miércoles, 13 de junio de 2012

La Bestia del Castillo


::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::


6.- Un paso adelante… una caída hacía atrás 

Edward pov 

-Entonces Bella ¿Qué es lo que llevo a tu Clan a tener tan pocos recursos?- pregunto Jasper durante la cena. 

Tres días han pasado desde que empezó a salir de nuevo y parecen nunca separarse... 

Es realmente molesto. 

-bueno… mi hermano Mike enfermo hace cuatro años, se puso realmente mal, mi padre tuvo que dejar de viajar para cuidarlo y eso provoco que perdiera muchos de los tratados de comercio que teníamos; después él mismo enfermo y una cosa llevo a otra. No quiso casarme con uno de los comerciantes que le ofrecía ciertas ventajas, porque apenas tenía diecisiete años y no quiso que yo… bueno no quiso que me fuera lejos. El comerciante era de España y me habría ido a vivir allá. Después de eso fue casi imposible recuperar el resplandor de Forks- dijo ella. 

-¿Forks? ¿Así se llama tu castillo?- pregunto Emmet. 

Solo en ese momento me di cuenta que la tratan con confianza y que ella se dirige a ellos de igual manera y que me están ignorando, los tres. De hecho no me han mirado en todo lo que llevamos sentados. Y también me di cuenta que le llaman Bella no Isabella y que ella los tutea. 

-sí, o al menos la gente de la aldea así le dice, ¿Cómo es el lugar de dónde vienes Emmet?- pregunto a su vez. 

-bueno, es un pueblo realmente lejos y pequeño, del otro lado del mar, aunque salí de allá hace muchos años- 

-¿y con quien vivías antes de estar aquí?- pregunto mi esposa prestando toda la atención de la que es capaz. 

-mi madre me mando con una tía cuando esta se caso, pero en cuanto pude valerme por mi decidí que era tiempo de hacer mi camino y así llegue a estas tierras- dijo Emmet sonriendo. 

-¿y tu Jasper?- pregunto mirando a mi primo. 

-bueno, mi padre me mando con el tío Marco y cuando este murió, ya tenía un lugar aquí, el cual reafirme cuando Edward tomo el control- dijo mi primo diciendo menos de lo que en realidad es. 

Una hora después de que todos se retirarán a sus actividades mi esposa, Jasper y Emmet seguían platicando y yo me quede escuchando, aun siendo ignorado. No porque no supiera lo que mis hombres dirían, sino porque quería saber más de ella. 

-debemos irnos Bella, pero… ¿platicamos mañana?- pregunto Emmet sonriendo como adolescente enamorado. 

-Emmet mañana tienes una diligencia y no estarás… en varios días- dije mirándolo serio. 

-Como ordenes Edward- respondió aun más serio - entonces a mi regreso seguiremos con la charla- dijo sonriendo de nuevo a Bella. 

-también yo debo partir mañana, por algunos compromisos que tu esposo me ha encomendado pero regresare pronto. Cuídate Bella. No galopes muy rápido- dijo antes de levantarse. 

-no prometo nada pero lo intentare, gracias- respondió mi esposa agregando una sonrisa completa donde pude verle todos los dientes. 

Vaya, si tiene sonrisa amplia después de todo. Lástima que no la saque conmigo. 

-¿A qué se refería con que no galoparas muy rápido?- pregunte cuando quedamos solos. 

-en la mañana saque a Divina a pasear pero se asusto con una serpiente y se soltó a correr. Me costó un poco de trabajo dominarla y para cuando lo hice Emmet estaba cerca junto con Jasper intentando alcanzarme- dijo en un tono que nada tiene que ver con el que usa con ellos. 

-te dije que si querías salir yo podía acompañarte, ¿Por qué no me dijiste?- pregunte. 

-no es necesario, usted tiene muchas obligaciones y perder el tiempo conmigo fuera de la cama, no es una de ellas. Si no tiene algo más que decirme o preguntarme me retiro- dijo mientras se levantaba y se dirigía a las escaleras. 

-Bella…- 

-Isabella, mi nombre es Isabella- dijo interrumpiéndome. 

-¿Emmet y Jasper pueden llamarte así pero yo no?- pregunte molesto levantándome de golpe. 

-Ellos me tratan como un ser humano, usted no- dijo en un tono bajo pero apreciable antes de empezar a subir. 

-¡¡¡soy tu esposo y te llamare como se me dé la gana!!!- grite siguiéndola. 

No se detuvo, no me miro, solo la escuche suspirar. Siguió su camino. 

-no me dejes hablando solo- dije mientras la tomaba del brazo y la giraba. 

Me miro sin decir nada. Y me di cuenta que tampoco yo tengo más que decirle. Pero ya estoy frente a ella y no me humillare a mi mismo mostrándolo. La tome de la mano y la lleve casi arrastrándola hasta su recamara. 

No hizo por detenerme o resistirse. La desnude en tiempo record mientras me desnudaba yo. La tome como otras veces, sin preámbulo, sin juegos previos, apenas las acciones necesarias para no lastimarla al penetrarla. 

Miro el techo como siempre. 

Esa pequeña acción me desespera. Solo se queda ahí, quieta, esperando que yo termine. Y apenas cruzo la puerta la escucho llorar. Es cada noche la misma rutina. 

No esta vez. 

Las ganas se esfumaron cuando me di cuenta que de nuevo su centro de atención es el techo. Sin importar que no he terminado me separe de su cuerpo. Como otras veces evito mirarme. 

Solo que esta vez no me marchare. 

Me acosté a su lado. No hizo ningún ruido. Mire el techo como ella hace. Tiene piedras de tamaños diversos y algunas son más oscuras que otras. Pero solo sobre la cama, el resto es una sola pieza de color característico gris. 

-¿Cuántas piedras de color oscuro hay?- pregunte. 

-53 -dijo apenas termine de preguntar. 

Gire mi rostro hasta mirarla. Sigue mirando el techo. 

Se sabe de memoria la cantidad de piedras oscuras, Dios esto es lo peor que como hombre me puede pasar. Mi esposa no solo no disfruta de la intimidad sino que se sabe las piedras del techo. 

-buenas noches - dije mientras me giraba para fingir que me dormiría. 

Mientras planeo la manera de que mi matrimonio no sea un infierno donde yo soy el mismo demonio y mi esposa el alma en pena. 

-¿se quedará aquí?- pregunto. 

-sí, es mi castillo y puedo quedarme donde yo quiera ¿tienes algún problema con eso?- pregunte girándome hasta verla de frente. 

Medio sentada con la sabana cubriendo su cuerpo menos los hermosos hombros, me estudio con los ojos muy abiertos. Observo el espacio de la cama entre los dos y negó antes de acostarse de nuevo. 

-bien, con eso aclarado… buenas noches Bella- dije de nuevo. 

-Isabella… mi nombre es Isabella- dijo apenas en un susurro. 

Me enfurecí pero por primera vez preferí callar. Si abro mi enorme boca en este momento le gritare de nuevo, la insultare de nuevo y al salir no regresare a su cama. Jamás. 

-¿dijiste algo?- pregunte tratando de no rugir con los dientes apretados al igual que los puños. 

-sí, buenas noches señor- dijo un poco más fuerte. 

Y me di cuenta que jamás ha dicho mi nombre o me ha tuteado o ha demostrado algún signo de confiar en mí. Eso disipo mi enfado. Dejándome una tristeza casi como la de ella pero diferente. 

Pensé en Kate y lo diferente que eran nuestras noches. La pasión, el amor y la lujuria que siempre hubo. Nuestra cama ardía cuando nos encontrábamos. La noche solía no alcanzarnos y la mañana nos encontraba uno sobre el otro. 

Con su muerte todo eso acabo. 

Con su muerte y la de nuestro hijo no nacido todo se fue al carajo. Todo lo que tenía para dar se marcho con ella. Ahora no me queda nada para mi nueva esposa. 

¿O sí? 

Cerré los ojos dispuesto a dormir… 

Un movimiento brusco y el sonido de un grito acallado me hicieron despertar. 

Carmen con los ojos como platos me miraba. 

-Señor…. ¿Qué le hizo a la señora?- pregunto sin que yo entendiera. 

-¿de qué hablas mujer?- pregunte a mi vez sentándome. 

Con mano temblorosa señalo a donde mi esposa más que acostada, yacía tirada, sobre las mantas junto a la chimenea. Inconsciente. Pálida. 

Me levante como rayo, al momento la mujer se dio la vuelta y recorde que sigo desnudo. 

Me puse el pantalón y fui a donde mi esposa. 

-no está muerta… ¡¡¡esta ebria!!!- dije en un rugido cuando la acércame sentí el olor del whisky y pude ver la botella vacía a su lado. 

-Dios… déjeme traerle algo para que despierte- dijo mientras yo cargaba a mi mujer inconsciente y la dejaba en la cama. 

-no… deja que se le pase solo- 

-pero se sentirá mal cuando despierte- 

- Exacto. Así aprenderá que no debe embriagarse de esa manera o de ninguna otra- dije con más rudeza de la necesaria -ahora sal de aquí que tengo sueño todavía- dije mientras la sacaba casi a empujones y cerraba la puerta. 

¿A qué hora empezó a tomar? 

O mejor aún ¿Cómo no me di cuenta? 

Esta mujer no quiere nada conmigo y no puedo culparla, yo no he hecho nada para que quiera conmigo. Si no puedo amarla, al menos tratare de llevarme mejor con ella. Después de todo pasare el resto de mi vida a su lado. 

Por este día me quedare en cama. 

Con ella. 

Me sentí dando un paso adelante y ella dándose una caída hacia atrás. Algo tengo que hacer para mejorar nuestra situación. 

Me hice el propósito de dormir de nuevo mientras pensaba en cómo conseguirlo.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Cowboy de mi corazón

________________________________________


Capítulo 6: Bajo el muérdago


El frío llegó con un poco de retraso a Hunstville, pero cuándo hizo acto de presencia, lo hizo con todas las de la ley .Bella miraba asombrada cómo los copos de nieve cubrían los pastos del rancho Killarney a tan solo unos días de las celebraciones navideñas; jamás pensó ver nieve en el estado de Texas... y resulta que la zona sureste del estado texano tenía uno de los inviernos más crudos del país.

Edward regresaba a la noche, después de una larga semana en San Antonio. Bella estaba un poco nerviosa, pensando en el dichoso amigo invisible; ¿qué haría si le tocaba regalarle a Edward?; apenas conocía sus gustos, y seguro que comprara lo que comprara, no le gustaría, por el simple hecho de qué venía de ella. Esme ya estaba ideando hacer el sorteo, dado que hoy estarían todos los miembros de la familia a cenar, incluidos Emmet y Rosalie. ¿O qué pasaría si a Edward le tocaba ella en el sorteo?; aunque se habían despedido con cordialidad antes de que se fuera a ese congreso en San Antonio, Bella temía hacer o decir algo que pudiera volver a molestarlo.

Suspiró frustrada, tirando de la riendas para que Mistie girara en dirección al rancho. La mínima capa de nieve que había cubierto las tierras prácticamente se había derretido, de modo que Bella pudo disfrutar de un agradable paseo a caballo; le gustaba galopar, y sentir el aire frío golpeando su cara, y haciendo que sus mejillas se sonrojaran.

En poco menos de diez minutos llegó a los establos, y bajando con un pequeño saltito, tomó las bridas para conducir a Mistie a su sitio; allí se encontró con Jake, que la saludó contento.

-Bellie Bells- canturreó con una sonrisa -¿qué tal el paseo?-.

-Muy bien- le respondió la chica; Jake la observó detenidamente. En realidad, llevaba varios días haciéndolo, y ya la empezaba a conocer lo suficiente para saber que algo le rondaba por la cabeza.

-¿Estás triste?- le preguntó Jake sin rodeos. Bella ensanchó sus ojos, sorprendida por la pregunta.

-¿Por qué dices eso?- le interrogó, frunciendo levemente el ceño.

-Estás muy callada estos días- le explicó Jake -¿es por la llegada de las navidades?- siguió preguntando Jake, deduciendo que Bella estaría triste por no estar con su padre en unas fechas tan familiares.

-En parte- le explicó la joven, sonriendo con pena -pero tengo que acostumbrarme a su ausencia- Jake la rodeó por los hombros, intentando sonsacarle una pequeña sonrisa.

-Verás cómo lo pasamos muy bien todos- intentó animarla. Bella agradeció sus palabras con una sonrisa, y no pudo evitar preguntarle sobre la dichosa cuestión.

-Esme me ha contado que cada navidad hacéis lo del amigo invisible- dijo a modo de pregunta, pero intentando imprimir en su tono de voz un aire casual.

-Así es- empezó a explicarle Jake -es una tradición familiar de los Cullen- se encogió de hombros -pero lo más divertido para mi, es intentar averiguar quién ha regalado a quién- le explicó con una risa -además, este año tenemos un integrante más- le dijo mientras la miraba con una sonrrisilla malévola. Bella hizo un amago de sonrisa, no muy convencida con el sistema de regalos de la familia Cullen. Iba a preguntarle algo, cuándo Jasper se acercó corriendo hacia ellos,

-¿Qué ocurre?- preguntó Bella cuando el otro hermano paró enfrente de ellos, jadeando por la carrera.

-Rosalie está de parto, Emmet acaba de hablar con Esme- les informó.

-¿Ya?- preguntó incrédulo Jake -todavía faltan diez días para que salga de cuentas- murmuró con el ceño fruncido.

-El nacimiento de un niño no es una ciencia exacta- le recordó Bella, rodando los ojos -¿podemos ir?- se volvió hacia Jasper mientras le preguntaba; quería mucho a Rose, y le encantaban los niños.

-Para eso he venido a buscaros- les informó Jasper -papá y Esme salen ya para el hospital-.

-Pues no perdamos tiempo- expresó Jake; los tres se dirigieron hacia la casa, en dónde dos coches estaban ya preparados.

La media hora de trayecto desde el rancho Killarney hasta el hospital de Hunstville se hizo interminable, debido a que por la nevadas no podían acelerar mucho. Bella iba en el asiento trasero, en el coche que conducía Jasper; Jake iba de copiloto; por detrás, el coche en el que iban Carlisle y Esme les pisaba los talones. Por fin, aparcaron enfrente del pequeño hospital, y presurosos se dirigieron hasta la planta de maternidad, dónde encontraron a un muy histérico Emmet paseando de arriba a abajo, que nada más ver a su familia se acercó a ellos.

-¿Ya ha nacido?- interrogó Esme.

-Todavía no; el doctor la está revisando, a ver si ha conseguido dilatar algo más- les explicó.

-Nuestro sobrino se hace de rogar- refunfuñó Jake.

-¿Y Rose, cómo lo lleva?- interpeló Carlisle a su hijo.

-Desde que le pusieron la anestesia epidural bastante mejor- les explicó -por lo menos no tiene dolores- nada más decir la última palabra, un hombre con una bata blanca se acercó al pequeño grupo, indicándole a Emmet que había llegado el momento, y que por favor, lo acompañara. Éste voló hacia la habitación de su esposa, y el resto decidió irse a la sala de espera, después de desearle buena suerte.

Bella y Jasper fueron a por unos cafés y unos bollos, que todos agradecieron.

-¿Habéis avisado a Edward?- cayó de repente Jake, removiendo el contenido de su taza.

-Tiene el móvil apagado, ya habrá salido el vuelo- le explicó Esme -de todas formas, en una hora volveré a llamarle, no es un viaje largo- les explicó.

Todavía tuvieron que transcurrir cuarenta y cinco largos minutos; los cuales transcurrieron en medio de una divertida charla acerca del nuevo miembro que iba a ingresar en la familia. Justo en ese momento, la puerta de la sala se abrió, apareciendo Edward acompañado de un matrimonio de mediana edad. Después de saludarse todos, Carlisle le presentó a la pareja.

-Bella, ellos son Vincent y Patricia Hale, los padres de Rosalie- la joven les saludó con una pequeña sonrisa, estrechando sus manos. Patricia era una versión madura de Rosalie, con sus mismos ojos azules y su pelo rubio hasta los hombros.

-Es un placer conocerte, Bella; Rose nos ha hablado de ti- le dijo el hombre, con una mirada amable y una sonrisa simpática.

-El placer es mío- devolvió por respuesta. Esme y Patricia se sentaron en una esquina, mientras que Carlisle y Vincent se dirigían a la cafetería, acompañados por Jake y Jasper, iniciando una pequeña conversación. Bella se acercó a la ventana, observando que la noche ya había hecho acto de presencia. No sintió que alguien se acercaba a ella, hasta que el sujeto se paró a su lado.

-Hola; todavía no te había saludado- esa voz cálida y suave penetró en sus oídos, cual dulce caricia. Su vista se posó en Edward, que la miraba con simpatía. Cómo siempre, guapísimo con traje y camisa, y sin corbata, cómo era costumbre.

-Hola- devolvió con tono nervioso -¿cómo ha ido el congreso?- interrogó con su timidez y sonrojo característicos, cosa que a Edward le volvía loco.

-Un poco aburrido- le confesó con complicidad; ella sonrió tímida, agachando los ojos unos instantes -¿y cómo han ido las cosas por el rancho?- le preguntó, apoyándose en el cristal, con las manos en los bolsillos de sus pantalones.

Bella le empezó a relatar todo lo que había hecho, a menudo interrumpida por Edward, que le hacía preguntas en tono amigable. Se sentía extraño, pero a la vez era una sensación agradable, poder hablar con él así.

Edward la escuchaba ensimismado; interiormente, se recreaba y grababa en su memoria las graciosas muecas y expresiones que Bella utilizaba. El jersey de cuello alto que llevaba tapaba ese cuello de cisne que tan loco le volvía, y su cascada de rizos marrones enmarcaba ese rostro que tanto se le aparecía en sueños. Dios... si no fuera tan joven, se lamentaba una y otra vez.

Bella no podía evitar que su corazón de desbocara cada vez más; era increíble cómo el sonido de su voz, tan suave cómo un arrullo, la perturbaba. Inconscientemente, su vista se dirigía una y otra vez a hacia ese pelo cobrizo, hacia esa barbilla recta y pómulos exquisitamente delineados... hacia ese mar verde que eran sus ojos, que la invitaban a adentrarse en ellos de una manera enloquecedora.

Estaban tan enfrascados en la conversación, que sólo los gritos de júbilo y alegría de Jasper y Jake les consiguieron sacar de su trance. Cuándo giraron sus cabezas, vieron a los dos hermanos abalanzarse contra Emmet, ataviado con una bata verde y con un gorro del mismo color en la mano.

-¡Somos tíos!- aulló Jake, saltando cual niño pequeño y riendo feliz de la vida. Edward se acercó también a sus hermanos, uniéndose también al abrazo colectivo. El resto de los presentes les miraban con una gran sonrisa, parecían un equipo antes de salir al terreno de juego.

-Tranquilidad- pidió Emmet, una vez se liberó de sus hermanos.

-Dejadle que nos cuente- pidió Carlisle.

-Cuatro kilos de peso; cincuenta y un centímetros; diez dedos en las manos y otros diez en los pies- el resto reía divertido ante esto último -rubio cómo su madre y guapísimo- les explicó.

-Carlisle, amigo mío... ¡somos abuelos!- exclamó Vincent contento, mientras ambos se abrazaban y se palmeaban la espalda. Patricia y Esme, ésta última emocionada cómo si fuera la abuela paterna del niño, coparon de preguntas al feliz y estrenado papá.

Bella se sintió por feliz por Emmet y Rosalie, pero le daba la sensación de que era una intrusa en esa íntima celebración familiar. Cuándo iba a salir por la puerta, una mano morena y fuerte la tomó del brazo, haciendo que parara.

-¿A dónde te crees que vas?- la interrogó Emmet.

-Quería dejaros un momento de intimidad y...- Emmet la cortó, negando con la cabeza.

-¿No quieres ver a Owen?- le ofreció sonriendo -apuesto a que el pequeño se muere por conocer a su tía Bella- esas palabras hicieron que una sonrisa emocionada apareciera en la cara de la joven.

-No soy su tía- recalcó divertida.

-A todos los efectos lo eres- le recordó Emmet -aunque no lo seas técnicamente; eres como nuestra hermanita pequeña- Bella rió divertida, al igual que Carlisle, Esme y los padres de Rose.

-Gracias- agradeció al hermano, mientras que Esme la tomaba de los hombros, dirigiéndose a la habitación de Rosalie, seguidos por el resto.

-Y técnicamente, dentro de poco tiempo será su tía- murmuró divertido Jasper para si mismo... pero Jake escuchó el comentario. Agarró a Jasper del hombro, quedándose rezagados del grupo que caminaba por el pasillo del hospital.

-¿Cómo que dentro de poco?- interrogó a su hermano pequeño -¿me estás diciendo que te gusta Bella?- murmuró incrédulo. Jasper bufó resignado... ¿acaso era él el único que tenía ojos en el rancho?.

-Le tengo mucho cariño- admitió -pero no ese cariño- se apresuró a aclarar -no hablo de mi- esperó pacientemente a que su hermano mayor captara por dónde iban los tiros. Los ojos de Jake se agrandaron, relampagueando furiosos.

-¿Me estás contando que a Emmet le gusta Bella?; ¿y qué pasa con Rosalie?- siseó cabreado.

Jasper miraba a su hermano arqueando las cejas... ¿se podía ser mas tonto?.

-No, idiota- le sacó de la duda y se quedó callado, mientras que Jake procesaba la nueva información. Ahora los ojos negros de su hermano mostraban asombro... y una sonrisa pícara apareció en su cara.

-Vaya, vaya... con razón Edward está de lo más raro- dedujo por fin -pues yo creo que a Bella también le gusta... se sonroja demasiado y se pone muy nerviosa en su presencia-.

-Eso creo yo también- añadió Jasper, sonriendo divertido.

-¿Pero sabes que tu hermano no va a hacer nada al respecto, verdad?- siguió teorizando Jake -no lo va a admitir tan fácilmente... se llevan casi diez años- le recordó su hermano.

-Con eso ya contaba- respondió Jasper -pero...- se quedó callado, meditando lo que iba a decir.

-¿Pero qué?- le instó Jake.

-Sinceramente... creo que se está enamorando de ella... y sabes que el corazón no atiende a razones- meditó en voz alta -de modo que tendremos que actuar- resolvió satisfecho.

-Ésto se pone demasiado interesante- expresó Jake, cual niño pequeño, frotándose las manos -¿qué has pensado?-.

-Por el momento... hablaremos con Emmet a solas- le informó éste -y creo que habrá que vigilar eso del amigo invisible...- dejó la frase inconclusa, y la sonrisa de su hermano le indicó que sabía por dónde irían los tiros.

-Jazz, eres un genio- le palmeó el hombro Jake.

-¿Acaso lo dudas?- le devolvió por respuesta -pero ya hablaremos de eso más tarde; ahora vamos a conocer a nuestro sobrino- con la sonrisa cruzando sus caras, los hermanos se encaminaron hacia la habitación, dispuestos a conocer al nuevo miembro de la familia Cullen.

0o0o0o0o0o0o0

Después de una intensa semana, la rutina volvió al rancho Killarney. Rosalie y el pequeño Owen ya estaban en su casa, y Bella y Esme pasaban allí largos ratos, ayudando a Rose. Los padres de Rosalie también iban con frecuencia, ya que se irían a Nueva York, a pasar las navidades con Peter, el hermano de Vincent; volverían para pasar el fin de año con ellos en Hunstville.

Por supuesto, en cuánto Rosalie estuvo en casa, y aprovechando una tarde en la que toda la familia estaba en casa de Emmet, Esme preparó los papelitos para hacer el sorteo... pero el lloriqueo de Owen hizo que dejara la tarea, levantándose para ayudar a Rosalie, que agotada, se había quedado medio adormilada en el sofá.

Con el mayor sigilo del mundo, Jasper se adentró en la cocina, y enseguida encontró los papeles con los nombres. Jake y Emmet, ya puesto al corriente de la situación y encantado de hacer de celestino, vigilaban que nadie se acercara.

-Date prisa- le advirtió Emmet -Esme volverá en cualquier momento-.

-Ya voy- masculló Jasper entre dientes; al encontrar los que ponían el nombre de su hermano y Bella, por detrás del papel hizo una pequeña marquita. Volvió a dejarlos en el bote, y salió disparado de la cocina, seguido de los dos hermanos.

-Bien, este es el plan- les recordó de nuevo -he marcado las papeletas con los nombres de Edward y Bella, y por si acaso, los he puesto al fondo del bote- instaremos a papá y a Esme para que cojan primero y...- la voz de Jake le interrumpió.

-Nosotros estamos advertidos de no coger esos- meditó ¿pero y si papá o Esme los cogen antes?- Emmet miró a Jasper, con una ceja alzada, apoyando la teoría de su hermano.

-Si eso ocurre, pensaremos un plan alternativo- resolvió -y ahora recordad, no debéis coged los que tienen la rayita pequeña por detrás, ¿estamos?-.

-Estamos- respondieron sus hermanos. Volvieron a acomodarse en el salón, dónde Bella tenía a Owen en brazos, meciéndolo con cariño, ante la atenta mirada de Carlisle y Esme.

Edward leía una revista, ajeno a todo. Cuándo el pequeño estuvo de nuevo en su cuna y Rosalie bajó, ya despierta, Esme fue a por el bote.

-Hora del sorteo- exclamó cual niña pequeña- le tendió el bote a Emmet, pero éste declinó el ofrecimiento.

-Primero el patriarca y después tú- le aclaró -para algo sois los mayores... no os ofendáis- pidió con una risilla, al ver sus caras de incredulidad.

-Gracias, hijo- replicó Carlisle con un poco de retintín. Ambos tomaron dos papelitos, y los hermanos sonrieron triunfantes al ver que no habían cogido los de Edward y Bella. Acto seguido, los hermanos se abalanzaron sobre el bote.

-Tranquilidad- les advirtió Esme -dejad que Edward y Bella se acerquen también- les reprendió. Rose tomó otro, y por fin los aludidos sacaron sus papeletas; los hermanos sonrieron para sus adentros... ambos tenían sus papeles con las marquitas; por el momento, el plan marchaba a las mil maravillas.

Jasper estudió las reacciones de ambos; para sus adentros, rezaba porque no hubieran cogido sus propios nombres; la cara de Edward no mostraba reacción alguna... pero el ver a Bella mordiéndose imperceptiblemente el labio inferior le hizo respirar aliviado. Intercambió una imperceptible mirada con Jake y Emmet, que también se habían percatado del asunto, y antes de que sirvieran la cena, los tres hermanos se escabulleron al estudio de Emmet, chocando las manos y haciendo gestos de victoria.

-Primera parte en marcha- exclamó Emmet entusiasmado.

-Veremos a ver cómo se las apañan- meditó Jake, rascándose la barbilla. Los hermanos esperaban que al tener que regalarse mutuamente, ambos intentarían averiguar, con cierto disimulo, los gustos del otro... y eso les obligaría a hablar.

Esa noche, ya de vuelta en el rancho, Bella daba vueltas y vueltas en su cama... ¿cómo podía tener tan mala suerte?; de todos los integrantes de la familia, le había tocado el que menos le entusiasmaba. Después de maldecir al menos treinta veces en voz baja, vino otra cuestión, ¿qué le compraba a Edward?; aunque ahora parecía que podían mantener una conversación más o menos civilizada, sentía verdadero pánico a la reacción de éste; aparte, otro tema eran los gustos de Edward... tendría que intentar averiguar algo al respecto.

A la mañana siguiente, mientras preparaba la mesa para el desayuno, seguía pensando en el dichoso amigo invisible; estaba tan distraída pensando en el tema, que no se dio cuenta de que alguien la observaba desde el marco de la puerta.

Edward miraba a su dulce tormento con el ceño fruncido; pero en el fondo, le hacía ilusión poder regalarle algo a Bella. Había pasado parte de la noche pensando... pero todavía no había dado con el regalo para ella.

-Buenos días- la saludó al fin; contuvo una risilla al ver cómo la chica, todavía de espaldas a él, pegaba un pequeño salto. Se giró con rapidez, llevándose una mano al corazón.

-Buenos días- respondió con esa voz tímida y dulce, tan peculiar de ella -me has asustado-.

-No era mi intención asustarte- se disculpó con esa sonrisa torcida que tanto le gustaba a Bella -¿necesitas ayuda?- se ofreció.

-Ya está todo, gracias- le dijo con amabilidad, señalando la mesa. Justo en ese momento, entró el resto de la familia, y la rutina del desayuno empezó cómo todos los días.

-Hoy no comeré en casa- anunció Carlisle, una vez terminaron el desayuno- comeré con Vincent y el señor Jenkins en el pueblo- les avisó.

-¿De que vais a tratar esta vez?- interrogó Edward, curioso.

-De los terrenos colindantes al lago- le respondió su padre -el señor Howard ha puesto un precio, y quiero consultarlo con Blake-.

-Llevamos años detrás de esos terrenos- le informó Edward a Bella, ante la cara de interrogante de la chica -están al lado de los pastos del sur... ¿quieres ir a verlos?- le ofreció. Bella saltó de gozo interiormente, pero contuvo sus ansias al responderle.

-Si no te importa llevarme- le dijo, un poco sonrojada y bajando la vista.

-No me importa- se encogió despreocupadamente de hombros, pero para sus adentros, no pudo reprimir una sonrisa de júbilo. La tendría para el sólo un rato... y podría hablar con ella.

-¿Venís con nosotros?- les preguntó la joven a Jasper y Jake. Éstos, que se habían percatado del ofrecimiento, declinaron la propuesta... el plan marchaba viento en popa,

Una vez se levantaron todos de la mesa, Bella se apresuró a recoger y a ponerse las botas de montar y un abrigo. Cuándo llegó a los establos, Edward ya había ensillado a Concord y a Mistie, y la esperaba con las riendas de ambos caballos en la mano. Una vez montaron, Edward la guió a un paso suave a través de los terrenos del rancho.

-¿Para qué queréis comprar ese terreno?- le preguntó, llena de curiosidad.

-Simplemente para unirlos a nuestros pastos y así hacerlos más grandes- le contó, mirando hacia el horizonte; el pequeño lago se abría en medio de unos árboles, ahora desnudos por el invierno.

-Es curioso- Edward se apoyó en la silla del caballo, echándose un poco hacia atrás -recuerdo haber venido muchas veces a este lago, de pequeño- le empezó a contar con una pequeña sonrisa.

-¿Con tus hermanos?- le preguntó la joven, girando las riendas y posicionando a Mistie más cerca del caballo de Edward.

-Sí- afirmó, recordando con una sonrisa -en esta pradera hemos jugado muchas veces a indios y vaqueros- le confesó con complicidad.

-Casi podría adivinar quienes eran los indios- dijo Bella con una risa -Jake y Emmet-.

-Adivinas bien- respondió Edward, negando con la cabeza y sonriendo divertido -Jasper y yo hacíamos de soldados de la confederación- Bella rió divertida, imaginando en su cabeza a los cuatro hermanos corriendo de un lado para otro. Había visto algunas de las fotos que estaban por la casa, de cuándo ellos eran pequeños.

-Ademas- prosiguió Edward -este era uno de los lugares favoritos de mi madre- Bella observó la reacción de Edward; su cara mostró un sentimiento de melancolía al mencionar a Meredith.

-Nunca te había oído nombrarla- le respondió ella, tímidamente.

-Yo no la conocí, y Jasper tenía apenas dos años- le explicó -Jake y Emmet se acuerdan más de ella-.

-¿Y no os han hablado de ella?- inquirió curiosa Bella.

-Algo sí- le dijo, con la vista fija en algún punto del paisaje -pero no me gusta hablar de ella- murmuró en voz baja. En un gesto de atrevimiento por su parte, Bella acercó a Mistie a Concord, y posó su mano en el brazo de Edward, haciendo que éste volviera su vista hacia ella. Ese roce mandó una descarga a todo su cuerpo, e hizo que en su estómago se formara un nudo imposible de soltar.

Su mirada, al principio, fue de total asombro y perplejidad... pero Bella creyó que se había enfadado, e hizo amago de retirar su agarre... pero la sorprendida ahora fue ella, ya que Edward capturó su mano con la suya... y no la soltó. Bella no alzó la vista de sus manos unidas, y Edward, dejando escapar un suspiro impreso de melancolía y tristeza, siguió hablando.

-En parte me siento culpable de su muerte- la joven levantó la vista, horrorizada ante esos pensamientos.

-No digas eso, Edward- le intentó reconfortar ella -tu familia no piensa eso, estoy segura de ello-.

-Ella sabía que el embarazo era muy arriesgado- siguió contándole en voz baja -y aun así, siguió adelante con ello... para que yo viniera a este mundo, ella pagó un precio muy alto- Bella sintió cómo apretaba dulcemente sus dedos; parecía que un ejército de pequeñas hormigas nacía de ella, ya que sentía un placentero cosquilleo por toda la mano y parte del brazo.

Bella no sabía qué decir; nunca lo había visto así, tan hundido y triste. Deseaba aplacar ese dolor fuera cómo fuese... pero no sabía qué hacer o decir.

-¿Sabes una cosa?- le preguntó de repente; Edward la encaró, mirando a través de esos ojos color café, esperando a que ella hablara -sé que no es lo mismo... pero si te sirve de consuelo, yo también tengo esa sensación- el silencio de Edward la instó a continuar -antes de venir aquí, no tenía nada... a excepción de mi padre- musitó con una triste sonrisa -y ahora tengo una familia- exclamó, mirándole con cariño -pero para que eso haya pasado... mi padre se ha tenido que ir- una furtiva lágrima escapó de sus ojos, y tuvo que apartar su mano de la de Edward para poder secársela.

-¿Le echas de menos, verdad?-.

-Mucho- admitió con una mueca de tristeza.

-Yo también hecho de menos a mi madre- confesó, suspirando ruidosamente -me hubiera gustado conocerla, y poder atesorar algunos recuerdos, cómo pueden hacerlo Jake y Emmet-.

-Puedes preguntarle a tus hermanos, o incluso, a tu padre- le ofreció Bella -seguro que estarán encantados de poder hablarte un poco de ella... y poder conocerla un poco más, aunque sea a través de ellos- Edward giró la cara, dedicándole una imperceptible sonrisa de agradecimiento.

-Nunca había hablado de ésto con nadie- confesó.

-¿Ni siquiera con...?- Bella no se atrevió a pronunciar su nombre, temerosa ante la reacción de Edward, pero gracias a dios, no se enfadó.

-Ni siquiera con ella- le sacó de la duda -ella nunca tenía tiempo para escuchar a nadie que no fuera ella misma- rezongó frustrado.

Bella decidió no hacer ningún comentario al respecto... pero una cosa tenía clara; esa chica no sabía lo que había dejado escapar. Aquella tarde Edward le había mostrado una faceta desconocida suya... y debajo de aquella coraza de hierro, se escondía un chico sensible, simpático y cariñoso.

Edward la miró de reojo mientras ella se acomodaba en la silla, poniéndose recta y tomando de nuevo las riendas. Sabía que al contarle ésto, había dejado una parte de sus personalidad al descubierto, la que siempre se escondía detrás de esa máscara de indiferencia... pero algo en su interior le impidió callar... y ella le había escuchado con tanto cariño...

-Bien- dijo éste, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos -todavía nos queda un rato de paseo- la joven afirmó con la cabeza, y reanudaron su marcha, hablando de otras cosas.

Dos horas después, dejaban a Mistie y Concord perfectamente ubicados en sus pesebres y comiendo pausadamente. Bella volvió a casa, ya que tenía que empezar a preparar la cena, y Edward fue reclamado por uno de los peones... pero la sonrisa no se borraba de la cara de la joven, cuándo él, antes de despedirse, le dio las gracias por haberle escuchado.

0o0o0o0o0o0o0

Los días pasaron con rapidez, y Esme y Bella se sumieron en la preparación de las navidades. Cuándo Bella se quiso dar cuenta, ya era el día de Nochebuena, y desde primera hora de la mañana, con la ayuda de Esme y Rosalie, que se quedarían a dormir allí, se encerró en la cocina, preparando una de las cenas más importantes del año para la familia Cullen.

Los chicos tenían mucho trabajo estos días, ya que la mayoría de los vaqueros habían regresado a sus casas para pasar tan señaladas fechas con la familia. Desde aquel paseo apenas pudo volver a hablar con Edward de la forma que habían hablado, pero siempre la saludaba con una pequeña sonrisa al entrar, o se despedía de ella guiñándola un ojo. Esos pequeños gestos hacían que el corazón de la joven saltase de alegría... sabía que nunca podría ser más que una especie de hermana pequeña, o una amiga... pero no podía evitar que ese chico calara cada vez más hondo dentro de su pecho.

-Bella, la salsa para el pavo ya está- la voz de Rosalie la sacó de su mundo; limpiándose las manos, probó un poco, asintiendo con la cabeza y ofreciéndole a Rose y Esme que la probaran.

-Deliciosa- alabó Esme.

-Ahora hay que taparla y dejarla reposar unas cuatro horas- les explicó -así quedará mejor- Rose se dispuso a ello, cuándo entraron los chicos y Carlisle en la cocina, para comer. Emmet portaba el cuco, dónde el pequeño Owen dormía plácidamente, ajeno a todos. Jake y Jasper no pudieron resistirse a husmear lo que habían preparado.

-¿Qué es ésto?- interrogó Jake, metiendo un dedo y saboreando una masa dulce, con sabor a chocolate- esta delici...¡ouch!- se quejó, cogiendo su dedo índice entre la mano derecha. El resto estalló en carcajadas ante la divertida imagen; Bella, armada con una cuchara de palo, le había dado un pequeño golpe.

-Ni se os ocurra- les amenazó a los cuatro hermanos, apuntándoles uno a uno con la cuchara -en cuánto comáis, os quiero fuera de la cocina, o no cenaremos esta noche- les advirtió.

-¿Y si queremos beber algo?- preguntó Emmet de forma inocente.

-Me lo pedís; pero os quiero a diez metros de la nevera y la comida- siguió amenazando Bella. Edward no pudo evitar esbozar una sonrisa, al ver a Bella, con su peculiar arma y regañándolos.

-Jooo... me has hecho daño- Jake puso un lamentable puchero -papá...- Carlsile lo cortó, negando con la cabeza.

-Estoy con Bella- dijo, ante la la fingida indignación de sus hijos mayores -sino no cenaremos- rodó los ojos con resignación.

Después de una divertida comida, los chicos se relajaron un rato en casa, y por fin, a eso de las siete y media, después de dejar casi todo preparado, Bella pudo subir a cambiarse. Se decidió por unos pantalones negros de vestir, un poco anchos, con una blusa de raso color lavanda. Después de maqillarse muy sutilmente y dejar sus rizos sueltos, se enfundó sus inseparables bailarinas negras y bajó al salón, dispuesta a encontrarse con el resto de la familia. Ayer por la noche con el mayor sigilo del mundo y la casa entera durmiendo, dejó sus regalos al pie del árbol. Para Owen había comprado un gracioso trajecito; un gracioso peto vaquero, con una minúscula camisa de cuadros, para que fuera a juego con su padre y sus tíos.

Para el regalo de Edward le había costado tiempo decidirse... tenía serias dudas de que aquello fuera a gustarle; pero no había encontrado otra alternativa, de modo que se arriesgó. Cuándo dejó sus regalos, no pudo evitar buscar el suyo... era una pequeña caja cuadrada, envuelta en papel dorado y un lazo rojo en un extremo; desde que lo vio, se preguntaba que contendría.

Se reunió con la familia en el salón. Los chicos se habían quitado sus vaqueros y sus botas, y hora iban enfundados en pantalones de vestir y camisas, sin chaqueta y sin corbatas. No pudo evitar posar su vista en Edward, vestido con un pantalón negro y la camisa, negra también, arremangada a la altura de los codos.

Edward la siguió disimuladamente con la mirada mientras se acercaba a Rosalie, que tenía a Owen en brazos. Su pelo estaba suelto, y al pasar por su lado, el aroma a fresas que desprendía le nubló los sentidos. Mientras se recreaba en esa bella visión, no se percató de que Jake le miraba de reojo, que para sus adentros sonreía satisfecho.

La cena se desarrolló en un ambiente agradable y hogareño; Bella, sentada entre Esme y Rosalie, participaba de forma desenfadada en la conversación, girando de vez en cuándo su vista hacia el otro extremo, dónde los ojos verdes de Edward la miraban con complicidad. Un par de veces sus ojos se encontraron, y mordiéndose el labio inferior y sonrojándose ligeramente, apartó la mirada.

Apenas sirvió el café y la tarta de chocolate, cuándo un muy exaltado Jake anunció que era la hora de abrir los regalos. Bella no pudo evitar la carcajada cuándo vio al mayor de los hermoso acomodándose en el suelo, al lado de los regalos, proclamándose un improvisado repartidor. Había muchos regalos para Owen , de modo que Rosalie y Emmet se pasaron casi media hora abriendo los regalos para su pequeño. Había ropa, juguetes... incluso un precioso caballito balancín, regalo del orgulloso abuelo Carlisle.

-Pero si apenas tiene un mes- rezongó Emmet.

-Enseguida pasará el tiempo y podrá jugar con él- protestó divertido el abuelo, cogiendo a su nieto en brazos -y dentro de un par de años, vendrá el de verdad- replicó satisfecho, hablándole al pequeño y acomodándolo en el pecho. Rosalie y Emmet suspiraron resignados... pero no podían evitar que malcriaran al primer nieto de la familia.

-Bien, ahora empieza el espectáculo- Jake se frotó las manos, cogiendo un paquete pequeño -papá- le tendió el paquete al Carlisle, y al abrirlo, descubrió unos gemelos de plata, muy modernos.

-Vaya, me encantan- dijo admirándolos -a quién haya sido, muchas gracias- Esme le guiñó imperceptiblemente un ojo, dejando constancia quién se los había comprado. El reparto siguió, y la familia fue abriendo los regalos; un perfume para Esme, un bolso de piel para Rose, varias recopilaciones de jazz para Jasper, que le encantaba ese estilo musical, un cinturón de piel para Jake... y un vale para una tele de plasma de última generación, para Emmet, que lo recibió con desorbitada alegría.

-¿Por qué te dejan el vale, y no la tele de plasma?- interrogó Jake, alzando una ceja.

-Porque era muy pesada, de modo que está en mi garaje- explicó tan pancho. Los ojos de Rosalie se salían de sus órbitas, mientras que el resto de la familia volvían sus caras, intentando sofocar la risa.

-¿Qué?- cogí mi propio nombre, de modo que me he auto regalado, cómo mandan las reglas- se encogió de hombros.

-¿Y cuánto nos ha costado tu auto regalo, cariño?- siseó Rosalie, con un cabreo impresionante.

-Bah, me hicieron un buen precio- le quitó importancia, con un gesto de su mano -de cuatro mil a tres mil quinientos dólares- replicó satisfecho. Jasper, rojo de la risa, no pudo evitar el ataque de risa que le sobrevino, y que el resto coreó. Jake se revolcaba por el suelo.

-Emmet, me parece que esta noche duermes en el sofá- consiguió decir Edward, quitándose una lágrima que caía de su ojo.

-¿Por qué voy a dormir en el sofá?- se giró hacia su esposa, con los brazos en jarras y mirándole con una de sus perfectas cejas arqueadas.

-Creo que sí, me toca sofá- murmuró en voz baja, rascándose la nuca y mirando hacia otro lado. Una vez que la familia se calmó, Jake siguió con el reparto de regalos. Había dejado a Edward y Bella para el final aposta, para poder estudiar sus reacciones.

Edward abrió el suyo, y su mirada se ilunimó al descubrir un enorme libro con fotografías antiguas, todas ellas de Irlanda y sus ciudades, pueblos y parajes.

-Who, qué sorpresa- musitó con una sonrisa -llevaba mucho tiempo buscando este libro-. Bella sonrió y suspiró aliviada para sus adentros; esa tarde, aparte de hablar de sus respectivas familias, Edward le había contado a Bella la curiosidad y las inmensas ganas que tenía de conocer la tierra de sus antepasados. Jake y Jasper se miraron con disimulo... Bella había acertado de lleno.

-¿No abres el tuyo?- le interrogó Esme a la joven. Los dedos de Bella rasgaron suavemente el papel, y su respiración se quedó atorada en la garganta al descubrir una caja de terciopelo negro, de joyería. Sus dedos se trabaron, hasta que pudo abrir la caja; en ella, reposaba un precioso colgante de plata, con una fina cadena del mismo material. El colgante representaba una estrella, con las puntas de plata y un reluciente y pequeño brillante en medio de éste. La joven se llevó las manos a la boca, admirando el que sin duda, era el regalo más bonito que había recibido en su vida.

-Waw... vaya vaya- admiró Carlisle, poniéndose a su lado, al igual que Esme y Rose, que lo tomó delicadamente entre sus manos. Los hermanos estaban estupefactos... jamás se les habría podido ocurrir, ni por todo el oro del mundo, que Edward le regalaría una joya a Bella. Sólo había hecho ese tipo de regalos a una persona... a Jessica.

Edward escrutó el rostro de la joven y pudo ver un atisbo de emoción en sus ojos. Días después de ese paseo a caballo, una noche después de cenar, se encontró con Bella en el jardín trasero de la casa, sentada en un banco y mirando el cielo estrellado; ella le confesó que de pequeña le encantaba poder sentarse a la luz de la luna, y ver las diminutas y relucientes estrellas que coronaban el cielo... así fue cómo supo qué regalarle.

-¿Quién habrá sido?- canturreó Jake, con fingida inocencia. Bella posó su vista en Carlisle y después en Esme, que negaron con una sonrisa. Fue recorriendo a cada miembro con la mirada, hasta que sus ojos se detuvieron en Edward... entonces recordó aquella noche en el jardín trasero. Los labios de Bella se abrieron, formando una pequeña o... no podía creerlo, se lo había regalado Edward.

-¿Te gusta?- le sondeó, sonriéndola.

-Es precioso... no sé qué decir- murmuró, todavía incrédula -muc... muchas gracias- tartamudeó, sonrojándose cómo una amapola.

-Me alegra que te guste; y muchas gracias por el libro- le guiñó un ojo, sonriéndola más abiertamente.

Jake y Jasper, que habían puesto especial atención a la escena, no podían creer lo que sus ojos veían. Se disculparon y salieron rumbo a la cocina, con la excusa de servirse otro café. Allí estaba Emmet, atacando de nuevo al pastel; entornando un poco la puerta, los tres se pusieron a cuchichear.

-Wau... nunca pensé que mis ojos verían lo que han visto esta noche- murmuró Jake, frotándose la barbilla.

-Le gusta Bella, no hay duda alguna- corroboró Emmet, sentándose con el plato y el tenedor en la mano.

-El plan no puede ir mejor- replicó Jasper, satisfecho cómo nunca.

-No te emociones Jazz- le advirtió Jake -puede que simplemente la vea cómo nosotros la vemos-.

-Jake, ¿tú estabas en la misma sala que nosotros?- replicó Emmet, con sorna. Jake rodó los ojos, ignorando a su hermano pequeño.

-Jake tiene razón, Emmet... por fin han conseguido llevarse bien; pero que admita que hay algo más...- meditó Jasper en voz alta.

-Veremos a ver cómo avanzan los acontecimientos por unos días- sentenció Jake -si ésto no avanza nada, podemos poner en marcha la segunda fase de tu plan...- dejó la frase inconclusa, y los hermanos chocaron las manos. Al salir los tres, de nuevo rumbo al salón, se fijaron que Edward y Bella estaban en el marco de la puerta, debajo del muérdago que Esme se empeñaba en colocar en cada rincón de la casa.

-Bendito muérdago- susurró Emmet a sus hermanos, al entrar en el salón -a ver cómo reaccionan...-. Jake y Jasper lo miraron con un interrogante mientras se acomodaban de nuevo en el salón. Carraspeando ligeramente, llamó la atención de los presentes.

-Chicos... ¿sabéis que estáis debajo del muérdago?- interrogó Emmet a Edward y Bella, que admiraban los regalos que habían recibido hace unos momentos. Jake le instó a que callara, ante el sonrojo de la muchacha y la ceja arqueada de Edward... peo era parte del plan, y debían ver la reacción de su hermano pequeño.

-¿Y?- interpeló éste, mirando a su hermano.

-Pues... eso; estáis debajo del muérdago... no sé si recordáis la tradición...-.

-Emmet- le reprochó Carlisle; lo único que faltaba era que Edward se enfadara y le diera uno de sus arrebatos de furia.

-¿Qué?- se encogió inocentemente de hombros, sin inmutarse lo más mínimo. Jasper observaba atento la reacción de su hermano... si sus sospechas se confirmaban y Edward lo hacía, pondría en marcha su otra parte del plan.

Bella sentía que su corazón iba a estallar de un momento a otro, imaginando esos labios suaves y finos envolviendo los suyos... pero sólo se quedaría en eso, en una imagen en su cabeza... Edward nunca la besaría. Sentía su penetrante mirada verde clavada en su rostro, escrutándola; apenas pudo levantar la cabeza... pero tuvo que alzarla, impresionada y helada por las palabras que escuchó salir de los labios de su amor secreto.

-Bueno... es una tradición... ¿por qué no?- las palabras brotaron con tanta naturalidad de la boca de Edward, Sabía que en cuánto su boca rozara a Bella, sería su perdición... pero no podía contenerse... no podía... llevaba casi dos meses viajando fuera del rancho, intentando no caer en el embrujo que esa chica le había lanzado... pero no podía. Bella cerró los ojos, sintiendo el suave y cálido aliento de Edward cada vez mas cerca de su cara, nublándole los sentidos... su corazón se colapsaba por momentos... cada vez estaban mas cerca el uno del otro...

Bella cerró los ojos, sintiendo cómo unos suaves y cálidos labios, se posaban dulcemente en su mejilla... pero muy, muy cerca de la comisura de sus labios... su piel ardía... toda ella se derretía bajo ese sutil y placentero contacto. Edward se maravilló con la tersura de su pálida piel, y cerrando también sus ojos, disfrutó de ese ínfimo pero anhelado contacto... sabía que sería su perdición... y efectivamente, lo había sido.

Cuándo Edward retiró sus labios, la familia, feliz y alucinada por el cambio para bien de Edward, estalló en aplausos y vítores. El joven estudió la reacción de Bella, que apenas podía levantar la vista del suelo, roja cómo un tomate. Bella necesitaba salir de esa sala, antes de que su corazón se parara, debido a la sorpresa.

-Voy un momento a la cocina- sus pasos apresurados no la llevaron a la cocina, sino al jardín, ante la atenta mirada de Edward y del resto de la familia. Todavía con la respiración agitada, llevó sus dedos hacia la zona que los labios de Edward habían presionado... pero no pudo evitar que una pequeña lágrima cruzase su rostro.

-Ojalá no fuera una tradición- susurró con pena.

________________________________________

Chicas aki esta el fic de hoy.. tarde pero seguro!!! 

viernes, 8 de junio de 2012

Cowboy de mi corazón


_______________________________________________


Capítulo 5: Alice Brandon ataca de nuevo



Más de dos semanas habían pasado desde el día de Acción de Gracias y desde que Bella mantuvo esa conversación, si se le podía llamar así, con Edward. Estaba más que comprobado que hiciera lo que hiciera, no conseguiría llevarse bien con él; de modo que adoptó una actitud de fría cortesía en su presencia; le daba los buenos días, servía las comidas y se sentaba con el resto de la familia, tratando de ignorar la mirada verde que la seguía a todas partes.

Esa actitud de Bella hizo que Edward se enfureciera más consigo mismo, ya que en más de una ocasión intentó hablar con ella, pero fue inútil. En presencia de la familia le contestaba con educación, pero apenas lograba hilar tres palabras seguidas; y Edward se había dado cuenta de que evitaba quedarse a solas con él. Eso le provocaba sentimientos contradictorios; había veces que se enfurecía y maldecía para sus adentros, y otras veces parecía que una punzada de dolor se instalaba en su pecho... pero en el fondo de su corazón sentía envidia de la relación que tenían sus hermanos con Bella.

Esa joven le traía de cabeza cada día más... y no podía evitar mirarla de reojo, observando cómo trasteaba por la cocina con movimientos ágiles y silenciosos; cómo compartía confidencias con Esme, su preciosa sonrisa cuándo asentía algo a lo que ésta le decía; su cara de concentración cuándo preparaba la comida, arrugando la frente y haciendo una preciosa mueca de desacuerdo cuándo probaba lo que estaba cocinando y no quedaba conforme con el resultado...

-¿Te encuentras bien?- una voz le sacó de su particular sueño -¿Edward?- al girarse, se topó de lleno con la cara extrañada de Jasper, que lo miraba sin entender.

-Si- respondió, meneando la cabeza -¿qué decías?- en realidad, no había escuchado una sola palabra de lo que le había dicho su hermano. Jasper rodó los ojos, ignorando la última pregunta de su hermano pequeño.

-Jake me ha dicho que vas a irte una semana a San Antonio, a ese congreso de ganaderos- le preguntó a Edward; éste arqueó una ceja, mirando a su hermano de hito en hito.

-¿Qué tiene de malo?- interrogó éste, frunciendo el ceño. Jasper se encogió de hombros, aparentando normalidad.

-Nada, nada- contestó Jasper con cautela -es que me parece raro; hace más de un mes y medio que llegó la carta, y en un principio dijiste que no irías-.

-Pues he cambiado de opinión- dijo Edward, volviéndose y saliendo del establo. Jasper suspiró con frustración, siguiendo a su hermano.

-No te enfades, Edward- intentó aplacarle Jasper; conocía a la perfección los gestos de su hermano, y sabía que no tardaría en enfadarse -simplemente me resulta raro; antes iba a Jake a los congresos y a las reuniones de negocios, y desde hace un mes vas tú- observó -es cómo si quisieras huir de aquí-.

-No creo que tenga nada de malo salir un poco- se defendió Edward; al girar la vista se encontró con su dulce tormento; Bella caminaba hacia el garaje, buscando algo en su bolso. Jasper también giró la cabeza en esa dirección, y al instante comprendió lo que pasaba. Decidió tentar a la suerte, y se giró de nuevo hacia su hermano.

-¿Es por ella?- los ojos verdes de Edward se clavaron en su hermano, traspásandole con la mirada.

-No digas tonterías- masculló entre dientes; hizo ademán de darse la vuelta, pero su hermano le cortó el paso.

-Desde Acción de Gracias estáis los dos un poco raros- siguió relatando Jasper -¿ha pasado algo?-.

-Nada- respondió Edward, con tono seco y malhumorado. Jasper tuvo que insuflar aire, dándose valor a si mismo para hablar.

-No es mala chica, Edward; es muy dulce y buena- le recordó su hermano -y apuesto a que si dejaras de comportarte cómo un cabezota malhumorado, tu también te llevarías muy bien con ella- Jasper prefirió dejar sus sospechas y teorías para otra ocasión... pero sabía de sobra que había algo más detrás de la actitud de su hermano.

-Parece que la niña se ha hecho la dueña y señora de la casa; todos la adoran- replicó Edward cabreado.

-Simplemente se hace querer- le corrigió su hermano -y no pide nada a cambio; lo ha pasado muy mal estos últimos meses- le volvió a recordar. Edward simplemente se quedó callado; el sabía de sobra todo lo que Bella había sufrido, y le hubiera gustado hacer un poco más pequeña esa pena que la joven arrastraba. Sin decir una sola palabra, se alejó deprisa; necesitaba estar solo.

Jasper se quedó plantado en el sitio, mirando cómo se alejaba. Justo en ese momento, Carlisle se acercaba a su posición.

-¿Qué ocurre, hijo?- le interpeló su padre, siguiendo con la mirada cómo Edward se alejaba.

-Nada, tranquilo- le aclaró éste -ya sabes cómo es Edward- se encogió de hombros, pero a su padre no le convenció esa explicación.

-Lleva unas semanas muy raro- musitó preocupado -¿te ha dicho qué le pasa?; ¿no tendrá nada que ver con Bella, verdad?- Jasper sonrió para sus adentros... parecía que no era el único que se había dado cuenta.

-No, no- mintió de forma descarada -simplemente hemos estado hablando del congreso al que va a asistir en San Antonio- le empezó a relatar; por suerte, su padre no hizo más preguntas, y ambos se dirigieron al establo de los sementales, debatiendo sobre la subasta que tendría lugar en una semana, y a la que querían asistir, para aumentar las cabezas de ganado.

Carlisle se quedó detrás de la barrera; Jared y Quil estaban intentando meter a uno de los toros hacia el pequeño habitáculo que había dentro del establo, dónde el veterinario examinaba a los animales. Jasper estaba ayudándolos, cuándo por la puerta apareció Sam.

-Buenos días jefe- le saludó éste -la señora Cope espera en la oficina, para firmar unos cheques- le explicó -no encuentro a Edward, sino se lo diría a él- le aclaró Sam.

-Vamos entonces- le instó -¡Jasper!- su hijo se volvió -voy con Sam a la oficina- le advirtió. Éste levantó la mano, en señal de que lo había escuchado. Su padre y su segundo de a bordo salieron, y el se concentró en ayudar a Jared y Quil para que el toro se metiera por voluntad propia en el habitáculo. Pero el enorme animal, negro cómo el carbón y más de quinientos kilos de peso, se dio la vuelta tan tranquilamente, acercándose a la caja del pienso.

-Será...- siseó cabreado Jasper; aunque ese toro era criado por ellos, y era manso, se acercó con cautela, dándole pequeños golpes en el lomo, para que el animal se diera la vuelta.

-¿De modo que así trata a sus animales?- interrogó una voz femenina, con un deje de desafío e incredulidad.

Jared y Quil miraron rápidamente a su alrededor, buscando a la dueña de esa voz. Jasper se volvió incrédulo, para encarar a Alice Brandon, que lo miraba seriamente, y con una ceja alzada.

-La que faltaba- murmuró entre dientes, acercándose al vallado mientras se limpiaba las manos con un trapo. A la vez que se acercaba a la menuda mujer, lanzó una fulminante mirada a Jake, que estaba detrás de la chica, conteniendo la carcajada mientras salía del establo.

-Vaya, vaya, si es la defensora del ganado por excelencia- la saludó burlón -¿qué le trae de nuevo por aquí, señorita Brandon?- la joven se ajustó bien sus gafas, buscando unos papeles; Jasper no pudo evitar observarla un momento; era bajita y delgada, mas que Bella, incluso. Su frente, sus pómulos, su pequeña y respingona naricilla... no estaba nada mal, pensó para sus adentros.

Cuándo Alice levantó la vista, Jasper se percató del azul de sus ojos... igual que el cielo de verano. Esta vez vestía un traje chaqueta negro con pantalones, y otra vez zapatos de tacón.

-Ya le dije una vez que es peligroso meterse aquí con esos zancos que lleva- la chica bajó la mirada a su zapatos, negando con la cabeza.

-No sabía que hoy tendría que venir aquí- se excusó -y además, visto cómo me place- añadió, fulminando al chico de melena rubia con la mirada.

-Usted misma- alzó las manos Jasper, en son de paz -si se cae y se tuerce un tobillo, después no venga con quejas y reclamaciones- la avisó, divertido ante el cabreo de la chica -pero no me ha respondido, ¿a qué debemos el placer de su visita?-.

-La comisión de ganado quiere hacerles una oferta para que lleven a cabo un plan de estudios, de forma experimental- empezó a explicarle ella, con un divertido y chispeante tono de voz -el estudio va dirigido a los animales destinados a consumo humano- le relató ésta.

-¿Y en qué consiste exactamente?- inquirió Jasper, cruzándose de brazos.

-La comisión se hará cargo de los cambios y reformas que precisen la maquinaria y los establos- añadió rápidamente -sobre todo, para el sistema de audio qu...- Jasper la interrumpió, abriendo los ojos por la sorpresa.

-¿Otra vez?- la interrogó, hastiado -señorita Brandon, ya le dije la primera vez que vino aquí...- la joven tomó de nuevo la palabra.

-La mayoría de los ranchos del condado han aceptado participar- le contó con una sonrisa persuasiva -sólo por tomar parte, los beneficios económicos son a tener en cuenta, y ustedes simplemente pondrían su ganado, sin perder una sola res-.

Jasper se agarró el puente de la nariz con los dedos, cerrando un momento los ojos... ésto era surrealista total.

-Mire, señorita Brandon- recalcó su apellido con retintín, haciendo que ésta frunciera el ceño -creo recordar que ya le dijimos que no- hizo hincapié en la diminuta palabra- estábamos interesados en participar en ese estudio-.

-Pero es muy bueno para los animales, y todos salimos ganando- contraatacó ella de nuevo, cambiando su peso de una pierna a otra.

-Señorita Brandon, ya le dije que mis vacas no necesitan música para relajarse- bufó cabreado; Jasper pudo oír rechinar los dientes de la joven.

-Señor Cullen, es usted más tozudo que un mulo- le recriminó -si me dejara explicarle todo con calma...-.

-¿Mulo, yo?- preguntó Jasper, incrédulo y ofendido, cruzándose de brazos -si usted hubiera entendido a la primera que no es no, ahora mismo no tendríamos esta conversación; así que creo que la cabezota es usted- resolvió satisfecho.

Los azules de la joven relampagueaban con furia... definitivamente, tendría que buscar otras vías.

-¿Desea algo más?- la joven permaneció en silencio, lanzando dardos con los ojos -entonces si me disculpa, tengo trabajo- la invitó a abandonar el rancho. Alice se ajustó bien el bolso al hombro, dándose la vuelta indignada. Jasper contuvo la risa, meneando la cabeza.

-Por ahí no se sale- le indicó. La joven se dio la vuelta, caminando con pasos furiosos hacia la salida, pero al pasar por la altura de Jasper, tropezó con sus zapatos de tacón. Su corazón se aceleró cuándo sintió unos fuertes y musculosos brazos sujetándole por la cintura y evitando que se cayera por el arenoso suelo.

-Despacio- le recordó Jasper, conteniendo la risa ante la mirada furibunda de la chica -no queremos que nuestra psiquiatra ganadera sufra un percance- le dijo, todavía sujetándola firmemente, y deleitándose con su pequeña cintura. Alice se zafó con fuerza, mascullando cosas nada agradables y alejándose de Jasper Cullen cómo si tuviera la peste.

-Tiene carácter- objetó Jasper en voz alta, una vez se montó en su coche -de eso no hay duda- conteniendo una risilla, regresó de nuevo al establo, para continuar con su trabajo.

0o0o0o0o0o0o0

Bella terminó de cargar las compras en el coche; por suerte, no había mucha gente en el supermercado, de modo que a las once de la mañana ya había terminado. Estaba cerrando el maletero, cuándo su teléfono móvil sonó; Carlisle se lo había comprado, según él, por si acaso pasaba algo.

-¿Sí?- peguntó, ya que no tenía el número registrado.

-¿Bella?; Soy Rose- contestó esa voz amable y simpática.

-Hola Rose- la saludó animada -¿cómo estás?-.

-Bien, enorme cómo una bola- dijo ella divertida -he llamado al rancho, y me ha dicho Esme que estabas en el pueblo-.

-Sí, he venido a hacer la compra- le explicó la joven.

-Escucha, estoy en mi consulta, y no tengo más pacientes hasta dentro de una hora, ¿te apetece un café?- le ofreció.

-Claro- aceptó Bella de inmediato, ya que tenía tiempo de sobra -¿dónde quedamos?-.

-¿Conocés el café de Anne?; está en la plaza, al lado del banco- Bella asintió, quedando allí con ella en quince minutos.

Al entrar por la puerta, ya estaba Rose sentada, café y porción de tarta enfrente suya, alzando una mano para que la viera. Después de que Bella tomara siento y ordenara su pedido, empezó la conversación.

-¿Cómo te encuentras?- se interesó Bella, alargando una mano y tocándole la tripa-

-Pesada y agotada- le explicó ésta -pero Emmet y yo estamos ansiosos por verle la carita- le contó con una gran sonrisa.

-Es lógico- le dio la razón Bella -no veo a Emmet cambiando pañales- meditó en voz alta.

-Pues no le quedará otra que ayudarme- replicó satisfecha su mujer, con una sonrisa cómplice. Bella sintió curiosidad, y no pudo evitar preguntarle a su rubia amiga.

-¿Cómo os conocisteis Emmet y tú?- interrogó con una sonrisa tímida.

-Nos conocemos desde siempre- le explicó esta, pinchando un trozo de tarta con el tenedor -mi padre, Thomas Hale, es íntimo amigo de Carlisle desde hace muchos años- Bella escuchaba atenta el relato de su amiga.

-Mi familia también se dedica a la cría de ganado, y siempre tuvimos relación con los Cullen; recuerdo cuándo íbamos al rancho, de visita- rememoró con una sonrisa -antes, cuándo Carlisle y otros rancheros criaban caballos pura sangre, se organizaban rodeos y fiestas en los ranchos. Y yo recuerdo a Emmet y Jake subidos en los caballos, tratando de domarlos-.

-¿En serio?, ¿ y Jasper y Edward también?- Rose meneó la cabeza.

-No, sólo Emmet y Jake se atrevían- le aclaró -siempre sentimos una fuerte atracción el uno por el otro- le confesó -de modo que cuándo yo tenía dieciocho años, y Emmet veintitrés, empezamos a salir- le explicó -pero no nos casamos hasta que yo terminé la carrera, hace un año y medio-.

-Tú único novio- adivinó Bella, sonriendo levemente.

-Sí, el único- admitió con una pequeña sonrisa -¿y tú?- interrogó Rose, sonriendo de forma pícara.

-Tuve un novio en el penúltimo año de instituto- le contó -pero nada serio; nunca he tenido muchos amigos- le confesó, bajando un poco la cabeza.

-¿Por timidez?- adivinó Rose.

-En parte sí; nunca me ha sido fácil relacionarme con la gente; en el instituto tuve que ausentarme muchas veces, por trabajo- Rose la animaba a hablar con la mirada, y Bella se sintió segura con ella, de modo que siguió -así que cuándo asistía a clase, tenía que esforzarme el triple que otra gente, y eso no me dejaba mucho tiempo libre-.

-¿Y cómo conociste a ese chico?- preguntó intrigada.

-Mark era el hermano mayor de Karen, mi amiga y compañera de clases; era un año mayor que nosotras- le relató -iba muchas tardes a casa de Karen, a que me dejara los apuntes o hacer los trabajos, y cuándo Karen no había llegado, siempre hablábamos; también le conocía del instituto, pero no íbamos al mismo curso- le aclaró de nuevo.

-De modo que de ahí surgió...- Rose dejó la frase inconclusa.

-Se podría decir que sí- admitió Bella -al principio todo fue bien, nos divertíamos mucho juntos, y me hacía reír- rememoró la joven, con una sonrisa de nostalgia.

-¿Qué pasó?; no tienes que contármelo, si te hace sentir mal o...- Bella la cortó, meneando la cabeza. Desde que había acabado el instituto, había echado mucho de menos a Karen, y poder hablar con alguien.

-Todo cambió desde el momento en el que le dije que no estaba preparada para dar... ese paso, ya me entiendes- Bella sintió que un calor repentino acudía a sus mejillas; Rose asintió con la cabeza, adivinando por dónde iban los tiros.

-Y eso no le hizo gracia- adivinó.

-Simplemente le expliqué que no estaba preparada... y desde ese día, todo cambió- murmuró -antes era divertido, cariñoso... y de golpe y porrazo, todo se fue al garete- Bella suspiró, recordando con pena esos momentos -siempre que yo hacía o decía algo para que parara, resoplaba y se ponía furioso; las últimas veces llegó a decirme que era una estrecha y una mojigata... pero yo no estaba preparada- volvió a decir, buscando la mirada de Rosalie.

-Eso es indiscutible, Bella; hay algunos imbéciles que no entienden que no es no- le dio totalmente la razón.

-Ahora que lo pienso más fríamente, creo que fue una atracción adolescente; me gustaba y todo eso... pero nunca sentí ese cosquilleo que sientes cuándo tocas a la persona de la que de verdad te enamoras o...- Bella se dio cuenta de que estaba hablando demasiado, así que trató de quitarle importancia -o al menos eso dicen- se encogió de hombros. La sonrisa de Rose hizo que arrugara el ceño.

-Eso significa que algo has sentido, después de Mark- adivinó sabiamente su amiga -Bella, no es malo que te sientas atraída por alguien- rió divertida -¿quién es, le conozco?-.

-Ehhh... no, no- respondió de inmediato -sólo lo he oído, nada más- se volvió a excusar.

Rose no se quedó muy conforme con esa explicación, pero no insistió más; hacía muy poco que se conocían, y sabía que con el tiempo, Bella acabaría soltándose. Cambiaron completamente de tema, y después de terminarse el café, dieron un pequeño paseo de regreso a la consulta de Rosalie. Allí le presentó a Jane, una chica joven que ejercía de recepcionista, y a Doris, también joven y enfermera. Ambas la acogieron con simpatía, incluso Jane sugirió que podrían quedar una tarde las cuatro. Bella aceptó encantada, volviendo con una sonrisa al racho; por fin parecía que tendría amigas de verdad, aparte de Karen.

0o0o0o0o0o0o0

Tres días después, Bella se levantó un poco más temprano de lo habitual. Cómo el resto de los habitantes del rancho aun dormían, decidió bajar en pijama para poner el horno a calentar, y después subir y arreglarse. Calzándose las zapatillas de casa, se deslizó con sigilo por el pasillo, evitando hacer cualquier ruido... pero el sonido de una puerta abriéndose hizo que parara en seco; se escudó en una de las esquinas del hall superior, que daban a la escalinata, esbozando una sonrisilla traviesa cuándo vio a Esme cerrar con cuidado la puerta de la habitación de Carlisle, y dirigirse a la suya de puntillas.

-Vaya par- murmuró divertida mientras entraba a la cocina y daba las luces. Una vez puesto en marcha el horno, con el bizcocho dentro, aprovechó para poner la cafetera, y así cuándo bajara ya estaría el café preparado.

Al dar la vuelta para dirigirse arriba, se encontró con unos ojos verdes clavados fijamente en ella; literalmente pegó un brinco, ya que no se esperaba a nadie.

-Me has asustado- dijo ella con la respiración entrecortada, poniéndose una mano a la altura de su corazón; recorrió a Edward con la mirada, deleitándose de lo guapo que estaba con ese traje negro y camisa blanca; todavía tenía el pelo húmedo de la ducha, y se percató de que tenía el asa de una maleta agarrada.

-Perdona, no quería asustarte- se disculpó él, esbozando una pequeña sonrisa -me voy a San Antonio, el vuelo sale a las ocho en punto- le explicó. Bella estaba un poco sorprendida... por primera vez, le dirigía una sonrisa... y sin duda alguna, tenía una sonrisa torcida y sensual que quitaba el aliento.

-Ahhh... es verdad; te vas a ese congreso de ganaderos- recordó. Edward asintió con la cabeza, escaneándola disimuladamente con la mirada... dios... esa camiseta de tirantes se pegaba a su cuerpo de forma espectacular. No puedo evitar que sus ojos pararan en el escote de Bella, que dejaba entrever el comienzo de unos pequeños pero bien formados pechos. Tenía su largo cabello hecho una maraña, y sus ojos, aun adormecidos, pugnaban por abrirse del todo... y sus mejillas, arreboladas por la situación... definitivamente, era una delicia contemplarla así. Sonrió para sus adentros, divertido por la timidez de Bella.

-Bajaba a tomarme un café rápido- le explicó Edward -no esperaba encontrarme a nadie a estas horas-.

-Se está haciendo- le indicó Bella, señalando la cafetera -en diez minutos estará listo; si quieres algo de comer, puedo preparate algo... ¿Edward?- le llamó en un susurro. Éste agitó la cabeza, volviendo su atención a la chica... por unos segundos, había fijado su vista en sus labios... esa boca pequeña y rosada le atraía de tal manera, que por un momento sintió el deseo de acortar la distancia que los separaba, aprisionar su cuerpo entre sus brazos y probar esos labios que tal loco le volvían...

-Ehhmmm... no tranquila, con el café es más que suficiente; vete a vestirte si quieres- en verdad, no quería que Bella se fuera, pero no encontró otra excusa para evitar hacer algo de lo que después, seguro se arrepentía.

La joven asintió, esbozando una sonrisa que no le llegó a los ojos; había albergado la esperanza de poder hablar con él, de manera amistosa y amable, aunque sólo fuesen unos pocos minutos.

-Qué tengas un buen viaje, y hasta la vuelta- musitó, fingiendo una mueca amistosa. Edward notó un atisbo de tristeza en su voz... y movido por un impulso involuntario, cuándo Bella pasó por su lado, agarró con suavidad el brazo de la chica, instándola a parar.

El corazón de Bella iba a salirse de su sitio... se quedó parada, de espaldas a él, sin saber qué decir; Edward notó cómo la joven se estremecía bajo su tacto... sus dedos se deleitaron unos segundos con la suave y pálida piel de la chica... ¿eran imaginaciones suyas, o la respiración de Bella estaba atorada en su garganta, al igual que la suya?.

-Bella, yo... de veras siento todo lo que ocurrió en Acción de Gracias- susurró en voz baja. Ella disfrutó de oír su nombre en sus labios, con esa voz cálida y profunda. Sin encararle, asintió con un pequeño gesto de cabeza.

-No pasa nada- le devolvió por repuesta; sabía que a pesar de haberse disculpado, él no la quería allí, y que tarde o temprano tendrían otro encontronazo... y lo que más le dolía a ella... para él era una niña, una insignificante niña.

-Sé que no tuviste la culpa de lo de James y Garret; pero después, cuándo mencionaste a Jessica al día siguiente, reconozco que me pudo la rabia y...- Bella le cortó, y despacio, se dio la vuelta. Su brazo aun sentía el cosquilleo que le había producido la mano de Edward, y que éste acababa de soltar.

-No debí mencionarla- admitió con culpa -sé que lo pasaste muy mal por todo lo que ella te hizo- Bella estudió el rostro de Edward, era una mezcla de pena y rabia contenida... ¿y si él seguía enamorado de ella, muy en el fondo?.

-No importa- dijo él -hace mucho tiempo que lo superé-.

-Pues no lo parece- comentó Bella casi en un murmullo inteligible -de todas formas, si alguna vez necesitas hablar...- le ofreció con cautela, pero la respuesta de Edward la dejó de nuevo fuera de combate.

-Lo tendré en cuenta- Edward giró de nuevo su vista, esta vez al reloj que colgaba de la pared -se hace tarde, voy a perder el avión-.

-Claro, perdona- se excusó la joven -hasta la vuelta- Edward observó cómo se alejaba, en dirección a las escaleras.

-Hasta la vuelta- susurró, viendo cómo su dulce tormento se perdía en el piso superior.

Dos horas después de aquel encuentro, y después de que el resto de la familia se hubiera ido al trabajo, Bella y Esme se enfrascaron en la limpieza del piso inferior. La señora Harris no te había recuperado del todo de su fuerte resfriado, me modo que no podía ir al rancho todavía. Faltaban menos de dos semanas para que comenzaran las fiestas navideñas, de modo que cuándo Esme le propuso montar el árbol, Bella afirmó con una sonrisa de oreja a oreja. Su abuela detestaba esas tradiciones, y nunca ponía ningún adorno. Con sumo cuidado, trasladaron desde el jardín el pino natural que había adquirido Esme unos días antes, y después bajaron las cajas de los adornos.

-Qué bonitas- admiró asombrada Bella, cogiendo una de las bolas; era de cristal, con adornos rojos y dorados.

-Son muy antiguas- le explicó Esme, buscando una rama libre para colgarla -pertenecieron a la abuela de Carlisle-.

Un buen rato después, el abeto lucía adornado con miles de bolas y otros adornos; Esme le cedió el "honor" a Bella de colocar el ángel en la copa, lo que hizo la muchacha con una sonrisa.

-Perfecto- resolvió satisfecha Esme, rodeando a Bella por los hombros -ahora poco a poco, a llenarlo de regalos- sonrió divertida, al ver la cara de apuro de Bella -en la familia es tradición hacer el amigo invisible, así todos tenemos el mismo número de regalos- le explicó -y este año, tú también entrarás en el sorteo-.

-No es necesario Esme, bastante habéis hecho ya y...-.

-De eso nada, cuándo Edward vuelva, haremos el sorteo- replicó satisfecha -el único que tendrá montones de regalos es Owen... si se decide a nacer- rió divertida.

-Será la primera navidad de verdad que celebre en muchos años- dijo ella con un suspiro.

-Verás que bien lo pasamos- la animó Esme, con una sonrisa.

Por primera vez en muchos años, Bella sintió alegría por la llegada de las navidades; aunque su padre iba a verla y pasaban la Nochebuena y el día de Navidad juntos, al tener a su abuela de mal humor todo el día no las disfrutaban en absoluto; un año, incluso, se fueron a cenar ellos dos solos a un restaurante, sólo por no soportar las muecas de aquella mujer.

De nuevo se acordó de su padre con una mueca de pena... era tan injusto... para que ella pudiera volver a sonreír y pertenecer a un lugar, él hubiera tenido que marcharse.

_____________________________________________

niñas....aki esta que faltaba!!!!! perdooooonnnnnnnn!!!!!!!