martes, 6 de marzo de 2012

Entre el amor y la guerra



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Capitulo 16.- La espera

Bella pov

-no me digas que tenga calma, mi esposo sigue en peligro de morir y lo último que necesito es tu discurso, maldita sea Jake, solo déjame sola- dije mientras lo sacaba a empujones.

De la habitación que fuera mía en el castillo de Eorlingan, di vueltas de un lado a otro, mi esposo aun presa de la fiebre, un agujero en el pecho lo atraviesa y una maldita infección que no quiere ceder a pesar que se hace todo lo posible. Es una pesadilla y no voy a despertar.

Seis días antes había caído a mi lado mientras me rescataba del castillo de Aro Masen.

Recuerdo

-¡¡¡Ayuda!!! ¡¡¡Jake ayúdame!!!- grite apenas vi a mi mejor amigo entre la gente luchando.

-¿Bella estas bien?- pregunto llegando a mi lado mientras se quitaba de encima a otro guardia.

-no soy yo, es él- apunte a donde Edward estaba tirado.

-lo sacaremos de aquí, cúbreme- dijo mientras me entregaba su espada.

Se puso a mi esposo al hombro lo mejor que pudo sin herirlo más.

Entre Sam quien había llegado hasta nosotros con dos hombres más que no reconocí y yo logramos abrir paso entre los hombres de Masen intentando llegar a donde los aliados estaban. Me toco por primera vez luchar de verdad. Para algo me ha servido mis años de entrenamiento a escondidas con Jake. Logre atravesar a tres antes de recibir un corte profundo en el brazo.

Por suerte Garrett estuvo a mi lado antes que otro tipo me atravesara.

-niña, necesitas una armadura- dijo Garrett.

-la tengo… en casa- dije respondiendo apenas.

-vamos, el barco de tu esposo está más cerca- dijo y junto con sus hombres nos saco de la batalla.

-váyanse, atiendan a mi yerno y no se preocupen por nada. Bella hija… ya tendremos tiempo de hablar- dijo mi padre abrazándome mientras una tripulación pequeña y el curandero de los Cullen nos acompañaba.

Apenas acomodaron a Edward en la recamara que usáramos en nuestro viaje el hombre se dedico a atenderlo. Me quede ahí, sin prestar atención al brazo que sangra y que duele de verdad.

Más me duele el alma de ver a Edward pálido.

Casi muerto.

-vamos Bella, necesitas vestirte y que te revise el brazo, de nada le servirás a Edward si te enfermas también- dijo Jake sacándome de la habitación.

-no tengo ropa aquí- dije

-pero tu esposo te trajo algo, pensó que lo podrías necesitar. El baúl esta aquí- dijo antes d señalarlo y salir.

Tome algo de ahí y lo seguí.

Me vestí como pude, la tira de tela que me pusieran apenas unos minutos antes esta empapada de nuevo. Con un vestido cómodo más que bonito regrese a la habitación donde él esta

-señora, ya saque la flecha, ahora debo cauterizar la herida… no será lindo, quizá deba salir- dijo el anciano

-no, haz lo que tengas que hacer- dije mientras me sentaba en la cama y apoyaba la cabeza de mi esposo en mis piernas.

Uno minutos después con un hierro candente sellaban la herida que tenía en el pecho para que dejara de sangrar. Sus gritos se hicieron insoportables, agónicos y terribles. El olor a carne quemada envolvió el lugar y pensé que vomitaría en cualquier momento pero no lo hice.

-tenemos que darle la vuelta señora- dijo mientras Jake que aun lo sostenía me miraba.

Me baje de su mano y deje que lo acomodaran. Me subí en cuanto pude, lo colocaron con su cabeza sobre mí y Jake se sentó sobre sus piernas sujetando los brazos. Repitieron el proceso y de nuevo grito hasta quedar inconsciente, una vez más.

-es todo señora, termine, ahora solo queda esperar que venza lo que viene, es joven y fuerte, estará bien, déjeme revisarle esto, acompáñeme fuera- pidió tomando mi mano.

-no, atiéndeme aquí - dije mientras Jake acomodaba a mi esposo en la cama.

Me reviso la herida y después de aplicarme un ungüento, enjuagarlo, secar la herida y limpiarla de nuevo dijo lo que ya me temía.

-tendré que quemarla señora o se infectará más- dijo mientras me ponía blanca.

Asentí mientras el hombre me entregaba una taza con té y láudano.

Me la bebí de un trago. Pero no hizo efecto tan rápido como hubiera querido. Apenas solté el traste sentí a Jake abrazarme sujetando mi brazo libre y al otro hombre tomar mi brazo herido y poner una vara sobre mí. Grite y me retorcí hasta que la oscuridad llego.

Fin del recuerdo

-señora ¿le traigo algo de comer?- pregunto una de las mujeres que ahora trabaja en el castillo.

-no gracias, no quiero nada- dije mientras cerraba la puerta.

Nadie tiene permitido entrar salvo Jake y el anciano curandero. Incluso mi madre evita entrar.

-Isabella vas a comer o te saco de aquí y no te dejo entrar de nuevo…- dijo Jake entrando de golpe mientras me cambiaba el vestido.

-sal de aquí Jake, estoy a medio vestir, ¡¡¡lobo estúpido!!!- grite mientras me cubría con la cortina del dosel de  la cama.

-Lo siento, pero no me iré, vas a comer aunque tenga que abrirte la boca a la fuerza, despertaste hace dos días Bella, aun no se te quita la fiebre y no dejare que te sobrepases, si algo peor te sucede y Edward sobrevive me cortara en pedazos muy pequeños- dijo con su frente apoyada en la puerta.

-bien comeré, pero solo queso y algo de sopa- dije mientras lo tocaba en el hombro.

-te lo traigo en seguida- dijo después de mirarme y sonreír.

Lo hizo los dos días que estuve así,  mi esposo sigue igual.

 Con mucha fiebre. Entre Jake y yo lo frotamos en alcohol para bajarle la temperatura. O lo cubrimos de paños húmedos en agua fría. A veces pasamos toda la noche en eso, a veces todo la mañana o la tarde. A veces los tres horarios sin descanso. Empiezo a agotarme.

Cinco días tengo consiente y los tres últimos han sido pesados.

-Bella, ¿puedo pasar?- pregunto mi madre.

-sí, pasa- dije…

Se sentó junto a mí y me abrazo. Nos quedamos en silencio mientras esperábamos que Edward reaccionara. Apenas entendía que estaban vivos, cuando nos trasladaron a las habitaciones, su rostro fue lo primero que vi, después el de Alice.

Recuerdo

-Hija, hija despierta, mi Bella, vamos despierta mi amor…- escuche su voz.

Esta viva. Mi madre está viva. Quise lanzarme a sus brazos como cuando era pequeña pero… no pude moverme.

-mama…-susurre.

-oh mi niña. No te esfuerces, aun estas muy débil, has dormido por días… Mi niña- me abrazo mientras sus lagrimas salían y las mías le hacían compañía.

Sentí una mano tomar la mía. Alice lloraba también.

-Edward… ¿Cómo esta Edward?- pregunte.

-¡¡¡ese maldito cínico, embustero, infiel, indigno, hijo de…!!!-

-Alice no, no digas eso, por favor- pedí a mi furibunda hermana.

-te engaño, nos engaño a todas, por su culpa perdiste a tu hijo Bella, te secuestraron por sus pendejadas… no hermanita, papa lo molera a palos en cuento se despierte- dijo mi hermana.

Y me aterre, mi padre es capaz, aun le parte el cuero a Sam. A mi esposo lo hará puré. Eso me dio fuerzas para moverme. En cuanto pude llegar a la puerta, acampe en la habitación donde lo acomodarán y no deje entrar a nadie.

Fin del recuerdo.

-mama, ¿tu conociste a Aro antes de casarte con papa?- pregunte cuando una de las conversaciones que escuchara en donde los Masen, acudiera a mi memoria.

-sí, Aro y yo estuvimos comprometidos una vez, mi padre se vio en la necesidad de ofrecerme en matrimonio. Pero entonces aparecieron los Swan, Tu tía Irina y tu padre. Ambos eran refugiados de las guerras nórdicas. Tú abuelo Samuel y tu abuelo Jacob eran amigos, por lo que dejo que sus hijos se refugiarán acá. Apenas lo vi supe que estaba enamorada. Cuando mi boda se acercaba, Aro trato de llevarme a la fuerza con él y no esperar la santificación. Charlie me defendió, lucho con Aro hasta que lo saco de las tierras. Mi padre supo de otras cosa que Aro había estado haciendo y cancelo el matrimonio. Para evitar que Aro tratara de reclamarme, me caso con Charlie. Aunque eso era lo que más deseaba- dijo  mi madre sonriendo.

-vaya, nunca nos contaste eso- dije.

-no, ya es bastante malo que seas una réplica de tu padre como para darte ideas románticas sobre luchas por amor- dijo mama.

-bueno, he tenido mi propia batalla y creo que aunque salimos victorioso, he perdido la guerra mama- dije llorando.

-mi niña ¿Qué hiciste?- pregunto conociéndome bien.

-faltarle a mi esposo… eso fue lo que hice- logre responder llorando más fuerte.

-mi niña, cuando las cosa se hacen por amor… no hay falta en ellas- dijo consolándome.

Pero sus palabras no me dan la paz que necesito. Se quedo hasta que fuera hora de cenar.

Emmet entro a ver a Edward, me dejo un beso en la frente y se despidió.

-Rose esta en las últimas semanas y no quiero estar fuera más tiempo, además se quedo muy preocupada cuando desapareciste, dale mi saludos al imbécil de mi hermano… él te ama, por favor, dale una oportunidad de hacer bien las cosas- pidió abrazándome.

-¿lo sabías? –

-sí, pero no me correspondía decir nada, perdóname Bella- pidió con cara de culpa.

-¿Quién más sabia?- pregunte.

-la familia, la gente del pueblo, mira hermanita, sí nadie te lo dijo es porque no queríamos causarte dolor, asumimos que la dejaría, por desgracia no lo hizo a tiempo. Tienes que creerme cuando te digo que la dejo después de regresar de Paris, cuando esa mujer fue a buscarlo, ya se había terminado- dijo antes de salir.

Me quede mirando a mi esposo batirse entre la vida y la muerte.  Y con información que solo agregaba más dolor. Como si mi culpa no fuera suficiente.

Cuando anocheció entro Jake.

-duerme un rato Bella, la fiebre ya paso, desde la mañana no tiene, quizá ya no le regrese. Yo me quedo cuidándolo mientras te acomodas en la habitación de enfrente- dijo.

-no me iré, olvídalo, no dormiré hasta que este despierto y bien- dije sentándome en un sillón junto a la cama.



Edward pov

Apenas abrí los ojos fui consciente del dolor intenso que me atravesaba. Y también lo fui del cuerpo a mi lado. Gire la cabeza con gran dificultad y la vi. Completamente dormida. Y caliente. Mucho.

Mire hacía el otro lado y Jake estaba dormido en el sillón. Con la mano en la espada. Una silla puesta contra la puerta.

-Jake, Jake, despierta…- dije y nada paso.

Ni se mosqueo. Estire la mano hasta tomar un cabo de vela. Se lo arroje a la cabeza. El tipo se puso de pie de un salto desenfundando la espada y mirando a todos lados.

-hey… una herida me es suficiente… guarda eso, me sacaras un ojo- dije mientas me miraba y la sonrisa se formaba en su peludo rostro.

Jamás lo había visto con barba. O el intento de una.

-estás vivo… y estas en problemas… Bella aun no te perdona…- dijo señalando a la mujer a mi lado.

-está muy caliente, ¿está enferma?- pregunte.

-algo así, la infección que tiene aun no cede pero está mucho mejor que tú en todo caso, estaba despierta hace rato, pero como no ha dormido desde que reacciono…- se quedo callado al mirarme.

-no te entiendo nada y menos si lo dices por pedazos. ¿Infección de que o por qué? ¿A qué te refieres con que no ha dormido desde que reacciono? ¿Y dónde estamos? ¿Hace cuanto que estoy aquí? ¿Y qué paso con exactitud?-pedí exigente.

-vaya que eres mandón y preguntón. Bien desde el principio. Cuando salías con Bella del castillo Masen te atravesó una flecha, Bella pidió ayuda y entre mi hermano, dos hombres de Eleazar y ella te sacamos del medio de la batalla. Bella peleo desde que te cargue hasta que la hirieron. Cuando por fin llegamos a donde Garrett estaba, su gente nos cubrió hasta llegar a tu barco, una vez ahí zarpamos de regreso a Vulterra, estamos en Eorlingan, los demás se quedaron tomando el castillo. Cuando te curaron te desmayaste. Fue el turno de ella y aguanto mucho más de lo que pensé. Pero igual se desmayo cuando la quemaron y no despertó hasta que llegamos aquí, hace cinco días- dijo mientras mi cabeza registraba todo.

-¿Dónde la hirieron? -pregunte mirándola.

-en el brazo derecho. Fue un corte muy profundo pero no creo que le quede una marca muy grande. Debiste ver con que fiereza atacaba. ¿Recuerdas la maya que le compraste? bueno no le habría sido de mucha utilidad. Tu esposa era un demonio en poca ropa que los mataba antes de que pudieran quitarle la vista de encima- dijo mientras sonreía.

Lo que me hizo recordar que estaba prácticamente desnuda cuando la saque del castillo. Aun debo saber que paso mientras estuvo ahí. Los rumores que Garrett escucho regresaron a mi mente. Y lo que dijera Charlie sobre separarla de mi también.

-¿cuánto crees que tarde en despertar?- dije.

-no sé, no ha dormido prácticamente nada, pero ahora que ya estas tu despierto quizá lo tome con calma. Ha estado histérica estos días- dijo antes de quitar la silla.

-¿y eso?- pregunte.

-Alice le dijo que Charlie te haría puré y tu esposa entro en pánico, no ha dejado que nadie salvo su mama, tu hermano y yo entremos- dijo antes de abrir y salir.

Me quede ahí mirando a mi esposa, me defiende aun a pesar de todo lo que le hice. Me quede mirándola largo rato.

Igual no puede ir a ningún otro lado. No hasta que las cosas se aclaren. Por fin varias horas después se despertó. Me quede quieto un momento, queriendo saber que haría. Me costó un mundo no abrir los ojos.

Sentí sus manos en mi rostro, acariciándome tiernamente. Un sollozo se escapo de ella. Sus labios rozaron los míos. No me aguante más. La abrace apenas. Se separo de inmediato.

-no te vayas… por favor, necesitamos… no te vayas, no me dejes, eres mi esposa- pedí cuando se levanto y camino hasta la puerta.

-lo siento Señor, no creo ser digna de llamarme su esposa nunca más, está vivo y ahora puedo irme- dijo antes de salir y cerrar.

En vano trate de llegar a la puerta, el dolor y el esfuerzo fue más de lo que pude soportar, me derrumbe antes de siquiera dar tres pasos. Y me quede ahí, porque no podía hacer otra cosa y porque no podía dejar de llorar.

-Señor… pediré ayuda- dijo una mujer entrando mucho tiempo después.

Al menos ya no lloro.

-déjame ayudarte muchacho. Y de una vez tener esa platica pendiente- dijo Charlie entrando un momento después.

-gracias, no nos hemos presentado adecuadamente, soy Edward Cullen… el próximo ex de su hija según entendí antes de partir- dije mirándolo.

Me ayudo a llegar a la cama.

-de hecho, desde hace unas dos horas dejaste de ser próximo para solo ser…- dijo serio.

Lo mire esperando ver alguna reacción de broma al entender que ya no es mi esposa.

-¿Qué dice?-

-me temo hijo que mientras dormías mi loca hija redacto el documento donde invalida el matrimonio entre ustedes y considerando que no tuvieron hijos ni tu padre ni yo pudimos objetar nada para evitarlo. Se marcho enseguida- dijo mientras mi corazón se detenía.

-entonces me dejo…-

-bueno, la engañaste… ¿Qué esperabas? ¿Que se quedara después de todo lo que sufrió? Jake me puso al tanto de todo. En mi casa nunca hubo más mujer que mi esposa, mis hijas no están acostumbradas a eso… Quizá de no haber perdido a la criatura se habría quedado solo para hacerte pasar un infierno, pero después de eso… - dijo negando con la cabeza.

-¿crees que si la busco regrese conmigo?-

-¿la buscaras después de esto?-

-si, en cuanto pueda llegar a la puerta sin caerme en el intento- respondí seguro.

-bien, me alegra haber aclarado eso, ya es malo que mi hija sea mejor espadachín que yo o mis sobrinos como para que encima ande por ahí sin su esposo. Según sé se dirigía a Londres- dijo sonriendo por primera vez.

-espera, dijiste que desde hace horas… que no pudiste hacer nada para evitar lo del documento-

-sí… sobre eso… bueno según ella no eres nada suyo, en cuanto a lo del documento, dije que no pude evitar que lo redactara, no que había logrado invalidar el matrimonio. No le dije que el documento es inválido si no tiene tu firma, solo deje que se fuera, con Jake por supuesto. En cuanto sepa que sigue casada querrá asesinarte… pero eso ya es problema tuyo. Suerte con eso yerno- dijo saliendo y doblándose de la risa.

Genial. Mi suegro jugándome bromas con lo más importante en mi vida.

Ya sé de dónde saca mi esposa la habilidad de emboscar. Su padre me acaba de hacer caer en uno de sus juegos. Me probó hasta saber si la amo o no antes de decirme a donde se fue.

Debo ser más inteligente y no dejarme sorprender así.

¿Por qué Bella dijo que no era digna de ser más mi esposa?

¿Qué hizo en realidad?

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Entre el amor y la guerra



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15.- Salvando a Edward



Bella pov

-si fueras mi esposa esto no pasaría, igual terminaras en mi cama aunque con otro nombre- dijo Marco Masen mientras recorría con un dedo mi pierna con dirección a mi centro.

Para mi desgracia, me tenían acostada sobre un diván,  amarradas las manos por arriba de mi cabeza y mis pies sujetos al otro extremo.

-sigue por ese camino y no solo perderás el dedo, te rebanare la mano- dije con toda la tranquilidad que pude conseguir.

-fierecilla la mujer, me gusta. Domarlas es lo más placentero. Ojala te gusten mis métodos… ¿te portaste así con el maricón de Cullen? –

-Edward es mas hombre con solo un dedo que tú con todo tu cuerpo- dije mirándolo con odio.

-¡¡Perra te voy a enseñar como coge un hombre…!!- dijo rompiendo mi vestido de arriba.

-Marco, detente. Aun no es tiempo, cuando el esposo haya cedido las tierras podrás divertirte un poco antes de devolvérsela- dijo Aro entrando.

-pero padre me ha ofendido…-

-Es una mujer. Solo sirve para coger y parir ¿Cómo puedes sentirte ofendido?- pregunto el tipo sin dejar de mirarme los senos.

No deje que me viera temblar. Edward lo matará por esto. Si no lo hago yo antes.

Estoy segura de ambas cosas.

-Bien padre. Pero yo me divertiré primero- dijo antes de pellizcarme un pezón.

No deje que el dolor se reflejara en mi rostro. Salió dejándome con su padre. El peor de los dos.

-vaya… así que te gusta rudo… bien porque esa es mi especialidad… yo te hare gritar como la perra que eres- dijo mientras con ambas manos me tocaba, con toda la bestialidad que hay en su ser.

Una idea afloro en mi mente entre las enormes ganas de matarlo.

-si me sueltas las manos… seguro que te complazco mucho más… me han enseñado bien… pero un hombre como tu puede enseñarme mucho más- dije mojando mis labios de manera muy sugerente.

-vaya vaya, la pequeña Cullen es una ramera en toda la palabra, algo le sacaste a tu madre- dijo mientras acercaba sus labios a mis senos.

Dios no me dejes vomitar hasta haberlo matado. Ahora tengo otro motivo. El insulto a la memoria de mi madre.

-¿quieres comprobar que tanto?- Susurre en su oído mientras me besaba y yo suplicaba que no me mordiera o esta vez no podría evitar gritar.

Ya es asqueroso tener que soportarlo.

-ah mi niña, morir entre tus piernas será algo que tendrá que esperar. Tu esposo viene a las puertas de mi castillo. Me ha declarado la guerra. Si supiera que su mujerzuela esta ofreciéndose a mí quizá no lo haría. Lástima que nadie se lo dirá… al menos no hasta que esté aquí. Entonces te voy a coger como la puta que eres justo frente a él, antes de matarlo-

-y Marco ¿estará de acuerdo en que seas tú el primero?- pregunte mostrando preocupación e ignorando los insultos, no es tiempo de hacerme la ofendida.

Mi mente trabaja a mil, procesando lo que me dice, sacando planes de donde no los hay y sobre todo, sacando fuerzas. No dejare que le haga daño al hombre que amo y si para lograrlo tengo que terminar como una ramera lo hare.

-mi hijo no dirá nada, si te portas bien podrás tenernos a los dos-

-pero… no quiero que se sienta menos delante de ti. Tómame ahora y deja que lo divierta después- dije mirándolo con deseo.

Deseos de matarlo. Pero no fue eso lo que entendió.

-eres tentadora criatura y debo decir que verte así… me pone duro- dijo mientras soltaba mis manos.

Decidí hacerle creer que me tendría hasta saber si podría salir de ahí, lograba escuchar las olas romperse contra algo.

-ven, enséñame como lo hace un hombre- dije mientras terminaba de soltar mi vestido de pie frente a él.

Esto será algo que Edward no me perdonara. Pero al menos estará vivo para repudiarme.

El bastardo maldito me tomo entre sus manos con cero delicadezas. Contuve apenas las ganas de vomitar. Me recorrió mientras enterraba sus uñas la paso. Me toco fingir placer. Gemí.

-ah niña. Chúpame, pruébame, ven arrodíllate ante mi- dijo mientras se bajaba la ropa.

Antes de tener que hacerlo la puerta se abrió, por suerte para mi, de haber seguido, habría muerto de repugnancia.

Marco en la puerta con la furia patente.

-¡¡¡padre!!! Esta es mía, búscate otra para hacer tus pendejadas- dijo mientras entraba y con una sabana me cubría jalándome.

Supe que mi plan tendría éxito pero debería ensuciarme un poco más.

-¡¡¡ será tuya cuando yo termine!!! ¿A qué has venido?- dijo Aro subiéndose los pantalones.

-noticias de Vulterra. No necesitaras negociar nada con los Cullen, Charlie Swan está vivo y eso significa que esta puta puede invalidar el matrimonio y casarse conmigo- dijo mientras me arrojaba contra un rincón.

Sus palabras me dejaron inmóvil. Mi padre está vivo. Vivo. ¿Y mi madre?  Mi mente de nuevo esta a todo lo que es capaz de razonar.

¿Invalidar mi matrimonio? ¿Casarme con Marco?

Para salvar a Edward hare lo que sea.

Ninguno de los dos hombres me prestó atención. Salieron dejándome ahí como basura. Y justo así me sentí. Sucia y nada digna. No seré mejor que la ramera de Victoria, pero al menos lo hare por salvar la vida de Edward.

No los vi hasta dos días después.

-bueno. Las cosas están así, tu padre está vivo después de todo. Así que podrán invalidar el contrato que firmaste con el Cullen y casarte con Marco- dijo Aro mientras yo me sentaba en el borde de la cama.

Con toda la intensión me quede solo en bata.

-¿Por qué casarme con él y no casarme contigo?- pregunte mientras mis manos abrían solo un poco la parte de arriba.

-eres una mujercita completa. No terminamos lo del otro día…- dijo quitándose la camisa.

-no, no lo terminamos ¿y si tu hijo nos interrumpe de nuevo?-

-no lo hará, no está- dijo mientras empezaba mi tortura.

Sus manos recorriéndome.

-espera… si me acuesto contigo ¿tendré que hacerlo con él? no me mal entiendas no dudo que sea fuerte, vigoroso, un excelente amante y no creo que pueda ser mejor que tu… aunque es joven, atractivo, varonil y…-

-ya cállate… tienes razón. Te casaras conmigo, arreglare todo para que así sea- dijo saliendo de inmediato.

Esta siendo demasiado fácil manejarlo… ojala no sea una trampa. Tendré que arriesgarme.

Al día siguiente entro Marco hecho una furia a mi habitación.

-¡¡¡no serás su esposa!!! ¡¡¡Te casaras conmigo…!!! ¡¡¡Desnúdate ahora!!!- grito apenas cruzo la puerta.

-no sé Marco, él está decidido a que yo sea su esposa y no creo que le agrade que tú me hagas lo que él no ha podido- dije.

No estoy mintiendo, hasta ahora y gracias a Dios ninguno me ha hecho nada mas allá de tocarme lo senos. Lo cuales me rebanare en cuento pueda.

-he dicho que serás mi esposa. ¡¡¡Desnúdate!!!- grito de nuevo.

Con lentitud me deshice del vestido moviéndome despacio hasta llegar a donde él estaba. Me acerque mirándolo.

-se enfadará… la tomara contra mí- dije mientras me dejaba tocar la espalda.

-no, no lo dejare… no dejare que te tenga. Serás mía- Dijo besándome y tocando mi vientre hacía abajo.

-entonces no pierdas tiempo, ve- dije separándome antes que llegara ahí.

-no dejes que te haga suya, no antes de pasar por mí, eres hermosa… déjame al menos probarte… yo te deseo- dijo siguiéndome.

Carajo.

Tendré que dejarlo avanzar un poco más.

-tócame…. Tómame si quieres, solo asegúrate de volver…- dije mientras estrellaba mis labios sobre los de él.

No es feo, al contrario es muy atractivo, rubio, ojos azules, rostro cuadrado, de la edad de mi Cuñado Emmet, pero… es cruel, despiadado, embustero, sanguinario, una copia de su padre pero con algo de inexperiencia en el arte de torturar, aunque aprendía rápido.

Sentí cuando me toco y me contuve de repudiarlo. Sentí sus dedos en mi centro. Apenas en mi botón. Froto un poco antes de entrar. Gemí, pero no de placer sino de dolor. Esta costándome más de lo que pensé. Estoy perdiendo toda la dignidad y el respeto por mí misma.

-espera… así no... Sí me tomaras que sea bien… no me dejes a la mitad… como él- dije de nuevo.

Se retiro no sin antes chupar sus dedos. Lo que me pareció asqueroso. Aunque un recuerdo me llego. Edward hizo lo mismo antes de besarme, en alguna ocasión y eso me éxito al punto que me puse sobre él. Aparte mis dulces recuerdos. No es el momento y el hombre frente a mi no es Edward.

Aun contra mis deseos, mi dignidad y mi moral… me deje tomar.

Entro en mí mientras me tragaba las ganas de morir. Esto es algo de lo que no me pensé capaz cuando decidí jugar con fuego. Ahora me he quemado y sé que arderé en el infierno.

Cuando termino me miro sonriendo. Se acomodo la ropa que no se quito se sentó a mi lado. Casi podría decir que estaba siendo amable.

-arreglare lo nuestro ahora mismo- dijo.

Apenas cruzo la puerta me lave tanto que pensé que necesitaría el mar para quitarme el lodo y la culpa de hacer esto. El llanto, el dolor, la repugnancia que ahora siento por mí casi me hizo saltar por la ventana. Pero si hago eso no habría manera de detenerlos, mi humillación habría sido en vano. Solo el dulce recuerdo de esas noches con Edward me permitió seguir respirando.

Pasaron cuatro días más.

Los rumores dicen que los barcos de Vulterra están llegando y que tienen el lugar rodeado. Asumí que estábamos una isla o habrían llegado a caballo. Debo arriesgarlo todo.

En esos días pasado había logrado ponerlos en contra uno de otro. Cada vez que uno entraba el otro se aparecía. Aunque Aro también había intentado tenerme de alguna manera lograba salvarme. Usaría a Aro para ponerle fin a esto.

Me acostare con él y con mucha suerte lo mato antes de que me tome por completo.

Me tuvieron la suficiente confianza como para no ser prisionera, les di información que considere no era importante, para reafirmar la idea de que estoy de su lado, le hable a Marco de la traición de Edward y me tome de ahí para usarlo como pretexto sobre el porqué de mi cambio de “bando”. Supe que creyó en mí cuando me conto que Victoria los busco para vengarse de Edward por haberla dejado por mí. También supe que la habían matado. Eso me hizo sonreír por primera vez desde que me enterara de su existencia.

-señor su amante quiere verlo- me anuncio el sirviente mientras entraba a la sala.

-no es tu amante Marco es mi casi esposa y te prohíbo que sigas aquí, vete- dijo Aro levantándose de inmediato.

-es mi mujer ahora y no la dejare contigo. Se casara conmigo- dijo

-por favor no peleen por mí, no vale la pena… yo accederé a lo que ustedes decidan, pero solo me entregare a uno… Aro me quedo contigo…- dije fingiendo inocencia.

-¡¡¡eres una maldita perra, dijiste que querías estar conmigo, te acostaste conmigo!!!- grito Marco caminando hacia mí con la mano levantada dispuesto a golpearme.

Lo siguiente que supe fue que la espada de Aro atravesó a Marco.

-será mía y tu ya no eres más el heredero de este castillo- dijo Aro mientras sacaba el arma del cuerpo de su hijo.

-¿Qué hiciste? ¿Por mi?- dije abrazándolo.

-serás mi esposa en cuanto mate al imbécil con el que estas casada. No habrá tregua, me importan las tierras únicamente. Tú me darás hijos. Serás heredera en cuando tu marido muera y entonces serás mi esposa y por lo tanto seré dueño de todo. Ahora déjame - dijo empujándome.

-no me interesa lo que hagas con el Cullen, pero… si quieres vengarte de él antes de matarlo tómame primero y deja que lo sepa- dije sonriendo antes de salir.

Más tarde estaba en mi recamara mientras yo me desnudaba para él.

Apenas estaba acostándose sobre mí cuando un golpe en la puerta lo interrumpió. Escuche los gritos. Los Cullen, Hale y Swan estaban tomando el castillo.

-vamos niña, es hora de dejarte sin esposo- dijo tomándome del brazo.

Logre sin saber cómo tomar la bata cubriéndome apenas.

-deja a mi esposa Aro- dijo Edward con la voz fuerte y segura en cuanto llegamos al salón principal.

-no es más tu esposa, es mía ahora… y no se ira. ¿Pregúntale?- dijo mientras me ponía delante de él.

-Bella ven conmigo, vamos a casa- dijo con toda la ternura en su mirada.

Me odiara cuando sepa que no soy tan suya como antes. Me odiara cuando sepa que no es el único en haberme tomado.

- … me quedare… - dije pegándome al cuerpo del hombre que más odio.

El rostro de Edward mostro dolor, estoy lastimándolo pero es necesario. Más le dolerá cuando lo sepa.

-te lo dije, ella sabe apreciar a un hombre de verdad…- dijo sacando la espada.

-sí… y tu no lo eres- dije a Aro mientras con un movimiento le quitaba la espada y se la enterraba en el pecho.

Y la locura empezó, los guardias atacaron. Los nuestros defendieron y entre toda la locura solo pude luchar junto a mi esposo sin importarme mucho que mi ropa fuera menos que adecuada. Sentí a Edward antes de escucharlo.

-vámonos… te sacare de aquí y me explicaras porque estas desnuda- dijo serio.

-No te explicare nada. En cuanto salgamos de aquí me iré con mi padre a mi casa- dije mientras cruzábamos la puerta del castillo.

Me cubrió con su capa. Vi a mi padre entrando con otro grupo de hombres. A lo largo de todo el castillo se veía la misma escena. Hombres peleando, sangre derramándose. Emmet en un lado, Jasper en otro. El mismo Carlisle ataca sin piedad.

-no te irás así, no sin…- no solo se quedo callado sino que se desplomo a mi lado.

Me gire solo para ver una flecha atravesando su cuerpo.

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