la misma intensidad y enterrando el rostro en el hueco de su cuello, inhalando su perfume y dejando pequeños besos en él.

-Dios Bella... tenía tantas ganas de tenerte así, de besarte... -murmuró con la voz ronca, separándose de su cuello y dejando pequeños besos por su cara -ya no podía aguantar más, si no te besaba y te confesaba lo que sentía iba a volverme loco-.

.Me alegra que lo hayas hecho- respondió la joven, con un poco más de confianza -¿y cómo vamos a hacerlo?- inquirió curiosa. La ceja arqueada de Edward le hizo explicárselo -es decir... ¿cómo vamos a mantener esto en secreto?-.

-¿Mantenerlo en secreto?- preguntó alucinado -dudo mucho que en mi casa se pueda tener un romance en secreto... ¡aquello es peor que un aeropuerto!- esa frase hizo que Bella riera divertida.

-Pues cierta pareja cree que les va bien de tapadillo- le contestó ella, aludiendo a Esme y Carlisle.

-Eso es cierto- respondió el joven, con una sonrisa cómplice -pero no pienso tenerte escondida, ahora eres mi chica- le recordó. Esa simple palabra hizo que el pecho de Bella se inflamara de emoción, y cómo no podía ser de otra manera, se puso roja de vergüenza y nervios.

-Pero guardaremos las formas delante de la familia por un tiempo- se apresuró a aclarar Edward, viendo la mueca de vergüenza de la joven -y por supuesto, no haremos nada que tu no quieras hasta que no estés preparada- el sonrojo de la joven aumentó, adivinando por dónde iban las palabras de Edward... ella era tan inexperta en esos... temas.

-Tranquila- susurró su ahora novio -poco a poco, ¿de acuerdo?- la joven asintió tímidamente, y en un acto reflejo característico de ella, mordió tímidamente su labio inferior.

-Adoro cuándo haces eso- siseó Edward, acercándose a ella y volviendo a tomar su boca en un apasionado beso. Esta vez fue Bella la que tímidamente rozó el labio inferior del joven con la lengua, y el gemido que escapó de la garganta de Edward provocó que una corriente, hasta ahora desconocida para ella, la recorriese de la cabeza a los pies, y la hizo desear mucho más.

Los labios de ambos apenas se despegaban unos segundos, no se daban tregua alguna: ni tampoco las manos de Edward, que recorrían con sumo cuidado la espalda y la cintura de la joven, incapaz de detenerse en algún punto concreto, y cuándo sintió a Bella estremecerse, deshizo poco a poco el beso, para que su dulce tormento pudiera recuperar el aire.

-Me encanta besarte cariño- susurró sobre sus labios, haciéndole cosquillas con su aliento. La muchacha sonrió complacida, acurrucándose contra él, sin querer alejarse un sólo milímetro de Edward. La mano de éste acarició delicadamente su espalda, y sintió que besaba su cabeza.

Un bostezo involuntario salió de la boca de la joven, y Edward lo notó.

-Tenemos que volver cariño- le susurró al oído -es muy tarde- Bella asintió lentamente, de modo que cogió las riendas, haciendo que Concord girase y se encaminara rumbo a casa.

0o0o0o0o0o0

La luz del sol hizo que Bella abriera los ojos lentamente; anoche ni se dio cuenta de bajar la persiana, todavía no podía creer los sucesos que habían ocurrido la noche anterior... Edward diciéndole que la quería, Edward besándola y abrazándola... no podía hacerse una idea que se él sintiera todo eso por ella, por una simple niña de apenas diecinueve años; se sentó encima de la cama, frotándose los ojos y poniendo orden en su cabeza. Recordaba cómo su padre le había dicho varias veces que el amor no atiende a razones lógicas la mayoría de las veces... por lo poco que le había contado Edward acerca de Jessica, eran completamente opuestas. Jessica era alta, atractiva y con estudios universitarios... y ella era una simple cocinera que apenas había podido acabar el instituto.

Se levantó encaminándose al baño y abriendo la ducha. Se miró al espejo... era tan simple, tan normal, que no entendía lo que Edward veía en ella, el era tan guapo y tal alto... y la quería a ella, era sorprendente.

Terminó de arreglarse y de enfundarse sus vaqueros y una camiseta con un jersey negro por encima. La casa todavía estaba sumida en el silencio cuándo encendió la luz de la cocina. Puso el café, siguiendo la rutina de cada mañana, y cuándo estaba trasteando con el pan de molde y la tostadora, unos fuertes y musculosos brazos la rodearon. Se sobresaltó un poco, pero sonrió al sentir un dulce cosquilleo en su oreja cuándo Edward la saludó.

-Buenos días cariño mío- la joven giró la cabeza, y ojos de Edward la recibieron brillando cómo nunca antes los había visto.

-Hola- murmuró en voz baja y ligeramente sonrojada. El joven se dio cuenta de su sonrojo, y sonrió para sus adentros.

-¿No me das un beso de buenos días?- preguntó Edward, con un penoso puchero de lástima, que hizo que Bella sonriera. Con timidez se acercó a su boca, y el joven acortó la distancia uniendo sus labios a los de ella, dejando un suave beso que a Bella le supo a gloria.

-Buenos días- susurró ella, después de que sus bocas se separaran. Todavía agarrado a su cintura, observó cómo su pequeña preparada las tostadas.

-¿Interesado en aprender a cocinar?- inquirió ella, curiosa.

-No viene mal saber de todo- le respondió él, dejando un beso en su cabeza -sobretodo para cuándo tú no estés- Bella se giró, quedando cara a cara con Edward y mirándole sin entender.

-No estarás toda la vida metida en la cocina; ¿o acaso has olvidado tu sueño de estudiar?- le recordó él, haciendo alusión a una conversación que mantuvieron hace unos días. El rostro de Bella se ensombreció; había retomado la ilusión de, algún día, continuar sus estudios... pero eso significaría irse del rancho Killarney.

-¿Qué pasa pequeña?- interrogó Edward preocupado, al percatarse del semblante de la joven.

-Es que... para estudiar tendría que irme a Dallas, o a Houston, o a San Antonio, y ahora que... bueno, yo...- Edward adivinó por dónde iban los tiros, y no la dejó continuar.

-No voy a dejar que desaproveches una oportunidad así- le previno un poco serio -y eso no va a cambiar aunque tú y yo estemos juntos-.

-Per... pero tendría que irme, y...-.

-Bella- sus manos enmarcaron el rostro de la joven , haciendo que le mirara directamente a los ojos -¿qué punto no te quedó claro anoche?; quiero estar contigo, dónde tú estés; no pienso separarme de ti, y si tú quieres ir a la universidad yo lo acataré- Bella le miraba sorprendida -el trabajo contable podría hacerlo a distancia, hoy en día con internet estás conectado con todo el mundo- le explicó -y si tengo que venir aquí, podría ser una vez cada una o dos semanas, unos dos o tres días a lo sumo- Bella no parecía muy convencida, pero Edward siguió hablando -me ha costado demasiado admitir lo que siento, y no pienso dejarte ir de mi lado; no podría vivir sin mi pequeña estrellita- le susurró con cariño; la joven lo escuchaba emocionada, por fin sentía que pertenecía a algún lugar, y ese lugar estaba con la familia Cullen, y por supuesto, junto a Edward. Escondió la cara en su pecho y abrazándole por la cintura.

-Gracias- murmuró con voz ahogada.

-No me las tienes que dar; cuándo quieras empezar, todo se verá y se hablará; no te preocupes por eso- Bella sentía que estaba dentro de un sueño... nunca podría haberse hecho imaginado que Edward estuviera dispuesto a dejar su casa, su vida, y todo por que ella fuera feliz y cumpliera sus sueños.

-¿Qué pasa cariño?- preguntó preocupado, quitando con uno de sus dedos la solitaria lágrima que caía por la mejilla de la joven; ni ella misma se dio cuenta.

-Todavía no puedo creerlo- susurró incrédula -es tan irreal que estés conmigo, que me cuesta hacerme a la idea- el negó con la cabeza, besando sus labios de nuevo.

-Pues te tienes que hacer a la idea- le aconsejó con una sonrisa torcida y atrayendo de nuevo su boca; esta vez el beso duró mucho más que los anteriores, y Edward gimió extasiado cuándo sintió que las manitas de Bella rodeaban su cuello y pasaba sus dedos por su pelo, dándole dulces y placenteros tirones.

Estaban tan metidos en su mundo que no se dieron cuenta de que tres pares de ojos los miraban desde el marco de la cocina; Esme y Carlisle no daban crédito a lo que veían, mientras que Jasper observaba la escena sonriendo complacido; por fin su hermano volvería a ser el que era. Al ver que la feliz pareja no se separaba, Carlisle carraspeó ligeramente. Jasper no pudo evitar soltar la carcajada al ver el bote que pegó Bella entre los brazos de su hermano. Edward rodó los ojos, maldiciendo en voz baja... definitivamente, en esta casa no había intimidad alguna; sopesó seriamente, por unos segundos, el mudarse.

-Papá, Esme, buenos días- Bella hizo amago de esconderse detrás de Edward, pero este la retuvo firmemente a su lado, pasándole un brazo por la cintura.

-Buen... buenos días- tartamudeó Bella, por supuesto roja cómo una amapola y con la mirada fija en un punto del suelo, que de repente se había convertido en lo más interesante del mundo. Esme los miraba con una sonrisa inmensa, pero Carlisle estaba serio.

-¿Y bien?- el patriarca Cullen se cruzó de brazos, mirando a la pareja y esperando una explicación. Edward tomó aire, dispuesto a explicarle a su padre la nueva situación.

-Eh... verás papa... bueno...- parecía un niño a que le habían pillado en una travesura, sin poder encontrar las palabras oportunas.

-Ven a mi despacho un momento- Esme y Jasper miraron a Carlisle incrédulos, al igual que Edward y Bella... por el amor de dios, los dos eran adultos. Le dirigió a Bella una mirada tranquilizadora y ambos salieron de la cocina.

-No te preocupes Bella, no pasará nada- Esme se acercó a ella, abrazándola con cariño -lo sabía, sabía que tarde o temprano Edward se daría cuenta- Bella la miró arrugando el ceño.

-Conozco lo suficiente a Edward, y debajo de toda esa fachada se le veía lo que sentía por ti-.

-Todos lo sabíamos- le aclaró Jasper, que se había mantenido en silencio -conocemos de sobra a mi hermano, y créeme, se le notaba demasiado- Bella los escuchaba atónita... estaba claro que ella había malinterpretado muchos gestos y situaciones... dios... no tener currículo amoroso realmente pasaba factura.

-Y no te preocupes por Carlisle- la consoló Esme -puede que la noticia le haya impactado, pero te aseguro que es el primero que se alegrará por vosotros-.

-Hacía mucho tiempo que no veía a mi hermano sonreír cómo en las últimas semanas- Jasper le dirigió una sonrisa cómplice, que Bella correspondió tímidamente -¿de modo que oficialmente... te puedo llamar cuñada?- preguntó con un sonrisa pilla.

-Sup... supongo- musitó Bella, retorciendo sus manos nerviosa... ¿qué estaría pasando en el despacho de Carlisle?

0o0o0o0o0o0o0

-¿Quieres explicarme lo que he visto en la cocina?- interrogó Carlisle a su hijo nada más cerrar la puerta de su despacho. Edward pasó las manos por su pelo, nervioso; le había prometido a Bella guardar las formas delante de la familia durante un tiempo... y ahora el tema era vox pópuli.

-Papá, simplemente pasa que me he enamorado de ella- declaró con voz firme.

-Edward- empezó a decir su padre -no quiero que me malinterpretes; pero ella es muy joven y...-.

-Eso ya lo sé- murmuró Edward -¿crees que no he intentado evitarlo todos estos meses?- repuso sarcástico.

-Ella no es cómo Jessica, Edward- los ojos verdes del joven brillaron con enfado.

-Precisamente eso es una de las cosas que me ha enamorado de ella- le respondió, rodando los ojos cómo si fuera obvio -¿tal mal te parece que vuelva a ilusionarme?- le reprochó con pena.

-No hijo, no es eso- le aclaró inmediatamente Carlisle -sólo me ha sorprendido- le confesó pensativo -se ve que la quieres... y ella siente lo mismo- Edward por fin esbozó una pequeña sonrisa.

-Charlie me pidió que cuidara de Bella- le recordó de nuevo -y no quiero verla sufrir- le espetó serio. Al ver la cara asustada de su hijo pequeño, no pudo evitar sonreír divertido -era una broma, Edward- no pudo aguantar la carcajada al ver que el joven soltaba de golpe el aire contenido -estoy muy contento por los; sobre todo por ti- le explicó, palmeándole el hombro -sólo recuerda que es muy joven, y tomaos las cosas con calma- le volvió a decir.

-Ya lo sé, y tranquilo por eso- respondió Edward, visiblemente más relajado. Carlisle y él salieron de nuevo rumbo a la cocina; en su fuero interno, el patriarca Cullen respiró aliviado; por fin su hijo volvía a ser el que era.

Cuándo llegaron allí, el resto estaba esperándoles para desayunar. Bella interrogó a Edward con la mirada, pero el propio Carlisle se acercó a ella, dándole un pequeño abrazo.

-Ahora puedo llamarte hija con todas las de la ley- le dijo afectuoso -y si te hace algo malo, no dudes en pedirme ayuda- Bella sonrió divertida, mientras Edward se acercaba a ellos y la tomaba de la mano.

-Si este gruñón te hace rabiar, no dudes tampoco en pedir ayuda a tus estupendos cuñados- repitió Jasper las palabras de su padre, ganándose una mirada de advertencia por parte de Edward.

-No soy un gruñón- siseó fastidiado, ante la divertida mirada de todos. Bella se abrazó con timidez a él, sonriendo por el mosqueo de Edward.

-Bien familia, vamos a desayunar- anunció Carlisle, tomando asiento en el cabecero de la mesa. El resto imitó la acción, y una vez Bella y Esme sirvieron café a todos, Carlisle lanzó la pregunta del millón.

-¿Y JaKe?- interrogó a los chicos. Los hermanos y Bella se encogieron de hombros.

-Yo lo dejé en la fiesta- explicó Jasper, cogiendo un trozo de pan.

-Estará durmiendo, volvería tarde- musitó Bella, acomodada al lado de Edward -además, es sábado- les recordó.

Esme iba a decir algo, cuándo el mismo Jake apareció pro la puerta de la cocina, con el mismo traje de la fiesta y la chaqueta colgada al hombro. Venía silbando despreocupado y feliz. Edward, Bella y Jasper se miraron entre si, sonriendo con malicia.

-Buenos días familia, bonita mañana- les saludó mientras tomaba asiento. Carlisle miraba su hijo mayor con una ceja arqueada, ante la sonrisa mal disimulada de Esme. Al ver que todos le observaban, se dirigió a los comensales.

-¿Me he perdido algo?- preguntó confuso.

-¿Cómo has dejado a Nessie?- preguntó Jasper, arqueando ambas cejas. La mesa estalló en carcajadas al ver el rostro de Jake rojo como la grana, y todos oyeron el suspiro resignado de Carlisle.

-Peor que cuándo eran adolescentes- refunfuñaba entre dientes, pero contento de ver a todos los miembros de su familia feliz, después de mucho tiempo.

¿Y mi final Feliz?


___________________________________________________

Capitulo XI


Sentimientos: Encontrados 

Viernes… 

Todo estaba listo para ir a la Push. Mis padres y los padres de Alice habían aceptado acompañarnos para pasar un día de picnic y de paso conocer al nuevo integrante de mis amigos, según decía papa. 

Era increíble todo lo que una personita como Alice podía hacer en unos días. Desde el momento en que le informe que iríamos a la playa había tomado la noticia como si fuese un evento multitudinal. Llevaba consigo una lista de cada cosa que debíamos hacer para tener un perfecto día de campo. 

Mientras ella hablaba y hablaba sobre si llevar una carpa o no, Jake y yo nos mirábamos riendo sutilmente de las ocurrencias de mi hiperactiva amiga. 

La hora del almuerzo en la cafetería había sido de lo más chistosa, en un momento en que Alice se distrajo viendo una revista de Sports Illustrated para encontrar el traje de baño perfecto Jake jalo de mi bolso. 

-Tengo una idea – susurro en mi oído. Levante la mirada para que siguiera hablando. 

- Vámonos de aquí 

- ¿Y Alice? – le pregunte moviendo solo los labios. 

- De eso se trata mi idea – sonrió con malicia – escapémonos de ella. 

Lo pensé por un segundo, sabía que ella se molestaría pero también tenía curiosidad de lo que Jake quería hacer al pedirme eso. 

Asentí sutilmente para darle a entender que aceptaba su proposición. Corrió la silla y yo repetí el acto. Me asombraba que Alice no se hubiera dado cuenta de nada, estaba enfrente de nosotros y era como si estuviera en un mundo alterno de sandalias y sombrillas. 

Ya habíamos pasado cinco mesas y todavía veía hacia atrás, tenía la sensación de que Alice en cualquier momento gritaría nuestros nombres y correría a detenernos, pero no lo hizo. 

-Ven, vamos – Jake tomo mi mano para que lo siguiera. Nunca había hecho eso y la sensación que tuve fue placentera. Me sentía… bien. 

Llegamos a un viejo árbol que se encontraba frente al gimnasio. No pasaba mucha gente por ahí así que era un buen lugar para estar. 

-Me miras raro – hablo Jake luego de un rato de habernos sentado. 

- No es así 

- Si, si lo es – refuto 

Si lo había visto, pero solo por un segundo. Se miraba diferente, no sé, como si hubiera cambiado desde que lo conocí hasta este momento. 

-Vuelves a hacerlo – hablo casi riendo. 

- Que no – esta vez no lo había hecho, estaba segura. 

- ¿Quieres apostar? 

- ¿Contigo? jamás... 

Después de discutir (por mi parte, porque Jake se la pasaba riendo) que si lo veía raro o no, cambio de tema. Estaba claro que yo ganaría, él era terco, pero yo lo era más. 

Cuando regresamos a lo lejos junto al aula de clases una duendecilla nos miraba con los ojos entrecerrados y de brazos cruzados. 

-Adiós Bella – me dijo Jacob. 

- Ahora tu eres el que huye – le dije mientras lo detenía de la camisa. 

- Sí, soy un cobarde – vio a Alice de reojo – porque no quiero sentir la furia del huracán Ali. 

- Pues huye, gallina – lo solté y el empezó a cacarear mientras se alejaba. 

Su actuación arranco una sonrisa de mis labios mientras lo veía avanzar a su salón de clases pero al darme vuelta esta se borró por completo. Me había dicho el día que conocí a Alice que nunca la haría enojar y hoy lo había hecho. 

-Si tanto querían estar solos Jacob y tú, porque no se molestaron en decírmelo – escupió con molestia - no que me dejan SOLA – remarco la última palabra - ¿Es que crees que no los entendería? 

- ¿Entender qué? - que insinuaba, me gustaba pasar tempo con Jake a solas, no porque Alice no fuera buena compañía, solo que eran muy diferentes y todavía no entonaban juntos. 

Mientras me miraba fijo vi su rostro pasar de la molestia a su cara misteriosa. ¿Qué estaría pensando? 

-Jacob me cae muy bien Bella, pero por alguna razón nuestros temperamentos diferentes no nos dejan llevarnos mucho – me vio intentando saber si la comprendía, yo asentí – sé que es complicado para ti y más si yo robo más tu atención que él. 

-Alice, no 

- Si Bella, pero no te preocupes. Pronto todo estará bien, ya lo veras – sonrió y me empujo para que entráramos al salón. 

No le dije nada, la verdad no sabía que decirle. Me sentía culpable porque creyera que ella hacia eso. Me gustaba su compañía pero tal vez no se lo había dicho. 

Alice tarareaba una canción mientras regresábamos del Instituto. 

-Alice… 

- Mmm… - siguió tarareando. 

- Sabes, Te quiero mucho – le dije suavecito. 

- Aww… Bella – se lanzó a abrazarme por lo que tuve que orillarme – yo también te quiero mucho. 

- Solo quería que lo supieras – le dije viéndola a los ojos. 

- Gracias – dijo con sus ojitos húmedos. 

- No llores – le pedí 

- No te preocupes, estoy bien – me volvió a abrazar – solo que nadie que no fuera mi familia me lo había dicho. 

Alice – no pude decirle nada más y ahora fui yo quien la abrace y a la que se le humedecieron los ojos. 

Nos quedamos ahí unos minutos más hablando un poco de nosotras, pero Forks no ayudaba mucho y una capa espesa de nubes apareció sobre nosotras. 

Cuando llegue a mi casa encontré una nota de mi madre diciendo que había salido y que mi padre llegaría tarde. 

No había mucho que hacer y no había nadie en casa por lo que subí a mi habitación y deje mis cosas en la cama. Necesitaba refrescar mi cara luego de haber derramado un par de lágrimas. Abrí el grifo para humedecer mis manos pero al ver mi mano derecha recordé lo que había sentido cuando Jake tomo de ella. 

Me sentía bien con él, y aunque al principio no lo pasaba me di cuenta de que no debía juzgar a las personas por la primera impresión, en este caso más de tres. Un sentimiento raro recorrió mi espalda, jamás lo había tenido pero mi poca experiencia, por no decir nula me decían que tal vez, solo tal vez Jake era más que un amigo para mí. 

Quede viendo mi mano un poco más antes de lavar mi rostro. Tenía que entender bien las cosas, no quería confundirme y confundir a los demás. 

Me pase todo lo que restaba de la tarde dando vueltas en mi habitación. ¿Qué sentía por Jake? ¿Me gustaba? Sabía que lo quería, lo quería mucho a pesar del poco tiempo que tenía de conocerlo, pero ¿Ese sentimiento iba más allá? 

Con la duda sobre mí me quede dormida. 

Vi a Jacob acercarse lentamente hacia mí, su rostro estaba iluminado con un brillo especial en sus ojos. Se veía feliz lo que me hacía sentirme igual. Mientras iba acercándose sentí mis mejillas sonrosarse. Mi corazón empezó a latir rápidamente cuando tomo mis manos y se inclinó levemente hacia mí. 

Desperté antes de saber que pasaba. ¿Soñé que Jacob me besaba? Bueno, no que me besaba, pero casi. Vi por mi ventana y ya era de noche, mi habitación estaba oscura y solo la luz del reloj daba una casi nula iluminación. Doce de la noche decía este, no había esperado a que llegaran mis padres y ellos ya estarían dormidos. 

Necesitaba hablar con alguien, alguien que lo viera desde otro punto de vista. 

Alice. 

Era tarde, pero sabía que me contestaría. 

Tres timbrazos habían pasado… 

-Hola… - hablo medio dormida 

-Alice, soy Bella 

-Bella ¿Qué pasa? 

-Creo que me gusta Jacob – le dije lentamente. 

-Ya lo sabía – la oi dar pequeñas risitas. 

- ¿Cómo? – le pregunte incrédula 

- Bella, eres demasiado transparente – silencio – además ya sabía que pasaría. ¿Recuerdas? 

- Tu sabias que yo le gustaba a Jake, no al revés. 

- Sabía las dos cosas. La primera me lo confirmaste tú y la segunda lo estás haciendo ahora. 

- Yo… - no sabía que contestar. Nuevamente me dejaba sin palabras. 

- Tu solo déjalo ser- me hablo segundos después. – sé que esto es nuevo para ti, pero Jacob es un buen chico y te quiere. 

- Gracias por escucharme. 

- De nada Bells, definitivamente hablaremos mañana – se despidió antes de cortar. 

Todo esto era un mundo extraño para mí pero debía aceptarlo. Me gusta mi mejor amigo. Definitivamente estaba más que atraída por Jacob.

___________________________________________________

lunes, 30 de julio de 2012

¿Y mi final Feliz?



______________________________________________



Capitulo X
Tomando Decisiones


Edward POV 

-Contesta tu celular – le grite. 

Había sido molesto escuchar una voz de hombre tan cerca de Bella. Su respiración mezclada con la de ella. Estaba hablando por teléfono por Dios y en la casa de mis padres, no debería tener un poco más de respeto. 

Nunca me había preocupado por cosas como estas en el tiempo que he estado en Londres simplemente porque Bella me contaba todo y sabía que desde que comencé mis estudios en Inglaterra ella jamás había tenido algún tipo de acercamiento con ningún chico. Mi padre y yo éramos los únicos hombres en su vida y esperaba que fuera así por un buen tiempo. 

Bueno, la había escuchado hablar sobre Emmett, pero la forma en que lo hacía eran más como si hablara de un hermano que de un posible amor, además él era mayor y no permitiría que Bella saliera con alguien mayor que ella; conocía a los de mi edad y estoy más que seguro que la mayoría no son de fiar. 

Mientras intentaba bajar mi molestia me hice una pregunta. ¿Soy el hermano celoso? No… nunca lo he sido. Es mi hermanita y mi responsabilidad desde que la vi la primera vez cuando mi madre la cargaba fue la de protegerla, de todo y de todos los que quisieran hacerle daño. Es mi pequeño tesoro, no podía decir más. 

Quería llamarla, pero no como estaba en este momento. Nunca había estado en un predicamento así, el estar en otro país tan lejos de ella hacia mi frustración aún mayor. Y todo esto me complicaba las cosas. 

Tenía en mis manos los papeles de mi pasantía médica. Había decidido colaborar con el grupo de ayuda mundial con el que trabaja la universidad. 

Kenia, se encontraba remarcado en estos el nombre de donde me habían dado opción de ir, ya todo estaba casi listo. Solo me faltaba decirle a Bella y entregar los documentos a la oficina principal. No sabía porque pero algo me había retenido de hacerlo esa mañana. 

Me sentía como un animal enjaulado dentro de mi habitación, el reloj de mesa sonaba como tambores retumbando en mi oído. ¿Qué iba a hacer? 

Cinco minutos habían pasado desde que le grite a Bella, al segundo de haberlo hecho me había arrepentido; yo jamás le gritaba a mi hermana. 

-Edward, Pued… - quedó mi mejor amigo a mitad de palabra cuando me vio. No sé lo que vio en mí pero sus ojos se abrieron de par en par y sus pasos se hicieron lentos y titubeantes. 

- ¿Estas bien? 

- ¿Quieres saber la verdad? – lo mire a los ojos preguntándole lo mismo con la mirada. 

- Sabes que sí, eres mi amigo, y ya sea algo bueno o malo me gustaría saber que pasa. 

-Es mi hermana – logre hilar en susurro 

- ¿Ella… está bien, le pasa algo? 

- En este momento si, no pasa nada. Pero… 

- Pero te preocupa que algo pase y tú no estar ahí. 

- Si 

- Edward – sonrió – es fácil. 

- ¿Qué? 

- Se lo que tienes y como te digo es fácil – suspiro – te debates entre ir a Kenia o ir a Forks 

- Yo no he pensado ir a Forks – conteste seguro. 

- Directamente no, pero lo has hecho. Es más, inconscientemente lo sigues haciendo. - ¿lo estaba haciendo? 

- ¿Y porque es fácil? 

- Sencillo, solo tienes que decidir que es más importante para ti, si tu hermana o tu pasantía. 

- Pero sin mi pasantía no puedo obtener mi título – conteste contrariado por su resolución. 

- Exacto. ¿Pero y sin tu hermana? 

¿Qué había dicho? Imaginarme un segundo sin mi hermana, sin poder volver a verla jamás, ese pensamiento cortó el aire que pasaba por mis pulmones. Sabía que ya hacía más de un año que no la veía, pero ella estaba bien, lo acababa de comprobar. 

Me senté de golpe en mi cama sintiendo una opresión en mi pecho de tan solo imaginar que algo le pasara. 

-Ahí está tu respuesta – oi su voz junto a mí. 

- ¿Qué? – me sentía desorientado por la idea. 

- Puedes hacer tu pasantía donde tú quieras ¿No es así? 

- Si pero… 

- Y por lo que veo no has entregado los papeles – siguió hablando ignorando lo que quería decirle. 

- No, no lo he hecho. 

-Todo resuelto – se levantó de la cama y camino hacia la puerta. 

- Simplemente no te entiendo – grite frustrado, estaba hablando en código y en este momento no estaba para eso - ¿Qué está resuelto? 

- has tu pasantía en Forks – dijo cerrando la puerta. 

Quede helado viendo la puerta de mi dormitorio como si esta fuera eco de lo que acababa de escuchar. Era posible lo que él me decía, lo sabía. Pero aun así, sentí cierto temor por aquello. Tenía planes que había hecho desde hace varios meses y ahora me dividía entre mis planes mi hermana. 

-Eres estúpido – me dije a mi mismo luego de volver a darle vuelta a las cosas – ya tienes tu respuesta. 

Vi la hora, varios minutos habían pasado desde que le dije a Bella que la llamaría y no lo hacía. Tome mi celular y marque su número. 

-Edward – hablo ella, pero no pude decirle nada. Todavía seguía una guerra interior en si era mi decisión final o no. 

- Lo siento – dijo segundos después. Sonaba arrepentida, ¿Por qué lo hacía? ¿Había hecho algo malo? Mis dudas solo me daban más problemas para hablarle. 

Tome el celular como si este pudiera transformarse en un espejo mágico y enseñarme a Bella en ese momento. 

-Edward ¿Estás ahí? – oi su afligida voz llamarme. Solo eso basto para mí. Había jurado cuidarla y eso haría. 

- Te tengo una buena noticia – le hable suave como niño regañado cuando dice dónde estaba. 

- ¿Y cuál es? – sentí su voz insegura. No tenía por qué estarlo, no podía ser yo quien le sumara un punto más a sus inseguridades. 

- Regreso a casa 

- Siiiiii – grito feliz, haciendo que yo me sintiera igual. Segundos después salían un bombardeo de preguntas incomprensibles de su parte. 

- Bella… Bella, espera – la pare – una pregunta a la vez que no te entiendo. 

- oh… lo siento – oi su sonrisa tímida. 

Le explique que posiblemente me tardaría un poco en regresar pero que lo haría. Ella acepto feliz, la alegría que irradiaba con su voz a través del celular hizo crecer más mi ego. Mi hermana me extrañaba tanto como yo a ella y pronto estaría a su lado…


____________________________________________________