viernes, 11 de mayo de 2012

Cowboy de mi corazon





Capítulo 3: Un día en el rancho Killarney

El despertador sacó a Bella de su reparador sueño a las siete en punto de la mañana; abrió los ojos lentamente, estirándose a sus anchas e incorporándose de la cama. Nunca había dormido en una cama tan amplia y calentita, y había descansado más en estos dos últimos días que en toda su vida. Volvió a tumbarse en la cama, haciendo un repaso mental a todo lo que había sucedido hasta entonces.

Esbozó una sonrisa divertida, acordándose de los hermanos Cullen y sus ocurrencias; en verdad eran muy simpáticos... a excepción de Edward. Por lo que le contaron Carlisle y Esme, le costó superar su ruptura con esa chica, y desde entonces no permitía que ninguna mujer traspasara los límites hacia su corazón... y eso la incluía a ella; no sabía por qué él la veía cómo una amenaza; comparándose con él, era una niña, se llevaban casi diez años... seguro que tendría a medio condado femenino babeando detrás suyo, porque había que reconocer que era alto, fuerte... y muy guapo. Sacudió la cabeza, desechando esos pensamientos; viendo el recibimiento que tuvo por su parte, decidió que hablaría con él lo justo y necesario, y punto.

Después de darse una ducha y arreglar un poco la habitación, se encaminó hacia la cocina; Esme ya estaba allí, café en mano.

-Buenos días Bella, ¿has dormido bien?-.

-Buenos días a ti también Esme; he dormido muy bien, la cama es muy cómoda- confesó tímida -ayer se me olvidó preguntarte los horarios de las comidas- recordó la conversación con Edward, y cómo se lo recriminó.

-El desayuno suele ser a las ocho; y los sábados y los domingos a las nueve- le explicó -el almuerzo a la una y media, y la cena a las ocho y media- le enumeró -los fines de semana no es tan estricto, pero entre semana sí-.

-Me imagino que comen rápido y vuelven a los establos- adivinó Bella. Esme asintió con la cabeza.

-Hay más de dos mil cabezas de ganado; y aunque están Sam y los peones, los chicos siempre tienen algo que hacer- le explicó con una sonrisa.

-Mi padre me contaba que siempre estaban de acá para allá- recordó con una mueca de pena -Esme... me gustaría ir a ver a mi padre- le pidió, intentando contener las lágrimas.

-Por supuesto, cielo; en cuánto los chicos desayunen, iremos- le prometió. Bella le dio las gracias, y con la ayuda de Esme, preparó el desayuno. Antes de que bajaran los chicos, le enseñó la despensa y dónde se guardaban los utensilios y la vajilla.

-Habrá que ir al pueblo a comprar- observó Esme -podemos acercarnos después de ir a ver a tu padre -haz una lista con todo lo que necesitas- Bella asintió, ya que ésta le había puesto al corriente de los gustos culinarios de la familia, y la despensa estaba casi vacía. Puso la mesa, con todo lo que había preparado, y una repleta cafetera.. A las ocho menos cinco, el sonido de las espuelas la alertó de que alguien se acercaba a la cocina. Carlisle y Jasper entraron en ella, admirando la mesa con sorpresa y admiración.

-Wow, que festín- exclamó Jazsper contento, frotándose las manos y mirando con hambre el bacon, los huevos revueltos, las tostadas...

-¿Has descansado, Bella?- le preguntó Carlisle mientras ambos se sentaban a la mesa.

-Sí, gracias- agradeció la chica -¿café?- ambos asintieron, y mientras servía el café, una voz alegre resonó en la habitación.

-Buenos días por la mañana- canturreó Jake, que entró seguido de Edward -¿cómo dormiste, Bella?-.

-Buenos días- respondió ésta, contagiada por su entusiasmo -muy bien, gracias -¿queréis café?- interrogó a ambos hermanos.

-Sí, por favor- agradeció Jake, sentándose en su sitio habitual, en la otra cabecera de la mesa. Bella sirvió el café a Jacob, y después se volvió a Edward.

-¿Quieres?- le señaló la cafetera; éste le contestó sin apenas mirarla, con un gesto afirmativo con la cabeza, mientras untaba mantequilla en una tostada. Bella rodó imperceptiblemente los ojos, y una vez le puso el café, se quedó de pie, apoyada en la encimera de la cocina, bebiendo el suyo.

-¿Dónde está Esme?- interrogó Jasper, después de servirse una buena ración de huevos revueltos.

-Está con la señora Harris arriba, ya ha desayunado- les informó. Carlisle se volvió hacia ella, señalándole una silla vacía.

-Siéntate y desayuna tranquila- le ordenó con cariño.

-Pensé que querríais desayunar en familia y...- Jake la interrumpió.

-Y tú también eres parte de ella-.

-Así que siéntate- Jasper apartó la silla que estaba su lado, justo la que quedaba enfrente de Edward. Al sentarse, pudo ver cómo sus ojos se clavaban en ella, mirándola con el ceño fruncido, pero muy atentamente. Bella intentó no ponerse nerviosa, y por suerte, una pregunta dirigida a ella la distrajo.

-¿Quieres venir a ver el rancho?; podemos ensillarte un caballo- le propuso Jake.

-No puedo; tengo que ir al pueblo con Esme a hacer la compra- les contó -y a ver a mi padre- musitó con pena.

Algo en el interior de Edward se contrajo al ver sus ojos, brillantes por las lágrimas que querían salir de ellos... los ojos color café de esa chica eran grandes y expresivos, y pensó en lo bonitos que se verían cuándo la alegría brillara en ellos; suspiró para sus adentros, interrogándose a qué demonios venían esos pensamientos, y siguió desayunando en silencio.

-Por supuesto- la animó Carlisle, dedicándole una sonrisa de ánimo y comprensión, lo mismo que Jake y Jasper.

-Entonces vendrás por la tarde, y sin excusas- exclamó Jake, apuntándola con el dedo índice.

-¿Es una amenaza?- inquirió Bella divertida, alzando una ceja.

-Sip- respondió -sino te daremos la murga hasta que vengas- replicó satisfecho.

-O te torturaremos a cosquillas hasta que aceptes- añadió Jasper, con una sonrisa malévola. Bella se echó a reír... en esos momentos se disipaba su tristeza, y el recuerdo de su padre no era tan doloroso.

-Pues os va salir el tiro por la culata, porque no tengo una sola cosquilla- les aclaró, riéndose, al igual que Carlisle, que seguía atento la divertida conversación.

-Vaya- se lamento Jasper, con un falso puchero de pena.

-Entonces no pararemos hasta encontrar tus puntos débiles- exclamó Jake, frotándose cómicamente la barbilla.

-Entonces yo pondré un candado a la nevera- replicó satisfecha, levantándose y llevando su taza al fregadero. La cara de los dos hermanos era un poema, y Carlisle a duras penas reprimía las risas mientras se levantaba.

-Eso es hija, imponte- le previno -tengo que irme, voy a hablar con Eleazar- informó a sus hijos.

-Te acompaño- Jake bebió su café a toda prisa -así te cuento lo ocurrido-.

-Sam me lo ha explicado; pero después hablaremos los tres- su vista se giró hacia Edward. Éste, que se había mantenido callado y apartado de la conversación, alzó los ojos ante la seria mirada de su padre.

-Empezaron ellos; nosotros sólo fuimos a advertirles lo que había pasado y ent...- se defendió, pero Carlisle no le dejó hablar.

-Os había dicho que no quería más peleas, ¿estamos?- ahora la advertencia iba dirigida a los tres. Jasper y Jake asintieron, y Edward también, resignado. Carlisle y Jake se marcharon; Jasper apuró su también su café, alegando que el veterinario llegaría en media hora.

-Vamos a vacunar a los terneros que nacieron hace tres semanas- le informo a Bella.

-¿Nacieron muchos?- interrogó mientras recogía la mesa.

-Cuarenta y cinco- respondió Jasper -y esperamos veinte más durante estas dos semanas; por la tarde te llevaremos a verlos- le recordó. Bella asintió contenta, le encantaba ver a los recién nacidos.

-Bien, me voy; ¿vas a ir a los pastos?- interrogó a su hermano. Edward levantó la cabeza para contestarle.

-Si; voy a trasladar a los sementales al pasto sur- le dijo a su hermano.

-¿No es un poco pronto para eso?- inquirió Jasper, poniéndose bien la camisa -todavía estamos a principios de octubre-.

-Papá decía que no había que trasladar a los sementales a nuevos pastos hasta que no hiciera frío- dijo Bella en voz alta, sin ningún ánimo de contradecir a los hermanos. Edward la miró alucinado... ¿quién se creía que era?.

-Te recuerdo que tu trabajo aquí es cocinar, no opinar sobre lo que hacemos o dejamos de hacer- le espetó cabreado. Bella se maldijo en silencio por haber abierto la boca.

-Lo siento, no pretendía pon...-

-¿No pretendías, qué?- Edward se levantó de la mesa, mirándola intensamente. La joven se encogió ante esa taladradora mirada, y agachó la cabeza, sin saber dónde meterse.

-Edward... era un simple comentario- intervino Jasper, conciliador -ella no pretendía cuestionarte, ¿verdad, Bella?- se volvió hacia la chica, roja de la vergüenza.

-Clar... claro que no- intervino con rapidez -era un comentario que solía hacer mi padre, nada más- se disculpó de nuevo, nerviosa y retorciéndose las manos. Edward soltó un pequeño siseo, mirándola con furia antes de darse la vuelta y salir de la cocina.

Jasper observó atónito la reacción de su hermano, sin poder creer lo que veían sus ojos... cierto que su hermano no era muy sociable con las mujeres, pero nunca había saltado de ese modo; simplemente se dedicaba a ignorarlas y punto. Su vista se posó de nuevo en Bella, que estaba intentando retener las lágrimas mientras metía los platos en el lavavajillas.

-Disculpa a mi hermano, Bella; sólo tiene un mal día- Bella suspiró, elevando su vista hacia él.

-No debería haber dicho eso- se auto reprochó con pena -no quería molestarlo; sé que por alguna razón, no le caigo bien- bajó la vista, triste -quizá no haya sido buena idea venir aquí-.

-No digas eso- Jasper la tomó por los hombros, reconfortándola -verás, mi hermano sufrió mucho a cuenta de una chica y... -Bella le cortó.

-Carlisle y Esme me lo explicaron antes de venir; pero yo no pretendo...-.

-¿Te lo han contado?- Bella asintió con la cabeza -es muy cabezota; piensan que toda las mujeres te la juegan y terminan abandonándote- dijo con resignación -ten paciencia Bella, es lo único que puedo decirte-.

-Gracias Jasper- agradeció Bella, esbozando una pequeña sonrisa -te veré a la hora de la comida-.

-¿Seguro que estarás bien?- inquirió preocupado; Bella afirmó con la cabeza.

-Hasta la comida, entonces- una vez sola, Bella suspiró resignada mientras boli y libreta en mano, se encaminó hasta la despensa, intentando olvidar el encontronazo y concentrándose en la lista de la compra.

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Esme aparcó a las puertas del cementerio municipal. Bella se quedó quieta en el asiento del copiloto, ahogando un sollozo que luchaba por salir de su garganta. Nunca le habían gustado esos sitios, y no podía creer que su padre ahora estuviera allí.

-Si no estás preparada, podemos volver otro día- le ofreció Esme, apoyando su mano en el brazo tembloroso de la chica. Bella negó con la cabeza, y sin decir una palabra, cogió fuerzas para salir del coche.

Esme la condujo hasta la tumba de Charlie, cubierta por una sencilla lápida gris, con el nombre de su padre y su fecha de nacimiento y defunción.

-Papá- su voz se quebró, y las lágrimas surcaron su rostro sin pudor alguno. Esme apretó su brazo, en señal de consuelo; no sabía qué podía decirle ni hacer para mitigar su dolor. Bella apoyó su cabeza en el hombro de Esme, y así permaneció, en silencio, hasta que su llanto cesó.

-¿Estás mejor?- le preguntó ella.

-Más o menos- contestó con un gesto de pena -gracias- tomó el pañuelo que Esme le tendió -todavía no consigo hacerme a la idea- se mordió el labio inferior, reprimiendo las lágrimas.

-Tienes que darte tiempo, hija- le dijo ésta -poco a poco- le palmeó la mano con afecto.

-Otro día traeré flores- dijo la joven en un hilo de voz.

-Te acompañaré las veces que haga falta- le ofreció Esme -o puedes venir las veces que quieras tu sola; ¿sabes conducir?- Bella afirmó con la cabeza -entonces puedes cogerte mi coche, y venir cuándo quieras-.

-Sois demasiados buenos conmigo, y apenas me conocéis- musitó ésta, pensativa.

-Tu padre y Carlisle eran muy amigos, Bella. Charlie hizo mucho por el rancho, y sé que a él- señaló la tumba -no le gustaría verte en Forks, sola y sufriendo-.

-Gracias por todo, Esme- agradeció de nuevo; se sentía abrumada por cómo todos le habían abierto las puertas de su hogar, eran muy buenos y cariñosos... excepto uno.

Unos minutos después, abandonaron el cementerio, dirigiéndose hacia Hunstville, para hacer la compra. Esme iba mostrándole los rincones del pueblo, incluso tomaron un café y un bollo a media mañana. El resto se les fue haciendo la compra, y casi ya tenía que empezar a preparar el almuerzo cuándo llegaron al rancho. A toda prisa, ordenaron la comida, y Bella se enfrascó en la elaboración de ésta.

-Voy a tender la ropa- le dijo Esme -¿seguro que no necesitas ayuda?-.

-Tranquila; ésto ya está casi hecho- señaló el puré de patatas y los guisantes -sólo queda el pollo, que está en el horno- Esme asintió, recordándola que estaría en el patio trasero.

Cómo estaba casi todo preparado, decidió hacer un pastel de manzana, recordando que Rose y Emmet venían a cenar a la noche. También preparó la masa para hacer un bizcocho para el desayuno del día siguiente. Se puso la radio, encontrando la frecuencia de una emisora de música pop. Le encantaba cocinar, tenía un don especial para ello; nadie le había enseñado. Había cocinado desde que empezó el instituto, ya que su abuela no tenía ni idea; así que ella, un buen día, agarró un libro de cocina, y probando y probando, al final le pilló el tranquillo.

Estaba tan concentrada en el bizcocho, y con la radio puesta, que no se percató de que unos pasos se acercaban a la cocina. Edward se quedó parado en el marco de la puerta, viéndola trastear por la estancia, canturreando partes de una canción con una voz suave. La recorrió con la mirada; los vaqueros ajustados que llevaba marcaban sus curvas; sus ojos admiraron su cintura de avispa, sus piernas firmes, ni muy delgadas ni muy anchas. Estudió la forma de su espalda, y cómo una cascada de tirabuzones castaños llegaba hasta su cintura; ayer y esta mañana lo llevaba recogido.

Estaba tan ensimismado mirándola, que no se percató de que sus hermanos y su padre entraron por la puerta de casa.

-¿Qué haces?- la voz de Jasper le sacó de su letargo. Bella se dio la vuelta, quedándose parada al ver allí a su tormento de metro noventa y pelo cobrizo.

-Acabo de llegar- mintió de forma descarada -hola- saludó a la chica, con tono seco.

-Hola- saludó Bella, en general -lo siento, me he entretenido y no he puesto la mesa-.

-No pasa nada; ¿qué es ésto?- inquirió Jake, metiendo el dedo en la masa -está muy bueno- alabó, después de saborearlo.

-Es para el bizcocho de mañana- le explicó Bella -y es para el desayuno- le recordó. Arqueó una ceja al ver el puchero lastimoso de Jake, y volvió a negar, divertida. Se sorprendía a ella misma, ya que le costaba entablar confianza con desconocidos, pero con los Cullen no tenía esa sensación, y le gustaba.

-¿Necesitas ayuda?- le ofreció Jasper, viendo que Bella buscaba frenética el mantel y los cubiertos.

-No, puedo yo sola- al momento entró Esme por la cocina.

-Habéis llegado temprano- les dijo a modo de saludo -¿cómo ha ido la conversación con Eleazar?- le preguntó a Carlisle.

-Por lo menos se ha disculpado por el incidente- le explicó éste -me ha asegurado que no se volverá a repetir... y más le vale que sea así- refunfuñó un poco cabreado.

-¿Has hablado también con Garret y James?- interrogó preocupada.

-No estaban allí- se adelantó Jake a la contestación y encogiéndose de hombros. Esme dirigió a Carlisle una mirada inquieta, pero éste la tranquilizó.

-Tranquila, no pasará nada- a los chicos no les pasó desapercibida la imperceptible sonrisa que Esme intercambió con su padre, pero ignoraron el gesto, cómo siempre hacían. Cuándo volvieron la cabeza al resto, Bella casi había terminado de poner la mesa, con la colaboración de Jake y Jasper.

-Qué me aspen-. murmuró incrédulo -vosotros cooperando en la cocina- comentó con una sonrisa sarcástica.

-Gracias por tu apreciación, papá- agradeció Jasper, rodando los ojos.

-¿Qué va a pensar Bella de nosotros?- preguntó Jake, ofendido -no le creas, Bells- le guiñó un ojo a la joven, que rió divertida por el comentario. Al volverse para colocar las servilletas, trastabilló con un cordón suelto de sus converse, cayéndose éstas a los pies de Edward, que en ese momento pasaba a su altura. Sin levantar la vista, murmuró una disculpa en voz baja, ya que casi choca con él.

-Lo siento- se agachó apresuradamente, y Edward hizo lo propio sin mirarla, para recogerlas. Éste le tendió las que había recogido, y al tomarlas, sus dedos se rozaron.

Una corriente eléctrica traspasó los dedos de Bella, subiendo por todo su brazo... y lo mismo le ocurrió a Edward, que levantó la mirada hacia el rostro de Bella; ésta lo miraba fijamente, sin saber que es lo que había ocurrido. Sus ojos conectaron por unos segundos; Bella se perdió en ese mar esmeralda, y él se dio cuenta, por primera vez, que detrás de la tristeza por la pérdida de su padre, los ojos chocolate de Bella llevaban impregnados una calidez y ternura que le impactaron de inmediato... pero enseguida se recompuso, y su coraza lo envolvió de nuevo.

-Ten más cuidado- el frío tono de Edward le devolvió a la realidad, y se puso de pie de inmediato.

-Gracias- dijo Bella, apartando la vista de él y volviéndose a la mesa, para colocar las servilletas. Sus dedos todavía le escocían, y en su estómago apareció un revoloteo de mariposas, que lo inundaron por completo. Intentando ignorar esa sensación, terminó de poner la mesa, y por fin, pudieron sentarse a comer.

-Bien, ¿qué tenemos de menú?- interrogó Carlisle, sentado en la cabecera y admirando los alimentos.

-Puré de patatas, guisantes salteados y pollo horneado- enumeró Bella, satisfecha.

-Tiene una pinta estupenda- la animó Esme, sentada enfrente suyo.

La comida transcurrió tranquila, en una relajada conversación, pero Bella apenas levantó la vista del plato, todavía azorada por lo que había ocurrido unos minutos atrás. Edward se percató de lo que le pasaba a Bella, y dedujo que ella también había sentido esa corriente con el roce de sus dedos.

-Estaba todo delicioso, eres una estupenda cocinera- le felicitó Carlisle a Bella, una vez terminaron. Las mejillas de Bella se tornaron de un color rosado, y bajó la cabeza, avergonzada.

-Reitero las palabras de mi padre, estaba todo buenísimo- dijo Jake, después de repetir pollo dos veces.

-Gracias- sonrió con timidez, y se levantó para poner la cafetera, a la vez que Esme se levantó para empezar a recoger. Una vez tomaron el café, Carlisle y los chicos se levantaron para volver al trabajo.

-Ponte las botas de montar- le recordó Jake -prometimos que esta tarde te enseñaríamos el rancho-. Miró a Esme, que ya había recogido casi todo, y el lavaplatos estaba en marcha.

-Ve- la animó con una sonrisa -ya casi está todo-.

-Voy arriba a cambiarme; gracias Esme- salió deprisa de la cocina.

-¡Te esperamos en el establo!- oyó que le gritaba Jasper desde abajo. Los chicos salieron, y Carlisle se acercó a Esme por detrás, rodeándole la cintura.

-Por fin un poco de intimidad- ronroneó contra la suave piel de su cuello, dejando un pequeño beso. La mujer rió divertida, volviéndose y quedando frente a frente.

-Bella puede bajar en cualquier momento- le reprochó con cariño, pero no protestó cuando Carlisle dejó un pequeño beso en sus labios. Le rodeó el cuello, dispuesta a devolverle el beso... pero unas espuelas resonaron, acercándose.

-Oye papá... ¿sabes si Sam ha llamado para que reparen la máquina de pienso?- Carlisle y Esme se separaron sobresaltados al oír la voz de Jake. Esme se volvió hacia el fregadero, y su padre se apartó cómo un resorte de ella.

-¿Qué decías?- preguntó a su hijo, que justo aparecía por la puerta de la cocina.

-Que si Sam ha llamado para que vengan a arreglar la máquina de pienso- repitió éste, mirando a ambos simultáneamente.

-Ehhh... sí.. creo que me lo ha comentado esta mañana- respondió, todavía un poco aturdido.

-Está bien; ¿vais a acercaros después?; vamos a llevar a Bella a ver los pastos- les ofreció.

-Tengo trabajo esperándome en el despacho- le respondió su padre -quizá un poco más tarde- le propuso.

-Yo también me acercaré a los establos después- dijo Esme volviéndose.

Jake se despidió de ellos, y se fue rumbo a los establos, reprimiendo la carcajada hasta que salió de la casa. Todavía seguía riéndose cuándo llegó al encuentro de sus hermanos.

-¿Qué te hace tanta gracia?- preguntó Edward, ensillando su caballo.

-Por poco pillo a papá y a Esme en un arranque de pasión- les explicó. Jasper miró a su hermano, negando con la cabeza.

-Apuesto a qué volviste a la cocina sólo para ver si los cazabas- adivinó, con una ceja alzada.

-Pues claro- respondió éste, cómo si fuera obvio -no entiendo por qué juegan al escondite; no nos vamos a escandalizar- murmuró, buscando un caballo apropiado para Bella.

-Deberías ensillar a Mistie; es la más dócil- le aconsejó Jasper. Hizo caso a su hermano, y en ello estaba cuándo la figura de Bella apareció por la puerta.

-Estoy un poco desentrenada- advirtió a los hermanos, mirando un poco precucada a los caballos.

-Tranquila, iremos a tu paso- le prometió Jake -te presento a Mistie; es muy buena y tranquila- Bella se acercó a la yegua parda, acariciándole el hocico.

-Es muy bonita- admiró; hacía tiempo que no montaba, y ese pensamiento le hizo acordarse de su padre, y cómo el le había enseñado a montar a caballo. Los hermanos se dieron cuenta de su tristeza, y adivinaron lo que pasaba por la cabeza de la chica.

-¿Vamos entonces?- dijo Jasper, en un intento por alegrar un poco el ambiente; Bella asintió, y con la ayuda de Jake, pronto estuvo encima de la grupa del caballo. Tomó las riendas, encaminándose hacia la puerta, dónde estaban ya Edward y Jasper encima de los suyos. Bella miró los caballos negros de raza apaalosa que ambos montaban; los apaalosa eran la raza favorita de su padre.

-Qué bonitos- dijo admirándolos con una sonrisa.

-Te presento a Bings- le dijo Jasper, señalándole a su caballo -el de Edward se llama Concord, y el de Jake Mr. Spock- Bella hizo una mueca extraña.

-¿Mr. Spock?- repitió -¿cómo el doctor Spock, de Star Treck?- preguntó.

-¿Qué tiene de malo?-inquirió Jake, poniéndose a su altura -me encanta Star Treck- le aclaró con una graciosa mueca.

-Nada, nada- contestó ésta de inmediato -¿no es un nombre un poco raro, para un caballo?-.

-Te lo dije- rebatió Jasper, mirando a su hermano mientras rodaba los ojos.

-¿Podemos dejar esta absurda conversación y marcharnos de una vez, por favor?- pidió Edward, con voz cansada.

-No protestes tanto, ¿acaso tienes prisa?- le interrogó Jasper, mirándolo con el ceño fruncido. Edward giró las riendas con maestría, saliendo del establo, seguido del resto.

Bella iba entre Jake y Jasper, que le mostraron la extensión del racho Killarnery, explicándole hasta dónde llegaban sus tierras. Bella admiró los toros, vacas y terneros, que pastaban a sus anchas en los diversos prados, cercados los unos de los otros. Jake y Jasper se metieron en el de los toros, pero Bella se quedó fuera; siempre le habían impresionado esos enormes animales, y las afiladas cornamentas que coronaban sus testas.

-Mi padre me dijo que los descornabais- preguntó tímidamente a Edward, que se había quedado fuera con ella.

-Y así es- contestó sin mirarla -pero sólo a los que nacen aquí; todos éstos son adquiridos en subastas o comprados- le explicó escuetamente.

Bella se percató de que Edward no tenía muchas ganas de hablarle, de modo que se alejó de su lado, acercándose más a la barrera. Edward observó cómo se alejaba, mirándola de reojo. Todavía no encontraba explicación alguna a lo que había pasado a la hora de la comida... ni por qué esos ojos habían calado tanto en su mente. Prosiguieron el paseo a caballo, y de vuelta a los establos, le enseñaron a Bella los terneros recién nacidos; ahí si que se atrevió a entrar; incluso alimentó con el biberón a uno de ellos, que estaba un poco débil.

-Se te da bien- le dijo Jake, que estaba acuclillado a su lado, acariciando el lomo del becerro.

-Recuerdo el rancho de mi padre, en Montana- le contó, mientras alimentaba al pequeño -siempre que podía, me escabullía a verlos; me encantaba darles de comer- le confesó.

-¿Te acuerdas mucho de él, verdad?- la joven asintió, con una mueca de tristeza.

-Todavía me cuesta hacerme a la idea- bajó la vista al ternero, en un intento por esconder sus ojos, vidriosos por la emoción. Jake le puso una mano en el hombro, reconfortándola.

-Bella; mi padre nos contó tu situación, y lo mal que te ha tratado tu abuela- déjame terminar- le pidió -pero aquí nadie va a hacerte daño; lo único que queremos es que olvides todo eso-.

-Sois demasiado buenos- repitió Bella una vez más, agradeciendo las palabras de Jake con una sonrisa sincera.

-Si alguna vez quieres hablar, ya sabes que puedes contar conmigo; incluso con Jasper y Emmet- añadió -soy un consejero estupendo; mi especialidad es escuchar a las mujeres- Bella rió divertida.

-Qué modesto; ¿puedo hacerte una pregunta?-.

-Dispara-.

-¿Cómo es que no tienes novia?- preguntó sin más rodeos. Jake se encogió de hombros, en un gesto despreocupado.

-He salido con varias; supongo que no ha aparecido la adecuada- le explicó con simpatía y naturalidad -¿y tú?- interrogó malicioso -¿a cuántos chicos has partido el corazón?- Bella se sonrojó ante la pregunta, ante la diversión de Jake.

-Tuve un novio en el penúltimo año de instituto- confesó, roja cómo una amapola -pero nada serio- Jake la observaba divertido.

-Vale, vale- levantó las manos, en un gesto pacificador -por hoy es suficiente-.

-¿Significa eso que vas a seguir interrogándome?- preguntó Bella, alucinada.

-Nunca hemos tenido una hermanita a quién proteger y espantarle los moscones... de modo que mis hermanos y yo nos vamos a divertir- la picó malicioso.

-Serás...- Bella le un pequeño manotazo en el hombro, y ambos rieron divertidos, sin darse cuenta que unos ojos los escrutaban desde la distancia.

La suave risa de la chica resonó en los oídos de Edward... y muy en el fondo, sintió una punzada de alivio al verla reír tan abiertamente... pero a la vez entrecerró los ojos, mirando cómo compartía bromas y conferencias con su hermano mayor.

-¿Qué te pasa?- volvió la cabeza ante la pregunta de Jasper, que se había acercado a su lado.

-Nada- apartó su mirada, acercándose a uno de los terneros.

-Estás muy raro- meditó Jasper en voz alta, con el ceño fruncido.

-No me pasa nada- resopló, un poco enfadado. Jasper le miraba torciendo la boca, en un gesto de desacuerdo.

-No te lo crees ni tú- contestó -¿por qué has saltado así con Bella esta mañana?- le preguntó sin dar más rodeos.

-Ella no es quién para decirnos cómo desempeñar nuestro trabajo- replicó, abriendo el bebedero para los animales. Jasper resopló cabreado.

-Y ella lo sabe, Edward; por el amor de dios, no lo dijo con mala intención... ¿Edward?, ¿me estás escuchando?- preguntó; al volverse, se dio cuenta de que su hermano se había alejado, sin hacerle caso... volvió la cara, mirando en la misma dirección que Edward. Jake y Bella reían divertidos, de seguro por alguna de las ocurrencias de su hermano. Miró de reojo a su hermano pequeño, quedándose de piedra...¿eran imaginaciones suyas... o Edward estaba celoso?.

-No puede ser- murmuró entre dientes, pero Edward lo oyó.

-¿Decías algo?- Jasper meneó la cabeza.

-Nada, nada- ni por asomo iba decirle algo referente al tema -ésto se pone interesante- celebró para sus adentros. Unos minutos después, Paul y Jared, dos de los vaqueros, entraban en el establo.

-Disculpa Jasper; hay una mujer que pregunta por alguno de los gerentes- le informó Paul.

-¿Quién es?- interrogó extrañado; no esperaban a ningún comprador esa tarde.

-Dicen que viene de parte de la Comisión de ganaderos del condado- se explicó Jared, encogiéndose de hombros.

-¿Vosotros habíais quedado con alguien?- preguntó a sus hermanos, que se habían acercado, al igual que Bella. Edward y Jake negaron con la cabeza, de modo que Jasper salió a su encuentro, con el resto detrás suyo.

Una joven bajita y morena, con el pelo corto y ojos azul cielo miraba con detenimiento a su alrededor. Vestía un caro traje de chaqueta color cereza, y calzaba unos altísimos tacones negros.

-Soy Jasper Cullen, ¿puedo ayudarla en algo?- inquirió con educación. La chica frunció el ceño, mirando los papeles que sostenía en un brazo.

-Pensaba que el gerente del racho era... Carlisle Cullen-.

-Es mi padre; mi padre y mis hermanos compartimos la gerencia del rancho- le explicó. La joven se ajustó sus modernas gafas negras, ojeando unos papeles, pero Jake se adelantó, saludando a la joven.

-Jacob Black- la joven lo miró por encima de sus gafas arqueando una ceja -hijastro de Carlisle -le aclaró.

-Edward Cullen- se presentó el otro hermano.

-Es un placer; la Comisión ganadera del condado ha iniciado unos estudios destinados a mejorar la calidad de la carne- les explicó sin más preámbulos -según tengo entendido, ustedes crían ganado para los mataderos-.

-Una parte de nuestro ganado- le recalcó Jasper -¿quiere ver la nave de engorde?- la joven morena asintió, y Jasper, caballeroso, le cedió el paso. Edward, Jake y Bella los siguieron a poca distancia.

-¿Qué es la nave de engorde?- inquirió Bella, mirando a Jake.

-Es dónde tenemos a las reses destinadas a la venta, bien sean mataderos o empresas de alimentos privadas; vigilamos su dieta, hasta que llegan al peso de matadero y son aptas para el consumo- Bella escuchaba atentamente la explicación. Llegaron a otro de los establos; era alargado e inmenso, y lleno de vacas.

-Veo que tienen mecanizado el sistema de alimentación- observó la joven, mirando los aparatos.

-También contamos de la ayuda de veterinarios y nutricionistas- añadió Jake. La chica se adentró en el establo, observando de cerca a las reses y tropezando sin parar con sus zapatos de tacón.

-Se va a caer; no es muy aconsejable meterse aquí con esos zapatos- la chica levantó la vista, arqueando una ceja, ante la observación de Jasper, pero ignoró el comentario.

-¿Por qué tienen ésto?- señaló una fila inmensa de barras de metal, en las que la cabeza de los animales quedaba atrapada entre dos hierros.

-Es para que cada una coma lo que se le echa, y después no se coma la comida del de al lado- le aclaró Jake.

-No les hace daño ni les apreta- añadió Edward -simplemente es para mantenerlas en su sitio-.

-Hay estudios que demuestran que es un método arcaico y en desuso- atacó la joven. Jasper abrió los ojos, sorprendido.

-Verá señorita...- dejó la frase inconclusa.

-Brandon, Alice Brandon- dijo ésta.

-Señorita Brandon; puede que el sistema le parezca arcaico... pero le aseguro que da muy buenos resultados- por la cara que puso Alice, Jasper supo que no la había convencido.

-Según unos estudios recientes de la universidad de Ohio, está comprobado que engancharles del cuello puede causarles traumas psicológicos- los tres hermanos y Bella no daban crédito a sus oídos.

-¿Perdón?- preguntó Jasper, alucinado por lo que oía.

-Comer así no beneficia en absoluto a los animales- respondió, pagada de sí misma.

-¿Y qué pretende?; ¿qué les demos el pienso con cuchara?- contraatacó Jasper, pegando un puntapié al suelo, con la punta de su bota.

-No sería mala idea- sugirió con una sonrisa perversa -era una broma- les aclaró de inmediato, pero a Jasper no le hizo ninguna gracia.

-Pues si conoce algún otro método para que el ganado se alimente... la escucho- la instó, cruzándose de brazos.

-Pueden instalar los comederos libres de los ganchos- sugirió, poniéndose bien las gafas.

-Si hacemos eso, no controlaremos lo qué comen, y el peso se puede disparar- respondió, pagado de si mismo.

-Pero sería más beneficioso para el bienestar de los animales- Jasper se agarró el puente de la nariz con los dedos, resoplando en voz baja.

-Los animales, gracias a dios, están muy bien cuidados- respondió con paciencia.

-No lo dudo... me refiero a su bienestar psicológico... los animales cuidados con esmero producen mejor carne; está científicamente comprobado-. Edward la miraba cómo si estuviera loca, mientras que Jake estaba rojo, intentando contener la carcajada. Bella miraba a la chica alucinada.

-Mire, señorita Brandon; no tengo tiempo para ésto... cuándo mis vacas necesiten un psiquiatra, tenga por seguro que la llamaremos- la carcajada de Jake resonó en el establo Alice lo miró furibunda, quitándose las gafas y yendo hacia la salida.

-Puede que se lo tome a broma; pero la comisión dice qué...- Jasper la interrumpió, ya sin paciencia alguna.

-No me a convencer de que les ponga un comedor con música chill out para que se relajen; me modo que encantado de conocerla y hasta otro día- se despidió, ya en la puerta.

La pequeña mujer salió hecha una furia, lanzando juramentos; iba tan distraída y tropezando con los tacones, que por poco se cae al abrevadero de los caballos; consiguió mantener el equilibrio para no caerse dentro. Las risotadas de Jake y Edward llegaron a sus oídos.

-Y para la próxima vez, venga con algo menos peligroso que esas trampas mortales; no se puede andar en un rancho con tacones- le recomendó Jasper, cruzado de brazos y mirando con una sonrisa malévola cómo se alejaba, mascullando algo nada agradable entre dientes. Se volvió a Bella y a sus hermanos, que no podían parar de reír.

-Sin comentarios- rodó los ojos, entrando de nuevo al establo, seguido de Edward.

-¿Siempre tenéis estas visitas tan extrañas?- preguntó Bella a Jake, que le limpiaba las lágrimas causadas por la risa.

-Bella- Jake la tomó de los hombros -bienvenida al rancho Killarnery- la joven castaña sonrió divertida, negando con la cabeza.

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Después del tour por el rancho, y de la peculiar visita; Bella dejó a los hermanos terminar sus quehaceres, y ella volvió, para preparar la cena. Horneó el pastel de manzana que había preparado al mediodía, y decidió hacer un rissoto con setas y queso fundido cómo plato principal. Con la ayuda de Esme, puso la mesa en el comedor, ya que venían Rosalie y Emmet a cenar. Obviamente, el tema de conversación fue la visita de la señorita Brandon. Emmet se doblaba de la risa, golpeando el puño en la mesa.

-Os veo dándoles de comer a las vacas con cuchillo y tenedor- decía entre risas.

-Pobrecilla; parecía muy profesional- la defendió Bella, recordando el divertido intercambio de opiniones.

-Lo qué os habéis perdido- relataba Jake a Esme y a su padre.

-Espero que por lo menos le hayáis dicho, con educación -recalcó Carlisle -que no estamos interesados en esos estudios-.

-Dudo que vuelva a venir por aquí- respondió Jasper, pagado de si mismo... y sonriendo para sus adentros, recordando a la chica.

Después del postre y del café, Bella se fue a recoger la cocina, con la ayuda de Esme y Rosalie, que se fue con ellas, ya que los hombres se enfrascaron en conversaciones de negocios.

-La cena estaba deliciosa, Bella- la felicitó Rose -tienes que darme la receta de la tarta de manzana; a Owen y a mi nos ha encantado- suspiró satisfecha, tocándose la tripa.

-¿Es un niño?- preguntó con una sonrisa -no lo sabía, felicidades-.

-Emmet está cómo loco- contestó feliz -por cierto; nos tendrás aquí todos los sábados- le informó -sabes que Emmet y sus hermanos con co-propietarios del rancho, junto con su padre- le aclaró, al ver su cara interrogante -siempre viene a echar una mano... no puede vivir sin sus animales- confesó divertida.

-Entonces menú especial para ti y para Owen los sábados- resolvió satisfecha, ante la divertida mirada de Esme, que seguía la conversación entre las jóvenes.

Después de un buen rato de charla, Emmet y Rose se fueron a su casa; cuándo las luces se apagaron en el rancho Killarney, Bella hacía un repaso mental a todo lo vivido en el día. Se giró hacia la foto de su padre, y en silencio le dio gracias, por brindarle la oportunidad de tener una familia, y pertenecer a un lugar.

Con ese pensamiento se durmió satisfecha... y cuándo estaba sumida en su sueño, unos ojos verdes y un pelo cobrizo se colaron en su mente.

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listo chicas, otro capi tardio pero seguro de este interesante fic, disfruten comenten, y voten

jueves, 10 de mayo de 2012

La Bestia del Castillo




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Capitulo 3.- Nueva esposa 

Edward pov

La escuche llorar desesperadamente cuando fui a buscarla. 

Pensé en entrar pero quizá llora por el hecho de yacer conmigo. Como hombre inteligente deje que Carmen se ocupara de ella. Para cuando regrese a su recamara estaba más tranquila, aunque sus ojos estaban rojos completamente. 

Me gusta de manera física. Se ve bien. Lo único que no me agrada es esa tendencia que está demostrando a desafiarme en cada oportunidad. No puedo cruzar tres líneas sin que diga algo que me haga enfurecer. Su hermano es igual, motivo por el que seguía en el calabozo. 

Tres horas han pasado desde que salí de su recamara, su imagen me persigue si cierro los ojos o si no. Verla apenas envuelta en la manta mojada y pegada a su piel me había excitado. Es hermosa. Ojos de color como el oro, cabello largo en ondas, rojo como el vino, quizá más claro, pero a la luz del sol se ve como el fuego. Absolutamente hermosa. Labios rojos, cuerpo esbelto, pequeña pero llena en donde debe. No me costará nada consumar el acto. 

Pero no quiero que sea de esa manera, esa mujer no puede siquiera estar frente a mí sin aterrarse. 

¿Cómo puedo pensar en hacerle otra cosa si con un simple beso tiembla como hoja al viento? 

¿Cómo mi reputación se daño tanto? Lo único que hice fue luchar todo este tiempo por mejorar mi clan, por sacarlos adelante. 

Pero la verdad es que hasta mi propia gente me mira mal, apenas cruce la puerta de los calabozos, me atravesaron con la mirada. No cambiaron la expresión cuando la vieron salir. Vaya. 

-¿Qué haces aquí? ¿No se supone que es tu noche de bodas?- pregunto Emmet, entrando con Jasper detrás, al despacho. 

-sí- dije sin explicar más. 

-bueno entonces brindemos por tu… por lo que sea- dijo Jasper sacando el whisky añejo. 

Una botella nueva de la caja que me regalaran cuando cumplí 18 años. Diez años atrás. 

La edad del licor me hizo pensar en la edad de mi esposa, es joven, 22 años apenas, pero muestra una madurez increíble. Y un sentido del deber para con su familia casi tan fuerte como el mío hacía mi clan. 

Brinde con ellos sin saber exactamente por qué lo hacía, después de dos vasos se marcharon dejándome ahí. Para cuando subí o me arrastre hasta mi habitación la botella no esta vacía pero le falta muy poco. 

Me tire en la cama aun con las botas puestas. Me quede mirando hacía el techo. Su habitación esta justo encima de la mía. Por un momento pensé que estaría dormida, pero después escuche algunos ruidos. Pasos. Cosas que se arrastran. 

-¿Qué haces?- pregunte entrando sin anunciarme. 

Cinco segundos después de decidirme a subir. Esta en bata, muy hermosa a la luz del fuego donde esta de pie. 

-hum… solo me calentaba, tengo un poco de frio- dijo sin mirarme. 

-metete a la cama, estarás mejor ahí, yo me encargo del fuego- dije. 

Me miro apenas antes de asentir y meterse bajo las mantas gruesas. 

Arroje más leños al fuego, hasta que ardió con vivamente. Me quede ahí de pie sin saber qué hacer. Tal vez si me acerco de otra manera y no listo para saltarle no le dé tanto miedo yacer conmigo. 

Pero por desgracia el tiempo de se acaba. Necesito embarazarla pronto y a veces los intentos no dan resultado de manera inmediata. 

-¿te sientes mejor?- pregunte unos minutos después. 

-si gracias… señor ¿mi hermano…? 

-fue liberado en la tarde y partió enseguida con todo lo que prometí para tu clan- dije molesto. 

-¿lo libero sin dejarme despedir de él?- pregunto sentándose y mirándome por primera vez. 

-está libre ¿Qué más quieres? Tu gente podrá pasar el invierno sin morir de frio. Agradécelo y olvídalo- dije dispuesto a salir. 

-Espere. Usted cumplió su parte pero… yo no he cumplido la mía…- dijo sin mirarme a pesar de que estoy aun frente a ella. 

-¿me temes?- pregunte 

- no lo conozco. ¿Cómo podría no temer?- pregunto a su vez. 

Entonces pensé que el miedo de antes no fue precisamente por lo que todos suponen que soy sino porque no me conoce. Quizá es el temor que cualquier mujer mostraría ante un hombre desconocido que va a tomarla por primera vez. 

-¿Cuál se supone que será mi papel aquí?- pregunto mientras yo me sentaba en la cama a su lado. 

-bueno serás la mujer que me dé hijos, me es necesario tener herederos… después si quieres regresar a tu casa o marcharte a un convento será tu decisión- 

-¿me apartara de mis hijos?- pregunto asustada. 

-no… no es eso lo que quise decir, me refiero a que si eres infeliz o no quieres estar más tiempo a mi lado podrás marcharte- respondí. 

-entonces en sí solo me necesita para tener a sus hijos, como yegua de cría- dijo apenas en un susurro. 

La mire pensando que aunque suene horrible, es así, solo para eso la necesito. Jamás podre amarla. 

¿O sí? No. 

No la conozco y no me interesa hacerlo. Decidí que es hora de empezar con las obligaciones maritales. Necesito hijos y pronto. 

Sin hablar más y porque no sé tampoco que decir, tome su mano. Es suave su piel y el contacto me hizo sentir excitado, me incline apenas para besarla. No se aparto, no hizo nada más que esperar. Decidí avanzar un poco más. Me levante mientras me quitaba la camisola. No me miro. 

Rodee la cama y hasta subirme por el otro lado. La bese un poco más. La tensión en su cuerpo parecía ir disminuyendo un poco. Seguí con los besos suaves, apenas conteniéndome. Hasta que abrió los labios, hasta que sentí su lengua en apenas un roce a mis labios. 

Su sabor es mejor de lo que imagine. Me gusta besarla, besarla de verdad. Quite las mantas que la cubren y la tome por la cintura dejándola sobre mis piernas mientras me apoyaba en el cabezal de la cama, así podre besarla mejor. 

Baje una mano por su espalda, la otra por su brazo llevándome la prenda que la cubría. Para cuando la tuve desnuda de arriba sus besos eran intensos. Estaba respondiendo mejor de lo que pensé. La deje sobre la cama. Y sin dejar de besarla recorrí con mis manos su cuerpo. Es hermosa. Senos redondos, blancos como ella, tome uno entre mi mano y el otro entre mis labios. 

La escuche gemir apenas mientras sus manos se aferraban a mis hombros, baje mis labios por su cuerpo, lentamente, por su estomago, su vientre. Regrese por el mismo camino, es muy pronto para hacerle todo lo que quiero. Me centre en sus labios de nuevo. Baje mi mano por su cuerpo, acariciándola, sintiendo su suavidad, su calor. 


Bella pov 

Siguió con los besos, eso me gusta. Sentí sus manos entre mis piernas. Me tense sin saber que sigue. Gemí más alto cuando me toco y seguí haciéndolo mientras hacía círculos con sus dedos. Me sentí rara, como si algo se fuera a romper dentro de mí. Con cada caricia mi cuerpo se tensa mucho más. Y la humedad en ese punto donde toca es cada vez más grande. Se mueve con mucha rapidez, su boca acalla la mía. 

Mi cuerpo tomo vida moviéndose solo, enterré mis uñas en su cuerpo mientras ese algo dentro de mi ese hacía pedazos haciéndome sentir fuera de este mundo. Me escuche gritar mientras no dejaba de mover sus dedos sobre mí. De la nada los introdujo en mi cuerpo llevándome a otra dimensión. Es aun más placentero. Sin saber en qué momento mis manos tomaron la suya moviéndolo más rápido dentro de mí. 

Sentí su boca sobre mis senos otra vez y el placer fue mayor, tiene que ser placer porque no encuentro otra palabra para lo que me hace sentir. Para cuando me tuvo gritando de nuevo y más alto se puso sobre mí. No fui consciente de en qué momento se desnudo o cuando me desnudo por completo. Abrí los ojos cuando sentí algo duro en mis pliegues. Entonces fui consciente de mi realidad. 

No es Jacob. 

No es el hombre de mis sueños. Entre saber eso y el hecho de que me penetro en ese momento las lágrimas salieron sin poder evitarlo. Su mirada de infelicidad pura me hizo sentir peor, porque aunque yo sí disfrute lo previo pensando que era Jacob quien me acariciaba, es obvio que yo no lo estaba complaciendo en nada. 

Su mirada es de arrepentimiento total. 

Ya no hubo más placer. 

Me duele mientras se mueve y no puedo decirle que no porque es mi esposo, mi deber es dejarme. 

Solo puedo mirar a otro lado y esperar que termine pronto y se marche. 

-¿te lastime?- pregunto cuando por fin se dejo caer a un costado. 

-un poco- dije. 

Mentí. 

-lamento eso, la primera vez suele ser difícil para las mujeres, mejorara con los días- dijo apenas 

-¿se va a repetir?- pregunte con mas disgusto de lo que me habría gustado. 

-tanto como sea necesario, visitare tu cama o tú la mía hasta que quedes embarazada- dijo con un tono de voz que ya me es familiar, mientras se vestía rápidamente. 

Esta molesto de nuevo. Pero que me trate como una cosa hecha para parir fue más de lo que soporte. 

-¿le propuso lo mismo a su primera esposa?- ataque sin pensar. 

Se giro hasta tomarme de los hombros y sacarme de la cama. Me levanto del suelo apretándome con sus dedos de manera bestial. Como todo en él. 

-¡¡¡jamás vuelvas a mencionarla, no tienes derecho, no eres nadie para hacerlo, junto a ella tú no vales nada!!!- dijo antes de arrojarme sobre el suelo, salir dando un portazo y dejarme ahí. 

Me quede tirada hecha ovillo, llorando, temblando y aterrada. 

¿Por qué mi vida es tan desgraciada? Me sentí miserable. Infeliz y miserable. Morir es mejor. 

Sabiendo que no podía pasar un minuto en esa cama, al levantarme quite todas las mantas que pude y las coloque cerca de la chimenea. Me acomode ahí y espere que nadie llegará a molestarme. 

Decidida a eso puse una silla contra la puerta. Me acosté y me envolví lo mejor que pude pero el ardor entre mis piernas empezó a hacerse realmente molesto. Recordé que la tina seguía con agua. Me arrastre hasta ahí y me deje caer. No me importo hacer un desastre. 

Estaba realmente fría pero eso es bueno, al menos mi carne ya no arde tanto. Me quede ahí un rato más hasta que la puerta cedió con todo y la silla, me gire sobresaltada. Mi esposo. 

-¡¡¡¿Qué demonio haces ahí?!!! ¡¡¡te enfermaras, el agua debe estar fría!!!- dijo yendo hacía mi con el rostro enmarcado por la furia. 

Sin querer me encogí al imaginar que me maltrataría de nuevo. 

Se detuvo cuando lo hice. Por un momento me miro sin decir nada. Entro al armario y saco unas mantas. Se acerco a mí y espero que me levantara. Lo que hice sin mirarlo. Me envolvió en las prendas y me llevo a la cama, o eso intento hasta que la vio sin nada encima. 

-¡¡¡¿Qué demonios pensabas?!!!- pregunto cuándo buscando por la habitación conmigo en brazos encontró las mantas junto a la chimenea. 

-tenía frio- susurre. 

Un gruñido casi animal salió de él. Me dejo de pie en medio de la habitación y salió cerrando detrás de él. No regreso. 

Me seque lo mejor que pude y me acosté de nuevo junto al fuego. Un minuto después entro Carmen. 

-mi Señora ¿Qué hace ahí? Venga, siéntese aquí mientras le arreglo la cama- dijo dejándome en el banquillo del tocador - El Señor estaba muy molesto. Mire señora, yo sé lo que se dice de él, pero no es todo cierto. No es malo, solo que el dolor y la soledad lo han hecho duro. Ya verá que cuando lo conozca mejor las cosas serán diferentes, mi señor es bueno, en el fondo lo es- dijo mientras arreglaba todo de manera rápida. 

Cuando llego a las sabanas ensangrentadas se quedo pensando unos segundos, las retiro de inmediato y puso otras limpias. 

-vamos señora, ya esta lista su cama, pondré piedras calientes para que no pase frió y un poco mas de leña en el fuego. ¿Quiere que le ayude en algo más?- pregunto mientras me secaba el pelo como quizá una madre lo hiciera con su hija. 

-no… sí. Me duele mucho- dije sin especificar. 

-la traeré algo para eso y me asegurare que nadie la moleste mañana- dijo cuando termino de secarme y cepillarme el cabello. 

Me acosté sintiéndome mejor, mucho mejor. 

-tome, esto le quitara las molestias- dijo un rato después despertándome, me entrego una taza humeante de algo que sabía realmente bien. 

-gracias Carmen, creo que me serás de ayuda. Si no te importa quisiera dormir- dije 

-buenas noches señora. Vendré en la mañana- se despidió. 

Y el sonido de la puerta al cerrarse fue lo último que escuche antes de perderme.


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Listo niñas; sorry por la tardanza pero aquí esta el capitulo atrasado, espero les guste.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Y mi final feliz?



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Capítulo I
¿Y la Escuela?... Comienza



Bella, respira – me dije - ... listo 

- Buenos días - salude al entrar a la pequeña oficina - Soy... Eh, busco al Director Perkins - me retracte al presentarme ya que no quería hacer tan pública mi llegada. 

- Oh! Isabella, ya estás aquí - me dijo la secretaria cuando me vio (que efusividad) - solo dame un minuto - termino y salió disparada dentro de la oficina del director como si fuese a contar la noticia del año. Pero tal vez era así, yo era la nueva y al parecer eso era una gran noticia para comentar. 

- Muñequita, ya puedes pasar a la oficina - me dijo demasiado entusiasmada para mi gusto, su amplia sonrisa remarcaba más sus ya grandes cachetes y sentía que de un momento a otro iban a explotar, por lo que di tres pasos grandes hasta llegar a la puerta y suspire aliviada. 

Después de veinte minutos con el director ya estaba informada sobre las reglas del instituto, mi horario y la lista de profesores que me impartirían clases. Era primer día de escuela, algo me debía salir bien, así que cuando vi el reloj me percate que faltaban cinco minutos para la segunda hora de clase, al final no iba a perder tanto por llegar tarde. 

Con mi bolso al hombro revise la cartilla de clases mientras avanzaba por el pasillo. 

10:00 a.m. - Calculo - Aula 5 - Edificio B 

-No es justo, ¿Porque calculo? - chille deteniéndome, esto si había arruinado el comienzo oficial de clases. 

- No te preocupes, yo te puedo ayudar si quieres - di un pequeño brinco sorprendida de que alguien me contestara. 

- Hola, soy Alice Swan. Tu eres Bella ¿Cierto? - extendió su mano en forma de saludo. 

- Si - conteste tímidamente aceptando su mano. 

Alice Swan parecía una niña de primer año, un poco más baja que yo, de tez blanca y con un muy alocado cabello negro y corto, pero haciéndola lucir muy a la moda. 

- Excelente - grito dejándome algo sorda - seré tu guía esta semana hasta que te acostumbres y conozcas el instituto - dijo, tomando mi mano, lo cual me causo una extraña sensación de tranquilidad, por lo que no la solté y la seguí mientras ella seguía hablando - Ven, tenemos que ir a clases. Ah, por cierto, seremos compañeras en todas las materias. 

- Que bueno - alcance a responder antes de intentar seguir su maratónica carrera al aula. 

Una vez ahí, Ali, como dijo que la llamara ya me había contado mucho a cerca de su familia. Que su padre es Charlie Swan, el jefe de policía, su madre es Renee Swan y era la dueña de la mejor tienda de pasteles en el centro y sin olvidar las historias de su muy querido hermano, Emmett Swan, un joven de 19 años con alma de niño, según ella. 

Jamás en mi vida había conocido a alguien tan confiado y amable como lo era Alice, decir que me hizo un resumen de su vida era poco, pero no agarro toda la atención para ella, ocasionalmente me hacía preguntas para hacerme sentir en confianza según veía. Y pensar que solamente habían pasado menos de diez minutos. 

Me di cuenta que era una suerte increíble el tenerla conmigo ya que al entrar al salón de clase fue ella la que me presento frente al maestro y todos los alumnos por lo que un simple hola y un mucho gusto fue lo único que salió de mis labios. No pase desapercibida las miradas extrañas de los chicos y las cejas fruncidas de las chicas, por favor chicas, soy la nueva, es obvio que los chicos se fijarían en mí. Solo rogaba dejaran de hacerlo. 

El día paso sin mucha novedad, presentarme frente a todas la clases entre hora y hora (claro que era Alice que lo hacía) y hacer mi entrada triunfal a la cafetería según Alice bajo la mirada de ahora todo el instituto, que vergüenza, mi cara paso de un pálido rosa a un rojo sangre en cuestión de segundos - trágame tierra - susurre mientras me sentaba. 

- Bella, eres tan melodramática - oí decir a Alice quien se sentaba a mi lado y yo como una persona madura opte por la respuesta más lógica, sacarle la lengua. 

Primer día de clases, uno menos. Ya había pasado toda la tortura de presentarme a los maestros y a uno que otro alumno cuando se acercaban a mi (todos hombres). Conocí a un John, Mike, Erick, Ben, Jimmy y no sé cuántos más... Estaba exhausta 

- ¡Enana! - oí gritar mientras avanzábamos hacia el estacionamiento con Alice, pero no le di importancia hasta que la vi sonreír. 

- ¡Oso! - grito Alice 

- ¡Mejor Amiga! - se escuchó después. Raro 

Vi que los gritos provenían de un chico que estaba apoyado sobre una jeep, decir que era un oso le quedaba perfecto a su descripción, alto, fornido y con una sonrisa de niño de 6 años era lo primero que se te podía venir a la mente al verlo. 

- Vamos Bella, te presentare a Emmett - me jalaba del bolso una muy alegre Alice mientras avanzábamos. 

- Hola puerco espín - dijo él. 

- Hola pie grande - contesto Alice 

- Y tú debes ser Mejor Amiga - se dirigió a mi - la Señorita Cullen. 

- Bella, por favor... y hola - respondí después de tomar aire sin entender lo de "mejor amiga" 

- Bueno Bella, un placer. Soy Emmett, el maravilloso, excepcional y súper hermano de la chicharra aquí presente - se acercó a mi dándome un abrazo, definitivamente de oso. 

- ¡Emmett! - lo reprendió Alice mientras aprovechaba que el color volvía a mi después de ese abrazo. 

- Es cierto. Chi-cha-rra - le contesto el alargando la palabra, a lo que Alice lo mirto furiosa - llevas toda la semana diciendo que la nueva - me señalo - ósea Bella, va a ser tu mejor amiga. Y como las chicharras no se callan hasta que llueve - se volteo hacia mí dándole la espalda a una muy molesta duendecilla. 

- Así que - tomo mi mano en reverencia - Lluvia, eres bienvenida - se inclinó y sonrió ampliamente mostrándome su perfecta y blanca dentadura, por lo que no pude más y me uní a sus risas traicionando según lo que oía decir a Alice en sus quejas mi posición de ser mujer. Una mala justificación debería decir. 

Todo era tan raro pero tan gracioso a la vez, de nuevo me volvía a sentir extrañamente cómoda pero ahora con Emmett, el enorme hermano de la diminuta niña junto a mí. 

- Planeta tierra llamando a Bella, cambio - una estridente voz tratando de imitar un comunicador sonaba junto a mi oído. 

- Bella, ¿Estas bien? - me pregunto Alice. 

- Si, lo siento. Solo... estaba pensando - me excuse luego de un segundo. 

- Wow... Piensas, eres muy inteligente Bella - el gracioso Emmett del que Alice hablaba al ataque. Por lo que simplemente voltee los ojos y vi a una sonriente Alice acercarse. 

- No le hagas caso Bella, el pobre apenas aprendió a sumar 2+2 y su cerebro no da para más - Alice en mi defensa. Nota mental: jamás hacer enojar a Alice. 

- ¡Alice! - grito ahora un molesto Emmett 

- la venganza es dulce - me susurraba la susodicha mientras una sonrisa de temer aparecía en sus labios. 

- ¿Qué? - contesto inocente - yo no tengo la culpa de que te hayas caído de la cuna cuando eras pequeño - declaraba Alice mientras Emmett se sobaba la cabeza como si hubiera sido ayer - Si hubieras sido glotón tal vez otra historia seria 

- Soy glotón... y ¿qué? - sonrió Emmett maléficamente - tan siquiera yo no parezco un canguro con vestido saltando de un lado para otro - ataco. 

Me sentía una espectadora en este momento viendo un gracioso programa de televisión en donde un gorila y una conejita discutían sus diferencias. Y para seguir con nuestra madurez adolescente Emmett y Alice comenzaron una guerra de lenguas. Pero se hacía tarde y yo debía regresar a casa



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listo chicas, tarde pero seguro :)

Humor

Bella: Hazme vampiro

Ed: Casate conmigo

Bella: Puedes pasarme ese libro Eddie?

Ed: CASATE CONMIGO!

Bella: ¡Edward!

Ed: que?

sabado de puro humor ^^