sábado, 4 de febrero de 2012

LLC. Capitulo 25: Noche de la vispera de Navidad


NOCHE DE LA VISPERA DE NAVIDAD

Edward había estado encontrando excusas para conseguir tenerme debajo del muérdago durante todo el día. Era muy mono y romántico por su parte. Nunca antes en toda mi vida me había sentido tan amada y querida.

Ahora mismo estaba intentado no sonrojarme de cientos de tonalidades de rojo diferentes mientras él me besaba una vez más. Finalmente me separé y le abracé fuertemente. Le susurré al oído.

"Esto es muy tierno y todo eso, pero realmente necesitas parar. Todos los demás están con nosotros en la habitación y me estoy cansando de sonrojarme."

"Entonces vámonos a mi habitación."

"No," me reí por lo bajo. Podía oír la sonrisa en su voz y sabía que sólo estaba tonteando. Pero era una oferta tremendamente tentadora. "Sabes que Alice está preparándose para poner la película."

"Sólo es Rudolph. Todo el mundo ha visto Rudolph antes. ¿Por favor, Bella? Puedo practicar ayudarte con tu ropa algo más."

"¡No! Vamos a ver al pequeño reno con la nariz roja."

"Lo sé. Es que me gusta meterme contigo."

"Cuidado, Tutor-boy. Puede que no te guste mucho si tomo represalias."

"Oh, por favor, hazlo."

Me separé un poco y sus ojos verdes estaban brillando con malicia y amor. ¡Él creía que estaba siendo gracioso! ¿Lo encontraría gracioso si le contaba exactamente cuanto me apetecía escabullirme con él al piso de arriba? No es que algo grande fuera a pasar, pero sólo besarle era asombroso, a su manera.

Le cogí la mano y le llevé hasta el sofá conmigo. Le empujé para que se sentara, haciendo que se riera. Extendió los brazos para cogerme y le dejé que me pusiera en su regazo. Suspiré alegremente y apoyé la cabeza contra su hombro.

Habíamos pasado todo el día juntos, sin dejar al otro más de unos minutos. Hasta ahora había sido maravilloso. Brevemente me pregunté como soportaría volver a mi casa, al trabajo o a la universidad. Deseé que este día continuara pasa siempre.

"¡Hora de la película!" gritó Alice.

Emmett y Rosalie bajaron y se sentaron a nuestro lado en el sofá. Jasper y Alice estaban en el suelo delante de nosotros. Esme y Carlisle salieron de la cocina. Le dieron a Emmett un bol de palomitas para que las compartiera con los demás y se sentaron en el otro sofá.

La película empezó y la canción de Rudolph empezó a sonar. "Rudolph tiene una nariz tan mona. Odio que los otros renos sean crueles con él," dije.

"La envidia hace que la gente haga cosas raras," dijo Rosalie. "¿Sabes? Siempre he considerado que Rudolph era la perfecta metáfora para el instituto. Rudolph sería el anormal y los otros serían los chicos populares."

"Tú debiste ser una chica popular," dije. Estaba inclinándome sobre Edward para hablar mejor con ella.

"Por defecto," contestó Rosalie. "Solía quedarme con Jasper porque todos los demás eran muy falsos. Sólo querían ser mis amigos para ser populares."

"Eso apesta," dije.

"Sí, un poco," Rosalie se rió por lo bajo. "Nunca es fácil ser mujer, y menos una atractiva. La gente cree que ya conoce tu inteligencia y personalidad antes de hablarte."

"¿No odias eso?" dije en voz más alta.

"Mira, si vosotras dos queréis hablar, iros a la cocina," nos interrumpió Emmett. "Yo quiero ver Rudolph."

Rosalie y yo nos reímos en voz baja y prometimos acabar luego nuestra conversación. Me senté más recta y me acurruqué contra el pecho de Edward. Sus brazos me rodearon mientras me daba un beso en la cabeza.

Tan pronto como Rudolph acabó, Alice puso 'Mi hombre de Nieve'. No estaba tan bien como Rudolph y acabamos suplicándole que la quitara. Al final cedió y puso 'Una historia de Navidad'. Todos la vimos atentamente y nos reímos cuando había que hacerlo, todos nos sabíamos bien la película.

Moví la cabeza para poder susurrarle a Edward al oído. "¿Crees que tu madre te hubiera hecho llevar un traje de conejito como ese si hubieras tenido una tía excéntrica que te hubiera hecho uno?"

"Sin duda. Y Alice habría hecho muchas fotos para torturarme durante toda la vida."

Rápidamente levanté la mano e hice lo que pude para contener el bostezo que se me escapó. Aún así sonó muy fuerte. Todo el mundo se rió y me sonrojé.

"¿Cansada?" Edward se rió por lo bajo.

Asentí. Anoche no había dormido muy bien, especialmente con gente riéndose y despertándome para torturarme. "Creo que voy a irme a la cama. Deberías quedarte y ver el resto de la película con los demás."

"Bella, todavía no puedes irte," susurró Edward. "Necesitas mantenerte despierta y en el piso de abajo. La película acabará en poco tiempo."

"¿Pero por qué?" sonó como un suspiro y una queja, pero no me importaba. Estaba cansada.

"No puedo decírtelo, pero confía en mí, quieres estar despierta para eso."

"Entonces necesito un refresco."

Edward se rió por lo bajo. "Bella, no necesitamos una repetición de lo que pasó en el cine."

"No la tendremos. No hay ningún Twizzler presente. Además, tan cansada como estoy, sólo me espabilará un poco."

Edward me dio una palmadita en la pierna. "Entonces vamos a por tu refresco."

Le cogí de la mano y fuimos a la cocina. Me dirigí al frigorífico, pero Edward me paró y me presionó contra él. Tenía una sonrisita malvada monísima. Se inclinó y me besó tiernamente.

Me separé y le miré sus ojos verdes. "¿Por qué ha sido eso?"

"Por nada. Eres demasiado preciosa para no besarte." El amor brillando en sus ojos era asombroso.

"Sí que me gusta este acuerdo de que seas mi novio. Las ventajas son fantásticas."

"Siempre estaré agradecido de que dejé que Alice me forzase a ir con ellos. Esa pequeña elección te ha traído a mi vida y lo ha cambiado todo."

"Para lo bueno, espero."

"Para lo excelente, Bella."

"¡Bien!" ¡Por dentro estaba haciendo piruetas! No sólo me amaba, ¡si no que estaba agradecido de que yo estuviera en su vida! Mi corazón estaba listo para explotar de amor por él. Le besé en la punta de la nariz y entonces me fui hasta el frigorífico.

Encontré una coca cola y la saqué. Edward la cogió, la abrió por mí, y me la devolvió. Le sonreí. Era siempre tan considerado. Le dí algunos sorbos y empecé a sentirme más despierta.

"Deberíamos volver antes de que la película acabe," dijo Edward, cogiéndome de la mano. "Puedes traerte la coca cola."

Dejé que me llevara de vuelta al salón. Se sentó y me puso en su regazo otra vez. A la película le quedarían tres minutos. Pasé el tiempo pensando en lo que Edward había dicho sobre pequeñas elecciones mientras sorbía mi bebida.

La película acabó y Alice apagó la televisión. El salón estaba iluminado por el suave destello de las luces del árbol de Navidad. Esme y Carlisle se levantaron.

"Es hora de que nos vayamos a la cama. Nos vamos arriba. Por favor, no os quedéis despiertos hasta muy tarde. Os quiero a todos levantados temprano. Tenemos un gran día por delante," dijo Esme.

Todo el mundo se levantó y les dijo adiós. Antes de que pudieran irse, Emmett se aclaró la garganta fuertemente.

"¿Puedo tener vuestra atención un momento, por favor?" preguntó Emmett. Se movió para estar delante de Rosalie. "Rosie, nunca pensé que conocería a alguien tan perfecto como tú," dijo Emmett mientras se arrodillaba. "Tienes belleza, cerebro y fuerza. Entiendes mi sentido del humor y tu sonrisa me hace sonreír. No soy lo suficientemente elocuente para explicarte todas las cosas que amo de ti. Pero si te conviertes en mi esposa, pasaré cada día de nuestro matrimonio intentando enseñártelo. Rosalie Hale, ¿quieres casarte conmigo?" Emmett sacó una cajita y la abrió para revelar un precioso anillo.

Rosalie estaba en shock. Alice estaba botando mientras se apretaba las manos contra el pecho. Jasper estaba sonriendo con orgullo. Esme y Carlisle parecían a punto de llorar. Emmett estaba sudando a chorros mientras esperaba que Rosalie le respondiera. Yo estaba aguantando la respiración para ver lo que Rosalie diría.

Cuando el silencio continuó, la cafeína me controló. "¡Di algo, no!" grité.

Edward se rió por lo bajo mientras me apretaba contra su pecho y me ponía una mano sobre la boca. "Paciencia, Bella."

Rosalie me miró y se soltó una risita. Se giró hacia Emmett. "¿Vas a ponerme ese anillo o qué?"

"¿Eso es un sí?" preguntó Emmett.

Rosalie asintió. "Por supuesto que es un sí."

Emmett se levantó de un salto y le dio un abrazo de oso. La besó en la mejilla sonoramente.

"¡Em, el anillo!" le recordó Rose.

"¡Oh, sí!" se rió por lo bajo.

La soltó y sacó el anillo de su caja. Con cuidado le deslizó el anillo en el dedo. Rosalie lo movió y el diamante reflejó las luces del árbol.

Alice gritó y le dio un abrazo. "¡Tienes que dejarme planearlo!" gritó.

Jasper le dio un abrazo a Rose y le susurró algo al oído. Ella se rió nerviosamente y le besó en la mejilla.

"Edward," murmuré contra su mano.

Se rió por lo bajo, pero no la quitó. De broma se la mordí. Gritó de sorpresa y la apartó. Le sonreí y me lo devolvió. Vimos juntos como todo el mundo felicitaba a mi hermano y a Rose. Esme y Carlisle fueron los primeros en irse arriba. Después de unos cuantos de abrazos y gritos más, Alice y Jasper también se fueron.

"Bella," dijo Rose. "Quiero saber si estás de acuerdo con esto. Amo a tu hermano con todo mi corazón, pero tú también me importas."

La abracé fuertemente. "Siempre quise tener una hermana."

Me devolvió el abrazo y suspiró alegremente. "Gracias."

Emmett vino y nos abrazó a las dos. "Gracias, Squirt." Le dio la mano a Edward. "Gracias por ayudarme."

"No podía dejar que parecieras un idiota con una pregunta tan importante," dijo Edward, dándole a Emmett unas palmaditas en el hombro.

Un millón de pensamientos empezaron a recorrerme la mente mientras había estado viendo a los demás. Decidí que había algo que necesitaba saber esta noche. "¿Qué va a pasar ahora?"

"¿Qué quieres decir?" preguntó Emmett.

"Bueno..." empecé. "¿Cuándo os casaréis? ¿Dónde viviréis? ¿Qué haremos con la casa si quieres vivir en la de Rose? Si vais a tener hijos, nuestra casa es demasiado pequeña, incluso si me mudáis a otro sitio. Y donde sea que me vaya, tendrás que encontrarme un compañero de piso y asegurarte que no es un asesino en serie porque sabes que no me gusta estar sola de noche."

"¡Bella!" me digo Emmett mientras me sacudía un poco. "Sé que tu mente siempre está girando y haciendo que te preocupes, pero le he pedido que se case conmigo hace unos minutos. Vas a tener que darnos tiempo para encontrar las respuestas a todas esas preguntas."

"Bella, tienes mi palabra de que en cualquier decisión que hagamos, te consideraremos," prometió Rosalie.

"Gracias, Rose," contesté.

"Ya nos vamos," dijo Edward suavemente. "Os veremos por la mañana.

Besé a mi hermano y a mi pronto cuñada y dejé que Edward me guiara arriba. Emmett no había pensado nada más aparte de su pregunta. Debería haber esperado eso de él. Supongo que una pequeña parte de mí era lo suficientemente egoísta para esperar que él hiciera planes por mí. Pero no podía cuidarme siempre. Ahora yo tenía veinte años. Lo suficientemente mayor para...

Empecé a llorar llegados a ese punto. Tuve suerte de que ha había llegado a la habitación de Edward.

Me frotó la espalda y me consoló con susurros mientras le empapaba la camiseta. Sabía que era estúpido estar llorando ahora mismo. No era como si Emmett fuera a casarse con ella y mudarse mañana. E incluso si Emmett se mudaba, la casa de Rose no estaba lejos. Pero ya no sería Emmett y Bella contra el mundo. Sería Emmett y Rose y yo quería eso para él. De verdad. Pero no quería que me dejaran sola.

"Bella," suspiró Edward. "Por favor, dime por qué estás llorando." Negué con la cabeza. "No puedo ayudarte si no me dices lo que te está molestando."

"Es... es sólo que... no quiero estar... sola," conseguí decir.

"Bella, no lo estarás," me arrulló, apretándome más contra él. "Emmett nunca te dejaría sola. Y Rose nunca le dejaría incluso si él lo pensase."

"Pero Emmett no puede cuidarme siempre. Necesita tener su propia vida. Pero voy a... a... ¡a echarle de menos!" sollocé.

"Tonta Bella," suspiró mientras me daba un beso en la frente. "Emmett no se va a ir a ningún sitio pronto. Sólo se ha declarado esta noche. Además, no es como si él y Rose se fueran a ir lejos una vez que se casaran. Te alegra que se vayan a casar, ¿verdad?"

"¡Por supuesto! Es sólo que tengo miedo. Emmett es todo lo que me queda."

"Eso ya no es verdad. Todo irá bien. Ya verás. Míralo de esta manera, si Emmett decide mudarse con Rose, nunca más tendrás que preocuparte por encontrar sus boxers en tu colada otra vez."

Bufé, recordando la que le monté hace unos días cuando encontré su ropa mezclada con la mía una vez más.

"Y además, si su habitación se quedase libre, podrías tener a tu tutor favorito como compañero de piso."

Me senté para verle mejor. "¿Harías eso? ¿Vendrías y te quedarías conmigo?"

"Sí," contestó, limpiándome las lágrimas con los pulgares.

"Pero esta es tu casa. No podría pedirte que dejaras todo esto y vinieras a mi pequeña casa."

"No estás pidiéndolo. Yo te lo estoy ofreciendo."

"¿Pero por qué?"

"Porque te amo, Bella. Haría lo que sea para verte feliz."

"Es que... es como si de alguna manera le estuviera perdiendo. Sé que no es lo mismo que cuando mis padres murieron, pero... no puedo explicarlo."

"No voy a decirte que no te preocupes. Desde que te conozco, he aprendido que no haría nada bueno."

Me reí por lo bajo y me besó en la mejilla. Decirme que no me preocupara normalmente aseguraba que me preocuparía más.

"Bella, necesitas intentar pensar en todas las cosas buenas que vendrán. Como le has dicho antes a Rosalie, estás ganando una hermana. Ganarás a Jasper como cuñado y a Alice por defecto. Y sin importar lo que pase entre Emmett y Rose, me tendrás, Bella."

"¿Puedes prometerme algo?"

"Puedo intentarlo."

"Prométeme que sin importar lo que pase, sin importar a donde nos lleva esta relación... prométeme que siempre seremos amigos."

"Esa es una promesa que puedo hacer." Edward me apretó contra él y me abrazó fuertemente. "Prometo ser siempre tu amigo, Bella. Prometo estar aquí para ti siempre."

"Gracias."

"¿Te sientes mejor ahora?"

"Sí."

Me levantó la cara y me miró a los ojos. "Odio verte llorar, Bella."

Me reí por lo bajo. "Soy una chica, Edward. Solemos hacer eso. Mucho."

Me sonrió. "Aun así no me gusta." Me bajó de la cama. "Vamos a ponerte el pijama. Esme quiere a todo el mundo levantado temprano y ya estás exhausta."

Cogí mi ropa y me dirigí hacia su cuarto de baño. Me cambié y me lavé la cara. Pensé en arreglarme el pelo, pero estaba cansadísima. También me sentía culpable por haberme disgustado tanto, y feliz de que Edward me hiciera sentir tan a salvo y cómoda.

Volví a la habitación y él estaba esperándome. Me ayudó a subirme en la cama, riéndose de mi cansancio. Con cuidado me quitó la cola. Pasó los dedos por mi pelo y cerré los ojos. Sus dedos me dieron un masaje suavemente, ayudando a que me relajara.

"Eres tan preciosa, Bella," me susurró al oído.

Sonreí, demasiado tranquila para moverme o hablar. Hacía años que no me sentía tan feliz y a salvo. La última vez fue cuando mis padres todavía estaban vivos.

Con delicadeza, Edward me puso sobre la almohada y tiró de las mantas para taparnos. Me moví para que mi cabeza estuviera sobre su rítmico corazón. Le abracé fuertemente, respirando su aroma. Olía muy bien. Tendría que averiguar que tipo de colonia llevaba. Ese fue el último pensamiento que mi cerebro registró antes de que el sueño me reclamase.

LLC. Capitulo 24: Mañana de la Víspera de Navidad:

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MAÑANA DE LA VISPERA DE NAVIDAD

Escuché una risa mientras algo me hacía cosquillas en la oreja. Ausentemente le di con la mano. Me abracé más a Bella, poniendo mi nariz contra su cuello e inhalando su dulce aroma. Todavía no estaba preparado para levantarme.

Casi tuve éxito en mi intento de volver a dormirme. Entonces sentí el mismo cosquilleo en mi oreja. Gemí de irritación. Sacudí la mano por esa zona, esperando darle a lo que fuera que estaba ahí. Bella se movió con mis movimientos. Bajé la mano al instante, no queriendo despertarla.

Alguien bufó y otro se rió por lo bajo. La comprensión me llegó lentamente esta mañana. Bella y yo nos habíamos quedado dormidos en el sofá del salón. Éramos blancos fáciles en un espacio abierto. Jasper y Emmett no podían dejar pasar la oportunidad de molestarme.

Sentí el cosquilleo otra vez y escuché una risa. "Si la despertáis, haré que os arrepintáis," les gruñí. "Y Emmett, ya estás en terreno peligroso con Rose. No hagas que la involucre."

"¡Deja de arruinar nuestra diversión, Eddie!" Emmett se rió por lo bajo.

"Que Dios os ayude si no es una hora decente," murmuré. "¿Qué hora es, Jazz?"

"Las siete y media," contestó.

"¿Estás bromeando?" dije entre dientes. "Es el primer día que no tengo clases o trabajo y me despertáis a esta hora."

"Tenemos que ir a comprar algo y tú tienes que venir con nosotros," susurró Emmett.

Finalmente abrí los ojos, girando la cabeza para verles apoyados en la parte de atrás del sofá. Emmett estaba girando una pluma en sus enormes manos.

"¿Por qué? Es víspera de Navidad. Ya deberíais haber hecho vuestras compras."

"Sí, pero algo no estaba listo hasta hoy," explicó Emmett. "Y necesitas venir con nosotros porque necesito tu habilidad."

"¿En qué?" suspiré. Estaba seguro de que tendría que rendirme y dejar a Bella. No quería hacer eso, pero Emmett era mi amigo y parecía que me necesitaba de verdad.

"No puedo contártelo aquí," dijo Emmett. "Puede que alguien nos escuche."

"¡Bien!" conseguí deslizarme del sofá sin despertar a Bella.

Con cuidado la moví un poco más dentro del sofá para que no se cayera si se giraba. La besé en la mejilla y susurré que la quería. Entonces corrí hasta mi habitación. Me vestí rápidamente y bajé corriendo.

Emmett y Jasper estaban susurrando cerca de la puerta. Salimos y nos montamos en el Jeep. Emmett aceleró hacia el centro comercial.

"Necesitamos recoger el gran regalo de Rosalie," me informó.

"¿Cuál es?" pregunté.

"Necesito recoger su anillo de compromiso de la joyería. Voy pedirle que se case conmigo," anunció Emmett, sonriendo. "Ya le he pedido permiso a Jasper."

"¿Y se lo has dado?" me reí.

"Edward, no seas malo. Emmett está muy nervioso hoy. No se lo pongas más difícil," dijo Jasper.

"¿Y por qué me habéis traído a mí?" pregunté.

"Bueno, tú sabes como decir todas esas tonterías románticas. Veo como Bella te mira cuando le dices esas cosas. Quiero que me ayudes a expresar la pregunta perfectamente. Quiero que para Rosalie sea imposible negarse," explicó Emmett.

"Eso no es probable que pase," le aseguró Jasper.

"Prefiero proteger mis apuestas," Emmett se rió por lo bajo. "Rosalie es todo lo que siempre quise en una sola mujer y quiero que sea mi esposa."

"Lo pensaré, Emmett," le dijo. "No puedo prometerte que se me ocurrirá algo."

"Aprecio el intento, Edward," dijo Emmett. "Oh, gracias por lo de anoche. Tenías todos los derechos para tumbarme, pero pusiste a Bella primero y te aseguraste de que estaba bien. No sé lo que me pasó."

"¡Encolerizadas hormonas de hermano mayor!" Jasper sonrió. "No te habías dado cuenta de que tu hermana era una mujer y estaba buena. Yo me di cuenta hace mucho con Rose por como a ella le gusta vestirse. Bella es más reservada y te sorprendió."

"Pero me siento fatal. ¿Cuántos chicos pueden decir que le magullaron una costilla a su propia hermana?" Emmett suspiró.

"Es más dura de lo que piensas," le dije. "Claramente anoche fue capaz de ser violenta contigo cuando te agarró de la camiseta."

"Hablando de anoche..." empezó Jasper.

"Je, je," Emmett se rió por lo bajo. "Puede que esté un poco molesta contigo esta mañana, Eddie. No estoy seguro porque todos sabemos que Bella puede ser rara, pero..."

"¿De qué estáis hablando? ¿Qué he hecho? Me quedé dormido antes de que la película acabase," dije. Me di un golpe en la cabeza cuando me di cuenta. "¿La avergonzasteis mucho?"

Empezaron a reírse. Puse la cabeza en las manos. Me pidió una cosa y me quedé dormida. ¿Estaría enfadada? ¿Usaría esto como forma para rechazar sus otros regalos?

"No fue para tanto. Estaba soñando que torturaba a Mike la Mosca. Estaba intentando ahuyentarle y quitarle las alas," explicó Emmett.

"Sí que menciono lo poco servicial que eras," dijo Jasper, guiñándome. "¿Habla todas las noches?"

"Sí," contestamos Emmett y yo al mismo tiempo. Nos miramos y empezamos a reírnos.

"¿Cómo lo sabes?" preguntó Jasper. "Anoche estabas durmiendo como un tronco."

"Normalmente me espero hasta que deja de hablar," admití.

"¿Qué tipo de cosas dice?" preguntó Jasper.

"Depende del sueño," me encogí de hombros.

"¿Cuál es el sueño más interesante que ha tenido, Edward?" preguntó Jasper.

Me reí. "Probablemente la primera noche cuando empezó a decirle a Emmett que no grapara alas en un cerdo. Dijo que preferiría que tuvieras el bacon."

Emmett resopló. "La quiero, ¡pero mira que puede ser rara!"

"¿Y tú, Emmett?" pregunté, verdaderamente curioso.

"Una vez soñó que unos waffles la estaba atacando. Me despertó gritando que los waffles la iban a meter en sirope," Emmett se rió.

"¿Qué provocó ese sueño?" Jasper se rió por lo bajo.

"Mi madre no era muy buena cocinera. Se compró una plancha para waffles e intentó hacer una tanda perfecta de waffles. La mesa entera estaba cubierta de platos de waffles quemados. Bella tenía unos ocho años cuando pasó. ¡Creo que la asustó de por vida! Todavía odia incluso ver un waffle," explicó Emmett.

"Está clarísimo que voy a comprarle una plancha para waffles," Jasper sonrió, frotándose las manos.

"Hazlo a tu propio riesgo," advirtió Emmett. "Bella puede devolvértelo tan bien como puede aceptarlo."

"Casi parece que tienes miedo de tu hermana pequeña," bromeó Jasper.

"Ha visto todas mis bromas y es cien veces más lista que yo. Por supuesto que tengo miedo," bromeó Emmett. "Tú también deberías tenerlo, Edward."

"Lo recordaré," me reí por lo bajo. No iba a molestarla nunca.

"Sólo espero que a Bella no le importé que me declaré a Rose." Lo fuerte que estaba agarrando el volante traicionaba lo nervioso que estaba.

"Estoy seguro de que no le molestará," dije, recordando su sueño de la otra noche.

"¿Por qué lo dices así?" preguntó Emmett.

"¿Así cómo?" contesté, haciendo como que no sabía nada.

"Lo has dicho como si ya supieras como va a reaccionar," explicó Emmett.

Jasper vio mi sonrisa maligna. "¡Sabe algo! Y está siendo engreído sobre eso."

"Edward, venga," se quejó Emmett. "Tío, que estoy dejando que mi hermana pequeña salga contigo."

"Seamos perfectamente honestos, Emmett. Nadie deja a Bella hacer algo," dije.

"Vale," aceptó Emmett. "Pero aún así necesitas decirme lo que sabes."

"Bella tuvo un sueño la otra noche. Estaba gritándote que hicieras a Rosalie su hermana. También te ordenó que le compraras un anillo bonito," le dije.

"¡Joder!" gritó Emmett, dándole un golpe al volante con una mano. "Y yo estaba preocupado de que Bella haría que Rosalie huyera."

"¡No le digas eso a Bella!" me reí por lo bajo.

Llegamos al centro comercial en tiempo record. Emmett no dejaba de sonreír mientras iba directamente hacia la joyería. El cajero trajo el anillo para que Emmett lo inspeccionase antes de llevárselo. Era un anillo muy bonito. Era de platino con una marquesina de diamantes de tres quilates. Estaba claro que era para Rosalie. Jasper y yo le dimos unas palmaditas a Emmett por elegirlo tan bien.

Nos apresuramos de vuelta a casa, esperando volver antes de que se dieran cuenta de nuestra desaparición. Tuvimos suerte. Esme era la única que había bajado cuando volvimos. Estaba en la cocina haciendo su desayuno tradicional de víspera de Navidad, crepes.

"Edward, despierta a Bella por favor. La he dejado dormir un poco, pero necesita prepararse para el desayuno. Averigua que tipo de crepes le gustan," me pidió mi madre. "Jasper, Emmett, por favor poned la mesa. Alice y Rosalie están arriba arreglándose."

Entré en el salón. Bella todavía estaba profundamente dormida. Me senté en el suelo y le acaricié el pelo, apartando algunos mechones de su preciosa cara.

"Bella," dije suavemente. "Es hora de levantarse."

Se movió un poco y suspiró, pero no parecía tener intención alguna de despertarse. Me reí por lo bajo mientras me ponía de rodillas. Cogí su cara entre mis manos y la besé delicadamente. Empezó a devolverme el beso y podía decir que se estaba despertando. La solté y la llamé otra vez.

"Bella. Hora de levantarse."

Gimió y se estiró. Hizo una mueca de dolor y se acurrucó sobre el lado derecho. "Maldición," murmuró.

Me reí por lo bajo y se giró hacia mí, sonriendo.

"Buenos días, Edward."

"Buenos días, Bella. Esme está haciendo crepes para el desayuno. Le gustaría saber que tipo de crepes te gustan."

Bella se sentó y su sonrisa se hizo más grande. "¡Hace siglos que no como crepes! ¿Tiene trocitos de chocolate?"

"Creo que sí." Me reí suavemente de su alegría. Me emocionaba verla tan feliz. "¿Necesitas ayuda para subir las escaleras y prepararte?"

"Sí, por favor." Me extendió una mano.

Me levanté y con cuidado la levanté. Rodeándole la espalda con un brazo, la ayudé a subir las escaleras y llegar a mi habitación. La solté y cogí su bolsa de mi armario. La puse encima de la cama para que no tuviera que agacharse para sacar sus cosas.

"¿Te gustaría que te preparase la ducha?" pregunté.

"¡Por favor!"

Entré en mi cuarto de baño y abrí el grifo de la ducha. Metí la mano y me aseguré de que la temperatura era buena. Cogí una toalla limpia de la estantería y la colgué cerca de la puerta de la ducha. Bella entró y me sonrió.

"Hay algunas toallas más aquí si las necesitas," dije, señalando la estantería. "Ya he colgado una al lado de la puerta para ti. ¿Necesitas algo más?"

"¿Está Alice levantada?" me preguntó tímidamente, sonrojándose.

"Esme ha dicho que se estaba vistiendo. ¿Por qué?" Se sonrojó todavía más y mi confusión aumentó. "¿Qué pasa, Bella?"

"No pasa nada," suspiró. "Es sólo que... ahora mismo no puedo quitarme ni ponerme cierto artículo de ropa por mí misma sin hacerme daño."

Podía sentir la arruga en mi ceja y Bella estaba empezando a frustrarse conmigo. Me di cuenta de lo que era y casi me di una palmada en la frente. "Lo siento. Soy un idiota. Al principio no lo entendía."

"No te preocupes. No estás más acostumbrado a esto que yo."

"¿Quieres que vaya a por una de las chicas o Esme?"

Bella se mordió el labio mientras medía sus opciones. De repente suspiró con enfado y negó con la cabeza. "Llevaría demasiado tiempo. Este es el trato, Edward. Vas a levantar la parte de atrás de mi camiseta lo suficiente para ver el broche. Lo desabrocharás y ya está. Y cuando salga, levantarás mi camiseta otra vez y lo abrocharás. ¿Vale?"

"¿Estás segura?"

"¿Te vas a comportar como algo más aparte de un perfecto caballero?"

"No."

"Entonces estoy segura."

Bella me dio la espalda. Levanté su camiseta lo suficiente para ver el broche de su sujetador blanco. Los dedos empezaron a temblarme con anticipación cuando me di cuenta de que estaría tocando la piel de Bella. Respiré hondo y puse los dedos en los tirantes. Sólo había tres prendedores, pero parecía que eran los tres más tenaces del mundo. Finalmente conseguí desabrocharlos y rápidamente solté su camiseta.

"Gracias, Edward. Acabaré en unos quince minutos. ¿De acuerdo?"

"Ok. Bajaré y le diré a Esme lo de tus crepes."

Se giró y me besó la mejilla rápidamente. "Gracias. Eres todo un caballero."

Salí del cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de mí. También cerré la puerta de mi cuarto. ¡Acababa de tocarla! ¡Acababa de tocar su sujetador! ¿Qué me pasaba? ¡Tenía veinte años! Esto no debería afectarme tanto. Sólo era un sujetador... pero era el de la mujer a la que amaba con todo mi corazón.

Bajé corriendo las escaleras y entré en la cocina. "A Bella le gustarían crepes con virutas de chocolate."

"Edward, estás muy colorado. No debería bajar corriendo esas escaleras," me regañó.

Rápidamente salí de la cocina antes de que pudiera decir algo más. No iba a explicarle a mi madre por qué mi cara estaba roja. Me dirigí al comedor donde mi hermana y mis amigos estaban sentados alrededor de la gran mesa.

"¿Dónde está Bella?" preguntó Alice.

"Duchándose," dije, dejándome caer en la silla que había a su lado.

"¿Necesita ayuda?" preguntó Rose, mirando con furia a Emmett.

"No ha dicho que la necesitase." Estaba mintiendo entre dientes pero no iba a admitir que ya la había ayudado una vez y que había aceptado hacerlo otra vez.

"Edward, por favor, ve a decirle a tu padre que el desayuno está casi listo. Y asegúrate de que Bella baja las escaleras sin problemas," me pidió mi madre.

Subí las escaleras corriendo, queriendo mantener eso como tapadera. Llamé a la puerta del estudio. "Adelante." Dijo mi padre desde el otro lado.

Asomé la cabeza. "Mamá dice que vayas abajo. El desayuno está listo."

"Gracias, Edward. Dile que ahora bajo," dijo mi padre.

Cerré su puerta y subí las escaleras que quedaban para llegar a mi habitación. Bella estaba intentando secarse el pelo con su toalla, pero no estaba teniendo mucha suerte. Una y otra vez se encogía y se agarraba el lado.

"¿Puedo?" pregunté, señalando la toalla.

Se encogió de hombros y me la extendió. Le puse el pelo en el medio de la toalla y delicadamente la froté contra su húmedo pelo. Moví la toalla, cogiendo todo el pelo que podía. Esperaba que lo estuviera haciendo correctamente.

"¿Preferirías uno de los secadores de Alice?"

"No. Sólo haría que se encrespase. ¿Puedes ayudarme a hacerme una cola?"

"Puedo intentarlo." Ahora estaba entrando en un nuevo territorio. Nunca antes le había peinado a una chica el pelo. ¡Probablemente esto sería un desastre!

"Mi bolsa está en la cama."

Saqué su cepillo y una gomilla. Con cuidado le cepillé el pelo, moviendo los mechones al medio de la parte de atrás de su cabeza.

"Se te da bien esto. Apenas lo siento," dijo.

"Gracias. Espero estar haciéndolo bien." Al menos no le estaba haciendo daño. Cepillé la última parte y le puse la gomilla. "Echa un vistazo y dime si está bien."

Bella entró en el baño y volvió un momento después, sonriendo. "Has hecho un excelente trabajo. ¿Listo para la última parte?"

Asentí. No estaba nada preparado, pero Bella no necesitaba saber eso.

Se giró para darme la espalda. Levanté su camiseta, y una vez más sentí que se me revolvía el estómago. Cogí los dos lados de su sujetador y los junté. Fue mucho más fácil abrocharlo que desabrocharlo. Este sujetador era más bonito que el otro. Era de encaje azul oscuro y quedaba precioso contra su piel. Solté su camiseta antes de que mi mente pudiera llegar más lejos.

Se giró para mirarme. "Gracias."

"De nada." La besé en la frente y salimos de la habitación. La rodeé otra vez con un brazo y la ayudé en las escaleras. "¿Te sientes mejor después de la ducha?"

"Mucho. Era justo lo que necesitaba. Era un poco incómodo con el dolor del lado, pero creo que me las he arreglado bastante bien." Bella se paró al pie de las escaleras y olió el aire. "Huele maravillosamente."

"Esme se alegrará de escucharlo."

Fui con Bella al comedor. Nos sentamos en el mismo lado que la última vez. Bella tenía una gran pila de crepes de chocolate delante. "¡Muchas gracias, Esme! Huelen de maravilla."

"De nada, Bella. Espero que te gusten," dijo mi madre.

Bella cortó un trozo con el tenedor y le dio un gran mordisco. Sonrió alegremente mientras masticaba. Tragó y se giró hacia mi madre. "¡Están buenísimos!"

"Gracias, Bella," dijo mi madre con orgullo.

"¿De qué son los tuyos?" preguntó Bella, sonriéndome.

"De fresa," contesté.

"No sabía que se podían hacer crepes de fresa."

"Mi madre es la única persona que conozco que puede hacerlos. Está claro que nunca los probaría en un restaurante. ¿Te gustaría probarlos?"

"No sé..."

"¿No me lo debes por el incidente con el Twizzler?"

"¡Maldición! ¿Te acuerdas de eso?"

"Tengo una memoria excelente." Corté un trozo con mi tenedor, lo pinché y se lo extendí a Bella. Arrugó un poco la nariz. "Lo prometiste," le recordé.

Cerró los ojos y abrió la boca. Intenté no reírme de ella. Puse el tenedor contra sus labios y cerró la boca a su alrededor. Con cuidado saqué el tenedor y se lamió los labios. Es ridículo, pero creo que esa fue la cosa más sensual que había visto en mi vida. Apenas pude pararme de besarla en los labios.

Mientras masticaba, abrió un ojo y después el otro. Tragó y sonrió. "No está mal. Pero creo que voy a quedarme con mis crepes de chocolate."

Me reí de su expresión y se rió conmigo. Aparté la mirada, y me di cuenta de que no estábamos solos y de que todo el mundo nos estaba mirando fijamente y sonriendo. Rápidamente me concentré en mi plato e hice todo lo que pude para no sonrojarme. Bella pareció no darse cuenta mientras seguía comiendo y sonriendo.

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DESMAYO

"¡Bella!" gritó Alice cuando entré por la puerta de su casa.

Su grito me asustó tanto que dejé de pensar en lo irritante que era Mike. Me abrazó e hizo que las dos nos tambaleásemos un poco.

"Hola, Alice," me reí por lo bajo. "Me alegra saber que me habéis echado de menos."

"No tienes ni idea," Alice suspiró. "Por favor, sube y baja a mi hermano. Está de muy mal humor sin ti."

"¿Por qué? ¿Le ha ido mal el examen?" pregunté. Estaba segura de que la preocupación podía verse en mi cara.

"No lo sabemos," contestó Jasper. "No nos lo dice."

"¡Bella está aquí!" dijo Esme, saliendo de la cocina. Se limpió las manos en su delantal y entonces me dio un abrazo.

"¡Hola, Bella!" dijo Carlisle mientras salía de la cocina. Le di la mano.

Alice me alejó de ellos y me empujó hacia las escaleras. "Ve a por él."

"Vale," me reí por lo bajo.

Me tomé mi tiempo subiendo las escaleras, asegurándome de que mi bolsa no hacía que perdiera el equilibrio. Finalmente llegué a su planta y suavemente llamé a su puerta.

La abrió de repente, me tiró de la cintura, y cerró la puerta de un portazo. Me presionó contra ella y me besó apasionadamente, rozando su lengua con mis dientes y después enroscándola con la mía. Intenté desesperadamente respirar por la nariz y no desmayarme, pero no podía recordar como hacerlo. Me di cuenta de que todavía estaba sujetando mi bolsa. La solté y le rodeé el cuello con los brazos, hundiendo los dedos en su maravilloso y suave pelo.

Finalmente se separó para que respirásemos, apoyando su frente contra la mía. Levanté la mirada y me encontré con sus ardientes ojos verdes. Me ruboricé de excitación. ¡Esa mirada era por mí! Mi ya rápido corazón empezó a ir todavía más rápido y resonó en mis oídos.

Finalmente conseguí encontrar mi voz. "Hola."

Sonrió y me dio otro maravilloso beso. ¿Quién necesita hablar? ¿O respirar? ¿O hacer algo que no sea tener los labios de este hombre moviéndose con los míos, su lengua acariciando la mía? ¿Y qué si mi corazón había decidido salírseme del pecho? Sabía tan bien como olía. Creo que estaba un poco intoxicada con él.

Esta vez yo fui la que me separé. Tenía que conseguir más aire y me desmayaría de verdad. Me apoyé contra su pecho. "Supongo que esto significa que me has echado de menos."

Él sólo se rió por lo bajo.

"Me han enviado para que te recupere y te fuerce a bajar. Alice dice que has estado de mal humor todo el día."

Le sentí besarme el pelo e inhalar profundamente. "Por supuesto que estaba de mal humor. La cosa más preciosa de mi vida no estaba cerca de mí."

"Pero sí que la llamaste dieciséis veces diferentes y le enviaste cuatro mensajes," dije con una gran sonrisa. "Y ella estaba muy halagada. Su favorito era el mensaje que explicabas todo lo que echabas de menos de ella."

"¿Ese es el que más te ha gustado?"

"Mmm," suspiré. "Sólo podría haber sido mejor si lo hubiera escuchado en vez de haberlo leído."

"Bien, entonces," dijo. Me levantó la cara y rozó sus labios con los míos. "Echo de menos tus ojos. Echo de menos tu pelo. Echo de menos tu sonrisa. Echo de menos tus labios. Echo de menos tu risa. Echo de menos tus besos. Te echo de menos."

"¡Sip! ¡Sin ninguna duda es mi favorito!" Me lo acerqué, besándole suavemente. Cuando nos separamos, miré sus ojos color esmeralda. Sabía que la verdad brillaría a través de ellos, a pesar de las palabras que usase. "¿De verdad esa ha sido la única razón por la que has estado de mal humor?"

"¿Necesito alguna otra?" preguntó, jugando con un mechón de mi pelo.

"No, pero tenías un examen final hoy. ¿Cómo te ha ido?"

Frunció el ceño y bajó los ojos.

Le abracé fuertemente, pasando una mano por su pelo. "¡Lo siento! ¿Qué ha pasado? ¿Al profesor no le ha gustado?"

Se rió por lo bajo y me alejé un poco para estudiarle la cara. Estaba sonriendo malignamente y sus ojos brillaban de alegría.

Le pegué en el pecho. "¡Eres imposible, Edward Cullen!"

Me cogió la mano y la frotó por donde le había pegado. "No he dicho nada."

"Claro, Tutor-boy. Aprovéchate del hecho de que te quiero y me importan tus notas."

"¿Ah, sí?"

"La verdad es que no," suspiré, bajando la mirada. Le miré a través de las pestañas, intentando esconder mi sonrisa. "Sólo estoy esperando hasta que el próximo hombre inteligente, atractivo, amable y decente aparezca en mi vida y se ofrezca a darme clases. Estoy esperando que eso pase dentro de poco ya que tengo una vida con tanta suerte."

"No seas absurda," se rió por lo bajo mientras me rodeaba con los brazos. "Nunca dejaré que nadie te dé clases. Eres mía y yo soy tuyo."

"Entonces, ¿estamos pegados el uno al otro?" pregunté, moviendo mis brazos alrededor de su cuello.

"Parece que sí."

"Creo que podría vivir con eso." Me puse de puntillas y le besé otra vez. Me separé sólo un poquito para que nuestros labios apenas se tocasen. "Y ahora necesitamos bajar con tu familia."

"Nuestra familia," me corrigió.

Mi corazón dio sacudidas de felicidad con eso. No había nada que quisiera más que tener una familia de verdad otra vez.

Me forcé a alejarme de él de verdad. Suspiró, pero me soltó, sabiendo que era lo mejor. Cogió mi bolsa y la llevó a su armario. Volvió y me dio la mano fuertemente. La levantó y la besó, haciéndome sonreír. Me encantaban todas las cosas caballerosas que hacía por mí, como besarme en la mano y abrirme la puerta del coche. Abrí la puerta y bajamos para unirnos a la familia.

"¡Alguien está de mejor humor!" cantó Alice. Estaba apoyada en el sofá, sonriéndonos.

Jasper se giró y se rió por lo bajo. "Claramente ya no está de mal humor."

"¿Por fin vas a contarnos como te ha ido el examen?" preguntó Esme.

Edward sonrió y negó con la cabeza.

Me reí por como se estaba comportando. "Hoy se siente tímido. Tan pronto como le saque la respuesta, os lo diré."

Me giró para mirarme. "¿De verdad crees que va a ser tan fácil?"

"¡Oh, no espero que sea fácil!" contesté, rodeándole el cuello con los brazos. "¡Pero sí que sé que soy muchísimo más cabezota de lo que tú podrías llegar a ser!" le di un besito en la mejilla.

"¡Maldición!" gritó Rosalie.

"Bien, bien," Esme se rió por lo bajo.

"¡Oh, Bella!" gritó Alice.

"¡Mi dinero está en Squirt!" Emmett se rió.

"Está muy segura de sí misma," comentó Jasper.

Carlisle puso una mano sobre el hombro de Edward. "Puede que quieras rendirte ahora y contárselo, hijo. Puede que te ahorre problemas."

"¿Por qué os habéis puesto en mi contra tan rápidamente?" preguntó Edward. "¡A mí me conocéis desde hace más tiempo!"

"¡Pero a Bella la queremos más!" cantó Alice.

Le sonreí con malicia. "¿Has oído eso, Tutor-boy?"

Me rodeó la cintura con los brazos, apretándome contra su pecho. "Me molestaría, pero es como debería ser."

"¡Vamos!" dijo Alice, tirando de mí y llevándome a las escaleras.

¡Me dice que vaya a por Edward y ahora me separa de él! ¿Qué estaba haciendo?

"¿A dónde vamos?" pregunté, intentando que no se mostrara mi frustración.

"A cambiarte de ropa," dijo Rose, empujándome por detrás.

"¿Por qué?" me reí mientras entraba tropezándome en la habitación.

"Esta noche vamos a ir a bailar," explicó Alice. "No puedes ir con lo que llevas puesto. Tengo la ropa perfecta para ti. La escogí esta mañana mientras completábamos tu lista de regalos." Me indicaron que entraran en la habitación de Alice. Ella se fue corriendo y la escuché gritar al piso de abajo. "Edward, mueve el culo y ponte la ropa que te he dejado en el cuarto de baño."

Volvió a la habitación y cerró la puerta, sonriéndome. Eso hizo que me tensara. Iba a hacerme algo y no creo que me fuera a gustar.

Una hora más tarde, averigüé cuanta razón tenía. Aunque la verdad es que no me importó. Sólo es que no creía que Emmett se lo fuera a tomar tan bien.

Mi pelo estaba recogido y rizado por las puntas gracias a Rosalie. Alice me había maquillado, dándole a mis ojos una apariencia humeante con sombra de ojos azul. Llevaba unos vaqueros que apenas me cubrían ya que eran de talle bajo. Llevaba unos zapatos negros con un tacón bajo. Mi camiseta era de un azul brillante y se pegaba al cuerpo en los sitios correctos. Realmente parecía una mujer en vez de una universitaria. Era asombroso lo que estas dos chicas podían hacer.

"Creo que a Emmett va a molestarle que me vista así," dije, mirándome en el espejo gigante del cuarto de baño de Alice.

"Déjame a mí tu hermano," dijo Rosalie con una sonrisa maligna. "Tiene que hacerse a la idea de que primero eres una mujer y segundo su hermana pequeña."

"Rose, eres fantástica," le dije. "Me alegra que te haya encontrado."

"Hace falta ser una chica especial para querer a tu hermano," dijo Rose con un guiño. Asentí con entusiasmo.

Alice bufó. "Creo que puedo decir lo mismo por mi querido hermano. Hoy casi le pego para sacarle de sus pensamientos. ¿Te ha dicho algo sobre su examen?"

"No," contesté. "Al menos no con palabras. Creo que todavía no se ha dado de que puedo leer sus ojos. Parecían muy divertidos por algo incluso cuando estaba frunciendo el ceño de una forma tan mona."

Entré en la habitación de Alice y ella y Rose se levantaron, mirándose al espejo una vez más. Rose llevaba una mini falda vaquera con una corta camiseta roja. Enseñaba sus piernas y su lisa barriga perfectamente. Acababa el conjunto con unos altos tacones rojos. Alice llevaba unos vaqueros de talle bajo, parecidos a los míos. Llevaba una ajustada camiseta negra con la palabra 'duende' escrita con lentejuelas. También llevaba tacones, pero los suyos no eran tan altos y eran negros.

"Bella, sé que te encantará la discoteca," dijo Alice mientras me daba un abrazo con un brazo.

Salimos al pasillo y las chicas me agarraron de los brazos. Supongo que era para ayudarme a bajar las escaleras. Cuando llegamos al salón, me soltaron. Los chicos se giraron y nos vieron.

"¡ISABELLA!" gritó Emmett.

Saltó sobre el sofá, trayendo la manta que había encima con él. Corrió directamente hacia mí y yo me quedé ahí, demasiado en shock para moverme. Me rodeó fuertemente con la manta y me apretó contra él.

"¡Emmett!" gritó Rosalie. "¡Suéltala en este instante!"

"Si le arrugas la camiseta te haré daño," dijo Alice entre dientes.

"¡Emmett, no puedo respirar!" jadeé, intentando conseguir aire. Mis brazos estaban apretados contra mí. Intenté moverme, pero la manta y sus brazos estaban me agarraban demasiado fuerte. "¡Em!" No creo que pudiera oírme porque empezó a gritar a Alice y a Rosalie y encima me agarró con más fuerza.

"¿Qué demonios os creéis que estáis haciendo? Sólo es una niña. ¡La habéis vestido como si fuera a ligarse una habitación llena de tíos!" bramó Emmett.

"¡Emmett!" dijo Edward desde algún lugar de la habitación. "Suéltala."

"¡Em!" Apenas era algo más que un susurro ya que era incapaz de respirar.

"¡Emmett, tranquilízate!" dijo Jasper desde algún lugar cerca. "Todos podemos sentarnos y discutir esto. Suelta a Bella."

"¡Emmett, ella no es un bebé!" dijo Rose

"Está muy guapa," discutió Alice. "Está vestida apropiadamente para su edad. ¡Tiene veinte años, no doce!"

La discusión continuó, pero yo no pude concentrarme más. La oscuridad me absorbió.

Cuando empecé recuperar la conciencia, sentí a alguien agarrándome la muñeca y alguien acariciándome el pelo. La cabeza no me dolía mucho por lo que supuse que me habían cogido antes de que golpeara el suelo. El pecho me dolía por ser sujeta tan fuertemente y cuando intenté respirar hondo, hice una mueca de dolor.

"Bella." Mi nombré sonó como un suspiro de alivio por la manera en que Edward lo dijo.

Abrí los ojos y vi a Carlisle sujetándome la muñeca y a Edward sentado a mi lado, acariciándome el pelo. "¿Qué ha pasado?"

Rose se inclinó sobre el sofá y me sonrió dulcemente. "El idiota de tu hermano no te soltaba y te desmayaste."

"¿Dónde está?" suspiré.

"Le mandé a la cocina mientras esperábamos que te despertaras," contestó Rose.

"Bella, ¿te encuentras bien?" preguntó Carlisle.

"El pecho me duele bastante en el lado derecho cuando respiro hondo," dije.

Carlisle me sonrió cariñosamente. "Te pondrás bien. Creo que te ha magullado una costilla. Tardará unas semanas en curarse, pero estarás bien."

"¡Muchas gracias, Emmett!" gritó Alice. "¡Ahora no podemos llevar a Bella a bailar!"

"Llámale," dije con los dientes apretados.

"¡Emmett, ven aquí!" le llamó Rosalie.

"¿Está consciente?" preguntó Emmett mientras entraba en la habitación.

Esperé hasta que estaba inclinado sobre el sofá. Le agarré de la camiseta y tiré para tener su cara más cerca. "Si alguna vez vuelves a reaccionar así haré tu vida un infierno. ¿Queda claro?"

"Lo siento de verdad," dijo Emmett. Podía ver que estaba siendo sincero y que se sentía mal.

Suavemente le di unas palmaditas en la mejilla. "Te perdono, hermano oso. Simplemente no lo hagas otra vez. Es muy embarazoso que tu hermano mayor te haga desmayarte delante de todo el mundo."

Le solté y se incorporó, sonriéndome. Alice se dirigió a él y le pegó en el hombro con fuerza. Él se lo frotó, pero no dijo nada. Alice estaba muy amenazadora cuando estaba enfadada.

"Alice," dije, extendiendo la mano.

Me miró y su cara se suavizó. Me cogió de la mano y sonrió.

"Por favor, tú y los otros seguid con vuestros planes. No dejéis que Emmett arruine la diversión."

"¡Nop!" dijo Alice animadamente. "Vamos a tener que cambiar de planes. En vez de eso haremos una noche de películas. Rose y yo te ayudaremos a subir y a que te pongas el pijama. Los chicos cogerás cojines y mantas y harán que esto sea muy cómodo para cuando volvamos."

"Gracias, Alice," dije, sonriéndole. Miré a Edward. "¿Me ayudas a levantarme?"

Asintió y se movió de manera que estaba levantándome y yo no tenía que doblarme mucho. Dolía, pero no tanto como esperaba. Edward frunció el ceño cuando me vio haciendo una mueca.

Rose y Alice me cogieron cada una de un brazo y me guiaron por las escaleras. Tuve que quedarme de pie mientras me quitaban el maquillaje y me soltaban el pelo. Cada vez que intentaba sentarme, el dolor en el lado empeoraba.

"Emmett va a pagar por esto," gruñó Rose. "No puedo creer que se comportara de una forma tan estúpida."

"No seas muy dura con él, Rose," dije. "De repente se ha dado cuenta de que a su hermana le gusta un chico y después tuvo que averiguar que ha crecido sin que él se diera cuenta." Esto era mi culpa, no de Emmett. Les había dicho a mis amigas que no le gustaría. Debería haberme puesto otra camiseta o algo así.

"No se merece que le disculpes tan rápidamente," contestó Rosalie.

"Deberíamos gastarle una broma," dijo Alice. "Podemos meter a Edward y Jasper también, si lo necesitamos."

"Lo pensaré," dije. Esperando que lo dejaran ir. No quería gastarle una broma a Emmett.

Las chicas me ayudaron a desvestirme y a ponerme el pijama. Y me ayudaron a bajar las escaleras otra vez.

"Bella, estírate en el sofá," dijo Alice.

No tenía ganas de discutir. Me tumbé sobre el lado bueno y me cubrió con una manta. Me apoyé en el cojín y sonreí. Olía justo como Edward. Apareció delante de mí en ese momento.

Se arrodilló y me puso un mechón de pelo detrás de la oreja. "¿Cómo estás?"

"Dolorida, pero sobreviviré," dije. "Túmbate conmigo."

Se puso detrás de mí en el sofá y con delicadeza me apoyó contra su pecho. Me beso en la cabeza antes de apoyar la suya contra la mía. "De todos modos esto es mejor que bailar."

"Estoy de acuerdo," dije. "Una noche tranquila debajo de cálidas mantas con la familia y los amigos es perfecto."

"Te quiero, Bella."

"Te quiero, Edward."

La mano de Edward se metió debajo de mi camiseta y empezó a hacerme círculos en la parte de abajo de mi espalda. No mucho después empezaron a pesarme los ojos.

"Edward," susurré.

"¿Sí?"

"Si me quedo dormida, no me dejes avergonzarme. Despiértame si empiezo a hablar."

"Lo prometo." Lo selló besándome en la sien, haciéndome sonreír.

"Gracias." Vi un poco más de la película, pero estaba demasiado cansada para entenderla. Finalmente me rendí y dejé que el sueño me rodeara.

Estaba teniendo un sueño en el que estaba a punto de empujar a Mike la Mosca en un matamoscas gigante. Probablemente porque me había seguido todo el día. Pero no dejé de oír siseos y risitas y susurros y no parecían ser parte de mi sueño.

"¿Siempre son tan vívidos?" un susurro preguntó.

"Sí. También puede hablar muy alto dependiendo de lo que sueña," un segundo susurro contestó.

"Está claro que no siente nada de cariño por ese Mike," un tercer susurro dijo.

"¡No puedo creer que Edward esté durmiendo!" un cuarto susurro se rió por lo bajo.

Mi mente lentamente registró esos comentarios. Se quedó en el último. ¡Edward estaba dormido! ¡Yo estaba hablando! ¡Ellos estaban escuchando! Gemí fuertemente y me forcé a despertarme. Abrí un ojo y vi cuatro caras mirándome fijamente. Todos estaban agachados delante del sofá con sólo la luz del árbol iluminado la habitación.

"¿Os habéis aburridos con la película?" murmuré, negándome a levantar la cabeza o a abrir mi otro ojo.

"Tú eres mucho más interesante que una película," dijo Alice con una sonrisa maligna.

"¿Qué he dicho esta vez?" pregunté.

"Estabas gritando que necesitabas un matamoscas más grande," me informó Rosalie.

"Y que necesitabas unas pinzas para arrancarle las alas a Mike," Jasper se rió por lo bajo.

Gruñí, haciendo que Edward se moviera un poco. Suspiró mientras dormía y volvió a apoyar su cabeza contra la mía.

"Demasiado para ayudarme, Tutor-boy," susurré.

"Normalmente no duerme tan profundamente," Alise se rió por lo bajo. "Para él eres como una pastillas para dormir o algo así. ¡Es tan mono!"

Las cuatro encantadoras personas que había delante de mí se rieron. Esme vino y los hizo callar. "¡Dejadles dormir! Todos vosotros iros arriba ahora." Todos me dijeron buenas noches y me besaron en la mejilla antes de irse. "Bella, querida, ¿cómo está tu lado?" preguntó Esme, inclinándose para que pudiera verle la cara.

"Todavía dolorido," contesté.

"¿Quieres que despierte a Edward para que te lleve arriba?"

"No, por favor. Sólo quiero volverme a dormir."

"¿Estás segura de que estás cómoda?"

"Sí. Sólo me desperté porque les escuché riéndose de mí. Hablo en sueños y estaban riéndose de lo que estaba diciendo."

Esme sacudió la cabeza. "A veces me preocupan. No sé como esperan tener sus propias familias si no maduran al menos un poco."

"Todos estarán bien. Sabes como ser maduros. Lo que pasa es que es más divertido torturarme." Entonces bostecé fuertemente.

Esme se rió por lo bajo y me besó en la mejilla. "Dulces sueños, Bella."

"Buenas noches, Esme," murmuré. "Te quiero, Edward," susurré justo cuando el sueño volvió a ganarme.

LLC. Capitulo 22: Un pequeño Regalo

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UN PEQUEÑO REGALO

Guié a una Bella en pijama y soltando risitas al piso de abajo y al salón. Mi estómago estaba haciendo piruetas por los nervios de su reacción a este regalo.

Bella había decidido quedarse a dormir otra vez una vez que acabamos de adornar el árbol. No podía estar más contento por eso. No quería nada más que tenerla entre mis brazos.

Me acerqué al árbol de Navidad y cogí su regalo. Me estiré cerca del árbol y la puse a mi lado. Se puso boca abajo, mirando la caja que había puesto delante de ella.

"Por favor ábrela," susurré, acariciándole el pelo.

"No puedo creer que me hayas comprado regalos. Eso es plural, Edward," me regañó. La sonrisita que tenía en los labios me dejaba saber que estaba bromeando.

"Bella, estaba bajo la impresión de que estábamos de acuerdo en que me perdonarías las sorpresas ya que es Navidad."

"Sí, ¡pero no tengo que ponértelo fácil, Tutor-boy!" se inclinó y me besó la punta de la nariz.

Empujé la caja hacia ella. "Ábrela."

Bella sonrió y en ese momento, con las suaves luces alumbrándole su sedoso pelo, me quedé sin respiración. Era totalmente preciosa y estaba más angelical que nunca.

Con cuidado quitó el papel de regalo, intentando prolongar el suspense y evitar la sorpresa. Me reí suavemente de ella. Sonrió con malicia, pero continuó con su lento ritmo. Cuando acabó con el papel, empezó a abrir la caja. Finalmente la abrió y soltó un grito ahogado.

"¡Edward!" gritó. "¡Me has comprado un móvil!"

Respiré, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración. ¡Le gustaba! Le había comprado un Motorola KRZR en azul, uno de sus colores favoritos. Bella me abrazó fuertemente y me besó en la mejilla. Su cara se puso seria de repente y frunció un poco el ceño.(a.n: si queréis saber que móvil es, buscad en Google, en imágenes, Motorola KRZR, de los primeros que salen uno es azul, tengo que decirlo, Edward tiene buen gusto, el móvil es chulísimo.)

"Edward, no puedo quedármelo. Con los que cuesta la universidad, no puedo permitirme un móvil."

"Yo lo pago. Vas a compartir mi plan conmigo."

"Pero yo no necesito un móvil y no quiero que lo pagues indefinidamente."

"Sí que necesitas un móvil," insistí, moviéndonos para que estuviera tumbada encima de mí. "Trabajas hasta tarde tres noches a la semana y conduces un camión muy viejo. Además, esto me facilita oír tu preciosa voz cada vez que quiera. Sin mencionar que si planeas ser la mejor amiga de mi hermana, puede que necesites un rescate ocasional. ¿Cómo sabría que tengo que salvarte si no puedes ponerte en contacto conmigo?"

Bella me sonrió alegremente. "¿Tiene cámara?"

"Por supuesto."

Bella sonrió ampliamente y abrió el teléfono. Aprendió a usar el menú y la cámara rápidamente. "¡Sonríe, Tutor-boy!"

Hice lo que me pedía y escuché el pitido cuando me hizo la foto. Me sonrió y me la enseñó. "Bella, esa es probablemente la foto en la que peor he salido," dije, poniendo los ojos en blanco. Mi pelo estaba fatal y tenía una sonrisa idiota en la cara. Tendría que intentar que borrara esa foto antes de que mi hermana la viera.

"Tú no puedes salir mal en una foto," dijo, sonriéndome. Jugó un poco más con su móvil. "¡Ya has puesto los números de todo el mundo por mí!" gritó.

"Todo parte de mi complot para convencerte de que te lo quedaras sin montar un escándalo," dije, acercándomela para poder besarle el cuello. Sonreí contra su piel, satisfecho con mi victoria. Le gustaba el móvil y se lo iba a quedar.

"Es tan guay, Tutor-boy. Me encanta."

Extendí la mano y cogí su móvil. Me alegraba que le gustase, pero quería su atención para mí. "Te quiero, Bella."

Levantó una ceja, sonriéndome un poco. Me incliné y capturé sus suaves labios con los míos. Me devolvió el beso con entusiasmo, pasando sus dedos por mi pelo. Decidí averiguar si me dejaría intensificar el beso. Rocé con la lengua su labio inferior. Suspiró y separó los labios. Cautelosamente rocé mi lengua con la suya, preparado para parar si no le gustaba. Gimió suavemente y sentí como si una corriente eléctrica me recorriera el cuerpo. Conseguía afectarme de una manera... ¿sentía ella lo mismo? Demasiado pronto, tuve que separarme para que pudiéramos recuperar la respiración.

Bella me estaba mirando fijamente a los ojos, acariciándome las mejillas con las manos. "¡Tienes un examen final mañana, Mister! Necesitamos acostarte."

"Sólo si me prometes quedarte conmigo."

"Edward, puedo decir honradamente que no hay otro sitio en el que preferiría estar."

Sonreí y la vi levantarse. Me extendió una mano. Sabía que era imposible que ella me levantara, pero la dejé pretender.

Bella se subió en la cama. Se giró para mirarme y su sonrisa era radiante. Fui corriendo hasta su lado y la besé otra vez. Esta vez ella me abrió la boca, acariciándome suavemente la lengua con la suya. La apreté más contra mí, sabiendo que pronto se separaría para respirar.

"Edward," suspiro. Mi nombre nunca había sonado mejor.

Se metió debajo de las mantas y me indicó con un dedo que la siguiera. Obedecí gustosamente. La sujeté contra mí con un brazo, dejando besos por su cara y cuello. De repente, sentí su cálida mano contra mi estómago y dejé de respirar. No quería que nos dejásemos llevar. Quería que nos tomásemos las cosas con calma. Bella se merecía mucho más que una relación rápida, especialmente en relación a las partes físicas.

Había sentido mi reticencia y había quitado la mano. "Lo siento."

"No, no lo sientas. Es sólo que... quiero que nos tomemos las cosas con calma y estar muy seguros de lo que queremos."

"Yo no quiero hacer eso todavía. Al menos no todo. Además, deberíamos dormir, Tutor-boy. Tienes un examen muy importante mañana. ¡La gran presentación de tu composición súper secreta!" Levantó y bajó las cejas y me reí.

La besé una vez más antes de que apoyara su cabeza contra mi pecho, quedándose dormida casi al instante. Sujetarla de esta manera me hacía sentir completo y contento. No había ningún otro sitio del mundo en el que preferiría estar. Esperé para oírla hablar. No tardó mucho en empezar.

"Em, tienes que pedírselo. Quiero una hermana. Cómprale un anillo bonito, ¿vale?"

Me reí en voz baja. Obviamente había aceptado a Rose completamente.

"¡No, Alice! No más compras. Ya has hecho que se me caiga uno de los pies."

Tuve que taparme la boca para no reírme. Su pequeño cuerpo botaba en la cama mientras yo temblaba fuertemente por intentar contenerme. Y mi hermana creía que conseguiría que a Bella le gustasen las compras. Si sólo supiera con cuanta frecuenta Bella soñaba que se le caían los pies...

"Edward... te quiero." Suspiró y se apretó más contra mí.

Mi corazón dejó de latir con sus palabras. Pensé en lo preocupado que había estado esta mañana porque no sintiera lo mismo que yo. Era obvio por su tono de voz que sí que sentía lo mismo. ¿Cómo podía tener tanta suerte? Cuando pasaron varios minutos y se mantuvo en silencio, cerré los ojos y me quedé dormido.

Me desperté con mi teléfono sonando. Me bajé de la cama rápidamente, intentando no hacer ruido para no despertar a Bella. Encontré mis vaqueros tirados debajo de la cama. Los cogí y rápidamente saqué mi móvil. Lo abrí y dije, "¿Sí?"

"Te mueves tremendamente rápido para ser tan temprano, Tutor-boy."

Me puse de rodillas y miré hacia la cama. Bella estaba sentada en el medio, sujetando su nuevo móvil junto a su oído. Sonrió y me saludó moviendo los dedos. Cerré mi teléfono y me di golpecitos con él en la barbilla, repasando mis opciones de venganza.

"Bella, Bella, Bella."

"Yo haría eso con tu nombre, pero tiene ese molesto final que no fluye bien," dijo con una perversa sonrisa.

Me subí de un salto en la cama, poniéndola debajo de mí. Le gruñí de broma y soltó risitas mientras intentaba escapar. Mis manos fueron hasta sus muñecas y la atrapé contra la cama. Me incliné y la besé con toda la pasión que sentía por ella. Me lo devolvió con fuerza.

Sonreí contra sus labios. "Buenos días, preciosa." Le solté las manos y me quedé sobre ella, apoyándome en los codos.

"Buenos días, Edward," suspiró, frotándome la mejilla con la mano. "¿Has disfrutado la llamada?"

"Mientras después pueda besarte, puedes despertarme como quieras."

"¡Tentador! Pero ahora mismo, necesitas ducharte. Tienes un examen muy importante hoy."

"¿Estarás aquí cuando llegue a casa?"

"¡No, tonto! Es martes. Tengo dos trabajos a los que presentarme. Pero puedes hacerme una visita o llamar." Sacudió su nuevo teléfono. "Después del trabajo, iré a recoger mis cosas para pasar las vacaciones contigo y con tu familia. Esme parece especialmente emocionada por asignar las habitaciones de invitados."

"No vas a quedarte en una habitación de invitados," dije, besándole el cuello. "Te vas a quedar conmigo. Ya hemos estado suficiente tiempo separados por la universidad y el trabajo y te quiero en mis brazos cada segundo posible."

Me rodeó el cuello con los brazos y me besó la mandíbula. "Siempre sabes lo que decir para hacer que una chica se sienta amada. Te quiero, Edward."

"Te quiero, Bella."

Me empujó suavemente y dijo, "¡Ahora muévete, Mister! No quiero ser la razón por la que llegas tarde a tu examen."

La besé rápidamente y me dirigí al cuarto de baño. Abrí el grifo, tirando mi ropa en un rincón. Me metí debajo del chorro y suspiré. Me encantaban las duchas. Nada más podía aliviarme la tensión del cuerpo tan rápido. Excepto cuando Bella me tocaba, me recordé a mi mismo. Un toque de su mano sobre mi piel y me sentía infinitamente más tranquilo. Me pregunté una vez más como podía afectarme tanto.

Acabé y salí de la ducha. Me puse una toalla, y entré en mi cuarto. Mi entrada fue recibida con un fuerte silbido que sabía que pertenecía a mi hermana. Me ardían las mejillas y me giré para ver a Bella sentada en la cama. Debería volver a comprobar el pestillo de mi puerta.

"Vas a tener que acostumbrarte a tener una chica en tu habitación," Alice se rió por lo bajo.

"Deberíamos irnos y dejarle que se vista," dijo Bella, empujando a mi hermana.

"Gracias," suspiré, contento de que Bella no estuviera interesada en avergonzarme. No podía decir lo mismo de mi hermana.

Las chicas se fueron y pasé a vestirme. Decidí vestirme de forma informal, esperando que ayudara a mis nervios. Me las había arreglado para que mis notas fueran bajando durante el semestre, pero sabía que mis anteriores composiciones no eran tan buenas.

Mi composición para hoy no era nada más que una nana, pero la había escrito para Bella y quería desesperadamente que fuera buena. Si hoy era bien recibida, quizás la tocaría para ella. Parecía que le había gustado cuando se la tarareé.

Sacudí la cabeza para aclararme los pensamientos. Me puse unos vaqueros y una camiseta negra con unas zapatillas de deporte. Bajé corriendo las escaleras, mirando nerviosamente el reloj.

Alice tenía mi chaqueta en una mano y una barrita de cereales en la otra. Sonreí a su intento de disculparse por haberme hecho pasar vergüenza. La besé en la mejilla mientras cogía las cosas. "Eres genial, Ali."

"Lo sé," se rió por lo bajo.

Bella estaba esperándome en la puerta. Me abrazó fuertemente.

Me incliné y le susurré al oído, "Ten el móvil contigo por si necesitas ser rescatada de Alice. Tendrás que recordarle que tienes que trabajar."

Bella soltó una risita contra mi cuello y fue una sensación asombrosa. Me hizo querer quedarme en casa con ella y pasar el día besándola. Levantó la cabeza y la besé rápidamente, pero con cariño.

"Tengo que irme, preciosa. Te veré más tarde."

"Buena suerte, Edward," dijo Bella mientras me soltaba. "¡Sé que lo harás genial!"

La besé en la mejilla y salí corriendo por la puerta, antes de que pudiera cambiar de opinión. Me metí en el Volvo y aceleré por la calle. Tenía tiempo de sobra para llegar a la universidad, pero esperara poder practicar un poco antes del examen.

Mi móvil empezó a sonar e intenté sacarlo del bolsillo. Finalmente lo conseguí y lo abrí. "¿Sí?"

"¿Cómo te va, Tutor-boy?"

"Bella. Veo que estás disfrutando tu nuevo móvil."

"Me viene bien. Especialmente cuando el chico tan mono con el que estoy saliendo sale corriendo y se le olvida decirme que me quiere."

"¡Bella, lo siento!" ¡Era un idiota! ¿Cómo podía haber olvidado eso?

La melódica risa de Bella salió del teléfono. "Estás concentrado, Edward. No pasa nada. No me ha molestado."

"Sí que te quiero, Bella."

"Lo sé. Yo también te quiero. ¡Acaba con ellos, Tutor-boy!"

"Adiós, Bella."

Cerré el móvil y sonreí tontamente. Bella me hacía sentir como el hombre con más suerte del mundo. Y sabía que tenía que serlo. ¿Cómo podía no serlo? No todos los días un ángel se enamora de ti.

Estaba contento de que le gustase tanto su primer regalo. Me daba esperanzas de que aceptaría los otros gustosamente. Mi mente empezó a tener pensamientos de tenerla conmigo mañana y el día de Navidad sin interrupciones. Haría todo lo que pudiera para hacer que estas vacaciones fueran memorables para ella.

Mi mente volvió al examen de hoy. Mi composición original sería representada delante de toda la clase. Mi nota estaría basada en parte en su reacción, pero mi profesor tendría la decisión final.

Me alegraba que Bella y yo fuéramos a universidades diferentes. Estaría demasiado nervioso para tocar si ella estuviera en la misma habitación. Sacudí la cabeza y me reí. Esa morenita hacía que tuviera mariposas y me encantaba cada momento de eso. Me había enamorado de ella rápidamente y tenía suerte de que sintiera lo mismo.

LLC. Capitulo 21: Adornando el Arbol.

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ADORNANDO EL ARBOL

Adornar el árbol siempre había sido mi parte favorita de la Navidad y una que me tomo muy en serio. Comprar los adornos perfectos es un arte que no mucha gente practica. Los adornos de tu árbol deberían reflejar a tu familia y el amor que sentís, a la vez que las fiestas. Y este año, ¡tendría el placer de tener unos adornos muy especiales creados para los nuevos miembros y parejas de la familia!

Esperaba con mucha emoción que Bella viera su adorno y que Edward y Bella vieran el suyo como pareja. Me había sorprendido a mi misma este año con lo que había conseguido en tan sólo unos días. Por supuesto, saber que estaría perfectos juntos antes de que ellos se dieran cuenta, me dio algo de tiempo extra.

"¿Por qué estás sonriendo así?" me susurró Jasper al oído mientras me abrazaba por detrás.

"Sólo estaba pensando en lo estupendo que es tener a todo el mundo aquí ahora mismo," suspiré, apoyándome más contra él.

"¿Eso es todo? Siento el amor, pero también alegría. ¿Qué te tiene tan emocionada, Alice?" presionó Jasper.

"Estaba pensando en los adornos que vamos a poner," dije.

"Me quedé anonadado con el mío y el nuestro el año pasado," me arrulló Jasper. "¿Volveremos a poner esos este año?"

"Y cada año hasta el final de los tiempos," contesté, girándome en sus brazos.

Se inclinó para mí y le besé cariñosamente. Oh, cuanto quería a este hombre y su dulce y sensible alma. ¡Siempre sabía como me estaba sintiendo!

"Emmett, necesito más cable," dijo Edward desde encima del taburete. Él y Emmett estaban colgando las luces en el árbol de Navidad.

"¡Espera, Tutor-boy!" Bella soltó una risita. "Em se lo ha enrollado en las piernas. Estoy intentando que no se caiga encima del árbol."

Edward bufó y se bajó del taburete para poder ver a Emmett claramente. "¿Cómo has hecho eso?" preguntó, riéndose de lo que tenía delante.

"No lo sé," Emmett se rió por lo bajo. "Tengo una habilidad para hacerlo. Por esto Bella y yo tenemos un árbol muy pequeño con luces incorporadas."

"¡Nunca más!" le reprendí. "La Navidad no es lo mismo sin un árbol real y enorme para decorar, con luces y todo."

"Levanta la pierna, Em," le dijo Bella, dándole golpecitos en la pierna izquierda. "No... no..." consiguió decir entre mientras se reía y jadeaba. "En la que te estoy dando, ¡payaso!"

"¡Oh!" contestó Emmett. Levantó la pierna correcta y Bella le liberó de las luces. Edward la ayudó a sacar la otra pierna. "¡Gracias! Eso estaba empezando a molestarme," dijo Emmett.

"Edward, deberías darle a Emmett un trabajo más seguro y dejarme ayudar con las luces," le dijo Bella.

"Creo que tienes razón," Edward se rió por lo bajo. "Emmett, ¿podrías colgar el muérdago en la puerta cerca de mi piano, por favor?"

"¡Rose! ¡Después tienes que ayudarme a probarlo!" dijo Emmett, llevando a Rosalie hasta la puerta.

Edward ayudó a Bella a que se levantase y le dio un rápido beso. Su respuesta fue una gran sonrisa feliz. Les iba a ir bien y sería una pareja tan mona. Podía verle casándose con ella algún día. Ella sería la esposa perfecta para él, haciendo que no se tomara las cosas tan en serio. La parte del apodo Tutor-boy era demasiado mona y nunca sabías cuando le llamaría así. Podías ver un poco de irritación en sus ojos, pero su diversión la superaba cada vez.

"Alice, ¿estamos esperando a Esme?" preguntó Rosalie, sacándome de mis pensamientos. ¡Y Edward piensa que sólo me preocupo por la moda! ¡Qué poco sabe mi hermano!

"Estará aquí de un momento para otro," contesté.

Bella atrajo mi atención con su risa. "¡Ya son dos cosas las que se te dan fatal! ¡Tocar la guitarra y colgar las luces!"

Él le sonrió cariñosamente. "Pues tendrás que enseñarme a hacerlas."

"Edward," suspiró, poniendo su pequeña mano en su ancho hombro. "No hay suficientes horas en el día para el tipo de ayuda que eso necesitaría."

Jasper y Emmett empezaron a reírse y Rosalie bufó. Yo sólo sonreí. Bella y Edward se dieron cuenta de que tenían público y los dos se sonrojaron.

"Espabilaos con esas luces," ordené.

Bella se hizo cago y le enseñó a Edward como ponerle bien las luces al árbol. Estaba impresionada. No mucho tiempo después las enchufó para mostrarnos su trabajo. Se separó un poco para admirar su trabajo y Edward se le acercó por detrás, rodeándole la cintura con los brazos. Eran tan monos.

Me acerqué al árbol y me arrodillé al lado de nuestra caja de adornos. Bella se unió a mí.

"Todos son preciosos," dijo Bella, mirando la primera capa de adornos.

"Esme empezó con uno para ella y uno para Carlisle," expliqué. "Tenían un adorno para cada año que han estado juntos. Edward y yo tenemos adornos por cada Navidad que hemos estado con ellos." Levanté un pequeño oso azul de peluche. "Este es el primer adorno de Edward. Mi madre lo encontró en una pequeña tienda de antigüedades. El propietario dijo que fue hecho en 1901."

"Eso te pega," dijo Bella, mirando a Edward. "Te comportas como un caballero de esa época." Una sonrisa muy tierna y cariñosa apareció en la cara de mi hermano mientras miraba a Bella fijamente. Ella se sonrojó, pero le mantuvo la mirada.

Cogí un adorno con la forma de un pequeño canario amarillo. Bella lo estaba mirando fijamente mientras yo lo tocaba. "Este es mío. Mi primera Navidad," expliqué. "Mi madre decía que yo era el bebé más hablador que había visto en su vida y que sonaba como un pajarito cantando."

Edward se arrodilló a nuestro lado y sacó su adorno favorito. Era un corazón verde de cristal. "Alice y yo compramos esto para nuestra madre cuando éramos muy pequeños. Suplicamos a nuestro padre que nos diera tareas para poder conseguir el dinero para comprarlo. Alice lo había visto en un escaparate y sabía que teníamos que dárselo."

Bella tocó el adorno con delicadeza, como si le diera miedo romperlo. "Pega con sus ojos... y con los tuyos."

Sonreí para mí misma, orgullosa de mi habilidad para combinar cosas. Saqué un soldadito de juguete sosteniendo un regalo. "Este el adorno de Jasper del año pasado. Lo escogí porque era un soldado y a él le encanta la era de la Guerra Civil. Este soldado parecía tan dulce y honrado, como mi Jasper."

"Apuesto a que este es de Rosalie," Bella soltó una risita, sosteniendo un tacón rojo con cuidado.

"Has supuesto bien," dijo Rose, sentándose al lado de Bella.

"Este se lo dieron a Alice sus padres," les informó Jasper, sosteniendo una bolsita de porcelana con mi nombre escrito con purpurina.

"¡Uno de mis favoritos!" grité, inclinándome para cogerlo. Jasper me dio un beso y sonreí contra sus labios. Era tan maravilloso conmigo. Me incorporé otra vez y le miré con todo el cariño que podía reunir. "Sólo espera hasta que Rose y tú veáis lo que os he escogido este año."

"¿Son muy malos, Edward?" preguntó Jasper mientras le daba a mi hermano con el hombro.

"La verdad es que este año no me ha metido en esto. No quería que viera los de Bella y Emmett," contestó Edward, sonriéndome.

"¿Nos has comprado adornos?" preguntó Bella con una expresión de shock.

"¡Por supuesto!" me reí por lo bajo. "Vas a celebrar la Navidad como una Cullen. ¡Tienes que tener un adorno en el árbol!"

Bella me pasó los brazos por el cuello y me abrazó fuertemente. "¡Gracias, Alice!"

Me entusiasmaba verla salir de su concha. Era una persona maravillosa y se merecía más de lo que la vida le había dado hasta ahora. Tendría un final feliz si yo intervenía. Con suerte, yo siempre intervenía en estas cosas. Nadie apuesta contra mí cuando he visto su camino.

La puerta se abrió y apareció una Esme muy nerviosa. "Siento llegar tarde, niños. La reunión empezó más tarde, y después se me pinchó una rueda y tuve que esperar al taxi. Alice, la casa está estupenda. Ya veo que has puesto los adornos."

Me acerqué a ella y le quité el abrigo y la bufanda. "Tranquilízate, Mamá. Respira. Tenemos tiempo de sobra." Mi madre sonrió y me besó en la frente. Era una mujer extraordinaria y la quería muchísimo.

Colgué sus cosas en el armario del pasillo. Me giré y la vi con mi padre mirando algunos adornos con Edward y Bella. Rápidamente fui a la cocina y cogí mi cámara del mostrador. Mis calcetines se deslizaron por el suelo mientras volvía al salón. Me incorporé, e hice una foto de los cuatro juntos alrededor de la caja. También les hice una foto a Emmett y a Rosalie acurrucados cerca de las escaleras. Jasper se me acercó por detrás, abrazándome. Sonreí y giré la cámara. Se inclinó por mí y extendió la cámara, haciéndonos una foto. Le besé en la mejilla, y volvimos al árbol.

"Alice, ¿tienes los nuevos adornos para este año?" preguntó mi padre.

"¡Cómo si necesitaras preguntar!" Puse los ojos en blanco con falso asco y entonces les sonreí malignamente.

Sabían cuanto me encantaba hacerme cargo de los adornos. Corrí hasta mi habitación y cogí la caja de debajo de la cama. Volví abajo con cuidado, ya que no quería que se me cayera.

La dejé a mi lado en el sofá. "¿Quién quiere ir primero?"

"Yo mismo," contestó mi padre.

"Vale." Busqué en la caja hasta que encontré su adorno. "Papá, quería comprarte algo especial, pero ya llevas bastantes Navidades y hay tantos adornos relacionados con la medicina ahí. Así que me decidí por un hobby, aunque no es que como si te tomaras el tiempo para tener muchos." Saqué el adorno de la caja, previendo la respuesta que me daría.

Todo el mundo se rió cuando vieron el adorno.

Mi padre extendió la mano y lo cogió. "Alice, te has superado. ¡Un tostador roto!"

"Bueno, sí que te gusta intentar arreglar electrodomésticos aunque no tienes ni idea de lo que estás haciendo," dije con un guiño. Todos vimos como mi padre elegía un sitio cerca de la copa para su adorno.

"¡Ahora yo!" dijo alegremente mi madre. ¡Y ella se preguntaba de quién había sacado mi alegría!"

Sonreí, ya sabiendo que mi madre estaba a punto de llorar. Saqué su adorno, extendiéndolo en la palma de mi mano.

"¡Oh, Alice!" al instante empezó a sollozar mientras lo acariciaba con el dedo. "¿Cómo sabes siempre lo que es perfecto para nuestro árbol?"

Me encogí de hombros. "¡Un talento natural!"

Le había comprado un adorno con forma de manuscrito. El grabado decía lo siguiente: Navidad 2007 de la Familia Cullen. Debajo de ese título estaban nuestros nombres: Carlisle, Esme, Alice, Edward, Jasper, Rosalie, Emmett, Bella.

"Claramente te has superado," dijo mi madre, dándome un rápido abrazo. Se levantó y puso su adorno justo en el medio del árbol.

"Edward, ¿quieres ser el siguiente?" pregunté, guiñándole.

"Si eso te complace," sonrió con malicia.

Puse la mano sobre su adorno. "Ahora, ten en cuenta que esto es una broma en honor a tus cambios de humor durante los últimos años." Frunció el ceño. Saqué su adorno y lo levanté. "Representa lo fácilmente que pasas de ser mi dulce hermanito a una bestia enfadada y gritona."

"¡Un león con una oveja, Alice! ¿En serio?" Edward suspiró, pellizcándose el puente de la nariz.

"No te preocupes. El año que viene tú te harás cargo de los adornos. Entonces podrás vengarte," dije con una sonrisa.

Edward sonrió mientras murmuraba entre dientes. Estaba segura de que ya estaba conspirando una venganza adecuada. Encontró un sitio en la parte más a la izquierda del árbol para su adorno. Supuse que estaba esperando no tener que mirarlo mucho.

"¡Ahora yo!" dijo Rosalie. Sonreí y lo saqué de la caja, enseñándoselo. "¡Dios mío! ¡Alice, me encanta!"

Rose cogió el adorno de cristal con mucho cuidado. Era una réplica de la esfera que bajan en Times Square en Año Nuevo. Rose siempre había querido ver eso en persona. Escogió colgarlo a la derecha para que cualquiera que entrara por la puerta lo viera al instante. (a.n.: Times Square es un edificio que está en Nueva York, y en Año Nuevo bajan una esfera, si no entendéis lo que digo, buscad en Google, en la parte de imágenes: Times Square New Year, y una de las primeras es la esfera esa, cuando la veáis seguro que sabéis a lo que me refiero.)

"Jasper, ahora tú," dije. Saqué su adorno y todo el mundo se rió. "Sé cuanto te gusta ver 'Una Historia de Navidad' cada año y cuando vi esto, tu escena favorita, tenía que comprarlo."

"¡Me encanta la parte donde la lengua se queda pegada al poste!" dijo Emmett. "¡Excelente!"

"Gracias, cariño," dijo Jasper, besándome en la mejilla. Cogió su adorno y lo puso al lado del de mi padre.

"¡Yo! ¡Yo!" gritó Emmett, levantando la mano.

Me reí de él. ¿Cómo podría no hacerlo? "Vale, Emmett. Ven aquí. Extiende la mano y cierra los ojos. ¡No mires!"

Emmett hizo lo que le dije, pero no pudo dejar de arrastrar los pies como un niño pequeño en la mañana de Navidad. Puse el adorno en la palma de su mano y escuché a los otros riéndose en voz baja.

"Bien, abre los ojos y ve tu primer adorno Cullen."

Emmett abrió los ojos. "¡Sí!" gritó mientras levantaba un puño. "Rose, ¿lo has visto?" Emmett se fue rápidamente hasta ella. "Es un osito negro sonriendo."

"Y date cuenta que está siendo perezoso y está tumbado," dijo Rosalie con una sonrisa perversa. "Alice ha escogido bien."

Emmett se rió por lo bajo y puso su oso al lado del adorno de Rosalie. Le dio un tierno beso en la mejilla mientras miraban sus adornos colgados juntos.

"Ya sólo quedas tú, Bella," dije, sonriéndole.

Se sonrojó y me sonrió tímidamente. La cogí de la mano y me la acerqué.

"Espero que al menos te guste la mitad de lo que me gusta a mí," le dije.

Saqué un precioso cisne que tenía las alas plegadas y el cuello encogido. Bella lo cogió con cuidado, mirándolo fijamente. Miré a Edward y le vi asintiendo para decirme que lo aprobaba. (a.n.: para los que no entiendan a que viene lo del cisne, Swan, el apellido de Bella, significa cisne en inglés.)

Se acercó a Bella y la cogió por los brazos. "Vamos a buscar un sitio para esto," le dijo.

Asintió, con una gran sonrisa. Edward la ayudó a ponerlo alto, entre los adornos de Rose y mi padre.

Bella volvió y me abrazó fuertemente. "Muchas gracias, Alice."

"Ha sido un placer, Bella," contesté.

"Empecemos a poner el resto," anunció mi padre. "Hay bastantes en esta caja."

"¡Espera!" me reí por lo bajo. "Os estáis olvidando de algo."

"¿Del qué, querida?"

"Además de tener dos miembros más en la familia Cullen, también tenemos dos nuevas parejas. La tradición es que el adorno de pareja nunca cambia y cada pareja sólo tiene uno." Saqué de la caja una ventana con escarcha que tenía mi nombre y el de Jasper y parecía que habían sido pintados con nieve. "Este el adorno que Jasper y yo tenemos desde el año pasado como nuestro adorno de pareja." Se lo di a Jasper y volví a la caja. "Rose, Emmett, este es el vuestro." Saqué una bombilla morada con anillos dorados en la parte de arriba y en la de abajo. Los nombres de Rosalie y Emmett estaban escritos en dorado.

"¡Alice, es precioso!" gritó Alice, abrazándome fuertemente.

"Gracias," dijo Emmett con sinceridad. Con cuidado cogió el adorno. Él y Rose lo colgaron debajo de los suyos.

"Edward, Bella." Vi cómo prácticamente él tenía que arrastrarla. "¡No muerde, Bella!" dije con un guiño, intentando disminuir sus nervios.

Funcionó y se rió. Saqué un marco plateado con forma de copo de nieve con una foto de ellos bailando en la fiesta de Navidad. Edward lo cogió y se lo enseñó a Bella.

"¡Mira a Squirt con un vestido!" Emmett se rió por lo bajo desde detrás de Bella. "No importa cuantas veces lo vea, ¡casi no puedo creerlo!"

"Bella, sí que estabas muy guapa con ese vestido," dijo Rose, abrazándola.

"Gracias, Ali." Edward me dio un abrazo, besándome el la frente. Me gustaba más este Edward sentimental y todo era gracias a Bella. Sonreí alegremente.

Bella puso el adorno al lado del de mi madre, limpiándose algunas lágrimas cuando acabó. Edward la abrazó con fuerza, dándole un beso en la cabeza. Todo el mundo les sonrió. Era maravilloso verlos felices.

"Ahora podemos poner los otros," dije alegremente. "Y Edward, creo que ya es hora de tocar algunos villancicos."

Sonrió y asintió. Besó a Bella en la mejilla y se fue a su piano. Empezó con 'Noche de Paz' y nunca antes había sonado tan dulce.

Ya que Emmett y Bella eran nuevos, tardamos bastante en adornar el árbol. Les contamos la historia de cada adorno antes de ponerlos en el árbol. Cuando acabamos, el árbol estaba fantástico.