sábado, 5 de mayo de 2012

¿Y mi final feliz?



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Capítulo I
¿Y la Escuela?... Comienza



Bella, respira – me dije - ... listo 

- Buenos días - salude al entrar a la pequeña oficina - Soy... Eh, busco al Director Perkins - me retracte al presentarme ya que no quería hacer tan pública mi llegada. 

- Oh! Isabella, ya estás aquí - me dijo la secretaria cuando me vio (que efusividad) - solo dame un minuto - termino y salió disparada dentro de la oficina del director como si fuese a contar la noticia del año. Pero tal vez era así, yo era la nueva y al parecer eso era una gran noticia para comentar. 

- Muñequita, ya puedes pasar a la oficina - me dijo demasiado entusiasmada para mi gusto, su amplia sonrisa remarcaba más sus ya grandes cachetes y sentía que de un momento a otro iban a explotar, por lo que di tres pasos grandes hasta llegar a la puerta y suspire aliviada. 

Después de veinte minutos con el director ya estaba informada sobre las reglas del instituto, mi horario y la lista de profesores que me impartirían clases. Era primer día de escuela, algo me debía salir bien, así que cuando vi el reloj me percate que faltaban cinco minutos para la segunda hora de clase, al final no iba a perder tanto por llegar tarde. 

Con mi bolso al hombro revise la cartilla de clases mientras avanzaba por el pasillo. 

10:00 a.m. - Calculo - Aula 5 - Edificio B 

-No es justo, ¿Porque calculo? - chille deteniéndome, esto si había arruinado el comienzo oficial de clases. 

- No te preocupes, yo te puedo ayudar si quieres - di un pequeño brinco sorprendida de que alguien me contestara. 

- Hola, soy Alice Swan. Tu eres Bella ¿Cierto? - extendió su mano en forma de saludo. 

- Si - conteste tímidamente aceptando su mano. 

Alice Swan parecía una niña de primer año, un poco más baja que yo, de tez blanca y con un muy alocado cabello negro y corto, pero haciéndola lucir muy a la moda. 

- Excelente - grito dejándome algo sorda - seré tu guía esta semana hasta que te acostumbres y conozcas el instituto - dijo, tomando mi mano, lo cual me causo una extraña sensación de tranquilidad, por lo que no la solté y la seguí mientras ella seguía hablando - Ven, tenemos que ir a clases. Ah, por cierto, seremos compañeras en todas las materias. 

- Que bueno - alcance a responder antes de intentar seguir su maratónica carrera al aula. 

Una vez ahí, Ali, como dijo que la llamara ya me había contado mucho a cerca de su familia. Que su padre es Charlie Swan, el jefe de policía, su madre es Renee Swan y era la dueña de la mejor tienda de pasteles en el centro y sin olvidar las historias de su muy querido hermano, Emmett Swan, un joven de 19 años con alma de niño, según ella. 

Jamás en mi vida había conocido a alguien tan confiado y amable como lo era Alice, decir que me hizo un resumen de su vida era poco, pero no agarro toda la atención para ella, ocasionalmente me hacía preguntas para hacerme sentir en confianza según veía. Y pensar que solamente habían pasado menos de diez minutos. 

Me di cuenta que era una suerte increíble el tenerla conmigo ya que al entrar al salón de clase fue ella la que me presento frente al maestro y todos los alumnos por lo que un simple hola y un mucho gusto fue lo único que salió de mis labios. No pase desapercibida las miradas extrañas de los chicos y las cejas fruncidas de las chicas, por favor chicas, soy la nueva, es obvio que los chicos se fijarían en mí. Solo rogaba dejaran de hacerlo. 

El día paso sin mucha novedad, presentarme frente a todas la clases entre hora y hora (claro que era Alice que lo hacía) y hacer mi entrada triunfal a la cafetería según Alice bajo la mirada de ahora todo el instituto, que vergüenza, mi cara paso de un pálido rosa a un rojo sangre en cuestión de segundos - trágame tierra - susurre mientras me sentaba. 

- Bella, eres tan melodramática - oí decir a Alice quien se sentaba a mi lado y yo como una persona madura opte por la respuesta más lógica, sacarle la lengua. 

Primer día de clases, uno menos. Ya había pasado toda la tortura de presentarme a los maestros y a uno que otro alumno cuando se acercaban a mi (todos hombres). Conocí a un John, Mike, Erick, Ben, Jimmy y no sé cuántos más... Estaba exhausta 

- ¡Enana! - oí gritar mientras avanzábamos hacia el estacionamiento con Alice, pero no le di importancia hasta que la vi sonreír. 

- ¡Oso! - grito Alice 

- ¡Mejor Amiga! - se escuchó después. Raro 

Vi que los gritos provenían de un chico que estaba apoyado sobre una jeep, decir que era un oso le quedaba perfecto a su descripción, alto, fornido y con una sonrisa de niño de 6 años era lo primero que se te podía venir a la mente al verlo. 

- Vamos Bella, te presentare a Emmett - me jalaba del bolso una muy alegre Alice mientras avanzábamos. 

- Hola puerco espín - dijo él. 

- Hola pie grande - contesto Alice 

- Y tú debes ser Mejor Amiga - se dirigió a mi - la Señorita Cullen. 

- Bella, por favor... y hola - respondí después de tomar aire sin entender lo de "mejor amiga" 

- Bueno Bella, un placer. Soy Emmett, el maravilloso, excepcional y súper hermano de la chicharra aquí presente - se acercó a mi dándome un abrazo, definitivamente de oso. 

- ¡Emmett! - lo reprendió Alice mientras aprovechaba que el color volvía a mi después de ese abrazo. 

- Es cierto. Chi-cha-rra - le contesto el alargando la palabra, a lo que Alice lo mirto furiosa - llevas toda la semana diciendo que la nueva - me señalo - ósea Bella, va a ser tu mejor amiga. Y como las chicharras no se callan hasta que llueve - se volteo hacia mí dándole la espalda a una muy molesta duendecilla. 

- Así que - tomo mi mano en reverencia - Lluvia, eres bienvenida - se inclinó y sonrió ampliamente mostrándome su perfecta y blanca dentadura, por lo que no pude más y me uní a sus risas traicionando según lo que oía decir a Alice en sus quejas mi posición de ser mujer. Una mala justificación debería decir. 

Todo era tan raro pero tan gracioso a la vez, de nuevo me volvía a sentir extrañamente cómoda pero ahora con Emmett, el enorme hermano de la diminuta niña junto a mí. 

- Planeta tierra llamando a Bella, cambio - una estridente voz tratando de imitar un comunicador sonaba junto a mi oído. 

- Bella, ¿Estas bien? - me pregunto Alice. 

- Si, lo siento. Solo... estaba pensando - me excuse luego de un segundo. 

- Wow... Piensas, eres muy inteligente Bella - el gracioso Emmett del que Alice hablaba al ataque. Por lo que simplemente voltee los ojos y vi a una sonriente Alice acercarse. 

- No le hagas caso Bella, el pobre apenas aprendió a sumar 2+2 y su cerebro no da para más - Alice en mi defensa. Nota mental: jamás hacer enojar a Alice. 

- ¡Alice! - grito ahora un molesto Emmett 

- la venganza es dulce - me susurraba la susodicha mientras una sonrisa de temer aparecía en sus labios. 

- ¿Qué? - contesto inocente - yo no tengo la culpa de que te hayas caído de la cuna cuando eras pequeño - declaraba Alice mientras Emmett se sobaba la cabeza como si hubiera sido ayer - Si hubieras sido glotón tal vez otra historia seria 

- Soy glotón... y ¿qué? - sonrió Emmett maléficamente - tan siquiera yo no parezco un canguro con vestido saltando de un lado para otro - ataco. 

Me sentía una espectadora en este momento viendo un gracioso programa de televisión en donde un gorila y una conejita discutían sus diferencias. Y para seguir con nuestra madurez adolescente Emmett y Alice comenzaron una guerra de lenguas. Pero se hacía tarde y yo debía regresar a casa



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listo chicas, tarde pero seguro :)

Humor

Bella: Hazme vampiro

Ed: Casate conmigo

Bella: Puedes pasarme ese libro Eddie?

Ed: CASATE CONMIGO!

Bella: ¡Edward!

Ed: que?

sabado de puro humor ^^













Humorr!!


Traduccion: 

Cena con tu novio $25
Vestido nuevo para el baile: $50
Descubrir que tu novio es gay...
No tiene precio...

Lindo Fanmade de Amanecer2


Que les parece?



CrepusculoBogota

jueves, 3 de mayo de 2012

Cowboy de mi corazon


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Capítulo 2: Isabella Swan



La muchacha observaba extrañada a la pareja de mediana edad que tenía enfrente. El hombre era alto, rubio y con unos bonitos ojos grises; y aunque ya pasaba de los cincuenta años, seguía conservando un atractivo y una naturalidad propias de alguien más joven. La mujer tenía una dulce sonrisa en su cara, y era algo más joven. Bella estudió sus ropas, se veía que eran gente adinerada.

-Sí, soy Isabella Swan- contestó, un poco sorprendida; su abuela y ella nunca tenían visitas.

-Soy Carlisle Cullen- se presentó el hombre; al momento la joven esbozó una pequeña sonrisa en su cara.

-Usted es el jefe de papá- el hombre asintió, dedicándole una sonrisa tranquilizadora -imagino que usted será Esme- se volvió a la mujer -papá me habla mucho de todos ustedes y del rancho; pasen por favor- la chica se hizo a un lado, cediéndoles la entrada. La casa estaba vieja, pero muy limpia y ordenada. La decoración era muy pobre, ya que tenían lo básico. Isabella les indicó que se sentaran en el sofá.

-¿Puedo ofrecerles un café?- les preguntó. Ambos asintieron, y vieron a la chica alejarse apresurada a la cocina, oyéndola trastear por ella.

-Pensaba que sería más joven- dijo Carlisle, observando a su alrededor.

-Yo también- concordó Esme -parece una joven educada y amable; es raro- musitó en voz alta -según las transferencias, Charlie les pasaba una buena suma de dinero al mes, y ésto- señaló a su alrededor -roza la miseria-.

-El dinero iba a nombre de la abuela- le recordó Carlisle- y según la carta, ésta no quiere a su nieta... le preguntaremos a Isabella, y veremos en que se lo gasta, pero me apuesto lo que sea a que la chica no recibe un sólo dólar; ¿cuándo fue la última vez que se ha comprado ropa?- meditó resignado, recordando los agujereados vaqueros que llevaba Isabella. Carlisle meneó la cabeza, haciendo una mueca desaprobatoria.

-¿Qué te preocupa?- Carlisle le tomó de la mano, acariciándola con el pulgar.

-¿Cómo se supone que voy a decirle que su padre ha muerto?- murmuró en voz baja, a modo de respuesta -es un golpe tremendo-.

-Lo sé- asintió Esme con pena -pero tenemos que hacerlo. Callaron al oír pasos acercándose. Esme se levantó a ayudar a la muchacha, que portaba una enorme bandeja con café y galletas.

Después de servirles el café, Isabella se sentó enfrente de ellos.

-¿Le ha ocurrido algo a papá?; hace días que no me llama- interrogó preocupada. Carlisle suspiró, dejando la taza encima de la mesa.

-Verás Isabella...- la muchacha lo cortó.

-Bella, por favor; todos los que me conocen me llaman así-.

-Bella... tu padre sufrió un infarto hace una semana, y...- en la cara de Bella se formó una mueca de horror.

-¡¿Qué?- exclamó horrorizada -¿por qué no me han avisado antes?- les reclamó, empezando a sollozar.

-No sabíamos que Charlie tenía una hija- intervino Esme, tranquilizadora -nos ha costado mucho localizarte-.

-Comprendo; ¿cómo está?, ¿puedo ir a verle?- suplicó angustiada.

-Verás Bella... tu padre no... tu padre no pudo superarlo- Carlisle no pudo sostener la mirada de la chica, que nada más oír esas palabras, ocultó su rostro con las dos manos, llorando desconsolada.

-Lo siento mucho, hija- dijo Carlisle apesadumbrado; le partió el corazón verla así. Esme se levantó inmediatamente, sentándose al lado de Bella y atrayéndola a sus brazos. Carlisle iba a decir algo, pero Esme le detuvo.

-Déjala que llore y se desahogue- el hombre asintió, levantándose y saliendo del salón, dejando a Bella un poco de intimidad.

-No puede ser- sollozaba Bella, llorando a lágrima viva -me he quedado sola, me he quedado sola...- Esme no decía nada, pero su corazón se estrujó al oír su lamento. No dijo nada, y simplemente la abrazó con más fuerza cuándo el llanto de Bella se hacía más fuerte. Poco a poco, y buen rato después, el llanto dio pasó a silenciosos hipidos. Bella levantó la cabeza y se apartó de Esme.

-¿Estás mejor?- le preguntó la mujer con cariño, tomándole una mano. Bella hizo un pequeño movimiento afirmativo con la cabeza, pero sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

-No puedo hacerme a la idea; me hubiera gustado estar a su lado, y poder despedirme y...- no pudo seguir, ya que su voz se quebró.

-Lo sé hija, lo sé- Esme no encontraba palabras que pudieran consolar a la joven. Carlisle entró de nuevo en el comedor, sentándose al lado de ellas. Bella le miró agradecida a través de sus empañados ojos.

-Muchas gracias por venir a verme, y decírmelo; no deberían haberse molestado, es un viaje muy largo y...- Carlisle meneó la cabeza.

-Teníamos que venir- explicó -Bella, hay ciertas cosas de las que tenemos que hablar- le dijo. La joven asintió, quitándose las lágrimas con la mano.

-¿Quieres que te prepare una tila?- se ofreció Esme. Bella meditó unos segundos.

-En verdad la necesito, pero puedo ir yo, no se moleste- iba a hacer amago de levantarse, pero Esme la retuvo sentada.

-Tranquila, yo iré-.

-Gracias- accedió Bella; estaba sorprendida, no se había topado con gente tan amable en su vida. Una vez se quedaron ella y Carlisle solos, el hombre tomó aire.

-¿Cómo es la relación con tu abuela?- preguntó sin más rodeos; Bella meditó la respuesta unos minutos, antes de contestar.

-No muy buena; mi madre y ella nunca se han llevado bien, y tampoco aprobó el matrimonio de mis padres. Cuándo mis padres se separaron, vinimos aquí- le explicó con una triste sonrisa en la cara -y mamá conoció a un tipo mucho más joven que ella, y se fue con él-.

-¿Por qué no te llevó con ella?- inquirió.

-Mamá tampoco se ocupó de mi demasiado; la abuela me ha contado muchas veces que ella nunca quiso tener hijos- negó con la cabeza -el único que me quiso era papá- susurró con pena -cuándo descubrió dónde estábamos, mamá ya se había ido-.

-¿Por qué no te llevó al rancho con él?- se preguntó Carlisle en voz alta.

-Cuándo usted contrató a papá- siguió explicando Bella -todavía debía grandes sumas de dinero, debido a las deudas que contrajo jugando al póquer- miró a Carlisle un poco avergonzada, pero éste la tranquilizó.

-Todos cometemos errores Bella; no se debe juzgar a nadie por su pasado- le explicó -y según tengo entendido, todas sus deudas económicas están saldadas-.

-Así es- confirmó Bella -pero entre ponerse al día con los pagos, y lo que le pasaba a la abuela, apenas le llegaba para comer- explicó con pena -y por eso, decidió que me quedara aquí con ella, y con el dinero que nos mandaba nos apañábamos; la abuela lo administra- le contó -además, ya iba a la escuela aquí, y quería que siguiera- Carlisle escuchaba con atención las palabras de Bella; tanto ella cómo su padre lo habían pasado mal. ¿Por qué no le pidió ayuda?; podría haberse llevado a Bella a Hunstville, y por lo menos podría haberla criado él, incluso podría haberle dado un adelanto, y así pagar la escuela de Bella allí, en Texas.

-Sé lo que está pensado, pero papá tenía su orgullo- adivinó la joven -no quería abusar más de usted; le dio una nueva oportunidad, y sé que le estará eternamente agradecido-.

-¿Tu abuela te da algo de ese dinero?- Bella negó con la cabeza.

-Parte de ese dinero se fue en mis estudios; he terminado el pasado junio- le contó -y hace dos semanas, cumplí diecinueve años-.

-Felicidades, aunque sea con retraso- Esme se acercó a ellos con una taza humeante en las manos, que entregó a Bella.

-Gracias, señora Esme- Bella sopló un poco, antes de tomar un sorbo y dejarla en la mesa.

-Llámame sólo Esme, y no me digas de usted- Bella asintió, esbozando una pequeña sonrisa.

-¿Qué piensas hacer, ahora que has terminado el instituto?- le preguntó de nuevo Carlisle.

-Nunca he pensado ir a la universidad; aunque he conseguido graduarme, no soy buena estudiante.. y me han denegado la beca- confesó, avergonzada -trabajo en una cafetería del pueblo, en la cocina; hace casi un año que estoy allí. No me pagan mucho, pero es una ayuda para la casa y...- la puerta de la calle se abrió, y una mujer de unos cincuenta y muchos años entró al salón. Vestía un un pantalón negro, con una blusa blanca de manga largas, y unos altísimos tacones... a simple vista, su ropa parecía bastante mejor que la de su nieta.

Su mirada arrogante se posó en las tres personas que estaban allí, sentadas en su salón.

-¿Quiénes son ustedes?- preguntó suspicaz.

-Soy Carlisle Cullen, el jefe de Charlie- se presentó; alzó la mano, pero la señora ni se molestó en tomarla. Eme se puso de pie, intentado aligerar el ambiente.

-Yo soy Esme Platt; trabajo para el señor Cullen- se presentó.

-¿Y qué desean?; ¿en qué lío se ha metido ahora ese inepto de Charlie?- preguntó de manera burlona, sentándose enfrente de ellos y encendiendo un cigarrillo.

Carlisle y Esme se quedaron parados ante la fría reacción de la mujer; volvieron a tomar asiento, dejando a Bella en medio de ellos. Los ojos de la chica volvieron a aguarse, a la mención de su padre.

-Verá señora McAdams... Charlie sufrió un infarto la semana pasada... murió antes de que pudiéramos trasladarlo al hospital- la mujer se sorprendió ante lo que le estaban contando.

-Vaya... no sé qué decir- murmuró, apartando la vista y dando una calada a su cigarrillo.

-Charlie me pidió que ayudara a Isabella- le explicó Carlisle -no sabíamos que tenía una hija, sino les habríamos avisado antes-.

-Isabella tiene un trabajo aquí- replicó la mujer -mi pensión de viudedad no da para mucho- la chica miró furibunda a su abuela.

-Si no te hubieras gastado en vicios el dinero que nos mandaba mi padre, otro gallo cantaría-. La mujer la fulminó con la mirada, apagando el cigarrillo en un cenicero.

-Cállate- la espetó de manera desagradable -te recuerdo que tu padre me cedió tu custodia, y me debes un respeto- Bella soltó una risa incrédula, antes de responder.

-Si, te cedió mi custodia... a cambio de recibir una cuantiosa suma de dinero todos los meses- le recordó Bella, con rabia contenida -y te recuerdo que ya soy mayor de edad, y ya no necesito tutor legal-.

La mujer se puso en pie, quedando delante de su nieta. Ésta se levantó también.

-¿Así me agradeces que te acogiera en mi casa, después de que tu madre te dejara tirada?- le preguntó con mala intención; -eres una desagradecida- le espetó con furia. Carlisle y Esme se levantaron, alarmados por lo que estaban viendo... ¿cómo podía Bella vivir con esta mujer?.

-No pienso trabajar para mantenerte a ti y a tus vicios- le espetó su nieta, llorando -y menos aun, que me sigas humillando y haciendo daño- la mujer la miraba divertida.

-¿Y dónde se supone que vas a ir?; tu trabajo de cocinera no te da para pagar el alquiler de un apartamento o una pensión- le recordó; al ver el silencio de Bella, la mujer celebró en voz baja su triunfo -de modo que cállate, y si quieres seguir aquí, más vale que me obedezcas- las lágrimas aparecieron de nuevo en el rostro de la chica. Esme la agarró de una mano, pidiéndole a Carlisle con la mirada que interviniese.

-No la hable en ese tono- le recriminó de buenas a la señora que tenía delante -acaba de saber que ha perdido a su padre- Lucy rodó los ojos, cómo si le importara un pimiento. Carlisle pasó por alto el gesto, volviéndose a Bella.

-¿Te gustaría venirte a Hunstville con nosotros?- la joven abrió los ojos por la sorpresa, ante tal propuesta. Lucy se alteró.

-¿Qué está diciendo?; ¡no puede llevársela así por así!- chilló cómo loca.

-Ella es mayor de edad- le recalcó Esme seriamente.

-Y por lo que veo, usted no la quiere en absoluto -intervino Carlisle de nuevo -si necesita ingresos extras, trabaje usted- le aconsejó con una sonrisa malévola.

-Per... pero señor Cullen, no puedo aceptarlo- tartamudeó la chica, alucinada.

-Bella- la llamó con cariño -tu padre me pidió, de alguna manera, que cuidara de ti- le dijo, pero ella negó con la cabeza, llorando de nuevo.

-Y yo le agradezco mucho su ofrecimiento- agradeció de corazón -pero no puedo aceptarlo; no puedo irrumpir así por así en su casa; ¿qué pensará su familia?-.

-Mis hijos estarán encantados de tenerte allí- le explicó -querían mucho a tu padre... todos le echamos de menos... y creo que se lo debo- ella le miró sin entender -mi mujer murió cuándo nació mi hijo pequeño, y sé lo que es criar sólo a los niños- le confesó -aunque mi madre me ayudó en ello, no es lo mismo; comprendo a tu padre, y comprendo el dolor que habrá sufrido todos estos años, por estar lejos de ti-. Bella seguía escuchando sus palabras... no creía que aun quedara gente buena en el mundo.

-Tu padre se convirtió en un buen amigo mío... y se lo debo- volvió a explicar.

-Si quieres, podemos ofrecerte un empleo en el rancho- le propuso Esme -has dicho que trabajabas en la cocina de una cafetería- le preguntó; Bella afirmó en silencio.

-La señora Filding, nuestra cocinera, se jubiló hace poco más de un mes- le explicó -podrías ocupar su lugar- Carlisle miró a Esme con una sonrisa aprobatoria.

-Por supuesto, vivirías en casa, cómo Esme -y tendrás un sueldo para tus gastos; podrás ahorrar, e ir a la universidad en el futuro...-.

-Te permitirá tener unos ahorros- srepitió Esme -y poder mirar al futuro un poco más tranquila-.

-Pero ante todo, no estarás sola- le recordó Carlisle -aunque trabajes allí, serías parte de la familia, al igual que Esme-.

Bella escuchaba con atención, pero también con una mueca de incredulidad en la cara... sería una oportunidad de empezar de nuevo; quizá podría estar allí durante un tiempo, y poder independizarse en un futuro.. su padre no exageraba cuándo hablaba de la generosidad de Carlisle Cullen, era un buen hombre.

-¿Y su familia?- inquirió preocupada.

-Antes de venir, hablé con mis hijos, y están más que de acuerdo con la decisión- le explicó.

-Ellos se esperan a una adolescente de quince años- dijo Esme con una risa -pero se alegrarán de tener nuevo miembro en la familia, y que además, sabe cocinar; comen cómo limas- rodó los ojos, resignada. Bella soltó una pequeña risilla ante el comentario, olvidando por unos segundos el dolor de la pérdida.

-¿Quieres pensalo un poco más?- le ofreció Carlisle. Su abuela, que se había mantenido en silencio, tomó la palabra.

-Si te vas con ellos y sale mal, no vuelvas con la cabeza gacha pidiendo ayuda- le advirtió.

-Tranquila, no volvería aquí aunque tuviera que arrastrarme- le desafió su nieta, en un acto de valentía -nunca te has preocupado por mi, y ahora que soy mayor de edad, ¿que más te da si me voy?- la mujer, alucinada ante el estallido de valentía de Bella, estampó su mano en la cara de la joven, abofeteándola fuertemente. Bella se llevó las manos a la cara, llorando de humillación. Carlise y Esme no daban crédito a lo que estaban viendo, pero ahora más que nunca, tenían clara una cosa: había que sacar a Bella de allí cómo fuera. Al ver el silencio sumiso de su nieta, dedujeron que no era la primera vez que la pegaba.

-Bella- la llamó Esme -vamos a recoger tus cosas; no permitiremos que te quedes un segundo más aquí- ésta asintió lentamente, dejando que Esme la sacara del salón, seguidas de Carlisle.

-Eso, vete de una vez... maldita mocosa- Carlisle, que oyó el comentario, iba a regresar al salón, a cantarle las cuarenta a esa mujer, pero Bella lo retuvo por el brazo.

-No, por favor- le pidió -sólo quiero irme de aquí-.

La habitación de la muchacha parecía una celda de prisión; sólo había una pequeña cama, pegada a la pared, una mesilla y un pequeño armario. En una maleta y una mochila cupieron todas las pertenencias de la joven; Esme iba doblando la ropa, dándose cuenta de que la mayoría estaba vieja y remendada. Carlisle metió unos pocos libros y una foto de Bella con su padre en la mochila. Una vez tuvieron todo preparado, Bella dejó la destartalada casa, sin mirar atrás. Esme la ayudó a meterse en el coche. Carlisle, después de cerrar el maletero, se volvió hacia Lucy McAdams, que desde el porche, le desafiaba con la mirada.

-No hace falta que le advierta que no quiero que vuelva a molestar a su nieta; y mucho menos, pedirle dinero- el tono frío y amenazador de aquel hombre hizo que la mujer se encogiera un poco. La mujer masculló algo ente dientes mientras se metía en el interior de la casa, dándole a Carlisle con la puerta en las narices.

-Bruja- maldecía Carlisle, yendo hacia el coche y poniéndose al volante. Bella, acurrucada en el asiento de atrás y en los brazos de Esme, cerró los ojos, respirando aliviada, dejando una vida pobre y miserable atrás, y sin ni siquiera volver la vista hacia la que había sido su casa hasta entonces.

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El vuelo a Houston no salía hasta el día siguiente por la tarde. Nada más llegar al lujoso hotel de Seattle, Carlisle pidió una habitación para Bella. La joven estaba apabullada, nunca había imaginado que pisaría un sitio tan lujoso en su vida.

Una vez acomodados, Bella llamó a su trabajo, comunicando a su jefe que lo dejaba y explicándole la situación y lo que le había ocurrido a su padre. El señor Perkins siempre se portó bien con ella, y le deseó buena suerte, alegando que la echarían de menos. Apenas pudo probar la cena, y se retiró pronto a la cama, cayendo agotada por todo lo vivido en el día.

A la mañana siguiente, se reunió con Carlisle y Esme en el comedor a la hora que habían quedado la noche anterior. Llevaba unos vaqueros negros y una blusa color azul, con unas deportivas; era lo más decente que tenía, y aun así, se sintió fuera de lugar; la gente que ocupaba esas mesas la observaba de arriba abajo. Esme se levantó, yendo a su encuentro y conduciéndola a la mesa.

-Buenos días hija; espero hayas descansado- la saludó con afecto Carlisle. La joven asintió lentamente; era obvio que estaba muy triste, y le costaría superar el fallecimiento de su padre.

Esme le sirvió un poco de café, y Bella comió con ganas, ya que el día anterior casi no había probado bocado. Mantuvieron una relajada conversación, y Carlisle y Esme aprovecharon para contarle cosas del rancho y el origen de éste.

-Te vas a llevar muy bien con los chicos; son muy simpáticos- la animó Esme.

-¿No están casados?- preguntó Bella extrañada -son mayores y...- soltó una risa vergonzosa, ya que Carlisle le había hablado de sus hijos y qué edad tenían.

-Sólo Emmet, el segundo- le respondió el hombre -te llevarás muy bien con Rosalie- le dijo.

-Emmet es el único que no trabaja en el rancho- relató Esme -es ingeniero informático; Rosalie es pediatra. Tiene un consultorio en el pueblo; ellos viven dentro del rancho, pero en una casa independiente-.

-Están esperando su primer hijo- expresó Carlisle con orgullo -dentro de tres meses, un nuevo miembro en la familia Cullen- Bella les escuchaba atenta; en verdad, eran una familia unida y feliz.

-Jasper y Jake son muy extrovertidos, y Emmet también- le contaba Esme -te reirás mucho con ellos.. pero tendrás que mantenerlos alejados de la nevera, o te dejarán sin provisiones- Bella rió ante el divertido comentario.

-¿Y su otro hijo...?- preguntó con curiosidad.

-Edward- le ayudó Carlisle.

-Eso, Edward-.

-Bueno...- Carlsile meditó antes de hablar -también es muy simpático... pero desde que su novia lo dejó, su carácter cambió -pero no temas, verás cómo te llevas muy bien con él también-. Bella no dijo nada al comentario, y Esme notó su silencio.

-Soy muy tímida- se adelantó Bella -siempre me ha costado hacer amigos, y entablar confianza con la gente- confesó, bajando la cabeza.

-Con calma, Bella; verás cómo todo va bien- la animó ésta. Al terminar el desayuno, Carlisle le entregó a Bella un papel, que ésta leyó con detenimiento.

-¿Y este dinero?- preguntó confusa.

-Eran los ahorros de tu padre; el banco, al no tener constancia de que tuviera familia, canceló la cuenta, y nos lo entregó a nosotros- le explicó -no es mucho, pero ese dinero es tuyo-.

-Puedes hacer con el lo que quieras- le siguió explicando Esme. Bella se mordió el labio inferior; eran apenas tres mil dólares... y una idea cruzó por su cabeza.

-Podría comprame algo de ropa nueva.. y querrí devolverle el importe del alojamiento- propuso con timidez; Carlisle y Esme vestían muy bien, y se sentía avergonzada de su ropa vieja, la mayoría de segunda mano.

-Por supuesto... excepto lo de la habitación- apoyaron Carlisle y Esme -además, necesitarás botas y vaqueros para salir a cabalgar- dijo éste -¿sabes montar a caballo, verdad?- los ojos de la chica se iluminaron.

-Soy hija de Charlie Swan- respondió contenta -mi padre me enseñó; me encantan los animales-.

Acompañada por Esme y Carlisle, Bella renovó su vestuario; Esme sonreía mientras ella se admiraba en el espejo, probándose un vestido azul. En ello se les fue la mañana, y por la tarde, por fin, abordaron el avión.

Bella, vestida con unos pantalones vaqueros nuevos, una camiseta blanca y unas bailarinas negras, sentía que los nervios crecían y crecían en la boca de su estómago... pero a la vez, respiraba aliviada; por fin le pasaba algo medianamente bueno, aunque para ello, su padre hubiera tenido que morir. En cierta manera, era cómo si él siguiera cuidando de ella, desde dónde quisiera que estuviese.

Casi cuatro horas después, el avión llegaba a su destino... y Bella al que sería su hogar a partir de ahora. Después de recoger el equipaje y pasar las puertas de llegada, Carlisle hizo a una seña a un hombre. Era moreno y fuerte, y vestía botas, vaqueros y una camisa de cuadros.

-Bienvenido a casa señor Cullen; Esme- saludó a ambos con educación -espero que hayan tenido un buen viaje-.

-Gracias Sam; ella es Isabella, la hija de Charlie- la muchacha, al lado de Esme, esbozó una tímida sonrisa.

-Es un placer conocerte; lamento mucho lo de tu padre-.

-Gracias; también es un placer conocerle- agradeció en voz baja.

-Bienvenida a Texas- el hombre, aunque parecía serio y callado, le inspiraba confianza.

-Sam era el segundo capataz- le explicó Carlisle -ahora sustituye a tu padre en el cargo de primer capataz- le siguió contando -¿cómo han ido las cosas estos dos días?- interpeló a su empleado, mientras se dirigían al coche.

-Jake y Edward tuvieron un altercado ayer- le contó Sam, con preocupación -uno de los toros de los Denali rompió el cerco y pasó a nuestros pastos -Carlisle emitió un bufido -corneó a varios de los terneros que estaba allí-.

-Maldito Eleazar- siseó cabreado -le previne hace tiempo que alejara a los toros de ese pasto, y los llevara a otro lejos de los terneros-.

-Eso mismo le recordaron Jake y Edward cuándo fueron a reclamarle; al parecer se encararon con James y Garret, y por poco se pegan allí mismo-.

-¿Los terneros...?- Sam le tranquilizó al momento.

-Hay algunos heridos, pero ninguno ha muerto-.

-Tendré que hablar con Eleazar seriamente; ésto ya pasa de castaño oscuro- murmuraba enfadado Carlisle de camino al coche. Esme y Bella, que iban detrás, iban escuchando atentamente la conversación de los hombres.

-¿Quiénes son los Denali?- le preguntó Bella.

-Nuestros vecinos; las familias no se llevan bien- le contó con una mueca de preocupación -Garret y James son los hijos de Eleazar- Bella escuchaba con curiosidad la historia.

-No son de fiar; siempre están jugando sucio- le dijo, con una mirada inquieta; Bella no quiso preguntar nada más, y caminó en silencio hacia el coche. Todavía les quedaban dos horas de camino hasta Hunstville; Bella miraba por la ventanilla, atónita del verde paisaje que les rodeaba.

-¿Qué te ocurre?- le dijo Esme.

-Pensaba que el paisaje de Texas era distinto -dijo ella, un poco asombrada -me lo esperaba de color amarillo, y desértico- confesó. Carlisle y Sam, desde los asientos delanteros, esbozaron una divertisa sonrisa.

-Y así es al oeste del estado- le explicó Esme -pero el este es verde y húmedo- le explicó.

-Por eso los ranchos texanos tienden a ubicarse en esta zona del estado- siguió relatando Sam.

Dos horas después, el coche pasó las barreras de entrada del rancho Killarney. Una imponente casa blanca de dos pisos, de estilo colonial, con la fachada y columnas blancas, y un espléndido porche apareció ante Bella. Se quedó contemplándola en silencio, impresionada.

-¿Te gusta?- le sondeó Esme al bajar.

-Es enorme, y muy bonita- dijo admirada. La enorme puerta de madera oscura estaba abierta, y cinco personas los recibieron en la entrada. Carlisle y Esme se adelantaron para abrazarles y saludarles. Una vez terminaron los saludos, Carlisle y Esme rodearon a Bella.

-Ella es Isabella, la hija de Charlie- les dijo Carlisle- Bella, ellos son Jake, Emmet, Jasper y Edward, mis hijos- los señaló de mayor a menor -y ella es Rosalie, la esposa de Emmet- Bella vio cómo la aludida, rubia, alta y guapísima, se adelantó para darle un suave abrazo.

-Bienvenida Bella- le dijo mientras la abrazaba -siento mucho lo de tu padre-.

-Gracias, es un placer conocerte- respondió con una pequeña sonrisa.

-Lo mismo digo; verás qué bien estás aquí- se apartó, volviendo al lado de su marido.

Bella se sentía intimidada ante cuatro chicos altos y fuertes, todos con vaqueros, botas con espuelas y camisas de cuadros, a excepción de Emmet, que llevaba un traje gris con corbata.

-Vaya- habló uno de ellos era alto, moreno y con ojos negros alegres y chispeantes -pensábamos que serías más joven- dijo con simpatía- soy Jake, el mayor... y la flor y nata de la familia- replicó orgulloso. Bella arqueó una ceja, mientras sus hermanos y su padre rodaban los ojos.

-¿Qué?- se encogió inocentemente de hombros -soy el relaciones públicas- se auto nombró -si alguno de ellos te hace rabiar, no dudes en pedirme ayuda- le dijo a Bella, guiñándola un ojo.

-Seguro- otro de los chicos, de melena rubia y ojos grises, muy parecido a Carlisle, se adelanto -no le hagas caso; soy Jasper- se presentó, tendiéndole una mano -sentimos mucho lo de tu padre, todos nosotros- señaló a sus hermanos.

-Gracias; es un placer conoceros- dijo con voz suave.

-Bienvenida al rancho Killarney- el que llevaba traje se adelantó, dándole un suave abrazo, al igual que Rose -soy Emmet; verás que bien estás aquí; y no le hagas caso a Jake... no te vamos a comer- dijo con una sonrisa pilla, pero a la vez cariñosa; Rose por poco le da un capón.

-Encantada; muchas gracias por el recibimiento- agradeció; su vista se posó inconscientemente en el hermano pequeño, sin duda, el más atractivo de los tres; sus ojos esmeraldas la observaban detenidamente, estudiándola de arriba abajo; Bella se sintió un poco intimidada por esa mirada. Su padre le lanzó una mirada de advertencia, y por fin habló.

-Soy Edward... lamento mucho lo de tu padre- su profundo tono de voz impresionó a la joven, que le hizo un pequeño gesto con la cabeza, sonriéndole tímida... pero el no le devolvió la sonrisa, al contrario, la miró de nuevo, frunciendo el ceño.

-Bien- Carlisle alivió la situación -Bella va a vivir con nosotros- les anunció.

-Ya lo sabíamos- replicó Jake, como si fuera obvio; su padre negó con la cabeza, suspirando resignado -déjame terminar- le pidió -va a ocupar el puesto de la señora Filding- les dijo.

-¿Sabes cocinar?- la pregunta de Jasper sonó un poco desesperada.

-Sí- dijo ella -he trabajado en la cocina de un restaurante- les explicó.

-Estupendo- Jake y Emmet se frotaban las manos, y Rosalie se dirigió a Bella.

-Son unos glotones- le dijo, ante el enfado de su marido y cuñados.

-Eso no es cierto... estamos en edad de crecimiento, y tenemos que alimentarnos bien- Bella reprimió una risa ante la contestación de Jake.

-Si con treinta y seis años todavía estás en edad de crecimiento, te llevamos a un congreso de medicina- le espetó Emmet, alzando una ceja, ante la divertida mirada del resto -ganaríamos una fortuna con el descubrimiento- Jasper y Edward ahogaron una carcajada, al igual que Esme, Rose y Bella. Carlisle resopló, dándose paciencia así mismo.

-Chicos- llamó su atención -sobra decir que Bella será parte de la familia, al igual que Esme, y aunque trabaje aquí, esta será su casa-.

-Eso se da por supuesto- dijo Jake, a lo que Jasper y Emmet asintieron, al igual que Rose. Edward se quedó callado, cómo era su costumbre... no sabía si la presencia de esa chica le incomodaba o no... pero había algo en ella que le perturbaba.

Después de ese rato de presentaciones, Emmet y Rose se despidieron.

-Rose está agotada- le dijo Emmet, pero mañana vendremos a cenar- le dijo a Bella.

-Haré algo especial, entonces- prometió con una pequeña sonrisa. Una vez partieron a su casa, Esme condujo a Bella a su habitación; estaba en el segundo piso, al otro lado del pasillo, dónde dormía la familia. Era una habitación espaciosa, decorada en tonos cafés, con una cama de matrimonio, una cómoda y dos mesillas. Un enorme armario reposaba frente a la cama. El mobiliario, en tonos claros, era moderno y de buena calidad. La habitación tenía un pequeño cuarto de baño; Bella nunca había tenido un cuarto así, y observaba maravillada cada rincón.

-¿Te gusta?- le preguntó Esme.

-Es enorme- dijo asombrada -me encanta-se asomó a la ventana, cubierta por unas cortinas blancas, desde dónde había una vista preciosa de los jardines traseros. Después de instalarse, con la compañía de Esme y los chicos, le enseñaron la casa. Era inmensa, y estaba exquisitamente decorada, con muebles de estilo colonial español. La cocina era espaciosa, moderna y equipada con los mejores aparatos.

-Vaya- decía Bella, cada vez que descubría otra habitación.

-¿Te ha gustado la casa?- le interrogó Jasper.

-Es preciosa- admiró Bella, adentrándose en la cocina; observó que Edward no había abierto la boca en todo el rato, y se quedó en el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

-Mañana te enseñaremos el rancho- dijo éste, con una sonrisa de simpatía.

-¿Habéis cenado?- interrogó Esme a Jake. Éste asintió.

-Rose ha cocinado- dijo con un gracioso mohín -no tiene ni idea- le confesó a Bella, que le miraba divertida. Esme miró el reloj, y se dio cuenta de que ya pasaba de la media noche.

-Estoy agotada, me voy a dormir. Buenas noches chicos- se despidió de ellos -te veré mañana Bella, espero que descanses-.

-Buenas noches Esme- se despidió, quedándose con los tres chicos a solas. Jake y Jasper miraban a Esme subir las escaleras.

-Ya tardaba; papá hace rato que se ha ido a dormir- dijo Jake, ahogando una risita. Edward le lanzó una mirada reprobatoria, señalándole a Bella con la cabeza.

-Vamos Edward; ella va a formar parte de la familia, y se terminará enterando- Edward siseó entre dientes, mientras que Jasper le explicaba a Bella.

-Nuestra madre murió cuándo nació Edward- Bella asintió, ya que Esme y Carlisle le habían contado la historia -desde entonces, papá no ha rehecho su vida, hasta que apareció Esme a trabajar aquí, hace diez años- a Bella no le sorprendió la revelación.

-Si- dijo ella -me hablaron de ella, ¿se llamaba Mary o algó así, no?-.

-Meredith- le corrigió Edward, lanzándole una fría mirada; Bella se encogió un poco, debido al tono que utilizó.

-Claro, lo siento -se disculpó mordiéndose el labio inferior -me he confundido-.

-¿No puedes ser un poco más amable?- le regañó Jake a su hermano. Edward apartó la vista, pero se quedó quieto en su sitio, mirando de reojo a la joven.

-¿Por qué lo de vuestro padre y Esme es secreto?- interrogó de nuevo, intentando recomponerse.

-Ellos lo quieren mantener así- Jazz se encogió de hombros -piensan que no sabemos nada- rió malicioso.

-¿Cómo es que no te sorprende?- preguntó Jake.

-En el avión, mientras volvía del servicio, los vi abrazados- confesó Bella, con una media sonrisa -y al oírme llegar, se separaron de repente- se encogió de hombros -de modo que no hice ningún comentario-. Jake y Jasper rieron, incluso Edward no pudo evitar sonreír con disimulo.

-Pues ya eres cómplice del mayor secreto de la familia Cullen- le dijo Jake, rodeándole los hombros -suponemos que estarás cansada- Bella ahogó un bostezo.

-Un poco, ¿a qué hora os levantáis?, por tener el desayuno a tiempo-.

-A las ocho solemos bajar a desayunar- le dijo Jasper, pero Edward habló.

-¿Eres la cocinera, y Esme no te ha explicado los horarios de las comidas?- interrogó un poco brusco. Bella se quedó cortada, sin saber qué decir. Todos en la familia eran muy amables, pero Edward... estaba claro que, por alguna razón oculta, ella no le caía nada bien, y no lo disimulaba en absoluto.

-Mañana se lo preguntaré todo- se excusó agachando la cabeza, y se giro hacia Jake y Jasper- buenas noches chicos, que descanséis- esbozó una pequeña sonrisa a los dos.

-Buenas noches Bella- al salir por la puerta, pasó al lado de Edward sin mirarle, y él hizo lo propio.

-Estupendo- masculló Jasper, una vez que Bella subió las escaleras -¿tanto te cuesta ser amable?- le recriminó a su hermano pequeño -va a pensar que somos unos lunáticos-.

-Ella viene a trabajar aquí- dijo Edward -no la hemos adoptado, ni nada por el estilo-.

-¿Acaso no escuchaste antes a papá?- le espetó Jake -esa chica ha sufrido mucho, y está muy falta de cariño-.

-Y más ahora, que Charlie no está- le recordó Jasper. Edward recordó lo que les había contado su padre cuándo Bella y Esme subieron a la habitación de la joven; eso era cierto, había sufrido mucho, y la muerte de su padre había sido un mazazo para ella... pero no iba a decirlo en voz alta; ninguna mujer joven se merecía su compasión, fuera cual fuera el motivo.

-La vida te pone a prueba de vez en cuándo- se encogió de hombros.

-Edward- dijo Jake lentamente -¿cuando coño vas a convencerte que no todas las chicas son cómo Jessica?- le interrogó hastiado.

-No puedes ser así con todas las mujeres jóvenes que te conocen- le espetó Jasper -así que por el bien de todos, intenta ser un poco amable con ella- le advirtió severo. Sin decir una sola palabra acerca del tema, se dio la vuelta, dejando allí a sus hermanos y subiendo a su cuarto.

Tumbado en la cama, hizo un repaso mental de todo lo acontecido esa noche; e intentó buscar una explicación a por qué esa chica no le era indiferente. Ya habían destrozado su corazón una vez, y no permitiría que nadie volviera a hacerlo, se juró a si mismo, cerrando los ojos.


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listo nenas, tarde pero seguro... disfuten!!!

martes, 1 de mayo de 2012

La Bestia del Castillo



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2.- Dulces nupcias 

Bella pov. 

-maldita sea señora, está complicando todo mi trabajo ¿es que no puede aceptarlo y seguir adelante? Mire como estamos- dijo molesto de nuevo. 

Bueno… el enfado no se le ha pasado a lo largo del camino. 

-¿Aceptarlo? ¡¿Aceptarlo?! ¿usted piensa que dejar a mi familia atrás, mi casa, mi gente, para casarme, entregarme y quedarme con un hombre al que nunca en mi vida he visto, que además tiene prisionero a mi hermano desde hace tres meses es algo que puedo aceptar en unas horas? debe tener heno en la cabeza. Y sí estamos así es su maldita culpa, solo quería ver la caída del agua, no caer con ella, imbécil- dije en respuesta. 

-es su culpa, galopo tan rápido que pensé…- 

-¿Qué escaparía dejando a su suerte a mi gente, a mi hermano? No Señor, seré mujer pero tengo honor, di mi palabra de contraer matrimonio con su Señor y eso haré. Como bien dijo, si lo considero un premio o no, no es relevante. La vida de mi hermano y de mi clan está en juego- dije mirándolo seriamente. 

-le ofrezco una disculpa por ello, ya estamos cerca del castillo, por favor señora, terminemos con esto cuanto antes- pidió mirando hacía el camino que había frente a nosotros. 

-bien, pero quiero que sepa que no me agrada- dije mirando el mismo camino que él. 

Si entendió que es lo que no me agrada o quien no me agrada no lo dijo. Un momento después, o así lo sentí, frente a nosotros estuvo un puente que cruza un riachuelo lo suficientemente grande para nadar pero pequeño para navegar. Apenas anduvimos un poco después de pasarlo y entramos a una especie de pueblo. Lo atravesamos y entonces pude ver el lugar. 

Un edificio de piedra negra, sin importar que el sol este arriba alumbrándolo con todo su resplandor, el lugar es oscuro como su señor. Un castillo enorme y atemorizante. Sentí al hombre de los Cullen azuzar mi caballo para ir más de prisa. Quise negarme pero… ya estoy aquí, ¿para qué retrasar más lo inevitable? 

-Jasper te esperaba mucho antes- dijo un hombre de unos veinte muchos treinta ni uno de años. 

No le preste atención. Pues en cuanto cruce las puertas del castillo mi destino estuvo sellado y saber eso me hizo miserable. 

-lo siento Edward, la señora necesitaba tiempo para adaptarse al viaje- respondió mientras gentilmente me jalaba del brazo, porque eso fue lo que hizo, hasta dejarme frente al jefe del clan. 

Evite mirarlo a la cara, no me interesa conocerlo, no necesito conocerlo si de todas formas tendré que someterme. 

-bienvenida Lady Swan, Isabella Swan- dijo y no me quedo de otra. 

Lo mire. 

Verdes, sus ojos son verdes. 

Apenas puse atención a los dos hombres que estaban detrás de él o a la pequeña multitud que se reunió a mi espalda. 

-gracias Señor, ¿puedo ver a mi hermano?- pregunte en cuanto respire profundamente. 

-en cuanto estemos casados y todo este firmado- respondió con irritación. 

-entonces acabemos con esto de una vez, realmente quiero ver a mi hermano- dije segura y con un tono lo suficientemente alto para que me escuchara. 

-creo que lo mejor será que se arregle primero, su vestido está…- 

-puedo pronunciar los votos así como estoy, no hagamos de esto algo que no es, usted quiere una esposa, yo quiero a mi hermano libre, no hagamos un carnaval- dije en tono más bajo, no me interesa que todos los presentes ahí se enteren que me acostare con él solo por la libertad de mi hermano. 

-¡¡¡Jasper llama al Sacerdote!!!- grito haciéndome saltar. 

Preferí no mirarlo, no parece haberle agradado mi comentario. Que se aguante. A mí no me agrada él y aquí estoy casándome. 

-pero Edward, la dama quizá quiera…- 

-la dama ha expresado su deseo de terminar con esto de una vez y voy a complacerla. ¡¡¡Trae al sacerdote ahora!!!- grito una vez más. 

El hombre salió disparado. Regreso un momento después con un cura, la expresión en su rostro es de asombro pero igual que Jasper obedeció. 

Ahí en la entrada del castillo, con mi vestido mojado y sucio, así como toda yo, me case con la bestia del castillo negro, ahora espero sobrevivir hasta mañana solo para morir de tristeza. Este hombre no es Jacob. Y al paso de la noche de bodas toda esperanza para mí se habrá ido. 

-bien señor, ya estamos casados. ¿Puedo ver a mi hermano ahora?- pregunte sin mirarlo a los ojos. 

-señora tus exigencias son irrespetuosas, no tienes derecho a nada en esta casa aún, verás a tu hermano cuando seas mi esposa por completo- dijo acercándose a mí. 

Supuse que se refería a consumar el matrimonio. Bien, si de todos me tomara, que sea a la luz de la tarde, debe ser menos aterrador que en la noche. 

-pues entonces terminemos con eso también ¿su habitación?- pregunte entrando y empujando a Jasper a la pasada. 

Cuando vi que no me seguía me detuve. 

Lo mire y espere a que hiciera algo. Apenas entendí que me había excedido cuando sentí sus manos en mis hombros, me miro con ganas de atravesarme. Pero no lo hizo. Me llevo con toda la rudeza que encontró hasta una pared la cual se movió y dio paso a un calabozo. 

Dios, lo hice enfadar y ahora pagare el precio. Mi clan se iría a la ruina y probablemente mate a mi hermano. 

Me llevo por un pasillo oscuro, a veces apenas iluminado por antorchas. Llego a una puerta y me puso contra la pared. 

-ahí está tu hermano, tienes cinco minutos, al salir te llevarán a tu habitación y te buscare en una hora, más te vale estar lista- dijo con su pecho pegado a mi espalda, su boca susurrando en mi oído - Seth asegúrate que llegue a la salida después del tiempo que le di- dijo a un hombre que no vi hasta que se acerco a mi. 

-Mike, Mike ¿estás bien?- pregunte. 

-hermanita ¿Qué haces aquí?- 

-sacándote, dile a papa que estaré bien y asegúrate de que no enferme y que no trabaje tanto. Ha estado más cansado últimamente. Mike… no podre arreglar tus desastres nunca más… me he casado con él- dije 

-¿te pidió en matrimonio para liberarme?- 

-no… no - mentí - papa consiguió un acuerdo, mi matrimonio proveerá al clan de lo necesario para ser lo que fuimos una vez, pero tienes que madurar y dejar de hacer tonterías. Hazlo por papa, está envejeciendo. Cuídalo, cuida todo lo por lo que estoy luchando…- pedí antes de llorar. 

El silencio entre nosotros se hizo pesado en los diez segundos que duro. 

-hermanita, lo siento. Esta vez ha sido muy alto el precio por mí, ¿quieres que le diga algo a Jacob?- pregunto en tono aun más bajo. 

-dile que lo extraño, que lo amo, pero que lo nuestro ya no sucederá. Que busque una mujer que…- no pude seguir… 

Imaginarlo con otra mujer es algo que me rompe el alma o lo que me queda de ella. 

-se lo diré… te amo Bellis- dijo mi hermano tomando mis manos entre los barrotes de la puerta. 

-señora ya es hora, debo llevarla a la puerta- dijo el hombre. 

Sé que pedir más tiempo será inútil y que solo lograre enfurecer más a mi nuevo esposo. Mire a mi hermano una vez más y deje que el guardia me guiara. 

Mike está realmente golpeado y lastimado. 

-señora soy Carmen, seré su doncella por ahora- dijo una mujer de apenas más edad de la que mi madre tendría ahora. 

Me sonrió y me tomo de la mano hasta llevarme a torre más cercana. La habitación del último piso es la mía al parecer. Hay una justo debajo. No pregunte de quien es, pero espero que no sea de él. 

-la tina esta lista, déjeme ayudarla con esto- dijo desatando los lazos de mi vestido. 

-no gracias, yo puedo hacerlo sola, necesito un momento… estaré bien, gracias- dije mientras esperaba que se fuera. 

En realidad no necesito ayuda de cámara porque hace años que en el castillo de mi padre no tengo una, así que aprendí a hacerlo todo por mí misma. Y desnudarme delante de una mujer desconocida no me agrada. 

Aunque eso no debe importarme. En un momento hare algo más que desnudarme frente a un desconocido. Mientras me deshacía de mi ropa arruinada y me metía en la tina llore. 

Por mi nuevo futuro, por mi pasado, por todo lo que soñé tener y ya no tendría: un esposo que me amara, hijos que cuidar, un matrimonio por amor con él hombre de mi vida. Y mi llanto no fue suave y en silencio. Fue desesperado, cargado de dolor, de desesperación, de miedo ante lo que vendrá y que no puedo evitar. 

Cuando ese hombre me tome como su mujer ya no habrá vuelta atrás. 

La puerta se abrió de golpe. Me gire en esa dirección esperando ver a mi esposo. Carmen, aparecio Carmen. 

-Señora ¿está bien?- pregunto acercándose tanto como su velocidad se lo permitió. 

-sí, gracias… ¿Por qué viniste?- pregunte. 

-hum… bueno la deje tanto tiempo que pensé me podría necesitar, estaré abajo, me puede llamar si desea algo. Esta cuerda esta conectada con la campanilla que comunica directamente en la cocina. Usted la jala y alguien, si no soy yo, subirá- dijo sonriendo mientras yo asentía. 

Se marcho y me entregue al llanto de nuevo. Pero esta vez trate de no hacer tanto ruido. Para cuando me sentí con fuerzas para salir, la hora impuesta por mi esposo había pasado y el agua estaba fría completamente, a pesar de ser casi verano, pues estamos en el quinto día de junio, yo tengo frio. Me levante con algo de trabajo y salí envolviéndome en las mantas que dejará Carmen para ese fin. 

Mi vestido de “bodas” esta sobre la cama, es bonito, no muy de mi gusto pero bonito en general. Busque entre las cosas que había ahí mi baúl. No lo encontré. Me quede esperando que Carmen regresara, eso de la campanilla no me agrada mucho. Paso un par de minutos hasta que la puerta se abrió de nuevo. 

-Carmen ¿podrías decirme donde esta mi baúl o sí ya llego? Estaba en el carruaje- dije sin girarme. 

-lo traerán después- escuche a mi espalda, sentí su aliento en mi cuello antes de sentir sus manos en mis hombros. 

-esta… bien- dije sin saber que más hacer. 

Me giro despacio hasta dejarme de frente a él. Tomo con sus dedos mi rostro y lo levanto hasta que lo mire a los ojos. No es desagradable físicamente. Es blanco de la piel aunque el sol ha menguado ese color, de cabello castaño oscuro sin ser negro, labios rojos, barba tupida, bien definida y de un tono apenas más claro que su cabello, rostro cuadrado y muy atractivo, perfecto es la palabra. Según pude ver músculos. Más grande que Jacob, al menos en estatura. 

-no tengas miedo… no soy como dicen- dijo acercándose a mis labios. 

Me quede tan quieta como pude. El único que me había besado era Jacob. 

Sentí sus labios tibios sobre los míos. Sus manos bajaron por mis brazos hasta que los dejo en mis codos. Mis manos sujetaban la tela mojada con fuerza. 

-por favor no tengas miedo- pidió una vez más. 

Me di cuenta en ese momento que sigo temblando. 

No es de miedo a él en sí, es de miedo a lo que viene, no por no saber nada sobre lo que sucede entre un hombre y una mujer, sino porque él no es el hombre que yo esperaba se llevara mi virtud. 

-no es miedo… es frío- mentí. 

-¡¡mientes…!! Sé lo que se dice de mí. Temes yacer con la bestia del castillo negro y no sobrevivir. No te preocupes, mis métodos no son tan letales- dijo alejándose. 

-¿Cuándo liberara a mi hermano?- pregunte cambiando el tema. 

Se ve algo molesto. 

-¡¡¡cuando te hayas acostado conmigo!!!- grito yendo hacía la puerta. 

-no se vaya… terminemos con eso de una vez- dije mientras con la primer frase él se giraba hacía mi y con la segunda yo dejaba caer la tela que me cubría. 

Sin mirarlo a los ojos, en cuanto se giro mire al piso. 

Su respuesta fue salir cerrando de un portazo que resonó en mí como si me hubiera golpeado. 

Acaba de despreciarme y quizá mi hermano pagará el precio. 

Después de todo que se puede esperar del hombre que mato a su esposa por no darle hijos.

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Niñas, un día tarde pero seguro, saludos, recuerden comentar y votar, besitos ;)