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martes, 30 de octubre de 2012

¿Y mi Final Feliz?




Capitulo XVII
Edward POV


Mi hermana no se encontraba y su amiga tampoco. ¿Abrían dejado algo en el auto? 

La verdad no recordaba haberlas visto bajar del vehículo pero no creo que siguieran en él, mucho menos el que hubieran estado junto a nosotros cuando los demás llegaron. Mire a mis padres buscando respuesta pero estaban demasiado interesados en la conversación que Tanya había comenzado hace un minuto. 

Decidí esperar un momento dándoles privacidad, si es que necesitaban estar un tiempo a solas. Tal vez estarían hablando de Jasper, no pude evitar sonreír con gracia al imaginarlas o el imaginarme la reacción de Jasper si lo supiera. 

Me sentí observado, no por el simple hecho de que apenas había dicho dos palabras en todo el rato y todos me veían esperando una repuesta, pero no contestaba más que un sí o un no. Alguien me veía y no de la manera normal. 

Incomodo por la sensación vi cada par de ojos buscando al culpable y lo encontré. La vista de Emmett viajaba de mí hacia atrás de donde yo me ubicaba; su mirada era intranquila. Curioso voltee buscando la razón de su estado y me encontré con Alice apoyada a un lado de la pared viendo hacia la puerta principal de la casa. Por un segundo creí ver preocupación en su rostro pero al darse cuenta que la observaba me dio una tierna sonrisa y se unió a la plática sentándose junto a Emmett. 

Los minutos pasaron y Bella no apareció. No podía ser normal su ausencia sabiendo lo mucho que me extrañaba. Siempre había hablado a cerca de no dejarme ni un minuto a solas cuando pudiéramos pasar tiempo juntos. 

Preocupado me levante del sillón en dirección a la entrada de la casa. 

-Edward – oi varias voces llamarme, entre ellas la de Alice – Dime… 

- En un momento viene – contesto sabiendo que era a ella quien le preguntaba, obviamente mirada en su dirección lo había dejado más que claro. 

- No importa – seguí caminando – Regreso en un momento – le hable a todos. 

Emmett estaba raro y Alice estaba rarísima, aunque apenas los conociera podía decir que se leía en sus caras. Seguí caminando intentando no pensar en que tal vez Bella tenía una sorpresa para mí y yo la arruinaría. Era mi hermana, no creo que fuera un pecado el querer pasar tiempo con ella. 

Abrí la puerta pero no encontré a nadie en la entrada. Un sonido proveniente de la cochera llamo mi atención cuando pensaba cerrarla y regresar a la sala con los demás. Distinguí la voz de Bella por lo que camine en dirección a esta. Entre los rosales de mi madre pude ver partes de su espalda, ella estaba ahí. 

-Be… lla – su nombre salió de mis labios entrecortado al ver que no estaba sola, sino junto a… un chico. Me preocupo ver la posición de su cuerpo, estaba un poco encorvada y sus brazos caían pesados a los lados. Sin pensarlo dos veces me acerque a ella ignorando a quien fuera que estuviera. 

- ¿Estas bien? – le pregunte una vez frente a ella, no me miraba a los ojos y agachaba un poco la cabeza. Definitivamente algo no estaba bien aquí, levante su rostro con ambas manos y la obligue a que me viera. Su mirada reflejaba dolor y tristeza, el brillo en ellos que la caracterizaba estaba casi completamente apagado y el enrojecimiento de estos me aseguraba que había llorado. 

Algo en mí se apodero mientras Bella asentía sin fuerzas, sentí mi cuerpo calentarse en un segundo, mi preciosa hermana lloraba por culpa de ese que se encontraba a mi espalda, ¿Qué derecho tenia para venir a Mi casa y hacer llorar a Mi hermanita? Ninguno. 

Mire a Bella unos segundos más intentando ver si se encontraba bien, a quien engañaba, como se iba a encontrar bien. Di media vuelta con una furia casi incontenible. 

-¿Quién eres tú? ¿Y quién te crees para venir a mi casa y hacer llorar a mi hermana? – cerré mis manos fuertemente intentando no explotar. Nadie, es decir, nadie tiene el derecho de hacer sufrir a Bella. 

-Hey… yo no estoy llorando – contesto ella con un deje de molestia por lo que yo había dicho, pero aunque lo negara ella sabía que si lo había hecho. 

Me moleste, oh si me moleste con ella por dejar que alguien la lastimara ¿Cómo era posible? Siempre ha sido una chica fuerte y decidida. 

-Tu… tu simplemente no digas nada – la mire intentando no reflejar mi enojo con ella, estaba defendiéndolo sin merecerlo. 

-Yo… -dio un paso – soy Jacob Black, el… - se detuvo, verlo ahí de frente a mí con un gesto estúpido en la cara hicieron que mi molestia hacia él se convirtiera en repulsión, yo era agua y él era aceite. 

- ¿El? – pregunte forzándolo a continuar, mi paciencia era nula cuando me enojaba y con este individuo, por no decirle de otra forma, no era la excepción. 

-Amigo de Bella – termino – solo venía a despedirme de ella. 

¿Su amigo? ¿Su amigo?, Bella me había hablado de sus amigos y si él fuera uno de ellos sabría de su existencia. Mi hermana jamás me había escondido nada, no creo que pensara comenzar precisamente ahora que volví. Quería golpearlo, como podía llamarse amigo de Bella si la lastimaba al punto de hacerla llorar. 

Nunca dejo de verme y tampoco yo lo hice, estaba en todo mi derecho al defender a mi hermana y tenía una gran desventaja. Se encontraba en mi territorio y la protegería con mi vida si fuera necesario. 

-Ya lo hiciste, ya te puedes ir – me contuve de gritarle por respeto a Bella, pero si ella no se encontrara aquí con gusto lo hubiera sacado a patadas. 

- Edward – me llamo con su vocecita suplicante - ¿Me podrías dar un minuto con él a solas? – pidió tomando de mi mano, segundos después la presiono repitiendo con ese gesto la pregunta ya formulada. 

La solté. Todavía no podía creer que prefiriera estar con él, sufriendo, que regresar conmigo a la casa. No cabía en mi cabeza que ella quisiera eso pero le di su espacio y me aleje, sintiéndome un poco menos importante en la vida de Bella 

La espere en la puerta principal pero me sentí un intruso al intentar ver desde lo lejos lo que pasaba. Todavía no podía creerlo, se suponía que este día sería el mejor inicio de un nuevo capítulo en mi vida y la de Bella. 

Tienes que aceptarlo, Bella ya es mayor y puede cuidarse sola hablo mi conciencia. 

Ella era mi tesoro el cual había prometido proteger todos los días de mi vida y ahora estaba aquí, recluido, luchando contra mi corazón quien me grita pidiendo defendiera a Bella y mi cerebro quien me decía que no me necesitaba como antes. 

Entre, no quería que Bella me encontrara espiándola, se desilusionaría de mí, yo ya lo estaba. Pero no pude seguir, mis pies tomaron raíces y me quede ahí esperando su aparición del otro lado de la puerta. Cada segundo lo sentí demasiado largo, con el pomo de la puerta en mano y viendo por el ojo de esta, espere. 

Finalmente oi y vi sus pasos cansados acercarse hasta que se detuvieron junto al auto de mi padre, tocaba su rostro limpiándolo. Había vuelto a llorar. 

Sentí mi corazón desprenderse por su sufrimiento, quería tirar la puerta y correr hacia ella para acunarla entre mis brazos pero no podía, seguía estancado. 

La seguí observando hasta que se acercó lo suficiente, abrí la puerta de un solo cuando la sentí intentar girar la perilla. Su mirada, marcada con un aire de sorpresa me delataron que yo era la última persona a la que quería ver en ese momento. Me dolió horriblemente el pecho, siempre había sido su consolador y ahora me aborrecía. 

Necesitaba decirle algo. Tal vez que yo estaba ahí para ella cuando me necesitara – No te necesita – me recordé. O podía decirle que si quería hablar con alguien podía confiar en mí – pero si ya no lo hace – grite en mi interior. Mientras una discusión se libraba en mi cabeza Bella me veía sin gesto alguno en su rostro. 

-Edward tus padres te esperan. Oh, Bella a ti también –oi la voz de Tanya a mi espalda, pero no me intereso lo que estuviera diciendo en ese momento. Mi prioridad era Bella y siempre lo seria. 

Tanto Bella como yo no le dirigimos palabra alguna pero mi hermana asintió en respuesta. 

Iba a detenerla en cuanto pasara junto a mí pero en cambio la falsa sonrisa que salió de sus labios me detuvo, la sentí vacía y obligada. Ella definitivamente no estaba bien y yo averiguaría la razón. No me importaba si se enojaba conmigo, al final haría todo para que volviéramos a ser los mismos de siempre.


sábado, 13 de octubre de 2012

La Bestia del Castillo


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16.- Viviendo sin Bella 

Edward pov 

Escuche el llanto de mi segundo hijo. Pero mi esposa no. 

- es otro varón, Edward tienes dos hijos - dijo Rose abrazando al último. 

Me levante de la cama dejando espacio para que la atendieran y me dedique a abrazar a mis hijos. 

-no hay más que podamos hacer por la señora… lo siento señor- dijo la mujer cuando termino lo que hacía. 

Asentí mirando a mi esposa, pálida, fría, perdida. 

-¿quieres dármelos?- pregunto Alice acercándose 

Negué apretándolos contra mí, bese sus cabezas y me senté junto al fuego con cada uno de mis hijos en un brazo. Sin saber cuánto tiempo pase así me sorprendió ver el sol. Entre mi llanto y el de ellos es difícil saber dónde termina uno y empieza el otro. Pasadas las horas decidí que no puedo darme el lujo de derrumbarme. Dos personitas en el mundo me necesitan. 

Después de que los pequeños empezaran a llorar casi al mismo tiempo y que me levantara de ahí de manera inmediata dejando a uno de ellos en la cama y abriera la puerta con el otro en brazo, me regresara por el que había dejado y bajara las escaleras con ambos llorando a todo pulmón, Rosalie se apareció. Tomo a uno mientras Alice tomaba al otro. Me dejaron en medio de las escaleras sintiéndome vacio. 

Regrese a la habitación y me acosté. Me gire hasta quedar de costado con la vista al frente. Llore y me perdí tras mucho dolor. 

La rutina se estableció pronto. 

Me quedo con mis hijos por la noche, siempre en la misma habitación, me aseguro que coman, en la mañana salgo a entrenar con mis hombres… pero el silencio que reina en el castillo desde esa noche es apremiante. Apenas roto por el llanto de mis hijos o por el sonido de las espadas chocando contra los escudos. 

- ¿Cómo estás? - pregunto Emmet dos semanas después. 

- vivo- respondí - y cansado, ese par duermen menos de lo que comen, apenas consigo que uno se quede, el otro se despierta, anoche pase la mitad durmiendo a uno y la otra mitad al otro y para cuando por fin logre que se quedarán, se levantaron a los veinte minutos para comer. Estoy cansado, desvelado, agotado, prefería pelear con cien guerreros sin escudo y apenas con daga que tener más hijos. Con estos me son suficientes - dije siendo honesto. 

-¿por qué no dejas que las muchachas se hagan cargo?- pregunto Jasper trayendo a uno de mis hijos. 

-no, sin su madre para abrazarlos… me corresponde a mí. No lo dejare al cuidado de otras personas. ¿Para qué? No tengo nada mejor que hacer o nadie más en quien poner mi atención, el castillo se maneja casi por sí mismo, entre tú y Emmet mantienen todo funcionando, no soy necesario aquí, pero ellos sí me necesitan - termine de decir mientras Rose traía a mi otro hijo y se lo daba a Emmet. 

- señor, los hombres, yo… y algunas mujeres del pueblo quisiéramos hace una reunión sencilla para celebrar el nacimiento de los niños y bueno… nos gustaría saber si tenemos su aprobación… por lo de la señora…- calló Garrett mientras una clara expresión de dolor atravesaba su rostro. 

- es muy pronto Garrett, por favor, deja que pasen unos días más y pregúntame de nuevo - pedí. 

- claro señor, gracias - dijo retirándose. 

Tome al mayor de mis hombrecitos y me lo puse en un hombro, tome al otro y lo puse en el otro, camine con ellos mientras les platicaba de su madre. Su respuesta fue dormirse sobre mi antes de siquiera dar una vuelta entera. 

Uno de ellos, el mayor, tiene los ojos verdes como yo, el cabello despeinado pero oscuro, piel blanca como su madre y cuando se enfada y explotaba en llanto se pone rojo. El otro, tiene los ojos verdes también pero cambian a café a veces, es el más tranquilo, apenas llora cuando esta mojado o hambriento. No hace corajes y su sonrisa es un replica de la sonrisa de su madre. Su cabello es oscuro pero a veces a la luz del sol se ven destellos rojizos. 

Tan parecidos que para identificarlos, Alice les pone un lazo en la mano. Rojo para el mayor, verde para el menor. Aun no los nombro, aun no sé cómo ponerles. 

Mi esposa y yo habíamos hablado de ponerle el nombre de alguno de nuestros padres y para decidir cual, habíamos acordado una carrera, Divina contra Sombra, había decidió que me dejaría ganar sin duda y terminaría aceptando lo que ella quisiera. No hubo carrera. 

Necesito ponerles nombre. Entre en la habitación y los puse en la cama. Cerque las orillas con almohadas y me acosté en el extremo de la misma, mirándolos dormir. Son hermosos. 

La noche fue tan ajetreada como las anteriores. Duermen todo el día y de noche me dan guerra. Bella se reiría de mi si me viera pasarlos como león enjaulado hasta que se duermen solo para repetir la acción media hora después. 

- ¿algún cambio? - pregunto Emmet cinco día después. 

- no, nada - respondí abatido. 

Es una situación insostenible, apenas me mantengo en pie por mis hijos. Solo por ellos. 

Por encontrar las sonrisas cuando me ven al despertar, o los berrinches del mayor… Alice dice que así me veo yo al enojarme… lo que últimamente no pasa, la tristeza es más grande. O por ver la cara de profunda concentración de mi hijo más pequeño, la cual dice Rosalie es idéntica a la mía cuando me quedo mirando a la nada. 

-oye despierta, regresa al presente… últimamente de pierdes muy feo primo, sé que la estas pasando mal, todos la extrañamos pero… necesitas… ¿qué te parece si esta noche dejas que Carmen los cuide un rato y cenamos en el salón? Jasper y yo queremos hablar contigo- dijo por fin después de un rato. 

-bien, por fin se decidieron a pedir a las chicas- dije con una mueca que esperaba fuera una sonrisa. 

-algo así… te enteras esta noche- dijo antes de dejarme una palmada amistosa y retirase a sus obligaciones. 

-Edward… es hora de la comida de los niños… ¿quieres que…?- 

- no, ahí voy - interrumpí a Rose. 

Subí a bañarme en la tina de mi habitación, me quede mirando la hacía la cama. Extraño ver a Bella sentada mirándome mientras lo hago, con el deseo pintado en sus ojos hasta que la vena de sensualidad se sale de control y termina desnudándose y metiéndose conmigo. Enloqueciéndome con su cuerpo, sus besos, sus caricias. 

O mejor aún, verla en la tina cuando ella se baña, solía esperarme hasta la noche para provocarme, me dejaba sentado en la cama, mientras se desnudaba sin prisas, mojándose despacio, frotando su cuerpo lentamente con la esponja, negando cada vez que hacía por levantarme. Acariciando su cuerpo mientras yo me manoseaba solo, apiadándose de mi cuando le suplicaba me dejara acercar. 

Entonces sus manos se apoderaban de mi verga matándome. Haciéndome perder la poca cordura que me quedaba de verla excitada y con ganas de mi. 

Llore de nuevo, ¿Cuánto más soportare esto? ¿Cuánto más podre sobrevivir a esta situación? 

Extraño tocarla, besarla, acariciar su piel suave y tibia, sentir sus labios dulces en los míos, candentes en mi piel, con sus manos aferrada a mi sexo. 

-Edward, ya empezaron a llorar… apúrate- escuche desde afuera. 

Me lave con rapidez y deje mi sufrimiento para otro momento. Mis hijos están primero y ya los tengo descuidados. Me vestí a velocidad impresionante y salí por ellos. Regrese a la habitación. Comió uno y luego el otro. Por suerte el más pequeño es paciente, nada que ver con su hermano. 

En unos días cumplirán su primer mes de vida. Un mes donde su madre no los abrazo, beso o miro siquiera, un mes donde saben de ella por mí. Un mes donde yo muero por ella y vivo por ellos. 

Por fin se durmieron, uno pegado al otro, bajo la misma manta. Es mi manera de asegurarme que serán unidos siempre. O al menos la única que se me ocurre. Entro Carmen después de tocar levemente y salí. Una conversación con mis amigos me espera. 

-lamento la demora, como siempre ese par dieron guerra- dije sentándome en la cabecera de la mesa. 

Por un momento mire al asiento vacío a mi lado. Desde esa noche he evitado sentarme ahí, para no recordar que la mujer que suele ocuparlo ya no lo hace. Sentí la humedad en mi ojos de nuevo pero me aferre a no dejar salir ni una sola lagrima, no es el momento ni el lugar. 

-no te preocupes, pero ya que estas aquí me parece oportuno cenar cuanto antes, no sea que Huracán y Tornado se despierten- dijo Emmet. 

-¿quiénes?- pregunte imaginando que no me gustará su respuesta. 

-tus hijos… el menor y el mayor- agrego Jasper riéndose. 

-te mato Emmet, si les dices así de nuevo te mato- agregue tratando de no reírme. 

La descripción es precisa y acertada. Eso son mis hijos y aun no tienen el mes, no quiero pensar cuando lleguen al año. 

- ya no te alebrestes tanto, sabes que los amo- dijo Emmet cuando pudo dejar de reírse. 

La cena paso entre varios temas, ninguno en particular. Por fin terminamos y por la cara de ambos supe que eso que traían en mente desde que me invitaron a cenar saldría a la superficie. Y qué bueno porque Huracán y Tornado pronto despertarían para comer, otra vez. 

- bueno Edward el motivo de esta reunión es porque… como sabes desde hace algún tiempo he estado cortejando a Alice y bueno… hum… yo… lo que quiero decir es que… me parece que es momento de… bueno digo…- 

- ¿terminaras antes que salga el sol?- pregunte sarcástico mirando a mi primo. 

- yo quiero casarme con Rosalie y espero me des tu aprobación considerando que está esperando un hijo mío - soltó Emmet mientras la mirada de Jasper se desviaba hacía su hermana. 

Las chicas habían llegado minutos antes. 

- ¡¡¡¿estás embarazada?!!!- rugió mientras se levantaba de golpe y con dirección a la rubia quien estaba más blanca que la manta de mis hijos. 

-Jasper no te pongas así, mira te juro que solo fue una vez y bueno mis intensiones con tu hermana son buenas, me quiero casar con ella y…- dijo Emmet interponiéndose entre Rose y Jasper. 

Para ese momento todos estábamos de pie. 

-¡¡¡¿y qué apellido el darás a mi hermana?!!!- ataco Jasper con la mano en la espada. 

-¡¡¡basta!!!- dije cuando Emmet se quedo pálido y bajo la mirada - el apellido será Cullen, porque si lo único que te impide aceptarlo como esposo de tu hermana es eso, yo me encargare que todo el mundo sepa que es tan Cullen como tú o yo- dije mirando a Jasper duramente. 

Jamás imagine que algo así pasara por su cabeza, después de todo los tres hemos sido más que amigos y primos, somos prácticamente hermanos. 

-¡¡¡no es eso…!!! ¡¡¡Es que pudo al menos respetarla, pedirla primero!!! ¡¡¡No asaltarla y embarazarla además!!! ¡¡¡Carajo Emmet, se supone que somos amigos!!! ¡¡¡Pudiste esperar a estar casado con ella!!!- grito Jasper dando vueltas como caballo salvaje encerrado. 

-tú no esperaste Jasper ¿o se te olvida que nosotros hemos estado juntos?- pregunto Alice en un susurro. 

Y esta vez fue Emmet quien salto. 

-¡¡¡¿sedujiste a mi prima casi hermana?!!!- ataco el enorme oso que tengo por amigo. 

-bueno yo… es que nosotros…- balbuceaba Jasper retrocediendo. 

-¡¡¡basta por favor esto no me ayuda!!!- pidió Rosalie llorando. 

Ambos hombres se detuvieron mirándola. Alice la abrazo y se fueron hacía las habitaciones de la torre donde ambas dormían, después que le hiciera un gesto a Alice para que lo hicieran. Si Rose está en estado lo mejor es no alterarla más. No necesito otro drama como el vivido con mi esposa. 

-si ya acabaron de hacerse los machos ¿nos podemos sentar y hablar esto como gente civilizada?- pregunte sarcástico en toda la palabra. 

-discúlpanos Edward, creo que esto no salió como esperábamos. El caso es que yo sí me quiero casar con Rosalie, como dice Jasper no tengo un apellido que ofrecerle más que el de mi madre pero…- guardo silencio. 

-no Emmet no me hagas caso, yo solo te ofendí por idiota, no hay nadie mejor para mi hermana que tu, eso lo sé y me encargare que mi padre sepa y los apoye, te pido me disculpes por ese asunto y por lo de Alice, de verdad la amo- 

-bien ya que todo está dicho, mañana mismo ordenare que seas incluido como un miembro más de mi familia Emmet, así mi tío no tendrá manera de negarte a su hija además si como dices Rose está esperando lo mejor es que se casen lo más pronto posible, para evitar habladurías. En cuanto a tu asunto Jasper, ¿esta Alice en la misma situación?- pregunte mirándolo. 

-no que yo sepa pero… no tiene mucho que paso- dijo sin mirar a nadie. 

-bien, para evitar cosas se casarán en la misma ceremonia, en quince días a partir de mañana- dije mientras me levantaba. 

Los deje platicando entre ellos, aun tiene mucho que decirse y es mejor dejarlos solos. Mañana hablare con las muchachas. 

Camine lento hacía mi habitación. Carmen dormía en la cama. La desperté despacio. Después de revisar que todo estuviera bien con los habitantes de ahí se marcho, mis desastres naturales seguían dormidos. Me acosté donde antes estuviera la mujer sabiendo que no tardarían nada en despertarse. 

-¿Edward?...- 

Abrí los ojos, seguro de haber escuchado su voz. La oscuridad es absoluta. 

Es un sueño, pensé. Con esa idea cerré los ojos de nuevo dispuesto a aprovechar cada minuto que mis pequeños durmieran. 

Hasta que sentí una mano en mi rostro.

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martes, 4 de septiembre de 2012

Cowboy de mi corazón


Capítulo 13: Encuentros desafortunados


El tiempo pareció detenerse por completo, formándose una burbuja alrededor de Edward y Bella; en esas dos semanas que llevaban juntos la joven tenía la sensación de estar viviendo un sueño... un sueño del que nunca querría despertar. Y a Edward parecía pasarle lo mismo; siempre tenía una sonrisa pintada en su boca, y sus ojos color esmeralda estaban más brillantes y vivos que nunca.

Todo el mundo en el rancho notó el cambio de carácter de Edward, y Sam y los peones más veteranos del rancho volvieron a ver a ese Edward alegre y tan bromista cómo sus hermanos.

-Te veo contento y feliz- le dijo Jake a su hermano pequeño; estaban en los pastos colindantes a las tierras de los Denali, montados en sus caballos y vigilando cómo varios de los peones conducían el ganado para marcarlo.

-Podría decirte lo mismo- le devolvió Edward por respuesta, sonriendo con malicia.

-Nessie y yo estamos a gusto el uno con el otro- sonrió imperceptiblemente, acordándose de la chica que ahora ocupaba su mente por completo -¿y tú?- volvió a preguntarle.

-Bella y yo estamos a gusto el uno con el otro- repitió las mismas palabras que su hermano, echándose a reír ante la mueca que puso Jake al escuchar la respuesta -ahora en serio- siguió hablando -ella es muy especial- sonrió pensando en su pequeña.

-Nunca te había visto así- expresó Jake un poco asombrado, sujetando las riendas de su caballo.

-La quiero cómo jamás he querido a nadie- musitó en voz muy baja, pero Jake lo escuchó perfectamente.

-¿Ni siquiera a Jessica?- preguntó con cautela. Edward sopesó su respuesta unos minutos, antes de contestar.

-Estaba muy enamorado de ella; te recuerdo que íbamos a casarnos- exclamó Edward -pero puede que estuviera ciego-.

-Lo estabas, créeme- rodó los ojos el hermano mayor, acordándose de la que estuvo a punto de ser su cuñada. Nunca contó con su simpatía, ni con la de Emmet y Jasper... pero era la novia de su hermano, y ante eso guardaron el debido respeto hacia ella durante los años que estuvieron juntos. Edward prefirió ignorar ese comentario de su hermano; eso pertenecía a su pasado... y ahora su presente y su futuro tenía un nombre, Bella.

Cada día que pasaba se enamoraba aún más de ella... era asombrosa, y ni ella misma parecía darse cuenta del efecto que ella ejercía sobre él. Adoraba llegar a la cocina y sorprenderla, abrazándola por la espalda y sintiendo entre sus brazos el gracioso bote que ella pegaba... sus sonrojos, tímidos e inocentes, le daban aún más belleza a la carita de su pequeña... sentir su cuerpo pegado al de él, cada curva de la joven castaña era una especie de tortura placentera para él; la deseaba, y mucho. Pero tenían que ir con calma, y él esperaría hasta que estuviera preparada para dar ese paso, aunque cada vez que besaba a Bella ésta se tirase a atacarle, metafóricamente hablando, y el debiera aplacarla con paciencia y cariño.

-Edward, ¿me estás escuchando?- preguntó por tercera vez Jake en menos de dos minutos -Eddieeeee- llamó con voz burlona.

-No me llames Eddie- refunfuñó éste, saliendo de su trance; su hermano había dicho la palabra mágica para que despertarse.

-Entonces baja de Bellalandia y contéstame- le devolvió su hermano mayor por respuesta -¿qué vais a hacer esta tarde?-.

-Bella quiere acercarse a centro comercial, para comprarle un regalo al hijo de Sam y Emily- le relató -quizá la invite a cenar, y después a tomar algo- Jake asintió con una sonrisa.

-Nessie y yo hemos quedado después de cenar, para tomar algo en el bar de Félix; podemos quedar allí- el bar de Félix era el local más concurrido por la juventud en Hunstville, sobre todo los viernes y sábados.

-Por mi no hay problema; después se lo diré a Bella- respondió.

-Estará encantada; ya era hora de que la sacaras del rancho-.

-Te recuerdo que el fin de semana pasado íbamos a salir, pero con el follón de la tormenta no pudimos- rememoró su hermano pequeño; la tormenta cayó con tanta fuerza que tuvieron que realojar a varias reses, ya que uno de los establos sufrió importantes desperfectos a consecuencia de la lluvia.

-Vale, tocado- suspiró cómicamente Jake; Edward rió divertido, hasta que sintió vibrar en el bolsillo de su pantalón su teléfono móvil. Habló unos segundos para después colgar y volverse hacia Jake.

-Hemos terminado hasta el lunes- informó -papá ya ha regresado, y nos esperan para comer-.

-Entonces vamos- Jake tomó las riendas, girando a su caballo y tomando el camino a casa, mientras que Edward advertía a los vaqueros que la jornada laboral del sábado llegaba a su fin.

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Bella y Esme terminaban de poner la mesa, cuándo escucharon cerrarse la puerta principal de la casa. Bella posó sus ojos en el marco de la puerta, esperando ver a Edward; apenas le había visto unos escasos minutos durante el desayuno, ya que debían terminar con el marcado de ganado sin más premura.

-Hola a todos- canturreó Jake, entrando en la cocina. Dio un beso en la mejilla a Esme y a Bella, y se encaminó hacia los fogones, olisqueando y destapando las ollas.

-Veamos que tenemos de menú...- canturreó cómo un niño pequeño, y llevando uno de sus dedos al interior para probar la salsa de las albóndigas. Iba a halagar el plato, pero una mano pequeña golpeó la suya, haciendo que le escociera.

-¡Ouch!- exclamó, apartando la mano del alcance de su atacante con un movimiento rápido.

-Eso por meter los dedos en mi comida- le regañó Bella, con una graciosa mueca y los brazos cruzados, mirándole fijamente. Carlisle y Esme, testigos mudos de la escena, sofocaron la carcajada que querían soltar.

-Sólo quería probar un poquito- se excusó inocentemente.

-Pues te esperas a que la sirva en la mesa- respondió la joven, rodando los ojos cómo si fuera obvio. Esme ya no podía parar de reír, y Carlisle miraba con gesto de fastidio y resignación a su hijo mayor. Justo en ese momento entraron Jasper y Edward, topándose de bruces con la escena.

-¿Nos hemos perdido algo?- preguntó Jasper al personal, después de saludar.

-Bella defiende su territorio- explicó su padre.

-¿Has vuelto a meter las narices en los fogones? interrogó Jasper, mirando a su hermano mayor -no escarmientas- suspiró divertido, tomando asiento.

-Sólo he probado un poquito- seguía refunfuñando el hermano mayor, imitando el gesto de su hermano y sentándose en su lugar habitual en la mesa -Eddie, menudo carácter se gasta tu chica-.

-Yo qué tú, no la enfadaría mucho; no vaya a ser que te deje a dieta- le devolvió por respuesta el pequeño de los Cullen, para después volverse y saludar a su pequeña -hola cariño- dejó un pequeño beso en sus labios, que Bella correspondió gustosa.

-Hola cowboy- susurró sobre éstos, una vez que se separaron -¿cómo ha ido la mañana?-.

-Bien; hemos terminado, y hasta el lunes no tenemos nada más- le informó con una pequeña sonrisa -soy todo tuyo por lo que resta del fin de semana- canturreó feliz, sin que nadie de la familia le escuchase. Bella sonrió feliz ante las palabras de su novio.

-Te tomaré la palabra- devolvió en respuesta, ligeramente sonrojada. Su novio asintió divertido, tomando asiento.

Bella y Esme se encargaron de servir la comida, que pasó sin novedades notables. Los hermanos respondieron a las preguntas de su padre acerca de cómo iba el marcado de los animales y otros temas en los que estaban inmersos. Al terminar el almuerzo, sirvieron el café, y después de recoger la cocina y de dejar algo de cena en el refrigerador para Carlisle y Esme, que eran los únicos que cenarían en la casa esa noche, Bella y Edward subieron a cambiarse de ropa para ir al centro comercial.

Edward esperó pacientemente a que su novia terminara de arreglarse, a la entrada de la casa y disfrutando de la tarde primaveral que hacía ese día. Los suaves y pequeños pasos de Bella le hicieron darse la vuelta, quedándose embobado mirando a su pequeña, vestida con unos vaqueros de color negro, una blusa en distintas tonalidades de violetas. Una cazadora de piel, también negra, y los botines del mismo color completaban su atuendo.

-Qué guapa- murmuró con una pequeña sonrisa; apenas llevaba maquillaje, y sus rizos castaños caían por sus hombros y su espalda; tomó un pequeño mechón entre sus dedos, disfrutando de su suavidad... era tan delicado y suave cómo había imaginado tantas veces. Bella desvió la vista de la cara de Edward; sonrojada por el espontáneo piropo y se dedicó a estudiar cómo iba él vestido. Los vaqueros oscuros le quedaban de maravilla, junto con esa camisa negra y la cazadora de piel en tonos marrones. Su pelo, todavía húmedo de la ducha, estaba tan desordenado cómo era habitual... cómo a ella le gustaba.

-Tú también estás muy bien- le devolvió con una sonrisa tímida y pequeña -se me hace raro no verte con las botas y las espuelas- dijo con una risa. Edward rió también, divertido por la ocurrencia y mirando los zapatos de vestir que llevaba.

-A pesar de lo que digan Esme y la señorita Brandon, tenemos más ropa- le recordó en bromas -y ahora vamos- le dijo tendiendo su mano hacia ella, que Bella no dudó entrelazar con la suya -tenemos más de media hora de coche hasta el centro comercial-.

Una vez acomodados en el espacioso volvo de Edward, el viaje transcurrió en medio de una divertida y relajada charla, comentando los sucesos de los últimos días.

-De modo que la señora Harris está resfriada- murmuró Edward.

-Eso parece; que no vendrá hasta que se recupere- contestó la joven. Edward asintió, sin apartar su vista de la carretera -de modo que yo ayudaré a Esme con la limpieza de la casa hasta que se recupere-.

-Vaya- susurró Edward, negando con la cabeza y sonriendo divertido -de modo que por fin vas a entrar en mi habitación- su vista se posó en Bella, que frunció el ceño, mirándole en desacuerdo.

-Te recuerdo que ya he entrado una vez- rememoró enojada -sólo para dejar la ropa planchada, y me echaste sin miramiento alguno- las dos últimas palabras las dijo en voz baja, recordando con cierta melancolía y tristeza los primeros días de la joven en el rancho Killarney, cuándo el que ahora era su novio ni la miraba directamente a la cara.

Él mismo se percató del silencio de su pequeña, y frenó el coche en un área de descanso que había en el camino. Bella le miró sin entender, y se quedó con la palabra en la boca cuándo Edward desabrochó su cinturón y después el de ella, para tomarla con cuidado y hacerla sentar en su regazo. Ambos quedaron con sus rostros prácticamente pegados, y el joven subió una de sus manos hacia la cara de la joven, acariciando su mejilla con la yema de sus dedos.

-Fui un completo imbécil- murmuró frustrado -no debí tratarte así-.

-Edward- siseó Bella entre dientes -eso está perdonado, olvidado y enterrado-.

-Ya lo sé... pero a veces no dejo de reprocharme la manera en que te traté- la mano que tenía libre buscó la de su novia, y cuándo la encontró, apretó cariñosamente sus dedos, gesto que ella devolvió.

-Eso me da igual- se encogió ésta de hombros -ahora estás conmigo... a veces me pareces tan irreal- escondió su cara, caliente y roja de los nervios, en el cuello de Edward; sintió que la piel de su novio se erizaba justo por esa zona.

Edward rodó los ojos mentalmente... era tan insegura; pero si era preciosa, dulce, inteligente... cualquier hombre con dos dedos de frente estaría loco por ella. Con un pequeño movimiento, la obligó a que lo mirase. Las manos de Bella se anclaron en la parte de atrás de su cuello.

-No sé por qué te ves de esa manera a ti misma- le reprochó con cariño -eres preciosa- sonrió al ver de nuevo cómo las mejillas de la joven tomaban de nuevo una tonalidad carmesí -tan inocente, tan tímida... -su novia le interrumpió.

-Tan niña...- suspiró con una mueca.

-Y a la vez tan mujer- murmuró su novio en su oreja, dejando un pequeño beso en el lóbulo de ésta; Bella cerró los ojos, y cómo si fuera un acto reflejo echó su cabeza para atrás, gesto que aprovechó Edward para llevar sus labios a su cuello y recorrerlo con besos. Los labios del joven cosquillearon al sentir la piel pálida de su novia bajo ellos, suave cómo la seda. La joven castaña siguió con los ojos cerrados, disfrutando de ese momento tan íntimo; la boca de Edward recorría su cuello con besos cortos y dulces, y sintió que su corazón se desbocaba cuándo una de sus fuertes manos se posó con firmeza en su pierna. Un placentero hormigueo la invadió a lo largo de todo su cuerpo, y no pudo reprimir un gemido. Con la respiración entrecortada buscó la boca de Edward, enredando los dedos en su pelo y acercándola a ella. Sus labios chocaron casi de forma brusca, librando sus lenguas una batalla sin fin.

El ambiente se caldeó de tal manera en el reducido espacio del volvo, que Edward tuvo que cortar el beso. Dios... el deseo de demostrarle a Bella todo lo que sentía por ella cada día crecía más y más; pero le había prometido a Bella, y a si mismo, que esperaría a que ella estuviera preparada... y además, no quería que ésto pasara en el interior de un incómodo coche.

Algo en el interior se contrajo en el cuerpo de Bella al sentir que su novio deshacía el beso de forma cariñosa; no quería pensar en la palabra rechazo... pero ella quería estar con él, y cada día que pasaba lo deseaba más. Desvió la vista hacia su regazo, pero los finos dedos de su novio alzaron delicadamente su mentón.

-No quiero que tu primera vez sea en el asiento trasero de un coche- le explicó con cariño -cuándo tenga que ser, quiero que sea especial para ambos... y sobre todo pata ti- la joven esbozó una sonrisa tímida, y aunque tuviera ganas de dar ese pequeño paso en su relación, sabía que debía esperar a que surgiera el momento. Asintió con un pequeño gesto de cabeza, lo que provocó que Edward sonriera, y dejara un pequeño beso en su nariz, y después en sus labios.

-Todavía nos queda un buen rato de camino hasta el centro comercial- su novia volvió a asentir, esta vez con un suspiro, para después volver a su asiento.

-Ponte el cinturón- le recordó, mirándola mientras encendía el coche.

-Sí, papá- refunfuñó entre dientes; su novio soltó una sonora carcajada, poniendo el coche en marcha y retomando el camino hacia el centro comercial.

La tarde pasó tranquila, y permanentemente agarrada de la mano de su novio, la pareja recorrió las tiendas infantiles, buscando el regalo perfecto para el hijo de Sam y Emily.

-¿Crees que le gustará?- le preguntó ilusionada a Edward, sosteniendo entre sus manos un gracioso juguete. Éste se encogió de hombros.

-No está mal; de todas formas, te recuerdo que Jessie cumple dos años, así que dudo mucho que vaya a apreciarlo-.

-Gracias por la opinión- le devolvió por respuesta, negando con la cabeza y acercándose para pagar, pero antes de que tuviera tiempo de revolver en interior de su bolso y coger su monedero, una mano se adelantó, sosteniendo entre sus dedos una reluciente tarjeta de crédito.

-Edward, no es necesario- exclamó Bella, pero su novio no le dio tiempo a réplica alguna.

-Así el regalo es de parte de los dos- le propuso -además, nunca me dejas comprarte nada- le recordó. Era tan terca en ese tema... pero ahora era su novia, y en esta cuestión no iba a permitir réplica alguna -de modo que al menos, déjame pagar ésto- Bella no pudo evitar ahogar la carcajada, al ver el cómico puchero que puso el joven.

-Está bien- cedió al fin -pero sólo por el pequeño Jessie- añadió. Edward se volvió hacia la dependienta, que mientras hacía su trabajo, estaba atenta a la divertida discusión de la pareja. Una vez le entregó la tarjeta de vuelta y el muñeco cuidadosamente envuelto, por fin salieron de la tienda.

-Y bien, ¿quieres mirar algo más?- le ofreció el joven, pasando su mano por la cintura y acercándola a él. Bella negó con la cabeza, desechando el ofrecimiento.

-Pero podríamos ir a comer algo, tengo hambre- exclamó ella; Edward consultó su reloj, asintiendo.

-Son casi las ocho- afirmó -podríamos cenar algo por aquí, y después regresar a Hunstville y tomar algo con Jake y Nessie; ellos van a estar en el bar de Félix- le explicó.

-Me parece bien- asintió la joven, con una sonrisa. Su novio la regaló un sonoro beso en los labios, encantado por la aceptación de su pequeña.

-Entonces no se hable más; ¿qué prefieres, comida japonesa, china, italiana... una hamburguesa y costillas?- enumeró.

-Creo que me quedo con la comida italiana- eligió después de unos segundos de meditación -pero invito yo-.

-Eso ya lo veremos- le picó de nuevo su novio, tirando de ella hacia la zona de los restaurantes y riendo para sus adentros, al ver la graciosa mueca de desacuerdo que puso su pequeña.

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Dos horas más tarde, y después de haber disfrutado de una estupenda cena, Edward aparcaba el coche en la calle del bar de Félix. La calle estaba a rebosar de automóviles, y al salir del volvo y encaminarse a la puerta, vieron el inmenso todo terreno de Jake aparcado a unos metros del coche de Edward. Al traspasar la puerta, buscaron con la mirada a Jake y Nessie, que desde la barra les hicieron una seña con la mano.

-Ahí están- le señaló Edward a su pequeña, y pasando una mano por su espalda, la condujo hasta dónde estaban. Bella se percató de las miradas extrañadas y ceños fruncidos a su paso, sobre todo de algunas féminas. Ver al pequeño de los Cullen en compañía femenina era toda una novedad, después de tanto tiempo.

-Hola chicos- saludó Nessie animada.

-Hola- devolvieron Edward y Bella al llegar a su posición; Jake se bajó del taburete y se lo ofreció a la joven, ya que el local estaba bastante concurrido y no quedaban asientos libres.

-Gracias grandullón- agradeció con una sonrisa; las chicas quedaron a la lado de la barra, con ambos jóvenes de pie a su lado. Después de que Jake pidiera unas cervezas para todos, empezaron una divertida conversación.

-¿Qué tal la tarde de compras?- interrogó Jake.

-Le hemos comprado el regalo a Jessie, y después hemos cenado- le explicó Bella.

-¿En Domenico´s?- interrogó Nessie -Jake y yo estuvimos allí hace un par de semanas, se come de maravilla-.

-Eso es cierto- corroboró Edward.

-Pero nada se compara a la comida de Bella- dijo el hermano mayor, sonriendo con inocencia.

-No me hagas la pelota- contraatacó ésta, ante las risas de Edward y Nessie.

-Reconozco que en eso te doy la razón- contestó Edward, dejando un beso en la mejilla de su novia, y ante el ceño fruncido de ésta. La charla continuó animadamente; hasta que una joven bajita y morena se acercó a ellos.

-Buenas noches a todos- canturreó Alice.

-Hola- saludaron las chicas -¿con quién has venido?- interrogó Bella.

-Con unas compañeras de trabajo- señaló a dos jóvenes que estaban en otro extremo de la barra, hablando con dos jóvenes -pero creo que ahora mismo están ocupadas- Edward rió negando con la cabeza, al igual que Jake.

-Puedes quedarte con nosotros- le ofreció Nessie.

-También estáis en pareja- señaló Alice, rodando los ojos.

-Vamos, quédate- le imploró Bella -esta semana no te he visto por el rancho-.

-Cierto- apoyó Edward; era extraño, ya que desde que habían empezado el famoso estudio, Alice era fiel a su cita en el rancho Killarney.

-Tuve que pedir unos días por asuntos personales- explicó escuetamente -un asunto familiar sin importancia-.

-¿Todo va bien?- interrogó Nessie, preocupada por el cambio de semblante de su amiga. Edward, Bella y Jake también la miraban.

-Todo va bien- esbozó una sonrisa tranquilizadora.

-Entonces brindemos por eso- exclamó Jake, alzando su botellín de cerveza, gesto que imitó el animado grupo entre risas, hasta que una voz demasiado conocida por todos les hizo darse la vuelta.

-¿Celebraciones familiares sin mi?- todos se giraron al oír la voz de Jasper.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó Edward -pensaba que estabas con tus amigos-.

-Hemos ido a tomar algo, pero se han ido a casa- se encogió despreocupadamente de hombros -y al pasar con el coche por aquí, he visto los vuestros; de modo que he decidido parar y tomarme algo con mis hermanos y cuñadas- su vista se posó en la señorita Brandon, y sonrió con un deje de socarronería.

-Vaya... cuánto tiempo, Alice- la saludó con una graciosa reverencia -hace tiempo que no vas por el rancho; te empezaba a echar de menos-.

-Lamento no poder decir lo mismo- le devolvió ésta por respuesta, con una sonrisa maliciosa -¿cómo va el estudio?- preguntó girándose hacia Edward y Jake.

-Las vacas están muy tranquilas- informó Jake, ante la sonrisa divertida de Bella y Nessie.

-¿Cuándo tendremos los primeros resultados?- preguntó Edward a Alice.

-Espero la respuesta del laboratorio para finales de esta semana- le explicó ésta. Jasper iba a preguntar otra cuestión, cuándo una voz burlona le interrumpió.

-De modo que el rancho Killarney está también metido en ese estúpido estudio- los hermanos y las jóvenes se giraron en la dirección de esa voz, y Bella abrió los ojos con sorpresa y horror. Ante ellos estaban los hermanos Denali, mirando a los hermanos Cullen de forma desafiante.

-No es un estúpido estudio- masculló Alice entre dientes, mirando a James y Garret con los ojos entrecerrados; los hermanos sonrieron divertidos, ante la osadía y valentía de la pequeña morena.

-Todavía recuerdo cuándo fuiste a nuestro rancho para intentar convencernos -murmuró James, con una risa burlona -Peter tenía razón, intentas convencer a la gente a toda costa- Alice se puso pálida al oír el nombre que tanto dolor le había provocado en los últimos años.

-¿Estás bien?- Bella la tomó de los hombros, apartándola un poco de ellos y poniéndola entre ella y Nessie, que se habían levantado de sus asientos.

-¿No sabías que Peter y yo fuimos a la misma universidad?- siguió relatando James -se alegrará saber que estás aquí- los ojos de Alice le miraron con un deje de miedo.

-¿Quién es Peter, Alice?- interrogó Jake a la joven morena, preocupado por estado. Ésta abrió la boca para responder, pero lo único que salió de ella fue un sollozo. Al ver a la joven en ese estado, Jasper y Edward se giraron hacia los tediosos hermanos.

-Más os vale que os larguéis y nos dejéis en paz- siseó Edward, con la vena de la sien hinchándose de la furia contenida.

-Relájate Cullen, ahora no estamos en tu territorio- se burló Garret, avanzando un paso y encarándole,

-No estáis en posición de pedir nada- masculló el hermano pequeño -y dile a tu padre que nos debe tres mil ochocientos dólares del arreglo de la cerca-.

-Podéis esperar sentados, no vamos a pagaros- se adelantó James, acercándose a Edward y desafiándole con la mirada.

-Eso lo dirá un juez- intervino Jasper, posicionándose al lado de su hermano -y ahora, más os vale que os perdáis-.

-Os dejamos con vuestras amiguitas; le daré recuerdos a Peter de tu parte, Alice- los ojos de la joven estaban perdidos en algún punto del local, pero de ellos escaparon dos gruesas lágrimas.

-Déjala en paz- siseó Jasper, tomando de las solapas al hermano Denali. Garret iba a salir en defensa de su hermano, pero Edward y Jake le cortaron el paso.

-¿Qué está pasando aquí?- Félix, el dueño del local se acercaba al pequeño grupo, con cara de enfado.

-Nada Félix, ellos ya se iban; ¿verdad Garret?- la sugerencia que salió de los labios de Jake fue hecha en un tono nada amable. James se zafó del agarre de Jasper, y levantando las manos en un gesto de paz, se dieron la vuelta y salieron del local. Félix volvió a su posición detrás de la barra, y Bella y Nessie respiraron aliviadas cuándo sus novios y Jasper se acercaron a su lado de nuevo.

-¿Estás bien?- preguntó con preocupación; Edward le dedicó una pequeña sonrisa a su novia.

-Tranquila, no ha pasado nada- la tranquilizó, dejando un pequeño beso en el tope de su cabeza -¿cómo está Alice?-.

-Está con Nessie en el servició; está muy nerviosa- les explicó a los tres.

-¿Quién es Peter?- preguntó Jasper en voz alta.

-Es mi ex marido- todos se dieron la vuelta al escuchar la voz de la joven morena. Una mueca de sorpresa se instaló en sus rostros... sobre todo en el de Jasper; ninguno quiso preguntar nada más, pero en los ojos de Alice se reflejaban el temor y el miedo a ese nombre.

-¿Quieres qué te llevemos a casa?- le ofreció Jake, Alice asintió lentamente con la cabeza, y se despidieron del resto.

-Pobre Alice- murmuró Bella con pena en su rostro -en verdad se veía asustada-.

-Estaba aterrorizada- la corrigió Jasper; su mente hacía quinielas sobre qué podría haberle hecho el tal Peter. Unos minutos después, debido a lo acontecido esa noche, decidieron dar por concluida la velada, y regresaron al rancho, todavía preocupados por Alice.

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-¿Crees que estará bien?- preguntó Nessie a Jake, una vez dejaron a Alice en su apartamento y bajaron al suyo.

-Necesita estar sola y descansar, Ness; no creo que quiera hablar de eso esta noche- suspiró éste. La joven pelirroja asintió, y se giró para abrir la puerta, pero las manos del joven se posaron en sus caderas, girándola y aprisionándola entre su cuerpo y la puerta. Ella automáticamente llevó los labios hacia la boca de éste, dándole un beso que Jake no dudó en responder con todas sus ganas. Sintió que las manos de la joven desabrochaban los botones de su camisa.

-¿Te quedarás?- murmuró ésta sobre sus labios; Jake sonrió con malicia, bajando su boca y lamiendo y mordiendo el cuello de la joven con cuidado.

-¿Quieres que me quedé?- el aliento de éste le hizo cosquillas, y cuándo por fin terminó con la larga hilera de botones, sus manos fueron directas a los músculos de su estómago y abdomen; cuándo acarició con las yemas de sus dedos la uve que se formaba en su bajo vientre, Jake soltó un sonoro jadeo, levantando la cabeza y mirándola directamente a los ojos. Sin esperar una respuesta afirmativa por parte de la joven, la alzó con sus fuertes brazos, haciendo que ella le rodease la cadera con las piernas y una vez que ella le pasó las llaves y consiguió abrir la puerta, caminó directamente hacia su cuarto, y sin dejar de besarla, ambos cayeron sobre la cama, perdiéndose del resto del mundo y amándose durante el resto de la noche.

A la mañana siguiente Bella desayunó con Esme y Carlisle, ya que Edward y Jasper todavía estaban durmiendo. Los hermanos madrugaban incluso los sábados, de modo que el domingo aprovechaban para recuperar el sueño atrasado.

Una vez terminaron, Carlisle, que nunca descansaba, se despidió de ellas, alegando que en su despacho le esperaba una montaña de papeles. Esme también se fue a sus labores, de modo que Bella decidió ir a despertar a Edward y darle una sorpresa.

Entró con cuidado en la habitación, decorada en tonos claros; una enorme cama con el cabecero de metal la presidía, pero se dio cuenta de que estaba vacía, y todavía con las sábanas revueltas. Oyó unos ruidos en el baño, y supuso que se estaría duchando. Con sigilo se dio la vuelta, para salir de ahí, pero la voz de Edward hizo que se quedara con la mano suspendida en el aire, para ir a agarrar el pomo de la puerta.

-¿Buscabas a alguien?- la suave y sensual voz de su novio hizo que se le erizara hasta el último pelo de su cuerpo... pero eso quedó en nada cuándo se volvió para encararle.

La imagen de Edward, todavía apoyado en el marco de la puerta del cuarto del baño, con una toalla liada a sus caderas y el cuerpo y el cabello mojado, le hizo ponerse más roja que una amapola.

-¿Has venido a darme los buenos días?- le preguntó con su sonrisa torcida mientras se acercaba a ella; Bella no acertó a responder nada. Su vista estaba fija en el torso desnudo de su novio, en los marcados músculos y en la toalla que estaba suspendida en sus caderas, dejando entrever el comienzo de una marcada uve... Sólo salió de su trance cuándo Edward la rodeó con sus brazos y la acercó a su cuerpo.

-Bu... buenos días- tartamudeó nerviosa. Edward negó con la cabeza, sonriendo imperceptiblemente, y bajó su cabeza para buscar los labios de la joven.

La cabeza de Bella dio vueltas cuándo los labios de ambos hicieron contacto; su corazón latía desbocado ante la sensación de la piel mojada de Edward cubriendo la suya, y en un acto involuntario, sus manos se posaron delicadamente en su pecho, y tomando vida propia, bajaron lentamente a lo largó de éste. Sus dedos exploraban de forma tímida cada recoveco de ese torso, incluso se atrevió a bajar un poco más, y llegó a la marcada uve que asomaba por la toalla. Sintió la dureza de esos desarrollados músculos a través de su tacto, y la respuesta de Edward no fue otra que pegarla más a su cuerpo, pasando una mano por su espalda; un gemido salió de la pequeña boca de la joven al notar una prominente dureza en su vientre. Subió las manos por el cuerpo de su novio, colgándose de su cuello y cómo si una fuerza desconocida se hubiera apoderado de ella, abrió los labios para él, permitiendo que la lengua de Edward se enredara con la suya.

Las manos del joven acariciaban la espalda y cintura de su pequeña con ansias; el menudo cuerpo de la joven, tan pegado al suyo, le estaba volviendo loco. Por un momento sopesó cogerla en brazos y tumbarla en la cama, y mostrarle todo lo que sentía por ella con su cuerpo... pero la realidad le golpeó al darse cuenta de que no estaban solos en casa. Cómo siempre tenía que hacer en estas situaciones, poco a poco fue deshaciendo el beso, y una vez liberó a Bella de sus labios, la retuvo firmemente contra él.

-Me gusta esta manera de darme los buenos días- expresó con una sonrisa pícara -pero no estamos solos en casa- la cara de Bella ardió de vergüenza, dándose cuenta del pequeño detalle que había pasado por alto. Escondió su carita en el pecho de Edward, pero siguió abrazada a él. El joven rió encantado ante la adorable timidez de su pequeña, y dejando un pequeño beso en su cabeza, volvió a hablarle.

-¿Te apetece dar un paseo a caballo?- Bella levantó la vista, asintiendo con una sonrisa y deshaciendo su agarre, para que el joven se pudiera vestir.

-Te espero abajo- susurró mientras salía y cerraba la puerta. El joven tomó aire de forma sonora, intentando relajarse; cada vez le costaba más poder controlarse... esa pequeña le había hechizado de tal manera que sabía que tarde o temprano no iba a poder controlarse. Con un largo suspiro pasó las manos por su pelo, hasta que se tranquilizó y se cambió de ropa, dispuesto a pasar lo que esperaba que fuera un agradable e inocente paseo con su novia.

viernes, 31 de agosto de 2012

La Bestia del Castillo





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13.- ¡Despierta!

Edward pov

La vi caer por las escaleras antes de entender el cuadro completo. Pero no cayo Sola. Bree lo hizo también.

-¡¡¡Jasper trae a Carmen y a la partera Ahora!!!- grite mientras me lanzaba hacía adelante.

Ahí frente a mí, yacía mi esposa sangrando de nuevo. Junto a ella Bree boca abajo con la daga enterrada en su costado, viva aún.

-¿qué paso? Dios… ¡¡¡Bella!!!- pregunto Rose subiendo al descansillo entre mi habitación y la habitación de mi esposa.

-no la levantes, podrías lastimarla más, esperaremos a la partera- dijo Emmet mientras me detenía.

-ojala este muerta… fue más dura que Kate en todo caso… pero igual cayó… al final…-

-¡¡¡muérete de una vez perra maldita!!!- rugió Emmet enterrando su espada en la espalda de la maldita mujer.

Todos nos quedamos un momento ahí en silencio, en mi caso porque por fin entendí como el veneno llego al jugo que Kate tomaba por las mañanas. El único que no le provocaba vómitos, lo único que podía tomar desde que se embarazara. El jugo que yo le preparaba. Bree era quien lo llevaba a su recamara. Y la única que sabía que estaba embarazada.

¿Cómo no lo vi antes?

Y ahora mi segunda esposa se hallaba al borde de la muerte también, con mi hijo. Maldición.

-señor ¿Qué…? ¡¡¡Cielo santo!!!- exclamo la partera con Carmen mientras subían a todo correr.

Ambas mujeres se arrodillaron para revisarla. Pero es obvio hasta para mí que no hay más que hacer por nuestro hijo. Esta vez sí lo hemos perdido.

-aun puedo salvarlos, pero necesito que la muevan a alguna habitación-

-la mía, está aquí- dije tomándola en brazos, Rose abrió la puerta.

Apenas la deje en la cama me sacaron como la primera vez. Y no fue rápido. Estuvieron ahí hasta que el sol salió de nuevo.

-están muy mal, en la caída no murió la criatura pero aun puede perderle, ella quedo seriamente lastimada…. considero que al menos tiene dos costillas rotas y muchos golpes internos… debido a la caída aun puede morir... Si sobrevive quizá no pueda moverse hasta que el niño nazca. Sabré más en unos días cuando la inflamación baje. Carmen tiene todo lo necesario para que su recuperación sea la mejor pero la señora tendrá que poner de su parte si quiere vivir. Estaré en las habitaciones de atrás por si me necesita. No me iré a casa hasta que su esposa despierte- dijo la partera mientras mi mundo colapsaba.

Sin saber que más decir entre a la recamara. Alice y Rosalie lloraban mientras levantaban todo el desastre que eran sabanas en girones y mojadas de sangre.

Al menos aun están vivos.

-¿pueden dejarme solo con ella?- pregunte mientras me acercaba a la cama.

Ahí, pálida, casi blanca, perdida en un mundo de sueños y fantasías esta mi esposa, su cabello rojo esparcido por la almohada, su frente húmeda. Me acosté a su lado con ganas de no despertar. No ver otro amanecer si ella no lo hace.

Perder otra esposa es algo por lo que no puedo pasar. Ya no.

Y las horas interminables pasaron por mí.

-Edward, Carlisle esta abajo, quiere verte-

-gracias Emmet, ¿te quedas?- pregunte

-seguro, ve y no te preocupes, esta vez no me moveré de aquí - asentí dirigiéndome escaleras abajo.

-¿Qué pasa tío?- pregunte en cuanto entre al salón

-ya sabemos quién contrato a los sicarios y no te va a agradar-

-¿me lo dirás o esperas que adivine?-

-James Masen, tu cocinero-

James. Por supuesto. Ese maldito traidor. Debí tomar sus amenazas más en serio cuando salió vociferando del castillo después de echarlo por la manera como trato a mi esposa y la manera como hablo de ella. Los Swan estarían vivos de haber dejado que Emmet lo matará cuando tuvo la oportunidad.

-¡¡¡lo mataré por esto!!!-

-en cuanto lo atrapemos, está escondido en algún lugar pero lo encontraremos, ya verás. ¿Cómo sigue tu esposa? Jasper me puso al corriente de lo que paso. Esme esta… no entendemos como… de verdad lo siento. Nunca fue nuestra intensión poner en peligro a tu familia-

-Lo sé. No los culpo, no podían saber que esa perra loca haría algo así. Ella fue quién puso el veneno que enfermo a Kate, prácticamente lo confeso antes de que Emmet…- callé porque Esme entraba en ese momento.

-¿asesino a Kate?- pregunto mientras lloraba de nuevo.

-lo siento Esme, sé que era tu favorita- dije sin sentirlo de verdad por la mujer aquella, pero si por el dolor que vi en mi tía.

-¿Cómo esta Bella?- pregunto después de unos minutos de llorar abrazada de Carlisle.

-no ha despertado, Carmen dice que es normal y que tal vez tarde un poco más, apenas han pasado tres días desde el asunto. Pero al menos ya dejo de sangrar y parece que no perderá a la criatura después de todo. Si es todo lo que tenías que decirme tío por favor organízate con Emmet y Jasper, ellos pueden encargarse de todo hasta que lo encuentres. Yo regreso con mi esposa- dije antes de salir.

Subí, entre y me quede ahí de pie. Mirándola. Es una tortura verla en ese estado. Y una maldición no poder hacer nada más que mirarla. Sé que mi deber es ir en busca de ese maldito pero… no puedo dejarla, no puedo pensar en otra cosa que no sea ella.

Decidí acostarme a su lado. Sentirla cerca calma en algo el dolor que se instalo en mi pecho en el segundo que la vi caer.

-Ed.. Edward…- 



Bella pov

Apenas algo de voz logre escuchar salir de mí. Pero fue suficiente para que abriera los ojos. Giro el rostro mirándome como si fuera un milagro. Quizá lo es.

-amor… estas despierta… estas despierta- dijo antes de tomar mi rostro entre sus manos y besarme.

Esta llorando. Llorando de verdad y no de manera queda o con una lagrima solitaria. No. Llora con ganas y su rostro húmedo tan cerca del mío me hace saber cuan preocupado estuvo por mí. Sus ojos verdes casi rojos por las lágrimas me miran tratando de absorberme.

-¿nuestro hijo…?- pregunte apenas.

No quiero escuchar la respuesta pero me muero de no hacerlo y moverme es prácticamente imposible.

-vivo y dentro de ti, aún. No sé explicarte cómo pero no lo perdiste amor, no lo perdimos-

-Bree asesino a tu esposa, a Kate… para quitarla de en medio…- dije antes de cerrar los ojos.

-¿Bella? ¡¡¡Bella…!!!- sentí sus manos apretarme apenas un poco más de lo normal.

-lo siento… estoy muy cansada… ¿me dejas dormir?- pedí sin saber cómo puedo seguir hablando si estoy dormida.

Abrí los ojos. La oscuridad es absoluta. El fuego está apagado. Trate de moverme de nuevo pero fue tan imposible como antes. Mire tanto como pude girar mi rostro pero no distinguí gran cosa.

-¿amor que pasa? ¿Necesitas algo?- escuche junto a mí.

Edward.

-no, hum… sí. Tengo sed. ¿Qué hora es? ¿y qué día o noche es?-

-es casi de madrugada… hace dos días que estas durmiendo desde que despertaste por última vez. Pero Carmen dice que eso es bueno. Que necesitas dormir. Te traeré agua-

-puedes encender el fuego, hay mucha oscuridad- pedí.

Una hora después y porque ya no pude dormir miraba las llamas. Ed se había quedado dormido unos minutos atrás después de contarme todo lo que había pasado cuando caí y la suerte que tuvimos de no perder a nuestro hijo.

También me conto que Emmet atravesó a Bree cuando sus comentario Venenosos lo sacaron de sus casillas. Y que Alice había tardado un par de horas en despertar pero que aparte del dolor de cabeza estaba bien.

Vi desde la cómoda e inevitable posición en que me encontraba acostada en cama como el sol alumbro.

Mis pensamientos giran en cuanto extraño a mi padre y hermano. Nada será lo mismo sin ellos, soy más que afortunada de conservar a mi hijo y que no podría haber pedido un mejor esposo que Edward. Con todo y sus errores.

-buenos días amor- dije apenas abrió los ojos.

-buenos días cariño ¿Cómo te sientes?-

-Igual que hace tres horas cuando preguntaste antes de dormirte, de sentirme mal te habría dicho. Tengo hambre. ¿Crees que Carmen tenga algo para mí?- pregunte mientras me rugía el estomago.

-por supuesto que sí, le avisare que estas despierta, quizá quiera revisarte-

-no te vayas… no me dejes sola… no quiero estar sola- pedí.

-no me iré, Un guardia está afuera le pediré que avise a Carmen- sonrió y abrió la puerta solo un poco.

Mire la recamara.

No es la mía.

Esta es enorme, mucho más grande que la otra. La cama se alza en el centro por lo que pude ver. Los mismos enormes ventanales que en la mía pero sin balcón. El espacio para la tina y la ropa es igual, no hay tocador pero hay un mueble austero, sin espejo. La chimenea es más grande. Es bonita.

Y la cama cómoda, aunque estar sin moverme es algo que aun no entiendo y que me molesta mucho.

-Señora…. que gusto que haya despertado. ¿Quiere comer ahora o la reviso primero?- pregunto Carmen acompañada de otra mujer que reconocí.

-ella es Rhona, la partera. Ella revisara que todo esté bien con el bebe- dijo Edward entrado en ese momento.

Asentí mientras la mujer me revisaba. Es incomodo y algo vergonzoso pero… inevitable. Después de tocarme un poco y apretujar menos aun mi vientre, el cual yo juro está más grande, resolvió que todo va bien y que con mucha suerte no se complica nada en el parto.

-bueno señor, yo creo que con un poco más de reposo total en breve podrá moverse - dijo Carmen dirigiéndose a Edward - la inmovilidad se debe a que al caer se golpeo muy fuerte señora y con esto del bebe pues aun no se encuentra en condiciones, pero no se preocupe podrá moverse, poquito al principio pero regularmente lograra reponerse totalmente. Aunque me temo no podrá dejar la cama hasta que la criatura nazca. Bueno para nada que no sea bañarse y quizá sentarse un poco más para comer. No debe caminar por ahora- asentí, sonrió y se marcho diciendo que regresaría con la comida

-¿me quedaré aquí Edward?- pregunte mientras comía con la espalda apoyada en el muro de almohadas que me habían puesto contra el cabezal de la cama.

-¿en donde más sí no aquí conmigo?- pregunto mientras comía a mi lado en una silla.

-me gusta tu recamara, es como tú-

-¿tosca, bruta y peluda?- respondió preguntando.

-no… muy masculina- respondí cuando puede dejar de reír.

-Dios, extrañe verte reír. Si te gusta podemos quedarnos aquí- dijo sonriendo apenas.

-¿Qué pasa? ¿No quieres que me quede aquí?- pregunte cuando cambio su expresión.

-es que si te quedas aquí… no podremos ver el amanecer desde la cama, en esta habitación no se ve igual que en la de arriba-

-bueno… podemos regresar a aquella pero… ¿Dónde dormirá el bebe?- pregunte.

-buen punto… bien… encontrare la manera de que se vea el amanecer desde aquí, digo para algo soy el señor del castillo- dijo seguro de sí mismo mientras yo me reía de nuevo con muchas ganas ante su expresión de yo-todo-poderoso.

Ese día fue el primero de muchos.

La rutina es igual pero él la hace parecer diferente.

Las muchachas acamparon en nuestra recamara actual haciéndome vestidos con las medidas de los primeros, dicen que apenas el niño o niña salga de mi necesitare un guardarropa nuevo, así que la recamara de Edward fue convertido en poco en un centro de costura. Telas, encajes, cintas, botones, mas tela, hilos, agujas, tijeras, de todo se hallaba en una mesa que mi esposo mandara a poner para que trabajaran.

Yo acostada media sentada en la cama me encargue de dirigir todo, mientras tejía ropa para el bebe. Nacería en medio del verano pero aun así tener ropa abrigadora sería importante.

Y los meses pasaron así.

Mi bebe crece, mi guardarropa también. Mi relación con Edward no puede ser mejor aunque lo intentemos. Todo va bien.

-buenas noches amor- dije antes de dormir, como siempre abrazada a él.

-buenas noches amor- me beso antes de acomodarse.

Un dolor punzante me despertó en la oscuridad de la noche. Tras ese llegó otro y otro.

-Edward… es hora, despierta. Edward…-

Pero mi esposo no está.


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