miércoles, 18 de julio de 2012

La Bestia del Castillo



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9.- Gracias Bella


Edward pov 

-¿y cuanto tardara en estar bien del todo?- pregunto Bella mientras Divina caminaba despacio por el corral. 

-no mucho, por fortuna el remedio que le dio Sam funciono. Pero debo pedirte que si sales a caminar uses botas, parece que hay un nido de serpientes cerca y mientras no lo encontremos no quiero que andes por lugares donde haya hierbas altas- pedí. 

-bien, no lo hare. Creo que me iré a acostar un rato. Dormir en el establo es para los caballos y espero no tener que hacerlo de nuevo- dijo sonriendo apenas. 

-vamos… creo que también me acostare yo, te mueves durante la noche. Me pateaste dos veces- me queje sonriendo. 

-bueno, usted ronca como una manada de osos hibernando- dijo con una sonrisa enorme. 

-eso no es cierto… ninguna se ha quejado antes- dije sin pensar. 

Su sonrisa se borro. Me miro tristemente pero no dijo nada. Estúpido. Debo aprender a cerrar la enorme boca que tengo. Caminamos en silencio hasta la habitación, quise decir algo en el camino pero su mirada al suelo y actitud retraída me lo impidió. Tampoco me atreví a tocarla. 

Se acostó apenas cruzo la puerta. Y se durmió apenas toco la almohada. Me di a la tarea de quitarle el vestido. No porque vaya a hacerle algo, aunque la idea nunca está lejos de mi mente, sino porque estará más cómoda… desnuda. 

Cuando por fin quite la ultima prenda decidí que yo también podía dormir desnudo, me metí bajo las sabanas. La abrace, su cuerpo me excito de nuevo pero está realmente cansada, la noche anterior a la anterior habíamos estado haciendo el amor hasta la madrugada. Bueno esas y las demás noches también. 

Me hice el firme propósito de dormir un rato. 

Tras descansar tres horas y levantarme a comer algo mi primo me encontró en el comedor aun pensando como despertar a mi esposa para morir entre sus piernas y de paso arreglar la metida de pata. 

-Edward ya encontramos el nido de serpientes, pero será mejor que vengas… me temo que hay más de uno y que algunas están en el castillo- dijo Jasper. 

-bien, vamos… avísale a Carmen que Bella aun está dormida, que no la molesten- pedí mientras salía del castillo. 

-Edward encontramos dos nidos más pero no puedo decir que sean los únicos. Necesitaremos revisar todo- dijo Emmet mientras veía la pila de serpientes sin cabeza. 

-bien, organiza un grupo de hombres, dales armaduras completas y que busquen en los matorrales, es más corten todo. No dejen hierbas altas en todo el pueblo y sus alrededores. Y que mi esposa no ande sola. Nunca. Jasper… ¿tu hermana aun está soltera? ¿Crees que quiera venir? Bella necesita mujeres jóvenes cerca- pregunte. 

-prometida no está, mi padre aun no se decide por fortuna… le diré que la necesitas, seguro que estará alegre de alejarse de nuestra madrasta. Se odian a más no poder- dijo Jasper sonriendo. 

-bien, asegúrate que este aquí tan rápido como sea posible ¿Cuánto años tiene?- pregunte, Jasper es mayor que yo por un año, así que Rose debe ser más joven. 

-veinticuatro años apenas, pero no lo parece, se comporta la mayoría de las veces como si tuviera quince- 

-bien, encajara con mi esposa de catorce- dije sarcástico. 

-oye Edward, puedo decirle a mi prima, la hija mas chica de mi tía Renata que venga, tiene Veinticuatro también y está soltera- dijo Emmet. 

-bien, tráela- acepte de inmediato. 

Un poco de compañía de mujeres de casi su edad no le hará daño, al contrario. 

Pase la tarde junto con mis hombres revisando el castillo. Pero es imposible terminar en un día, mis dominios son enormes. Por seguridad decrete que a la caída del sol los niños no podrán salir a jugar hasta que el lugar sea revisado por completo. 

-avísale al zapatero que venga mañana- pedí a Emmet mirando el mundo de serpientes. 

Unas botas de montar para Bella se perfilan justo ahí. 

Para la noche regrese a la recamara de mi esposa. Aun dormía. Me preocupe un poco, prácticamente ha estado en eso todo el día. La bandeja de comida esta completa. No la toco. 

-Bella despierta, necesitas comer algo. Despierta- pedí en su oído. 

-no… tengo sueño… déjame dormir- pidió 

Estaba por protestar cuando me di cuenta que dijo “déjame” y no “déjeme”. 

La sonrisa me salió natural. Mi esposa empieza a confiar en mí. Decidí dejarla dormir. Y de paso hacerlo yo también. 

Bella pov 

Apenas me dio tiempo de llegar al bote que se usa para llenar la tina. No alcance a llegar al baño. El vomito me ataco con ganas. 

-¿Qué pasa? ¿Estás enferma?- pregunto mi esposo sentado en la cama. 

-hum… algo así… no, la vedad no, espera ya te digo…- dije antes de vomitar de nuevo. 

-llamare a Carmen- dijo antes de salir. 

Lo vi sonreír un poco aunque no entendí porque, no es divertido verme vomitar. 

Para media mañana cuando termine de devolver el desayuno, bueno los dos desayunos, baje para enfrentarme con el mundo. Limpia, vestida y peinada. A Carmen le gusta hacerme una trenza complicada para mantener mi largo cabello controlado. Solo de noche lo uso suelto y únicamente porque a Edward le gusta verlo caer sobre mis senos desnudos. 

-¿te sientes mejor?- pregunto llegando a mi lado de Dios sabe dónde, apenas puse un pie en el patio en el cual suelen entrenar. 

-sí… ¿podemos hablar en algún lugar tranquilo?- pregunte. 

Necesito decirle cuanto antes. Sí mi idea es correcta ya estoy en el tercer mes o por cumplirlos. 

-claro… ¿adentro o afuera? Yo también tengo algo que decirte- dijo a su vez tomando mi mano. 

-afuera… no quiero estar encerrada- pedí 

Me llevo hasta el puente pero no subimos como pensé que haríamos, me levanto del suelo y en brazos me llevo hasta debajo del puente. Había una especie de rocas grandes pero no en la orilla sino un poco más adentro en la base de la estructura. La sombra es agradable y el agua que llega hasta ahí refrescante. Había una roca plana enorme y seca. 

-¿te gusta?- pregunto. 

-sí, es agradable, pensé que el agua era más profunda- 

-no, es un riachuelo nada mas, se puede cruzar caminando, bueno yo apenas puedo cruzarlo, tu seguramente necesitaras nadar en la parte del centro, es tan profundo como yo tengo de alto- dijo mientras arrojaba una piedra pequeña. 

-¿tu primera esposa venía contigo aquí?- pregunte con algo de miedo. 

-no, no lo hacía. Empecé a venir después de su muerte, es que no se ve esta parte desde afuera. Es perfecto para desaparecer del radar- dijo serio, casi triste. 

Preferí cambiar de tema. 

-entonces… ¿puedo desnudarte y nadie lo vería?- pregunte. 

-sí… ¿quieres desnudarme?- pregunto con esa sonrisa de lado que consigue humedecerme entre las piernas y esa vez no fue la excepción. 

-no…. quiero que tú me desnudes- pedí. 

- Bella… ¿te has dado cuenta que…?-lo mire atenta y me regreso la mirada con una atisbo de duda- Nada… olvídalo, ven… voy a desnudarte- 

Y lo hizo, suavemente… con cada prenda que quitaron sus manos recorrió mi piel. Sus labios le siguieron. Cuando por fin me tuvo desnuda completamente se quito la ropa. Se acerco a mí y me beso. En los labios. Con mucha fuerza y pasión. Creo que es pasión. 

-nunca lo habías hecho… ¿porque…?- 

-porque ahora confías en mí… porque eres mi esposa y porque me gusta besarte, ahora calla y déjate besar- dijo antes de seguir devorando mis labios. 

Pasamos al menos tres horas perdido uno en el cuerpo del otro. Después del último encuentro y de que yo dejara de gritar decidimos regresar a la civilización. 

-vaya Edward… pensé que estabas muerto y tirado por algún lugar… me has tenido preocupado… hola Bella… ¿estaban juntos?- pregunto Emmet cuando me vio de la mano de mi esposo. 

-sí, estábamos juntos… muertos no, pero si tirados en algún lugar- dije mientras le guiñaba un ojo. 

-siendo así no he dicho nada, pueden tirarse mutuamente en cualquier lugar- dijo riendo 

-¡¡¡Emmet!!!- grito Edward corriendo detrás de él con la espada en la mano. 

-esos dos no cambian- dijo Jasper detrás de mí. 

-¿siempre han sido así?- pregunte riendo 

-sí, desde que Edward cumplió diecinueve años, Emmet tenía veinte y vino buscando un lugar para establecerse, se hicieron amigos de inmediato. Bueno nos hicimos amigos de inmediato. Yo he estado con Edward desde que cumplí la mayoría de edad, él tenía apenas diecisiete. Mi padre me mando para aprender todo con su padre, Marco Cullen. El gran señor del clan. Así que como vez… nos conocemos desde hace mucho. Hemos pasado muchas cosas, juntos- dijo con una nota de nostalgia. 

-bueno me da gusto saber que algunas cosas no cambian- dije sonriendo 

-¿Cómo sigues? Edward comento que te sentías indispuesta en la mañana- 

-mejor, aunque sospecho por lo que Carmen comento que no será la primera y mucho menos la ultima al menos en un tiempo- dije mirándolo y llevando las manos a mi vientre. 

-¿Por qué no…?- se detuvo cuando una sonrisa enorme afloro a sus labios, la primera sonrisa enorme de verdad desde que lo conociera. 

-no digas nada, pensaba decírselo hoy pero… una cosa llevo a otra y no pude- dije recordando cómo me hizo gemir y grita y suplicar más de su cuerpo. 

-no lo hare, tranquila. Pero no tardes más. Seguro se pone loco contento- dijo sin dejar de sonreír. 

Sin previo aviso y nada de anticipación me abrazo con mucha fuerza sin apretarme más de lo necesario. 

No me había soltado cuando apareció Emmet y Edward riéndose de algo. Me gire aun en brazos de Jasper. 

-¿pensé que lo matarías?- pregunte cuando el rostro de mi esposo se puso serio. 

-no, lo dejaste tan jodido que no pudo ni levantar la espada- dijo Emmet mientras lo empujaba. 

-¡¡¡Emmet yo te matare!!!- grito Jasper mientras Emmet se echaba a correr de nuevo. 

-esos no cambian- dijo Edward mirando la puerta del cobertizo por donde habían salido. 

-algo así dijo Jasper de ustedes… tengo algo que decirte - dije apenas 

-¿de qué se trata?- pregunto acercándose a mí hasta abrazarme. 

-estoy embarazada- dije sin más demora. 

Me miro un momento sin entender mis palabras, hasta que poco a poco la sonrisa se planto en su rostro. Por fin lo ha entendido. 

-¿de verdad? Ya… ¿Cómo lo sabes? ¿Estás segura? ¿Cuánto tiempo llevas? ¿Por qué no me lo dijiste antes?...- acalle sus preguntas con mis labios. 

-Señor, preguntas mucho y no me dejas responder a nada… lo supe con certeza hoy aunque ya tenía la sospecha, creo que tengo cerca de tres meses, mi periodo no llego las últimos dos y desde ayer debí empezar con el tercero. No te lo dije antes porque no tenía la certeza y en la tarde cuando estuvimos bajo el puente… bueno… digamos que estuve ocupada en otras cosas- respondí. 

-gracias Bella, esto es lo mejor que pudiste regalarme en mucho tiempo- 

-hey… trabajaste duro para conseguirlo- bromee. 

-las cosas mejoraran mucho entre nosotros, sin la presión de tener hijos creo que podemos darnos un tiempo para ser solo nosotros cuando el bebe nazca- dijo abrazándome. 

-eso sería lindo. Gracias esposo- dije antes de besarlo de nuevo. 

Tras a una semana de cuidados excesivos por parte de mi esposo y que le parara los pies cuando me saturo de “Bella no hagas eso que te hará daño” llegaron dos chicas, una de cabellera ondulada y rubia apenas más claro que el de Jasper pero muy parecida y una chica de cabello negro, largo y lacio, muy bonita. 

-mira Bella, ellas son Alice Masen prima de Emmet y ella es Rosalie, hermana de Jasper, se quedarán en el castillo para hacerte compañía, así no andarás siempre sola. Ellas se encargarán de atenderte, pero Carmen seguirá a tu disposición tanto como tú quieras- dijo Edward esa tarde. 

De pie en la entrada del castillo, donde la comitiva estaba reunida. 

-hola- dije 

-hola, es un placer servirle señora- dijo la rubia. 

-por favor no dude en decirnos como le gustan las cosas, queremos complacerla- dijo Alice 

-¿saben qué? Sirvientes ya tengo, necesito amigas, amigas que no me llamen “señora” todo el tiempo, amigas que caminen y conversen y me digan cuando un vestido no se ve bien. Eso es lo que quiero, lo que necesito ¿creen poder ser eso? ¿Amigas para mí?- pregunte mirándolas. 

Se miraron entre ellas y sonrieron. 

-Bella, ese vestido que traes es horrible, vamos algo mejor deberás tener y sí no, pues para algo tu esposo es el jefe del clan, el dinero no le falta. Que te compre nuevos- dijo Alice sonriéndome. 

-y esos zapatos ¿Qué pensabas? Vamos, el zapatero debe tener algo mejor y sí no, le pedirás a tu esposo que mande por el zapatero de mi familia, es perfecto y talentoso- dijo Rose. 

-bueno, entonces ataquemos mi guardarropa- dije sin inmutarme. 

Edward nos miro a las tres con la boca abierta mientras Jasper se ponía rojo ante la respuesta de su hermana y Emmet evitaba mirarme después de la crítica nada suave de su prima. 

-Esposo, necesitare esto- dije mientras le quitaba la espada. 

O eso intente hasta que la cosa esa peso lo suficiente para que la soltara. 

-esta pesa menos- dijo sacando una daga delgada y de buen tamaño, de su cinturón. 

-gracias, tengo un par de vestido que matar- dije riendo mientras su sonrisa se grababa a fuego en mi alma.


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martes, 17 de julio de 2012

Cowboy de mi corazon


Capítulo 8: ¿Eres tú?


El ajetreo cotidiano en el rancho Killarney de repente se vio amenizado por las suaves melodías que desprendían el sistema de audio colocado por todo el establo. La señorita Brandon llegó para poner el marcha el plan y explicarles a qué hora debían poner la música. Incluso Carlisle estuvo presente en la improvisada reunión... pero no así Jasper, que justo ese día se excusó diciendo que tenía un compromiso en San Antonio.

-¿Cómo va el experimento?- interrogó Bella a Jake una mañana, durante el desayuno. La familia estaba reunida en torno a la mesa, comentando las novedades de los últimos días.

-No lo sé Bells- se encogió éste de hombros -simplemente hay que poner la música cuándo comen y dejarla un rato más, hasta media tarde-.

-Claro... será que las vacas necesitan que les canten una nana para que duerman la siesta después de comer- siseó Jasper entre dientes antes de dar un bocado a la tostada que tenía en la mano. Edward contuvo la risotada, al igual que Jake y la propia Bella, pero a su padre no le hizo tanta gracia.

-Hijo... más te vale que cuándo la señorita Brandon venga a supervisar cómo va el asunto la música esté sonando- le advirtió serio -y espero que seas amable con ella- añadió.

-Soy la amabilidad en persona- rezongó éste.

-Seguro- contestó Edward mientras rodaba los ojos, lo que provocó que una sonrisa pugnase por salir de los labios de Bella.

-¿Cuándo va a venir?- preguntó la joven, refiriéndose a Alice.

-Mañana por la tarde- bufó Jasper.

-Vamos Jazz... no creo que un poco de música vaya a matar a los animales- le espetó Jake -a ti lo que te pasa es que no soportas a la señorita Brandon, y sobre todo que se haya salido con la suya-.

-Eso en parte- reconoció sin pudor alguno... pero no pudo evitar esbozar una sonrisa recordando el día en el Alice por poco se cae, y la sensación que le produjo tenerla en sus brazos esos pocos segundos -bien, me marcho- se levantó de la mesa, cogiendo otra tostada para el camino.

-Que tengas una buena mañana, Jasper- le deseó Esme.

-Qué tengáis un buen viaje- dijo, dirigiéndose a ella y a su padre. Después de despedirse de ellos, dio un pequeño beso a Bella en la mejilla, para después salir pitando hacia los establos.

Edward tuvo que tragarse su asombro... ¿desde cuándo se despedían sus hermanos de Bella con un beso?; cierto es que era un inocente beso en la mejilla, cómo el que das a una hermana pequeña... pero una sensación que no sabía descifrar se instalaba en su pecho... ¿por qué él no podía ni acercarse a Bella?.

Desde las navidades la joven le rehuía cómo si tuviera la lepra; todo la confianza que parecía haber ganado con ella se había esfumado de la noche a la mañana... incluso sus hermanos estaban cada día más cerca de ella... y eso le provocaba un sentimiento al que no podía poner nombre.

La familia, poco a poco, fue abandonando la cocina para empezar otra jornada laboral. Carlisle y Esme se marchaban a un rancho de un pueblo cercano, ya que iban a asistir a una subasta de ganado; los señores Hollister, los anfitriones, eran muy amigos de Carlisle Cullen y su familia desde hace mucho años, y no regresaban hasta el día diguiente por la mañana. Jake se despidió de Bella dándole un abrazo de oso, literalmente hablando, haciéndole prometer a la joven que después daría con Jasper y con él un paseo a caballo. Edward se quedó el último, y sus ojos se posaron en la graciosa figura de la joven, que iba de un lado para otro de la estancia, recogiendo y guardando cosas.

Bella era consciente de que los ojos de Edward estudiaban cada movimiento que hacía; lo venía notando desde hacía unas semanas, y esa mirada, aunque ella no le hiciera frente, deshacía de tal modo sus huesos y su coherencia que le era prácticamente imposible estar en la misma habitación que él.

-¿Necesitas ayuda?- se ofreció Edward cuándo vio que se subía a una silla para guardar algo en el altillo superior de la cocina.

-No, ya lo hago yo, muchas gracias- le agradeció ella, esbozando una pequeña sonrisa nerviosa. En su fuero interno su corazón bombeaba deprisa, y eso le ocurría cada vez que escuchaba esa voz... su voz.

Pero la mala suerte quiso que el cordón de la zapatilla de Bella, que estaba desabrochado, se interpusiera en el camino de la joven... o más bien entre sus pies, ya que al darse la vuelta lo pisó, haciendo que perdiera el equilibrio. La joven cerró los ojos, doliéndose por anticipado del tremendo golpazo con el que la iba a recibir el suelo... pero nunca llegó a éste. En lugar del duro linóleo sintió que estaba suspendida en el aire, y su sorpresa al abrir los ojos fue mayúscula cuándo se vio agarrada al cuello de Edward cómo si fuera una lapa; éste la había cogido a tiempo, impidiendo que se estrellase.

Edward la contemplaba fijamente, sin poder despegar sus ojos de los de ella, ahora a muy pocos milímetros... su cuerpo se estremecía mientras que prácticamente la acunaba en sus brazos... si girara un poco la cabeza y se acercara un poco más, sus labios se tocarían. Con una atisbo de alegría, se percató de que Bella tenía la piel erizada, y que respiraba entrecortadamente, y esperaba que fuese por algo más aparte del susto de la caída.

-¿Te encuentras bien?, ¿te has hecho daño?- le interrogó preocupado.

-Est... estoy bien- respondió su dulce tormento, intentando acompasar su respiración; nunca había estado tan cerca de él... su olor era una mezcla de colonia y cuero, absolutamente irresistible.

-¿Seguro que estás bien?- inquirió de nuevo, deleitándose con su precioso rostro y disfrutando de la cercanía de su cuerpo. Bella afirmó tímidamente con la cabeza.

-Seguro...- susurró en voz baja; sus manos seguían aferradas a su cuello, y uno de sus dedos tomó vida propia, atreviéndose a acariciar la suave piel de su cuello. La respiración de Edward se agitó considerablemente, al igual que ciertas partes de su anatomía... dios... si con sólo rozarla se sentía así, ¿cómo sería besarla... cómo sería amarla?.

-Bella...- pronunció en sus susurro ahogado -no tienes ni idea de...- dejó la frase inconclusa, y lentamente se fue acercando a su rostro, cerrando los ojos en el camino y disfrutando del aroma de fresas que desprendía. Bella sintió su corazón desbocarse cómo un caballo salvaje... no podía ser verdad... iba a besarla... iban a besarse... no podía permitirlo.

¿Por qué querría besarla, si para él no significaba nada?; su cabeza le decía que se apartara... pero el corazón y el deseo ganó la partida, y cuándo ella cerró los ojos, esperando ese beso, una voz conocida resonó desde la entrada de la casa.

-¡Bellie Bells!- la voz de Jake hizo que ambos abrieran los ojos de golpe, y que la joven pegara un respingo, saltado de los brazos de Edward. Ambos se quedaron estáticos, con la respiración todavía en su garganta y mirando a la puerta.

-¿Qué haces así todavía, Bells?- le preguntó Jake cuándo entró por la cocina -recuerda que te prometí que te llevaría al pueblo-.

-No es necesario Jake, puedo ir yo- le dijo por enésima vez desde la pasada noche; por suerte, el hermano mayor no pareció notar lo que había estado a punto de ocurrir unos segundos antes de su interrupción.

-Ya te dije que tengo que ir a ver al señor Jenkins, de modo que me pilla de camino- le respondió éste -además, todavía hay nieve en la carretera, y no quiero que conduzcas en esas condiciones-.

Bella rodó los ojos, suspirando con paciencia -eres peor que Jasper y Emmet juntos- musitó entre dientes -está bien, en diez minutos estoy en el garaje-.

-No tardes- le previno mientras salía, pero antes de salir se giró hacia su hermano -Edward, Jasper te espera en los establos de los terneros, y Sam-.

-Enseguida voy- respondió escuetamente; cuándo por fin su hermano salió por la puerta, se llevó las manos a su pelo, revolviéndolo nervioso. Si Jake no hubiera entrado en la cocina... observó a Bella, que de espaldas a él terminaba de recoger lo más deprisa que podía.

-Bella... yo...- empezó a decir Edward, sin poder acabar la frase -yo no...-.

-No pasa nada Edward- le cortó Bella, intentando a duras penas esconder las lágrimas; cerró el grifo de la cocina, y secándose las manos con un paño salió de allí apresuradamente, sin volver la vista atrás, y dejando al pequeño de los Cullen con la palabra en la boca.

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Su estado de ánimo no mejoró cuándo fue al encuentro de Jake; en su habitación se había lavado la cara un par de veces, en un intento por ocultar las lágrimas. Eso lo consiguió, pero su silencio le chocó a Jake, que no pudo evitar preguntarle.

-¿Estás bien?-.

-Sí- musitó ella, pero ni siquiera la sonrisa que quería mostrar asomó por sus labios.

-¿Ha pasado algo antes de que yo llegara?- los brazos y las manos de Jake se tensaron a ambos lados del volante -¿Edward te ha dicho algo desagradable?- le preguntó de nuevo, poniéndose serio.

-No, no- se apresuró a contestar y vio que Jake se relajaba -¿por qué dices eso?-.

-Te has puesto colorada- le indicó Jake, esbozando por lo bajini una sonrisilla burlona -¿puedo hacerte una pregunta?. El gesto afirmativo de Bella le animó a continuar.

-¿Te gusta mi hermano?- interrogó sin más rodeos.

-¿Cóm... cómo dices?- el nerviosismo y la tartamudez de la muchacha respondieron a la pregunta de Jake por anticipado.

-Cuándo he entrado a la cocina os he visto un poco... ¿nerviosos, por así decirlo?- al ver el sonrojo de la joven, a duras penas pudo reprimir la carcajada -¿pensabas que no me había dado cuenta?-.

-¿Y por qué intuyes que ha pasado algo?- rebatió ella, cual niña pequeña.

-Vamos Bells; estabas roja cómo un tomate... no sé que ha pasado en esa habitación, pero mi hermano estaba contentillo- le explicó sin pudor alguno.

-¿Contentillo?- preguntó la joven arqueando una ceja. Jake negó con la cabeza... era tan inocente.

-Ya sabes... los hombres tenemos ciertas partes que reaccionan en determinadas situaciones- le aclaró. Bella ardió de la vergüenza, y deseó que se la tragara la tapicería del coche. Jake la miró sonriendo con malicia... por supuesto que allí había pasado algo, pero a Edward no se lo podría ni nombrar.

-¡Jake!- exclamó avergonzada.

-A los chicos se nos suele notar- le explicó entre risas.

-No tiene gracia- replicó la joven -además, yo no le gusto a tu hermano- le dijo, intentando sonar indiferente. Cuándo Jake aplacó la risa, la miró arqueando una ceja.

-Bella; puede que mi hermano no sea muy expresivo en cuánto a sus sentimientos- le explicó con paciencia -pero yo apostaría lo que sea a que le gustas... y mucho-.

-Eso es imposible Jake- dijo Bella en un suspiro -ahí fuera hay miles de chicas jóvenes y guapas- éste chasqueó la lengua, de forma desaprobatoria.

-Tú también eres joven, y guapa- rebatió, ante un nuevo sonrojo de la joven -tienes la autoestima por los suelos- murmuró entre dientes.

-Soy una niña para él- dijo en un triste susurro, casi que Jake tuvo que aguzar el oído para escucharla -además, a mi no me gusta tu hermano- replicó resuelta en un tono de voz más alto. La reacción de Jake la sorprendió, ya que se echó a reír a carcajadas.

-Si tú lo dices- se encogió levemente de hombros Jake; la joven no se dio cuenta de que ya habían llegado al pueblo, y que estaban aparcando cerca del mercado -bien Bells; en una hora te espero en la cafetería- le recordó.

-Está bien- contestó mientras abría la puerta y salía. Ese día el viento era gélido, y Bella no pudo evitar ajustarse la chaqueta en torno a su cuerpo -hasta luego Jake-.

-Hasta luego Bella- se despidió el hermano mayor de los Cullen -y no saques conclusiones precipitadas, Bells- ésta le miró arrugando en ceño, sin entender lo que quería decirle -¿nunca has oído eso de que el amor no tiene edad?- Bella abrió la boca para rechistar, pero para cuándo quiso decir algo, Jake ya se alejaba, silbando divertido en dirección al despacho del señor Jenkins.

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Un par de días después de su viaje al pueblo, Bella no se quitaba de la cabeza la conversación que había mantenido con Jake en el coche... se auto reprendió mentalmente, ya que era obvio que sus sentimientos hacia Edward empezaban a ser de dominio público. Una y otra vez acudía a su mente la imagen de aquella mañana, en la que había estado en sus brazos, recordaba con un escalofrío cómo esas orbes esmeraldas la miraban con un brillo extraño y a la vez excitante... y la sensación de su aliento rozando sus labios...

Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que sólo el olor del pollo quemándose en el horno la sacó de sus cavilaciones. Corriendo se acercó al aparato, y por poco se quema cuándo intentó sacar la bandeja.

-Lo que me faltaba- dijo malhumorada y rechinando los dientes. Estudió el estropicio, y soltó un suspiro de alivio cuándo comprobó que no se había quemado del todo y todavía era comestible. Después de dejarlo en el horno, previamente apagado, se dispuso a dar los últimos toques a la sopa a la vez que a su cerebro acudían de nuevo la conversación con Jake.

¿Y si lo que sentía Edward por ella, si es que sentía algo, era pura y simple atracción o deseo por ella?; había oído hablar a las chicas del instituto acerca de esos temas, pero ella carecía de toda experiencia; con Mark no había llegado a ese punto, y cada vez que él insinuaba algo del tema, Bella lo rehuía con cualquier excusa. Puede que fuera una mojigata, cómo decía su ex novio, o puede que soñara con algo imposible... pero para ella, ese acto iba ligado al amor de una persona sentía por otra.

El timbre de la puerta la sacó de sus reflexiones; oyó que Esme abría, y después pasos acercándose a la cocina. En ella entraron Esme y Alice Brandon, charlando animadamente.

-Buenos días Bella- saludó la joven morena, con una sonrisa simpática y sincera.

-Hola Alice- respondió ésta -¿has venido para la supervisión semanal?-.

-Eso es mañana- le explicó -solamente vine a dejarle unos papeles al señor Cullen, pero Esme no me deja irme sin que me tome un café- sonrió a la mujer, que ya preparaba las tazas.

-Y un trozo de tarta de manzana, por supuesto- añadió Bella, indicándole que se sentara a la mesa. Justo en ese momento entraba Rosalie por la puerta.

-¿He oído tarta de manzana?; me quedo con vosotras -se giró hacia la chica morena, presentándose a si misma -tú debes de ser la famosa señorita Brandon; soy Rosalie Cullen, la esposa de Emmet-.

-Es un placer conocerte- dijo Alice con una sonrisa; después de las presentaciones, las cuatro mujeres estaban reunidas en torno a la mesa, sumergidas en una agradable charla.

-¿De modo que eres de Louissiana?- le preguntó Esme a Alice, después de que ésta les hablara un poco de su infancia.

-Así es- afirmó ella -chica sureña de pura raza- rió divertida.

-¿Y qué te trajo a Texas?- le preguntó Rose, antes de dar otro sorbo a su café.

-Encontré un buen puesto de trabajo en la Comisión de ganado- les explicó la joven -soy licenciada en bioquímica, y también estudié algunos años de veterinaria-.

-Impresionante currículo- alabó Esme.

-Gracias- dijo con su chispeante sonrisa de duende.

Bella sintió una punzada de envidia... si su abuela le hubiese dejado, ella podría haber estudiado más, incluso podría haber conseguido una beca para la universidad. Esme adivinó lo que pasaba por la mente de la joven, y dándole un codazo amistoso llamó su atención.

-Tú también podrías estudiar en un futuro- le dijo con una bella sonrisa maternal.

-Eso es cierto- la animó también Rose -podrías ir a una escuela de cocina, y en un futuro, abrir tu propio restaurante- sugirió.

-Apoyo eso- exclamó Alice -la tarta está deliciosa... y por lo que has contado, tienes un don para la cocina-.

-Ufffsss... cocino por hobby... y para alimentar a los cuatro hermanos Cullen- aclaró Bella con una gran sonrisa -no creo que pudiera con la presión de un restaurante o cafetería... me desquiciaría los nervios- el grupo de mujeres rió divertido ante el comentario.

-También podrías estudiar algo dedicado a los niños- siguió enumerando Rosalie -cuándo va a mi consulta, me ayuda mucho con ellos-.

-Me encantan los niños- exclamó ella contenta -pero creo que no valdría para estudiar enfermería; la medicina y yo somos incompatibles- rió con diversión.

-No tiene por qué ser enfermería- dijo Rosalie -pero podrías perfectamente estudiar para ser profesora de educación infantil-.

-Con los más pequeños- apoyó Alice. Bella se imaginó rodeada de niños, mirando los dibujos que los pequeños realizaban y enseñándoles las primeras letras del abecedario.

-Podría ser, en un futuro- murmuró pensativa.

La charla siguió su animado curso; incluso Rosalie invitó a Alice a cenar una noche en el pueblo, junto con Bella y Jane, su recepcionista. Ésta aceptó encantada, ya que apenas conocía a nadie en Hunstville. Viendo el entusiasmo de la joven, Rose organizó la salida para el viernes de la semana siguiente. Incluso Esme se apuntó, animada por la juventud. Rose, Bella y Esme acompañaron a la señorita Brandon a la puerta, despidiéndose de ella hasta el día siguiente, que volvería para supervisar el estudio.

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A la mañana siguiente, casi al mediodía, Bella se animó a ir a echar un vistazo a los establos. Saludó a sam y al resto de los peones, que le indicaron dónde estaban los hermanos.

-Hola chicos- saludó animada; al momento se paró, conteniendo la risa mientras reconocía la melodía que sonaba por los altavoces.

-¿Beethoven?- preguntó, conteniendo la carcajada. Jasper la fulminó con la mirada.

-Esto es ridículo- siseaba furioso, yendo de un lado para otro del establo -las vacas comen cómo siempre lo han hecho-.

-Bueno...- sopesó Edward, echando un vistazo general a los animales -hay que reconocer que más tranquilas están; me refiero que no están mugiendo ansiosas y...- paró abruptamente al ver la expresión de su hermano Jasper.

-No lo puedo creer- murmuró entre dientes -¿también a ti te ha convencido la psiquiatra de vacas, cómo a papá?- le recriminó.

-Yo a lo único que pongo pegas es a la música- dijo Jake -es un tostón-.

-¿Cómo quieres tranquilizarlas entonces, poniendo AC/DC a todo volumen?- le picó Edward, lo que provocó las risas de todos los presentes, incluyendo a Bella. La risa de la joven hizo que algo se calentara en su pecho... tenía una sonrisa tan bonita... pero su cara cambió a una expresión inescrutable cuándo vio a Bella y Jasper compartir comentarios y confidencias... y el brazo de su hermano cómodamente posado en los hombros de su Bella.

Desde aquel suceso en la cocina, Bella estaba con él más esquiva que nunca; todavía tenía impregnado por el cuerpo el aroma tan característico de la joven... su pequeño y delicado cuerpo encajaba entre sus brazos cómo si hubiera sido creado a la medida... y sentir el calor que desprendía cada poro de su piel había bastado para que su deseo por ella aumentara más y más. En un intento por desechar esos pensamientos de su cabeza, murmuró una disculpa, saliendo del establo. Jazz arqueó una ceja al fijarse en la mueca de enojo que le lanzó su hermano con los ojos... definitivamente, el plan iba lento, pero por buen camino.

-Bien- dijo frotándose las manos -dado que la psiquiatra de vacas no vendrá hasta dentro de una hora, voy a apagar ésto- hizo un gesto con las manos, queriendo señalar la música que flotaba por el establo -se van a dormir hasta los chicos- dijo en alusión a los peones. Se encaminó para quitar la música, cuándo una voz le hizo detenerse en medio del camino.

-¿Saltándose las reglas del estudio, señor Cullen?- al girarse, se encontró con una imagen sorprendente; allí estaba la señorita Brandon, con los brazos en jarras y mirándole desafiante. Jasper la escaneó con la mirada; los vaqueros acampanados que lucía marcaban sus caderas, ni muy delgadas ni muy redondas, y los primeros botones de la camisa de cuadros blancos y rosas dejaban entrever un generoso escote.

-Vaya señorita Brandon- Jasper se acercó a ella con una sonrisa petulante en su cara -veo que ha abandonado las trampas mortales- observó, aludiendo a las botas que llevaba puestas -mi más sentido pésame; debe de haber sido difícil dejar los tacones en el armario- se medio burló de ella.

-Gracias por su interés por mi guardarropa- contestó sarcástica la joven -supongo que tengo más variedad que usted... ¿duerme con las espuelas puestas?- sonrió cándidamente mientras le hacía la pregunta. Bella negó divertida con la cabeza, mientras que Jake, sujetándose la tripa de la risa, se acercaba a ellos.

-Puedes jurarlo, Alice- le confesó entre carcajadas.

-¿Cómo estás, Jake?; hola Bellie- les saludó ella con simpatía. Jasper se quedó en medio de ellos, ¿desde cuándo era tan amigos la señorita Brandon y sus hermanos, e incluso Bella?.

-¿Dónde están Edward y Emmet?- inquirió curiosa.

-Emmet en su trabajo, y Edward acaba de marcharse- le informó su castaña amiga -bien, ¿qué te parece?- señaló con la mano extendida el establo -las vacas están felices y relajadas- expresó orgullosa.

-Y lo seguirán estando, si el señor Cullen no quita la música- objetó seria.

-Me gustaría saber cómo ha conseguido convencer a mi padre y a mis hermanos para acceder a esta locura- le espetó con socarronería.

-Si me hubiera dejado explicarme, lo sabría- le devolvió por respuesta -bien, voy a pasar adentro- la joven caminó hasta la barrera de seguridad, adentrándose en los habitáculos de los animales, seguida de cerca por Jasper y Jake.

-Tenga cuidado, no sea que alguna vaya a darle una coz- le advirtió Jasper, sonriendo con malicia -no parece que haya tratado mucho con animales-.

-Se equivoca, señor Cullen- devolvió con retintín -aparte de licenciada en bioquímica, estudié varios años de veterinaria- Jasper elevó las cejas, debido a la sorpresa.

-¿En serio?- preguntó Jake, claramente asombrado; Alice asintió con la cabeza, soriendo orgullosa.

-Pues para ser medio veterinaria, debería saber que no se puede venir a un rancho con tacones y trajes de Armani- le espetó Jasper. Alice le miró por encima de sus gafas de pasta.

-Cómo ya le dije una vez, Jasper- pronunció su nombre con sarcasmo -no sabía que tenia que venir aquí esos días... y le repito que visto cómo me place- nada más decir ésto y darse la vuelta, Jasper la taladró con los ojos... pero su vista se detuvo en su redondeado y firme trasero... dios... no estaba nada mal la chica.

-Utilizan pienso convencional- meditó la joven en voz alta, cogiendo una pequeña cantidad en su mano y observándolo.

-Nos da buen resultado- le explicó Jake -solemos complementar su dietas con proteínas dos veces por semana-.

-¿No han pensado en utilizar pienso ecológico?- indagó las joven -según los informes que tenemos, la soja que llevan esos piensos son beneficiosas para los animales, además de ser más económico-.

-Perdone, Alice- le interrumpió Jasper -pero en el contrato no decía nada acerca de variar la alimentación, y dudo mucho que las vacas necesiten regular su tracto intestinal-.

-Solamente preguntaba, Jasper- respondió entre dientes -es usted muy cabezota- susurró para sus adentros, pero Jasper la oyó.

-¿Cabezota yo?- interrogó indignado -aquí la única cabezota es usted-.

-Pobre de su mujer o novia... menuda le ha caído con usted- contestó Alice, realmente enfadada.

-No tengo novia, ni estoy casado... pero todas las mujeres con las que he salido coinciden en que soy encantador- dijo cruzándose de brazos y mirándola con descaro de arriba abajo, con una sonrisa -¿quiere comprobarlo por si misma?- le sugirió, moviendo sugestivamente las cejas.

Alice abrió desmesuradamente los ojos... ¿pero quién se creía que era?... eran tan socarrón, tan prepotente... y tan condenadamente atractivo; la camisa de cuadros desabrochada dejaba a la vista la camiseta blanca que llevaba por debajo, y se podía entrever que debajo de ella se escondía un fuerte y musculoso pecho; los ojos azul grisáceos la miraban con chulería... pero a la vez con curiosidad e interés.

-¿Cómo dice?- meneó la cabeza, incrédula por lo que acababa de oír.

-¿No quieres comprobar por ti misma lo encantador que puedo llegar a ser?- le repitió acercándose a ella, con tono seductor. Bella y Jake, que se habían quedado rezagados hablando con Embry y Seth, no se percataron de la conversación que mantenían.

-Ni en sus mejores sueños saldría con un tipo con usted- le respondió con suficiencia, quitándose las gafas de pasta negra. Jasper simplemente rió, alejándose de ella.

-Yo no estaría tan seguro- le guiñó un ojo, sonriendo abiertamente mientras se adelantaba y seguía observando a las reses. Esa chica lo sacaba de sus casillas, pero a la vez tenía algo que le resultaba irresistible.

-Señor Cullen... es usted un asno integral- respondió furiosa.

-Nunca me habían llamado asno integral- objetó pensativo -lo apuntaré en mi lista de piropos- dijo cómo si tal cosas. La joven morena inspiró, dándose a si misma paciencia... por un momento se planteó el mandar a otro compañero a que supervisara el proyecto, y no volver a poner un pie en el rancho Killarney jamás. El sonido de su móvil interrumpió su debate interno; habló unos minutos, para después colgar.

-Mi compañera va a venir, para tomar una muestra de sangre a varias de sus vacas- le informó -es parte del estudio-.

-Eso he leído- le aclaró Jasper -no tengo ningún problema con eso-.

Alice Brandon siguió su escrutinio en silencio, seguida por Jasper, hasta que el motor de un coche se oyó fuera del establo. Entró Sam por la puerta, acompañado de una joven de unos treinta años, de tez pálida y cabello castaño rojizo, recogido en una trenza. Sus ojos de color miel recorrieron el establo de arriba abajo, hasta que Alice y Jasper se acercaron a ella.

-Señor Cullen, le presento a mi compañera Vanessa Rale; es una de nuestras veterinarias-.

-Un placer conocerla- respondió Jasper con su mejor sonrisa, lo que hizo que Alice rodara los ojos.

-El gusto es mío; tienen un rancho precioso- alabó.

Jake se giró de inmediato, al escuchar esa voz que no oía desde hacía más de tres años... y su vista se quedó clavada en la joven que acababa de entrar... no era posible, no podía ser ella.

-¿Qué pasa Jake?- preguntó Bella, al verle con esa expresión; haciendo caso omiso a la pregunta de la joven, se acercó al pequeño grupo de personas. Los ojos de Vanessa no pudieron disimular la sorpresa.

-Le presento a mi hermano, Jacob Black- le indicó Jasper. El silencio era tal, que hasta Bella se acercó al pequeño grupo de personas.

-¿Nessie?- preguntó Jake, con el rostro perplejo -¿er... eres tú?- Jasper alzó una ceja, al ver a su hermano nervioso y tartamudenado.

-¿Jake?- devolvió la joven en respuesta, también con la sorpresa en su cara -¿qué haces tú aquí?-.

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¿Y mi final feiz?



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Capitulo IX
Conociéndote… de verdad


Me sentía flotar sobre una nube, en lo que de repente esta empieza a ser agitada como si algo estuviera saltando encima de ella. 

-Bella, Bella… levántate, ya es de mañana – una cantarina voz me hablaba. 

- No, es temprano todavía –le dije enrollándome más entre las cobijas. 

- Tu auto esta aquiiii – grito ella. 

- ¿Qué? – me levante de un solo cayéndome de la cama. Alice comenzó a dar pequeñas risitas. 

Con mi cuerpo aun dormido pero con mi mente ya despierta me asome a la ventana de la habitación de Alice, por suerte esta daba a la parte de enfrente. 

Mi auto estaba ahí y con mis padres apoyados en él. Se veía tan hermoso, por desgracia no tenía una cámara para guardar este momento. No para tomarme una a mí, porque jamás salía bien en ellas sino para plasmar la felicidad que reflejaban mis padres. 

-toma –Alice me extendió su cámara como si hubiera leído mi mente. 

Iba a vestirme con la ropa que utilice ayer pero Alice no me dejo. Me dio unos jeans y una camisa rosa con cintas a los costados. Tome mi chaqueta y salí corriendo hacia abajo sin siquiera detenerme a saludar a Charlie y Renne quienes se encontraban en la cocina. 

-Papa, mama – los abrace a los dos feliz de verlos. 

- Buenos días querida – me dijeron los dos. 

- Hola, un gusto en conocerlos – los padres de Alice se presentaron – soy Charlie y ella es mi esposa Renne. Es bueno volver a verlo doctor Cullen. 

- Igualmente Charlie – contesto mi padre. ¿Ya se habían visto? ¿Cuándo? 

- el gusto es mío – se acercó mama a Renne dándole un abrazo. 

-Foto – grito Alice y todos nos pusimos frente al auto. Se tomaron muchas. 

Antes de siquiera poder encender mi Beetle nos regresaron a Alice y a mí a la casa alegando que debíamos desayunar primero. Así que aun reticente entre. Mientras los adultos platicaban Alice y yo contemplábamos el auto desde la ventana. 

-¿Pero qué? – Oímos la voz de Emmett desde la segunda planta – Mama, hay un auto con un listón afuera – grito sorprendido 

-Si Emmett – le respondió Renne – es el auto de Bella 

-Bella ¿Me lo prestas? – me pidió ya cuando estaba con nosotros en la sala, con los ojos cerrados ya que se los restregaba. 

-No se Emmett – le dijo Alice – creo que te verías muy ridículo manejando un auto tan pequeño. 

- Mama…. – dijo este buscando apoyo de Renne 

-Lo siento querido, pero creo que Alice tiene razón – le contesto está riendo. 

Todos empezamos a carcajearnos y fue ahí donde Emmett finalmente se dio cuenta de que no estábamos solos. 

-Oh, Buenos días Carlisle, Esme – se acercó a la última dándole un beso en la mejilla. 

-¿Y el mío? – pregunto su madre indignada. 

Se acercó a ella y le planto un sonoro beso en su mejilla. 

Una vez todos listos, sí, porque nos tocó esperar a Emmett y este se tardó una eternidad finalmente logre subir a mi auto. No hubo problema por la licencia ya que Charlie me extendió un permiso temporal hasta que fuera a tramitarla (Suerte la mía). 

Paseamos toda la mañana con Alice y Emmett, el en el asiento de atrás por supuesto. Cuando regrese a dejarlos mis padres ya no estaban y Renne me dijo que me estarían esperando en casa. 

Avance lentamente por las calles de Forks que llevaban a mi casa apreciando todo el camino, hasta que una motocicleta a toda velocidad paso demasiado cerca de mí por lo que frene bruscamente llevándome un buen susto. 

-Eres un idiot… aaaa – dije sorprendida, ya que había oído que alguien se acercaba a mí pero al darme cuenta no pude continuar. 

- Jake ¿Qué te pasa? – le dije molesta 

- Lo siento Bella, es solo que no te vi – me respondió sonriente. 

- Ni que mi auto fuese verde para confundirse con la espesura de Forks – él se tiro una carcajada, como si mi comentario fuera un chiste. Molestándome aún más. 

-Vaya, tienes auto – cambio la conversación – es muy… - lo quedo viendo – es muy tú. 

- Gracias creo – ¿había sido eso un cumplido? 

Regresaba a mi auto cuando Jacob me detuvo. Parqueo su motocicleta junto a mi Beetle y se acercó a mí. 

-Bella, siento ser tan… pesado, no lo sé – dijo – pero… - se quedó callado 

-¿Pesado?... yo diría arrogante, estúpido, engreído 

- ya, ya, ya… - me paro – entendí 

- Me alegro 

- Bueno, lo que te decía – suspiro - es que… tú, bueno tú me gustas. 

- Oh Jake, yo de verdad… - me sentía alagada y a la vez incomoda por su declaración. 

- Bella, no te sonrojes, no es algo malo – levanto mi cara – bueno, solo si tú quieres verlo así – dijo con un tono triste. 

- Lo siento Jake – esta vez fui yo la que lo observe – es solo que esto es nuevo para mí. 

- Esta bien – dijo ya más alegre – pero… podemos ser amigos – me ofreció. 

- ¿Amigos?... claro – no creo que sería tan malo. 

Nos quedamos ahí platicando, actualizándonos como decía Jake a cerca de nosotros. Bueno, el hablo más que yo. Ni siquiera a Alice le había contado todo de mí, pero ver a Jacob así, tan tranquilo y llevadero me influyo confianza por lo que después de una hora la idea de que fuéramos amigos se miraba como una buena opción. 

Desde ese día en adelante Jake y yo platicábamos todos los días; en el instituto, al salir de él, por teléfono y eso no pasó desapercibido para Alice que nos veía esa sonrisita que la caracterizaba. 

Todos los días pasaba a recoger a Alice por su casa para ir al colegio y a dejarla de regreso. Por lo que un día entre plática y plática me dijo: 

-Sabía que Jake y tú se llevarían bien – sonrió viéndome directamente a los ojos. 

- tienes razón Ali – tenía que aceptarlo. 

- Lo sé – canto 

No le dije nada más, no quería oírla decir lo maravillosamente bien que nos mirábamos juntos. 

-Te invito a La Push – me dijo Jacob por teléfono – es increíble que no la conozcas. 

-Sí, es patético – me reí – Alice lleva días hablando de lo maravillosas que son las playas. 

-Bueno… no son como las de Miami, pero vale la pena venir. 

- ¿Qué te parece si voy este fin de semana con mis padres y los chicos? 

-Sería perfecto – me contesto feliz – así conocerás a mi padre y amigos… ah, e invita al jefe Swan y Renne. A ellos les encanta venir. 

-Lo hare. Buenas noches Jake – ya eran las doce de la noche y tenía sueño. 

- Buenas noches princesa, que descanses – se despidió.




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