martes, 17 de julio de 2012

Cowboy de mi corazon


Capítulo 8: ¿Eres tú?


El ajetreo cotidiano en el rancho Killarney de repente se vio amenizado por las suaves melodías que desprendían el sistema de audio colocado por todo el establo. La señorita Brandon llegó para poner el marcha el plan y explicarles a qué hora debían poner la música. Incluso Carlisle estuvo presente en la improvisada reunión... pero no así Jasper, que justo ese día se excusó diciendo que tenía un compromiso en San Antonio.

-¿Cómo va el experimento?- interrogó Bella a Jake una mañana, durante el desayuno. La familia estaba reunida en torno a la mesa, comentando las novedades de los últimos días.

-No lo sé Bells- se encogió éste de hombros -simplemente hay que poner la música cuándo comen y dejarla un rato más, hasta media tarde-.

-Claro... será que las vacas necesitan que les canten una nana para que duerman la siesta después de comer- siseó Jasper entre dientes antes de dar un bocado a la tostada que tenía en la mano. Edward contuvo la risotada, al igual que Jake y la propia Bella, pero a su padre no le hizo tanta gracia.

-Hijo... más te vale que cuándo la señorita Brandon venga a supervisar cómo va el asunto la música esté sonando- le advirtió serio -y espero que seas amable con ella- añadió.

-Soy la amabilidad en persona- rezongó éste.

-Seguro- contestó Edward mientras rodaba los ojos, lo que provocó que una sonrisa pugnase por salir de los labios de Bella.

-¿Cuándo va a venir?- preguntó la joven, refiriéndose a Alice.

-Mañana por la tarde- bufó Jasper.

-Vamos Jazz... no creo que un poco de música vaya a matar a los animales- le espetó Jake -a ti lo que te pasa es que no soportas a la señorita Brandon, y sobre todo que se haya salido con la suya-.

-Eso en parte- reconoció sin pudor alguno... pero no pudo evitar esbozar una sonrisa recordando el día en el Alice por poco se cae, y la sensación que le produjo tenerla en sus brazos esos pocos segundos -bien, me marcho- se levantó de la mesa, cogiendo otra tostada para el camino.

-Que tengas una buena mañana, Jasper- le deseó Esme.

-Qué tengáis un buen viaje- dijo, dirigiéndose a ella y a su padre. Después de despedirse de ellos, dio un pequeño beso a Bella en la mejilla, para después salir pitando hacia los establos.

Edward tuvo que tragarse su asombro... ¿desde cuándo se despedían sus hermanos de Bella con un beso?; cierto es que era un inocente beso en la mejilla, cómo el que das a una hermana pequeña... pero una sensación que no sabía descifrar se instalaba en su pecho... ¿por qué él no podía ni acercarse a Bella?.

Desde las navidades la joven le rehuía cómo si tuviera la lepra; todo la confianza que parecía haber ganado con ella se había esfumado de la noche a la mañana... incluso sus hermanos estaban cada día más cerca de ella... y eso le provocaba un sentimiento al que no podía poner nombre.

La familia, poco a poco, fue abandonando la cocina para empezar otra jornada laboral. Carlisle y Esme se marchaban a un rancho de un pueblo cercano, ya que iban a asistir a una subasta de ganado; los señores Hollister, los anfitriones, eran muy amigos de Carlisle Cullen y su familia desde hace mucho años, y no regresaban hasta el día diguiente por la mañana. Jake se despidió de Bella dándole un abrazo de oso, literalmente hablando, haciéndole prometer a la joven que después daría con Jasper y con él un paseo a caballo. Edward se quedó el último, y sus ojos se posaron en la graciosa figura de la joven, que iba de un lado para otro de la estancia, recogiendo y guardando cosas.

Bella era consciente de que los ojos de Edward estudiaban cada movimiento que hacía; lo venía notando desde hacía unas semanas, y esa mirada, aunque ella no le hiciera frente, deshacía de tal modo sus huesos y su coherencia que le era prácticamente imposible estar en la misma habitación que él.

-¿Necesitas ayuda?- se ofreció Edward cuándo vio que se subía a una silla para guardar algo en el altillo superior de la cocina.

-No, ya lo hago yo, muchas gracias- le agradeció ella, esbozando una pequeña sonrisa nerviosa. En su fuero interno su corazón bombeaba deprisa, y eso le ocurría cada vez que escuchaba esa voz... su voz.

Pero la mala suerte quiso que el cordón de la zapatilla de Bella, que estaba desabrochado, se interpusiera en el camino de la joven... o más bien entre sus pies, ya que al darse la vuelta lo pisó, haciendo que perdiera el equilibrio. La joven cerró los ojos, doliéndose por anticipado del tremendo golpazo con el que la iba a recibir el suelo... pero nunca llegó a éste. En lugar del duro linóleo sintió que estaba suspendida en el aire, y su sorpresa al abrir los ojos fue mayúscula cuándo se vio agarrada al cuello de Edward cómo si fuera una lapa; éste la había cogido a tiempo, impidiendo que se estrellase.

Edward la contemplaba fijamente, sin poder despegar sus ojos de los de ella, ahora a muy pocos milímetros... su cuerpo se estremecía mientras que prácticamente la acunaba en sus brazos... si girara un poco la cabeza y se acercara un poco más, sus labios se tocarían. Con una atisbo de alegría, se percató de que Bella tenía la piel erizada, y que respiraba entrecortadamente, y esperaba que fuese por algo más aparte del susto de la caída.

-¿Te encuentras bien?, ¿te has hecho daño?- le interrogó preocupado.

-Est... estoy bien- respondió su dulce tormento, intentando acompasar su respiración; nunca había estado tan cerca de él... su olor era una mezcla de colonia y cuero, absolutamente irresistible.

-¿Seguro que estás bien?- inquirió de nuevo, deleitándose con su precioso rostro y disfrutando de la cercanía de su cuerpo. Bella afirmó tímidamente con la cabeza.

-Seguro...- susurró en voz baja; sus manos seguían aferradas a su cuello, y uno de sus dedos tomó vida propia, atreviéndose a acariciar la suave piel de su cuello. La respiración de Edward se agitó considerablemente, al igual que ciertas partes de su anatomía... dios... si con sólo rozarla se sentía así, ¿cómo sería besarla... cómo sería amarla?.

-Bella...- pronunció en sus susurro ahogado -no tienes ni idea de...- dejó la frase inconclusa, y lentamente se fue acercando a su rostro, cerrando los ojos en el camino y disfrutando del aroma de fresas que desprendía. Bella sintió su corazón desbocarse cómo un caballo salvaje... no podía ser verdad... iba a besarla... iban a besarse... no podía permitirlo.

¿Por qué querría besarla, si para él no significaba nada?; su cabeza le decía que se apartara... pero el corazón y el deseo ganó la partida, y cuándo ella cerró los ojos, esperando ese beso, una voz conocida resonó desde la entrada de la casa.

-¡Bellie Bells!- la voz de Jake hizo que ambos abrieran los ojos de golpe, y que la joven pegara un respingo, saltado de los brazos de Edward. Ambos se quedaron estáticos, con la respiración todavía en su garganta y mirando a la puerta.

-¿Qué haces así todavía, Bells?- le preguntó Jake cuándo entró por la cocina -recuerda que te prometí que te llevaría al pueblo-.

-No es necesario Jake, puedo ir yo- le dijo por enésima vez desde la pasada noche; por suerte, el hermano mayor no pareció notar lo que había estado a punto de ocurrir unos segundos antes de su interrupción.

-Ya te dije que tengo que ir a ver al señor Jenkins, de modo que me pilla de camino- le respondió éste -además, todavía hay nieve en la carretera, y no quiero que conduzcas en esas condiciones-.

Bella rodó los ojos, suspirando con paciencia -eres peor que Jasper y Emmet juntos- musitó entre dientes -está bien, en diez minutos estoy en el garaje-.

-No tardes- le previno mientras salía, pero antes de salir se giró hacia su hermano -Edward, Jasper te espera en los establos de los terneros, y Sam-.

-Enseguida voy- respondió escuetamente; cuándo por fin su hermano salió por la puerta, se llevó las manos a su pelo, revolviéndolo nervioso. Si Jake no hubiera entrado en la cocina... observó a Bella, que de espaldas a él terminaba de recoger lo más deprisa que podía.

-Bella... yo...- empezó a decir Edward, sin poder acabar la frase -yo no...-.

-No pasa nada Edward- le cortó Bella, intentando a duras penas esconder las lágrimas; cerró el grifo de la cocina, y secándose las manos con un paño salió de allí apresuradamente, sin volver la vista atrás, y dejando al pequeño de los Cullen con la palabra en la boca.

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Su estado de ánimo no mejoró cuándo fue al encuentro de Jake; en su habitación se había lavado la cara un par de veces, en un intento por ocultar las lágrimas. Eso lo consiguió, pero su silencio le chocó a Jake, que no pudo evitar preguntarle.

-¿Estás bien?-.

-Sí- musitó ella, pero ni siquiera la sonrisa que quería mostrar asomó por sus labios.

-¿Ha pasado algo antes de que yo llegara?- los brazos y las manos de Jake se tensaron a ambos lados del volante -¿Edward te ha dicho algo desagradable?- le preguntó de nuevo, poniéndose serio.

-No, no- se apresuró a contestar y vio que Jake se relajaba -¿por qué dices eso?-.

-Te has puesto colorada- le indicó Jake, esbozando por lo bajini una sonrisilla burlona -¿puedo hacerte una pregunta?. El gesto afirmativo de Bella le animó a continuar.

-¿Te gusta mi hermano?- interrogó sin más rodeos.

-¿Cóm... cómo dices?- el nerviosismo y la tartamudez de la muchacha respondieron a la pregunta de Jake por anticipado.

-Cuándo he entrado a la cocina os he visto un poco... ¿nerviosos, por así decirlo?- al ver el sonrojo de la joven, a duras penas pudo reprimir la carcajada -¿pensabas que no me había dado cuenta?-.

-¿Y por qué intuyes que ha pasado algo?- rebatió ella, cual niña pequeña.

-Vamos Bells; estabas roja cómo un tomate... no sé que ha pasado en esa habitación, pero mi hermano estaba contentillo- le explicó sin pudor alguno.

-¿Contentillo?- preguntó la joven arqueando una ceja. Jake negó con la cabeza... era tan inocente.

-Ya sabes... los hombres tenemos ciertas partes que reaccionan en determinadas situaciones- le aclaró. Bella ardió de la vergüenza, y deseó que se la tragara la tapicería del coche. Jake la miró sonriendo con malicia... por supuesto que allí había pasado algo, pero a Edward no se lo podría ni nombrar.

-¡Jake!- exclamó avergonzada.

-A los chicos se nos suele notar- le explicó entre risas.

-No tiene gracia- replicó la joven -además, yo no le gusto a tu hermano- le dijo, intentando sonar indiferente. Cuándo Jake aplacó la risa, la miró arqueando una ceja.

-Bella; puede que mi hermano no sea muy expresivo en cuánto a sus sentimientos- le explicó con paciencia -pero yo apostaría lo que sea a que le gustas... y mucho-.

-Eso es imposible Jake- dijo Bella en un suspiro -ahí fuera hay miles de chicas jóvenes y guapas- éste chasqueó la lengua, de forma desaprobatoria.

-Tú también eres joven, y guapa- rebatió, ante un nuevo sonrojo de la joven -tienes la autoestima por los suelos- murmuró entre dientes.

-Soy una niña para él- dijo en un triste susurro, casi que Jake tuvo que aguzar el oído para escucharla -además, a mi no me gusta tu hermano- replicó resuelta en un tono de voz más alto. La reacción de Jake la sorprendió, ya que se echó a reír a carcajadas.

-Si tú lo dices- se encogió levemente de hombros Jake; la joven no se dio cuenta de que ya habían llegado al pueblo, y que estaban aparcando cerca del mercado -bien Bells; en una hora te espero en la cafetería- le recordó.

-Está bien- contestó mientras abría la puerta y salía. Ese día el viento era gélido, y Bella no pudo evitar ajustarse la chaqueta en torno a su cuerpo -hasta luego Jake-.

-Hasta luego Bella- se despidió el hermano mayor de los Cullen -y no saques conclusiones precipitadas, Bells- ésta le miró arrugando en ceño, sin entender lo que quería decirle -¿nunca has oído eso de que el amor no tiene edad?- Bella abrió la boca para rechistar, pero para cuándo quiso decir algo, Jake ya se alejaba, silbando divertido en dirección al despacho del señor Jenkins.

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Un par de días después de su viaje al pueblo, Bella no se quitaba de la cabeza la conversación que había mantenido con Jake en el coche... se auto reprendió mentalmente, ya que era obvio que sus sentimientos hacia Edward empezaban a ser de dominio público. Una y otra vez acudía a su mente la imagen de aquella mañana, en la que había estado en sus brazos, recordaba con un escalofrío cómo esas orbes esmeraldas la miraban con un brillo extraño y a la vez excitante... y la sensación de su aliento rozando sus labios...

Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que sólo el olor del pollo quemándose en el horno la sacó de sus cavilaciones. Corriendo se acercó al aparato, y por poco se quema cuándo intentó sacar la bandeja.

-Lo que me faltaba- dijo malhumorada y rechinando los dientes. Estudió el estropicio, y soltó un suspiro de alivio cuándo comprobó que no se había quemado del todo y todavía era comestible. Después de dejarlo en el horno, previamente apagado, se dispuso a dar los últimos toques a la sopa a la vez que a su cerebro acudían de nuevo la conversación con Jake.

¿Y si lo que sentía Edward por ella, si es que sentía algo, era pura y simple atracción o deseo por ella?; había oído hablar a las chicas del instituto acerca de esos temas, pero ella carecía de toda experiencia; con Mark no había llegado a ese punto, y cada vez que él insinuaba algo del tema, Bella lo rehuía con cualquier excusa. Puede que fuera una mojigata, cómo decía su ex novio, o puede que soñara con algo imposible... pero para ella, ese acto iba ligado al amor de una persona sentía por otra.

El timbre de la puerta la sacó de sus reflexiones; oyó que Esme abría, y después pasos acercándose a la cocina. En ella entraron Esme y Alice Brandon, charlando animadamente.

-Buenos días Bella- saludó la joven morena, con una sonrisa simpática y sincera.

-Hola Alice- respondió ésta -¿has venido para la supervisión semanal?-.

-Eso es mañana- le explicó -solamente vine a dejarle unos papeles al señor Cullen, pero Esme no me deja irme sin que me tome un café- sonrió a la mujer, que ya preparaba las tazas.

-Y un trozo de tarta de manzana, por supuesto- añadió Bella, indicándole que se sentara a la mesa. Justo en ese momento entraba Rosalie por la puerta.

-¿He oído tarta de manzana?; me quedo con vosotras -se giró hacia la chica morena, presentándose a si misma -tú debes de ser la famosa señorita Brandon; soy Rosalie Cullen, la esposa de Emmet-.

-Es un placer conocerte- dijo Alice con una sonrisa; después de las presentaciones, las cuatro mujeres estaban reunidas en torno a la mesa, sumergidas en una agradable charla.

-¿De modo que eres de Louissiana?- le preguntó Esme a Alice, después de que ésta les hablara un poco de su infancia.

-Así es- afirmó ella -chica sureña de pura raza- rió divertida.

-¿Y qué te trajo a Texas?- le preguntó Rose, antes de dar otro sorbo a su café.

-Encontré un buen puesto de trabajo en la Comisión de ganado- les explicó la joven -soy licenciada en bioquímica, y también estudié algunos años de veterinaria-.

-Impresionante currículo- alabó Esme.

-Gracias- dijo con su chispeante sonrisa de duende.

Bella sintió una punzada de envidia... si su abuela le hubiese dejado, ella podría haber estudiado más, incluso podría haber conseguido una beca para la universidad. Esme adivinó lo que pasaba por la mente de la joven, y dándole un codazo amistoso llamó su atención.

-Tú también podrías estudiar en un futuro- le dijo con una bella sonrisa maternal.

-Eso es cierto- la animó también Rose -podrías ir a una escuela de cocina, y en un futuro, abrir tu propio restaurante- sugirió.

-Apoyo eso- exclamó Alice -la tarta está deliciosa... y por lo que has contado, tienes un don para la cocina-.

-Ufffsss... cocino por hobby... y para alimentar a los cuatro hermanos Cullen- aclaró Bella con una gran sonrisa -no creo que pudiera con la presión de un restaurante o cafetería... me desquiciaría los nervios- el grupo de mujeres rió divertido ante el comentario.

-También podrías estudiar algo dedicado a los niños- siguió enumerando Rosalie -cuándo va a mi consulta, me ayuda mucho con ellos-.

-Me encantan los niños- exclamó ella contenta -pero creo que no valdría para estudiar enfermería; la medicina y yo somos incompatibles- rió con diversión.

-No tiene por qué ser enfermería- dijo Rosalie -pero podrías perfectamente estudiar para ser profesora de educación infantil-.

-Con los más pequeños- apoyó Alice. Bella se imaginó rodeada de niños, mirando los dibujos que los pequeños realizaban y enseñándoles las primeras letras del abecedario.

-Podría ser, en un futuro- murmuró pensativa.

La charla siguió su animado curso; incluso Rosalie invitó a Alice a cenar una noche en el pueblo, junto con Bella y Jane, su recepcionista. Ésta aceptó encantada, ya que apenas conocía a nadie en Hunstville. Viendo el entusiasmo de la joven, Rose organizó la salida para el viernes de la semana siguiente. Incluso Esme se apuntó, animada por la juventud. Rose, Bella y Esme acompañaron a la señorita Brandon a la puerta, despidiéndose de ella hasta el día siguiente, que volvería para supervisar el estudio.

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A la mañana siguiente, casi al mediodía, Bella se animó a ir a echar un vistazo a los establos. Saludó a sam y al resto de los peones, que le indicaron dónde estaban los hermanos.

-Hola chicos- saludó animada; al momento se paró, conteniendo la risa mientras reconocía la melodía que sonaba por los altavoces.

-¿Beethoven?- preguntó, conteniendo la carcajada. Jasper la fulminó con la mirada.

-Esto es ridículo- siseaba furioso, yendo de un lado para otro del establo -las vacas comen cómo siempre lo han hecho-.

-Bueno...- sopesó Edward, echando un vistazo general a los animales -hay que reconocer que más tranquilas están; me refiero que no están mugiendo ansiosas y...- paró abruptamente al ver la expresión de su hermano Jasper.

-No lo puedo creer- murmuró entre dientes -¿también a ti te ha convencido la psiquiatra de vacas, cómo a papá?- le recriminó.

-Yo a lo único que pongo pegas es a la música- dijo Jake -es un tostón-.

-¿Cómo quieres tranquilizarlas entonces, poniendo AC/DC a todo volumen?- le picó Edward, lo que provocó las risas de todos los presentes, incluyendo a Bella. La risa de la joven hizo que algo se calentara en su pecho... tenía una sonrisa tan bonita... pero su cara cambió a una expresión inescrutable cuándo vio a Bella y Jasper compartir comentarios y confidencias... y el brazo de su hermano cómodamente posado en los hombros de su Bella.

Desde aquel suceso en la cocina, Bella estaba con él más esquiva que nunca; todavía tenía impregnado por el cuerpo el aroma tan característico de la joven... su pequeño y delicado cuerpo encajaba entre sus brazos cómo si hubiera sido creado a la medida... y sentir el calor que desprendía cada poro de su piel había bastado para que su deseo por ella aumentara más y más. En un intento por desechar esos pensamientos de su cabeza, murmuró una disculpa, saliendo del establo. Jazz arqueó una ceja al fijarse en la mueca de enojo que le lanzó su hermano con los ojos... definitivamente, el plan iba lento, pero por buen camino.

-Bien- dijo frotándose las manos -dado que la psiquiatra de vacas no vendrá hasta dentro de una hora, voy a apagar ésto- hizo un gesto con las manos, queriendo señalar la música que flotaba por el establo -se van a dormir hasta los chicos- dijo en alusión a los peones. Se encaminó para quitar la música, cuándo una voz le hizo detenerse en medio del camino.

-¿Saltándose las reglas del estudio, señor Cullen?- al girarse, se encontró con una imagen sorprendente; allí estaba la señorita Brandon, con los brazos en jarras y mirándole desafiante. Jasper la escaneó con la mirada; los vaqueros acampanados que lucía marcaban sus caderas, ni muy delgadas ni muy redondas, y los primeros botones de la camisa de cuadros blancos y rosas dejaban entrever un generoso escote.

-Vaya señorita Brandon- Jasper se acercó a ella con una sonrisa petulante en su cara -veo que ha abandonado las trampas mortales- observó, aludiendo a las botas que llevaba puestas -mi más sentido pésame; debe de haber sido difícil dejar los tacones en el armario- se medio burló de ella.

-Gracias por su interés por mi guardarropa- contestó sarcástica la joven -supongo que tengo más variedad que usted... ¿duerme con las espuelas puestas?- sonrió cándidamente mientras le hacía la pregunta. Bella negó divertida con la cabeza, mientras que Jake, sujetándose la tripa de la risa, se acercaba a ellos.

-Puedes jurarlo, Alice- le confesó entre carcajadas.

-¿Cómo estás, Jake?; hola Bellie- les saludó ella con simpatía. Jasper se quedó en medio de ellos, ¿desde cuándo era tan amigos la señorita Brandon y sus hermanos, e incluso Bella?.

-¿Dónde están Edward y Emmet?- inquirió curiosa.

-Emmet en su trabajo, y Edward acaba de marcharse- le informó su castaña amiga -bien, ¿qué te parece?- señaló con la mano extendida el establo -las vacas están felices y relajadas- expresó orgullosa.

-Y lo seguirán estando, si el señor Cullen no quita la música- objetó seria.

-Me gustaría saber cómo ha conseguido convencer a mi padre y a mis hermanos para acceder a esta locura- le espetó con socarronería.

-Si me hubiera dejado explicarme, lo sabría- le devolvió por respuesta -bien, voy a pasar adentro- la joven caminó hasta la barrera de seguridad, adentrándose en los habitáculos de los animales, seguida de cerca por Jasper y Jake.

-Tenga cuidado, no sea que alguna vaya a darle una coz- le advirtió Jasper, sonriendo con malicia -no parece que haya tratado mucho con animales-.

-Se equivoca, señor Cullen- devolvió con retintín -aparte de licenciada en bioquímica, estudié varios años de veterinaria- Jasper elevó las cejas, debido a la sorpresa.

-¿En serio?- preguntó Jake, claramente asombrado; Alice asintió con la cabeza, soriendo orgullosa.

-Pues para ser medio veterinaria, debería saber que no se puede venir a un rancho con tacones y trajes de Armani- le espetó Jasper. Alice le miró por encima de sus gafas de pasta.

-Cómo ya le dije una vez, Jasper- pronunció su nombre con sarcasmo -no sabía que tenia que venir aquí esos días... y le repito que visto cómo me place- nada más decir ésto y darse la vuelta, Jasper la taladró con los ojos... pero su vista se detuvo en su redondeado y firme trasero... dios... no estaba nada mal la chica.

-Utilizan pienso convencional- meditó la joven en voz alta, cogiendo una pequeña cantidad en su mano y observándolo.

-Nos da buen resultado- le explicó Jake -solemos complementar su dietas con proteínas dos veces por semana-.

-¿No han pensado en utilizar pienso ecológico?- indagó las joven -según los informes que tenemos, la soja que llevan esos piensos son beneficiosas para los animales, además de ser más económico-.

-Perdone, Alice- le interrumpió Jasper -pero en el contrato no decía nada acerca de variar la alimentación, y dudo mucho que las vacas necesiten regular su tracto intestinal-.

-Solamente preguntaba, Jasper- respondió entre dientes -es usted muy cabezota- susurró para sus adentros, pero Jasper la oyó.

-¿Cabezota yo?- interrogó indignado -aquí la única cabezota es usted-.

-Pobre de su mujer o novia... menuda le ha caído con usted- contestó Alice, realmente enfadada.

-No tengo novia, ni estoy casado... pero todas las mujeres con las que he salido coinciden en que soy encantador- dijo cruzándose de brazos y mirándola con descaro de arriba abajo, con una sonrisa -¿quiere comprobarlo por si misma?- le sugirió, moviendo sugestivamente las cejas.

Alice abrió desmesuradamente los ojos... ¿pero quién se creía que era?... eran tan socarrón, tan prepotente... y tan condenadamente atractivo; la camisa de cuadros desabrochada dejaba a la vista la camiseta blanca que llevaba por debajo, y se podía entrever que debajo de ella se escondía un fuerte y musculoso pecho; los ojos azul grisáceos la miraban con chulería... pero a la vez con curiosidad e interés.

-¿Cómo dice?- meneó la cabeza, incrédula por lo que acababa de oír.

-¿No quieres comprobar por ti misma lo encantador que puedo llegar a ser?- le repitió acercándose a ella, con tono seductor. Bella y Jake, que se habían quedado rezagados hablando con Embry y Seth, no se percataron de la conversación que mantenían.

-Ni en sus mejores sueños saldría con un tipo con usted- le respondió con suficiencia, quitándose las gafas de pasta negra. Jasper simplemente rió, alejándose de ella.

-Yo no estaría tan seguro- le guiñó un ojo, sonriendo abiertamente mientras se adelantaba y seguía observando a las reses. Esa chica lo sacaba de sus casillas, pero a la vez tenía algo que le resultaba irresistible.

-Señor Cullen... es usted un asno integral- respondió furiosa.

-Nunca me habían llamado asno integral- objetó pensativo -lo apuntaré en mi lista de piropos- dijo cómo si tal cosas. La joven morena inspiró, dándose a si misma paciencia... por un momento se planteó el mandar a otro compañero a que supervisara el proyecto, y no volver a poner un pie en el rancho Killarney jamás. El sonido de su móvil interrumpió su debate interno; habló unos minutos, para después colgar.

-Mi compañera va a venir, para tomar una muestra de sangre a varias de sus vacas- le informó -es parte del estudio-.

-Eso he leído- le aclaró Jasper -no tengo ningún problema con eso-.

Alice Brandon siguió su escrutinio en silencio, seguida por Jasper, hasta que el motor de un coche se oyó fuera del establo. Entró Sam por la puerta, acompañado de una joven de unos treinta años, de tez pálida y cabello castaño rojizo, recogido en una trenza. Sus ojos de color miel recorrieron el establo de arriba abajo, hasta que Alice y Jasper se acercaron a ella.

-Señor Cullen, le presento a mi compañera Vanessa Rale; es una de nuestras veterinarias-.

-Un placer conocerla- respondió Jasper con su mejor sonrisa, lo que hizo que Alice rodara los ojos.

-El gusto es mío; tienen un rancho precioso- alabó.

Jake se giró de inmediato, al escuchar esa voz que no oía desde hacía más de tres años... y su vista se quedó clavada en la joven que acababa de entrar... no era posible, no podía ser ella.

-¿Qué pasa Jake?- preguntó Bella, al verle con esa expresión; haciendo caso omiso a la pregunta de la joven, se acercó al pequeño grupo de personas. Los ojos de Vanessa no pudieron disimular la sorpresa.

-Le presento a mi hermano, Jacob Black- le indicó Jasper. El silencio era tal, que hasta Bella se acercó al pequeño grupo de personas.

-¿Nessie?- preguntó Jake, con el rostro perplejo -¿er... eres tú?- Jasper alzó una ceja, al ver a su hermano nervioso y tartamudenado.

-¿Jake?- devolvió la joven en respuesta, también con la sorpresa en su cara -¿qué haces tú aquí?-.

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¿Y mi final feiz?



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Capitulo IX
Conociéndote… de verdad


Me sentía flotar sobre una nube, en lo que de repente esta empieza a ser agitada como si algo estuviera saltando encima de ella. 

-Bella, Bella… levántate, ya es de mañana – una cantarina voz me hablaba. 

- No, es temprano todavía –le dije enrollándome más entre las cobijas. 

- Tu auto esta aquiiii – grito ella. 

- ¿Qué? – me levante de un solo cayéndome de la cama. Alice comenzó a dar pequeñas risitas. 

Con mi cuerpo aun dormido pero con mi mente ya despierta me asome a la ventana de la habitación de Alice, por suerte esta daba a la parte de enfrente. 

Mi auto estaba ahí y con mis padres apoyados en él. Se veía tan hermoso, por desgracia no tenía una cámara para guardar este momento. No para tomarme una a mí, porque jamás salía bien en ellas sino para plasmar la felicidad que reflejaban mis padres. 

-toma –Alice me extendió su cámara como si hubiera leído mi mente. 

Iba a vestirme con la ropa que utilice ayer pero Alice no me dejo. Me dio unos jeans y una camisa rosa con cintas a los costados. Tome mi chaqueta y salí corriendo hacia abajo sin siquiera detenerme a saludar a Charlie y Renne quienes se encontraban en la cocina. 

-Papa, mama – los abrace a los dos feliz de verlos. 

- Buenos días querida – me dijeron los dos. 

- Hola, un gusto en conocerlos – los padres de Alice se presentaron – soy Charlie y ella es mi esposa Renne. Es bueno volver a verlo doctor Cullen. 

- Igualmente Charlie – contesto mi padre. ¿Ya se habían visto? ¿Cuándo? 

- el gusto es mío – se acercó mama a Renne dándole un abrazo. 

-Foto – grito Alice y todos nos pusimos frente al auto. Se tomaron muchas. 

Antes de siquiera poder encender mi Beetle nos regresaron a Alice y a mí a la casa alegando que debíamos desayunar primero. Así que aun reticente entre. Mientras los adultos platicaban Alice y yo contemplábamos el auto desde la ventana. 

-¿Pero qué? – Oímos la voz de Emmett desde la segunda planta – Mama, hay un auto con un listón afuera – grito sorprendido 

-Si Emmett – le respondió Renne – es el auto de Bella 

-Bella ¿Me lo prestas? – me pidió ya cuando estaba con nosotros en la sala, con los ojos cerrados ya que se los restregaba. 

-No se Emmett – le dijo Alice – creo que te verías muy ridículo manejando un auto tan pequeño. 

- Mama…. – dijo este buscando apoyo de Renne 

-Lo siento querido, pero creo que Alice tiene razón – le contesto está riendo. 

Todos empezamos a carcajearnos y fue ahí donde Emmett finalmente se dio cuenta de que no estábamos solos. 

-Oh, Buenos días Carlisle, Esme – se acercó a la última dándole un beso en la mejilla. 

-¿Y el mío? – pregunto su madre indignada. 

Se acercó a ella y le planto un sonoro beso en su mejilla. 

Una vez todos listos, sí, porque nos tocó esperar a Emmett y este se tardó una eternidad finalmente logre subir a mi auto. No hubo problema por la licencia ya que Charlie me extendió un permiso temporal hasta que fuera a tramitarla (Suerte la mía). 

Paseamos toda la mañana con Alice y Emmett, el en el asiento de atrás por supuesto. Cuando regrese a dejarlos mis padres ya no estaban y Renne me dijo que me estarían esperando en casa. 

Avance lentamente por las calles de Forks que llevaban a mi casa apreciando todo el camino, hasta que una motocicleta a toda velocidad paso demasiado cerca de mí por lo que frene bruscamente llevándome un buen susto. 

-Eres un idiot… aaaa – dije sorprendida, ya que había oído que alguien se acercaba a mí pero al darme cuenta no pude continuar. 

- Jake ¿Qué te pasa? – le dije molesta 

- Lo siento Bella, es solo que no te vi – me respondió sonriente. 

- Ni que mi auto fuese verde para confundirse con la espesura de Forks – él se tiro una carcajada, como si mi comentario fuera un chiste. Molestándome aún más. 

-Vaya, tienes auto – cambio la conversación – es muy… - lo quedo viendo – es muy tú. 

- Gracias creo – ¿había sido eso un cumplido? 

Regresaba a mi auto cuando Jacob me detuvo. Parqueo su motocicleta junto a mi Beetle y se acercó a mí. 

-Bella, siento ser tan… pesado, no lo sé – dijo – pero… - se quedó callado 

-¿Pesado?... yo diría arrogante, estúpido, engreído 

- ya, ya, ya… - me paro – entendí 

- Me alegro 

- Bueno, lo que te decía – suspiro - es que… tú, bueno tú me gustas. 

- Oh Jake, yo de verdad… - me sentía alagada y a la vez incomoda por su declaración. 

- Bella, no te sonrojes, no es algo malo – levanto mi cara – bueno, solo si tú quieres verlo así – dijo con un tono triste. 

- Lo siento Jake – esta vez fui yo la que lo observe – es solo que esto es nuevo para mí. 

- Esta bien – dijo ya más alegre – pero… podemos ser amigos – me ofreció. 

- ¿Amigos?... claro – no creo que sería tan malo. 

Nos quedamos ahí platicando, actualizándonos como decía Jake a cerca de nosotros. Bueno, el hablo más que yo. Ni siquiera a Alice le había contado todo de mí, pero ver a Jacob así, tan tranquilo y llevadero me influyo confianza por lo que después de una hora la idea de que fuéramos amigos se miraba como una buena opción. 

Desde ese día en adelante Jake y yo platicábamos todos los días; en el instituto, al salir de él, por teléfono y eso no pasó desapercibido para Alice que nos veía esa sonrisita que la caracterizaba. 

Todos los días pasaba a recoger a Alice por su casa para ir al colegio y a dejarla de regreso. Por lo que un día entre plática y plática me dijo: 

-Sabía que Jake y tú se llevarían bien – sonrió viéndome directamente a los ojos. 

- tienes razón Ali – tenía que aceptarlo. 

- Lo sé – canto 

No le dije nada más, no quería oírla decir lo maravillosamente bien que nos mirábamos juntos. 

-Te invito a La Push – me dijo Jacob por teléfono – es increíble que no la conozcas. 

-Sí, es patético – me reí – Alice lleva días hablando de lo maravillosas que son las playas. 

-Bueno… no son como las de Miami, pero vale la pena venir. 

- ¿Qué te parece si voy este fin de semana con mis padres y los chicos? 

-Sería perfecto – me contesto feliz – así conocerás a mi padre y amigos… ah, e invita al jefe Swan y Renne. A ellos les encanta venir. 

-Lo hare. Buenas noches Jake – ya eran las doce de la noche y tenía sueño. 

- Buenas noches princesa, que descanses – se despidió.




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miércoles, 4 de julio de 2012

La Bestia del Castillo



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8.- Un paso adelante seguido de otro en la misma dirección 



Edward pov

-buenos días Bella- saludo mi primo al entrar al comedor. 

-buenos días Jasper. ¿Cómo te fue? - pregunto mi esposa. 

-mejor de lo que esperaba, gracias por preocuparte ¿y tu como has estado?- 

-mejor que cuando te fuiste, mucho mejor- dijo mirándome mientras la sonrisa me salía casi en automático al mirarla también. 

-Edward ¿estás sonriendo? - pregunto Emmet con la delicadeza de siempre. 

- no - respondí mordiendo un pan de avena completamente serio. 

O eso intente hasta que mi muy atrevida esposa puso su mano en mi verga y la aprenso entre sus dedos al tiempo que movía en dos sentidos, haciéndome casi atorar con el pan. La sonrisa que le salió fue de felicidad autentica. Gracias a Dios por el manto largo que cubre la mesa. 

-sí, un poco- dije cuando pude pasarme el pan. 

-Bella no lo cojas así mientras come, harás que se atore de nuevo- dijo Emmet. 

-¡¡¡Emmet, sí te alcanzo te mato!!!- grite mientras me paraba como de rayo. 

Tome mi espada a la pasada. El enorme amigo que tengo salió disparado a todo correr. 

-¡¡¡cuando lo mate regrese a desayunar!!!- alcance a escucharla antes de doblar el edificio. 

-Así que ya estás bien con ella- dijo Emmet cuando nos cansamos de luchar con las espadas y a brazo limpio. 

Nos sentamos sobre la paja del establo donde le di alcance. 

- si - dije tratando de recuperar el aire. 

-y por lo que veo no solo les va bien, están teniendo encuentros cercanos… muy cercanos. Estas en pésimas condiciones para la lucha…- dijo riendo. 

-¡Emmet!... sí, es inmejorable lo que me hace sentir. No puedo entender como fui tan egoísta al principio, le negué todo un mundo de cosas que ahora conoce y con las que me trae loco. Apenas puedo esperar a que sea de noche de nuevo- dije sonriendo como imbécil. 

-bien, si no va a matarte por la espalda lo hará por la…- dijo Jasper jalándose el mismo la verga. 

-no sé para que me molesto en hablar con ustedes- dije irónico y algo irritado por el gesto. 

-no te enfades Ed, nos da gusto que las cosas mejoraran con tu esposa- dijo Jasper sentándose a mi lado. 

-pues no están del todo bien, aun no consigo que me llame por mi nombre o que deje el “Usted” de lado, pero al menos en la intimidad las cosas van mucho mejor- 

-¿sigue sin embarazarse?- 

-no sé Emmet… los dos primero meses le llego puntual… ahora no me ha dicho pero no hemos dejado de intimar en casi todo este tiempo. No quiero ilusionarme, con Kate era igual… cuando pensábamos que sí … le llegaba su periodo - dije con tristeza. 

-ten paciencia, apenas llevas cuatro meses de casado y los tres primeros no fueron lo mejor, mi mama decía que una mujer necesita más que solo yacer con su esposo para concebir, decía que necesita amor, cuidados y tranquilidad. Bella solo tiene lo último, por ahora. Ya verás que cuando se sienta más confiada el niño vendrá por si solo- dijo Jasper. 

-sí seguro que sí - respondí un poco más animado con la idea. 

-vamos antes que tu esposa de verdad crea que me mataste- dijo Emmet levantándose. 

-no es mala idea… no debes decir las cosas como las piensas, al menos no delante de ella- dije serio. 

-Edward, el único que no habla de cosas importantes con tu esposa eres tú- dijo Emmet saliendo antes que yo. 

-¿a qué te refieres con eso?- pregunte sin entender. 

-tu esposa era inocente de práctica, no así de teoría, deberías platicar mucho mas y no solo desnudarla y hacerla gritar. Sabe mucho de cómo llevar un castillo, como hacerse cargo de los hombres y mujeres que en él habitan y lo más importante sabe mucho de caballos- dijo Jasper dejándome con más dudas. 

¿A qué se refería con inocente en práctica pero no en teoría? 

Con eso mente camine de regreso al castillo. Subí directamente a su habitación. Y ahí la encontre seria y pensativa. 

-¿Qué te pasa? -pregunte mientras me quitaba la ropa. 

La tina está llena aunque el agua ya no esta caliente. 

-creo que… nada. Nada importante. ¿Mato a Emmet?- pregunto sonriendo. 

-no, pero… me falto muy poco… ¿quieres venir?- pregunte mientras me sentaba en la tina. 

-sí… quiero - dijo mientras se quitaba el vestido. 

Justo frente a mí. Despacio y sin prisas. Camino muy lentamente hasta entrar en la tina. Esta esposa no pide nada a ninguna otra. Se sentó entre mis piernas apoyando su espalda en mi pecho 

-¿quieres ir al pueblo después?- pregunte mientras la tocaba un poco. 

-sí… me gustaría eso…- logro responder antes que mis manos encontraran su centro. 

La toque hasta que grito, hundí mis dedos en ella mientras sus uñas se enterraban en mí, no me importo, no sí puedo hacerla feliz. Cuando sentí que estaba a nada de liberarme la subí en mí. Se movió como siempre, me aferre a su cuerpo tomando sus senos. Llegamos juntos. Como espero se nos haga costumbre. 

Tardamos un momento en recuperarnos del todo. Termine de ducharme mientras ella hacía lo mismo. 

- ¿nos vamos ahora? - pregunto apenas se vistió. 

Dude un momento, aún quiero desnudarla otra vez y tomarla sobre el tocador. Es alucinante la manera como grita mientras me muevo en ella. Pero dado que fui yo quien lo propuso… 

-por supuesto… vamos - dije tomándola de la mano. 

-¿podemos ir caminando?- pregunto cuando llegamos a las caballerizas. 

-¿no quieres montar a Divina?- pregunte con asombro. 

Mi esposa no hace otra cosa por las mañanas que dirigirse directamente a donde el animal esta. 

-creo que me gustaría caminar- dijo con un poco de pena en la voz. 

-caminaremos entonces- dije tomándola de la mano de nuevo -¿Qué conoces del pueblo?- pregunte. 

-no mucho, solo la casa de Carmen, su hija Emily es muy agradable y los niños son… lindos, supe que ya concertó la boda entre Nara, la hija más joven de Carmen y uno de sus hombres, eso fue muy lindo… considerando que no es el padre de la criatura que ella espera- dijo mientras me daba información que yo no tenía. 

-¿no lo es?- pregunte a mi vez, se giro tapándose la boca- no te preocupes, no dijiste nada que pueda ponerlos en problemas, solo me asegurare de saber bien los detalles de este asunto- dije para calmarla. 

-bueno eso es… gracias- dijo mirando al frente de nuevo. 


Bella pov 

Caminamos tomados de la mano por todo el pueblo, siempre siguiendo la orilla del rio. Este es un esposo completamente diferente al ogro con quien viví los primeros meses. Me gusta mucho este nuevo esposo, me gusta demasiado. Lo suficiente como para amarlo. 

-este puente antes no estaba…- me jalo suavemente hablándome de cada sitio al que llegamos. 

-Señor eso es muy interesante pero… ¿Qué le parece si deja de hablar y me besa?- pedí. 

Él había dicho que yo podía pedir lo que quisiera cuando quisiera y justo ahora quiero besarlo, ya que durante nuestros encuentros no lo hace. 

Jamás. 

-¿quieres que te bese? ¿Aquí? ¿En mitad del puente más transitado del pueblo?- pregunto mirándome con una sonrisa suave. 

-sí - dije nerviosa. 

-hagamos un trato… yo te besare cuando tu empieces a tutearme y llamarme por mi nombre- dijo con un poco mas de seriedad. 

-me parece justo…Edw…- 

-Señor qué bueno que lo encuentro… lamento molestarlo pero hay problemas en los establos. Es Divina señor...- llego galopando Sam en otro de los caballos y amarrado a ese el negro de mi esposo. 

-¿Qué le pasa Sam?- pregunte antes que mi esposo abriera la boca. 

-creo que la mordió alguna serpiente… no sé con certeza señora- 

-vamos Sam… Bella…- 

-vaya… yo regreso sola- dije 

-te puedo llevar en mi caballo- dijo mientras se subía. 

-no lo creo… vaya, no la deje morir- dije con los ojos húmedos. 

Asintió mientras se giraba y emprendía el galope a toda velocidad dejándome de pie en el puente. Camine de regreso, sola. Despacio y sin llevar prisa. Si una serpiente la ha mordido no se salvará y no quiero llegar q presenciar como la sacrifican. Es algo que no podre soportar. Es un animal por demás hermoso. 

-vamos señora, su esposo me ha mandado por usted… inmediatamente- pidió Garrett. 

El hombre a cargo de la seguridad. 

-¿tengo que montar?- pregunte. 

-me temo que sí señora, pero este caballo en muy dócil, no le hará pasar problemas, vamos suba señora- dijo bajándose del suyo y acercándose al otro que traía para mi. 

-¿puedes llevarme? Pregunte sabiendo que no podía irme montada como me gusta. Ya no puedo hacerlo. 

-¿no le incomodara mi cercanía señora?- 

-no… estaré bien- dije mientras se subía al caballo y me ayudaba a acomodarme sentada de lado. 

Odio ir así pero… es indispensable. 

-Bella… ¿Qué…? No importa, quise que vinieras pronto porque me temo que Divina no se salvará y asumí que querrías despedirte- dijo mis esposo en cuanto llegamos. 

-¿no hay nada que hacer?- pregunte mientras me tomaba de la cintura y me bajaba. 

-Sam le ha dado un par de remedios y se le aplico un ungüento en la herida, pero… no hay muchas garantías de que funcione… podría no sobrevivir a la noche- dijo suavemente. 

-entiendo- dije mientras me acercaba al animal acostado. 

Bufo al verme. Me senté dejando su cabeza sobre mis piernas. Recordé una noche dos años atrás, un caballo diferente, un motivo diferente pero el mismo dolor de saber que no estaría ahí al amanecer. 

No fui consciente que todos salieron hasta que mi esposo entro de nuevo. 

-si vas a pasar aquí la noche al menos déjame quedar contigo- dijo cuando tras una hora de tratar de convencerme de irnos no lo consiguió. 

Al menos no grito como suele ser su costumbre. Acomodo unos fardos de heno y puso unas mantas que mando a buscar, con todo eso hizo una especie de cama. A un lado del caballo. Nos sentamos ahí, a esperar el final… me abrazo en todo momento y en algún punto de la noche me acomode sobre su pecho sin aparatar mi mano del hocico del animal. 

Envuelta en su calor perdí la noción del tiempo 

-Bella… Bella despierta… Divina esta...- 





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¿Y mi final feliz?


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Capitulo VIII
Gracias Papá


Cuatro días después… 

-Bella – me hablo mi padre, sentándose junto a mí en la mesa de la cocina. A las nueve de la mañana era el mejor lugar para estar. 

- ¿Si papa? – lo voltee a ver lentamente. Todavía traía la cama conmigo. 

- Cuando termines te vistes y me esperas en el auto – mordió una tostada – salimos en media hora. 

-¿Adonde? – pregunte interesada. 

-Ya lo veras 

- Papa… - lo llame – tengo que verme con Alice en una hora en su casa. 

Se quedó pensativo por un momento. 

-Bueno cariño, sabes que nos encanta Alice, así que tráela con nosotros. 

Veinte minutos después ya estaba lista y llamando a Alice. 

-Hola Ali 

-Bella, hola. ¿Ya vienes? 

- No Alice 

- Mmm… ¿Y porque me llamas?... Oh, me extrañabas, que linda. 

- Si Alice – voltee los ojos – te llamaba para invitarte a salir. Con mi padre – aclare 

- oh… Mamaaaaa, Bella me invito a salir – la oi gritar – puedo, puedo, puedo. 

Empezó a decir muchas cosas, no sabía si era a mí o a su madre, no le entendí ninguna. 

-Yo también quiero ir – se oía la voz de Emmett rogar al fondo. 

- Bella, te estaré esperando – me dijo con su tono de voz alegre 

- Ok, llego en cinco minutos. 

Salí de la casa y mi padre ya me esperaba en el auto con mama. Llegamos en el tiempo predicho a la casa de Alice. Sentados en la primer grada se encontraba una feliz Alice y un Emmett enojado. 

-Adiós Emmett – le dijo está levantándose y dándole un beso en la frente. 

- No es justo – oímos a Emmett quejarse. 

Todos reímos a unísono, se miraba tan gracioso. Nos dirigimos a la carretera, no tenía idea de donde iríamos y había sido en vano preguntarle a mama. Era cómplice de todo. 

Salimos de Forks en dirección a Seattle. Dos horas y todavía no nos decían nada, porque a estas alturas Alice también se había sumado a mi campaña de averiguar lo que se traían entre manos. 

-Cariño, no siempre tienes que saberlo todo – me respondió mi madre con un poco de impaciencia. 

Me molestaba no saber las cosas, si tal vez era un defecto de mi parte pero no podía evitarlo. Entramos a Seattle por lo que pronto obtendría mi respuesta. Alice mientras tanto sostenía mi mano como queriendo tranquilizar mi molestia. 

-Llegamos – dijo papa después de recorrer las calles unos minutos. 

Alice y yo nos quedamos con la boca abierta cuando nos dimos cuenta de donde nos encontrábamos. Estábamos en el establecimiento de Volkswagen. 

-¿Quéeee? – Me gire a ver a mis padres, los cuales reían por nuestras caras - ¿Qué hacemos aquí? – les pregunte. 

-Tu qué crees – me respondieron a coro. 

-Bella, te compraran un auto – me tomo Alice de los hombros emocionada por mí. 

-Siiiiiii – gritamos Alice y yo. Llegamos a la puerta del establecimiento dando saltitos. No me gustaba que me regalaran cosas pero esto lo valía. Finalmente tendría mi propio auto. No me hubiera molestado si fuera de segunda, igual estaría perfecto para mí pero ellos querían regalarme uno nuevo, así que uno nuevo seria. 

- Escoge el que quieras – dijo mi padre mientras le tomaba la mano a mi madre. 

Solo asentí ya que la alegría no me dejaba hablar coherentemente. Estuvimos viendo varios autos pero no encontraba uno que se acomodara a mi estilo. 

Alice y yo nos vimos a los ojos cuando descubrimos detrás de una gran camioneta a un pequeño Beetle Cabriolet, era azul (perfecto) y tenía el capo bajado. 

-Este – nos dijimos 

Mis padres se acercaron cuando nos vieron saltar abrazadas. 

-Así que… - me vieron a los ojos y sonrieron – este será 

-Siiii - dije casi jadeando y corrí a abrazarlos. Eran los mejores padres del mundo. 

Todo lo demás fue demasiado fácil. Pero desgraciadamente no podía llevármelo, no tenía licencia para conducir aunque ya pudiera; por lo que la empresa lo enviaría al día siguiente a nuestra casa. Y a continuación: compras… que desgracia, para mí. 

Regresamos a eso de las cinco de la tarde a Forks, ya era algo tarde cuando llegamos pero debíamos hacer el trabajo que teníamos pendiente por lo que mis padres nos dejaron en casa de Alice. 

Bajamos del auto no con una sino con tres bolsas llenas de cosas que mis padres le habían regalado a Alice. Sentía que había ganado una hermana, y de paso también otro hermano. Me llevaba tan bien con ellos que era fácil pasar el tiempo juntos. 

-Mama, ya llegamos – anuncio Alice 

-Buenas noches – salude desde la puerta. 

- Buenas noches querida, soy Renne – se presentó la mama de Alice. 

- Y yo Charlie – su padre me extendió la mano, traía su uniforme de policía. 

-Mucho gusto – le correspondí al saludo. 

-Y yo soy Emmett y estoy enojado contigo – informo el oso desde las escaleras – me abandonaste a mi suerte. No te lo voy a perdonar – me decía resentido. 

- Mmm… Ni siquiera por un bate original autografiado por Babe Ruth – le dije sacándolo de una de las bolsas. Regalo que Alice me había dicho que le gustaría. 

El abrió la boca de par en par asombrado por lo que había traído y no era el único, su padre me veía incrédulo. 

-Tengo que pensarlo – dijo con falso desinterés. 

- Y si te digo que Esme te envió un paquete completo de ositos de goma ¿La perdonarías? – le pregunto su hermana. 

- Bellaaa… te perdono, te perdono… - grito abrazándome fuertemente. 

-¿Cómo derribarías a un oso? – pregunto Charlie a todos 

- yo sé – dijo Renne – Con ositos de goma 

Todos comenzamos a reír fuertemente, era cierto. Emmett había sucumbido frente a los dulces. Él ni siquiera se molestó por el comentario, simplemente abrió el paquete y empezó a comerlos uno por uno. 

Le contamos a Renne todo lo sucedido ese día mostrándole lo que había en el bolso. Mi madre le había comprado a ella una vajilla francesa preciosa con hilos dorados decorando la mitad. A Charlie papa le había enviado una nueva funda de cuero para su pistola y a Alice mucha ropa y zapatos. Yo no me compre nada (más que una caja completa de chocolate suizo. Suficiente para una semana). 

Hicimos la tarea de química, cenamos, y nos fuimos a la cama a eso de las once de la noche. Todas las luces estaban apagadas y aun así Alice seguía hablando de lo maravilloso que había sido el día de hoy. Yo simplemente le contestaba con unos Aja y Mmm… estaba cansada. 

Mañana sería otro buen día y necesitaba recargar baterías… ¿Por qué? 

Mañana ya tendría auto…


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otro capi nena para que me disculpen por la falta de capis y lo demas jajajajajaja besososososos