miércoles, 24 de octubre de 2012

La Bestia del Castillo




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Capitulo 17.- Reacciones no esperadas. 


Edward pov 

Apenas sentí el roce me levante como empujado de la cama, en cuestión de minutos encendí la chimenea. Con el miedo casi paralizándome mire hacia la cama. 

Mi esposa esta despierta, sentada y mirándome con sus enormes ojos. 

Caí de rodillas, eso es… un milagro. La partera dijo que quizá no despertaría. 

-¿Edward que…?- se movió para levantarse y no lo consiguió. 

Apenas puso su peso sobre sus pies se desplomo, un segundo antes me lance de lleno, logrando amortiguar su caída. 

-no te levantes, aun no, Dios… pensé que no despertarías nunca, la mujer dijo que tal vez no lo hicieras en mucho tiempo o que no lo harías nunca- dije abrazándola aun en el suelo. 

Me miro confundida 

-no te entiendo… ¿de qué hablas? ¿Cuándo llegaste? ¿Y nuestro hijo…? ¿Lo perdí… nació muerto… donde…?- un llanto rompió el silencio de la noche. 

-ahí esta nuestro hijo…- me interrumpió el llanto del otro- y ahí nuestro otro hijo- dije mirándola tratando apenas de no unirme al llanto colectivo de mis hijos. 

Me levante con trabajo ya que no la solté. La puse en la cama mientras encendía las velas para que ella los viera. 

-¿Dos? ¿Tuvimos dos?- pregunto tomando al más pequeño de edad. 

-no amor, tu tuviste dos, yo solo mire como los traías al mundo, esa fue la razón de que perdieras la consciencia, según Rhona todo lo que pasaste antes y el esfuerzo de traer dos te dejo mas muerta que viva, hace casi un mes que nacieron Bella, no habías despertado en todo este tiempo, por suerte pudiste alimentarlos sin necesidad de buscar una nodriza- dije. 

-¿alimentarlos como?- pregunto mientras seguían llorando los pequeños. 

-ah déjame mostrarte como, me temo que mientras dormías me tome ciertas libertades, a ver préstame a Huracán- dije tomando a mi hijo y dejándolo junto a su hermano. 

Tome a mi esposa y la deje sentada contra el cabezal de la cama, le deje al mismo niño que tomara antes entre sus brazos y con toda la pena porque esta vez esta consciente, descubrí uno de sus senos, el cual empezaba a gotear leche. El pequeño se pego de inmediato. 

-¿has hecho esto antes?- pregunto mientras sostenía al bebe y me miraba desconcertada. 

-desde que nacieron, lo siento amor, necesitaban comer y bueno tú tenías el alimento así que Carmen pensó que si los sosteníamos mientras comían estarían bien, esto lo hice cada que necesitaron alimentarse, además de lo que Alice y Rose les dan, no sé qué tipo de alimentos batidos les preparan porque a mí solo me entregan los platos y los niños- dije mientras abrazaba a Tornado. 

Cuando el otro seno empezó a gotear, pegue al otro bebe. Ante la mirada incrédula de mi esposa. 

-De verdad lo siento amor, es que si no come pronto hace berrinches, es tan enojón como yo- dije mientras ella lo sostenía con el brazo de ese lado. 

Me aleje mientras veía a mi esposa por primera vez alimentar por si sola a mis hijos y mirarlos con detenimiento. Hasta que una lagrima salió, seguía de otra y para cuando llegue a su lado lloraba con ganas. 

-¿cariño que pasa?- pregunte. 

-es que… no los distingo, no veo ninguna diferencia… no los conozco y además… me duelen lo senos… mucho- se quejo entre sollozo y sollozo. 

-mi vida, es normal, es la primera vez que los ves, yo tampoco los reconocía al principio, pero mira Tornado trae un lazo rojo y Huracán uno verde- dije descubriendo los bracitos de mis hijos. 

-¿Cómo los llamaste?- pregunto borrando todo sentimiento que no fuera coraje de su voz. 

-hum… Tornado y Huracán, es que aun no les he puesto nombre porque nunca escogimos uno y Emmet en broma los llamo así… son bastante terribles… duermen todo el día y dan guerra toda la noche, ya verás… en unos días te darás de topes como lo hago yo- dije sonriendo de nuevo. 

-no los llames así de nuevo o yo te daré de topes pero con un leño, el más grande que encuentre- dijo mientras los apretaba un poco mas contra su cuerpo. 

-de acuerdo… pero necesita un nombre- dije tratando de no reírme. 

Mi esposa esta sacando su instinto materno. Y el genio. 

-bien, el Rojo será Marco y el Verde Charlie- dijo sin más. 

Estúpido, ¿cómo no se me ocurrió antes? 

-me parece my bien, gracias cariño. Déjame ayudarte con Charlie- dije tomando a mi hijo en brazos mientras ella se quedaba con el otro. 

A diferencia de siempre que me costaba un mundo dormirlos, Marco se durmió enseguida, en sus brazos. Camine con Charlie un poco más, para cuando mire hacía la cama ambos dormían. Mi esposa aferrada a mi hijo, mi hijo con sus manos sobre el pecho de su madre. 

Me acosté junto a ella después de dejar a Huracán y quitarle a Tornado, me gusta llamarlos así y lo hare mientras ella no lo sepa. Me acomode donde siempre. Me dormí no sin poner mi mano sobre la de mi esposa. 

Por fin esta despierta, por fin está de vuelta en mi vida. Por fin estoy vivo de nuevo. 



Bella pov 

El llanto de una criatura me despertó, apenas abrí los ojos encontré a Edward dando vueltas con uno de ellos en los brazos. Antes de poder abrir la boca el otro se soltó a llorar. Se giro y lo tomo antes que yo me sentara del todo. Camino con lo dos de un lado a otro balbuceando y susurrando. 

-si quieres te ayudo con uno- dije al ver que seguía dando vueltas -quizá tienen hambre- sugerí 

-no, apenas tiene dos horas de haber comido, tienen aire, no te preocupes, duérmete, yo me encargo- dijo sonriendo. 

Me sentí rechazada, estúpidamente dejada de lado. 

Es normal que él se encargue, después de todo los ha cuidado desde que nacieron pero yo soy su madre, se supone que yo debo saber que les pasa. 

Las cosas siguieron así por días, donde lo único que hice fue alimentarlos ya que él se encargo de lo demás. Cuando no es él es Rose o Alice o Carmen, todos menos yo. Los bañan, los cambian, los duermen, los sacan a pasear. Saben cuando tiene dolor, o hambre o sed o sueño, o calor o cualquier otra cosa. 

Yo aun necesito ver el maldito color del lazo para saber cual es cual, pero ellos desde lejos y a veces solo por el llanto saben de qué niño se trata. 

-me llevare a los niños para bañarlos señora, no se preocupe y descanse- dijo Carmen tomando a Huracán… digo Charlie en brazos mientras Alice abrazaba a Marco. 

-no, trae lo necesario, los bañare aquí- dije mientras me levantaba lentamente. 

No me dejan estar de pie mucho rato, según porque durante el tiempo que dormí apenas me mantuvieron con líquidos para que tuviera leche y no estoy bien alimentada. 

-pero señora, no debe pararse aun, solo lleva despierta quince días, la boda es en dos y estoy segura que deseara estar repuesta para ese día, no se preocupe por ellos, estarán bien- dijo Carmen de nuevo. 

-sí, claro que lo estarán, tienen a todo mundo al pendiente de ellos, no es como si me necesitaran- dije con coraje. 

Me miro borrando la sonrisa pero no dijo nada más, salió de la habitación mientras yo me sumía en el llanto. 

No parecen necesitarme para nada más que no sea alimentarlos con mi leche porque del resto Alice y Rose parecen encargarse de todo. Claro que Rose solo les da de comer, cambiarles los pañales es impensable porque le da nauseas. 

Llego la noche de nuevo, los llevaron para comer ya que ahora que estoy despierta, Edward ordeno poner las cunas junto a nuestra cama, del lado donde él duerme. Les di de comer a uno primero y al otro después. Mi esposo los durmió y dejo en sus cunas correspondientes. 

-Bella me comento Carmen en la tarde que te noto molesta porque se encargan de los niños, ¿quieres decirme que pasa?- pregunto abrazándome. 

Como cada noche. 

-no pasa nada, buenas noches- dije soltándome. 

No quiero que me abrace, no quiero ni siquiera estar ahí, no soy necesaria. No me siento necesaria. 

-Bella por favor, es obvio que algo te molesta, dime que es- pidió abrazándome de nuevo. 

-no me necesitan… soy su madre y no me necesitan, cuando no estás tú esta Rose o Alice o Carmen, todos parecer saber que les pasa menos yo porque no me dejan… solo los traen para comer y se lo llevan de nuevo, si solo necesitan una vaca de crianza estoy segura que puedes encontrar quien lo haga, yo me quiero ir- dije levantándome un poco más rápido que de costumbre. 

-¿Qué te quieres ir? ¿A dónde? ¿Estás loca…? ¿Quieres abandonar a tus hijos?- se levanto siguiéndome. 

-¡¡¡no son mis hijos, son tuyos y de media comunidad pero no míos, no me han dejado ser su madre, no los ha dejado ser mis hijos y sí me quiero ir!!!- grite empujándolo tan fuerte como pude. 

Con mi grito ambos niños se despertaron llorando. 

-no digas estupideces, claro que son tus hijos…- respondió tomando a uno y luego al otro en brazos- es solo que estas aun delicada Bella, pasaste casi un mes más muerta que viva, solo queremos que descanses para que estas bien, no te los estamos quitándo- dijo de nuevo. 

Con un tono tan tranquilo que los niños se calmaron de inmediato. Los mire mientras Edward se sentaba en el sillón junto al fuego. No me necesitan, eso es seguro. 

-no lo son, si no me llevas a Forks me iré sola- dije saliendo de la habitación. 

Camine tan rápido como pude hasta las almenas. Donde el viento se lleve mi dolor, mi coraje, la furia que me hace sentir ser usada como vaca y nada más. Porque así me siento, no me preguntan que darles de comer o como vestirlos, o cuando sacarlos, solo llegan y se los llevan, me los regresan para darle leche, acto seguido se los llevan de vuelta. Edward los duerme y yo me quedo mirando. 

Me senté en una de las rocas bajas de la almena, es tan grande que pude abrazar mis rodillas y aun así tener espacio de sobra. 

-Bella… por favor, regresa a la habitación… hablemos de esto- pidió a mi lado. 

-¿Qué quieres hablar?- pregunte sin mirarlo. 

-cariño nunca ha sido nuestra intensión dejarte de lado por favor… no te sientas así. Debes entender que…- 

-¿debo? ¿Ahora soy yo quien debe? Edward, cuando te casaste conmigo solo te interesaba tener hijos, ya los tienes… me quiero ir- dije una vez más. 

-¡¡¡No, eres mi esposa y su madre, tu lugar es junto a ellos!!!- grito haciendo que su voz resonara por todo el patio. 

-¡¡¡entonces déjalos a mi lado!!! No me toman en cuenta para nada, no les baño, no les visto, no les saco a ningún lado, ni siquiera me dejas dormirles, no les doy más que leche y estoy segura que si alguien más pudiera hacerlo ya estaría ahí. No soy importante para nada más que proveer leche, Dios me ampare el día que no lo necesiten más porque seguramente se olvidaran que existo- dije entrando de nuevo. 

Subí con él casi pegado a mis pies diciendo algo sobre lo loca que estoy y que estoy sacando las cosas de proporción, cuando llegue al descansillo entre nuestra habitación y la que solía usar de recién casada me detuve dos segundos. Me seguí de frente y apenas entre cerré tras de mí. Como pude y antes de que él forzara la cerradura atravesé un sillón. 

Escuche como golpeo la puerta y las maldiciones que soltó. La bestia ha regresado. Y más furiosa que nunca. Me deje caer sobre la cama, llore hasta que salió el sol. 

Los niños se han perdido dos sesiones conmigo, mis senos duros y adoloridos están más que llenos. Pero no quiero enfrentarme al mundo. Por mundo me refiero a mi esposo. 

Antes de tomar la decisión de bajar para alimentarlos mi puerta voló en pedazos. Un Edward por demás furioso apareció en medio de los escombros. 

-o te regresas ahora mismo a la habitación o nos los ves de nuevo…-

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sábado, 13 de octubre de 2012

La Bestia del Castillo


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16.- Viviendo sin Bella 

Edward pov 

Escuche el llanto de mi segundo hijo. Pero mi esposa no. 

- es otro varón, Edward tienes dos hijos - dijo Rose abrazando al último. 

Me levante de la cama dejando espacio para que la atendieran y me dedique a abrazar a mis hijos. 

-no hay más que podamos hacer por la señora… lo siento señor- dijo la mujer cuando termino lo que hacía. 

Asentí mirando a mi esposa, pálida, fría, perdida. 

-¿quieres dármelos?- pregunto Alice acercándose 

Negué apretándolos contra mí, bese sus cabezas y me senté junto al fuego con cada uno de mis hijos en un brazo. Sin saber cuánto tiempo pase así me sorprendió ver el sol. Entre mi llanto y el de ellos es difícil saber dónde termina uno y empieza el otro. Pasadas las horas decidí que no puedo darme el lujo de derrumbarme. Dos personitas en el mundo me necesitan. 

Después de que los pequeños empezaran a llorar casi al mismo tiempo y que me levantara de ahí de manera inmediata dejando a uno de ellos en la cama y abriera la puerta con el otro en brazo, me regresara por el que había dejado y bajara las escaleras con ambos llorando a todo pulmón, Rosalie se apareció. Tomo a uno mientras Alice tomaba al otro. Me dejaron en medio de las escaleras sintiéndome vacio. 

Regrese a la habitación y me acosté. Me gire hasta quedar de costado con la vista al frente. Llore y me perdí tras mucho dolor. 

La rutina se estableció pronto. 

Me quedo con mis hijos por la noche, siempre en la misma habitación, me aseguro que coman, en la mañana salgo a entrenar con mis hombres… pero el silencio que reina en el castillo desde esa noche es apremiante. Apenas roto por el llanto de mis hijos o por el sonido de las espadas chocando contra los escudos. 

- ¿Cómo estás? - pregunto Emmet dos semanas después. 

- vivo- respondí - y cansado, ese par duermen menos de lo que comen, apenas consigo que uno se quede, el otro se despierta, anoche pase la mitad durmiendo a uno y la otra mitad al otro y para cuando por fin logre que se quedarán, se levantaron a los veinte minutos para comer. Estoy cansado, desvelado, agotado, prefería pelear con cien guerreros sin escudo y apenas con daga que tener más hijos. Con estos me son suficientes - dije siendo honesto. 

-¿por qué no dejas que las muchachas se hagan cargo?- pregunto Jasper trayendo a uno de mis hijos. 

-no, sin su madre para abrazarlos… me corresponde a mí. No lo dejare al cuidado de otras personas. ¿Para qué? No tengo nada mejor que hacer o nadie más en quien poner mi atención, el castillo se maneja casi por sí mismo, entre tú y Emmet mantienen todo funcionando, no soy necesario aquí, pero ellos sí me necesitan - termine de decir mientras Rose traía a mi otro hijo y se lo daba a Emmet. 

- señor, los hombres, yo… y algunas mujeres del pueblo quisiéramos hace una reunión sencilla para celebrar el nacimiento de los niños y bueno… nos gustaría saber si tenemos su aprobación… por lo de la señora…- calló Garrett mientras una clara expresión de dolor atravesaba su rostro. 

- es muy pronto Garrett, por favor, deja que pasen unos días más y pregúntame de nuevo - pedí. 

- claro señor, gracias - dijo retirándose. 

Tome al mayor de mis hombrecitos y me lo puse en un hombro, tome al otro y lo puse en el otro, camine con ellos mientras les platicaba de su madre. Su respuesta fue dormirse sobre mi antes de siquiera dar una vuelta entera. 

Uno de ellos, el mayor, tiene los ojos verdes como yo, el cabello despeinado pero oscuro, piel blanca como su madre y cuando se enfada y explotaba en llanto se pone rojo. El otro, tiene los ojos verdes también pero cambian a café a veces, es el más tranquilo, apenas llora cuando esta mojado o hambriento. No hace corajes y su sonrisa es un replica de la sonrisa de su madre. Su cabello es oscuro pero a veces a la luz del sol se ven destellos rojizos. 

Tan parecidos que para identificarlos, Alice les pone un lazo en la mano. Rojo para el mayor, verde para el menor. Aun no los nombro, aun no sé cómo ponerles. 

Mi esposa y yo habíamos hablado de ponerle el nombre de alguno de nuestros padres y para decidir cual, habíamos acordado una carrera, Divina contra Sombra, había decidió que me dejaría ganar sin duda y terminaría aceptando lo que ella quisiera. No hubo carrera. 

Necesito ponerles nombre. Entre en la habitación y los puse en la cama. Cerque las orillas con almohadas y me acosté en el extremo de la misma, mirándolos dormir. Son hermosos. 

La noche fue tan ajetreada como las anteriores. Duermen todo el día y de noche me dan guerra. Bella se reiría de mi si me viera pasarlos como león enjaulado hasta que se duermen solo para repetir la acción media hora después. 

- ¿algún cambio? - pregunto Emmet cinco día después. 

- no, nada - respondí abatido. 

Es una situación insostenible, apenas me mantengo en pie por mis hijos. Solo por ellos. 

Por encontrar las sonrisas cuando me ven al despertar, o los berrinches del mayor… Alice dice que así me veo yo al enojarme… lo que últimamente no pasa, la tristeza es más grande. O por ver la cara de profunda concentración de mi hijo más pequeño, la cual dice Rosalie es idéntica a la mía cuando me quedo mirando a la nada. 

-oye despierta, regresa al presente… últimamente de pierdes muy feo primo, sé que la estas pasando mal, todos la extrañamos pero… necesitas… ¿qué te parece si esta noche dejas que Carmen los cuide un rato y cenamos en el salón? Jasper y yo queremos hablar contigo- dijo por fin después de un rato. 

-bien, por fin se decidieron a pedir a las chicas- dije con una mueca que esperaba fuera una sonrisa. 

-algo así… te enteras esta noche- dijo antes de dejarme una palmada amistosa y retirase a sus obligaciones. 

-Edward… es hora de la comida de los niños… ¿quieres que…?- 

- no, ahí voy - interrumpí a Rose. 

Subí a bañarme en la tina de mi habitación, me quede mirando la hacía la cama. Extraño ver a Bella sentada mirándome mientras lo hago, con el deseo pintado en sus ojos hasta que la vena de sensualidad se sale de control y termina desnudándose y metiéndose conmigo. Enloqueciéndome con su cuerpo, sus besos, sus caricias. 

O mejor aún, verla en la tina cuando ella se baña, solía esperarme hasta la noche para provocarme, me dejaba sentado en la cama, mientras se desnudaba sin prisas, mojándose despacio, frotando su cuerpo lentamente con la esponja, negando cada vez que hacía por levantarme. Acariciando su cuerpo mientras yo me manoseaba solo, apiadándose de mi cuando le suplicaba me dejara acercar. 

Entonces sus manos se apoderaban de mi verga matándome. Haciéndome perder la poca cordura que me quedaba de verla excitada y con ganas de mi. 

Llore de nuevo, ¿Cuánto más soportare esto? ¿Cuánto más podre sobrevivir a esta situación? 

Extraño tocarla, besarla, acariciar su piel suave y tibia, sentir sus labios dulces en los míos, candentes en mi piel, con sus manos aferrada a mi sexo. 

-Edward, ya empezaron a llorar… apúrate- escuche desde afuera. 

Me lave con rapidez y deje mi sufrimiento para otro momento. Mis hijos están primero y ya los tengo descuidados. Me vestí a velocidad impresionante y salí por ellos. Regrese a la habitación. Comió uno y luego el otro. Por suerte el más pequeño es paciente, nada que ver con su hermano. 

En unos días cumplirán su primer mes de vida. Un mes donde su madre no los abrazo, beso o miro siquiera, un mes donde saben de ella por mí. Un mes donde yo muero por ella y vivo por ellos. 

Por fin se durmieron, uno pegado al otro, bajo la misma manta. Es mi manera de asegurarme que serán unidos siempre. O al menos la única que se me ocurre. Entro Carmen después de tocar levemente y salí. Una conversación con mis amigos me espera. 

-lamento la demora, como siempre ese par dieron guerra- dije sentándome en la cabecera de la mesa. 

Por un momento mire al asiento vacío a mi lado. Desde esa noche he evitado sentarme ahí, para no recordar que la mujer que suele ocuparlo ya no lo hace. Sentí la humedad en mi ojos de nuevo pero me aferre a no dejar salir ni una sola lagrima, no es el momento ni el lugar. 

-no te preocupes, pero ya que estas aquí me parece oportuno cenar cuanto antes, no sea que Huracán y Tornado se despierten- dijo Emmet. 

-¿quiénes?- pregunte imaginando que no me gustará su respuesta. 

-tus hijos… el menor y el mayor- agrego Jasper riéndose. 

-te mato Emmet, si les dices así de nuevo te mato- agregue tratando de no reírme. 

La descripción es precisa y acertada. Eso son mis hijos y aun no tienen el mes, no quiero pensar cuando lleguen al año. 

- ya no te alebrestes tanto, sabes que los amo- dijo Emmet cuando pudo dejar de reírse. 

La cena paso entre varios temas, ninguno en particular. Por fin terminamos y por la cara de ambos supe que eso que traían en mente desde que me invitaron a cenar saldría a la superficie. Y qué bueno porque Huracán y Tornado pronto despertarían para comer, otra vez. 

- bueno Edward el motivo de esta reunión es porque… como sabes desde hace algún tiempo he estado cortejando a Alice y bueno… hum… yo… lo que quiero decir es que… me parece que es momento de… bueno digo…- 

- ¿terminaras antes que salga el sol?- pregunte sarcástico mirando a mi primo. 

- yo quiero casarme con Rosalie y espero me des tu aprobación considerando que está esperando un hijo mío - soltó Emmet mientras la mirada de Jasper se desviaba hacía su hermana. 

Las chicas habían llegado minutos antes. 

- ¡¡¡¿estás embarazada?!!!- rugió mientras se levantaba de golpe y con dirección a la rubia quien estaba más blanca que la manta de mis hijos. 

-Jasper no te pongas así, mira te juro que solo fue una vez y bueno mis intensiones con tu hermana son buenas, me quiero casar con ella y…- dijo Emmet interponiéndose entre Rose y Jasper. 

Para ese momento todos estábamos de pie. 

-¡¡¡¿y qué apellido el darás a mi hermana?!!!- ataco Jasper con la mano en la espada. 

-¡¡¡basta!!!- dije cuando Emmet se quedo pálido y bajo la mirada - el apellido será Cullen, porque si lo único que te impide aceptarlo como esposo de tu hermana es eso, yo me encargare que todo el mundo sepa que es tan Cullen como tú o yo- dije mirando a Jasper duramente. 

Jamás imagine que algo así pasara por su cabeza, después de todo los tres hemos sido más que amigos y primos, somos prácticamente hermanos. 

-¡¡¡no es eso…!!! ¡¡¡Es que pudo al menos respetarla, pedirla primero!!! ¡¡¡No asaltarla y embarazarla además!!! ¡¡¡Carajo Emmet, se supone que somos amigos!!! ¡¡¡Pudiste esperar a estar casado con ella!!!- grito Jasper dando vueltas como caballo salvaje encerrado. 

-tú no esperaste Jasper ¿o se te olvida que nosotros hemos estado juntos?- pregunto Alice en un susurro. 

Y esta vez fue Emmet quien salto. 

-¡¡¡¿sedujiste a mi prima casi hermana?!!!- ataco el enorme oso que tengo por amigo. 

-bueno yo… es que nosotros…- balbuceaba Jasper retrocediendo. 

-¡¡¡basta por favor esto no me ayuda!!!- pidió Rosalie llorando. 

Ambos hombres se detuvieron mirándola. Alice la abrazo y se fueron hacía las habitaciones de la torre donde ambas dormían, después que le hiciera un gesto a Alice para que lo hicieran. Si Rose está en estado lo mejor es no alterarla más. No necesito otro drama como el vivido con mi esposa. 

-si ya acabaron de hacerse los machos ¿nos podemos sentar y hablar esto como gente civilizada?- pregunte sarcástico en toda la palabra. 

-discúlpanos Edward, creo que esto no salió como esperábamos. El caso es que yo sí me quiero casar con Rosalie, como dice Jasper no tengo un apellido que ofrecerle más que el de mi madre pero…- guardo silencio. 

-no Emmet no me hagas caso, yo solo te ofendí por idiota, no hay nadie mejor para mi hermana que tu, eso lo sé y me encargare que mi padre sepa y los apoye, te pido me disculpes por ese asunto y por lo de Alice, de verdad la amo- 

-bien ya que todo está dicho, mañana mismo ordenare que seas incluido como un miembro más de mi familia Emmet, así mi tío no tendrá manera de negarte a su hija además si como dices Rose está esperando lo mejor es que se casen lo más pronto posible, para evitar habladurías. En cuanto a tu asunto Jasper, ¿esta Alice en la misma situación?- pregunte mirándolo. 

-no que yo sepa pero… no tiene mucho que paso- dijo sin mirar a nadie. 

-bien, para evitar cosas se casarán en la misma ceremonia, en quince días a partir de mañana- dije mientras me levantaba. 

Los deje platicando entre ellos, aun tiene mucho que decirse y es mejor dejarlos solos. Mañana hablare con las muchachas. 

Camine lento hacía mi habitación. Carmen dormía en la cama. La desperté despacio. Después de revisar que todo estuviera bien con los habitantes de ahí se marcho, mis desastres naturales seguían dormidos. Me acosté donde antes estuviera la mujer sabiendo que no tardarían nada en despertarse. 

-¿Edward?...- 

Abrí los ojos, seguro de haber escuchado su voz. La oscuridad es absoluta. 

Es un sueño, pensé. Con esa idea cerré los ojos de nuevo dispuesto a aprovechar cada minuto que mis pequeños durmieran. 

Hasta que sentí una mano en mi rostro.

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¿Y mi final feliz?




Capitulo XVI


Edward POV 

Que fastidio, he estado sentado por más de dieciocho horas. ¿En qué momento se me ocurrió irme a estudiar tan lejos? Sabía que no faltaba mucho para aterrizar, la aeromoza nos había informado que en menos de cinco minutos el avión descendería por lo que teníamos que colocarnos el cinturón. 

Lo único bueno que había conseguido de este largo viaje era pasar tiempo de calidad con mi preciosa novia. Cada vez que veía sus ojos recordaba el día en que nos conocimos. 

Me encontraba en la oficina de la universidad llenando nuevos papeles para la pasantía universitaria ya que había declinado la oferta dada por la rectoría. Era desesperante volver a escribir todo pero pensaba en mi hermana y en mis padres sabiendo que lo valía. 

No sé en qué momento me dio por jugar con la pluma que tenía en mis manos presionándola fuerte contra una carpeta, parecía abandonada así que no me importo. Como si fuera el destino en el momento en que la pluma presiono contra ella esta derramo tinta por toda la cubierta. 

-Hey ¿Qué has hecho? – oi una fina vocecita reprochándome. 

-Yo lo… - cuando gire me encontré con una hermosa mujer de cabello rubio que me miraba entrecerrando sus hermosos ojos claros – siento. 

Wow… estaba impactado, tenía una figura esbelta y perfecta, su cara se ilumino por un segundo cuando me pillo observándola de pies a cabeza pero no me importo, la belleza se aprecia. 

-Soy Edward – me presente extendiendo la mano – lamento lo de tu carpeta. 

-Soy Tanya – tomo mi mano para completar el saludo – acepto tus disculpas pero tendrás que comprarme una nueva – y sonrió, sus blancos y perfectos dientes aparecieron en escena dejándome aún más interesado en ella. 

Desde en ese momento en adelante todo fue muy rápido, al día siguiente tuvimos una cita y dos días después ya éramos novios. Cada día que la veía me gustaba aún más; había descubierto que no solo era una cara bonita, estudiaba economía y finanzas. 

Jasper, mi mejor amigo me decía que probablemente ya estaba enamorado ya que intentaba pasar la mayor parte del tiempo junto a ella y aunque eso no me molestaba creo que tenía razón. 

Cuando me di cuenta de que solo faltaba una semana para regresar a casa me sentí desesperado, ella se quedaría en Londres y yo me iría a Forks a cientos de kilómetros lejos. 

No lo pensé dos veces, quería estar siempre con ella y hasta pensé en un momento en pedirle matrimonio pero la voz de mi conciencia (Jasper) me dijo que eso era demasiado acelerado y que ella se sentiría presionada, por lo que me contuve de comprar el anillo. 

Para hacerme las cosas más fáciles la invite a ella y a mi amigo quien traía consigo a su hermana ya que era su responsabilidad. Todos estábamos en la misma zona del avión, Jasper y Rosalie su hermana en los asientos de enfrente y Tanya y yo detrás de ellos. 

Llegar al avión que nos llevaría a Port Ángeles fue toda una odisea, tuvimos que nadar entre el océano de personas que se encontraban en el aeropuerto y luego correr con las maletas a cuesta para llegar a él ya que éramos los últimos en abordar. 

Tanto Rosalie como Tanya parecían chicas a las que la incomodidad les fastidiaba, si, tenían sus momentos pero la mayoría del tiempo eran muy comprensivas y tranquilas. 

El vuelo fue muchísimo más corto porque lo era y porque había pasado la mayor parte de él pensando en Bella, en como reaccionaria cuando le contara que tenía novia y que pensaba comprometerme con ella cuando llegara el momento. No le había dicho absolutamente nada sobre Tanya; mi novia lo sabía y no le molestaba. No sé porque no lo había hecho, tal vez porque sabía que era la primer novia que le presentaría y no estaba seguro de como Bella lo tomaría. Esperaba perdonara mi falta de confianza (aunque no era eso) y mi ausencia el último mes. 

Si, la había casi completamente abandonado, lo extraño de todo esto es que ella no me había hecho ningún comentario sobre eso. Pero lo deje pasar, estaba emocionado porque vería a mi pequeño tesoro de nuevo, aunque con casi diez y ocho años ya no sería tan pequeña. 

Como típico aeropuerto cuando desembarcamos la sala estaba llena a pesar de ser esta pequeña en comparación con la mayoría. No veía a Bella o a mis padres con todo el relajo que había. Miraba parejas besarse, familias abrazarse pero de la mía nada. 

-Edward – oí la dulce voz de mi pequeña hermana llamándome. No la veía pero estaba cien por ciento seguro de que estaba aquí. 

Finalmente después de varios segundos buscándola a través de la gente la encontré con las manos en las rodillas y jadeando, posiblemente por correr. 

-Bella – me acerque a ella, estaba feliz de verla finalmente. Había pasado demasiado tiempo, su rostro aunque era el mismo ya no reflejaba esa inocencia de niña pequeña que tenía cuando me fui, ahora era toda una señorita, una muy preciosa señorita debería decir. La rodee con mis brazos con una necesidad que tenía guardada desde hace tiempo. La sentí presionar un poco más el abrazo, me extrañaba tanto como yo a ella, pero había vuelto y pensaba aprovechar cada momento que tuviéramos para compensar mi abandono. 

-Edward – me llamo Tanya que se encontraba detrás de nosotros junto a Jasper y Rosalie. Todos me veían feliz porque me había reencontrado con mi hermana pero un aire de cansancio se reflejaba en su mirada, el cual yo también tenía y los comprendí; necesitábamos llegar a casa y recuperar fuerzas. Camine con Bella de la mano acercándome a ellos. 

-Hola, Soy Tanya Denali – saludo mi novia presentándose – es un gusto conocerte al fin. Edward solo habla de ti – le sonrió y me sonrió a mí para luego tomar mi mano. Bella no dijo nada pero me percaté de que miraba disimuladamente nuestras manos entrelazadas. 

- Yo soy Jasper Hale y ella es mi hermana Rosalie – se presentó ahora mi amigo nombrando también a su hermana. 

-Un gusto – hablo tímidamente Bella y le dio una cálida mirada a Rose como saludo. Esta, más efusiva se acercó a ella dándole un beso en la mejilla como lo había hecho Tanya. Mi pequeña se sonrojo levemente pero creo que ella no lo noto. 

Caminamos con las maletas en dirección a mis padres los cuales había visto momentos después de abrazar a Bella. Junto a ellos dos jóvenes que sin dudarlo eran Alice y Emmett (los amigos de Bella) nos miraban raro. 

-Hijo, me alegra que finalmente hayas llegado – me saludo mi padre dándome un abrazo de bienvenida. 

- Cariño, al fin estas aquí – mi madre se acercó para darme un muy efusivo abrazo – te hemos extrañado muchísimo. 

-Yo igual mama – sonreí feliz de estar de nuevo con mi familia. 

-Les presento a unos amigos – les dije segundos después ya que mis padres me miraban incomodos por mi falta de educación al no presentarlos – Jasper y Rosalie Hale. Y ella es Tanya Denali. 

No pasó desapercibido para mis padres el tono en que lo dije ni mucho menos el hecho de que nuestras manos estuvieran unidas pero no dijeron nada, amaba eso de mis padres, jamás te presionaban si no querías hablar sobre algo. 

Bella en esos momentos se encontraba junto a su amiga la cual veía a Jasper de reojo, vaya, ni un día aquí y mi amigo ya tenía una admiradora. Todo hubiera sido normal si no fuera porque cache a Jazz observándola disimuladamente. Él era tímido en cuanto a las conquistas, pero parecía haber atracción entre ellos, tal vez una ayudita no les vendría nada mal, pensé. 

El corpulento amigo de Bella andaba por la misma historia pero con Rose. No dejaba de verla, si no fuera porque no lo conocía le hubiera ofrecido un recipiente para recoger la baba, si supiera que Rose ni le paraba. Acababa de terminar con su relación de dos años, no creo que quisiera algo con alguien tan pronto. 

Una vez en el estacionamiento decidimos con quien se iría cada quien. No quería dejar a Tanya pero obviamente yo me iría en el auto de Bella con sus dos amigos y Tanya, Jasper y Rose viajarían con mis padres. 

Después de varios empujones intentando meter la última maleta al Beetle logramos cerrar la cajuela. El día no estaba nublado y el sol aparecía suavemente entibiando el ambiente, el capo del estaba bajado, dejando circular libremente el aire sobre nuestros rostros. 

Alice y Emmett, quienes se habían presentado momentos atrás se encontraban en el asiento trasero mientras que yo era el copiloto de Bella. 

-Así que preciosa ¿Qué hay de nuevo? – le hable despeinando su largo y achocolatado cabello. 

-No mucho – hablo, aunque por la forma en que lo dije no la sentí muy segura. 

- ¿De verdad? – le pregunte intentando sacarle algo. 

-Si – contesto. Alice y Emmett rieron por lo bajo en el asiento trasero. Algo sabían e iba a averiguarlo. 

-¿Qué paso? ¿Saben algo? – gire un poco el cuerpo quedando de lado con la vista hacia atrás. Emmett abrió los ojos como si lo hubiera encontrado haciendo algo y Alice me sonrió. 

-No – respondió la pequeña señorita – es simplemente que mi hermano es un idiota. 

Quería reír por lo que dijo pero nunca había visto a un chico hacerle un puchero de niño a su hermana y me contuve. 

-Hey Alice no es culpa mía – respondió este. 

Lo deje pasar, en su momento lo averiguaría, en cambio seguí conversando con Bella sobre lo diferente que se veía, estaba hermosa, ya lo había notado. Su largo cabello, sus pómulos pequeños pero notorios y rosa pálido, su sonrisa encantadora y su cuerpo ya desarrollado me decían que tendría mucho trabajo espantando bichos. Ella en cambio bromeaba diciendo que yo ya no era una lombriz, está bien, si fui delgado en un tiempo pero no como ella decía, que apreciación tenia de mí en aquel entonces. 

Por lo que iba viendo de Forks, una vez que note el rotulo de bienvenida este se sentía un lugar perfecto para vivir, con mucha vegetación, grandes espacios y un ambiente poco concurrido. 


Había entendido porque Bella hablaba tanto de sus amigos, podía decir que eran buenas personas con lo poco que los conocía hasta el momento. Muy joviales, alegres y carismáticos; que decir de extrovertidos y ocurrentes. Definitivamente Emmett y yo nos llevaríamos muy bien. 

Minutos después Bella me señalaba un grupo de árboles, mientras avanzábamos pude ver entre ellos la fachada de la que ahora sería mi casa, ya hace mucho le había dicho adiós a nuestra casa en New York, ahora se lo decía a Londres. Mi madre mejoraba cada vez más en sus gustos, simplemente era hermosa, tenía un aire de sencillez combinada con elegancia que la hacía atractiva para cualquier ojo. Tendría que felicitarla por su buen gusto. 

Pensé en Tanya y en lo mucho que le complacería ver la casa pero me percate que no venían detrás de nosotros. No supe en que momento los habíamos perdido. 

-¿Qué tal la vida universitaria? – Me hablo Emmett – ¿algún consejo? 

Le hable sobre lo divertidas que eran las fiestas de fraternidad y también sobre el nivel de responsabilidad que uno debe adquirir en los estudios. Ya habíamos bajado del auto pero yo seguía hablándole sobre lo mucho que le gustaría una vez que ingresara y lo mucho que yo extrañaría ese mundo. 

Un par de minutos después oímos el auto de mi padre llegar, ordenadamente bajaron todos y nos dispusimos a llevar las maletas a la casa. Estaba tan cansado, solo quería identificar mi habitación e irme a dormir, aunque sería muy grosero de mi parte dejarlos solos. Todavía lo estaba pensando. 

-Su casa y la decoración de esta es tan exquisita – halagaba Tanya a mi madre quien le regalo una sonrisa en agradecimiento. 

Mi padre nos ofreció pasar a la sala para descansar un rato, cosa que aceptamos más que gustosos. Tanya, Rose y yo nos sentamos en uno de los sillones, Jasper y Emmett en otro y mis padres frente a nosotros en dos sillones cerca de la chimenea. 

A todo esto faltaban dos personas. ¿Dónde estaba Bella? ¿Y Alice?


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HAGO UNA ACLARACIÓN:  ESTE FIC NO ES MIO, LA ESCRITORA ES EMMA BYZE, SE QUE HAY UNA NOMINACION Y AGRADEZCO EL GESTO PERO COMO DIJE, NO ES DE MI AUTORIA, 

DE LAS QUE ESTAN EN PROCESO LA BESTIA DEL CASTILLO ES LA UNICA HISTORIA MÍA EN ESTE BLOG.






miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Y mi final feliz?





Capitulo XV
¿El Inicio del Caos?


Por primera vez agradecí que estuviera Emmett aquí, este le había hablado a Edward preguntándole sobre cómo era la vida universitaria intentando distraerlo mientras yo me escabuia disimuladamente junto a Alice. 

Mientras Emmett junto a Edward se encontraban de espaldas a nosotros Alice se detuvo a un par de metros de donde se encontraba Jake dándome espacio para hablar privadamente. 

-Jake ¿Qué haces aquí? – me acerque a él quedando frente a frente. 

- Ni un beso de bienvenida – sonrió – he venido a presentarme con tu hermano… es lo correcto ya que soy tu novio. 

-Eh… si Jake – voltee preocupada pero solo Alice nos veía – entiendo. Pero te pedí que me dieras tiempo para informarle sobre nuestra relación ¿Recuerdas? 

-Lo sé, pero todavía recuerdo lo que dijo Emmett a cerca de hacer las cosas bien – Oh, pienso cazar a un oso más tarde. 

-Jake, pero… - este me quedo viendo confuso por mi reacción, no pensaba recibirlo con los brazos abiertos y decirle que había hecho bien, yo no lo sentía así pero parece que el esperaba otra reacción de mi parte. 

¿Por qué tenía que ser tan correcto en estos momentos? No es que no me gustara pero no era el mejor momento para esto, Edward estaba aquí. No es que tuviera miedo de mi hermano, bueno tal vez un poquito; lo que me preocupa es que no quiera que este con Jake. 

No sé cómo había entendido mi silencio y mis constantes miradas hacia donde se encontraban Emmett y Edward pero su reacción no fue muy buena. 

-¿Por qué tengo que esconderme? Es solo tu hermano – me vio con los ojos tristes y a la vez molestos – es más, pienso presentarme en este momento. 

Me aterre, lo vi dar un paso hacia delante y tome lo más fuerte que pude de su mano logrando detenerlo, sabía que otra vez malentendería mi reacción pero no quería enfrentarme a esto en este momento. El vio mi blanquecina mano sobre su piel canela y luego levanto el rostro para verme, sufría, lo podía ver en sus ojos pero ¿Qué le decía? No se me ocurría nada adecuado para ese momento. 

-Bella – hablo Alice llegando a nosotros. Gracias a Dios había interrumpido el momento – han llegado tus padres y los invitados de tu hermano hace un momento. 

Los vi a todos junto a Edward quienes avanzaban en dirección al interior de la casa. Por suerte la motocicleta de Jake se encontraba en el estacionamiento y mis padres habían dejado el auto frente a la entrada por lo que tenía una distancia prudente y no nos veían gracias a unos decorados con rosales en escalera de mi madre. 

-Voy en un momento – la vi con una sonrisa disimulada que no me llego a los ojos. Ella asintió entendiendo que era un momento de tensión. 

Observe nerviosa como uno tras otro entraban con sus respectivas maletas antes de dirigirme de nuevo a Jacob. Alice fue la última en entrar dándome una sonrisa de apoyo; esperaba que su sexto sentido funcionara y me dijera que todo saldría bien. 

-Así que ¿Me presentaras a tu hermano? ¿Le dirás que soy tu novio? – hablo con un tono autoritario al ver que no decía palabra alguna. 

- Si… lo hare – suspire – pero por favor, no en este momento – casi le rogaba – dame tiempo, el acaba de llegar y no viene solo. 

-¿Tiempo? 

- Solo un par de días. 

-¿Un… un par de días? Bella… no quieres verme – dijo afirmando - ¿Tu… tu, tú te avergüenzas de mí? 

Su pregunta me tomo por sorpresa, ¿Cómo podía decir algo así? Parecía como si no me conociera, se le habían olvidado todas las veces que le había dicho que él era muy especial para mí y que lo quería muchísimo. 

-¿Qué? ¿Qué dices? – Hable molesta por la clase de pregunta que me hacía – es que tu no entiendes. 

-¿Entender que Bella? Porque simplemente nunca me has explicado bien esto de no decirle a tu hermano – levanto la voz. 

¿Por qué no me entendía? Estaba haciendo las cosas de este modo por nosotros, el no conocía a mi hermano como yo. Jamás se lo había explicado bien a Jacob porque pensaría que Edward es un ogro que no deja que su hermana tenga una vida sin él, pero no era así. Yo era su pequeño tesoro, eso me había dicho el el día que se fue a Inglaterra y conociendo a Edward el cuidaba sus tesoros con dientes y garras, su piano era testigo. 

-Lo hago por nosotros – le grite herida y molesta por su reacción. Mis ojos en ese momento decidieron traicionarme al humedecerse un poco. 

-¿Y qué tiene que ver Edward en el nosotros? – Me respondió este con el mismo tono de voz – una relación es de dos, no de tres y por mucho que Edward sea tu hermano tiene que aceptarlo. 

-¿Cómo lo va a aceptar si ni siquiera lo sabe? – estaba llegando a mi limite. 

-No lo sabe porque tú no se los has dicho, esa es la única razón – bufo – él es tu hermano no tu padre. Y te recuerdo que ya tengo su permiso, solo he esperado que hablaras con tu hermano por respeto a ti y tus padres no porque nos afecte. 

- Lo que piense Edward es igual de importante para mí, pero tú no lo entiendes. 

-Claro que entiendo que ames a tu hermano, es normal y lo correcto pero él no es tu dueño, no necesitas de su aprobación. 

Me quede ahí, de frente a él con los ojos empañados evitando derramar las lágrimas que se acumulaban en ellos. Su rostro tampoco era de felicidad, me miraba con un deje de arrepentimiento pero aun así no cedía. 

-Be…lla – oi la voz de Edward detrás de mí la cual le salió entrecortada posiblemente porque creía que estaría sola. Se acercó junto a mí ignorando a Jacob. 

-¿Está todo bien? – me pregunto ya que yo intentaba no verlo a la cara. Levanto suavemente mi rostro buscando mi mirada. Edward me conocía muy bien aunque no hubiéramos vivido los últimos años juntos y mis ojos rojos y húmedos no serían buena señal. 

Asentí levemente intentando a la vez hilar la respuesta en mis labios pero no pude. Sus ojos me inspeccionaron por unos segundos más antes de girarse para quedar de frente a Jacob. 

-¿Quién eres tú? – le pregunto a la defensiva - ¿Y quién te crees para venir a mi casa y hacer llorar a mi hermana? – aun con los brazos en sus costados note que cerro sus puños. 

-Hey… yo no estoy llorando – Salí en mi defensa. 

Edward volteo a verme, sus ojos reflejaban molestia por lo que yo había dicho. Era lindo que viniera y me defendiera pero yo ya no era una niña y podía hacerlo bien, sola. 

-Tu… tu simplemente no digas nada – frunció los labios. 

No pude decir nada más. La forma en que me vio y el tono que uso en esas palabras me confirmaron que su reacción había sido diez veces peor que cuando tenía doce años. 

-Yo… -dio un paso – soy Jacob Black, el… - negué con la cabeza aprovechando el encontrarme de espaldas a Edward, implorándole que no dijera nada. 

-¿El? – pidió que continuara con un deje de fastidio por no haber terminado de hablar. 

-Amigo de Bella – dijo este bajando los hombros resignado – solo venía a despedirme de ella. 

Edward lo miraba fijamente con su postura erguida como si en cualquier momento Jacob se le tiraría encima, ambos eran altos por lo que no se miraba mucha diferencia si llegaran a pelearse pero esperaba que no lo hicieran. 

-Ya lo hiciste, ya te puedes ir – las palabras de Edward destilaban veneno. Eso no me gusto, Jake me la había puesto difícil. 

- Edward – tome su mano con suavidad - ¿Me podrías dar un minuto con él a solas? – le pedí apretando sutilmente su mano. 

El me soltó y negó con la cabeza, pero no tuve tiempo de reaccionar para volver a pedírselo ya que caminaba en dirección a la entrada de la casa. Me había negado hablar con Jake pero ¿aun así nos dejaba solos? 

-Me voy – dijo Jake acercándose a su motocicleta. 

- Jake, espera – lo seguí tropezándome con una piedra haciéndome trastabillar. 

-Si puedes hablar ya sabes dónde encontrarme – sonrió burlonamente – adiós Bella. 

Tomo su motocicleta y la arranco haciendo que esta diera un sonido ahogado, vi cómo se perdía a través del camino; me había dejado ahí, parada a mitad del estacionamiento con las palabras atoradas en mi garganta y mi mano extendida como si eso pudiera detenerlo. Eso dolió y no pude evitarlo, una traicionera lágrima recorrió mi mejilla mientras seguía viendo un camino vacío. 

Recordé que no estaba sola. Adentro ocho personas posiblemente me esperaban, pero siendo sincera sabía que de todos ellos dos eran los más interesados. 

Toque la dolorosa lagrima que colgaba de mi barbilla borrando la clara evidencia del dolor que jamás había sentido. Una sensación punzante y aguda se mantenía en mi pecho; sentía asfixiarme, jamás me había peleado con Jacob. Si, habíamos discutido pero él siempre se reía de lo obstinada que era y luego todo volvía a la normalidad, pero hoy no era así. Lo que se supone debía ser un buen día término siendo una versión de una tragedia. 

Empecé a caminar lentamente hacia la puerta mientras pensaba en que decirles, me vi a través de los vidrios polarizados del auto de mi padre y mi cara reflejaba tristeza, debía disimularla. Aunque la actuación o mentir nunca había sido lo mío y no me quejaba por eso hoy las necesitaba a ambas urgentemente. 

Presione mi rostro y limpie mis ojos intentando borrar todo rastro que pudiera delatarme pero sabía era imposible. Alice no se la tragaría y Edward tampoco. 

Cuando pensaba girar el pomo de la perilla sentí la puerta abrirse y unos ojos verdes me miraban expectantes, curiosos y preocupados. De todas las personas ¿Tenía que abrir la puerta precisamente Edward? 

Vi sus labios moverse intentando decirme algo pero fue interrumpido. 

-Edward – lo llamo Tanya – tus padres te esperan – giro su vista hacia mí – Oh, Bella a ti también. 

Agradecida por que ella apareciera en ese momento asentí. Antes de entrar le di una pequeña y falsa sonrisa a mi hermano. 

-Vamos – le dije a Tanya que todavía esperaba. Edward solo nos siguió sin decir nada.

jueves, 27 de septiembre de 2012

La Bestia del Castillo





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15.- Uno más de lo esperado 

Bella pov 

-Edward… es hora, despierta. Edward… - no tuve respuesta… no de él. 

-Bella, ¿Qué pasa cariño?- pregunto a mi lado Rosalie. 

-¿te sientes mal Bellis?- pregunto Alice desde el sillón. 

-tengo mucho dolor, creo que es hora, llama a Edward - pedí antes de que una punzada me atravesara por completo. 

-cariño Edward no está, creo que… no sé qué paso o porque pero salieron hace unas horas, deberán estar de regreso mañana en la noche, algo de último minuto- agrego Alice. 

- entonces llamen a quien sea pero rápido, duele mucho - pedí de nuevo. 

Los dolores van y regresan, son intensos un momento y se desvaneces en otro pero son repetitivos. Paso una eternidad de tiempo entre que Alice salió disparada por la puerta hasta que la partera, Carmen y ella misma regresaron. 

Rose había encendido el fuego mientras esperábamos y las velas puestas a distancia ofrecían una luz lo suficiente para ver. 

- bueno señora, por lo que puedo sentir está dilatando, pero aun no es suficiente. Debemos esperar que abra un poco más, la daremos un té que le ayudara con los dolores, pero solo un poco ya que pueden afectarle después, a la hora de pujar. No sé preocupe estará bien. Muy bien - dijo la mujer después de revisarme. 

- ¿Cuánto más tardare así? - pregunte apenas. 

- no puedo darle un tiempo especifico señora, los partos son diferentes aun cuando sea la misma mujer, a veces es muy rápido y a veces muy lento, con poco o mucho dolor, depende de la mujer. Pero estaremos aquí en todo momento- tomo mi mano Carmen. 

- Alice pide en la cocina que pongan agua a calentar y la traigan en cuanto hierva, Carmen trae el caldero, pondremos aquí lo demás, Rose consigue mantas y córtalas en tramos más pequeños, Señora voy a desnudarla para que sea más fácil atenderla- indico la mujer. 

Horas después yo sigo gritando y rogando que pronto acabe. Es doloroso, cansado y agonizante. 

- no está dilatando más, será largo. Dale algo más de láudano o no soportara lo que falta- escuche decir a una de ellas. 

¿Cuál de todas? no sé, después de horas de estar así deje de prestar atención a lo que decían. 

Me dieron tanto té como se les ocurrió, pero después de la novena taza no hubo más. Y tuve que soportar los dolores sin ningún tipo de remedio. 

-Bella mi esposo mando un mensajero a buscar a Edward, estará aquí pronto- dijo una mujer a mi lado. 

Por la voz sé que es Esme. 

- ¿te conté alguna vez que Edward se cayó del caballo rompiéndose al menos la mitad de los huesos?- negué apenas mientras se sentaba a mi lado. 

Las mujeres me pusieron unas almohadas en la espalda por lo que me sentía cómoda al menos en ese aspecto y porque dijeron que será más fácil a la hora de pujar. Prácticamente estaba sentada en medio de la enorme cama. 

-bueno, tenía 12 años y su padre acababa de regresar de las tierras del norte, trayendo consigo una buena cantidad de caballos para su entrenamiento. Entre todos esos hermosos ejemplares venía uno blanco totalmente. Mi sobrino se enamoro por completo de él, rogo, suplico, pidió, exigió y por ultimo negocio por el caballo. Mi cuñado sabiendo que era uno de los mejores y que Edward de verdad haría lo que fuera por tenerlo le propuso montarlo en cuanto estuviera entrenado y sí le ganaba en una carrera a campo traviesa podría quedárselo, pero si no ganaba debía trabaja en las caballerizas todo un año…- 

Se interrumpió para que yo dejara de gritar. Apenas pude respirar normalmente regreso con su relato. Su mano nunca soltó la mía. 

- y así fue como dos meses después se armo la carrera, ya que ese trato fue conocido por cada miembro del clan. Verás, Edward fue un niño tan decidido que era de admirarse a pesar de ser tan joven. La distancia se fijo, se prepararon los caballos. Y la carrera empezó. Tardaron cuatro horas en regresar. Justo cuando mi cuñado se dejo ganar, porque así fue, el caballo se encabrito, asustado por una serpiente que cruzaba el camino en ese momento, se levanto sobre sus patas traseras arrojando a mi sobrino muchos metros más allá. Mi cuñado estallo en furia y estuvo a nada de matar al animal. Pero entonces mi sobrino grito desde donde estaba, llorando por la caída, que no se acercara a su caballo. Que no tenía derecho porque ya era propiedad de él y no autorizaba ningún daño a su propiedad. Mi cuñado se quedo con la espada desenfundada y la quijada desencajada - se detuvo de nuevo mientras la puerta se abría de nuevo. 

- traje los tramos de tela…- deje de presta atención cuando vi que no era Edward. 

Mire de nuevo a Esme esperando que continuara. Escuchar de la niñez de mi esposo es mejor que escuchar lo mucho que me falta para terminar con la tortura previa a la inmensa felicidad que me dará tener a mi hijo o hija en brazos. 

-como te decía, mi cuñado se quedo más que asombrado de la respuesta de Edward, así que dejo al animal en paz, pero mi sobrino fue otro asunto, tardo apenas dos semana en cama, no porque solo eso le recomendarán sino porque solo eso lograron mantenerlo quieto, uno de los guardias lo bajaba cargado y estando abajo no faltaba que alguno de los chicos que ayudaban en las caballerizas lo jalará de un lado a otro. Para cuando pudo andar por si solo fue peor, pasaba la mayor parte del día en la caballeriza, con su nueva adquisición…- 

Un grito me hizo interrumpirla de nuevo. Estoy segura que no soportare mucho más. El cansancio, el dolor y el agotamiento físico me están acabando. 

-señora, la revisare de nuevo… quizá sea hora de que finalmente la criatura salga- dijo Rhona mientras me hacía la revisión. 

La cual por cierto es de lo mas incomoda y dolorosa. Mire por la ventana. La noche había caído hacía mucho y la claridad de la luna es visible desde la cama. 

-ya esta dilatada lo suficiente señora, las contracciones son frecuentes y creo que podemos traerlo. Cuando sienta el dolor puje con ganas, es hora de empezar- dijo la mujer. 

Sentí a una de mis amigas abrazarme, aunque no supe con certeza cuál de ellas. 

Y la tortura comenzó, con cada dolor debía pujar pero avanzaba poco y me agotaba demasiado, llevaba casi un día completo con eso. Mis fuerzas se están acabando. 

Sentí que ella, quien fuera, me soltó y las almohadas fueron remplazadas por un cuerpo cálido y fuerte. Edward. Mi esposo está en casa. Pero yo no doy más. 

Ya no. 

- vamos cariño, mira que el bebe no puede salir caminando de ti, anda… sé que estas cansada pero intenta… por favor Bella… por favor amor - susurraba en mi oído, con sus manos en mis rodillas sosteniéndolas y su pecho como mi soporte. 

- ya falta poco señora, la cabeza ha salido, lo demás deberá ser más fácil, puje solo una vez, con muchas ganas- escuche. 

Respire lo más profundo que pude siendo que la siguiente punzada venía. Enterré las uñan en los brazo de mi esposo y puje de nuevo. 

- uno más Señora, apenas salió un hombro, no debe permanecer así mucho tiempo o tendrá problemas, ande señora, por favor no se rinda ahora- 

- ya no puedo - apenas logre decir. 


Edward pov 

Escucharla fue casi un milagro, pues ni fuerza tiene para eso. La abrace delicadamente, mi esposa se ve frágil, diminuta entre tantas almohadas. Diminuta entre mis piernas. 

Moriré si algo le pasa. Porque ahora lo sé, yo renuncio a lo que sea por ella, si tener un hijo le cuesta la vida no me interesa tenerlo, si pierdo mi puesto como señor por tenerla en mi vida con gusto renuncio por iniciativa. 

-señora… mientras más tiempo pase el bebe en esa posición…- el razonamiento de Rhona fue interrumpido por un grito acompañado de un esfuerzo más de mi esposa por sacar a la criatura. 

- lo tengo, es un varón - dijo la mujer mientras el lugar fue llenado con un llanto estridente. 

Mi hijo llora con ganas. 

Me quede como idiota mirándolo. Alice lo envolvió y me lo entrego. Apenas pude sostenerlo sin soltar a mi esposa. Es perfecto. Por fin dejo de llorar. Con esa luz no logro ver el color de sus ojos o de su cabello o nada que no sea su piel arrugada. 

Un grito de mi esposa me hizo brincar y provoco que mi hijo llorara de nuevo. 

- viene otro - dijo la Partera. 

- ¿otro qué? - pregunte mientras Alice se llevaba al bebe y me daba yo a la tarea de abrazar a mi esposa en forma y sostener sus rodillas mientras pujaba una vez más. 

- otro bebe señor, son dos… y este será más rápido, deberá ser más fácil, vamos señora, puje solo una vez, ya salió la cabeza y un hombro. Vamos señora no se me duerma ahora - 

Pero no hubo respuesta. Me gire sobre su rostro, yace sobre mí con los ojos cerrados y sin indicios de abrirlos, despertar o hacer nada más 

- Bella, amor, anda solo uno, cariño, viene otro en camino… no lo dejes ahí… vamos amor- pedí, la moví, la zarandee pero nada paso. 

- ¿Qué hacemos? - pregunte mirando a la mujer. 

-si pujara solo una vez más yo podría jalarlo y sacarlo pero así no puedo, a menos que… la cortemos…- 

- ¿cortarla donde?- pregunte. 

La mujer me miro y después miro hacía donde la otra criatura estaba. Entendí y me dio escalofrío. 

- ¿se puede hacer eso?- 

- será un corte pequeño y cerrare después - 

- no, déjame tratar de despertarla, si no funciona pues… - me encogí de hombros - Bella amor se que puedes escucharme… por favor, puja solo una vez, solo una y no se necesitara mas, podrás descansar el mes entero. Por favor cariño…- pedí hablando cerca de su oído, besándola, abrazándola apenas. 

-¿solo una vez?- apenas pregunto mirándome. 

-sí, solo una vez- dije sonriendo. 

Y lo hizo. Pujo con todas las fuerza que le quedaban. Cerró los ojos. 

Y no los abrió.




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