martes, 3 de enero de 2012

LLC. Capitulo 3: Alice Conspira


Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La autora solo jugó con ellos creandoles una vida paralela y las traductoras: traduciendo esa vida xD Jajaja...
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Alice conspira.

POV Alice

Vi como mi hermano y Bella hablaban tranquilamente. De repente, Edward se inclinó hacia atrás en la silla y soltó una risa verdadera, una que iluminó sus ojos. Bella le estaba sonriendo. Le di un golpe a Jasper con la mano, pero era innecesario. Él, Emmett y Rosalie habían visto lo mismo que yo.

De repente Bella se levantó de un saltó y empezó a hablar con su compañero. “¡Gracias, Mike! Ya sigo yo.” Nos dio a cada uno nuestra comida y dijo, “Comed y disfrutad. Tengo que seguir trabajando. ¿Cuándo tiempo vais a estar aquí?”

“¿A qué hora acabas?” pregunté rápidamente. Un plan acababa de formarse en mi mente y ya podía decir que funcionaría.

“En una hora,” respondió Bella.

“Entonces otra hora,” me reí por lo bajo. “¡Vas a venir con nosotros a mi casa!” Me aseguré de que no había ninguna manera de que se negase mostrando mi mejor sonrisa.

“¡De acuerdo!” contestó. Parecía contenta cuando se alejó andando.

“Perdonadme,” dijo Edward mientras se levantaba y dejaba la mesa.

“¡Dios mío!” grité. “¿Lo habéis visto todos? ¡Se ha reído!”

“Nunca pensé que vería el día.” Emmett se rió entre dientes.

“Tu hermana es especial,” dijo Rosalie, sonriendo a Emmett.

“Por supuesto,” contestó Emmett con orgullo.

“Alguien que pueda hacer que Edward deje de estar tan estresado es un hacedor de milagros para mí,” bromeó Jasper.

“No puedo creer que se haya reído así,” dije. “Hace años que no oía esa risa. ¡Todo por esa estúpida chica!” crucé los brazos, enfadándome al recordar una vez más a la chica que convirtió a Edward en la persona distante que ha sido durante los últimos años.

“Alice, no es bueno que sigas enfadada por eso,” me calmó Jasper, “Tú y Edward necesitáis dejarlo ir.”

“Lo sé, Jazz,” suspiré. “Pero no entiendes lo difícil que es verle así sabiendo como era antes.”

“Lo sé. Ojalá pudiera haberle conocido entonces,” dijo Jasper, frotándome el brazo. “Pero tú has estado consiguiendo que él vuelva en sí cada vez más. Solamente va a tomar tiempo.”

Dirigí mis pensamientos a Bella. “¡Rose! Tienes que venir con Bella y conmigo mañana. ¡Será un día de chicas!”

“Suena bastante bien,” dijo Rosalie alegremente.

“Me prometisteis ir a ver la nueva película de acción mañana por la noche,” Emmett hizo un mohín.

“¡Oh, Emmett!” suspiré. “Vamos a ir a comprar por la mañana. ¡Hay suficiente tiempo para la película!” Otra brillante idea me sobrevino y aplaudí alegremente.

“¿Por qué está botando ahora?” preguntó Edward mientras se sentaba otra vez.

“Vamos a ir al cine mañana por la noche,” dije.

“Parece que tenéis una gran noche planeada.” la voz de Edward rebosaba sarcasmo.

“La tenemos, hermanito. Y tú eres parte del ‘tenemos’ en mi declaración,” le informé. “¡No hay peros que valgan!”

“Ni lo soñaría,” contestó, poniendo las manos sobre el corazón.

“Sabes, Edward, a veces, ¡eres una verdadera carga!” dije escandalosamente.

“¿Entonces no te cansas te arrastrarme?” se quejó Edward. “Cinco es un número raro.”

“¿Quién ha dicho cinco?” pregunté, observando su cara atentamente. “Bella también viene.”

¡Y allí estaba! ¡Justo como sospechaba! Su irritación se convirtió en especulación. Intentó esconder el pequeño destello de felicidad en sus ojos verdes, pero aun así lo vi. Sabía bien como ver a mi hermano.

Miré a Jasper y lo vi sonriendo. Podía decir que él también lo había visto. Emmett y Rosalie estaban demasiado ocupados mirándose para darse cuenta. Durante la siguiente hora, vi como la cara de mi hermano se encendía cada vez que Bella venía a la mesa. Realmente era una chica muy divertida. Su sarcasmo y su humor lacónico coincidían con el comportamiento de Emmett perfectamente. Pero Bella necesitaba urgentemente consejos de moda.

“No puedo creer que te guste la versión del sesenta y nueve de Romeo y Julieta,” se mofó Edward. “Es deplorable.”

“Es mucho mejor que la nueva versión con Claire Danes,” le discutió Bella. “¡Era absolutamente ridícula! Estoy de acuerdo con situarlos en la actualidad, ¡pero no conduciendo coches y disparando pistolas mientras cantan!”

“¿Tienes algún problema con los musicales?” preguntó Edward, sonriendo con malicia a Bella.

“No, ¡tengo un problema con los musicales estúpidos!” se quejó Bella, poniendo las manos en la cintura.

“Pues dime un musical que te guste,” le ofreció Edward.

“Rent. West Side Story (Amor sin barreras). La versión de Nathan Lane y Matthew Broderick de ‘Los Productores’. Esos son unos pocos que merecen mi vista y mi tiempo,” respondió Bella.

“¿Has ido alguna vez al teatro para ver alguno de esos?” preguntó Edward.

“¡Claro!” contestó Bella con evidente sarcasmo. “Em me lleva todo el tiempo. ¡Ha comprado entradas para toda la temporada!”

Jasper y yo nos reímos mientras ellos dos se miraban con furia. Emmett y Rosalie se estaban riendo de ellos. Escuché a Emmett apostar con Rosalie que Bella acabaría mordiendo a Edward antes de que la noche se acabase.

“Eres absurda, Bella,” dijo Edward, sonriéndole con malicia.

“¡Eso es nuevo!” Bella se rió. “Em simplemente me llama cabezota.” Le sacó la lengua a Edward y se fue andando. Supuse que iba a atender sus otras mesas.

“Alice,” susurró Jasper, inclinando su cabeza hacia mí.

“¿Sí?”

“¿Has estado observándolo?”

“¡Sí! ¿Y tú?”

“Por supuesto, o no lo mencionaría. ¿De verdad piensas que esto es sólo por hablar con Bella?”

“Bueno, claramente tienen muchas cosas en común. Libros, música, testarudez. Aunque ella es más divertida con el sarcasmo. Edward sólo irrita con el suyo.”

Jasper se rió discretamente. “En parte eso puede ser porque es tu hermano y vives con él.”

“¡Quizás! ¡Oh, Jasper! ¡Estoy tan emocionada! ¿Y si de verdad le gusta? ¿Crees que saldría con ella? ¿O será muy tímido?”

“Puedo sentir que siente curiosidad por ella, pero eso es todo.”

“Curiosidad es mejor que la habitual ‘descarada ignorancia’ que muestra hacia la gente. ¡Si alguna vez pongo las manos encima de esa maldita chica!”

“¡Alice!” me advirtió Jasper. “Necesitas dejarlo ir.”

“Lo sé, lo sé. Pero nadie hace daño a mi hermano y sale impune de eso para siempre.”

“¿Qué es lo que estás pensando?” preguntó Jasper, sus ojos azules brillando.

“Necesitamos que Emmett y Rosalie ayuden, pero he estado pensando en un pequeño plan.”

“¿Sabes dónde está?”

“Por supuesto. ¡Siempre sé dónde están mis enemigos!” dije alegremente, guiñando a mi maravilloso novio.

“¿Crees que Bella saldría con él?”

“Puede que sea un poco imparcial ya que él es mi hermano pequeño, pero ¿por qué no? Es inteligente, ingenioso y guapo. ¡Si lo sabré yo! ¡Le compro la ropa!” solté una risita con la última parte.

“¿Qué estáis murmurando ahora?” preguntó con recelo Edward.

Me giré hacia él y le dediqué una gran sonrisa. “Los regalos de Navidad. Aunque parezca mentira planeo sorprenderte este año. Todavía no sé cómo te las arreglas para adivinarlos todos los años.”

“¿Me estás acusando de algo, Alice?” sonrió con engreimiento.

“Ni lo soñaría, querido hermano,” dije.

“¡Venga, Emmett!” le llamó Bella mientras se acercaba a la mesa otra vez. “Sois mi última mesa. ¡Paga para que podamos salir de aquí!”

Emmett se rió entre dientes mientras se levantaba y sacaba su cartera. “¿Cuánto daño hemos hecho esta noche?”

“Depende de la buena propina que planees dejar a tu competente camarera,” bromeó Bella.

“Vamos a suponer que ha sido aceptable,” bromeó Emmett.

Bella puso inmediatamente las manos en la cintura y levantó la barbilla. Vi como los ojos de Emmett se iluminaban mientras se reía en voz baja.

Bella no movió los ojos de su hermano y le miró con furia. “¡Emmett Swan!”

“¡Joder, Squirt!” Emmett suspiró. “¿Te puedes relajar? Sólo estaba bromeando. ¿Cuánto?”

“Setenta y cinco debería ser suficiente. Y me debes el desayuno mañana por ser un gilipollas,” dijo Bella firmemente.

Sí que me gustaba esta chica. Al menos, podría poner a mi hermano en su sitio. Edward estaba riéndose para él mientras miraba su discusión. Rose también estaba mirando. Me guiñó y me sonrió.

“¡Bien!” murmuró Emmett, entregándole el dinero a su hermana.

“¡Gracias!” dijo alegremente Bella. Le dio un beso a su hermano en la mejilla. “Os veré fuera en cinco minutos.” Se giró y casi se fue brincando a la cocina.

Emmett se rió suavemente mientras la veía irse. “Esa chica va a ser la muerte de quien acabe con ella.”

“Bueno, vamos al aparcamiento,” dijo Jasper. “Podemos parar cerca de su coche. Ya que estamos, ¿qué es lo que conduce, Emmett?”

La estruendosa risa de Emmett resonó por el restaurante mientras salíamos. “Tiene un camión rojo, viejo y feo que ni siquiera puede superar los cincuenta y cinco. Se niega a dejarme que se lo sustituya por otro.”

Nos apiñamos en el coche de Edward y fuimos hasta la zona de empleados. Encontramos fácilmente el camión rojo ya que llamaba muchísimo la atención.

“¿Le dejas conducir eso?” preguntó Edward.

“Te lo he dicho,” se defendió Emmett. “¡Es cabezota!”

“¡Voy a ir con ella!” anuncié.

Se giraron y me miraron como si estuviera loca.

“Edward, sabes que no puedes conducir a cincuenta y cinco y ella nunca encontrará la casa sola.”

Parecieron satisfechos con mi respuesta por lo que me bajé del coche.

“¿Planeando volver a casa andando, Alice?” bromeó Bella mientras se acercaba.

“¡No! Voy a ir contigo. Edward tiene problemas con la velocidad y nunca encontrarás la casa sin mí,” le contesté.

“¡Problemas con la velocidad!” se rió por lo bajo. “¿Es esa una manera suave de decir que representa un peligro para los otros conductores?”

Sonreí alegremente. Me gustaba mucho esta chica. “Esa es una manera de decirlo.”

Nos subimos en su viejo camión y casi tuve que taparme los oídos mientras el motor rugía. Bella me vio encogerme y se rió.

“Acabas acostumbrándote,” me dijo encogiendo los hombros.

“Me alegra que hayas decidido venir,” dije, tramando la manera de llevar la conversación hacia mi hermano.

“Parecéis muy buena gente. No he detectado ningún asesino en el grupo,” bromeó.

“Entonces, ¿qué piensas de nosotros?” me reí.

“Rosalie parece dulce, pero lo suficientemente dura para mantener a raya a mi hermano. Y ni siquiera hermosa la cubre totalmente. Ya me gusta mucho. Tú pareces eternamente alegre y sólo un poco espeluznante. Jasper es tranquilo, pero parece ser muy profundo, y Edward es interesante.

“¿Interesante cómo?”

“Bueno, primero, no habla como una persona joven normal. La mayoría de los chicos apenas pueden decir una frase completa sin que ‘o sea’ y ‘umm’ sean algunas de las palabras. Él, obviamente, le ha echado al menos una ojeada a su colección de libros.

“Emmett tenía razón,” me reí. “Eres buena leyendo a la gente.”

“No,” contestó con una sonrisa. “Sólo soy observadora. No tengo tiempo ni paciencia que perder.”

“Touché,” dije.

“¿Y cómo te va con el oso que es mi hermano?”

“En el fondo, Emmett es muy dulce. Él y mi hermano se llevan como si se conocieran desde siempre.”

“¿Entonces molesta mucho a tu hermano?”

“¡Muchísimo! Pero en defensa de Emmett, Edward se lo merece la mayoría de las veces. Puede ser un poco irritante.

“Parece bastante simpático.”

“Hoy estaba en su mejor comportamiento. Emmett hizo un trato con él.”

“¿Qué tipo de trato?” preguntó, sus ojos marrones brillaban con curiosidad.

“¡Uno que no podía rechazar!” me reí. “Un mes sin ser llamado por su apodo más odiado.”

“¡Ah! Y entonces vengo yo y lo digo como si nada,” soltó una risita. “No me sorprende que la irritación destellase en sus ojos.

“¿Viste eso?” pregunté impresionada. Nunca pensé que alguien más se diera cuenta de que podían leer a mi hermano por sus ojos.

“Sí. Te lo he dicho, soy observadora.”

“¡Oh, gira aquí!” dije, señalándole nuestra carretera.

Bella siguió mis instrucciones y paró el coche, aparcando justo detrás del Volvo de Edward.

Silbó mientras miraba fijamente nuestra gran casa blanca. “Médico, ¿verdad?”

Me reí por lo bajo, “Sí.”

Nos bajamos del camión y nos dirigimos hacia la casa. Emmett y Jasper ya estaban jugando con los videojuegos. Edward ser estaba riendo en voz baja de ellos y comentando sus muertes.

Rosalie estaba estirada en el sofá leyendo una de mis muchas revistas de moda.

“Como si estuvieras en tu casa, Bella” le dije alegremente. “La cocina está por ahí, tenemos toneladas de refrescos y esas cosas.”

Me senté en el suelo junto a Jasper, preparada para verle matar aliens un ratito. Observé a Bella por el rabillo del ojo. Parecía encantada con las fotografías de la familia que estaban en la pared cerca del piano de Edward. Levanté la mirada y le vi mirándola.

Me incliné por detrás de Jazz y pegué a mi hermano en la pierna. Pegó un salto y me miró con culpabilidad.

“Deberías enseñarle tus libros y tus CDs.”

Asintió y se levantó del sofá. Sonreí alegremente mientras le vi andar hacia ella. Esto iba a funcionar. ¡Podía verlo ahora!

LCC. Capitulo 2: La novia.


Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La autora solo jugó con ellos creandoles una vida paralela y las traductoras: traduciendo esa vida xD Jajaja...
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La Novia

POV Bella.

“¡La Tierra a Bella!” me llamó alguien.


Levanté la cabeza y la giré para ver a mi amiga Angela sonriéndome maliciosamente.

“¿Cuántas veces?”


“Sólo tres,” Angela soltó una risita. “¿Qué es lo que te ha llevado tan lejos en la tierra de la fantasía?”


“Emmett va a venir esta noche,” suspiré. “Va a traer a su novia para que la conozca.”

“¡Guau!” dijo Angela impresionada. “¿Ha encontrado una a la que quiere que conozcas?”

“No sólo quiere que la conozca, es que no ha dejado de hablar de ella en un mes,” dije. “Es divertido, porque ha estado hablando de ella y de sus otros amigos desde que los conoció. Pero hace un mes la llevó a una cita y ha estado muy diferente desde entonces. Creo que es posible que la quiera de verdad, Ang. Tengo un poco de miedo.”


“¡Tú no!” dijo Angela con cara de falsa sorpresa. “La valiente Bella Swan no puede tener miedo de una novia.”


“¿Y si quiere casarse con esta chica y mudarse?” dije en voz baja.


Angela me entendía. Sabía por lo que yo había pasado al perder a mis padres. Me dio un abrazo. “¡Bella! Emmett te quiere ante todo. Sólo porque pueda casarse algún día no significa que te dejará atrás. Son tus nervios los que están hablando.”


“Espero que tengas razón,” suspiré, intentando sonreír para ella.


“¡Bella!” me llamó Mike mientras entraba en la cocina.


Suprimí un gemido de irritación y en vez de eso sonreí. “¿Sí?”


“Emmett está aquí. Me ha dicho que pusiera a su grupito en tu sección,” dijo Mike.


“¿Cuántos son?” pregunté.


“Cinco en total,” contestó Mike. “¿Alguna posibilidad de que quieras salir esta noche después de trabajar?”


“No, gracias,” dije, obligándome a ser educada. “Tengo deberes.”


“¿Y un día este fin de semana?” persistió Mike.


“Lo mejor es que vaya a su mesa,” dije rápidamente, cogiendo mi block.


Moví los pies tan rápidamente como podía sin tropezarme. Mike no podía coger la indirecta de que yo no quería más que una informal amistad. De hecho, no lo cogía ni cuando yo lo decía en voz alta. O cuando Angela se lo decía. Me reí recordando ese divertido día de trabajo.


Me dirigí a la mesa. Era fácil ver a mi gran hermano allí sentado. Era el único del restaurante que parecía un luchador profesional. Tenía el brazo alrededor de la silla de una chica guapa y rubia. Ella aparentaba ser casi tan alta como él y parecía pertenecer a la portada de una revista. Supuse que esa sería la novia. A los otros tres no les veía la cara.


“¿Cómo te va, Em?” pregunté mientras me acercaba.


Él se puso de pie y me dio uno de sus abrazos de oso. “Bastante bien, hermanita. ¿Está ajetreada la noche?”


“No,” me reí entre dientes. “Sólo espantando a la mosca que es Mike.”


Emmett se rió mientras me soltaba y se giraba hacia la chica rubia. “Bella, quiero que conozcas a Rosalie.” Ella se levantó. Yo tenía razón, era realmente alta. Definitivamente podía ser modelo. “Rosalie, esta es mi hermana pequeña, Bella.”


“Es un placer conocerte al fin,” dijo Rosalie, dándome la mano. “Emmett habla todo el tiempo de ti.”


Les indiqué con la mano que se sentaran. “Él también habla de ti,” le dije, guiñándole el ojo a mi hermano. “Bueno, Rosalie, ¿qué frase usó contigo?”


“¡Bella!” me advirtió Emmett.


“¡Calla!” le ordené.


Esperé pacientemente a que la novia respondiese. Se sonrojó y sonreí. ¡Bien! Así yo no sería la única.


“Me pidió que le enseñara lo que había debajo de mi capó,” dijo Rosalie tímidamente.


“¿Y eso funcionó?” me quedé boquiabierta, con la incredulidad clara en mi voz.


“Isabella, compórtate,” murmuró Emmett.


“¡Déjala!” ordenó Rosalie. “Tiene derecho a hacer todas las preguntas que quiera.” se giró hacia mí y sonrió. “Él estaba hablando sobre mi descapotable esa vez. Los coches son lo mío.” ¡Bien! Entonces era lista. Emmett necesita a alguien más listo que él para protegerlo de los problemas.


Me reí alegremente y pegué a mi hermano en el hombro. “¡Me gusta! ¡Ella te controla! Y es honrada.” Extendí el brazo y le di la mano a Rosalie otra vez. “Estoy realmente contenta de conocerte, Rosalie.”


“¡Puedes llamarse Rose!” me ofreció.


“De acuerdo Rose, tú puedes llamarme Bella,” contesté.


“Bella,” me llamó Emmett. Me giré hacia él y me señaló a los otros que estaban en la mesa.

“Este es el hermano de Rosalie, Jasper; la novia de Jasper, Alice; y el hermano de Alice, Edward.”


El chico rubio parecía ser tan alto como Rosalie. Podía ver fácilmente el parecido. Emmett decía que Jasper era muy tierno, pero no muy hablador. Alice era muy bajita y tenía el pelo corto y negro. Casi parecía un duende. Estaba sonriéndome alegremente mientras daba saltitos sobre su silla. Emmett me había advertido sobre su júbilo y su afición a ir de compras. El último, Edward, tenía el pelo rojizo con tonos de color bronce y profundos ojos verdes. Parecía aburrido. Emmett me había contado que era tímido, pero que cuando cogía confianza era divertido.


“Es un placer conoceros,” dije. “Emmett habla todo el tiempo de vosotros.”


Jasper extendió la mano y se la di. “Igualmente. Tu hermano está muy orgulloso de ti.”


Me sonrojé como hacía siempre que alguien me hacía un cumplido. “Gracias.”


Alice salió de su silla y se tiró encima de mí para abrazarme. “¡Oh, Bella! ¡Estoy tan feliz de conocerte al fin! ¡Emmett me ha hablado tanto de ti! ¡Tienes que venir de compras conmigo mañana! ¡Quiero saberlo todo sobre ti!”


Me reí entre dientes mientras apartaba al duendecillo de mí. “Gracias, creo. Pero yo no voy de compras. Al menos no para ropa.”


La chica me miraba como si le hubiera pegado una bofetada. Me sentí culpable. Ella era la amiga de mi hermano y estas personas le habían animado tanto durante este último año. Suspiré y puse una mano en su hombro.

“Sólo por esta vez, Alice. Y no más de cuatro horas.”


Ella me cogió otra vez, gritando en mi oído. “¡Nos lo pasaremos muy bien! ¡Te recogeré a las nueve en punto!”


“Pero...” tartamudeé.


“Es mejor aceptar,” dijo el que se llamaba Edward.


Su voz era tranquila y aterciopelada. Le miré con atención y lo vi sonriendo con malicia mientras veía cambiar la expresión de mi cara. Tenía los más asombrosos ojos verdes.


“Um... ¿qué queréis de beber?” pregunté, volviendo la atención rápidamente a mi block.
No podía seguir mirando a esos ojos verdes. Por decir lo mínimo, su mirada era intensa.


“Jazz y yo tomaremos unas cervezas,” dijo Emmett. “Coca-Colas para las chicas y Edward.”


“¿No eres lo suficientemente mayor para beber?” le pregunté con una sonrisa maliciosa. (a.n.: en algunos estados de Estados Unidos, no sé si en todos, no pueden beber alcohol hasta los 21)


“Faltan algunos meses,” contestó Edward, sonriendo. ¡Bien! Sí que tenía sentido del humor.


“¡Oh, Bella!” chilló Alice. “Tienes que venir a la fiesta de cumpleaños que le estoy montando.”


“No me vas a montar una fiesta, Alice,” se quejó Edward, girándose hacia su hermana.
Sonreí, viendo esta pelea de hermanos. Me recordaba a las que Emmett y yo teníamos.


“Por supuesto que sí. ¿O preferirías que le contara a mamá y papá exactamente lo que has estado haciendo últimamente?” amenazó Alice. ¡Me gusta esta chica! Puede ser que se vuelva loca con las compras, pero sabía cómo hacerse con el control.


“Bueno, antes de que vosotros dos decidáis empezar a pelearos en serio, iré a por vuestras bebidas,” dije. Entré en la cocina rápidamente y agarré a Angela. “¡Me gusta la novia!”


Angela empezó a dar saltitos, forzándome a que me uniera a ella. “¡Te lo dije! ¿Quiénes son los otros?”


Señalé rápidamente la mesa con el dedo. “El rubio es el hermano gemelo de Rosalie, Jasper. La chica es su novia, Alice. El chico del final es Edward.”


“Así que Edward está soltero,” bromeó Angela. “Tú también estás soltera, Bella.”


“¡Angela!” me quejé. “Sólo ayúdame con las bebidas.”


Me ayudó a ponerlas todas en la bandeja. Cuidadosamente las llevé a la mesa. Había estado trabajando aquí durante seis meses y no había tenido un accidente en un mes. No quería romper mi buena racha esta noche.


Puse una de las cervezas delante de Emmett y puse la mano en su hombro. “Sólo esta o quiero tus llaves.”


“¡Joder!” gruñó Emmett. “Primero, yo soy el hermano mayor. No necesito que me cuides. Segundo, Edward está a cargo de conducir.”


“Es bueno saberlo,” dije. Me incliné y le besé en la mejilla. “¡Y sí que me necesitas!”


“Siempre, pequeñaja,” dijo, intentando alcanzar mi cabeza.


Apenas pude evitar su gran zarpa. Dejé el resto de las bebidas y saque mi block otra vez.

“¿Qué vais a tomar esta noche?”


“Para mí el filete con puré de patatas,” dijo Emmett, con una gran sonrisa.


“Por supuesto,” me reí, dándole en el hombro. Él siempre pedía lo mismo. “¿Rose?”


“Tomaré la ensalada de pollo,” contestó.


“Para mí la hamburguesa con bacon,” dijo Jasper.


“La misma ensalada que Rose,” dijo alegremente Alice.


“Una hamburguesa normal,” dijo Edward.


“¿Seguro que no quieres bacon?” pregunté.


Hizo una mueca y me indicó con la cabeza que no.


“¡Edward aborrece el bacon!” Alice se rió entre dientes. “Ni siquiera deja que nuestra madre lo cocine en casa.”


“Tiene algo en común con Bella,” se rió Emmett. “Tiró el último paquete que compré a la puerta de atrás.”


“Te lo había advertido,” dije, apuntándole con el bolígrafo.


“Os dije que era cabezota,” dijo Emmett, inclinándose en la mesa.


“Bueno, Rose. ¿Te ha hablado ya Emmett de su pequeño hobby?” pregunté, mirando a mi hermano con furia.


“Bella, ¿no se supone que deberías estar pidiendo nuestra comida?” gruñó Emmett, apartándome de la mesa.


Me reí, moviendo la cabeza mientras me alejaba. Llevé su pedido a la cocina y lo puse en el mostrador. “Aquí tienes, Tyler.”


“Hey, Bella,” me llamó Mike.


“Hola Mike,” suspiré.


“Escucha, ¿por qué no vas a sentarte con tu hermano un ratito y yo les llevo su comida?” ofreció Mike.


“No puedo hacer eso, Mike,” dije, aunque la idea sonaba de lo más atrayente.


“¡Claro que puedes!” continuó Mike. “Atenderé tu otra mesa y podemos dividir las propinas.”


“¿Estás seguro?” pregunté.


“¡Venga!” contestó Mike, empujándome fuera de la cocina.


“¡Gracias, Mike!” dije alegremente.


Sabía que me arrepentiría más tarde, pero la verdad era que ahora mismo quería sentarme con mi hermano y sus amigos. Llegué a su mesa y me dejé caer en la silla que estaba al lado de Rose.


“¿Qué me he perdido?”


“¿No se supone que deberías estar trabajando?” preguntó Edward, sonriéndome.


“Lo estoy. Estoy trabajando en averiguar más cosas sobre los amigos de mi hermano,” bromeé, guiñándole un ojo.


“Bueno Bella,” dijo Rose, girándose hacia mí. “¿Cuántas chicas te ha llevado Emmett para que conozcas?”


“Eres la primera, Rosa,” contesté. “Tan pronto como dijo que iba a traerte aquí, imaginé que ya había llegado muy lejos. Afortunadamente para mí, parece haber elegido bien.


Rosalie sonrió, sus ojos un poco empañados. “Gracias Bella. Estaba muy nerviosa por conocerte.”


Me reí suavemente. “¿Nerviosa? Em, ¿qué le has contado a esta pobre chica de mí?”


“Nada que no fuese la verdad, Squirt,” (a.n.: apodo que Emmett da a Bella en señal de cariño, no lo voy a traducir, ni ahora ni cuando salga en otros capítulos) bromeó Emmett, consiguiendo finalmente despeinarme. Me lo alisé de nuevo, intentando mirarle con furia, pero sólo se convirtió en una sonrisa.

Nunca podía enfadarme con mi hermano mayor. Después de todo, él era todo lo que me quedaba. “Para mí, cualquier chica que pueda aguantarte durante un mes es muy valiente.”


“Se tarda un poco en acostumbrarse a él, ¿verdad?” dijo Rose sonriendo con malicia.
Sonreí alegremente. Sí que me gustaba esta chica. “Lo más grande es su sentido del humor.”


“Le gustan mucho sus bromitas,” dijo Edward.


Me giré para verle inclinándose hacia mí sobre la mesa. “¿Cuántas veces te ha cogido?”


Los ojos de Edward mostraban shock, incluso mientras mantenía la cara serena.


Me reí con entusiasmo. “Cualquiera que sepa lo que quiero decir sobre su sentido del humor ha tenido que haber recibido alguna de sus bromas.”


Alice se rió alegremente y aplaudió. “¡Alguien ha puesto nervioso al siempre sereno Edward!”


“¡Guau! ¡El chico ha mostrado shock!” rió Jasper, señalando a Edward. “Demasiado para su pequeña fachada.”


“Ed...” empezó Emmett.


“Emmett,” le advirtió Edward, con una mirada furiosa.


“Edward, no te lo tomes personalmente. Bella tiene la mala costumbre de coger a la gente con la guardia baja. Te dije que podía leer a las personas fácilmente.”


“¡Perdón por haberte impresionado, Eddie!” me reí entre dientes.


Todo el mundo se quedo callado y en los preciosos ojos de Edward destelló la irritación. ¿Qué? ¡Espera! ¿Por qué estaba usando la palabra ‘preciosos’ para sus ojos?


“Debo suponer que ese apodo no está en tu lista de títulos preferidos.”


“Supones bien,” respondió fríamente, hundiéndose de nuevo en la silla y cruzando los brazos. Parecía un niño caprichoso.


“¡Oh, Edward!” le regañó Alice. “Termina con esto. Bella, ¿qué haces para divertirte?”


“O leo o escucho música,” respondí.


“¿Qué tipo de música?” preguntó Alice.


“Sobre todo clásica,” contesté. “Debussy y Beethoven. Pero me gustan las cosas nuevas como Linkin Park y Alicia Keys.”


“¿Y los libros?” preguntó Jasper.


“Clásicos otra vez,” dije. Sonreí al pensar en mi colección de libros en casa. “Orgullo y Prejuicio es mi favorito ahora mismo. Cambia con cada libro que re-leo. ¡Esto molesta muchísimo a Emmett!”


“Deberías venir a nuestra casa,” dijo Alice. “Te encantaría ver la colección de Edward de libros y música. Nuestro padre es médico y también tiene muchos libros viejos, pero creo que la mayoría son de temas médicos.


“¿Médico? ¿Qué tipo de médico?” pregunté.


“Es cirujano,” respondió Edward.


Me incliné ya que estaba hablando bastante bajo. “¿Tiene alguna especialidad?”


“La verdad es que no,” contestó Edward, “Le gusta saber cómo hacer un poco de todo por lo que está constantemente haciendo cursos para no quedarse atrasado.”


“Impresionante,” dije.


“Tu hermano dice que estás haciendo algunos cursos. ¿Cuál es tu especialidad?” preguntó Edward.


“Literatura por ahora,” respondí. “Creo que es posible que sea profesora, pero no estoy segura. Si acabo por ese camino, tendrá que ser de instituto. Los niños pequeños están fuera de cuestión.”


“¿Por qué?” preguntó Edward.


“No sé si mi hermano lo ha mencionado, pero soy un poco torpe,” contesté. “Las clases con niños pequeños suponen muchos usos de tijeras. No me gustaría ser conocida como la profesora que accidentalmente cortó un apéndice. Y con mi suerte, es probable que sea uno mío en vez de uno de los alumnos.”


Edward se inclinó hacia atrás en la silla y se rió con entusiasmo. Le sonreí, estaba muy mono cuando se reía. Levanté la mirada y vi a todo el mundo mirándonos fijamente. Estaba preparándome para preguntar cuando vi a Mike acercándose a la mesa con la bandeja de la comida. Me levanté de un salto y le ayudé a dejarla.


“¡Gracias, Mike!” dije. “Ya sigo yo.”


Asintió y se fue andando, pero parecía un poco enfadado. Encogí los hombros, sabiendo que me lo contaría más tarde.


Repartí la comida a todo el mundo. “Comed y disfrutad. Tengo que seguir trabajando. ¿Cuándo tiempo vais a estar aquí?”


“¿A qué hora acabas?” preguntó Alice.


“En una hora,” contesté.


“Entonces otra hora,” Alice se rió por lo bajo. “¡Vas a venir con nosotros a mi casa!”


“¡De acuerdo!” dije alegremente. Cogí la bandeja y me fui para hablar con Ángela.

LLC. Capitulo 1: Invitación a Cenar


Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La autora solo jugó con ellos creandoles una vida paralela y las traductoras: traduciendo esa vida xD Jajaja...

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Invitación a Cenar

POV Edward Cullen

“¡Alice!” Me quejé. “¡Otra vez no!”

“Me lo debes, querido hermano,” contestó ella tranquilamente. “Tú eres el que evitó la cita a ciegas que te organicé.”

“¡Te dije que no hicieras eso!” Grité.

“¡Baja la voz!” Me pidió. Suspiré y ella puso una mano en mi hombro.

“Edward, sólo estoy intentando ayudarte. Para eso estás las hermanas mayores.”

“¿No me ayudas suficiente comprando y eligiendo mi ropa?” Bromeé.

“Alguien tiene que asegurarse de que estás presentable,” Alice soltó una risita. “Mira, Edward. No es gran cosa. Emmett invitó a Rosalie a que conociese a su hermana pequeña. Rose está nerviosa así que nos invitó a Jasper y a mí para hacer que parezca menos formal. ¡Yo te estoy invitando porque es viernes por la noche y no necesitas estar abatido en casa!”

“No estoy abatido,” me quejé.

“¡Sí, lo estás!” replicó Alice. “Mamá y papá estarían enfadados si supieran que has estado enfurruñado desde que se fueron de viaje.”

“Pero tú no vas a contárselo, gran hermana mía,” Dije, sonriéndole. Sabía que ella no podía resistir si sonreía y enseñaba mis hoyuelos.

“Puede ser que tengas razón,” Alice se rió por lo bajo, presionando un dedo contra uno de mis hoyuelos. “Pero si vienes armando un escándalo, puede que averigües que estás muy equivocado, hermanito.”

“¿Qué quieres que lleve?” Pregunté. Yo había perdido y no había necesidad de seguir discutiendo.

Alice gritó y se lanzó sobre mí. Ella era la única persona del mundo que yo dejaba acercarse lo suficientemente cerca para tocarme. A veces dejaba que mi madre me abrazase, pero sólo si no podía evitarlo sin herir sus sentimientos. Era una mala idea dejar que la gente se acercase. Podrían herirte y romperte el corazón si los dejases entrar en él. Aprendí eso de la peor forma. No repito mis errores.

Besé el corto pelo de mi hermana y le devolví el abrazo. No era una mala hermana. Simplemente era, a veces, demasiado pesada. “Alice, necesitas soltarme ahora,” suspiré. “No puedes elegir mi ropa si no lo haces.”

“Edward, es raro que actualmente me hayas dejado romper tu regla de no tocar durante más de diez segundos. Por favor, déjame disfrutar mi abrazo,” me contestó.

Me incliné y empecé a hacerle cosquillas. Ella rápidamente saltó, riendo alegremente. Mi hermana siempre me recordaba a un duende cuando reía.

“¡No es justo!”

“¡La vida no es justa, Alice! ¿Nadie te ha contado eso alguna vez?” Bromeé.

“Sólo tú, hermanito,” cantó Alice mientras se metía en mi armario. “Ponte esto y esto y estos,” dijo mientras me tiraba unos vaqueros oscuros, un polo negro y unos zapatos. “Debes estar preparado para que nos vayamos en veinte minutos.”

“¡Sí, señora!” Contesté, haciéndole un pequeño saludo.

Se giró hacia mí y puso sus manitas en mis hombros. Ella era mayor que yo, pero apenas llegaba a los cinco pies (a.n.: 1,52 metros). Yo me levantaba sobre ella con mi altura de 6’ 2’’ pies (a.n.: 1,88 metros). “Edward, te prometo que te lo pasarás bien esta noche.”

“Haré que cumplas tu promesa,” bromeé, empujándola fuera de mi habitación.

Veinte minutos más tarde y tres intentos frustrados de poner mi pelo bajo control, el timbre sonó. Seguido de la risa emocionada de mí hermana. Esos sonidos sólo podían significar que Jasper había llegado. Sonreí con malicia, pensando en lo enamoradísima que estaba mi hermana de su novio. Él lleva con ella sobre un año y nunca le he visto tratarla con algo que no sea respeto. Me gusta por eso.

Salí de mi habitación y bajé las escaleras para verlos besándose en la puerta. Me aclaré la garganta demasiado alto y dije, “Puede ser que quieras dejarle entrar en casa, Alice. Hace un poco de frío fuera con la nieve y todo eso.”

Jasper se rió por lo bajo mientras Alice me miraba con furia. “Buenas tardes, Edward,” dijo él.
“Buenas tardes, Jasper. ¿Cómo estás en este fantástico día?” Pregunté.

“Mucho mejor ahora que tengo a tu hermana conmigo,” contestó, acercando a Alice a su lado.

“¡Sabes que puedes quedártela cuanto quieras!” puse los ojos en blanco con un falso asco. “No la echaré de menos.”

“¡Sí que lo harías!” dijo Alice escandalosamente, sacándome la lengua.

“¿A qué vienen todos esos gritos?” preguntó Emmett mientras él y Rosalie entraban. “¿Quién se está peleando?”

“¡Nadie!” gritamos Alice y yo.

“Debería haber sabido que erais vosotros dos,” Emmett se rió por lo bajo. “¿Qué ha hecho esta vez, Alice?”

“¡Hey!” grité ofendido. “¿Qué te hace pensar que es mi culpa?”

“La pequeña y dulce Alice nunca grita a menos que tú estés involucrado,” se mofó Rosalie.

“Esto muestra lo que sabes de mi queridísima hermana mayor,” me reí entre dientes.

“Deberías verla cuando nuestros padres reciben las facturas de la tarjeta de crédito. Te juro que es capaz de gritar durante una hora seguida sobre los altos costes de la moda. Bueno, Rosalie, he oído que es una gran noche para ti.”
Aunque parezca mentira Rosalie se sonrojó. “Eso parece.” Miró nerviosa a Emmett.
Emmett la abrazó, riendo alegremente. “Prometo que no dejaré que te muerda.”

“¿Quiere eso decir que hay una posibilidad de que lo haga?” Quizás esta noche sería interesante después de todo, pensé.

“Puede ser territorial cuando quiere,” dijo Emmett seriamente. “Es un poco cabezota.”

“Bueno, ahora estoy contento de haber sido invitado,” me reí por lo bajo.

“¡Ja, Ja, Edward!” Dijo Rosalie.

“¡Ah, Rose!” suspiré. “Sabes que solo te torturo porque te quiero.”

“¡Ella no está disponible!” bromeó Emmett. Abrazó a Rosalie más fuerte y la besó.

“¡Vámonos ya!” dije, poniendo los ojos en blanco. “He dicho que estaba de acuerdo a ir cenar, no a ver como os enrolláis.”

“¿Malhumorado hoy, Edward?” Preguntó Jasper, sonriendo.

“Averigua con quién.” Crucé los brazos sobre el pecho.

“Lo haría, pero no creo que tengamos tiempo para el combate de lucha libre que eso acarrearía,” dijo Jasper.

“¡Yo conduzco!” Cogí las llaves y salí por la puerta. Sabía que finalmente me seguirían. Deslicé la mano por la parte de adelante del Volvo cuando iba a sentarme. Alice subió al asiento de mi lado mientras que los demás se sentaron detrás.

“¿Cómo van esos arreglos?” Preguntó Rosalie.

“Eres la Diosa de los Mecánicos, Rose,” dije alegremente. “¡Mi coche te adora por eso!”

“Nunca he conocido a un hombre que esté tan unido a su coche,” Emmett se rió por lo bajo.

“Será porque nunca has encontrado el coche adecuado,” bromeé.

“O quizás tú no has encontrado a la mujer adecuada,” bromeó Alice. La miré con furia. Esto ni la impresionó ni la disuadió.

“Irás a la próxima cita a ciegas.”

“Te abstendrás de organizar cosas así,” ordené.

“Te propongo un trato,” dijo Alice. “Tú encuentras a una chica por tu cuenta y vas a una cita real con ella en los próximos dos meses y te dejo solo. Si no, lo harás a mi manera.”

“No puedes poner un horario en el amor,” bromeé, con su sonrisa favorita.

“¡Edward!” soltó una risita, empujándome en el hombro. “Sabes ser realmente irritante, hermanito.”

“Pero me quieres por eso,” contesté.

“En serio, Edward,” me llamó Emmett. “¿Eres gay?”

“¡Qué!” grité.

“No pasa nada si lo eres. Estoy preguntando por curiosidad y todo eso,” continuó Emmett. “No te tendríamos menos estima.”

“Emmett,” dije, luchando para mantener el control sobre mi mal humor. “No soy gay.”

“Sólo lo comprobaba,” contestó Emmett. “No hay necesidad de enfadarse. Tienes que admitir que es una pregunta razonable viendo cómo te niegas a tener una cita.”

“No, Emmett,” suspiré. “No es una pregunta razonable. Mi negativa a tener una cita es asunto mío.”

“No estoy de acuerdo, hermano,” dijo Alice. “Es asunto nuestro, pero solamente porque queremos verte feliz. Un hombre no puede existir sólo con su coche y su piano.”

“Eso es lo que tú dices,” murmuré. “Emmett, cuéntanos algo más de tu hermana,” dije, intentando alejar la atención de mí.

Emmett se rió por lo bajo. “Bien, ya os he contado que es muy cabezota y mandona. También es la persona más lista que conozco.”

“Pensé que ese era yo,” me mofé.

“Ella puede ponértelo muy difícil, Edward,” dijo Emmett seriamente. “También es muy buena leyendo a la gente. Tiene más libros y CDs de los puedo contar y ha leído y escuchado todo al menos dos veces. Es muy independiente y odia las sorpresas. Tiene grandes expectativas de la gente a la que quiere y no te dejará hacer algo a no ser que sea lo mejor que puedas. Os juro que a veces me hace sentir como si ella fuera la hermana mayor.”

Observé a Emmett por el espejo retrovisor mientras hablaba sobre su hermana. Cada vez que hablaba de ella, podía ver que era muy importante para él y que la quería mucho. Emmett había estado encargándose de ella durante cerca de cinco años, desde que sus padres murieron en un accidente de coche. Esa era una de las cosas que tenía en común con Rosalie.

Ella y Jasper eran gemelos y habían perdido a sus padres cuando estaban en su último año de instituto. Nunca hablaban de eso. Eso hizo que Alice y yo nos diésemos cuenta de la suerte que teníamos por tener todavía a nuestros padres. Y ellos estaban más que contentos de tratar a Rose, Jasper y Emmett como miembros de la familia Cullen.

“¿Estás seguro de que voy a gustarle?” preguntó Rosalie.

“Vas a encantarle, Rose,” dijo Emmett, cogiendo sus manos en las enormes suyas. “Te echará una ojeada y verá que eres perfecta para mí. Después de todo, eres la mujer más maravillosa del planeta.”

“¡No puedo esperar!” dijo Alice soltando risitas. “¡Siempre he querido conocerla, Em! ¡Desde la primera vez que me hablaste de ella! Puedo decir que es una persona fantástica. Vamos a ser mejores amigas, puedo verlo ahora.”

“No sé, Alice,” dijo Emmett, negando con la cabeza. Su sonrisa traicionaba su broma. “Le hablé de tu adición a las compras y te tiene un poco de miedo. Ella odia ir de compras.”

“¡Qué!” gritó Alice. “¿Cómo puede alguien odiar ir de compras? Bueno, Rose y yo simplemente tendremos que hacer que cambie de opinión.”

“¿He mencionado que es cabezota?” Emmett se rió entre dientes.

“Todavía no puedo creer que la hayas escondido de nosotros durante tanto tiempo,” le reprochó Alice.

“No la he escondido. ¡Ella está en la universidad y trabajando!” se defendió Emmett.

“Estoy segura de que le encantarán tanto Rose como Alice,” dijo Jasper. “son difíciles de resistir.”

“¡Gracias, Jazz!” dijo Alice, inclinándose entre los asientos para besarle.

“¿Cómo le va en clase ahora que se acercan los exámenes finales?” Pregunté.

“La verdad es que no me lo dice. A veces es demasiado independiente, pero esa es mi hermana. Todavía se niega a dejarme pagar su universidad. Es por eso por lo que tiene este trabajo. Y encima ha cometido la locura de coger otro en el centro comercial envolviendo regalos de Navidad,” Emmett se rió por lo bajo.

“¿Por qué es eso una locura?” pregunté.

“Mi hermanita es muy torpe y los accidentes suelen encontrarla,” explicó Emmett. “Sentarse rodeada de tijeras y papel es una mala idea para ella. Para serte totalmente honesto, me sorprende que le vaya tan bien como camarera. Creo que es porque le dejan llevar zapatillas de deporte. Si esa chica tuviera que llevar algo con tacón, yo estaría en urgencias todas las noches.”

“Suena... interesante,” me reí por lo bajo.

“¡Edward, sé bueno!” Me advirtió Alice. “No todos podemos ser perfectos y elegantes como tú.”

“Alice, no le animes,” dijo Jasper. “Sus sentimientos de superioridad ya son lo suficientemente grandes.”

“Nunca he dicho que fuese superior,” me defendí.

“No tenías que hacerlo,” se rió Rosalie. “Está totalmente escrito sobre tu cara la mayoría de los días.”

“¿Entonces por qué, te ruego que me digas, os molestáis en invitarme a vuestras pequeñas escapadas?” gruñí.

“Porque cuando dejas caer tus muros, eres un chico divertido con el que estar,” explicó Jasper.

“Sí, Eddie,” dijo Emmett. “Siempre sabes hacer algo original cuando te permites actuar respecto a tu edad.”

“Por favor, no me llames así,” suspiré. “Sabes que lo odio.”

“Te propongo un trato,” ofreció Emmett, sus ojos azules brillaban. “Sé el divertido Edward que todos conocemos y queremos esta noche y me abstendré de usar ese nombre durante un mes.”

“¡Trato hecho!” dije rápidamente.

“¿No quieres saber lo que pasará si no te comportas?” preguntó Alice, sonriendo malignamente.

Me estremecí mientras esos pensamientos cruzaban por mi mente. Quería golpearme la cabeza contra el volante. ¡Qué estúpido había sido al aceptar tan rápido! Apreté el volante con más fuerza y forcé una sonrisa. “No, gracias, hermana querida. Planeo portarme bien.”

Aparqué en el primer sitio libre delante del restaurante. Nos bajamos del coche y nos dirigimos al edificio. Emmett anduvo directamente al pequeño podio.


“¡Hey, Mike!” le llamó Emmett. “Ponnos en la sección de mi hermana, ¿vale?”

“Sin problemas, Emmett,” contestó Mike. “¿Sabe ella esta vez que ibas a venir?”

“Sí,” Emmett se rió entre dientes. “Pensé que lo mejor era dejárselo saber después de lo que pasó la última vez.”

“¿Qué pasó la última vez?” pregunté acercándome a él.

“No le dije que vendría aquí,” dijo Emmett con una sonrisa tonta. “Vino a preguntarme lo que iba a tomar y yo tenía el menú delante de mi cara. Ella estaba esperando que su “cliente” se percatase de su presencia, pero se distrajo y se giró. Entonces le di una palmadita en el trasero y empezó a darme una paliza con su bloc de pedidos. Cuando vio que solamente era yo, me dio un puñetazo en el hombro y casi se rompe la mano.”

“Esto debería ser una noche muy interesante,” me reí entre dientes. Seguimos a este chico, Mike, a la mesa. Emmett y Rosalie se sentaron de forma que viesen todo el restaurante, así podrían ver a su hermana inmediatamente. Yo me senté cerca de la pared para poder inclinar mi silla. Alice se sentó en el medio con Jasper al final, al otro lado de Emmett.


“Edward, recuerda tu promesa,” me advirtió Alice.

Me senté bien en la silla y me incliné cerca de ella, “Alice, deja de tratarme como a un niño pequeño.”

“Edward, deja de actuar como uno,” me devolvió.

Le sonreí y volví a inclinar mi silla hacia atrás. Sólo podía esperar que esta hermana de Emmett fuese tan impredecible como sonaba. De lo contrario, iba a ser otra larga noche viendo como estas dos parejas se daban el lote. Yo quería a mi hermana, pero no entendía su deseo de arrastrarme y obligarme a ir si yo allí no pintaba nada. Me puse a escuchar la música que sonaba, intentando entender la melodía. Era algo de country. Me estremecí y lo saqué de mi cabeza.

“Relájate, Rose,” dijo Emmett, poniendo un brazo en su silla. “Vas a gustarle a mi hermana. Lo sé.”

“¡Sí, Rose!” estuvo de acuerdo Alice. “Si no, estará asombrada de que Emmett haya conseguido una chica tan a la moda.”

“¿Contigo todo está relacionado con la moda?” Me reí.

“¡Por supuesto!” dijo alegremente Alice, dándome una palmada en el hombro.

“¿Cómo te va, Em?” dijo una alegre voz.

Levanté la mirada para ver a Emmett dar uno de sus abrazos de oso a una chica baja y de pelo castaño. “Bastante bien, hermanita. ¿Está ajetreada la noche?”

Así que esta era su hermana. La chica tenía un destello en los ojos marrones, reflejando su felicidad al ver a su hermano. Quizás esta noche sería interesante después de todo. Me incorporé en la silla y esperé a que la noche se desarrollase.